CUADERNOS ZOÑÁN DE APUNTES Y NOTAS DE LINGÜÍSTICA Nº DOS (2021-2022) – “MATERIALES PARA LA COMPARACIÓN LINGÜÍSTICA” (I)

“Cazaba en alfabetos

dormidos en el agua,

en diccionarios vírgenes,

desnudos y sin dueño,

esas letras intactas”.

“¡Qué alegría más alta

vivir en los pronombres!”.

(Pedro Salinas, La voz a ti debida)

INTRODUCCIÓN

  1. En las páginas que siguen, partiendo mayoritariamente de términos vascos, pero también de otros idiomas (finés, turco, qišwa…) se prepara el estudio de posibles correspondencias del vocablo de partida en las diferentes lenguas de la humanidad, mediante la aportación de materiales lingüísticos que se consideran relevantes para el establecimiento de las mismas.

Con frecuencia la pura yuxtaposición de los mismos evidencia una relación que deberá ser explicada por una teoría (o teorías) en que se funden las hipótesis pertinentes. Me adelanto a decir que en la mayor parte de las cincuenta y cinco fichas, objeto del presente cuaderno, se estudian los materiales inventariados, depurándolos para la comparación, eliminando algunos o expresando las inevitables dudas. Por ejemplo, si se examinan alguna de las correspondencias turco-qišwas (léxicas, morfológicas y sintácticas) relación sobre la que ya llamó la atención hace mucho Dumezil (y cuyo trabajo no he podido leer) las coincidencias quedan clara y detalladamente expuestas pero no se hipotetiza sobre la oportunidad histórica de las mismas. No solo por las evidentes limitaciones del autor de este cuaderno. También porque es necesario proseguir con el examen de la variedad lingüística humana, idealmente de toda. Con frecuencia en la lengua aparentemente más humilde, atendiendo al número de sus hablantes, se hallan tesoros inesperados. Y no solo eso, para el que esto escribe, no es suficiente el examen de un vocabulario básico de cien, doscientos o quinientos términos con fines de comparación lingüística que excedan de la simple clasificación lingüística y pretendan arrojar luz sobre una base concreta. La experiencia enseña que es en el ámbito de vocabularios técnicos o especializados que no forman parte de ningún vocabulario básico, donde, muchas veces, se hallan luces sobre el término investigado. No faltan ejemplos en este cuaderno.

Insisto en la necesidad de multiplicación del número de bases estudiadas para fundamentar hipótesis plausibles, que no sean pura especulación. Por supuesto muchas más que las contenidas en el presente cuaderno.

  • Sin embargo, es obvio que del examen del conjunto de las fichas del presente cuaderno se deducen diversas consecuencias teóricas y que también subyacen a las mismas determinadas convicciones sobre el origen del lenguaje y la necesidad de otra cronología.

Entre las indicadas consecuencias, resulta claro que el ámbito de las correspondencias nostráticas tal como se halla configurado en los estudiosos considerados (Dolgopolski, Bomhard) se ve constantemente sobrepasado cada vez que se examina una de las bases propuestas. Se pueden allegar términos de lenguas muy alejadas a las consideradas nostráticas, desde el vasco hasta el qișwa o africanas no afroasiáticas o malayas que encajan perfectamente con la base en cuestión. A la postre todas las lenguas son nostráticas lo que desacredita la hipótesis, sin tener en cuenta otras dificultades, incerteza de numerosas bases, como es lógico en una pirámide de reconstrucciones sobre reconstrucciones y la absurda cronología corta, entre otras. Proponen Bomhard y Dolgopolsky una fecha de quince mil años A.N.E. para la aparición del nostrático, cuando la comparación establece una correspondencia de bases de lenguas como las australianas, (40.000/50.000 años A.N.E., antigüedad de la llegada de sus hablantes a Australia) o las americanas (cruce del estrecho de Bering por tribus euroasiáticas hace 15.000/20.000 años A.N.E.). Recordemos que el Homo sapiens sapiens entra en Europa hace más de cuarenta mil años. Siempre me he preguntado qué lenguas podrían hablar las bandas de Homo sapiens2 que entraron en la Europa hasta entonces Neanderthal, si resulta, como afirma la teoría tradicional que la indoeuropeización de Europa coincide con el Calcolífico o, como afirma Renfrew con el proceso de neolitización.

Resulta así, como deducción obligada que treinta o cuarenta mil años de historia lingüística europea fueron eliminados, sin dejar rastro, y tardíamente (según las fechas propuestas) por los “invasores” indoeuropeos. Una catástrofe comparable a la extinción de los dinosaurios.

Naturalmente el rechazo de la hipótesis nostrática no implica el rechazo de muchas de sus comparaciones que son perfectamente válidas. Lo que importa es colocarlas en otro marco que el nostrático. Y este marco es el protohumano. Repito aquí las palabras de Ch. Ehret, autor de un diccionario etimológico de raíces nilosaharianas, que recogí en el cuaderno uno, ficha nº 3: “hipotizamos la existencia de un lenguaje protohumano original. La historia usual del vocabulario en las lenguas reales consiste principalmente de remorfologizar raíces existentes, reconfiguración de alcance semántico de las palabras existentes en el lenguaje, abandono de palabras por el uso y adopción de palabras de cuando en cuando de otros lenguajes. Comenzamos con un lenguaje humano original, con un léxico inicial de quizá diez mil/veinte mil palabras… Este lenguaje proveería la mayoría de los materiales para ser reorganizados y morfológicamente modificados de varios modos en el resto de la historia de la humanidad. Proveería las palabras retenidas en un particular lenguaje. Sería también la última fuente de palabras prestadas de un lenguaje a otro en tiempos más tardíos. Ocasionalmente nuevas palabras podrían ser creadas completamente de nuevo, y en el tiempo largo de la historia del lenguaje el cuerpo de palabras así creado podría llegar a ser relativamente numeroso. Pero incluso incluyendo acuñaciones onomatopéyicas, este elemento no sería probablemente dominante en la contribución que viniera del stock original de palabras”. Como escribí entonces suscribo estas palabras, si bien matizo lo de la “creación ocasional de nuevas palabras”. Cierto que fuera de la onomatopeya o del lenguaje infantil, parece que en la formación de nuevos términos normalmente habrá una raíz o tema del conjunto inicial, de la primera conceptualización de la realidad. Sin embargo, la complejidad de la evolución fonética, de la derivación y composición pueden volverlo irreconocible. Además pienso que la onomatopeya no es en absoluto una fuente marginal de nuevos términos, al contrario, su papel es muy importante y, paradójicamente, causa de una gran diferenciación lingüística. Como lo es el fenómeno de “Nursery word” (pensemos en dos ejemplos examinados en las fichas, dos términos tan diferentes del lenguaje infantil para dormir como el vasco lo y el melanesio tuta. No deberíamos excluir tampoco, aunque parezca especulación, la adaptación de préstamos procedentes de lenguajes de otras especies sapiens (neandertal, denisovianos) o, incluso, dentro del género homo, de otras especies (Homo erectus, v.g., si como es probable, era “Homo loquens”).

Concluyendo con Ehret, lo que revelan las correspondencias “nostráticas” es “la posibilidad de realmente estar tratando con un vocabulario humano muy antiguo”. Lo que queda sin resolver es lo siguiente. Partimos de la monogénesis del lenguaje humano en los términos que quedan expuestos, de la realidad histórica del protohumano. Si el Homo erectus —-> era loquens, poseía un lenguaje, quizá más elemental, el protohumano nace en una matriz no sapiens —–> y en consecuencia la teoría monogenética se aplica a toda la trayectoria lingüística del Homo loquens, o bien —–> la monogénesis solo tiene validez en el ámbito de la especie humana porque hay una discontinuidad lingüística (teoría poligenética). ¿Y qué ocurre con la lengua o lenguas neandertales o denisovianas? Cuestiones sin respuesta, de momento.

De lo dicho se deduce (y siguiendo, con matizaciones, los caminos abiertos por M. Alinei en sus dos volúmenes sobre “Origini delle lingue d’Europa”) que nos situamos con quienes creen que la cronología corta tradicional no se sostiene, cronología a la que se sujetan los nostratistas y los indoeuropeístas. Pienso que las bandas de Homo sapiens2 que entraron en Europa hace cuarenta y cinco mil años no encontraron otra población que la neandertal. Dichas bandas y las que les sucedieron posteriormente a lo largo del paleolítico superior hablaban fundamentalmente indoeuropeo, quizá con fuerte dialectización interna, que acabó cristalizando en las protolenguas de las que descienden las diferentes lenguas europeas actuales. Y sin descartar que todas o alguna de las protolenguas estuviesen ya diferenciadas, aunque muy próximas, en el momento de la entrada en Europa. Lo importante es la hipótesis, que el núcleo fundamental de las nuevas lenguas en Europa era indoeuropeo. Y con él, el urálico y posiblemente algún otro marginal que fue absorbido y desapareció, como desaparecieron lenguas indoeuropeas antiguas, como ha demostrado la investigación, de la misma forma que han desaparecido otras en época histórica (dálmata, antiguo prusiano, gótico…).

Partimos para la comparación de los términos de las diferentes lenguas, teniendo a la vista, y siempre que fue posible, los correspondientes diccionarios etimológicos o los estudios sobre la evolución histórica de una lengua particular. Como escribió K. Mitxelena: “si queremos adivinar cómo eran en cuanto a sus características generales las lenguas prehistóricas cuyo conocimiento directo nos está vedado, no tenemos que mirar a ninguna reconstrucción, por ingeniosa y relativamente completa que sea. Lo que debemos contemplar es algo que está mucho más cerca de nosotros, las lenguas que se hablan… Las que una larga serie de testimonios históricos ofrece a nuestro estudio. Podemos asegurar, sin mayor temor de errar, que las lenguas prehistóricas no podían ser muy distintas de éstas”. Lo que coincide con mi honda convicción sobre la estabilidad y permanencia de las palabras y de la lengua en general. Escribe M. Alinei: “Nella vita quotidiana, l’esperienza che ci facciamo della lingua non è quella del mutamento, bensì l’opposto: quella della sua stabilità e conservatività… La tendenza delle lingue, in circostanze normali, è di conservarsi, non di mutare… I mutamenti sono dovuti a cause extralinguistiche, non organiche…”. El maestro italiano distingue entre los cambios que afectan a la semántica o al léxico y los que tienen un impacto sobre la gramática. Los primeros los pone en relación con la renovación “cultural-lingüistica”. Los segundos, con “il mutamento sociolingüistico”, que es el único que puede transformar una lengua radicalmente. Y concluye “la sola legge linguistica è quella della conservatività”.

Como veremos al estudiar las palabras comparadas en las diversas fichas sorprende la tremenda estabilidad de los lexemas. Separados por más de veinte mil años (un vocablo de una lengua precolombina y otro vasco, turco o urálico, por ejemplo, con significante y significado iguales, a lo sumo afectados por fenómenos fonéticos universales (que en general no se explicitan) como ensordecimiento y sonorización de oclusivas, asimilación, alternancias l/r… y semánticos (restricción y expansión de significados…).

Con frecuencia se ha atribuido y se atribuye al azar, y con el apoyo de algoritmos estadísticos, esta igualdad de los vocablos de las diferentes lenguas (pero los ejemplos concretos suelen ser casi siempre los mismos). Papel del azar que se incrementaría en lexemas de estructura simple (v.g., cvcv). Cierto es que el énfasis en el azar se debe a la crítica de teorías del parentesco de lenguas como el caso del nostrático.

En este cuaderno no se acepta la teoría nostrática ni tampoco se defiende ninguna teoría de parentesco, fuera de las familias tradicionales de la lingüística. Solo se asume la existencia de un núcleo protohumano y, por supuesto, la enorme importancia del préstamo y de las “cultural words”. En los casos estudiados no se decide, salvo excepciones, la naturaleza del término concreto, evitando así especulaciones temerarias, sobre todo si pensamos en la larguísima historia lingüística del Homo sapiens2 (de ciento cincuenta mil o doscientos mil años como mínimo). Aunque hay significados tan básicos y universales que remiten a una fase protohumana muy antigua. Volviendo al azar, se pueden limitar sus peligros con los términos concordantes de una pluralidad de lenguas. Y la coincidencia de dos signos lingüísticos por una particular evolución fonética de uno, mediante el estudio de la misma (si es posible).

Pero también quiero resaltar la tremenda variedad lingüística humana, incluso en los esquemas fonéticos más simples, un ejemplo en la ficha lo egin (dormir).

También es conveniente precisar que para las bandas de Homo sapiens2 en el Paleolítico superior hubo pocas posibilidades de interacciones tan fuertes que pudieran ocasionar en las lenguas una gran mutación cultural en el léxico y mucho menos en la gramática. Solo paulatinamente a partir del Neolítico y de la Edad de los Metales aumentaron dichas interacciones y ya en adelante casi hasta nuestra época en la que los medios de comunicación de gran alcance y, paradójicamente, la globalización, trabajan en favor de la estabilidad y de la unificación lingüística dentro de cada lengua en particular.

Varias son las explicaciones que pueden darse a las correspondencias estudiadas entre lenguas pertenecientes a distintas familias lingüísticas: a) protohumano y b) préstamos, palabras culturales, fenómenos de convergencia areal como los que estudia la lingüista balcánica. Estos últimos, los bajo b), la mayoría de naturaleza muy antigua, prehistórica, incluso del paleolítico superior temprano como las correspondencias entre lenguas americanas y australianas por un lado y euroasiáticas y africanas por otro.

En cuanto a los términos vascos envueltos en las relaciones estudiadas pueden pertenecer a su núcleo protohumano o ser patrimoniales (que no es exactamente lo mismo). Ser préstamos o “cultural words” que se extienden o pueden extenderse en áreas inmensas. En cuanto a los préstamos sabemos que en su localización occidental actual han recibido un ingente número de origen latino y romance, también del germánico y del celta, incluso del alano iranio.Pero por lo que se refiere a los más antiguos que afectan a la protolengua, préstamos eventualmente del altaico, urálico, germánico y de otras lenguas muy diversas podemos hipotizar un escenario razonable, sin caer en la especulación gratuita. Abramos, por ejemplo, “Vascos, celtas e indoeuropeos. Genes y lenguas” de F. Villar (2005). De este impresionante texto entresacamos las siguientes conclusiones, basadas en las variedades onomásticas de mayor variabilidad (toponimia, hidronimia y oronimia):

1) En el País Vasco, Navarra y norte de Aragón, el 64% de los topónimos antiguos conocidos pertenecen a una lengua… Compatible con la etimología indoeuropea.

2) Considerable representación en el País Vasco de la toponimia específicamente celta (18,75%) y muy escasa en Navarra (solo un topónimo seguro de esta filiación).

3) La toponimia ibérica está totalmente ausente en el País Vasco. En Navarra dos ejemplos probables.

4) La toponimia euskera está muy débilmente representada tanto en el este como en el oeste. El topónimo occ. oiasso/oiarso… una prolongación de la euskeridad aquitana.

5) “Ningún topónimo demuestra que hubiera euskaldunes ni en el País Vasco ni en Navarra antes de la época de Pompeyo.

6) Ningún material onomástico en general ni toponímico en particular avala la existencia en la zona de un substrato “mediterráneo” u otro que haya sido a la vez preindoeuropeo y no indoeuropeo.

7) Sean cuales sean las relaciones del ibérico con el euskera, difícilmente pueden ser atribuidas a una larga convivencia fronteriza entre ambas lenguas en sus respectivas sedes históricas… Cualquier contacto entre ambas lenguas… Ha debido producirse en un escenario histórico y geográfico muy diferente.

8) Hay que desplazar un poco más al norte el problema de la antigüedad del euskera en Europa. Si los hablantes de euskera comenzaron a entrar en la Península Ibérica… A partir del final de la época romano-republicana… Hay que suponer que en el norte de los Pirineos estaban ya antes de esas fechas… Y en efecto (hay) abundante antroponimia aquitana de etimología euskérica… Sería necesario realizar el estudio de su toponimia antigua de esa región”.

Antes de exponer nuestra hipótesis sobre la llegada del vasco a Aquitania, eliminado el mito de la ancestralidad euskalduna en el País Vasco y Navarra y que hace decir a un M. Morvan que no sería descabellada la presencia euskérica en las cuevas paleolíticas, nos trasladamos al próximo Oriente asiático, aproximadamente a la Alta Mesopotamia, donde en el segundo milenio A.N.E se escribió y habló el hurrita, sin otra relación conocida que el posterior urartio (que no desciende directamente de aquel).

Veamos un ejemplo de verbo conjugado nominalizado. El verbo conjugado consta de una raíz, análoga a la del nombre, más sufijos derivativos más sufijos modales y temporales más sufijo personal. El verbo conjugado se transforma en participio con el sufijo šše y el artículo: tan (raíz de hacer) uš (sufijo de pretérito) au (desinencia personal): yo hice. Tanuš.au. šše.ni (lo que yo hice) tan.uš.au.šše.na (las que yo hice) ar (raíz de dar) uš.au.šše.ni.wa (al que yo he dado, dativo) corresponde a nuestras oraciones de relativo (ver Laroche, Wilhelm, Giorgeri).

Ahora veamos en vasco una proposición subordinada sustantiva: haserreturik joan diren.ek, kezkatzen naute. Kezkatzen naute significa me preocupan. Haserreturik (enfadados) joan (verbo ir) dira auxiliar personal (e)n morfema (el que, la que) ek (sufijo de plural (nork, ergativo)) = (me preocupan los que se han ido enfadados). Como en hurrita a la izquierda el verbo conjugado en tiempo y persona y, después de un morfema nominalizador, los sufijos de declinación y número a la derecha. Parecidas son las subordinadas turcas nominalizadas con dv4k o las qišwas con na. Estos esquemas no se encuentran en las lenguas indoeuropeas o urálicas de Europa y nos señalan quizá el ámbito espacial al que pertenece la proto lengua: un cuadrado con una base en Alta Mesopotamia y el lado opuesto más allá del Cáucaso. A través de las estepas de Rusia meridional, el Danubio y Europa central habrían llegado los euskaldunes a Aquitania en contacto con iranios, baltos, urálicos (había ya ugrios en la actual Hungría dos mil años antes de Árpád, ver M. Alinei “El etrusco como una forma arcaica de húngaro”) y germánicos, lo que explicaría muchos de los préstamos. En cuanto a la fecha, si se ha sostenido la entrada de los iberos en Cataluña, formando parte de la extensión hacia el oeste de la cultura de los Campos de Urnas, un pueblo de habla euskérica podría formar parte de ese movimiento y llegar al oeste en la transición del Bronce al Hierro.

Para finalizar, todos los elementos comparados han sido objeto de estudios de primera mano (gramáticas de las lenguas a que pertenecen los ejemplos relacionados, estudios sobre su vocabulario, diccionarios etimológicos, estudios históricos…) solamente los ejemplos del yukagir, de las lenguas samoyedas y de las lenguas ugrias hanty y mänsi son citas de segunda mano.

Y solamente añadir que este cuaderno será “deo volente” completado por otros dos.

ÍNDICE

1. Vasco e.bak.i                                                                                                Pág. 4

2. Vasco sakon                                                                                                  Pág. 7

3a. Vasco a.rraka.la y 3b. vasco a.rrail.a                                                  Pág. 8

4. Vasco i.pin.i                                                                                                Pág. 10

5. Vasco oso                                                                                                    Pág. 12

6. Vasco erdi (y arte)                                                                                    Pág. 14

7.Ese vestido te cae bien” (una comparación fino.malaya)            Pág. 16

8. Finés puku                                                                                                  Pág. 18

9. Finés suku                                                                                                   Pág. 21

10. Bambara kǫnǫ                                                                                        Pág. 22

11. Vasco burdina                                                                                         Pág. 23

12. Vasco lo egin                                                                                           Pág. 30

13. Vasco neke                                                                                               Pág. 32

14. Vasco berri                                                                                               Pág. 33

15. Vasco maite                                                                                             Pág. 35

16. Vasco na(h)i                                                                                             Pág. 37

17. Vasco lapur                                                                                              Pág. 39

18. Vasco esan                                                                                               Pág. 40

19. Vasco i.pui.n                                                                                            Pág. 43

20. Vasco e.torr.i                                                                                           Pág. 46

21. Vasco abere                                                                                             Pág. 47

22. Nostrático Dolgopolsky                                                                        Pág. 51

     *śedža

23. Vasco se(h)i                                                                                              Pág. 52

24. Número cardinal 4                                                                                 Pág. 54

25. Turco tepe                                                                                                Pág. 65

26. Húngaro delativo ra                                                                              Pág. 77

27. Un giro sintáctico altaico                                                                     Pág. 96

28/29. Correspondencias turco-qišwas

(léxicas, morfológicas y semánticas)                                         Pág. 97

30. Semana vasca de tres días: un posible paralelo same               Pág. 103

31. Construcción transitiva o con acusativo interno

      de ciertos verbos intransitivos                                                          Pág. 104

32. Finés kymmenen e ie dek                                                               Pág. 105

33. a) Vasco zikin/likin b) Finés pesu                                                     Pág. 106

34. Inglés americano caucus                                                                   Pág. 107

35. Turco ač.mak                                                                                        Pág. 108

36. Vasco hel-                                                                                              Pág. 109

37. Vasco at                                                                                                 Pág. 110

38. Vasco guda/gudu                                                                                Pág. 111

39. Vasco a) kemen b) indaŕ                                                                    Pág. 112

40. Vasco behar                                                                                          Pág. 113

41. Totalizador todo                                                                                  Pág. 115

42. Correspondencias vasconiponas                                                     Pág. 116

43. Correspondencias vascoamericanas                                              Pág. 116

44. Vasco birao                                                                                           Pág. 117

45. Vasco ele                                                                                                Pág. 117

46. Miscelánea urálica                                                                              Pág. 118

47. Vasco kako                                                                                            Pág. 119

48. Hebreo boqer                                                                                       Pág. 120

49. Finés aika                                                                                               Pág. 120

50. Vasco jakin                                                                                            Pág. 120

51. Qišwa mayu                                                                                          Pág. 121

52. Qišwa tuta                                                                                             Pág. 121

53. Varia (turco, sakal. Vasco, ibar, habe y naro. Japonés, kawa) Pág. 122

54. Vasco erori                                                                                            Pág. 123

55. Correspondencias vasco.urálicas                                                    Pág. 123

56. Vasco kaio (2º)                                                                                     Pág. 127

1. Vasco e.bak.i (cortar, partir, dividir, repartir. Cercenar, mutilar, tronchar, talar, segar; castrado, amputado, cortado, truncado; eunuco; corte, cortadura, incisión, herida con arma; articulación, pronunciación, buena o mala (ebaki txaŕia/onekoa)).

Koldo Mitxelena F. H. V., 1990, pág. 527: “topónimo evagui, forma occidental conocida por tierra de Estella a fines s. XIV”. Pág. 231: “se observa una alternancia sonora/sorda en las formas nominales de algunos verbos antiguos: ebaki/burg. Evagi”. Pág. 275: “gipuz. Gara. Man (sitio donde se corta el helecho Լ garo y e)bak(i con B -> M delante N final).

Lenguas urálicas. Húngaro: vág (trancher, tailler, couper, hacher, débiter, abattre du bois. Matar). Vág.at (faire couper) vágódik (se couper, se jeter contre) vá gás (coupe) le.vá g (couper, trancher, tailler, sectionner).

Pero kés (couteau) (préstamo del turco).

Udmurto: Vakçieś (se acortan)

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Lenguas altaicas (lenguas túrquicas)

Turco bîçak (cuchillo) (aunque kes-cortar).

Qazaq: bîç-/biç- (ebaki) șaaq (cuchillo).

Kirgiz: biç/piç- (ebaki) bîçak/pîçak (cuchillo).

Uzbeco: piçok (cuchillo).

Turkmeno: pîçak (cuchillo).

Xakas: pîçax (cuchillo) pero kiz- (ebaki).

Kumik: biçaq (cuchillo).

Qarakal paq: șaq (cuchillo).

Shor: pîçaq (cuchillo).

Gagauze: bîdžak (cuchillo).

Altaico: *baka (to divide).

Japonés wake.ru (dividir, separar, entender). El dibujo original del kanji es un cuchillo o una espada.


Markés (polinesio) pahee (dividir)


Lenguas africanas.

Bantúproto bantú (Ehret)

Ӿ bak> (to cleave, Split, break, open)

x baka (knive).

Kinyaruanda: M. Buga (javelot)

Kikongolâri Ta. Buka (être coupé)


Wolof paaka (bi) cuchillo (West Atlantic branch)

Soninké paaka (cuchillo) (lenguas mandé)

Mooré (lenguas gur) bog .e (couper en morceaux) n. pog .e (découper)

Zarma (songhay) pati-(ebani) (si alternancia, frecuente en Eurasia, k/t)


Nilo-sahariano:

Masai bak (ebaki)


Semítico ugarítico bqc (partir, abrir, hender) semítico oec., hebreo bāqaƈ (id)


Burushaski (aislado) phuk ét- (couper en petits morceaux) (literalmente, hacer pequeños pedazos) (resultado de cortar?)

Lenguas americanas.

Purepecha (macro quechua) p’iku (ebaki)

Qišwa II C paki- (partir, cortar) wakta.rqarin.ispara-wan (cortar con la espada en pequeños trozos).

Qišwa ancash 1 wač (flecha)

Witu- (cortar un miembro o alguna cosa que sobresale. Si alternancia k/t)

Caucásico abxasio (Cauc. N. E.)

a.bax’a (sword)

Nostrático.

A. R. Bomhard “Reconstructing proto·nostratic” Vol. II, 2008. Base 14 (pág. 16-17) Ӿ bak’/ Ӿ bՁk’ (vb) to cleave, to split, to break open – crack, split, break (n). Aporta ejemplos en “proto-afrasian” (afroasiático) dravídico, protokartvelo, pie, urálico, protoaltaico, eskimo y chukchi·kamchatkan.


Observaciones.

UNA. Kiché. (lengua maya) Ketom (cortado) merece la pena señalar la semejanza con turco kes- (cortar) y húngaro kes (cuchillo). El “om” de ketom es un morfema de participio.

DOS. Maya clásico čak (ebaki).

Indonesio pecah (/pečah/). Minangkabau (lengua malaya) pacah: brisé, cassé, rompu.

TRES. El turco kes– (cortar), del altaico Ӿ khasi (to cut). Ie Ӿ khes/  Ӿ khas.

Griego keadzω “fendre, déchirer”, de Ӿ kes (Ձ) P. Ch. Delg pág. 507/508.

Latín castrō-ās (couper) E/m Dell pág 104 “Castrō es denominativo de kas.tro.m, ce qui sert à couper”.


2. Vasko sakon (hondo, profundo).

Sakon.du (profundizar, ahondar, excavar; sumergirse, abismarse) (Viz., Gipz.)

An, Gpz. Sakan (valle, barranca, hoyo).

Finés. Sakea (espeso, denso) Sakeus (espesor, espesura, densidad) Sakka (sedimento, depósito) Sukellus (zambullida) (olla sukelluksisissa) (vedessä) (estar sumergido en el agua). Sukeltaa (sumergirse) Syvä (sakon) (alternancia finesa k/v).

Estonio. Sukel·duma (zambullirse, sumergirse) Sügav (profundo).

Húngaro. Mély (sakon) pero Süpped, dialectal Suppan (sprofondere, hinunter fallen).

Sumerio. Suddu (sakon).

Eslavo (ruso). Vyso.kij (alto) (<- Ӿupso) No tienen nada que ver.

Qeqčí (maya): či r·e li Siwan (en la orilla del abismo).

Observaciones.

UNA. La palabra syvä (finés): hay una alternancia en determinados contextos fonéticos k/v (puku/puvu).

DOS. La G estonia de sügav tiene una sonoridad meramente ortográfica.

TRES. La semántica “espesor”, “zambullirse, sumergirse” de los lexemas fineses y estonianos relacionados tiene evidente proximidad con la del vasco sako.n.

CUATRO. Es notable la coincidencia semántica y fonética del maya siwan con el finés syva /süva/ y el húngaro süpped.


3.a Vasco

A)rraka (la (grieta, hendidura, abertura, rendija). Distinguir de arraila (con significado prácticamente el mismo (ver 3.b) y con influjo morfemático en la primera).

Arraka (la). Alt. Nav., Vizc. (grieta, atronadura, rendija).

Arraka (la) tu (Vizc.) (hender, rajar, agrietar, abrirse las frutas/el erizo de las castañas).

Arraka (la) tzaile (hendedor).

Arraka lau (Vizc.) (hender, rajar, agrietar).

Arrakaldu (Vizc.) (rajarse, henderse, agrietar, entreabrir/abrirse las frutas).

Arraka.tu (Gipz.) (partir, hender, rajar, agrietarse, cuartearse, abrirse el erizo de las castañas).

Arrakela (Alt. Nav.) (resquebradura, hendidura).

Finés rako (grieta, rendija, hendidura, abertura larga y estrecha, hueco, brecha) raottaa (entreabrir, abrir un poco): Ø y k alternan en finés (grados consonánticos).

Estonio raigu (trou, fente) räigat (trouer, percer) pragu (grieta) (g/k/kk es una escala de grados consonánticos, sin relación con la sonoridad).

Davvi.sápme (Sami del norte) Reah-pen (abertura para el humo en el pico de la tienda o goahti).

Raigánit (crever, percer) râigit (trou, fente). Râigat (trouer).

Mongol ger.ün e)rüge (respiradero de la ger).

Qišwa – 1 raqā (casa en ruinas).

Griego ṙнgnûmi (briser, détruire, faire éclater, éclater). нgma (fractura, ruptura, fente, brèche). ωgmн (fractura, fente). Ṙнgmós (fisura). agн̒ (fissure, déchirure). Raghás (fissure, crevasse) Ver P. Ch. Delg pág 972: “la raíz presenta netamente una alternancia Ӿ wrēg/ Ӿ wrōg, la a breve del aoristo rágen y de algunas nominales es ciertamente secundaria”.

Neogriego rнgma (brèche) raghadha (fissure) raghidzω (fêler)

Observaciones.

UNA. Finés reikä (agujero) probablemente relacionada con rako.

DOS. Si tenemos en cuenta “la alternancia siberianak/t (M. Morvan, Les origines linguistiques du basque, 1996, págs. 192 y siguientes), podemos quizá relacionar indonesio retak (fente, fêlure, craquelure, rayure).

Minangkabau (lengua malaya o nusantara de sumatra) ratak (id) retas (indonesio (se découdre, se défaire). Minangkabau: rateh (id) “tak ado gadiang nan indak ratak (no hay marfil que no se fisure) “dindiang ta.rateh” (la cloison est défaite).

TRES. En las lenguas urálicas, el komi roz’ (agujero) y el húngaro res (/reš/) (brecha, fente, fisura, orificio) en relación con el finés reikä.


        3.b Vasco arrail(a (grieta, hendidura, fisura, raja) arrail.du (agrietar, rajar, desgarrar, hender(se)). Arraildura (hendidura, grieta). Arraila (leña partida) (portillo, boquete, brecha). Arraila.tu (hender, rajar).

Alt. Nav. Arrailu (resquebrajadura, grieta, hendidura, rendija). Bj. Nav. (brecha, boquete. Paso estrecho entre montañas).

J. Corominas. Dcech vol/me .re pág 756-758: “rajar, voz emparentada con el aragonés rallar, bearnés arralha, vasco arraildu, de origen incierto”. Corominas separa el gallego-portugués rachar y el español rajar (ver su hipótesis) del vasco arrail y congéneres, y recoge la opinión de Rohlfs (de la familia vasca derivó el bearnés). Concluye “más bien sugiere que la palabra sea un romanismo, como admitió el propio Rohlfs… Y como confirma decididamente Michelena… Y así podemos aceptarlo”.

Finés railo (grieta, hendidura en la capa de hielo, jäässä). Raollaan (entreabierto) raollen avata (entre abrir, abrir un poco). Alternancia consonántica finesa Ø/k. Se puede comparar a.ŕaka(la) y Ӿ rakol. Y deducir que vasco arraka/arrail están relacionados con finés rako/railo, desechando así el pretendido romanismo de vasco arrail.


4. Vasco ipini (poner, colocar)

K. Mitxelena, F. H. V., 1990, págs. 68-69 y 267: <<Axalar, ibeni. Ant. Gipz. Ifeni. Gipz Ipiñi. Ronc., Sul.: ibini.E en la sílaba central debe ser lo más antiguo”. “Uno de los mejores ejemplos de vacilación de labiales entre vocales es ibeni (imini) ifeni (ipini) de donde Gipz ipiñi”. “En Guipúzkoa encontramos P en este caso (apari, erromako zupia). No se trata de permutación directa de B por P. F ha sido siempre, a nuestro entender, el estadio intermedio. Se diría que, al menos en algunas hablas, F era, entre vocales, una especie de variante estilística de B, aunque la libertad de elección en la realización estuviera limitada a algunas formas. Luego, en Guipúzcoa y comarcas limítrofes, F pasó a ser variante del fonema P”>>.

M. Morvan, O. L. B., 1996, pág. 235/6: “Un certain nombre de termes ouraliens (lato sensu) à labial occlusive sourde Ӿ p initiale semblent avoir un correspondant en basque sous les espèces de lexèmes débutant par une voyelle i ou e immédiatement suivie par P. Si l’on admet l’hypothèse selon laquelle des termes euro-sibériens débutant par une consonne sourde ont un parent basque à initiale sonore ce qui en ouralien est également le cas du lapon et du zyriène (par ex.) on peut alors constater dans les exemples qui suivent, que le passage a la sonore ne s’est pas produit si une voyelle non étymologique (phénomène spécifique du basque) précédait cette consonne originelle. La voyelle prothétique aurait donc joué un rôle d’entrave à la sonorisation en protobasque. Toutefois l’existence de variantes à sonore après la voyelle prothétique est attestée. Il s’agit donc d’une tendance phonétique et non d’une loi”.

Urálico. Finés panna (poner, colocar, meter). Estoniano panema (id). Livo: panda (poner). Komi, udmurto ponî (poner). Mordvino (erzja) pane (poner).

Lenguas amerindias. Nawa.tl Postp. pan (sobre): iš.pan (sobre su rostro) huey. Tlal.pan (topónimo) sobre la Gran Tierra (semantismo relacionado) (poner/sobre).

Bunun (lengua malaya de Taiwán) prefijo pun (poner) (mettre dans, amener).

Pu.hasila (poner sal) pun.san (mettre dans). Pun.ludun (mener dans la montagne). Ma.pun di/sain (mettre ici/là). Pun.isa (mettre où) Pun.astu (mettre en bas)…

Lenguas africanas. Modré (lenguas gur. Lengua principal de Burkina Faso). N. Buu (mettre par dessus) (¿?) N.Pal (posser) (N es un morfema de infinitivo).

(Datos de segunda mano, tomados de otros autores).

Urálico. Ugrio: mansi, pon (ipini) khanty, pan (id).

Samoyedo: nenets, pon (id) nganassan, fan (id) enets, fun (id) selkup, pan (id).

Observaciones:

UNA. Nawa.tl, mana (posar en el suelo como ofrenda) y vasco (Vizc., BN) i.min.i (poner, colocar).

DOS. Hurrita pa (to bild) Pa=ašt=o=m (erigió un templo).

TRES. Entre las lenguas urálicas el davvi.sápme (Sami del Norte) presenta bidž.at (poner). El fonema “dž” pertenece a la raíz y no parece que haya nada en común con /pVn).

CUATRO. Latín ponere (rumano pune, español poner) supino positum viene de po.siṅōà poln·oàpono (mettre a l’écartàponer) sinō (E/M Dell, pág. 520, “placer, laisser” forma antigua, sin correspondencia exacta).

CINCO. Lenguas australianas. Džabugay. Wamba (poner)

Panyjima (West. Australia, pama.njungan) (del subgrupo ngayarda) wantha- (put, place, leave) panti- (set down, sit down).

SEIS. Es curiosa la semejanza entre zarma (lengua Songhay del Níger) dan- (poner) y Nawa·tl, dang (poner).

SIETE. Urálico Ӿ pini (poner) finougrio Ӿ pane (poner).


5. Vasco oso (todo entero, completo, íntegro, muy, mucho) oso.tasun (totalidad, conjunto) osa.tu (completar, reunir, formar, integrar) osa.gabe (incompleto) osa.gaitz (difícil de completar) osa.ezin (id) oso.keta (composición) oso.kuntza, oso.era (id) oso.gai (componente) oso.ra (proindiviso) oso.ko (entero) osorik (id) osoro (totalmente) oso.ki (completamente) oso.ra (Pro. indiviso: -ra, sufijo distributivo, la parte en el todo de cada uno) Vizc. Osatu (curado, en otros dialectos, completado y castrado) os.asun.a (salud) osa.gile (médico) osa.bide (tratamiento).

K. Mitxelena, F. H. V., 1990, pág. 126: “En bisílabos, -e y -o se cambian en -a. Este fenómeno está bien atestiguado desde los primeros documentos medievales aunque falta, al parecer, en la onomástica aquitana”.

Urálico. Komi: sufijo -ôs’ (lleno de).

Bantú. Kinyruanda: oso/ese (todo) umuntu.w.ese (todo hombre) igihe ky.ose (todo tiempo).


Finés. Osa.ta (saber, ser capaz de poder, conocer, dominar) osa- (parte, porción, función, fragmento, trozo, pedazo, pieza, componente) osa- (prefijo muy productivo con el significado de parcial, a tiempo parcial). Osa teoksesta (fragmentos de la obra) osaa.maton (torpe, ignorante) osaa.ja (experto, profesional) osa.ton (desvalido, desheredado).

Estonio. Osa (parte, pieza, fracción) osa.leja (participante) osa.pool (parte) osa.v (hábil, osa.v olema, tener mano) osa.kama (saber) osa.v.us (habilidad, destreza) osa.lemine (participación).

Davvi.sápme. Oassi (parte) osso.dat (departamento).

Saka (lengua turca de la República Siberiana de Yakutia, muy influida por el evenco y el mongol): sataa (savoir faire, être capable).

Cushítico. Afar ossá (adición) osis.iyya (añadir).

Húngaro: dos raíces: a) osz (/os/) (idea de división, parte) y b) össz (/ös/) (idea de composición, totalidad).

Osz: osz.t (distribuir, partir, dividir) osz.tás (división) osz.lás (id) osz.tály (departamento, clase, sección) osz.todás (división) osz.togat (distribuir) osztosik (faire du partage) osztó (divisor) osz.lik (desagregarse).

Össz: össz.e (ensemble) össz.eg (suma, total) össz.esség (totalidad, integridad, conjunto) össz.állit (formar, componer, reunir) össz.e- (prefijo de numerosos lexemas con idea de totalidad).

Observaciones.

UNA. Considerando la cuestión en sincronía, el vasco oso y sus derivados parten de la idea de totalidad (y también los testimonios komi y ruandés). El finés, el estonio y el davvi.sápme, por el contrario, de la idea de parte (también, parece, el testimonio saka).

El húngaro posee, para las dos ideas, dos bases muy semejantes. Prescindiendo de fáciles hipótesis sobre la situación original (y obviando el problema del nivel lingüístico en que se sitúa el origen) basta con decir que parte y totalidad son dos puntos de vista opuestos y complementarios y que ambos conceptos han podido ser el significado de una raíz con sufijos diferenciadores o de bases muy próximas o especializarse la base en una de las ideas y la otra, ser el significado de un lexema diferente (v.g. vasco: alde, zati, atal, parte).

DOS. Nostrático. Bomhard. Base 713, pág. 753: Ӿ waš/Ӿ wՁš (Vb.) to add (to), to augment, to increase, to heap up. (Adj.) increased, augmented, heaped up, filled, full. Se presentan ejemplos del protosemítico y del egipcio en el ámbito del afroasiático, que expresan el ascenso hacia la plenitud (devenir pleno) y el estado de pleno. Y lo mismo en el proto·kartvelian Ӿ weš/wš.

En el afroasiático Bomhard no proporciona ejemplos del cushítico y creo que podemos vincular el ossá/osis del afar a la base afroasiática Ӿ was, del mismo significado que la nº 713 nostrática.

TRES. Wahi (iranio, grupo meridional lenguas pamir), hisa (parte, porción). Turco, hisse (parte, porción). Uzbeco, hissa (parte). Azerbayano, hisse (parte). Gagauz, hîsîm (parte).


6. Vasco erdi (mitad, medio, centro) gaztaren erdia (la mitad del queso) bide erdian jarri zen (se puso en el medio del camino) erditik moztu (cortar por la mitad) erdi hilik (medio muerto) erdiz erdi (en pleno centro, de lleno) erdiz erdi asmatu zuen (acertó de lleno). Erdi (verbo): dar a luz, parir, crear. Erdi.tu (partir(se), desgarrar(se)). Erdi-alde (zona central, centro) erdi.ra.tu (partir(se) por la mitad, dividir, separar) erditze (parto, alumbramiento) erdi.berri (parturienta, semi nuevo) erdi.bide (punto a medio camino) erdi.min (dolores de parto) erdiuharte (península)…

K. Mitxelena, F. H. V., 1990, pág. 61: “La vocal E no parece haberse abierto en posición inicial absoluta… El Vizc. distingue ardi de erdi. Modernamente, fuera de la zona Vizc., Rentería, eguardi (medio día)”. Pág. 216: “En composición aparece la aspiración entre los dos miembros cuando el primero no tiene más que una sílaba: gauherdi (media noche) frente a eguerdi”.

Sul. Gaihérdi/egüérdi.

Oseta (iranio noreste) aerdaeg (mitad).

Vasco arte (intervalo, lapso, momento, ocasión). Entre (postposición) kale artean. Hilen artetik (de entre los muertos) lagunen artean (entre amigos) bi etxeren artean (entre dos casas).

T.arte (intervalo, espacio, hueco distancia) ordu laurdeneko tartea (un intervalo de un cuarto de hora). Bat.etik beste.rako tartea (el espacio entre uno y otro). T.arte pasó de elemento final de compuesto a palabra autónoma (K. Mitxelena, F. H. V., 1990, pág. 242).

Alt. Nav. Erte (por arte) (por asimilación) (K. M., F. H. V., pág. 70).

Oseta astaeu (entre) (también la talla, le milieu).

Turco orta (medio, centro, mitad; medio, central, intermedio mediano). Ortaamérika, ortaçăg, ortadoğu… (Centroamérica, Edad Media, Oriente Medio…) orta.da (en medio).

Lenguas túrquicas.

Shor, orta-zî (centro). Qazaq, orta (centro). Qarapal kaq, orta. Uzbeco, órta (centro, medio). Saka, orto (milieu, centro). Kirgiz, orto (medio).

Indoiranio: avéstico, arՁdha (mitad). A. I., ardhá (mitad) (el telugu (dravídico) ardha (mitad) es un préstamo como en kryz (Caucásico NE) urta (milieu) lo es del azeri).

Pie/pokorny xer.dh.

Cushítico. Oromo, wīrtū (centro, milieu). Luo dier, diere (milieu). (Mitad es nus, del árabe).

Tamil (dravídico) ardi (half).

Observaciones.

UNA. En vasco, a diferencia de lo que sucede detrás de N/L, las dos series de oclusivas se mantienen bien distintas tras R. No hay variaciones dialectales Ӿ erti (por erdi) ni Ӿ arde por arte.

DOS. Oseta aerd.aeg (aeg es un sufijo) van parecido a vasco erdi y con el mismo significado de mitad: cualquiera que sea el origen del fonema ae oseta, conserva un A inicial irania (que a su vez conserva un A inicial del indoiranio) (salvo ae protética consecuencia de la metátesis de grupo antiguo de consonante + R (à ae R+cons.)). Sugiero para erdi vasco un préstamo, antiguo, del escita o, más probable reciente, del alano, como el defendido para vasco segail (cuaderno nº uno, 1).

TRES. Orta turco y sus parientes consignados de las diversas lenguas turcas parecen suscitar una comparación interesante con vasco erdi. Sin embargo, teniendo en cuenta antiguo turco al.t.ïn, üs.t.ün, sol.t.ïn, or.t.un… (debajo, encima, a la izquierda, en el medio…). T en turco orta puede conservar, fosilizado, un ablativo (turco üst, alt, pero sol, solda (a la izquierda)) y con un radical “or” es más problemática la comparación (ve M. M. Olb. Pág 198).

CUATRO. En relación con vasco arte (nombre y postposición), oseta astaeu es una mera constatación, sin que pueda afirmar nada. Lo mismo el cushítico mencionado en relación con vasco erdi.

CINCO. El lexema turco para distancia, intervalo es ara. Y para entre, las locuciones preposicionales ara.sî.na y ara.sî.n.da.

SEIS. A efectos informativos se proporcionan los datos del ᶀuruşaski: țar/țar (mitad) y harang (entre, parmi) harangtál (ad milieu).


7. “Ese vestido te cae bien” (una comparación fínnico-nusantara).

En relación con la expresión “ir, caer bien algo” y específicamente un vestido (en sentido amplio, ropa) hay una correspondencia entre lenguas finesas del báltico y lenguas nusantara (malayas). Examinemos dos lenguas del primer grupo y otras dos del segundo.

Finés tuo puku (ese vestido) sopii (cae, va) sinu.lle (a ti) hyvin (bien). Minulle sopii (me viene) parheiten (mejor) ensi maanantai (el próximo mes). Jos se sopii sinulle (si ello te conviene). Ooppera juhlat sopi.vat hienosti tätän linnään (los festivales de ópera le van maravillosamente a este castillo”.

Estonio. Selle kasuka (a este abrigo de pieles) juurde sobivad elegantsed saaped (bien le van zapatos elegantes).

Sobi.lik (adecuado, conveniente, oportuno).

Sovi (id) sobima (convenir, caer bien).

Sobi.matu (inoportuno, fuera de lugar).

Tengamos en cuenta que la aparente oclusiva sonora del estonio, B, es puramente ortográfica, para representar el grado más corto de longitud en las alternancias consonánticas.

En finés el verbo es sopia (convenir, ser procedente, caer bien, hacer juego, armonizar…). Sopimaton (impropio, inconveniente, que va mal, inadecuado…). Sopiva (apropiado, conveniente, procedente, que va bien…). Sopivasti (advrb.) Sopivuus (lo adecuado, lo apropiado…). Sopu (concordancia, armonía, acuerdo…).

Veamos ahora la más importante (por el número de hablantes) lengua nusantara (malaya), el indonesio: “pakaian yang sopan” (un vestido que cae bien). “Wasita itu ber.pakai yang sopan” (esa mujer viste adecuadamente, como conviene).

Y otra, el minangkabau, importante lengua de Sumatra, cercana al indonesio y más próxima que éste al antiguo malayo: verbo de estado sopan con un matiz semántico un poco diferente: bien educado, cortés, correcto, poli. “Ada.pun nan di.sabuik parampun (celle qu’on appelle la femme) tapacik taracik jo sopan mamakai baso basi (sait faire preuve de discipline et de savoir-vivre, elle a de bonnes manières)“.

Dejemos de momento el indonesio y el minangkabau pakaian (vêtement, habillement, costume) y su correspondencia con el finés puku (correspondencia mucho más extendida entre las diferentes lenguas y que será objeto de la ficha nº ocho.

En relación con el verbo sopia (finés) podemos añadir davvisápme (Sami del Norte) soahpat (convenir). En udmurto (lengua urálica agrupada con el fino.volgaico en el proto.fino.permiano) tenemos tupa.nî (convenir) y en komi (misma rama que el udmurto) tu.nî (convenir, aller bien).


Otro verbo de estado minangkabau sapa.kaik (indonesio sepakat) (être d’accord, du même avis) podemos ponerlo en relación con derivados fineses de una base sop: sopu (concordancia, acuerdo, armonía) sopimus.ala (campo contractual, ámbito del acuerdo) en cuanto a la semántica además de la correspondencia sapa-/sopi-).

Finalmente, para evidenciar la rareza de la correspondencia señalada, veamos algunos ejemplos “del caer bien” en diferentes lenguas: rusokak vam idiot eto plat’e » (que bien le cae este vestido); suecox pasar till x”; húngarov.kinek jól/roszol all v.mi” (a alguien le cae bien/mal algo); vascosoineko hori ongi doakio” (ese vestido le cae bien); mongolene nalga” (este sombrero) tand (a ti) sai̧xan (perfecto, bien) taaržee (cae, va, fits)”. O, también, en tāra x (– güi̧) wain (this does (not) fit) (esto va/no va bien).


8. Puku. Finés (traje, vestido) y pakai.an. Indonesio y minangkabau (id). An es un sufijo (en java el diptongo final ai se pronuncia E). Esta correspondencia puku/pakai- NW y SE de Eurasia (en sentido amplio) abarca un espacio enorme que podemos llenar con términos semejantes de otras lenguas, con la misma significación general (o más concreta, siempre en el ámbito del vestido). E idéntica configuración del significante: cvcv (simplificando la descripción de la v2). En lugar de las consonantes inicial y segunda de puku/pakai, oclusivas labial y velar, pueden aparecer otras cuya relación abstracta con aquellas la explican procesos universales de cambio fonético tales como sonorización, fricativización, africación, pérdida, metátesis, nasalización, …

Bravídico. Brahui puč (habillement). Telugu panče (vestido tradicional masculino).

Japonés šinši fuku (ropa de caballero).

Chino p’ao (vestido).

Coreano pok (vêtement) han.bok (vestido tradicional coreano) yang.bok (vestido occidental coreano) sino.coreanoŭi.bok (vêtement).

Polinesio markés oka (ponerse un vestido).

Čukče (grupo luoravetlan) puč’.ki (veste sans manche).

Cushítico oromo huču (vestido).

Iranio wahhi (pamir) pok (velo) til.pok (turbante blanco de matrimonio).

Farsi puši– (vestirse) pušan– (vestir, habiller).

Pačto pako.l (une sorte de béret).

Semítico hebreo bége.d (vêtement) hanut bgadim (almacén d’habillement).

Lenguas africanas.

Mooré (grupo gur) fūgu (y futu) (vestido).

Eslavo serbio o.buče.n (habillé) o.buči (vestir).

Lenguas amerindias.

Qishwa II C pača (vétement) pača.ntin (pourvu de vêtements).

Purepeča (o tarasco) šuku.para.kwa (ropa) šuku.para.nta.ni (vestirse) (šuku y sufijos derivación, nominales y verbales).

Aymara čuku.a (sew, coser) qapu.n̄a (to spin, hilar) pisa.n̄a (to dress).

Lenguas australianas.

Nhanda (lengua pamayungan, oeste de Australia) purāku (dress).

Si pensamos en fenómenos de metátesis, encontramos un conjunto coherente de términos aymará urk’u (dress) qapu.n̄a (spin, hilar).

Iranio talyš (Cáucaso) kՁpot (robe).

Oseta qaba (robe).

Polinesio. Maorí kuhu (poner un vestido).

Čečeno.inguše (caucásico del noreste) koč (robe).

Dravídico kuruh kič.rin (cloth).

Lenguas australianas.

Mbabaram gawún (women’s dress).

Urálico davvisápme gárvu (vêtement).


Observaciones.

UNA. Es claro que al hablar de cambios universales fonéticos o de metátesis, no hacemos referencia a procesos históricos concretos (que deberán ser estudiados con relación a cada lengua) ni privilegiamos históricamente alguna base. Simplemente relacionamos fonéticamente los diversos lexemas actuales, que pueden provenir de una, dos o más bases relacionadas. Sin perjuicio del juego del préstamo entre las lenguas.

DOS. Al tratarse de un objeto cultural como el vestido pienso que la antigüedad posible de la base o bases originales se remonta, como mínimo, al paleolítico superior.

TRES. Si pensamos que la idea de lavar, limpiar, presenta relación con los objetos “ropa”, “vestido”, puede aumentar el número de correspondencias: v.g., djabugay (pamayungan del grupo paman de Cape York (península de), Australia: baga– (wash, limpiar). Iranio, urdu pak (puro)… Pero esta sugerencia tiene que ser comprobada en cada lengua concreta, si no queremos perder pie rápidamente.

CUATRO. Unas palabras sobre español parche. Viene del francés antiguo parche, a su vez del latín parthica (pellio, cuero del país de los pártos). Igual origen del francés antiguo tiene el vasco bartx, partz, fartx (liendre).

Ver E/M Dell, pág. 485 y J. Cor. Dcech, Vo Me-re, pág. 397.

Inglés patch (remiendo, parche, codera, rodillera). To patch (remendar), también del antiguo francés. Claro que no tiene nada que ver con los lexemas recogidos en esta ficha pero no se descarta que de derivados de parthĭca hayan surgido nombres concretos de prendas de vestir que, por la semejanza fonética haya que deslindar cuidadosamente, por ejemplo el farsi pârche (cloth).

CINCO. ¿El estonio paik (parche, remiendo) paikama (remendar) y el finés paikka (parche, remiendo, entre otros significados) y paikata (remendar) están relacionados con puku o es un préstamo? Pienso esto último. ¿También del francés, directamente o a través de alguna lengua intermedia? Desde luego no el alemán: flicken (parche, remiendo. Flicken aufsetzen), además en estonio “vestido” es un préstamo del alemán: kleit. Y vestir: kandma, riietama. Musta kandma, riietuma (vestirse de negro).


9. Suku. En finés suku significa familia, ascendencia, pariente, linaje. Olla sukua jklle (ser pariente de alguien). Sukku.elime.t (órganos sexuales). Sukulainen (pariente). Sukulaisus (parentesco). Sukulais.kieli (lengua emparentada). Sukulais.kansa (pueblo del mismo tronco). Suku.polvi (generación). Sukupuoli (sexo, género). Sukupuu (árbol genealógico). Sukurutsaus (incesto). Suku.selvitys (genealogía). Sukuvika (defecto hereditario). Ylhäistä sukua (de familia de alcurnia).

Estonio sugu (género, especie, género). Suguelundid (genitales). Suguharu (tribu). Sugulaine (pariente). Sugullus (parentela, tronco, familia). Sugupuu (árbol genealógico). (La sonoridad de la G en sugu es ortográfica).

Livo sug (pariente). Suggô (devenir, naître, se faire). Sug.miēs (pariente del hombre).

Davvisápme sohka (familia amplia). Sohkkabealli (sexo). Sogalas (pariente alejado). Sogalasvvohta (parentela).

Esta base de las lenguas urálicas del báltico ofrece una clara correspondencia con lenguas nusantaras (malayas) como el indonesio y el minangkabau suku.

Indonesio: “suku, kelompok kaum yang berasal dari seorang nenek” (ensemble des individus se réclamant d’une même ancêtre).

Minangkabau : “jauah mancari suku, ampia mancari indu” (en las relaciones estrechas, el clan). En las próximas, el antepasado (del clan matrilineal).

Indonesio suku.bangsa (grupo étnico).

Bunun (lengua malaya de Taiwán) taki- (prefijo relativo al clan o a la tribu).

Lingala (bantú) e tuka (clan).

Mooré (gur) zaka (casa, familia).

Kinyaruanda (bantú) oko (raza, especie, tribu, etnia).

Kirgiz (túrquico) tūgan (hermano de sangre, pariente).

Georgiano odžaxi (family).

Kriz (caucásico N. E.) cuxud (maître de la maison).

Kiché (maya) u tux (su descendencia. X = Ṣ)


10. Bambara kǫnǫ

Si partimos de la palabra bambara (lengua mandé, oficial en Mali) kǫnǫ (postposición, en, dentro de, en el interior de) čew bé só kǫ́nǫ (los hombres están en la casa), tenemos zarma (songhay del río Níger) postposición. Kuna (dans, a l’interieur de).

Afroasiático: hebreo (semítico) raíz kn.s (entrar, no activa).

Egipcio clásico ẖnw (interior, residencia) ˁq (entrar) M.ɧnw (en el interior de).

Japonés: X no kana ni (en el interior de X).

Navajo (rama atapascana, familia nadené) a kóné (là dedans).

Kičé (maya) kanöq (quedarse en el lugar donde se está u otro determinado, permanecer dentro de) x.atin.kanöq (se quedó bañándose).

Kakčikel (maya) kan (quedarse en).

Tibetano nang ne/la (del, al interior) Karen (tibetobirmano) nu (entrar).

Mapuche konün (entrar).

Si partimos del qišwa uk’u (dentro) wasi.uku.pi (dentro de la casa) vemos otra raíz para dentro y, sobre todo, entrar: kičé (maya): ok.xč.at.ok.ik (entrarás) direccional uqöq (para dentro).

Mam (maya) ok.il (entrar) direccional ok, k.

Kakčikel (maya) x.oj.ok (entramos) x.ox.el.ok (corrimos hacia dentro).

Maya y.ok.ib (entrada).

Egipcio clásico ˁq (entrar).

Maorí (polinesio) kuhu (entrar).

Sumerio ku4r (entrar en presencia de alguien) ku4ku4 (entrar).

Guaraní ai)ke (entrar)

El mongol orǝx (to go into. X es marca de aspecto imperfectivo) apunta a otra base que puede tener relación con el direccional rV (ver ficha RA).

Chino ru (to enter).

Qisuwa ruri (interior o posición o dirección adentro).

Coreano tǔro (entrar) tora (rentrer).

Maorí (polinesio) ki roto (al interior).

Soninké (lenguas mandé, West Africa) ro (mettre dans, poser).

Japonés iri (entrar) ire.ru (poner en).

Farsi vorud/xorudž (entrada/salida).

Vitoto (ge-pane.caribe) jerei (interior).


11. Vasco burdina

Unas notas sobre el nombre vasco del hierro. Ante el océano de designaciones, ya sólo en Eurasia occidental, para términos como cobre, bronce, hierro, hacha y la complejidad de los procesos históricos de préstamo y cambio, estas notas no pueden ser más que provisionales e incompletas y en algún caso, quizá demasiado especulativas y no exentas de errores. Pero es necesario aventurarse ante ese muro que cierra el paso, la sentencia “no hay etimología”. Me daré por satisfecho si queda abierta alguna nueva perspectiva.

Procederemos por aproximaciones sucesivas para, finalmente, intentar la etimología de burdina/burdiña.

Vasco burdina (hierro).

K. M., F. H. V., pág. 127: “En palabras de más de dos sílabas se pierde la vocal final, cualquiera que sea, siempre que la consonante precedente, cualquiera que sea, pueda quedar en posición final”. Pág. 197: “Todo indica que hay que dar la precedencia a la aparición de Ñ en el grupo antiguo de in+vocal. El estado intermedio tuvo que ser I͂. Es, al menos, la palatalización más extendida y no parece demasiado atrevido afirmar que, en alguna época, fue común a todas las variedades de la lengua. Es posterior al paso de U a Ü en sul… Los dialectos extremos están de acuerdo a este respecto: Vizc. y sul bagiña. Vizc. burdiña (ant. burdĭa) an (Elcano), burriña ronc., sala., burña, burduña, sul., bürdüña”. Despalatalización posterior en BN, LAB: burdina.

Burrun (hierro). Prefijo: burrun.tzali (cazo de hierro). Burrun.tzi (asador, espiche, espeto; espetar, empalar (verbo)).

Turco hurda (chatarra). Nal.bur (ferretero, quincallero. Nal = herradura).

Cušítico afar birta (hierro, metal).

Somalí bir (hierro).

Hierro.

Partimos del navajo beš (hierro) como un buen ejemplo del hecho de designar un nuevo material para determinados instrumentos, utensilios o técnicas con el nombre del utilizado anteriormente para las mismas finalidades, en este caso, bēše (sílex) bēs.ligat (zillar, plata).

En indonesio besi es el nombre del hierro (minangkabau, basi). En ambas lenguas piedra es batu, también en bunun y bató en tagalo.

Caucásico NW: inguše: ˀ ašu (hierro).

Čečeno ečit (id).

Húngaro vas (hierro).

Etrusco purѳ, purt (l’ascia bipenne) “ben noto símbolo di potere e di autorita per gli etruschi” (Mario Alinei: “etrusco: una forma arcaica di ungheresi”) pág. 25-26.

Chuvasho (lengua turca muy influida por lenguas urálicas) purtǝ̂ (hacha, del nombre turco del hacha de combate).

Turco y qazaq balta (hacha).

Uzbeco bolta (id) xakas paltî (id).

Finés pelti (chapa o placa metálica, hoja de lata).

Rutul (caucásico NE) balta (hacha) (préstamo de una lengua turca).

Latín balt.eus (baudrier, cinturón para la espada). E/M Dell, pág. 65: “tuscum vocabulum esse (Varrón)”.

Húngaro balta (hacha) dialctl. Bartára (préstamo del túrquico).

Griego sídhros (sidāros, dórico). Ver P. Ch. Delg, págs. 1002-3 (hierro, objeto de hierro). Sidhreios (de fer) neogriego, sídero. Siderás (forgeron), el hierro no parece haber sido conocido de los IE y no hay nombre IE del hierro. “En griego debe ser un préstamo antiguo anterior a la época homérica. Los datos homéricos muestran que es un metal raro precioso. El metal usual es el bronce y todo el vocabulario antiguo relativo a la metalurgia ha sido formado a partir de xalkos. Sídhros no aparece en las tablillas micénicas. No hay etimología.”


Xalkós. Ver P. Ch. Delg, págs.. 1243-4, y A. J. V. Windekens, Declg, pág. 111, Diccionario Micénico, Vol I, págs. 307-39 (de F. Aurajorro).

Delg: “Cretense kauxós, de ӿkalxós, cobre, bronce. Armas o instrumentos en bronce. Compuestos muy numerosos. Derivados: xalkeùs (que trabaja el cobre, el bronce y, también, otros metales, herrero). Xālkeios (en cobre, en bronce). Xalkóω (forjar) etimología oscura. La técnica de la utilización del cobre y de la fabricación del bronce es muy antiguo en la cuenca egea y debe tener un origen próximo oriental, en relación parcial con Chipre y sus minas de cobre”.

Con la palabra xalkós tenemos una denominación común al cobre y al bronce, como ocurre también con el latín aes (cobre, bronce). Sánsc. áyas (hierro, metal, antiguamente bronce). Gótico aiz (airain, bronce).”

Se ha buscado la etimología en tres direcciones principales: 1, nombres del hierro en lituano y ruso. 2, noción fundamental de color rojo, allegando kalsн, múrex, púrpura. 3, hipótesis de un origen próximo oriental (fenicio, arameo, urarto, sumerio, anatolio).

Se concluye que este término, ya micénico, ha sido objeto de préstamo en alta época a una lengua y una civilización no determinables actualmente”.

Ver también kalxн (murex, coquillage) (qui fournit la pourpre, teinture de pourpre). Pág. 488: “La vacilación entre las formas kalxн, xalkн, xalxн se explica por una metátesis de aspiración. El sentido de púrpura, dado como original, es el más tardíamente atestiguado (por azar?) préstamo de origen desconocido”.

Declg: “kálxh > xálkh (metátesis de aspiración) xalxh: reposa sobre un cruce de estas dos formas. Relación con kóxlos (nom de coquillages, dit aussi, buccin de la pourpre). Pensada hace ya mucho tiempo por Curtius. Esta relación es exacta. Kalxh continúa un antiguo ӿkņqh.lo., de donde griego ӿkaxlo, por metátesis kalxo. El antiguo ӿkaxlo ha sido conservado en káxlhks (petit caillou dans une rivière) y ha influenciado ӿkonxlos (derivado de kónxh, kónxos, de ahí la forma sin nasal kóxlos”.

Dicc. Micénico. Kako. Interpretado unánimemente como xalkós (bronce) ka.ki.jo (adjetivo de materia de bronce). Ka.ke.u (xalkeús, broncista). “Los ka-ke-we son uno de los grupos profesionales mejor conocidos en Pilos”.

El término eslavo para hierro (ruso železo, polaco zelaza, búlgaro željazo…) posiblemente tiene relación con griego xalkóson a sans doute la même racine dans plusieurs mots de langues ie dont le sens initial était corps dur, pierre« . Ruso železa (glandes) (primer sentido hipotético, pequeño cuerpo duro) también puede estar relacionado. Ver S. Saxno DRFEC, pág. 99, que reconstruye una raíz pie para železo: ӿ ghel.g.g’h.

Latín aes (ant. ais) aeris. Ver E/M Dell, págs. 12-13. Cobre y bronce aes candidum, latón. Este nombre IE del cobre o del bronce se ha conservado en germánico, gótico aiz, sánscrito áyah, avéstico ayo.

Aes rude (sin trabajar, sin acuñar). Pág. 579 “rūdus, eris (gravois, plâtras, décombres, menus moellons pour paver en blocage, sorte de marne employée comme engrais. Terme technique”.

Rudis,e (grosero, bruto) opuesto a politus, ninguna etimología.

Para intentar avanzar en la etimología de rūdus y rudis tenemos que acudir a las lenguas eslavas.

Ruso rudá, una raíz que hay que poner en el contexto de la edad de los metales, con el inicio de la metalurgia en los Balcanes (Mario Alinei). Y basada probablemente en un término IE para rojo (color rojo del mineral de cobre).

Ruso rudá (mineral, mena), rud.ník (mina), rudnikovîi̯, rudničnîi̯ (minero, adjetivo), rudnoe mestoroždenie (yacimiento mineral), rudo kop (minero), rudonosnîi̯ (metalífero).

Polaco ruda (mineral), ruda żelaza (żelazna) (mineral de hierro), rudy (rojo, bermejo, rojizo).

Cróata rudni (mineral) rudno carstvo (reino mineral) ruda (mineral, nombre) rudarstvo (minería) rudar, rudarski (minero, nombre y adj.).

Búlgaro rùda (mineral) medna ruda (mineral de cobre) rudnik (mina).

Eslovaco ruda (mineral de hierro) rudonosny (metalífero).

Checo ruda (mineral) rudny (metalífero) rudy̒ (rojo).

En germánico encontramos danés rudera (ruinas, remains) rude (crudo, uncouth) A. A. A. rod (tierra recién abierta). ¿Eslavismos? El español rudo deriva del latín.

No creo que sea muy aventurado afirmar que rūdus es un préstamo muy antiguo del eslavo en latín, término técnico minero que nos hace tener presente la importancia del componente eslavo en el desarrollo de la actividad metalúrgica en los Balcanes (ver, ampliamente, “Origini delle lingue d’Europa”).

¿Pero el término eslavo está basado en uno IE para rojo? Lo afirma S. Saxno, pág. 99 de su diccionario ruso/francés de etimología comparada. Ese término está presente en las lenguas eslavas y ese origen tendría relación con el color rojo del mineral de cobre. Puede ser. Pero deberíamos tener en cuenta el término sumerio para cobre, urudu (que no tiene relación con el color rojo en esa lengua, sa5). Urudu sería una palabra cultural, ligada a unas técnicas específicas adoptada con ellas por el eslavo. Otro problema importante, vinculado a la expansión del “ruda” eslavo, reside en el origen de los nombres del hierro en las lenguas finesas del mar Báltico: finés rauta, estonio raud, livo rodda, davvisápmi ruovdi. En manuales de estas lenguas se dice (por ejemplo, Fanny de Sivers) que son antiguos préstamos germánicos. Los nombres germánicos del cobre y del hierro o de mineral o metal, no tienen nada que ver con los nombres fineses. Tampoco el nombre para cobre o mineral en finés, estonio, sami y livo tiene relación ni con unos ni con otros. ¿Cuál sería pues el término germánico, origen del préstamo? ¿Un término de color, análogo a islandés raudhur (rojo), noruego y danés rɸd (rojo)…? Un préstamo muy antiguo implica una situación mucho más al sur, en Rusia, de las tribos finesas que en la actualidad, en contacto con iranios y eslavos, y parece natural que al propagarse las técnicas metalúrgicas surgidas en los Balcanes se extiendan también sus términos técnicos. Por ello defiendo un origen eslavo de los términos para el hierro del finés del Báltico que primero se aplicaría al mineral (de cobre o al bronce), y luego al de hierro, como ya ocurrió en eslavo (búlgaro, medna ruda, mineral de cobre) y eslovaco (ruda, mineral de hierro).


A la vista de los expuesto, se evidencia que un determinado término técnico que se aplica a una determinada cosa, v.g. un material, pasa a designar otro que implica un progreso con relación al anterior, con o sin modificaciones: ocurrió con el navajo b̄eše/beš, el griego xalkós/kalxh, el eslavo železo, el eslavo ruda.

Es tiempo de que volvamos a vasco burdina, hierro, y a su posible origen, desechada la opinión de Gorostiaga de la relación de burdina con urdin.a (azul, por el color del metal).

Una primera posibilidad sería relacionar al término vasco con el nombre altaico del hacha de combate. Un étimo purtΔ (Δ vocal no identificada) daría en vasco, según la ley de Ramstedt, ampliada al urálico y al vasco (M. Morvan, Olb, págs. 340 y siguientes): “P inicial uralo-altaica da Φ en turko, P en finés y B en vasco: burda”. El término designaría en primer lugar el hacha de cobre o bronce y después, el material de su confección, para pasar a designar finalmente el nuevo metal, el hierro. Digamos, al margen, como veremos en un próximo cuaderno, que no creo en el origen latino del nombre vasco del hacha aiz·kora (asciola). Algo así como piedra para cortar. Veremos que la segunda parte del compuesto kora tiene claros paralelos urálicos.

Una segunda posibilidad es que burdina sea un préstamo del eslavo rudu al vasco en Europa oriental, antes de su marcha por Europa central a Aquitania. Sugiero una metátesis ӿruàur por la imposibilidad de R inicial o bien un préstamo urudu de otra lengua que lo adquiriera del sumerio. Como ello produciría una molesta homofonía con urdin (azul), habría lugar a una prótesis de oclusiva, fenómeno no raro en vasco.

Burdin(a) designaría el mineral de cobre o el bronce y finalmente al hierro. Hoy vasco kupre, cobre, es préstamo latino. También hay burdin.gorri, hierro rojo, cobre.

Cabe también la existencia de una raíz prehistórica BVo.RT de la que serían muestras los ejemplos turco y altaico en general y cushítico, y a la que pertenecería el vasco burdina.


Observación.

Redactada esta ficha, leo en M. Alinei, Ole, vol. II, pág. 258, que el autor defiende que el término paneslavo rudá es “una specializzazione del nome pie para rosso”, y que el latín rudepotrebbe essere un préstito dallo slavo”, lo que reafirma en las páginas 948/949.

Tampoco aparece el nombre del hierro en las lenguas finesas del Báltico entre los préstamos que se citan del germánico. Y señala la importancia de los préstamos eslavos en urálico, de enorme antigüedad.

12. Vasco lo egin (dormir).

Lo (sueño) lo hartu (dormirse) lo.eragile (somnífero, soporífero) lo ibiltze (sonambulismo) lotan (durmiendo) lotara joan (ir(se) a dormir) loti (dormilón) lo.gela (dormitorio) lo.aro (tiempo de dormir) logaro (sueño ligero) lokar– (dormirse, entumecerse) lolo (sueño) lolo egizu, ene haur (duerme!, mi niño).

Observación previa: la palabra lo es una “haur-hizkerazko hitz edo adiera” (Nursery word).

Húngaro álom (rêve, songe, sommeil) alud– (dormir) al.mos (soñoliento) al.tat (make somebody sleep) al.szik (duerme) alma (rêve) álomfejtés (oniromancia). Hálószoba (bedroom) tiene relación con hal (passer la nuit, coucher).

Udmurto (urálico) köli– (dormir) köla– (id).

Lenguas africanas.

Swahili (bantú) ku-lala (acostarse, dormir).

Lingala (bantú) lala (dormir) lota (rêver) ngoli (sommeil, ronflement).

Cisena (bantú) ci.tulo (sommeil) loto (rêve) ku.lotera (rêver).

Kikongolarî (bantú) lâla (dormir, être couché) lota (rêver).

Wolof (West Atlantic branch) lal (lecho) nelaw (dormir).

Djolla (casamancia) e.lal (lecho) ka.moli (dormir, sommeil) ka.ly (despertarse).

Bambara (lenguas mandé) lá.kunu (reveiller).

Afar (cušítico) olloy.ta (lecho).

Oromo (cušítico) bulū (pasar la noche) pero rafū (dormir).

Lenguas amerindias.

Navajo (atapasco) bil (sommeil).

Lenguas malayas (nusantara).

Bunun (lengua malaya de Taiwán) li- (prefijo del sueño) li.sial/li.dikla ma.sabah (bien, mal dormir) tali- (prefijo del dominio del dormir) talis.kum ma.sabah (coucher ensemble).

Minangkabau (sumatra) lalok (dormir) lalok2 (dormir un sueño ligero).

Indonesio bele (engourdi par le sommeil) pero tidur (dormir) (compárese bele con el bulū oromo y el navajo bil).

Tagalo tulog (sommeil).

Tibeto-birmano. Karen lo (lugar de dormir) pero mi (dormir).

Dormir” en diversas lenguas del mundo:

Turco, uyu_. Qišwa, pun̄u_. Mapuche, umag (sueño). Nawa.tl, kocki. Zarma, jirbi. Somali, seho. Farsi, xoft/xāb. Mongol, untaw. Tibetano, nyk’uk. Wolof, tëdb. Oseta, xuiss_. Masai, irura. Luo, nindo. Maorí, moe. Bambara, sùnǫgǫ. Finés, nukkua. Albanés, fle. Egipcio, kdd. Pular, d’an̄a. Avéstico, hah. Livo, maggô. Davvisápme, oadhdhit. Georgiano, M.Dzin.Av.S. Komi, uz’. Letón, gutet. Neogriego, kimume. Tamil, tungu. Japonés, ne.ru. Abxasio, a tswara. Estonio, maga.ma. Mam (maya), tal. Kiče (maya), warabal (lo egin).

Observaciones.

UNA. Aunque nadie niega la importancia del azar en la semejanza lingüística, también hay que tener en cuenta la increíble variedad existente, incluso en términos muy cortos y de sencilla estructura, variedad que redimensiona la posición de aquel en la comparación lingüística.

DOS. La calificación de “Nursery word” u “onomatopeya” no cancela la comparación, pues la segmentación por el signo lingüístico de sentimientos o ruidos, varía según las diversas lenguas y es, por ello, significativa.


13. Vasco neke (cansancio, fatiga, trabajo, esfuerzo) neke izan (resultar dificultoso) nekadura (cansancio, fatiga, agotamiento) nekazari (agricultor) nekaritza (agricultura) nekez (con gran dificultad, difícil, arduo) lan nekeza (un trabajo arduo) nekezin (incansable, inagotable) nekagaitz (id) nekagarri (agotador, cansado, fatigoso, cosa que causa cansancio) nekaldi (tiempo de adversidad) neka.tu (cansarse, fatigarse).

Akit.u (cansarse, fatigarse, agotarse) akitu.rik (rendido, agotado).

Hay consenso sobre la etimología latina de neke. Por todos, K. M., F. H. V. -90, pág. 51: “Lat. necem, Vasc. neke”. Menos categórico en pág. 409, nota 5: “Se suele ver en neke un préstamo del latín necem”.

Según mi parecer, se puede argumentar a favor del carácter patrimonial de neke en vasco y rechazar en consecuencia tal préstamo. En primer lugar examinemos el alegado étimo latino nĕco, āre, āvi, ātum (matar). Nex-nĕcis (muerte, asesinato) apoyados en Ernout-Meillet, Dell, págs. 439-440: “Nex es matar por oposición a mors. El sentido de muerte natural aparece en época imperial. Nex (Festo) sería la muerte dada sin herida, para diferenciar de caedīs, restricción que no aparece en los textos. El verbo se ha especializado en hacer perecer por el agua, ahogar. Necō, formado directamente sobre la raíz ӿnek (tuer, mettre à mort).”

Y vayamos con J. Corominas para estudiar los descendientes romances. Dcech, vol. A/Ca, págs. 265-266: “Españolanegar (ahogar en agua) del latín ēnĕcare, matar, especialmente por estrangulación o asfixia. Portugués, anegar (afogar, inundar, submergir). Gallego, anegar (alagar, mergullar, afogar a alguén, mergullándoo na auga). Rumano, î(n)neca (ahogar(se)), înec (ahogamiento). Francés, noyer (faire mourir, tuer par asphyxie en inmergeant dans un liquide. Recouvrir d’eau). Catalán, negar (anegar, ahogar, inundar). Italiano, annegare (far morire togliendo il respiro con l’inmersione in acqua o in altro líquido. Morire per soffocamento essendo sommersi dall’acqua).”

Todos los vocablos romances mencionados se remontan a ē.nĕcare. En ninguno de los derivados romances hay ninguno con el significado de fatigoso o difícil.

Ni entre los numerosos derivados del vasco neke hay ninguno con el significado del supuesto étimo latino o de los derivados romances. Inundar, anegar, es ur.pe.tu (bajo el agua). Ahogarse, asfixiarse se dice ito y morir, matar, hil.

Solo un uso metafórico “estoy muerto”, “este trabajo me mata”… podría justificar la etimología latina, pero el “argumento” parece traído por los pelos, tratándose de una raíz como neke con derivados tan numerosos y algunos tan importantes como agricultor y agricultura (actividad neolítica).

Démosle de nuevo la palabra a K. M./F. H. V.-90, pág. 310: “En posición inicial N no es frecuente en palabras antiguas (nagusi, neba, na(h)i, ni…). En préstamos N- parece haberse conservado sin excepción conocida. Hay alguna muestra de la alternancia N/Φ en inicial y por lo general la nasal da la impresión de ser secundaria. Pero N-/L-, alternancia bien ejemplificada.

Recordemos el verbo aki.t.u, mencionado anteriormente. Podríamos tener aquí una alternancia N-/Φ– (aparte la alternancia A/E (probablemente dialectal en esa posición)).

Si neke es palabra antigua en vasco hay una posible correspondencia con húngaro nehéz (pesado, difícil, arduo, laborioso) nehéz idők (tiempos duros) nehezen (con dificultad) nehezség (pesadez, dificultad) nehézkes (lourd, pesant, difficile).

Y para finalizar, sin afirmar o sugerir nada, más allá de la semejanza, citemos masai (cušítico) nago.l (difícil).


14. Vasco berri (neuf, nouveau, nouvelle, joven). Usos adverbiales (recién, de nuevo). Amaberri (madre primeriza). Novato, bisoño, novicio, inexperto. Moderno: oitura berriak (costumbres modernas). Fresco, reciente: ogi berria (pan fresco). Jaio, ezkon berria (recién nacido, recién casado). Gosaldo berria naiz (he desayunado hace poco) irten berria da (acaba de salir) jantzi berria (traje nuevo) zer berri? (¿qué hay de nuevo?).

-Berri (sufijoide) etorberri, sarberri (recién venido, recién entrado).

Berriak (noticias, nuevas, novedades).

-Ren berrieman (informar de) -ren berrijakin (enterarse de).

Berri/arazi (renovar, reflorecer). Berriekarle (informador) berridun (sabedor). Berri.on (evangelio, “nueva buena”) berriro (de nuevo, otra vez) berritasun (novedad) berri– (renovar) berriz (de nuevo) berrixka (casi nuevo, crónica, noticia breve). Berriztatzaile (restaurador) urte berria (año nuevo) berri agentzia (agencia de noticias). Para barri, K. M., F. H. V.-1990, pág. 60: “Una vibrante fuerte, intervocálica o implosiva ha tenido, como en otras lenguas, la virtud de abrir una vocal precedente. La apertura se ha producido en contextos bastante bien determinados y la vocal más sensible a la acción de la consonante ha sido E que se abrió en A. Fenómeno limitado al Bizc. con inclusión de Álava”.

Umerri (cordero) de ӿumaberri, pág. 226: “La pronunciación fricativa entre vocales y en otros contextos de estas consonantes sonoras que han llevado a su pérdida total en hablas modernas es, sin duda, muy antigua”.

Según algunos, berri y palabras con una estructura semejante (txerri, urre, gerri…) pertenecen al fondo más antiguo de la lengua.

Indonesio baru. Minangkabau baru.

Indonesio baru (nuevo) (belum lama dibuat (fabricado recién, no hace tiempo) pakaian baru (vestido nuevo) orang baru kawin (nouveaux mariés) auxiliar de aspecto indicando una realización reciente). Saya baru pulang (acabo de volver) baji baru saja tidur (el bebé se acaba de dormir).

Minangkabau di.bali.nyo sepeda baru (il a acheté un vélo neuf) mambaru.i (changer quelque chose avec du neuf) guru baru awak rancak bana (notre nouvelle maîtresse est très jolie. Baru2 (au début) urang baru (nouvelle mariée) (indonesio, orang baru kawin). Urang baru2 (nouveaux mariés) ikan, sayua baru (pescado, verduras frescas).

Indonesio, berita; minangkabau, barito (nouvelle). Indonesio, memberitakan; minangkabau, mambaritokan (informar, faire connaître). Indonesio, terberita; minangkabau, tabarito (être raconté).

Malayo, baharu (nouveau, récent, neuf). Tagalo, balità (nouvelles).

Bunun (lengua malaya de Taiwán), barlu (de novo).

Turco, beri (próximo, cercano).

Komi (urálico), bara (de novo).

Udmurto (id), beren (id).

Cušítico somalí, war (noticia, información) warran (to give news).

Afar, waris (informar).

Oromo, ware (nouvelle).

Copto (saídico), br̄re, bire (nuevo, joven) n̄ br̄re (recientemente).

AmarՁn̄n̄a (semítico de Etiopía), warra (nouvelle) awarra (to tell, relate, give news).

Wolof, bees (nouveau, être neuf) (W. A. B.).

Mapuche, we (berri).

Djabugay (Australia), birī (de nuevo).

Čečeno.inguče (caucásico NE), bergeš (berri).


Una base árabe kbr(noticia, información) se ha adueñado de este campo semántico en un gran número de lenguas aunque estas conserven una base b.r para neuf, noveau u otra diferente. Por ejemplo, por citar algunas: swahili, habari (noticias) pero -pya (nuevo); zarma, habaru (nouvelles); farsi, habar.hā (id); wolof, habaar (id); pular, kibāru (id); soninké, hibaare (id); turco, haber (información); oseta, xabar; abxasio, a.xabar.


15. Vasco maite

(Querido, amado) maita.sun (amor) mait.ale (amante) maita- (amar, querer) maite.min (enamoramiento) maite.kor (amoroso, agradable).

Maitemin-du (enamorarse) maita.garri (digno de ser amado) maita.tzaile (amante) etxe.maite, herri.maite (amante de la casa, del pueblo). Maite.kantak (canciones de amor) maite izan (querer gustar) ez dut arnoa maite (no me gusta el vino) euskal dantzak maite ditut (me gustan las danzas vascas).

K. M., F. H. V.-90, pág. 526: “Parece haber algún sintagma en que maite equivalía a on (bueno) maiteduena (lo que cada uno ama)”. Pág. 218 (nota 81):It en maite podría ser el resultado de una antigua T’”.

Urálico finés, maittava (apetitoso, sabroso). Maittaa: “Hänelle ei ruoka maita” (no tiene apetito, no le apetece la comida). “Minulle ei nyt olut maita” (no me apetece ahora la cerveza).

Davvisápme, maistit (goûter).

Estonio, maitsekas (de buen gusto) maitse (gusto) maitsetama (condimentar) maitsev (rico, sabroso) maitse.tu (de mal gusto).

Livo, maîtso (tener buen gusto) “se sôir minnôn äb maits” (no me gusta este queso). “ma tōb sīeda maitsô” (quiero hacer eso).

Húngaro, imád (adorar, rendir culto o adoración) imádat (adoración) imádó (adorador) imád.ság (oración, acción de gracias). “Ez.t az apá.t imád.ják a gyerme.k.e.i” (a este padre lo adoran sus hijos).

Komi, musa (querido, amado).

Udmurto, muso (querido, amado).

Gaélico, maitheas (bondad) pero grádh (amor) (para Gorostiaga vasco maite del irlandés antiguo maith).

Malayo-polinesio.

Bunun (lengua malaya de Taiwán), madu (adorar, like).

Indonesio, maˀu (vouloir).

Tagalo, mithî (deseo ardiente).

Markés (polinesio), ma2i2 (desear). (Excepto en sumerio, un índice 2 indica repetición del término, maˀi maˀi).



16. Vasco na(hi) (voluntad, deseo)

Nahi izan (querer, desear) nahi.an, nahi.rik, nahi.z (queriendo, pretendiendo) nahi.era (voluntad, deseo, ganas) nahi.erara (a placer) nahi.ez (contrariedad, disgusto) nahi.ko (bastante, suficiente) nahi.ta (a propósito, adrede) nahi.ta.ez (a la fuerza, necesariamente) nahi.z (aunque, a pesar de que) nahi.ago izan, nahi.en izan (preferir) nahi.gabe.ko (involuntario).

K. M., F. H. V.-90, pág. 526: “Antigua pronunciación de dos sílabas en Vizc., na(h)i”. Págs. 115-116: “De A más las vocales cerradas I, U se forman los diptongos AI, AU que, a su vez, pueden reducirse, sobre todo a I y U. Así, en los dialectos que no conocen la aspiración, nai de na.i”. Pág. 310: “En posición inicial N no es frecuente en palabras antiguas (ni, nagusi, neska, nahi).”.

(Gorostiaga: “Nahi, metátesis del A. A. A. nigal).

Lenguas amerindias.

Nawa.tl., neki (querer, desear). Invariable. Ni.ha.kua.neki (deseo comer algo).

Purepecha. Sufijo ncha (tener ganas de). Wiria.ncha (tener ganas de correr).

Qišwa II C. Desiderativo naya hisp̣a.naya.ni (quiero orinar) (también “a punto de”) Qišwa 1 ankaš: p’uyu.naya.n (a punto de ennublarse (el cielo)).

Kaččikel (maya) nuaxoˀ (quiero).

Observación.

Ne otomí viene de nde.

Minangkabau (lengua malaya de sumatra), nio (querer, tener la intención) inyo nio pulang ka ranah minang (desea volver al país minang).

Tagalo, náis (désir, souhait).

Mongol, nai- (radical buenas relaciones (+rՁ, el lugar deà nair, fiesta)).

Coreano, neri- (desear).

Oseta, el futuro del verbo se forma con ӿčana (comparable a avéstico čana(h)) činah (con palatalización de A entre Č y N): X šaѳro. Činah (que desea el poder) (ver E. Bemveniste “Estudios langue ossète”, págs. 77-79).

Sugerencia.

Si relacionamos la N inicial de nahi, que en otras palabras alterna con L y Φ, con la T inicial del finés como tahto.a (querer, desear, tener ganas de apetecer) tahto (voluntad, deseo) o del estonio tahtma (querer, apetecer) tahtmatu (involuntario, inconsciente) (también livo tō (vouloir)) aumenta el ámbito de posibles correspondencias:

Davvisápme, dáhttu (voluntad) dáhttut (vouloir).

Swahili, -taka (vouloir).

Mongol, -tai (sufijo, con la intención de).

El sumerio nuš (escrito nu.uš2, ni.iš y ni.iš3) “ojalá, si al menos, por desgracia” (valor de deseo hipotético) no parece tener nada que ver, sobre todo si forma parte del mismo el prefijo negativo nu (ver Zamudio “Lengua sumeria”).

Otra cosa es el egipcio nḥt (plegaria, deseo).


17. Vasco lapur (robo).

Lapurtu (robar, hurtar) lapurreta (robo, hurto, atraco). K. M., F. H. V.-90, pág. 551: “En relación con lapur, napur, Salaberry para B. N.: n̄aphur “état d’un animal disposé ou habitué à franchir les clotures ou à s’introduir dans des enclos pour satisfaires ses gourmandises”. “Siempre he pensado que se trata a fin de cuentas de un préstamo y acepto gustoso la sugerencia de Corominas de que proceda de un adjetivo romance lefr/lafr (goloso, comilón). Esto aseguraría, además, la prioridad de L”. Pág. 552: “Inestabilidad general de las sonantes vascas, tan proclives a los cambios de posición”. Pág. 324: “A. N., Vizc., Gipz. lapur (ladrón); Baztán (A. N.) napur (ganado que invade los cercados); Ronc. “goloso” ; B. N., Ronc. n̄apur; Sul. n̄áphür (attiré par la friandise); Gipz. Ant. napur (ladrón)”. N̄apur palatalización expresiva de un ladrón simpático, el ganado goloso”.

Húngaro, lop (robar) lopás (robo) “lop mint a szarka” (ladrón como una urraca) lopkod (piller les autres, practiquer le vol) loppal, lopva (à la dérobée, furtivement).

Cróata, lopo.vski (ladrón, adj.) lop.ov (ladrón, nombre) lupeština, lupeštvo (latrocinio).

Serbio, lopov (ladrón), lupež (ladronzuelo) (pero ukrasti, robar).

Eslovaco, lup (robo, pillaje).

Dravídico. Tamil, kalavu (to steal). Kurux, xalb (lapur).

AmarՁn̄n̄a (semítico de Etiopía), leba (lapur) lyebwoč (ladrones).

Kikongolâri (bantú), làba (voler).

Swahili, kinyaruanda, ɸiba (voler).

Lingala, ɸ/y.iba (voler) ibela (voler pour, metátesis?) yibi (ladrón).

Griego antiguo, kléptω (P. Chantraine, Delg, págs. 541-542: “Voler, dérober, cacher, dissimuler, tromper. La idea de engaño, disimulación distingue de a͑rpadzω (enlever, ravir). Adj. verbal ӿklep.tós únicamente en ἅ.klep.tos (que no engaña). Segundo término en composición bou.kleps (ladrón de vacas). Primer término: klepsí.frωn (que oculta su pensamiento) los nombres raíces atestiguan la antigüedad de la raíz. Latín cleps responde a bou.cleps. Irlandés cluain (tromperie) puede reposar sobre ӿklop.ni. La raíz expresa el robo por la astucia y una relación lejana con kaluptω no está excluida”.

Neogriego, kleftω, klefths (robar, ladrón).

Latín, cleps. E/, Dell, pág. 127: “Conservado en un solo texto. Ha sido eliminado por fūr. Clepta en plauto es un préstamo al griego klepths. Verbo klepō, is, psī, ptum (fūrārī, voler, dérober) raro y arcaico. Ha sido reemplazado por el denominativo fūrārī y, en la lengua popular, por involāre, ӿvolare. Término propio al indoeuropeo occidental”.

Gótico, hlifan (voler) hliftus (lapur).

Nostrático base 357 A. Bomhard, ӿkhaly/khՁly (to rob, steal, hide. Theft.)

Pie, ӿkhl-eph/khl-oph.

Observación.

UNO. Húngaro y vasco, préstamos del eslavo?

DOS. Caída de K inicial “nostrática” e indoeuropea en lenguas pertenecientes a sus diversas familias y ramas.

TRES. Préstamo semítico o afroasiático en bantú?


18. Vasco e.sa.n (decir, contar, relatar. Dicho, frase, refrán, proverbio).

Esate (dicho, frase, sentencia).

Erran (decir, contar, relatar. Dicho, sentencia, frase, refrán, proverbio).

Aditz trinkoen paradigma (paradigma del verbo sintético: oraina (presente)) d.io.t (digo) iragana (pasado) n.io.e.n (dije) agintera (imperativo) erra.k/n (di) berra (que diga).

K. M., F. H. V.-90, pág. 138-139: “Terminación antigua -an, representada en la mayoría hablas modernas por an”. Pág. 295: “Para “decir” hay Or. erran, Occid. esan, sin que se vea a qué se debe esta dualidad, ni siquiera si lo primitivo es S o RR o si ambos proceden de otra consonante o de un grupo de consonantes”. Pág. 363: “La diferencia entre Or. erran y Occid. esan se debe acaso a distintos tratamientos de un mismo grupo antiguo, aunque ésta es sólo una de las explicaciones posibles”.

Solas (sol(h)as) conversación, de romance solaz (divertissement, réjouissance).

Latín, quid narras?, qué dices? Narra mihi.

Finés, sanoa (decir, contar, hablar). Sana (palabra, voz, expresión).

Estonio, sôna (palabra, vocablo) (pero rääki.ma (hablar), ütle.ma (decir)).

Turco, söy.le.mek (decir, contar, recitar, comunicar, cantar). Söz (palabra, dicho). De-mek (decir, denominar, querer decir). Bu, ne de.mek? (qué quiere decir esto?).

Uzbeco, so’z (mot) so’z.la.mok (dire, parler).

Sakha, die (dire).

Xakas, sös (mot).

Uigur, de (dire) sôz (mot).

Kirgiz, de- (dire).

Qazaq, deu (dire).

Burușaski, sén (dire).

Mongol, sanaa (thought, idea, invention). La partícula šū/-šǖ enfatiza una afirmación precedente o acentúa un hecho del que el interlocutor puede no ser consciente. Bi medex. gui̯.šuu (te digo que no sé). Ter xün šüü (te digo, te repito, ese es el hombre).

Mongol, orie.jari (parler mongol).

Aymará, ji-sa, si.sa, con pérdida opcional del segmento ji,si si presente el sufijo –n̄a: sa.n̄a (esan).

Navajo, sād (mot, language).

Japonés, iu (decir) (quizá soo da) (formal soo desu (que transmite información obtenida a través de una fuente determinada)) “dicen que, he oído que” ossha.ru (esan en lenguaje cortés).

Tamil, sol (mot) sol-solla-solli (radical, base de infinitivo, absolutivo), decir.

Karen (tibetobirmano), si (esan).

Gaélico, (decir).

Egipcio (clásico), i-, im-, ẖr (esan) ḏd (decir, pensar, informar, responder). Ḏdwt (palabras, dicho, discurso). R (boca. Palabra, comunicación, discurso).

Sumerio: dug4, du (decir) di3(decir, hablar).

Chechenoingushe (caucásico NE), doš, deš (mot) al, ala (dire).

Latín pie, ӿsekw. E/M, pág. 318, Dell: “Vӿ in.sequō. No hay más que las formas insece, inseque!” (dic!) e insexit (dixer it)”… “Verbe vieilli dont il ne reste que dés débris”. Umbrio, sukatu (declārātiō). “La raíz ӿseqw está bien atestiguada en las lenguas indoeuropeas: Vi. Nór., segj a; Vi. Saj., seggian; Vi. Ingl., seegan; A. A. A., sagen; Lituano, saky̒ti; Vi. Eslv. Ecles., sochiti (indicar)”.

Qeqčíˀ  (maya), jun sēraq (una plática).

Oseta (iranio), zaeĝin (dire).

Avéstico (iranio), sՁ̄ṇgha (explicar).

Swahili (bantú), –sema (dire).

Somalí (cushítico), dhex (dire).

Oromo (cushítico), dhuu (dire).

Chino, shuō (speak a language, say).

Armenio, asel (decir).

Mapuche, dungun (decir).

Proto nostrático, da A. Bomhard, nº 208 ӿt’eˀ (to say, to speak).

Altaico,ӿ (to say, to sound).

Pr. túrquico ӿdē (to say).

Vi. turco, de (to say).

Turco, de-. Uïgur, dä-. Uzbeco, de-. Kirgiz, te-. Kazaq, de-.

Vitoto (Ge-Pane-Caribe), doo– (raíz, decir).

Vasco, ari izan (hablar en una lengua, hablar de, decir sobre). Nitaz ari al zara? (Estás hablando de mí?) Benetan ari naiz (te lo digo de verdad).

Purepecha (macroqišwa), ari- (decir).

Observaciones.

UNA. Los diversos términos para “decir”, “hablar”, “palabra”,… en las lenguas consignadas se pueden clasificar en dos grupos principales: los que presentan una base S + Voc. + Cons., y los que, en lugar de la sibilante, tienen una oclusiva dental (t/d) seguida de vocal (todo ello, simplificando). Un verbo, tan esencial para el homo loquens, se remonta al mismo, en la medida en que le es consustancial. Las realizaciones concretas, extendidas por todo el mundo, es obvio que poseen raíces de enorme antigüedad, pertenecen al protohumano que diría Ehret.

DOS. Las formas vascas con R̒ (de imperativo, fundamentalmente) habrán sufrido la influencia, por lo menos en su consolidación morfológica, de las expresiones familiares latinas (quid narras, narra mihi)?

TRES. En diversas lenguas se observa, con diferentes significados, la coexistencia de las dos bases principales.

CUATRO. El verbo latino dico (del que deriva nuestro decir) procede de una raíz ӿdeik/ӿdik (mostrar) que solo en latín llegó a significar decir.


19. Vasco i.pui.n (cuento, relato)

Ipuieta (mitología). Gipz., ipui, ipoi. Vizc. ipuin, ipoin (fábula, cuento, ficción, mito, leyenda) ipuiizko (fabuloso, imaginario) ipuilari (fabulista, narrador, cuentista) ipuinzale (aficionado a los cuentos) atso.ipuin (cuento de viejas). Puies! (voz para ahuyentar al demonio, a las brujas). Puies eman (insultar).

K. M./F. H. V.-90/pág.75: “U:I. El paso está bien establecido ante consonante labial. Puede ser esta la explicación de Vizc. upuin, upoin, Gipz. ipuin, ipoin (cuento)”. “La explicación más sencilla de alguno de los casos de correspondencia U:I en inicial absoluta o tras H puede ser la siguiente: U no protegida pasó algunas veces a I en primera sílaba de bisílabos ante vocal anterior E, I”. Pág. 149-150: “Las posibles muestras de antiguo UN más vocal anterior son escasas y los resultados tan diferentes que es mejor estudiar cada tema por separado. Es seguro el bisílabo ӿsuni (yerno)… Parece también segura la reconstrucción ӿh)iguni, vasco higuin (repugnancia, asco, aborrecimiento)… No sería muy distinta la terminación antigua de Vizc. ipuin̄/upuin̄, ipoin̄/upoin̄ (cuento, fábula). La base no parece estar representada en los dialectos orientales”.

M. Morvan, “Les origines linguistiques du basque”, 1986, pág. 235-236: “Un certain nombre de termes ouraliens (lato sensu) à labiale occlusive sourde ӿp initiale semblent avoir un correspondant en basque sous les espèces de lexèmes débutant par une voyelle I ou E immédiatement suivie par P. Si l’on admet l’hypothèse selon laquelle des termes eurosibériens débutant par une consonne sourde ont un parent basque à initiale sonore, ce qui en ouralien est également le cas du Lapón… On peut constater que le passage à la sonore ne s’est pas produit si une voyelle non étymologique (phénomène spécifique du basque) précédait cette consonne originelle. La voyelle prothétique aurait donc joué un rôle d’entrave a la sonoritation en protobasque. Toutefois l’existance de variantes à sonore après la voyelle prothetique est attestée. Il s’agit donc d’une tendance phonetique et non d’une loi”.

Proto “nostrático” de A. Bomhard-2008, nº 110: “Phuš/phoš (to breathe out, to blow to, to puff up, to inflate). Urálico, redei, ӿpušɜ (to blow); altaico, ӿphi̯ ǔsi (to spray from the mouth)”.

Finés, puhua (hablar, conversar) puhe (discurso, habla, conversación) puhelu (conversación) puhuja (orador) puheva (falante) puhaltaa (soplar, expulsar aire) puhelias (locuaz) puhua (hablar, decir).

Estonio, puge.ma (?) (adular) puhuma (soplar, ventear) täis puhuma (hinchar, inflar).

Komi (urálico), (se dice, dice).

Yukagir (urálico (?)), pun (raconter) (dato de M. Morvan).

Cisena (bantú), pan.ga (dire, raconter).

Tamil (dravídico), pesu (raíz de parler, dire) (pesu/pesa/pesi, radical, infinitivo, absolutivo). Parai (to speak, to say). Según Pr. Nostr. de A. Bomhard, nº 31 de ӿbar, bՁr (to make a sound, sound).

Mapuche, epew (narración de ficción, cuento) pi (dice) pin (decir algo a alguien).

Guaraní, ai)papa (contar).

Kaqčikel (maya), par (dire).

Chibcha.kuna (Panamá), ebise (contar).

Markés (polinesio), peˀau (decir).

Griego, pos (mot, parole), eipeīn, etc. derivan de otra raíz, pieӿwekw (P. Ch., Delg, pág. 362: “ἔpos, con la forma dialectal épos, término largamente usado por Homero: ἔpos èipeīn, decir la palabra justa. El plural ἔpea es el nombre de la poesía épica. Como segundo miembro de compuesto, -eph̒s. Como primer miembro de compuesto, forma arcaica e͗pes.bólos (el que injuria) y una forma secundaria, epo.poíos. epos corresponde exactamente a Sánscrito vácas, avéstico vačah”. “Un tema verbal correspondiente a pos lo tenemos en el aoristo eipeīn, indicativo eỉ̄pon”. “Desaparece pos en el griego posterior pero ipa subsiste en el griego del Nuevo Testamento y en Neogriego”.)

Griego moderno, legω (decir) pero aoristo eípa (/ipa/) perfecto –pei (/pi/) participio pasado eipωménos, imperativo pes!.

Observaciones.

UNA. En finés (y quizá en Estonio) parece haber dos temas diferentes (soplar y hablar).

DOS. Conjeturo que la base con P inicial tiene un origen onomatopéyico si bien en la evolución posterior se desarrollaron temas que se especializaron en hablar, decir (en los que no es evidente el origen onomatopéyico). Y sin perjuicio del mantenimiento de bases onomatopéyicas evidentes. CF. Vasco putz egin. Como dice K. M., F. H. V., pág. 255: “Las oclusivas fuertes iniciales se perdieron regularmente (la desaparición de T- fue mucho más radical que la de K-, salvo en algún caso en que las protegió el carácter expresivo del término… T(h)u (saliva)”. Es el caso de putz. T(h)u, de claro origen onomatopéyico y que aparece en las lenguas más diversas del planeta, será objeto de estudio en un próximo cuaderno.

20. Vasco e.torr.i

(Venir, llegar, proceder, descender, provenir) da.torren (que viene) etor̒kin (emigrante) etor̒kizun (futuro, porvenir) e.torr.e.ra (venida, llegada) etor̒bide, etor̒buru (origen, comienzo, etor̒bide, también, avenida).

K. M., F. H. V./-990, págs. 156-157: “Es imposible de resolver por criterios puramente fonéticos, puesto que está ligado a problemas morfológicos y en particular al de la vitalidad y distribución de un prefijo E (I) si ha habido pérdida o prótesis… Parece que hay efectivamente pérdida, debida a un fuerte acento dinámico sobre la segunda sílaba, en zonas altonavarras… Donde hay participios como… torri (venido)”.

Gaélico, tar (etorri).

Brahui (dravídico), dar-, dareng– (descender).

Turco, torun (nieto) türe– (derivarse, surgir).

Mongol, irՁ (e.tor̒.i) uru.ga (descendiente) uru (veis l’aval) törü (procrear, dar a luz, nacer).

Burus̒aski, ts’ur (una de las raíces de venir con jo y D-̒/-̒ya.

Hurrita, turi (bajo, inferior, opuesto a ašhu (superior)). En=na=turina (los dioses infernales) uruntallī (posterior) urunni (arrière).

Indonesio, turun (descender) turun t.em.urun (de generación en generación) ke.turun.an (ser de ascendencia, de origen).

Minangkabau, turun t.um.urun (de padres a hijos, de generación en generación).

Finés, tul.la (venir, llegar, surgir, aparecer, provenir de, tener su origen en, derivarse, producirse, bajar(se)). Tulo (venida, llegada, entre otros significados) tulokas (recién llegado) tulevaisus (futuro, venidero) tuleva (futuro, venidero, próximo) tulevat sukupolvet (las generaciones venideras).

Estonio, tule– (venir) tulenev (descendiente) tulek (venida) tulemus (resultado) tuletama (derivar) tuletamine (deducción) tulevane (futuro, venidero) tulevik (futuro, porvenir).

Livo, tul– (venir).

Húngaro. A) szül (parir) születik (nacer) születés (naissance) születe̎sű (originario de) alacsony születe̎sű (de baja extracción) szüle̋ok (origen, source). B) Eredet (origen, provenance) eredeti (primitivo, originario, inicial) eredő (originario, proveniente de) ered (prendre naissance, sa source. Proceder, emanar, venir, derivar).

Sumerio, tul (fuente) tud (parir).

Pular (West Atlantic Branch), aru– (venir).

Qišwa, ura (inferior, dirección o posición abajo).

Kičé (maya), ul (raíz de venir) (x.ox.ul vsolij (vino a visitarnos)).


Observación.

En esta ficha vemos una serie de lexemas, la mayoría de los cuales pienso que están relacionados pero que serán objeto de examen desde otro punto de vista cuando en un futuro cuaderno estudiemos el direccional *LVoc, [C)V)L(V].


21. Vasco abere (mamífero mayor doméstico).

Abe.larri (cabeza de ganado mayor, res) abelazkuntza (ganadería) abelbaratz, abelbeltz (ganado porcino) abelenda (ganadería, raza de ganado). Abel.ezpain (belfos) abel.euli (mosca borriquera) abelgorri (ganado vacuno) abelgaratz (excremento de animales). Abelbide (cañada) abelburu (cabeza de ganado) abeletxe (establo, granja) aberaski (riqueza) aberastasun (riqueza, abundancia) aberastu, aberats, aberestasen (enriquecerse) aberats (rico) abere– (embrutecerse) larrabere (animal salvaje).

Ig.abera, ig.araba (nutria). Topónimo abraku en muchas localidades de Navarra, relacionado con abaraki, derivado de abaro y de igual significado “lugar donde el ganado mayor se refugia en campos y montes del calor y de las moscas”, “sombra donde se refugian del calor los rebaños” (en segundo sombra podemos leer “sombra de toro como guarida”).

Abraska (parral) abaroegin ganaduak (sestear el ganado) zelaabere (animal de montar) gurdiabere (animal de tiro) abraska (abrevadero) lor.abere (animal de tiro, lor = leño/tronco que se arrastra). A. N./Sul abre (bestia, cabalgadura, ganado, res, animal) basabere (animal bravío, salvaje).


Se considera habitualmente el vasco abere un derivado del latín, del verbo habeo, es, ere. Ya D. Julio Caro Baroja calificó esta hipótesis de dudosa. Koldo Mitxelena (F. H. V.-90, pág. 226) de pasada se refiere a abere “del romance aver”.


El préstamo latino implica una evolución semántica de lo abstracto a lo concreto, al contrario que en latín (pecū, empleado en plural, pecua, uum. Pecuniaae, derivado suyo). Pasó de riqueza en ganado a fortuna, riqueza, dinero, como en otras ramas del indoeuropeo: por ejemplo, anglosajón feoh (rebaño), inglés fellow, gótico faihu (troupeau, kth̒mata y propiedad, dinero, xrh̒mara, ảrgúrion), A. A. A. fihu, vihu, feho, fieo, ganado, islandés (bétail, biens, argent).


No hay en romance derivados de habere con el significado de ganado, res (gado, gando, bétail, gregge, mandria, armento, turmă, bestiar…) Solo derivados tardíos como el rumano avere (fortuna, bienes, riqueza) y otros semejantes como el español haber(es).

Lo que se explica por la evolución del significado del verbo habeo: tenir, se teniràposseder, occuperàavoir.

Además el vasco ha conservado el vocabulario del ganado mayor y menor al tiempo que perdió el de las aves de corral. Nótese también la riqueza de derivados de abere y el número de términos en cuya composición entra, muchos fundamentales en una economía ganadera. Todo ello hace sumamente improbable la tesis del préstamo, yo diría inverosímil, sobre todo si se trata de un préstamo tan tardío, en el caso de un préstamo del romance.

K. M., F. H. V.-90, pág. 317: “Una alternancia L/R, que tiene un valor gramatical claro, se produce cuando, al quedar R en final de primer miembro de compuesto o de tema ante sufijos de derivación a consecuencia de la caída de vocal final, es sustituida por L. Abere (bestia, animal mayor)àGipz., Al. Nv., abeletxe (redil) abelgorri (ganado vacuno)”.

Oseta (iranio), abir.aeg (voleur, ladrón de ganados), baerae.čet (riqueza).

El N. P. Faelvaera “protector del ganado” no tiene nada que ver con abere “la adopción de nombres cristianos rusos en el folclore oseta ha producido resultados singulares, que los demonios combatidos por los héroes se llamen santos Elías y Jorge” (Bemveniste). Faelvaera aglutina dos santos rusos, protectores de caballos, flor y lavr.

Abiraeg oseta nada que ver con nuestro abigeo. Agō, is, ēgi, actum, agere “pousser devant soi, par opposition a dūcō. Ancien terme de la langue pastorale. Abigō, eloigner, en poussant, chasser. =Pecus ab.egitabigeus. Mot. racine ag” (E/M Dell, págs. 15-18).

Húngaro, barom (bétail, bête) barom! (bruto!) baronfi (animaux de bassecour) barom.i (brutal, bestial) abrak (forraje) barom.i.ság (inepcia, gran tontería).

Para M. Alinei, el antiguo húngaro barom (bestiame, ricchezza) es un préstamo al altaico. Borjas (vache avec son veau).


Lenguas africanas.

Bambara (mandé), dáaba (animal) wara (fauve).

Soninké (mandé), na.bure (riqueza, bienes). Na es prefijo de bovino, vaca y bure, trop: riqueza=muchos bovinos, en línea con los ejemplos germánicos y latino, antes vistos.

Cušítico. Somalí, beer (granja) beer aley (farmers).

Oromo, dabaré/darabé (tour de pâturage) dibaru! (saludo que se devuelve al que retorna con su rebaño) dābā (animales destinados al sacrificio) darbū (pasar).

Afar, abur (toro, buey) orobi (acceso a los pastos) qabar (sequía) dubāla (animales salvajes).

Pular (West Atlantic Branch), boru (campagne, brousse) mbarō (gibier) wur– (troupeau).

Kinyaruanda (bantú), urwuri (pâturages).

Swahili (bantú), wa.nyama na pori.ni (animales salvajes, de la “brousse”).

AmarՁn̄n̄a (semítico de Etiopía), gäbäre (farmer) käbt (bétail) arawït (wild animals, beast) käbbärä (he got rich) bärät (establo) baläbetՁ (owner) habt (wealth) mՁbrät (belongins, possessions) awra (animal macho).

Árabe, dabbāh (bestia, animal).

Hebreo, ‘abbir (animal corpulento macho) dôb (bestia, animal).

Ugarítico, ibr (morlaco, toro, caballo).

Turco, davar (ganado menor).

Rutul (caucásico de Daguestán), čabal (pequeño ganado de cuernos) davar (del turco?) (grosses bêtes á cornes).

Abxasio (caucásico del oeste), a (prefijo) béira (riqueza).

Cherkés (caucásico del oeste), bՁlՁn (que recuerda el maya balam (jaguar)).

Mongol, bara, barՁ (mercancía) barus (nombre de animal) (variante, baruq, baraq, persona de guardia, salvaje).

Burus̩aski, gharibi (fiesta de la transhumancia, del khowar(?)) bur (pelo de las bestias, húngaro bőr, piel). Luo (nilosahariano), bor (grasa animal).

Occitano, borja (granja) borièra (granja) (brau (toro) como catalán brau, del latín bravus).

Hurrita, ewuru (heredero) ewuru-tu (herencia).

Una palabra del antiguo turco tovar, tavar (bétail, bienes, mercancías) que en turco está representada por la ya vista davar (ganado menor) seguramente está relacionada con las bases examinadas en torno a abere. Aparece en muchísimas lenguas:

Ucraniano, tovar (merce, averi, bestiame) tvarína (animal). Serbocróata, tovar (carga). Ruso, tovar (mercancía). Finés, tavara (bienes, productos, mercancías). Indonesio, tawar (merchandise)…

El ruso tvar’ (criatura bestial, bicho) “fsjakoj tvari pa·párjՁ (un par de cada animal, =en el arca de Noé= también deriva del étimo antiguo turco como kazako tabīn (rebaño). Pero no el ruso tabor (campamento) con origen en el Ant. Test.

El rumano tabăra (campo, campamento) quizá un préstamo al antiguo ruso tovarŭ (campo militar).

Livo, tavar (cola) en último término viene del altaico como el etrusco θaura (averi, beni, corredi).

El ruso zver’ (wild beast) očs zvěr’ (animal), checo zvíre, letón zvērs, lituano z̆verīs (beast) como el griego θhr, latín fĕrus, se remontan al IE ӿghwē̆r.


22. ӿSeƷa.

A. DolgopolskyThe nostratic macrofamily and linguistic palaeontology”, 1998.

(Ʒ = dz). Nº 111 ӿseƷaa relative of the other moiety (“father/son in law”, “mother’s brother” and sim.)”. Bajo este nº el autor recoge ejemplos del kartvelio, concretamente georgiano siƷe (bridegroom). Del cus̆ítico: somalí sóddoh (father in law) sóddóh (mother in law). Oromo sodd.ā (“in law”). Urálico ӿc̒eča (uncle) > finés setä (father’s brother) y muchos otros de las diferentes lenguas urálicas.

Añado en el oromo soddūmu (estar unido por alianza) y también pular (West Atlantic Branch) sūd.u (casa), y quizá bambara (mandé) sómǫgǫ (pariente, familia).

A. R. Bomhard en “Nostratic: examining a linguistic macrofamily”, 1999, pág. 65, escribe: “111. ӿs̒eƷa… This is a possible etymology, though the Afrasian forms are too divergent phonologically to be given serious consideration” y propone otra reconstrucción, ӿsiǮ/ӿseǮ.

R. L. Trask, en su crítica negativa del nostrático, contenida en el mismo libro, comentando la base nº 111 ӿs̒eƷa, escribe, pág. 172 “Basque suhi (son in law) provides a fairly decent match” parece no tener en cuenta la lección de K. Mitxelena, F. H. V.-90, pág. 150: “Es seguro el bisílabo ӿsuni (yerno) cuyos representantes son los esperados: Bizc. su(i)n̄. Al. Nav., Gipz., sui. Lab. suhi, Sul. Sühi”. Y en la pág. 302 escribe: “En los dialectos que conocen la aspiración, H aparece en lugar de una antigua N, aunque solo en ciertas posiciones… En los dialectos españoles hay muchas veces G… En su lugar… H (de N) se distingue de antigua H porque, al quedar en final de primer elemento de compuesto, tenemos otra vez N en el primer caso y T en el segundo”.

Bajo esta base s̒eƷa podemos mencionar finés suhde (relación, vínculo, proporción) suhe (relación, proporción). Oseta siaxs (yerno). Bambara siya (raza, etnia, tribu, un grupo social cualquiera). Turco, soy (raza, ascendia, linaje), soy.ad.î (apellido). La misma fluctuación de la base considerada, según los autores: s̒eƷa/seǮ, siǮ aumenta la incertidumbre y permite afirmar evoluciones fonéticas “ad hoc”. Algunas palabras como finés suhe, bambara siya, turco soy, podrían también estar relacionadas con finés suku, examinado en la ficha nº 10. Algo hay, desde luego (semejanza semántica y fonética, aunque esta con ámbito grande de variabilidad) pero muy difícil de ceñir y definir con precisión. Para avanzar es preciso, aparte la aportación de nuevos materiales, el examen riguroso de las evoluciones fonéticas particulares de las diversas lenguas, como el vasco suhi ya visto.

Dentro del ámbito semántico examinado menciono oromo saba (pueblo) y el A. A. A., sibba, sippa, sipbea (paz, alianza, consanguinidad). Alemán, sippe (estirpe, clan). Pie ӿ sebhia (clan, familia).


23. Vasco sehi (criado, sirviente)

Sehigo (servidumbre). K. M., F. H. V.-90, pág. 146: “Es segura la terminación ӿeni en lab. sehi (criado), meridional segi (niño), Bizc. Ant. sei, Bizc. Mod. se(i)n̄ (niño, criatura), aquitano senicco, seniponnis”. Pág. 302: “En aquitano se escribe uniformemente seni por vasco sehi, se(i)n̄, segi”.

Sen.di (familia) sen.ide (hermano-hermana, pariente) sen.ar (marido, esposo) sen.egin (engendrar) sen.ge (mujer estéril) sen.ge.ak (padres sin hijos) sen.ge.tasun (esterilidad) sen.ikide (familiar) sen.di.ko (gentilicio, del linaje familiar) sen.al.du (copular) sen.al.pen (coito) sen.ar.gabe, sen.ar.ge (viuda). Todos con un sen que iguala el seni aquitano y confirma la lección de K. Mitxelena.

En cambio sehaska (cuna, berce) es un compuesto moderno (K. M.) de ӿ sehi.aska (aska, pesebre, abrevadero, pilón).

Por otra parte tenemos pie ӿsew(h)/sow(h)/su(h) del que provienen gótico sunus (hijo), lituano sūnùs (id), Ant. Esl. Ecles. sîn’, alemán sohn, angls. y A. A. A. sunu, sánsc. sūnuḥ, Avés. hunuš.

Para el griego ui͑ós (hijo) de la misma raíz IE. Ver P. Ch. Delg, pág. 1153-4. Cita también Tocario B, soy Tocario A, se (hijo). Haciendo abstracción de elementos sufijales como -yu o -nu “on degage une racine ӿsū, attestée dans skr. sū̒te (mettre au monde). También cita V. Irl. suth (de ӿsu.tus (naissance, fruit)) y señala que estas formas sufren el concurso de otras como putráḥ, puθrō, pais… e incluso son eliminadas, caso del latín (filius).

Recordemos que el vasco tiene términos patrimoniales para hijo (seme) hija (alaba) niño, criatura (ume). Y que A. R. Bomhard en su obra sobre el “nostrático” tiene una base (nº 242) ӿsyaw/syՁw/syew (to give birth, to bring forth, to be born. Son. Child).

Podemos añadir egipcio sw (hermano) s’ (hijo); hurrita šeni, senni (hermanos); sumerio šeš (hermano); vasco ӿsuni (suhi, yerno, estudiado en la ficha anterior). Como muestra el vocabulario vasco es normal la deriva semántica de la raíz: niño, criaturaàhijoàhermano (sen.ge, sen.ide, senidatasun (fraternidad) e inclusoàfamilia, parentesco (sen.di, seni.keria), mediante los sufijos adecuados.

Aunque podría haber dos bases relacionadas: vascoӿsuni y seni, egipcio sw y s’,…

Como conjetura, sugiero que vasco ӿsu.ni pueda ser préstamo (muy antiguo) de una lengua indoeuropea mientras que ӿseni (criado, sirviente) (concepción arcaica de la familia que comprende a todos los de la casa) sería un término patrimonial vasco (es indiferente la posibilidad de un préstamo muy antiguo de una lengua imprecisable y relacionado con el hurrita senni.

Con el seme propio para hijo, el préstamo ӿsuni se aplicaría a un hijo especial, el hijo político o yerno (suhi).


24. Nº 4 / Vasco lau (r)

Contemplamos la extensión azul del cielo al mediodía. O, marineros de ocasión, nos vemos en un mar inmenso, rodeados de un agua igual y dilatada. Quizá caminamos por una llanura sin límites. Ni el cielo ni el mar ni la llanura nos ofrecen direcciones ni puntos de referencia. Es el reino de lo indistinto, sin un horizonte que nos invite. El propio movimiento, el intento de discernir un camino que lo justifique, queda anulado por el número infinito de radios trazables desde el centro de un número, también infinito, de círculos posibles. El número infinito de direcciones cancela el propio concepto de dirección. Si insistimos en el movimiento, pisaremos una y otra vez nuestros pasos que no nos llevarán a parte alguna.

No es necesario elevar construcciones para alzar un laberinto. La pura extensión es un laberinto.

Pero el hombre no se resigna a permanecer en el laberinto. En reposo en lo indistinto, abre sus brazos y convierte su cuerpo en una cruz. Inmediatamente aparecen un delante y un detrás y los brazos señalan otras dos direcciones posibles. Hemos convertido la infinitud de radios en una encrucijada, hemos articulado con un cuatro la indiferencia del plano y dividido en cuatro regiones lo homogéneo. Cierto que, sin otras referencias, esa encrucijada provisional se verá anulada por otras infinitas encrucijadas si tomamos la decisión de seguir a alguna de las posibilidades que nos indica. Pero el hombre ha descubierto las cuatro direcciones (un adjetivo que llevará ulteriormente al sustantivo número cuatro), en el seno de un espacio homogéneo.

Todas las culturas desarrolladas por el hombre se esforzarán en hallar o construir referencias en la extensión que posibiliten articularla con direcciones en las que, el caminarlas, tenga un sentido.

A partir de este concepto fundamental de cuatro direcciones (y que inmediatamente nos revela un centro) es posible avanzar la articulación con la multiplicación de subdirecciones (y un buen ejemplo es la rosa de los vientos). Llevada la multiplicación al límite, generamos, a partir del cuatro, nuevamente lo indistinto, desarticulamos la articulación. La rosa de los vientos, si quiere ser operativa, tiene que ser limitada.

Notemos que en esa multiplicación avanzamos fijando cuatro nuevas direcciones. El único número cuatro permanece dentro de la infinitud del cuatro como adjetivo.

Volveremos después, al examinar las principales culturas, sobre este nexo del cuatro con la extensión indefinida del plano. Digamos ahora que este esfuerzo cultural del hombre en articular direccionalmente el espacio se extiende a la articulación de homogeneidades parciales o de series indeterminadas de cosas o acciones, privilegiando casi siempre el adjetivo cuatro que se revela fundamental en la construcción de un mundo y, con él, el número cuatro, también con sólidas raíces en el cuerpo humano (las cuatro extremidades) como otros pocos números (v.g., dos, cinco, diez o veinte).

Como introducción lingüística a estos temas del adjetivo numeral/sustantivo número cuatro, privilegiado en la articulación de la superficie nivelada del plano, nada mejor que un texto con unos ciento cincuenta años de antigüedad pero que conserva toda su vigencia. Me refiero a “A comparative grammar of the dravidian”, del Rev. R. Caldwell, recientemente reeditada por la Universidad de Oxford. En la pág. 322 dice el maestro fundador de los estudios dravídicos occidentales: “Investigando los numerales uno por uno se ve que los neutros o abstractos números numerales se han formado del más simple y corto numeral adjetivo, por la adición de formantes neutros o de incrementos eufónicos o por alguna vocal radical. Por ello, para comparar con otras familias lingüísticas, hay que comparar el numeral adjetivo, la única porción esencial de las raíces y, probablemente, las verdaderas raíces mismas”. Nal adjetivo, en composición sufre algunos cambios. Tamil, nâlu. Telugu, nâlugu. Kanarés, nalku. Malayalam, nângu. Formación adjetiva de 4 es nâl/nal en dravídico. Y en las págs. siguientes continúa: “One of the meaning of nal in poetical tamil is liberal/plentiful (generoso, abundante). Comparing this with the use of nâl (4) for “many”, “general”. May we venture to assume that we have here the origin of the name of this numeral? Mr. Kittel says that “the idea of evenness (lisura, uniformidad, igualdad) seems to have guided the dravidians in the formation of this word”. “I cannot find <<even>> (liso, llano, igual, uniforme) however among the meaning of nal in any of the dialects. If this meaning existed, it would suit very well the purpose for which it is to used”.

E insiste: “Cada uno de los números cardinales se nos presenta <<in a two fold shape>>. La primera y probablemente más antigua primitiva forma radical es la del adjetivo”… ”La adjetival o cruda forma de este numeral es nâl o nal y esta forma adjetiva es a menudo usada como un nombre en lugar de nâl.ku, etc. (la L final está sujeta a cambios eufónicos, tamil LàR ante P y LàN ante N)”.

Esta relación que esbozábamos al comiendo entre el cuatro como adjetivo de dirección y la uniformidad del plano (plano que en su lisura e igualdad tiene conexión con las ideas de perfección y de belleza) la vemos en las siguientes palabras de Caldwell: “-ku/gu/ es un formativo para constituir un nombre neutro del número: tamil, nan.gu (goodness, bondad) nan.gu (malayalam) es beauty, belleza. Nan.bu es love, amor. Telugu nalu.vu, belleza, beauty”.

Esta distinción entre forma adjetival y forma nominal del número (cuatro, en concreto) la vemos también en burus̩aski, una lengua “aislada” del norte de Pakistán. Los primeros nueve números varían según la clase (hum. masc./hum. fmn/X (cosas)/Y (cosas). Es el adjetivo numeral, en este caso, waltu. La quinta clase, la Z, se usa solamente cuando se trata del nombre numeral sustantivo: walte. El ordinal se forma sobre la clase Z, lo mismo que en dravídico. Parece razonable pensar que lo originario es el adjetivo numeral epíteto.

En un rápido y superficial viaje por alguna de las más importantes culturas de la humanidad (lo que no es igual a conocida) veremos los temas que hemos planteado: articulación fundamental de la uniformidad por las cuatro direcciones, articulaciones variadas en el molde cuatro de homogeneidades o series, indiferencia, en el límite, entre el cuatro y la extensión (v.g., el cielo). Comencemos por China (siempre en el presente de los antropólogos). El sombrero cuadrado de los letrados chinos representa la paz de los cuatro lados. Los cuatros mares (septentrional, occidental, meridional, oriental) rodean la tierra. China está en el centro, es el país del centro (zhōng.guó). Hay cuatro clases de nacimientos (humanos, cuadrúpedos, huevo, transformación). Y cuatro oficinas correspondientes.

Hay dioses protectores de las cuatro direcciones. Cuatro son los montes de la gran fama, sede de los cuatro bodhisatvas más populares. Tierra cuadrada. Túmulo cuadrado en el que se planta el árbol del Dios del cielo.

Egipto: “Entre los númenes tanáticos hay que citar a los cuatro hijos de Horus: Imset (cabeza antropomorfa), Hapi (canina), Dua Mutef (chacal/cocodrilo), Quebehsenuf (halcón). Constituyen un tetramorphos cuya función originaria es la de custodiar los cuatro puntos cardinales y velar por la conservación de las entrañas de Usire, dispersas por las cuatro partes del mundo. Acabaron custodiando las cuatro urnas canópicas en las que se guardaban las entrañas de la momia”.

Mesopotamia, de un himno: “Las cuatro partes del universo a sus pies, la totalidad de las regiones habitadas”. El título real en sumerio es: an-ub-da(k)limmu.bi (cieloàpartes/lados de cuatro su) (las cuatro partes del cielo, que recuerda el nombre del imperio de los incas, el “Tawa.ntin.suyu” (cuatro-totalizador. Región=las cuatro regiones del imperio (Antisuyu, Chinchaysuyu, Cuntisuyu y Collasuyu). Además, los cuatro barrios de Cuzco.

Navajos. Ellos se autodenominan diné, el pueblo. Su cosmovisión es enormemente compleja. Las primeras criaturas han pasado por cuatro mundos inferiores, cada uno de un color, antes de pasar por el lugar de la emergencia que les ha proporcionado acceso a nuestro mundo donde ellos han devenido el pueblo de la superficie de la tierra.

El comienzo de la lengua navajo remonta al primer mundo, negro. Cuatro palabras esenciales fueron creadas que son el fundamento de aquella. Cada una de estas cuatro palabras esenciales es un espíritu del lenguaje. Por el poder de estos cuatro lenguajes originales los seres sagrados crearon las cuatro direcciones y las cuatro partes del día. Cuatro son los clanes del origen (del alba, del crepúsculo azul, de la tarde amarilla y de la oscuridad). Las cuatro direcciones implican las cuatro esquinas. La reserva navaja se encuentra entre las cuatro montañas sagradas. Los minerales sagrados son cuatro, cuatro las plantas sagradas (maíz, calabaza, judías, tabaco). Cuatro los guardianes de la vivienda del sol, cuatro los clanes recreados, cuatro sus protectores (el oso, el lobo, el puma y el puercoespín). En resumen “el mundo obedece a un ciclo de cuatro tiempos. Se cumple cotidianamente según las cuatro etapas del trayecto del sol y en el marco del ritmo anual de las cuatro estaciones. Ya que el sol y la tierra, los días y los años tienen un ciclo de cuatro tiempos, los ritos destinados a restablecer la armonía entre un paciente y el universo deben ser repetidos cuatro veces” (M. C. Feltes-Strigler). Y no olvidemos que cuatro fueron los años de deportación de los navajos por el hombre blanco antes de retornar a la tierra que rodean las cuatro montañas sagradas y donde esperemos que sigan siempre hablando una lengua que se originó en su boca por efecto de los rayos del arcoíris.

Bambaras. Entre los bambara de Malí, de lengua mandé, el nº 4 caracteriza a la mujer y el 3 al hombre. El siete, al ser humano. Nunca en una ceremonia el hombre hace algo cuatro veces o la mujer tres veces. Ambos pueden hacerlo siete veces.

Otomíes (Méjico, lengua otomangue de la familia otopame). En la ceremonia de los cuatro vientos, en Guanajato, un “mayordomo con un incensario perfuma la tierra y los cuatro puntos cardinales”. En otomi, 4 se dice góhó. Todos, gothó.

Aztecas (lengua naнua.tl, familia uto-azteca). El espacio cósmico de los aztecas comprendía cuatro direcciones. Cada dirección tiene su color, su Dios y ciertos días del calendario. Cuatro colores son los colores principales de los aztecas: rojo, el este. Negro, el norte. Blanco, el oeste. Azul, el sur. Cuatro los dioses nacidos de la pareja primordial. Cuatro las plantas de base cultivadas: maíz, pimiento (chilli), judía (haricot), calabaza (courge). Cuatro las especies fundamentales de calabaza, cuatro, los colores de las espigas de maíz cultivadas cada año así como cuatro los colores de las judías cultivadas. Cuatro los signos portadores de año (caña, cuchillo sacrificial, casa y conejo), cuatro las destrucciones de la creación.

Mayas (sin distinguir los diferentes grupos lingüísticos), vivimos en la cuarta creación. Ven los mayas el mundo como un espacio material y espiritual estructurado por cuatro direcciones más un centro. El árbol del mundo en el centro del cosmos, el yax che’il kab (yucateco) es el resultado del cruce de la elíptica y de la vía láctea. Es el wakah chan, el cielo elevado por el primer padre al comienzo de la creación. Es el eje de la creación, recreado en sus ceremonias por el chamán actual, con su modesta mesa cuadrada. En el popol yuh la primera creación consiste en los cuatro lados, los cuatro rincones que medían, repartían en cuatro partes (la tierra cielo) (“kan tzuk, kan xuk” cuatro divisiones, cuatro esquinas). En Chichén Itzá, las cuatro esquinas del templo son puntos de solsticio. Sus cuatro escaleras, son un símbolo más de la visión cuatripartita del mundo durante la creación (D. Freidel, L. Schele…).

Desde el punto de vista lingüístico en maya yucateco kan (4) y ka’an (cielo), son casi homófonos. Y en cholano, homófonas, y además los glifos para 4 y cielo se sustituyen libremente (D. Freidel). Como en las inscripciones mayas se sustituyen los glifos para cuatro y para cielo.

Cuatro son los gigantes bakales que soportan la tierra. Y ya en la cultura olmeca, a quien tanto deben las culturas mesoamericanas posteriores, nos encontramos con las cuatro direcciones del hacha de Humboldt.

Veamos ahora el término para 4 en algunas familias y lenguas:

Urálico. Finés, neljas. Prefijos neli (n), nelja (cuadri-, tetra-) nelonen (el nº 4, nota cuatro en un examen, la cuarta velocidad) nelkku (nº 4, informal) nelistää (galopar, ir al galope, lit. sobre cuatro (patas). CFR. Vasco, laugain, galope (sobre cuatro). Turco, dört.nala (al galope, nal, herradura). Farsi, čaharnaˀl zaft̯an (galopar).

Estonio, neli (4), neljas (4º, adj.) neljapäev (jueves).

Davvisápme, njeallje (4).

Komi, njol’ (4).

Udmurto, nîl’ (4).

Mordvino, nile (4).

Húngaro, négy (4), négyes (el 4) (sust.), negy.zet.méter (m2), negyed (un cuarto de), négy.kéz.láb (a cuatro patas).

Mari, nïl (4).

Dravídico. Ya vimos con anterioridad la forma adjetival dravídica nāl (nal) que, según R. Caldwell, coincide con la raíz o es la más próxima a la misma.

Tamil escrito, nāngu. Tamil oral, nālu.

Telugu (animales, objetos), nālu.gu. Humanos nalu.gu.ru.

Kuruh, naib (indf. m/f) naibar (dfnid. m/f) nāx (neutro) (4).

Gônd, nālu (4) (R. C.).

Tulu, nal’ (4) (R. C.).

Tuda, nank (R. C.).

El numeral 4, escribe R. Caldwell, pág. 570 de su “Grammar of the dravidian”: “This numeral being constantly used in the Dravidian languages to signify several, various or an indefinite number of moderate extent”.

Notemos la gran semejanza de las raíces del dravídico y del urálico para el nº 4.

Altaico. Túrquico antiguo, tewatta (4). Ya Dumezil señaló la semejanza con el qis̩wa II C tawa (4). También purépecha o tarasco (macroqis̩wa) t’a.mu (mu es un formante nominal).

Turco, dört. Dört.yol aĝz.î (encrucijada, lit. boca de los cuatro caminos). Uzbeco, to’rt. Qazaq, tört. Turkmeno, dört. Xakas, tört. Saxa, tüört. Shor, tört. Kumik, dërt. Qarakalpaq, to’rt. Gagauz, dört. Karac̩aibalkar, tjort. Azeri, dörd. Uïgur, töt. Kirgiz, tört (todos 4).

Mongol, dörՁw (n).

La forma túrquica antigua tewatta puede estar relacionada con el turco tavan (techo) y con finés taivas (cielo (préstamo del báltico)), que no es una “spätere bedeutunsentwicklung” del báltico ӿdeivas, sino uno de los significados primitivos del término (Mario Alinei). ¿Será en definitiva un préstamo del altaico en báltico? Ver los lexemas húngaro eg.táj y kirgiz tai̯pang, que se citan a continuación.

Otros términos para el número 4, semejantes a las raíces urálica y dravídica, tenemos en lenguas africanas y alguna americana:

África pular (West Atlantic Branch), nay (4). Swahili (bantú), nne (4). Kinyaruanda (bantú), ne (4). Lingala (bantú), mi-nei (mi es prefijo de clase) (4). Cisena, nayi (4). Soninké (mandé), nax.ato (adj. num., naxati) (4). Bambara (mandé), naani (4).

América nawa.tl, nawi (4). Mapuche, meli (4, número sagrado). Kallahwaya, pili (4).

También coreano , ne (4) (la forma sinocoreana es sa).

En relación con la forma antigua turca y qišwa podemos citar (por semejanza fonética) zarma (Songhay, Niger) taaci (4) y, quizá, sumerio limmu/lima/limu (4), también leído tab2 (zamudio). Notemos también húngaro táj (/tai̯/) (región, construcción, paisaje) eg.táj (punto cardinal, región del cielo, o sea cuarta parte del cielo (significado espacial, extensión) y kirgiz tai̯ pang (plateau, étendue plate et vaste). Pensando el 4 como extensión, nos encontramos con el checheno-ingushe (caucásico del NE) en el cual los índices de clase, que no afectan a los sustantivos, son prefijos del verbo que empieza por vocal (y solo los nominales determinados por el absolutivo) y también de los adjetivos que empiezan por vocal. Pues bien, esos prefijos, que nunca exceden de cuatro en ninguna lengua caucásica, afectan al 4 y solo al cuatro (y a todos los números que utilizan en su composición la cifra 4, que siempre van acompañados de un nombre y nunca pueden emplearse solos). El número 4 era originalmente un adjetivo, “ancho”. En rutul (lengua caucásica del Daguestán) no puedo precisar si i̯uk’u- (d, r, b, prefijos clase) tiene relación con k’ux’dî, ak’uIrdî (ancho). En abxazio (caucásico septentrional de NW) a (artíc. defin.) -t’baa (ancho), recuerda la forma antiguo turca para 4.

Es hora de examinar el término vasco para 4: lau (r) y que en las lenguas manejadas solo encuentra semejanza fonética en el término karen (tibeto.birmano) para 4: lui.

K. M., F.H.V.-90, pág. 93: “El diptongo au es el más frecuente en el período histórico de la lengua, más aún que ai, puesto que no es raro ante L o R más consonante, posición en que el último es excepcional sino inexistente. El antiguo ӿau parece haberse conservado en general, sin embargo ha pasado a ai de una manera regular en Ronc. y Sul., excepto ante r, rr, s y ts”. Pág. 101: “En Vizc. se documenta un cambio auà eu, cumplido, al parecer, en contacto con consonantes apicales: Vizc. leu (n), llano, liso junto a lau(n) del latínplanum (pág. 347, en inicial es frecuente PL à L, planusà laus)”. Pág. 501: “Laurunbat (sábado) no es el numeral que siempre se ha creído reconocer, sino mera apócope de bate, sustantivo verbal, es decir, bat + te”. Pág. 491: “En larambate, larumbat no es dudoso que haya A de au, pero lo es mucho más que su primer elemento sea precisamente lauren, cuarto, cuarta parte. Sería también posible que en/un fuera el continuador de egun en la denominación del sábado. Tampoco se puede excluir a priori, creo, que sea lagun, compañero y no laur y lo que entra en esa formación. Incluso sin egun, lagunen bate, reunión de compañeros. C. F. Oriental neskanegun, Sul. Ant. neskenegün (sábado, lit., día de las muchachas).”

Sobre lau.r.den (cuarto, cuarta parte) dice K. M. que no es descabellado pensar que den sea la forma relativa de da.

¿Lau, 4, está relacionado con algún término que signifique espacio, extensión, como el número cuatro de lenguas que vimos anteriormente? Antes de empezar por el vocabulario vasco examinemos otras lenguas, empezando por las tres principales urálicas: finés, estonio y húngaro.

Finés. Por supuesto que lauantai (sábado), estonio lau.päev (id), no tiene nada que ver ni con el numeral ni con la idea de extensión o superficie. Lauka.ta (galopar) laukka (galope, lau.gain), tampoco tiene relación. Finés laskettaa (ir a toda velocidad, a todo gas).

Pero A) Finés lavea (extenso, amplio, vasto) laveasti (extensamente) laventaa (expandir, extender) leveä (ancho, amplio) leveys (anchura) levetä (ensancharse) levittää (extender, ampliar) levi.tä (extenderse).

Y B) Estonio lai (ancho) laiend (ampliación) laiu.ma (extender) laien.da.ma (extender, ampliar) laius (anchura).

Húngaro lapály (plaine, pays plat), finés lape (plano), estonio lame (plano), lapít (aplatir, estonio lamestama, mordvino lapu.ža (superficie plana)), son términos que pueden estar relacionados con A y B pero en ellos la idea dominante es el “nivel” frente a la “extensión” de aquellos.

Podemos añadir otras lenguas a A y B: karen (tibetobirmano), (large, ancho). Sumerio, la2 (extenderse). Armenio, lain (ancho).

El irlandés lethan, gaélico leathan, viene de ӿpie pletans (griego platús). Formas urálicas en las que predomina la idea de “nivel” (húngaro lapály; finés lava, lape, latus; estonio, lava) pueden estar relacionados con el IE (infra latín plānus, griego platús).

El vasco zabal (amplio, ancho, extenso) y su familia zabal-, zabalera, zabaltasun…, teniendo en cuenta que z- (/s/) puede alternar con L- (zikin/likin, finés likainen) podría ser relacionado con finés lavea (extenso, amplio, vasto). A. R. Bomhard, “R. P. N.”, vol. 2, nº 268: “pnӿc’al (to stretch out, to extend, to exceed…). Pnӿc’Ձl Pr. Afrasian ӿc’al (verbo) to stretch out, to extend. Pr. Semitic ӿc’al-at’ (to stretch, to extend). Cushitic saho, del- to be long. Oromo c’aal (to exceed)”. Ejemplos dravídicos con el significado “to be abundant, full, to be sufficient, to suffice, to be enough to”. Proto altaico ӿčālo “full, abundant”. Pr. Mongol ӿ del- (to expand) mongol del– (to stretch, to spread) prototúrquico tolu (full) turco dolu (full) sumerio zal (to become wide).

Me suscita múltiples dudas esta base, en cuanto a la inclusión en la misma del proto-altaico, especialmente el prototúrquico. Junto a sumerio zal, añadimos húngaro szeles (/seleš/) (ancho) sumerio daĝal (amplio, ancho) mongol dal.bՁi (être plat, large, deployé) taal (plaine).

Pueden ser una o ser varias bases los ejemplos incluidos aunque, en el último caso, relacionadas. Si la alternancia z/l no funcionase en vasco zabal, podría incluirse perfectamente bajo este nº 268.

Vasco lau (llano, plano, liso) lautada (llanura, llanada, planicie). Lau.tasun (llaneza, sencillez) lau.tu (allanar, aplanar) leun (suave, liso, terso, llano, plano) leun-du (suavizar-se, ablandar-se, alisar-se, pulir, bruñir)… Lau, lau.tu y sus derivados se consideran de origen latino, de plānus. -A-um-leun y los suyos, como mencionamos antes, los considera K. M. como variedad o cambio fonético en ciertas circunstancias y que no afecta al origen latino. Sin embargo, así como en lau de planus el significado dominante es el nivel (llano, plano, aplanar) en leun, es la suavidad o lisura. Creo que no será demasiado atrevido separar leun de lau, considerarlo como raíz o tema diferenciado y que no tiene nada que ver, por supuesto con lau (nº 4).

Tendremos en cuenta solamente lau (plano) y, a tal efecto examinaremos, en primer lugar, el latín plānus. E/M, Dell, págs. 512-513: “Plat, uni, plan (à deux dimensions. Ancien. Usuel). Panroman, sauf Roumain… On ne trouve a comparer que des mots assez différents… C’est avec le verbe lit. plóti, lett plāt que se groupe… Il doit y avoir eu une racine ӿpelՁ, ӿpla– ce qui est plat, étendu. CFR griego pélanos, designant des objets plats, pélagos, la surface de la mer… C’est a ӿplattus du gr. platús que remonteraint les formes romanes du type plat”.

Griego platús, P. Ch., Delg, pág. 912: “Large, étendu, plat… platús repond exactement à Skr. Pṛthú. Avéstico paraѳu (large)… Thème è larǐngale ӿpletՁ2/pl̥tՁ2…”.

Pelanós (pág. 873) “Si le mot désigne a l’origine une sorte de gâteau plat, on est tenté de la rapporter a la racine ӿpelՁ2/plā de pélagos, latín plānus” (para otro punto de vista sobre pela.gos ver a J. V. Windekens, Declg, pág. 182). Admitido que vasco lau (plano) y sus derivados tienen su origen en el latín plānus, conviene realizar las siguientes observaciones:

UNO. Aunque conceptualmente es clara la distinción ancho/plano (y que se ve en los ejemplos recogidos de las diversas lenguas) también se observa con igual claridad interferencias entre las ideas de extensión, anchura, superficie, planicie, plano, ausencia de accidentes, lisura…

DOS. Esta raíz o raíces pie, ӿpelՁ, ӿplā y ӿpletՁ2, *pl̥tՁ2, están seguramente relacionadas con otras urálicas (origen de los términos fineses lavea, leveä, latuskainen…). Si bien en urálico hubo probablemente un fenómeno de metátesis como también parece que ocurrió con”Pr. Ns.” ӿphal/ph·al, spleen pie ӿ(s)phel, ӿ(s)phl̥. Uralic, pfu ӿläppՁ  (“assuming methatesis from ӿpäl3”). (También metátesis parcial en afroasiático ӿpal/lap y metátesis en altaico ӿli̯aphv (spleen, vasco bare, estudiada en un futuro cuaderno).

TRES. Por todas estas razones (interferencia de significados que conduce a una fácil extensión del significado de la más exitosa y también la semejanza fonética de las raíces en cuestión) es posible que haya sido oscurecido o eliminado un vocabulario vasco relacionado con los grupos A y B del finés y del estonio examinados en el contexto del estudio de vasco lau (4), sobre todo si la alternancia conjeturada zabal/labal no se acepta.

Aún así, tenemos vasco laba (superficie). En el Dicc. de P. Múgica Berrondo figura laba. Superficie, horno (labe), abertura de la E en A que K. M. en su F. H. V. trata como un mero fenómeno fonético y sin mencionar el significado de superficie. “Horno” y “superficie” son significados tan disímiles que creo que laba es palabra autónoma de labe y relacionada con los correspondientes términos urálicos y por supuesto con lau (4). Por ello, y finalmente, como en el caso de tantas lenguas consideradas en el curso de esta ficha, sugerimos que vasco lau, nº cuatro, está relacionado semánticamente con la extensión y la anchura.

Por otra parte, teniendo en cuenta la alternancia vasca L/T (leka/teka) y que lepo (cuello, collado) está relacionado seguramente con tepe (M. Morván) ¿sería posible pensar en una alternancia lau/ ӿtau que nos aproximaría al ámbito de las formas altaicas. (Fijémonos que en las formas de cuatro recogidas en esta ficha, la consonante inicial es siempre una dental).


25.  Turco tepe (colina, cumbre, cima, remate) kara.tepe, tepehisar (cumbre negra, castillo o fortaleza de la cima).

Esta palabra, tepe, pertenece, como diría Ehret, al protohumano. En una forma u otra, siempre explicable por cambios fonéticos sencillos dada su proximidad (y con independencia de los procesos históricos concretos) se halla presente en las más diversas familias lingüísticas y lenguas particulares, con un significado que se extiende desde una altura natural o artificial en un plano hasta tejado, pasando por la altura simbólica del poder o de los antepasados o el crecimiento en altura de la tierra por el hecho de sembrarla. Es preciso distinguir esta base de otra semejante, de origen onomatopéyico. Examinemos en primer lugar las diversas familias lingüísticas:

Lenguas túrquicas.

Turco tepe. Tebaa (súbdito) taba (sartén) döv (martillear, golpear, forjar) döv.me (golpeadura, pegamiento, tatuaje) (el significante de martillear puede ser de origen onomatopéyico).

Kirgiz. Debe (colina) daban (col escarpé, difficile) dƟbƟ (sommet, eminence) tƟbƟ (sommet).

Qarakal paq. Twbe (sommet) to’be (sommet) (et postposicion).

Qazaq. Töbe (colina, cima, tejado) sebu (sembrar).

Turkmeno. Depe (colina).

Uzbeco. Tepa (sommet) šip (plafond).

Gagauz. Tepä, tepe (tas, montón, heap).

Azeri. Saep- (sembrar).

Observaciones.

UNA. Turco dağ, kirgiz too, qazaq tau, qarakalpaq taw, karačai.balkar y kumik tav, uïg12ur tagh, shor taĝ, uzbeco tog’, azeri dağ, todos con significado de montaña, vienen del túrquico antiguo dag. Es una raíz altaica diferente del tepe “universal” (o “protohumano”).

DOS. Turco tavan (techo, plafond), azeri tavan (id), qazaq tavan (prado) (en búlgaro, neogriego y albanés tavan es préstamo del turco). Seguramente tienen relación con tepe.

Mongol davaa (col) déver (techo) déwr (le dessus) dov (hill) dava (to climb) tav (to put, place).

Coreano t’up (poder).

Tibetano t’eu (le haut). En ri t’o.po (montaña alta) t’o.po no puede ser comparada ya que po es un formante adjetival.

Vietnamita Đau (tête, bout, extremité).

Japonés tobu (volar) tōba (bolsa de agua caliente).

Caucásico. Kryz (Cauca. Sept.) zav (gnitvo) más dži = cielo. Tay (heap) tav (chimenea) tapa.c (Gntv) a (en la cabeza).

Checheno-ingushe (Cauc. Sept.) tep (sistema clánico, escala de siervos, hombres libres, nobles).

Rutul (Cauc. Sept.) sîv (montaña).

Abxasio (Cauc. Sept.) čape (montaña).

Georgiano (Cauc. Mer.) tavi (head, chapter) tevini (brain).


Lenguas polinesias.

Tuvalu tupu (rey, reino) tupuna (ancêtre).

Markés tupa (Dios viajero que esculpió el relieve de las islas) tupu (jet) tifa (couvercle) tupa (cangrejo) tuavi (montaña).

Maorí tipu (crecer) tipunga (crecimiento de las plantas y de los niños) tipuranga (crecimiento de la economía) tupuna (ancêtre) tihi (sommet.) (H maorí corresponde a T indonesia: ahí fuego y api) en cambio tōpū (doble) no entra en la comparación en vista de “e waru pu” (el conjunto, dos veces ocho).


Lenguas malayas.

Indonesio tebing (minangkabau, tabiang) (flanco, talud, acantilado, pendiente abrupta).

Ind. atap, mink. atok (cubierta, techo)

Ind. tapi, mink. tepi (borde, bordure)

Ind. tifis, mink. tepek (clasificador de finas capas de material adherente).

Bunun (lengua malaya de Taiwán) sau- (prefijo de tejados) sau.dalah.an (tejado de tierra) sau.batu.an (tejado de piedra).

Urálico.

Húngaro domb (colina) (de ugrio ӿ tumpɜ).

Davvi.sápmi. Dievvá (colina) čeabet (col, cou).

Estonio. Tipp (punta (préstamo germánico)) lôpp (fin, bout, extremité, extremo, pic, cumbre).

Udmurto. Lupet (techo) tub-, tuba– (gruimper) taba (poêle à frire).

Observaciones.

UNA. Estonio, taevas (cielo); finés, taivas (id); livo, tōvaz (id) y tempestad viene del balto antiguo, quizá en último término del altaico (ver ficha nº cuatro) y es base probablemente relacionada con tepe).

DOS. Estonio lôpp, udmurto lupet. Suponen una alternancia L/T, también conocida del vasco, teka/leka, seguro también lepo (cuello, colina, collado) tienen igualmente relación.


Lenguas americanas.

Purepecha. T’upu (ombligo) tepa (grueso) tepa.ra.ni (engordar).

Qišwa II C. Sawa (encima) wasi.sawa.man (hacia encima de la casa) tupu (parcela básica) qišwa II S. Martín šimba (techo) qišwa I Hwanka talpu (sembrado).

Aymará pata (top, altiplano) (metátesis?)

Nawa.tl tepe.tl (montaña) tepe.si.tl (acantilado) tepe.si.wia (caer del acantilado).

Uitoto (ge/pane/caribe) dobe (raíz machacar) (puede ser de origen onomatopéyico).

Mapuche tupu (broche para fijar la mantilla).

Qičé (maya) tepeu (soberano, habita solo en lo más alto del cielo).

Mam (maya) tīb.aj (encima de) Ῐīpan (volar) tib (reflexivo)

Qeqči (maya) tap (cangrejo).

Kakčikel (maya) tap.äl (faja para carga, mecapal).

Sioux tipi (tienda cónica).


Lenguas chibcha de Panamá:

Chibchakuna -tupu (sufijo tierra insular).

Chokotá tobié (alto, altura) dobó (tierra).

Murirá tibié (lluvia, “lo que cae de arriba”) dobó (tierra).

Lenguas africanas.

Pular (West Atlantic Branch), tippu.ru (construcción sumaria de campamento pastoral) dow (en haut) touwn– (ser altivo) tu ppal (rito del) (“bac à sel”, complemento alimenticio del ganado y simbólico de protección del mismo). Se abre un agujero de metro y medio a dos de diámetro y treinta centímetros de profundidad. Lo rodean postes de 60 cm de altura, enlazados por lianas. Todo recubierto con capa compacta de tierra. Se llena con mezcla de agua y tierra de un termitero.

Oromo (cushítico), tabba (pendiente).

Somalí (cushítico), babah (falda de una montaña o colina). Taag (elevación, plateau). Recuerda a antiguo túrquico dag (montaña).

Cisena (bantú), t’ambo (cielo). Tsump’u (sommet). Soyi (techo).

Kinyarvanda (bantú), tebe (taburete). Tebo (van, corbeille). Tebya (lanzar lo más lejos). Twe (cabeza). Sumba (sobrepasar en altura). Tubuka (gonfler comme le riz à la cuisson). Sambu (pāturages).

Swahili (bantú), tope (boue). Pe po (cielo) (asimilación regresiva?). Tupu (desnudo) (¿)

Songhay occidental, laabu (maçonnerie de pisé, argille, cailloux, paille).

Sumerio, dub (tablilla de piedra).

Semítico. Hebreo, tub (piedra), côp (ave), cûp (volar).

Árabe, cāfa (volar).

Ugarítico. Topónimo las cumbres de Sapānu (mi montaña divina) (hebreo sapôn) ypc (alzarse, crecer, salir, aparecer) (hebreo hôpîac (id) šp (duna, hebreo,še, šapyō)).

Egipcio, pt (sky, heaven) tp (head, chief) tpyw.c (the ancestors) dw (montaña) dɜdɜ (head) tpyw.tɜ (those upon earth, the living).

Copto sahídico, tabir (santuario, griego ѳuriastherion) tнba (montaña).

Masai (nilosahariano), tapar (pozo).

Luo (nilosahariano), tipo (sombra).


Lenguas iranias.

Wahi. Tap (ala) tapin (volaille) tapu (cil) tap.a (adverbio que significa intensidad del color o de cualquier adjetivo).

Talys, tsupp (sommet).

Farsi, tup (pieza de tela, rollo) tâpāle (bousse, crottin) tap(p)e (colina, coteau) tape.šeni (duna, lit. colina de arena) sepehr (firmamento) safq (tejado, vasco sabai) saf.kar (carrocero) tapî.dan (taper)o.

Oseta, saep (toit, couvercle, sommet). (Bruit qu’on fait en traînant les pies). Taep2 (bruit de frappe) taepp (coup)o. Obau (túmulo, colina) (el saep, bruit qu’on fait… y taepp (coup), probable origen onomatopéyico).

Dari, sar e tapa (colina).

Armenio, tev (ala).

Dravídico. Brahui. Top (chapeau) tūbē (luna) šewa (pente).

Tamil, tuppu (indicio) topp.enru tareïyil vizundār (pataplás2 cayó por tierra). Es onomatopéyico.

Kuruh, t’apā tāpū (flat froted) es onomatopéyico.

Germánico.

Holandés, tepel (mamelon, sommet arrondi d’une coline, d’une montagne) tip (but, pointe, coin) top (sommet, cima) tap (robinet, tampon).

Alemán, topp (leng. marítimo, über die toppen flaggen (empavesar con todas las banderas)). Zopf (trenza) zipfel (punta) stopfen (taponar).

Inglés, tip (end, extremity, punta) tap (entre otros significados, poner una espita) top (the highest part of the mountain).

Sueco, topp (sommet, cima, extremidad, punta).

Noruego, topp (sommet).

Danés, top (sommet).

Islandés, toppur (inglés top).

Observaciones.

UNA. Alemán zopf, zipfel (juego normal de la lautverschiebung (mutación consonántica) y de la ablaut (apofonía)).

DOS. Corominas: “Top común a lenguas germánicas de Occidente y de Escandinavia, desde su fase más antigua. Carácter autóctono y antiguo de esta familia en germánico”.


Eslavo. Ruso, dîbit.’sa (elevar.se, levantarse, ponerse de punta). Dîbom: de, en punta: u nevó vólosî ustali dîbom (se le pusieron los pelos de punta).

Polaco, sufit (plafond) (¿).

Báltico letón, debess (cielo) telpa (espacio, local) (¿)

Observación. Esta base en eslavo no parece muy frecuente porque predominan otras (así en ruso verx, gor-…). El español tepe en ruso es djori y en croata, v.g., una oración: zemlje pokrivena travom (tierra cubierta con hierba). Eslovaco, šuplata, mačina.

Vasco. Sabai (tejado, paladar, pajar, desván, techo).

Gorostiaga: sabai, de tapajo.


K. M./ F. H. V. – 90, pág. 233: “Cuando la alternancia B/P se produce en voces de origen poco claro, la explicación es insegura… El carácter secundario de P es seguro en Gipz. sapai (desván, paladar) sabai, también representado en navarro y aragonés. A. Nav. sapaio (paladar)”.

M. Morvan Olb – 96, pág. 125: “La racine ӿtep est probablement à l’origine du basque lepo (col) cfr teka/leka (vaina, gousse)”.

Lepo (cuello, collado, colina, paso), “su antigüedad no ofrece duda” (K. M., F. H. V., pág. 261).

Tupa (tonel, cuba, barril, barrica).

Tupina, topina (marmita, olla, perol).

Tibi (protuberancia en un árbol).

Tapa (a paso corto, ligero, paso a paso). Onomatopeya.


Observación.

Zogi (español tepe, porción de tierra arrancada al lagar o con la azada), zohi (terrón, adobe) zohiberrià zoperri (terreno recién labrado). A. Nav. zuin (pedazo de tierra que se saca de ella más largo que el tepe).

K. M., F. H. V., pág. 222: “Que la aspiración o el sustrato antiguo de la aspiración moderna debe ser tenida en cuenta, como entidad real en la reconstrucción, se infiere del hecho que, al quedar en posición final como el primer miembro de compuesto se endurece en T en todas las variedades. No se ha comprobado ningún caso de que T salga de H procedente de N intervocálica”.

Zohi, zogi. Procede del germánico (C. F. holandés zode (placa o motte de césped o gazon)).


Antigüedad grecolatina.

  1. Ɵh̄bai (plural, más raramente ѳhbh). Topónimo. Nombre capital Beocia y de una ciudad del Alto Egipto. P. Chantraine Delg, pág. 434 (no etimología): Ɵhbanās es el nombre de un viento (que sopla del Nordeste) a Lesbos.
  2. Lidio taba (piedra) tabas, taβai (sículi).
  3. Montes Taburnos (Italia).
  4. Tifāta “tifata etiam locus iuxta Capuam”. Tifāta-ōrum es también el nombre de una cadena de montañas al Norte de Capua. Palabra dialectal por su F interior. Parece un adjetivo derivado de un nombre indígena ӿtīfa, presupuesto por ciertas formas romanas, con un doblete tippa. Quizá emparentado a tēba. E/M Dell, pág. 691.
  5. Tebae-ārum. E/M Dell, pág. 678. Cantidad desconocida, sin duda larga. Varrón “nam lingua prisca et in Graecia Aeolis Boeti sine afflatu vocant collis thebas, et in Sabinis, quo e Graecia venerunt Pelasgi, etiam nunc ita dicunt, cuius vestigium in agro Sabino via Salaria, non longe Re(a)te miliarius clivus cum appellatur T(h)ebae”. No atestiguado en otro lugar. Quizá, tifāta “mot méditarranéen” C. F. taba thbos (Rocher) asianique?”
  6. Sabīnī-ōrum (antiguo pueblo itálico cuya reunión con los latinos contribuyó a formar Roma). Emparentado a Sabellī y a Samnium. De ahí deriva Samnis, ītis-, E/M, pág. 585 del Dell. La forma indígena era Safīnī. Osco Safinim. En la antigüedad, las tribus de lengua itálica, intermedias entre umbros y samnitas no tuvieron un nombre unitario Sabelli, desde Mommsen. Sabelli en las fuentes parece indicar exclusivamente los Sannitas “non é di conio romano”. Sabino “origen dialectal itálico afín al osco que ha desaparecido de la historia pero no hay duda que una cierta parte del léxico latino de origen oscoumbro remonte a la fase de íntima compenetración, incluso sinecismo que se instauró entre romanos y sabinos en la más antigua historia de Roma. Sanniti (formación etrusca o griega o sabina)”.

ӿ Safīni, safnion: las oclusivas aspiradas IE aparecen en latín en posición medial como B/D y en itálico, F.

  • Tabis, nombre montaña en el mar oriental, entre los seres (Plinio).
  • Etnónimos. Sabinos, Samnitas, Semnones, Suevos, Suecos: pieӿswe.bh.o (los suyos) (idea de soi, sien).
  • Latín: tūfa (E/M, pág. 706): ”Aigrette ou étendard. Mot tardif attesté seulement dans Vegèce et Lydus qui le donne comme barbare; de origen anglosajón (Beda) illud genus vexilli quod Romani Tufam, angli appellant Thuf”. (De ahí: 10).
  • Gallego tufo: montículo o prominencia, parte convexa turbante, billa del pipote de vino. Tufar, dar forma de tufo a una cosa, hinchar, aumentar el volumen.
  • Monte Tipeo, en el camino de Olimpia. Tebe (hija del Río Asopo e isla al pie de Cadmea). Altepo, hijo de Poseidón. Tierra Altepia (Trecén, Peloponeso).
  • Monte Sepia en Arkadia (séps, ¿especie de serpiente? ¿O reduplica la idea de monte?)

Observación.

Sabinos, Safini, podría explicarse como “los que viven en las alturas, en los montes”. Entonces el etnónimo tendría relación con la base tepe.


Latín tabula,ae E/M Dell, pág. 672-3: “Planche, spécialement “planche à écrire”. <<Tablettes>>. CF tabellae plus usuel dans ce sans… Dans la langue de l’agriculture, carreau de vigne, carré de terrain [CF qis̩wa talpu, parcel básica de terreno]. Panroman, sauf roumain. Passé en Irl, Britt., V. Angl., V. H. A. (Zabal) ombrien tafle ”in tabulā”, aucune étymologie sûre. Ce mot technique doit être un emprunt”. Los griegos tábla y tábella, préstamos del latín.

En mi opinión puede estar relacionado con la base tepe.


Español tepe. J. Corominas Dcech, vol. Ri-X, págs. 696-7: “el español tepe gleba de césped, parece seguro que es onomatopéyico”. Pedazo de tierra muy trabado con las raíces de la grama que se corta en forma de cuña y sirve para hacer murallas, acomodándolos unos sobre otros” <<recordar el significado del indonesio tifis>>.

“En los Pirineos, bloque de piedra que se desprende de la montaña. Barcelonés popular, tepa (piedra en pelea de chiquillos). Palabras semejantes y aparentemente relacionadas en otros romances. Dudo mucho que nada de esto tenga origen prerromano y que se relacione con el sabino teba, colina y el prehelénico taba, peñasco. En palabras tan breves, una imperfecta y aún perfecta semejanza fonética y semántica no autoriza a deducir conclusiones etimológicas. Salta a la vista el peligro de las homonimias casuales (el turco tepe y el nawa.tl tepe.tl).

Aunque toda prudencia es poca, y no se puede menos de estar de acuerdo con el maestro, porque el azar de las homonimias casuales juega un importante papel, no es menos cierto que la variedad lingüística humana, incluso en secuencias tan simples como “CVCV”, es inmensa (véanse un ejemplo en la ficha lo egin (nº 12)). En mi opinión, resulta difícil negar presencia pluricontinental de la base tepe y sus variaciones (y cualesquiera que sean los procesos históricos en cada lengua concreta). Además resultan bastante claros los casos onomatopéyicos.

Italiano teppafeccia, gentagli, canaglia di una città di un ambiente urbano. Borchina, musgo”. Asociación que en 1816-1817 se reunía en los prados del castillo “Castelo S. Forzesco” cubiertos de teppa, “compagnia della teppa, associazione di gaudenti rissosi, constituita a Milano”. Según el diccionario, voz lombarda de origen prelatino. Zolla “pezzo di terra compatta che l’aratro o altro strumento agrícola stacca dal terreno sodo”. Probablemente del Medio Tedesco zolle, alemán schollezolla erbosa” CF. Vasco zohi, zogi.

Occitano tepe (montículo).

Corso teppa (butte) attipa (gravir, remonter).

Español de Venezuela tepuye (un cerro de determinada configuración).

Español de México tepetate (capa terrestre, caliza y dura, que se emplea en revestimientos de carreteras y para la fabricación de bloques para paredes).


Español topar.

J. Corominas, Dcech, vol. Ri-X, pág. 547: “De la onomatopeya top que expresa un choque brusco. Hay que rechazar el origen germánico de topar y separar esta familia de la de tope. Este, en el sentido de punta, cumbre, estaba limitado primitivamente al uso náutico y es extranjerismo tardío en la Península. En Francia, donde este germanismo tiene arraigo antiguo, falta en cambio el verbo topar y semánticamente la separación no es menos clara”.

Tupido, J. C. Dcech, vol. Ri-X, pág. 696-7: “Participio del verbo menos empleado tupir. Este deriva, probablemente, de tup!, onomatopeya del apisonamiento. Así como el antiguo sinónimo tapido, catalán atapeir, occitano tapir, atapir (tupir), occitano tap, catalán tapas (arcilla), español tapia, proceden de la onomatopeya semejante tap!. Esto me parece discutible. En el caso de topar parece clara la naturaleza onomatopéyica. De tapia, el mismo J. C. (pág. 410 del Vol. Ri-X) habla de origen incierto, probablemente formado con tap! (onomatopeya) pero califica de razonable la sugestión de M. L. de que se trate de una voz prerromana de España que pasó al árabe y al turco y habla de las “parietes formaceae” como algo típico de España, entre romanos. Al tratarse de una actividad de cerrar un espacio por construcción en altura me parece más probable una relación con tepe. Si nos fijamos en las ocurrencias onomatopéyicas que vimos en las diversas lenguas todas se refieren a una actividad de pisar la tierra. En contra del autor, el verbo ӿtapiare me parece denominativo.

Tope. De acuerdo con J. C. en su Dech, Vol. Ri-X, pág. 549: “Extremo de palo o mástil. En América cumbre. Del francés ant. top (cumbre, copete). Del fránquico. Nada que ver con topar y tope, en otras acepciones. En esta acepción, uno de los infinitos galicismos del lenguaje náutico español. Top (cumbre, copete, mechón) es voz común a todas las lenguas germánicas de Occidente y de Escandinavia desde su fase más antigua. El carácter autóctono de esta familia en germánico está comprobado, además, por el desarrollo fonético regular y por la apofonía vocálica (ablaut) que muestran las diversas palabras de esta raíz (CF inglés “top-tip-tap”)”.

Español tapón (J. C., Dcelh, Vol. Ri-X, pág. 409: “Préstamo francés del fránquico ӿtappo (hermano del aaazapho. En español no es palabra de origen germánico ya que son muy pocas las palabras antiguas en español del germánico occidental), italiano tappo y catalán tap (postverbales)”.

En germánico esta familia está unida apofónicamente con inglés top y alemán zopf, zipfel. No hay para las tres variantes etimología pie. El verbo tapar es de gran extensión en romance al contrario del germánico”.

Tapa (J. C., Dcech, vol. Ri-X, pág. 408-409: “Probablemente del germánico, quizá de un gótico ӿ tappa, equivalente del aaa zapho (tapón, tarugo, clavija, espita, piña). B. A. M. y neerlandés M. tappe, V. I. taeppa, inglés tap (tapón, espita) rumano tapă (espita)”. Toda esta familia de términos podría ser, según Corominas, un grupo onomatopéyico y lo mismo en romance (y no germanismo, añade, aunque este es defendible).

No comparto la opinión del maestro y creo que, con las excepciones consignadas, todos los términos examinados están relacionados con la base tepe, cuasi universal o protohumana. No se comprende como una base de tal extensión semántica podría originarse de una modesta onomatopeya causada por el ruido o estilo del pisar. Y, por otra parte, si tenemos en cuenta el carácter artificial y variable de la articulación lingüística en el plano del significante (y del significado) del referente extralingüístico, la unanimidad del signo, a través de las diferentes lenguas, sería igualmente significativa sobre el protolenguaje de la humanidad.

Ni en gallego ni en portugués hay tapón. El término es rolla (del latín rotula). Tenemos gallego zapa, zapón, zapar (poñer peche a un barril), zapa (burato superior das pipas por onde se lles bota o viño, e tapón con que se fecha).

Gallego, tampa (portugués, tampa). Peza móvil coa que se tapa ou cobre un vaso, caixa, pozo. Porta da boca do forno (de un gótico ӿ tappa).


26. Direccional Ra (rV, v)r, a)

Empleo el término direccional (que se usa en otras lingüísticas, qišwa, polinesia…) para cubrir la naturaleza gramatical variable y las diversas funciones del mismo y de otros como LV, v)n(v, -t, k, kV, que serán objeto de estudio en un próximo cuaderno, y con alguno de los cuales, sobre todo con L (V), se confunde en algunas lenguas por razones fonéticas (realización R/L según el contexto fónico). Como en el caso de tepe, nos encontramos con una presencia cuasiuniversal o protohumana de este direccional en las diversas lenguas del planeta.

Sus funciones son en general lativas, fundamentalmente alativas. También distributivas y esivas

Morfológicamente puede ser desinencia casual, prefijo verbal, pre o postposición, partícula, o parte de sufijos complejos. Con los materiales aportados podemos ver que en muchas lenguas el fonema R estructura verbos y términos de movimiento, factitivos y reflexivos, imperativos y propósito o futuridad, el crecimiento y la fluencia, la perfección de la acción y la capacidad para ella, la atribución y el complemento directo, la idea de entrar o de aparecer o salir al exterior, el señalamiento de la lejanía… Todo ello bajo las correspondientes categorías gramaticales.

En las lenguas que desconocen el fonema R o predomina L, los verbos de movimiento y posposiciones y demás que estudiamos bajo Ra, domina L (chino, karen…). En otras el intercambio R/L (en ambas direcciones es frecuente (kurdo kurmandži)), en otras, finalmente, ambos fonemas están presentes.

Vasco Ra, marca de caso, con función alativa. Etxe.ra, mendi.ra, herri.ra (a la casa, al monte, al pueblo). Ra, rát, a veces la en cierto dialectos suletinos, especialmente (ra de ra.at).

Ver M. Morvan, “Les origines linguistiques du basque”, 1996: “Sin entrar en el problema de ligera distinción de significado y acentuación entre rat y ra. El adlativo de base no puede ser otro que ӿ ra o quizá ӿ a (pág. 200). Extensiones en los dialectos vascos del adlativo simple (ra.ntz, rontz, runtz) lo que implica la necesidad de admitir que ha habido tres variantes vocálicas del adlativo de base en protobasco, ra, ӿ ro, ӿ ru”.

Ejemplos atze.ro.ntz (hacia atrás) gab.erdi.ru.ntz (hacia la media noche) zeru.ru.tz (hacia el cielo) nahi.era.ra (a pedir de boca) Paris.a/Paris.e.ra (a París).

Mendi.ro.ntz.tu (dirigirse hacia el monte) etxe soil.a (a una casa aislada).

En suletino el (los) sufijo(s) es tónico: rát, alát, gan.át ná, ; en distributivos: bi(r)á, dos a cada uno; hi(r)uná, tres a cada uno… (K. M., F. H. V., -90, pág. 400).

-ra.te, -ra.tze (expedición, excursión, viaje) (itsaso.ra.te, viaje o expedición al mar).

ra.ko (des.casual, para, destinativo).

ra.ko.an (oherakoan, al ir a la cama; iltzrakoan, a punto de expirar).

Ra.ntz.egin (dirigirse a) –ra.ko.tu (destinar a) ra.ntxa (hacia) berantxa (hacia abajo).

Rantza (id) gorantza (hacia arriba).

Ra.te.ko herrirateko bidea (el camino que va al pueblo) harat-honat dabil egun osoan (anda de aquí para allá todo el día) leku.ta.ra (a lo lejos) esku.ra ezin (inalcanzable) esku.ra (a mano) esku.ra.koi (dócil) esku.ra.tu (proporcionar).

Sea lo que sea lo ocurrido en la prehistoria lingüística, la R del alativo, como señala Morvan, no es eufónica, sino etimológica, a diferencia del dativo (r)i (aunque pueda desaparecer por razones fonéticas (paris.a) y aunque hay alativo sin vibrante en vasco, caso de los animados (gan.a) o N.P.

Arazi (palabra que precedida por la raíz de un verbo añade a éste un valor factitivo: ¿zerta.ra.ko etorrarazi gaituzu? ¿para qué nos has hecho venir?

Húngaro. Con el vasco, una de las lenguas donde está más presente este lativo. Ra/re (szublatīvusz, sublativo). Délatīvusz (delativo) ró.l/rő.l.

Examinemos exclusivamente el sublativo. Ejemplos: a viszont.latas.ra (adiós, hasta el próximo ver(nos)), magyarorság.ra, Budapest.re (a Hungría, a Budapest). Egezség.ünk.re (a nuestra salud) reggeli.re (al desayuno) repülőtő.re (al aeropuerto) nincs idöm (no tengo tiempo para nada).

Vigyáz.ra.juk! (atención a ellos). Posesivación de morfemas, con valor pronominal (rajtam, rajtad…; rám, rad…; ról.am, ról.ad…). (sur moi/sur toi-/à moi/à toi). De (dessus) moi, de toiRá.nesz (regarder) rám se nez (il ne veut plus me voir) rá.akad (poner la mano sobre algo) rá mutat (indicar algo) rá.megy (marcher sur…) rá.ér (avoir le loisir, tener tiempo) mindig rá kell gondol.om (necesito pensar siempre en ella).

Bal.ra/jobb.ra (a izquierda/a derecha). Uj.ra (de nuevo) hat.ra.l.ni (recuar). Correspondencia entre prefijos verbales y casos locativos. De una lista de 43 prefijos verbales, 10 son postposiciones, 5 son sufijos, 8 son morfemas posesivizados (Nyeki Lajos, 1986). 23 en total que funcionan también como prefijos verbales: a tényiek (los hechos .cáfoltak (han desmentido) a hîrek.re (a las noticias). Rá.kapott az ivás.ra a munká.ra (se puso a beber en el trabajo) rá.vagott (golpeó bruscamente) az asztal.ra (sobre la mesa)).

Es posible que el sublativo ra, re tenga su origen en la postposición rea del antiguo húngaro rea pero no está probado.

Postposiciones con sufijo de enlace: rajtam át (a través de mí) rajtam kívöl (fuera de mí).

Localización espacial (Nyeki Lajos). “Sufijos, postposiciones, los morfemas en general no poseen más que un significado abstracto de relación, actualizado, concretizado por los sustantivos que rigen. Por otra parte, y de una manera general, tiempo y espacio son considerados por las lenguas como perteneciendo al mismo campo metafórico. Las expresiones que marcan la localización espacial constituyen un sistema muy complejo en el plano del significado y del significante. Una de las particularidades más notables del húngaro es la organización tripartita de estos morfemas espaciales. Estas tríadas se presentan en un orden que corresponde a la cronología de la experiencia, formas de aproximación, estática y de separación.

Localización compleja (que comporta un punto de referencia). Versailles Párisz.tól dél.re húsz kilométer.re van (Versailles está a 20km al sur de París). A busz a ház.tól tíz meter.re áll.meg (el bus se detiene a diez metros de la casa).

Postposiciones no triádicas. Iránt (envers, à l’egard de, pour) iránt.am (envers moi) irany (dirección) ebben az irány ban (en esta dirección).

Irányít (encaminar hacia, dirigir hacia, canalizar). Irányzat (tendencia).

Rajta.kapták a lopáson (lo sorprendieron robando). A madár.rá.szállott a fá.ra (el pájaro se posó en el árbol).

Factivo y sublativo son casos muy próximos, sea o no la vibrante en el primero, primitiva. En todo caso no es eufónica. El factivo implica una transformación: ember.ré vàlt (se transformó en hombre) fa (madera) fává (vuelto madera) kő (piedra) kő (cambiado en piedra).

Ra.megy (marcher sur, entrer) jövő.re gondol (songer au lendemain). Quizá sea interesante observar que el delativo rol, ről no funciona como prefijo verbal, solo el sublativo.


Turco. Ejemplos del antiguo turco: M. Morvan, Olb-96, págs. 203 y siguientes.

Directivo y)a,e (y = apoyo fonético tras vocal. V2 por armonía vocálica). El directivo traduce la preposición A, indicando el desplazamiento hacia un lugar o bien la atribución: Ev.e gitti, kedi.y.e süt verdi, monastîr.a c̩îktî (fue a la casa, dio leche al gato, subió al monasterio).

Bu, s̩u, o (este, ese, aquel) bu.ra.y.a, s̩u.ra.y.a, o.ra.y.a (aquí, a este lugar/ahí, a ese lugar/allá, a aquel lugar). Se ve fosilizado un ra lativo que duplica el directivo.

Doğ.u (este) doğ.ru.y.a (directamente) doğ.ru (postposición, hacia).


Lenguas túrquicas.

Karačaj-balkar. Qai̯.da (donde, locativo). Qai̯. (adonde, alativo). Sufijo /ri en la formación de adverbios: be.ri (ici).

Azeri. Postposición öt.rü (pour). Pron. int. ha.ra (où) ha.ra.y.a (adonde?)

Kirgiz. Tuu.ra (derecho).

Uïgur. Be.ri, ne.ri (près, loin). Ic̩, tas̩ (interior, exterior) ic̩.ki.ri, tas̩.qî.rî (al interior, al exterior).

Uzbeco. Na.ri (au loin, adv.) uz.ra (au dessūs, postp.) so’ng, so’ng.ra (après, adv.).

Saxa. Die.ri (jusqu’à, post.).

Xakas. Ki.re (jusqu’à, post.) c̩iti.re (id) kic̩i.re (à travers, postp.).

Shor. Aarî (pour, post.) aži.ra, keži.re (à travers, postp.) saara (vers, postp).


Mongol.

Direccional en la frontera de los casos y de las posposiciones: uru (movimiento en dirección de, vers l’aval, vers lebas) xot.ru (vers la ville). Construcción de uru como sufijo: si el radical es en R-, entonces en el oral y frecuentemente en ortografía RàL. Gar.lü (vers la main) ru/lu y / (armonía vocálica) construcción sufijal de uru, ürü.

RՁ. Sufijo verbal sobre base nominal. Forma verbos que implican en general una extensión o actualización de las potencialidades de la base nominal: no.go.rՁ (verdir, cubrirse de verdura) gegee(n) (luz) gege.rՁ (iluminarse, instruirse).

-Ur (el sufijo indica un movimiento “along or through or over something”) ta xāg.ur ire.v? (Which way did you come?) Bi golîm nāg.ur ir.sen (I came along this side of the river) En awtobus xotai̯n tov.ru yawnu? (va este autobús al centro de la ciudad?) dund (middle, center, among, posp.) Dund.ur (por el medio) gada (outside) gad.ur (por el exterior) do6ur, de6ür (par dessus).

Venir irՁ.

Suf. r’/ri/r (nominal sobre base verbal) (le lieu de, l’endroit où vient s’accomplir). Buu– (mettre pied à terre, descendre) buuri, buur’, bui̯r (lieu où on met pied à terre, emplacement de montagne, d’une yourte, J. Legrand). Övö.r (bosom, front).


Coreano.

Odi.rǫ (adonde). Para marcar con precisión el destino: ro, ûro (según v-/c- final) se emplea también como complemento de modo (vamos en taxi, cerrad la puerta con llave, habla en inglés, por favor). Forma adverbios de manera: sè.ro (nuevamente). Pošu.ro wa.ssŭmnida (vine en autobús) pihengi.ro ka.ges(sŭ)mnida (iré en avión) namu.ro (en madera) (construido).

Orŭn.ččog.ūro/wen.čogŭ.ro (à droite, à gauche) učŭgŭ.ro (tournez à droite) ttokapa.ro (tout droit) (R se pronuncia a medio camino entre R y L, pero L después de L).


Japonés.

Ka.ra (punto a partir del que) koči.ra (hacia aquí) sochi.ra (hacia ahí) ači.ra (hacia allá) doči.ra? (¿por dónde?).

Iri (entrar) ire.ru (meter) (ru, morfema de infinitivo).

Imperativo brusco (uso limitado a base única) tabe.ro! (come!).


Vietnamita.

Ra (salir, crecer árboles o plantas que dan flores u hojas). La significación primera es efectuar un movimiento del interior al exterior. Tôi ra duóng (salgo a la calle) tô hieu ra cāiđó rôi (he comprendido esto) R varía su pronunciación: ž, z, r roulée, retroflexe. Long (dragón en chino, rong en vietnamita)).


Egipcio.

Signo fonético unilítero: ᴑ (boca) se lee R. A, hacia. Preposición. Se emplea en la construcción del futuro.

Iw.f r smr (he shall be <<lit. is towards>> a companion) también indica el propósito: mt sw r wnmw (be hold, it is for food) “before noun or infin., conveys futurity or purpose” (Gardiner, Egyptian grammar).


Sumerio

Dativo: marca ra que puede aparecer como R después de vocal. Lugal.a.ni.ir (para su rey).

Dingir gal.gal.e.ne.er (para sus grandísimos dioses) ningir2su.ra gu3de2a e2ninnu mu.na.du3 (a ningirsu gudea erigió el eninnu). El dativo solo se emplea con los personales. En los no personales su función sintáctica es desempeñada por el locativo, a veces el locativo-terminativo o el terminativo.

Dingir.gal.bi.ene.ra.am3 (para sus grandes dioses es).

Dumu lugal kalam ak ak ene ra (para los hijos del rey del país) lu2e (un hombre) erg. dingir.ra (para Dios) e2.ani (su templo) mu.na.du3 (erigió).

Ru (traer, prestar, traer de vuelta). Ra2 (ir, mover, llevar) re7 ir (plu.h̬amtu de ḡin (du)) ri (verter, tirar, precipitarse, apoyarse contra, poner sobre) ra (golpear, desechar). Ki.šar3.ra (salió en el horizonte).

Prefijos verbales de caso.

Ra, morfema de la 2ª persona sing. (te, a ti, para ti).

DDagan, lugal kalam.ma.ke4 (Dagan, el rey del país) X mu.ra.an.ge4.en (x aseguró, consolidó para ti).

M. L. Thomsen “In many cases, but not in all, there is concord of dative postposition and prefix in the verbal form. As Gragg stated <for must verbs there seems to be no reason to distinguish between their ability to take a dative complement and their ability to take a dative infix>”. (CF/húngaro).

“It is striking that this prefix is identical with the dative postposition -ra, but this is probably incidental. According to the traditional theory the original form of this prefix is ӿ/-e-a/ and Falkenstein… explained <r)als hiatus.ilger (                              )> Gragg… interprets “r” as the pronominal element for the 2.sg, which is also found in the case prefix ri… This elemented could be connected the deictic element -r- in ri”.

Ri (“that, yonder”) is the more remote (demonstrative) ud.ri.a (in those (far remote) days (which has become a literary topos))”.

Ku4r (entrar, introducir en).

(Zamudio, Thomsen, Hayes, Michalowski).


Lenguas africanas.

Lenguas mandé.

Bambara, -ra /na/la (sufijo verbal de la forma “accomplie”: n be taga (parto) n taga.ra (partí) ne taga.ra sugu.ra kunun (fui ayer al mercado (ejecución o perfección de la acción, “un salir fuera de ella”).

La/na/ra (postp.) localiza un nominal con relación a un complemento. La postp. varía según el contexto fonético silamew betaga seli misiri.la (los musulmanes van a rezar a la mezquita). X bƐ sugu.la (X está en el mercado). La postp. se emplea con o sin movimiento y para todos los lugares, pero no con ningún nombre de barrio, ciudad, pueblo o país, salvo Mali (ne be bǫ mali.la) (vengo de Malí) (aquí función elativa).

Bara (chez) dunankƐ jiginna n bara (el extranjero vino a mi casa).

Sira (chemin).


Soninké, -ra (lugar donde se lleva a cabo la acción) (abreviación de raxe (lugar)). Yige (comer) yigi.ra (restaurante) mini (beber) mini.ra (bar).

Ra (partícula que expresa capacidad física o intelectual (inglés can)). Es invariable, depende del predicativo que sigue si la posibilidad es afirmada o negada. Ra insiste sobre la ejecución de la acción, por ello va seguida de un tiempo imperfectivo, presente o imperfecto. A ra wa terene/a ra nta terene (él puede, no puede marchar). Las funciones lativas están a cargo de la posp. nga (a ro misiiden nga, él entró en la mezquita).

Ro (entrar) ri (venir) ro (placer, poser) wure (posp.). Sous, bajo: wullen faayi taaxaaden wure (he aquí el perro bajo la silla) kaara (posp.) (a côtéde, près, chez) a yi kiiden kaara (il est près du baobab) wuru (correr).


Songhay. Zarma, hare (posp.) (vers, du côté de) ra (postp.) (dans, parmi) game ra (au milieu de). Ejemplos: furu fuwo ra! (entre en la casa!) irkoy ma yeetu nango ra (que Dios te enriquezca más <<poner en el lugar, lit.>>) ai fun saajo ra (vengo de la “brousse” (sabana)) i.ra (a ellos) fuula ra a go (está en el bonete, reclusión por duelo de viuda) ay go ga koy saadžo ra (estoy yendo a la brousse) a fun saadžo ra (vuelve de la brousse). Como se ve cubre la posp. un amplio espectro de relaciones locativas y lativas. Simi ra (a decir verdad) dira– (marcher, voyager) diraw (viaje, marcha).


Cushítico oromo: posp. aŕa, ŕa, iŕa (sur, par dessus) mana.ŕa jira (está sobre el tejado) sire.ŕa tāˀi (siéntate en la cama) farda.ŕa kufe (cayó del caballo) (con o sin movimiento y este puede ser elativo o alativo). Bira (posp.) (al lado) dura (devant) preps. gara (vers, hacia) gara bittatt gori (gira a la izquierda) preps. bara (en el tiempo, en la época de).


Somalí, raac (acompañar el rebaño o a alguien, subir a bordo de un vehículo terrestre o aéreo). Raad (trace, empreinte, huella) reer (familia nómada, campamento de un pastor…).


Bantú cisena. Infijo verbal er, ir (para), nda p’.er.a nyama m.buya (yo maté (para)) caza, gibier abuelo (cacé para el abuelo) ku.p’a (matar). Ku.p’.er.a (matar para). Ira (monter).


Kinyarruanda, infijo verbal ir (por en favor de) gu.pf.ir.a (morir por) intwali (el héroe) i.pf.ir.a (muere por) igihugu (el país). Umu.gaba (el hombre) abang.ir.a (tiende para) umwana (el niño) umu.heto (el arco).

Swahili. Ese mismo infijo verbal de objeto indirecto es ea, ia, lia, lea.

Rudi (volver) –ruka (saltar).

Nilosahariano, luo. El sufijo –re forma el resultado de la acción pwonjo (enseñar) pwonjo.re (aprender) neno (ver) neno.re (ver con una finalidad, encontrarse) čako (comenzar) čak.re (a partir de) biro (venir) ringo (correr).


Masai, -re (sufijo que indica que la acción se realiza para alguien: e.ne.yer.isho.re.ki (lugar donde se cocina: artículo.relativo.cocinar.suf.nominal.re(para alguien).suf. pasivo)).

E.ne.mir.isho.re.ki (mercado, lugar donde se cambia) e.ne.isuj.isho.re.ki (el baño, el lugar donde uno se lava).

-Ra (ser, être) –rik (conducir, dirigir) –reu (conducir coche) reyet (rivière).


Wolof (West Atlantic Branch) preps. ngir (pour, para) roof (insérer, faire rentrer). Pular (W. A. B.) ar.u.gol (venir).


Lenguas australianas.

Panydjima. Alativos de puntos cardinales: kakara.ra (al este) waruwana.ra (en la noche) wuludžu.ru (al oeste) watal.kura (al norte) kurila.ra (al sur) (formas especiales lativas en lugar de kata y la).


Caucásico kryz (Cauc. Septem. del Daguestán). Frente a los verbos que presentan delante de la raíz un prefijo de valor espacial, hay otros que presentan un prefijo R, aparentemente sin valor espacial ni otro: ru.gv.a.ic (masdar de coser) reu.h.a.ic (masdar de moer).

Los verbos venir varían según su prefijo espacial, añadido a la base perfectiva alargada en R: ˤa.xh.r.i.c (masdar de venir) rix (caminos) -ra (suf. verbal manera).

Čečeno inguše (Cauc. Sept. del Este) ablativo (punto de origen) desinencia casual: er, i̧er:co loam.er bdaI (vengo de la montaña).

Rutul (Cauc. Sept. de Daguestán). Posps. h̬ara (al interior de) raІxЪ (route, chemin, sentier (préstamo del farsi?).

Abxazio (Cáuc. Sept. del Oeste) aquí: ará (en movimiento: ará.xЪ.


Lenguas polinesias.

Maorí. Demostrativo de lejanía rā (celui.lá, lejos de los interlocutores).

Rā (sol, día) rae (frente, parte de la cabeza) raro (norte, en dessous, bas) rori (ruta) roto (interior) ara (ruta, sendero) runga (sommet, au dessus, sur).


Markés, rī (jaillir) rere (volar, irse, partir).


Tuvalua como RàL, sol, lā.

Maorí, rua.ki (vomitar (mov. de dentro para afuera)).

Markés, ùa.

Tuvalua, lua C.F.

Hawaiano, lua2i (vomitar) la (sol, día) lele (to fly, to jump) lae (forehead).


Chino, (entrar) nàr (there, posp.) zhèr/zhèlǐ (here, at the place, posp). Es una lengua con predominio del direccional lV: lái (to come) (to pull) (coverb, distance, “from”) le (aspect marker, completion of an action) lǐ/li (in, posp.) (road, route) liúlì (fluent).


Tibetano, ru (partícula de intención: ahorra dinero para comprar alhajas: gien.nyo.ru (alhajas.comprar.para) ngul çak (ahorra dinero).

En la lengua oral à, vers, sur (objeto hacia el que tiende la acción, localización espacio-temporal) implica el uso simplificador de la, aunque hay otras partículas. K’ang.pa.la.duk (está en casa) Amerika.la (en América) pero también Amerika.r.


Dravídico telugu. Forma imperativa de vatstsu (venir) es rā: rā! (ven!) rā.ku! (no vengas) rāva (base infinitiva de venir): rāva (gala/lē) nu (puedo/no puedo ir). Munda.ra (devant, en fase de) inṭi daggi.ra (cerca de la casa) inṭi varaku (hasta la casa) pōsṭu dvārā (por correo) dāri (camino).


Tamil, varuvaravandu (venir, raíz-infin.-absol.). Var (postp. org. nomin.) hasta idu.vareï (hasta aquí). Tamil Nādu arasu.k.ku edirā (contra el gobierno de Tamil Nādu). Anru iravu (la nuir de ce jour-lā (elemento deíctico)).


Kurux. Pronombres demostrativos. El plural neutro del grado alejado y del próximo es ab.ṛā e ib.ṛā. R, insertada entre la raíz y las desinencias de la voz activa, forma la voz pasiva y el verbo reflexivo.

Adverbios. I.tarā (esta dirección) a.tarā y hu.tarā (esa dirección). Tarā (dirección) es probablemente un préstamo (F. Hahn).

Rāsē2 (slowly, por grados) kaṛē2 (piece by piece). Postp. Tarā, hacia.


Brahui, arāng (hasta qué punto?) arārē (dónde?) arā (quién?) rah (côté, direction, rive) rahi (près) rumb– (correr) rotīnk (intestinos) pāra (côté, près).

Dativo i Kalāt.ā kāva (voy a Kalāt). Lahor.ā hin.ing khwāva (/xwāva/) (quiero ir a Lahore). Dā.ṛē (ici) ēṛē (là).


Burus̩aski (aislada) dativo A: hir-a, biag-a gús.mo.g.a. Tema crem (de ir) y cur (de venir) reflexivo: lexema k’ar. -Ri (enviar) rái (deseo, intención).



Lenguas iranias.

Avéstico. “Una distinción entre preposiciones adnominales y preverbios existe sólo parcialmente, ya que la mayoría de las formas admite ambos usos. Las preposiciones pueden ir antes del nombre o tras de este, como posposición. Sin embargo, hay una minoría de formas que siempre precede al nombre. La mayoría de los preverbios precede directamente el verbo… La mayoría de las preposiciones/posposiciones hacen también las veces de adverbios.” (Martínez/De Vaan).

Adverbio frā̌, fՁra (ai. prá, gr. pró) (adelante). Ar– (venir) ra- (regalar) rah– (abandonar, alejarse de) rad– (efectuar).

TarՁ (prep.), por, a través de. Avés. Rec. tarō.

Adj. de dirección, frāṇc, derivado de adv frā̌: (fra-anc). Avés. parō (fuera de, más allá).

La F avéstica procede del iranio: pie ӿ P ConsàF. También en Ant. Persa: fra (vor, vorwarts, delante, hacia delante) (además de FßPH, Mayrhofer). Ant. Persa rad (conducir) rā (conceder, latín re.s) para (prep., más allá, del otro lado). Parā (preverbo y posp., weg, fort, lejos, fuera de). Rauta (strom, fluss, corriente, río).


Védico y Sánscrito (A. I.), ar (ponerse en movimiento) ars (fluir rápidamente, hacer fluir) párā (prevr.) (más allá de) prá (prevr., indica delante o da intensidad). Pṛ (hacer atravesar) rā (dar) ruh (ascender) ruč (brillar, rukmá, el sol) ṛdh (hacer avanzar) sru (fluir, correr) sṛ (id, causativo) srotiā́ (corriente, río).


Oseta (iranio del nordeste). Cuatro pares de preverbos (verbos de movimiento y que proporcionan un significado perfectivo, de cumplimiento de la acción).

1 A/Ra (A de iranio ā y Ra de iranio frā). A, acc. dirigida desde el interior al exterior (para un locutor que se encuentra en el interior) o alejamiento con relación al locutor. Ra, desde el interior al exterior, pero con el observador en el exterior.

2 Ba/Aerba (Ba reposa sobre una forma antigua a ӿB inicial (Benveniste)). Ba, hacia el interior, con el locutor u observador en el exterior. Aerba, hacia el interior, donde se encuentra el locutor.

3 Ni/Aer (Ni, de iranio ni). Ni, de arriba abajo, con el loc./obs. en alto. Aer, de arriba a abajo con el loc./obsv. sito abajo.

4 )s/Rae (de iranio us-, uz y fra, respectivamente). )s: de abajoàarriba, visto desde abajo. Rae, de abajoàarriba, visto desde lo alto.

(hay otros significados).

Aer- “encore énigmatique est le préverbe ossète aer-“. (Benveniste, E. L. O./59 pág. 97). Para este autor aer- no representa otra cosa que ӿar(a) aunque ningún preverbo de esta forma ha sido atestiguado en iranio antiguo. Y cita la preposición local del šugni (à, dans, sur).

Raz (fachada, parte/anterior, devant). Raz.mae (vers, en avant) raezti (devant, en passant devant) (frā iranio).


Talys̩ (Iranio del NW), post. ro (empleada con prepos. bo, a, con movimiento. Bo harde.ro (para comer) bo nun sՁy.ro s̩edՁm (para comprar pan). Ro (ruta) rome (conducir) ru (flueve, rivière) .se (arriver. S̩e, aller) kov.rՁ? (dónde?).

Pačto, rawan (adj. En route, sur le point de partir). Rawanedel (ponerse en camino, estar en camino) ra.tlel (arriver) lar (camino) racha! (entra!) ra.tltel, ras.edel (venir).

Wahi (grupo meridional lenguas pamir), maẓ̆ Ձr (à moi) čiz Ձr (pourq.uoi?) kuyՁr? (à qui?) kitobi kuyՁr (de quién es el libro?). Preposición Ձr (pour) rՁ́č̣Ձn (partir) rՁ dՁ́st (bas, en bas) rՁnḍik (traverser) ruk (frente) rՁṣ̌ivՁn (donner) rՁšarՁš (a la ciudad) metՁr, rՁ (para, en).


Dari (persa de Kabul), raf/ro (ir, irse, partir) rasi-/ras (llegar) rasân– (hacer llegar) rextân/rezân (extender, hacer caer).

Šerā ne? (por qué no?) râh (camino) šorā? (por qué?) -ra (C.D. definido) kol e kārā-ra xod etan kade? (es usted quien ha hecho todos los trabajos?) Ma.ra goft (me dijo) še kārā.ra taqsim ko! (parte la comida).


Farsi (iranio SW), rud (río) ru (rostro) raf/rav, rasî/ras (llegar) ruye (adv., encima de) rāst (adv., correcto) dišab keik.rā fori xeili xordam (anoche me comí la tarta muy rápido) barā.ye (for, prps., coloquial, bar.é) dar (prps., in, to) rān- (drive) rāh (road) rasān/rasāni- (bring up) rūz (day) rīx– (pour) mal.rô (camino, sendero).


Kurdo kurmandži. Posposiciones “sirven para precisar el sentido de preposiciones y generalmente solo se encuentran construidas con ellas. Sólo excepcionalmente se emplean sin preposiciones. Pospos. re (idea de atribución, de paso). Con la preposición ji, idea de alejamiento: “ji……re” (a) complejo preposicional (poco usado) ji ber (ber, delante, devant, avant) ….re (para, pour)”.

Bi…….re, di…….re (par, à travers) ra (arteria). Re y ra vienen de reh (voie) ra (movimiento en altura) ra.bûm (se lever) re.kiren (enviar) bi re de (en camino) ra.ber (vers, avec mouvement d’élevation) destê xwe raber.î Xwedê kim (je tends les bras vers Dieu) ne čira ji kwîra re (ni luz para los ciegos) ne duhêl ji kera re (ni tambor para los sordos). LàR, tan frecuente como RàL.Li (preps., idea de atribución, de locación) li ver (devant) li ber šêx disekinîn (ils se tiennent debout devant le cheikh) NP limale (NP est à la maison) li avê xist (il se mit a l’eau).


Lenguas americanas.

Qiswa IIC (cuzco).

Asimilativo n̄iraq (forma un nombre que posee aproximadamente las características del adjetivo al que se añade: puka, rojo. Pukan̄iraq (rojizo).

Verbalizador extractivo Ra: indica que el sujeto priva de algo a lo designado por la base nominal: wallpa.ta p’uru.ra.nki (desplumarás al pollo, lit., al pollo pluma-fuera tu).

Postverbos (modifican el sentido del tema verbal). Rqu/rqa/ru. En el origen (y aún hoy en algunos dialectos) indicaba que la acción se realizaba franqueando un límite hacia el exterior. Hoy (C. Itier), una acción brusca, repentina en su aparición en la exterioridad.

Ri muestra a la acción en su momentaneidad, en su inmediato racimiento. Q’awa.n (mira) q’awa.ri.n (percibe) p’awa.n (vuela) p’awa.ri.n (se echa a volar). Tematizador-asociativo ri. Establece el tema de la frase, como un elemento nuevo: taki.sqa.y.ta (mi cantar-acus.) uyari čun (que lo escuche) kunka.y.ri (y mi voz) pay.man čaya.čun (que le llegue) ri– (aller, ir) saru– (marcher dessus) ura– (descendre).


Qišwa I ankaš, rā (acción continuada en el tiempo (equivalente a avance en el espacio)) mi ku.rā.mu.n (continuamente come allí) wiya.rā.ku.n (siempre escucha) rura.rā.mu.n (siempre trabaja) pun̄u.ra.ku.n (duerme demasiado).

Qišwa S. Martín II B: , : imata·ra rura·yka·n? (qué estará haciendo?) pi·wan·rā (con quién?) šamu·n? (vendrá?) (ignorancia modalidades de una acción duradera sobre la que se reflexiona, no se pregunta).

Purepecha (o tarasco) (macroqišwa), rhu locativo (a veces temporal). La mayor parte de las veces la desinencia casual rhu expresa una localización o desplazamiento:

Ni.a.ka.ni merkadu.rhu (iré al mercado). P’uni.ta.xa.ti chp’íri.rhu (sopla sobre el fuego). Wé.ra.x.ti itsï.rhu (salió del agua) wichu.icha jarha.x.ti-kxï wirhipantani chp’íri.rhu (los perros están alrededor del fuego).

Ju.rha (venir) ni.ra (ir). -Ra (factitivo) (arhi, decir. Arhi.ra, hacer decir). También valor reflexivo (jawa.ra, se mettre debut). Ru (camino, rue).

Marcas de espacio de alta complejidad semántica: rhu (zona saliente, protuberante) contexto de utilización: nariz, frente, fruto que cuelga de la rama, función olfativa (el olor o el perfume se proyecta hacia adelante) -píri- (approcher) wé.ra- (salir) kára– (volar).


Otomí (lengua otomango), ra (forma poseida del nombre a la 3ª persona singular y artículo singular).

Nahua.tl. No hay fonema R. Un sufijo como -lia (miki (morir) miki.lia (morir por) será estudiado con el direccional V)L(A, V)).

Mapuche, rüpü (chemin) -r/-ru. Sufijos de modo que determinan los verbos de acción. Indica que la acción se realiza en un lugar determinado durante el trayecto que aleja del locutor pi/decir. Pi.r.po (decir durante el ir, decir yendo) ru.pan (passer là) ru.men (passer là bas) rume (adv.) extremadamente rapin (vomir) rüng.küng (sauter).

Vitoto (Colombia. Ge. Pano. Caribe, según J. Greenberg), ril (llegar) iri (acarrear) irai (recoge) rei (posesivo de los adjetivos verbales) are (adv., lejos en el espacio y en el tiempo) arî (arriba) ri (afijo verbal durativo) jerei (interior). I.e.ri (anafórico-clasificador-por).

Guaraní, pe ĝuarâ (prep. para: patrón). Pe ĝuarâ (para el patrón) (para) raê (adv., antes, primeramente) a)raha (llevar) a)ru (traer) posp. re (por) posp. ‘ári (sobre) – (sufijo de futuro para los sustantivos) a)roja (acarrear) a)rova (trasladar) are (adv., hace mucho tiempo) – (sufijo temp., cuando) ramo (adv. recién, hace un rato) re (rehe) (posp., por donde) rire (posp., después de) che)mbaˀe.râ (para mí).


Lenguas mayances.

  1. K’iché.

Posesión de sustantivo en 3ª persona singular (poseedor) ante vocal. R: r.äj (su elote) r.aqan (su pie). También afijo verbal que marca el sujeto de un verbo transitivo (3ª Pers. Si. ante vcl.). Artíc. ri cuando un sustantivo es identificado y conocido y no visible para el hablante.

Ririˀ, demostrativo para señalar un sust. cercano al hablante. Funciona como pronombre enfático.

Ri, riˀ, demostrativos que señalan que algo no es visible (pero si conocido o identificado). Ri es adj. dem. y riˀ, pronombre dem. Su utilización conjunta enfatiza chi riˀ (adv. lugar, allí). Sustantivos relacionales que funcionan como preposiciones: r.ech (de él): ri räx üq (el corte verde) r.ech ri w.ätz (es de mi hermana).

La preposición chi más sust. relacional indica el objeto indirect.: chi r.ech (a él, ella). Conjunciones rumal riˀ (por eso, enlaza oraciones).  Riˀ (entonces, en orac.).

Subordinadores ri (introduce una cláusula que complementa a un sustantivo de la oración (nuestro quien, que, el cual en una orac. de relativo)).

Rech (propósito, para).

  • Q̣̣eqchiˀ.

R.alal (su hijo, de él) re, ru (su orilla, su fruto) siempre poseidos ante vocal. R– (3ª P. S.), r-ebˀ/eˀrv (3ª P. Pl.) (sujeto verbo transitivo). Sustantivo relacional r·e (es de) (3ª Pr. Sin.) r.ehebˀ (3ª Pr. Plu.).

Chi r·u (enfrente de él, či+pos+u) chi r.ix (detrás de él) chi r·e (en la orilla) saˀr.uˀuj (en la punta de) choˀq r·e (para, objeto indirecto). Chi ru li ochoch (enfrente de la casa) chi reˀ li siwan (en la orilla del abismo).

Subordinador re (propósito, para) tinye aawe (te lo digo) re inkˀa chik t.aa.bˀaanu (para que no lo hagas).

  • Kaqchikel.

Ru.samaj (su trabajo) r·atzˀam (su sal) reˀ (demostrativo visible y cercano) riˀ (demostrativo no visible) chi re (a él, ella).

  • Mam.

Lengua con predominio del direccional LV (el fonema R es raro). En este idioma es considerado el fonema R como sonido onomatopéyico en origen. Uul (raíz de venir) eel (salir) posicionales en L (moḳl, inclinado), adv. de lugar: jaw.l (hacia arriba, al norte) kuḅl (hacia abajo, al sur) okl (hacia dentro, al oriente) el (hacia a afuera, al occidente). Sustantivos relacionales, qxel (en vez de nosotros), demostrativos en L: a ičin la (este hombre) a lu? (este?).

Aymara, ru (to) (direccional). Uta.pa.ru (to his house) (àut(v/b)a·ru) laka.pa.ru (to his mouth, àlaku-(v/b)a.ru).

-Ra (through). Solo está presente este sufijo en el dialecto de Jopoqueri.uta.ra.n (through the house) sara (to go) sufijo verbalizador -ra- (infrecuente) kaka.ra.si.n̄a (place to defecate) apa.r.a.n̄a (to take away).

Sufijos –rapi y –raqa en un tema verbal: indican el beneficiario y la víctima de la acción del sujeto. –Iri sufijo nominalizador de propósito o finalidad: aymar yati.q.iri.w jut.ta (I came to learn aymara). Jala (n̄a) (to fly, to run). Ira.nta (n̄a), puri (n̄a) (to arrive) –rpā (sufijo de acción múltiple, intensificador).

Griego, r͑éw “couler, s’écouler”. Numerosos empleos con preverbos. P. Ch. Delg, págs. 970-971: “Los tres grados vocálicos están claramente atestiguados, a pesar de raras irregularidades. Vocalismo cero “r͑utos” (qui coule), vocalismo e: “r͑eeөron” (flot, cour ant d’une rivière), vocalismo o: “r͑óos” (courant d’un fleuve)”.

Familia de palabras muy clara por la forma y por el sentido, con alternancias vocales bien definidas. Numerosas correspondencias en las lenguas indoeuropeas, sin que se pueda saber si no se trata de formaciones paralelas” (con ejemplos de eslavo eclesiástico, lituano, sánscrito, tracio, germánico, armenio, celta).

Griego, rnumai, o͗roúω, o͗réomai, aoristo atemático ω̒rto. P. Ch. Delg, págs. 823-4: “S’élancer, commencer, naître. À l’actif, “faire partir, pousser á, faire naître”… Une racine ӿer est attestée en grec… Voir encore Pokorny 326 qui groupe un grand nombre dans une racine ӿer”.

Pró (adv./prev./prep.), devant, avant… P. Ch. Delg, pág. 939: “Est attesté dans presque toutes les langues indo·européennes skr., aves., et v. perse fra… V. irl ro… got. fra…

Latín, orior-īris, ortus sum, orīrī. E/M Dell, pág. 468: “(se lever) s’élancer hors de… tirer son origine de ortus (issu de)”. (Paralelos IE).

Errō-ās-āvī-ātum-āre (errer, aller à l’aventure). E/M Dell, pág. 201: “Formation en ā d’un radical (peut être désidératif ӿers, CF. Got. Airzeis (planẃmenos)”. Prō (d) adv./prevrb./preps./ E/M Dell, pág. 536: “En avant, devant. Le groupe de prō est à rapprocher de per, prae, prior, etc.”.

Varia gaélico, ar (à) Ձr’ (sur): ar cheann na sŕaide (au bout de la rue) ar do ghlúine (sur tes genoux) shuigh mé ar an mbord (me senté a la mesa).

Davvisápmi (urálico), rastá (à travers). -Rái (sufijo) johka·rái (à travers le fleuve). Rádjai (jusqu’à), rájes (à partir de), ráje (le long de la limite).

Gótico, Ϸro (movimiento desde un lugar: fairra.Ϸro, Xwa.өro, jain.өro, uta.Ϸro… (de lejos, de donde, de allá, de fuera… de un ablativo ӿtrōd). Movimiento a un lugar: hi.drē/ϷaϷ/ dalaϷ/… Cero o Ϸ (d) se remonta a una partícula pie ӿte.

Fra- no existe independiente en gótico.

Los adverbios de lugar, sin movimiento tienen un elemento R (hēr, Ϸar, jainar, aljar…) (latín cūr, qūr) (J. Wright).

En su caso, para la comparación lingüística hay que tener en cuenta las raíces o morfemas pie.

27. Tener que hacer X/hacer X (un giro sintáctico altaico)

Mongol či (your familiar) tüünik (it) xii̯x.güi̯ bolՁx.güi (you must do it). Literalmente: no haces eso, no deviene à tienes que hacerlo (dos negaciones “gui̯” à afirmación de necesidad de la acción). Gertee xari.x.güi̯, bolՁx.güi̯ (a casa no voy, no deviene = tengo que ir a casa).

Japonés (además de un componente meridional (austronésico) hay un claro componente altaico). I.ka.ne.ba (si no voy) nara no (no deviene) = debo ir a cualquier precio. Akita benkyô šinakereba (si mañana no haces este trabajo) ikimasen (no va) = haz este trabajo mañana.

Dôshitemo (de ninguna manera) ikaneba (si no voy) naranu (no deviene) = debo ir como sea.

Turco insalar, vapurlardan iner, inmez, otobüslere kosu̩yorlar. Literal: las gentes, de los vapores bajan, no bajan a los autobuses corren = tan pronto como la gente desciende de los vapores, corre a los autobuses.

Telefonu kapatîr, kapatmaz banyoya gidiyor (cuelga, no cuelga el teléfono va al baño = tan pronto como, desde que cuelga el teléfono, va al baño).

Hatlar ac̩îlîr, ac̩îlmaz, baǧlamaya c̩alîs̩ ac̩ayîm (las líneas abren, no abren, efectuaré la conexión = tan pronto como la línea esté libre le pondré con X). En turco, como se observa, hay una diferencia, se afirma y se niega la acción para expresar que, realizada, sigue otra. No hay vacilación en la contraposición acción realizada/acción no realizada, solo afirmación de la acción. La vacilación o duda va por otros derroteros sintácticos, v.g., “ac̩ayîm mî, ac̩miyayîn mî, derken, ac̩îyor” (abro, no abro, pensando, abre = dudando si abrir o no (finalmente) abre).

Fuera del campo altaico, encontramos una estructura análoga en kurux, una lengua dravídica de la India (ver Grammar of the kurukh language, de Revd. Ferd Hahn, pág. 106: “There is a strange method, in Kurukh of emphasizing an action in the negative, i.e., by putting the modified root of the verb before its inflected form: ās ciā mal ci’idas (giving he does not give) nāṛī ambā hō malā ambī (the fever leaving does not leave)”).

No dudo que estos giros lingüísticos o variedades de los mismos se encontrarán en muchas otras lenguas.


28-29. Correspondencias turco-qis̩was (léxicas, morfológicas y sintácticas).

1. Qišwa, ayllu (familia, comunidad, especie).

Turco aile (familia), mongol ai̯̯l (family, household, grupo yurtas), kirgiz el (comunidad social mayor o menor de la familia al pueblo), kryz (caucásico) ˁaila (family), farsi ilāt (tribus), owlad (lignée). Todos del árabe.

2. Turco, isti– (desear). Aymará istas-pa (desiderativo) (tamil, iṣṭam (deseo)).

3. Turco, ip (cuerda). Qišwa, k’ipu (calculadora de cuerdas).

  • Turco, yap– (hacer, producir, elaborar, fabricar).

Qišwa, yapu- (labourer).

  • Turco, az (poco, escaso /as/).

Qišwa, as (poco).

Sumerio, aš (únicamente).

  • Turco, yukarî (parte superior, superior, de arriba). Yukarîdan as̩aǧi.y.a (de arriba a abajo).

Qis̩wa, uqari– (lever, soulever).

  • Turco, –a.ma- (prohibitivo verbal).

Qišwa, ama waka.y ču! (no llores (prohibitivo)).

(Egipcio clásico, imi (verbo prohibitivo)).

  • Turco, aynî (mismo, idéntico, igual). Aynî zaman.da (al mismo tiempo).

Qis̩wa, ayni (cambio de prestaciones de trabajo equivalentes).


Discurso directo/indirecto.

9. Turco. El discurso directo e indirecto se presentan en turco bajo la misma forma directa: o bien acompañado de diye (diciendo, en disant) ya entre comillas y seguido de dedi (dijo), ya precedido de dedi ki (ha dicho que). Solo la puntuación marca la diferencia entre el diálogo textual o reportado. Y, además, se suprimen voluntariamente las comillas (guillemets). Veamos ejemplos: dedi ki (dijo que), yorgunum (estoy cansado) o yorgunum, dedi.

Diye es una suerte de participio de demek (decir). Sigue a una frase en discurso directo y precede una serie de verbos de expresión (sormak, demander; cevap vermek (responder); düs̩ün.mek (pensar) söz vermek (prometer) ac̩îk.la.mak (explicar), etc., etc.) Yarin gel.me.y.eceĝ.im diye cevap verdi (mañana no vendré diciendo respondió). Acaba nerede? Annesinde mi? Diye düs̩ündü merak·la (donde está? En casa de su madre? Diciendo, pensó con inquietud). “Bas̩bakan bu yîl enflasyon.u düs̩ür.eceǧ.iz, diye söz verdi” (el premier ministro este año la inflación haremos caer, diciendo, prometió).

Este es el lenguaje corriente que difiere del oficial y del popular. Para la correspondencia que sigue lo decisivo no es el predominio del discurso directo (algo frecuente y, por tanto, banal) sino la combinación de un participio o gerundivo (diciendo) intercalado seguido del verbo decir o un verbo de expresión.

Qis̩wa. Hace un gran uso del discurso directo. Hace seguir las palabras citadas por el verbo decir en gerundivo, ni.spa (diciendo) seguido del verbo ni-y (decir) conjugado: “Hamu.saq.mini.spa ni.n (vendré-diciendo-dijo). Dibuju.y mancha.či.sunki chu? Nispa tapuni (mi dibujo asusta a ustedes? Diciendo, pregunté).

Para resaltar la rareza de esta correspondencia (gerundio de decir + verbo de expresión conjugado) consideremos el kuruj, lengua dravídica de la India. En él no hay discurso indirecto, todas las palabras de una tercera persona deben ser citadas en la forma directa (F. Hahn, pág. 112): “In order to become rich he is working day and night”. En kuruj resulta: “rich I will become said (bacas, c = č) that for he day and night works”. Por extraña que nos parezca la construcción, falta el gerundivo (diye, nispa) del turco y del qis̩wa.


Observación.

UNO. En sumerio, sufijo -eše al final última palabra discurso directo. En las tabletas bilingües se traslada por acadio mi, con la misma función.

DOS. En komi (urálico) discurso directo: sii̯ö (él) menîm (me) vočavidzis (respondió) “lokta (vendré) t3 ordö (a tu casa)”. Indirecto libre: sii̯ö menîm vočavidzis (él me respondió) (dit.on, dit.il, dit.elle) “lokta t3 ordö” (vendré a tu casa). Se emplea misia en lugar de si coinciden la persona que pronuncia el discurso y la que lo transmite.

En uitoto (relacionado con las lenguas caribe, Greemberg) hay un giro parecido al diye turco y al nispa qis̩wa: X (por ejemplo, prepararon ustedes esto?) doo.de (dijeron) doo.ita (diciendo) jikanodoide (preguntaban).


10. Speaker’s knowledge.

Para precisar bien esta correspondencia, especialmente entre el qis̩wa y el turco, empezaremos por un texto de M. J. Hardman que hace referencia al aymará donde la precisión de la procedencia del conocimiento del asunto del locutor alcanza su máxima exigencia. “All Aymara sentences must mark, in verb, inflections, in verbal derivations, in nominal suffixes, in choice of particle roots and/or in the use of syntactic suffixes, the speaker’s knowledge of the matter being referred to. The marking of data source is an obligatory element of every Aymara sentence, one of the first overriding postulates of the Aymara language”.

Qis̩wa. Cuando el que habla conoce aquello de lo que habla por una fuente indefinida “se dice” o definida (X dice que) la palabra enfatizada incorpora en la posición extrema, después de todos los sufijos, la partícula citativa si/s (s después de vocal) yača.n (sabe) yačan.si (parece que sabe). Alqu.s ayča.ta mik’un (parece, dicen que es el perro el que comió la carne). Hamun.qa.s (dijo que vendría). Unay.si (hace tiempo, dicen, parece) may.manta.s chay runa hamun? (de dónde dicen que vino este hombre?). Por el contrario, cuando el que habla ha tenido la experiencia directa del asunto, se emplea el asertivo mi/n: yačanmi (lo sabe, y a mi me consta, sin duda alguna) alqu.n ayča.ta mik’un (el perro ha comido la carne, y yo lo he visto).

(En el qis̩wa 1 de ancas hay casi 100 lexemas con el sufijo -s̩ (lo que se parece a), el 65% nombres de animales, plantas o topónimos, sin raíz conocida).

Turco. Pasado en m(i)s̩ (mis̩’li gec̩mis zaman) ((i) = i, î, ü, u, por la armonía vocálica). En general se conoce a esta forma como pasado de no constatación por oposición al de constatación en di. Sirve para relatar hechos de los que el locutor no ha sido testigo, lo que se traduce frecuentemente en francés o en español, añadiendo el inciso “parece” (Halbout y Güzey). Müdür toplantiya gelmis̩, biraz oturmus̩ ve gitmis̩ (parece que el director vino a la reunión, se sentó un rato y marchó). El “parece” abarca las tres acciones. Si quien habla ha estado presente en la reunión entonces los pasados verbales serían geldi, oturdu, gitti. Bugün ahmet is̩e gelmedi. Dün ava gitmis̩ler, üs̩ütmüs̩: hoy Ahmet no vino al trabajo (hecho constatado) ayer habrían ido a la caza (no constatado) y se debió enfriar (no constatado).

(Este pasado cubre otras funciones, pero no atañen a esta ficha).


 

Observación.

Japonés. El uso japonés, informal de sod da, formal de sod desu, transmite una información obtenida a través de fuente determinada: yo shida.san wa, raishuu nihon e kaeru soo desu (por lo que se refiere al Sr. Yoshida he oído (o he sabido) que vuelve a Japón la semana que viene).

Aunque diferente, hay relación con los hechos lingüísticos turcos y qis̩was pues la partícula sod informa sobre el “speaker’s knowledge”.

Mongol. Sufijo -šū/-šǖ: enfatiza una afirmación precedente o acentúa un hecho del que el interlocutor puede no ser consciente.


11. A) Complemento del nombre.

 B) Comparativo de superioridad.

 C) Expresión de la posesión.

A) Complemento del nombre.

Turco. La pertenencia puede expresarse por un grupo de dos términos. Para expresarla o, en general toda relación entre dos términos, el primero se pone en genitivo (latín, griego) y el segundo lleva el sufijo de posesivo de tercera persona (construcción propia al turco). Müdür.ün ev.i (la casa del director, literalmente director-de casa-su).

Öǧretmen.in kitab.î (profesor-del libro-su). Esta es la estructura cuando el nombre regido es determinado (hay otras complejidades cuando el regido es indeterminado o es un topónimo, o en el caso de los nombres compuestos).

Qis̩wa. Los morfemas son diferentes pero la estructura es la misma: Pedro.q wasi.n (Pedro-de casa-su) qan.pa wasi.yki (ti.de casa-tu) n̄uqa.q.pa wasi.y (mi-de casa.mi) (forma redoblada después vocal, facultativa).

B. Comparativo de superioridad.

Turco. Yîlmaz come más que Mehmet, Yîlmaz Mehmet’ten (daha) c̩ok yemek yiyor. Ten es un morfema de ablativo (lit): Yîlmaz Mehmet.ablativo (más) mucha comida come.

Qis̩wa. Mi perro es peor que el tuyo (más malo): alqu.y.qa alqu.yki.manta aswan piña. Manta es el morfema de ablativo. (Lit.): perro-mi-(tematizador)perro-tu-ablativo más malo.

En ambas lenguas el comparativo de inferioridad se expresa, en general, por la negación de la superioridad.

C. Expresión de la posesión.

En turco y en la mayoría de las variedades qis̩was no hay verbo haber (avoir).

Turco. Se sufija el posesivo al nombre y se le hace seguir de la palabra var (hay, il y a) o yok (il n’y a pas) ates̩.i var (tiene fiebre. I = poss.) arkadas̩.lar.î.niz var (vous avez des amis) s̩arab.îmîz yok (no tenemos vino).

Qis̩wa. Como en turco, se adjunta el posesivo al elemento poseído y se le hace seguir de la 3ª persona del verbo ka (être, existir): liwru.y ka.n (tengo un libro, lit. “mi libro existe”) karru.yki ka.n chu? (tienes un coche?, lit. “carro-tu existe partíc. interrg.?”)

Observación.

El sumerio, en cuanto al complemento del nombre, ofrece una estructura muy original: veamos el siguiente ejemplo que aparece en R. J. Zamudio:

En la casa nueva de los reyes del paíse2 gibil lugal kalam ak /ene.ak/a (lit. “casa nueva rey país genitivo (ak) plural-genitivo (ene-ak) locativo”). La secuencia gramatical se sitúa al final. La primera subsecuencia gramatical determina a la tercera nominal (ak a kalam), la segunda a la segunda (ene.ak a lugal) y la tercera, a la primera (A a e2 gibil).

Otra. Tanto en turco como en qišwa, ausencia de cópula en 3ª persona de oración copulativa y tendencia a evitar la concordancia sujeto/verbo.

30. Semana vasca de tres días. Paralelos.

Michel Morvan en su interesantísimo libro “Les origines linguistiques du basque”, 1996, págs. 261 y siguientes, se ocupa de la semana vasca y dice: “La semana vasca, hecho único en Europa, se componía originalmente de tres días y no de siete. Es evidente que la semana de siete días es una herencia judeo-cristiana o al menos indoeuropea en vasco”. Se ve claramente en los nombres vascos de lunes, martes y miércoles: aste.lehen.a, aste.arte.a, aste.azkena (primero, medio y último día de la semana). Los nombres de los demás días son fruto de procesos de aculturación. El autor busca paralelos a este “fait unique en Europe” tanto a nivel léxico como al del concepto mismo y se encuentra en el Kalevala con el primer herrero/artesano Ilmarinen quien crea el universo y su soporte, el pilar cósmico, en tres días.

Estudiando los días de la semana en davvisápme, la más importante de las nueve lenguas laponas, se observa que el lunes se dice vuoss.árga (vuos, d’abord, primero y árga, día laborable), martes es manngng.b.árga (derrière, último y día laborable) y miércoles, gaska vahkku (gasku, gaskkas, au milieude, en el medio semana).

El lunes y el martes también tienen nombres de origen germánico, los restantes días de la semana tienen nombres de origen germánico (escandinavo) o son calcos culturales.

Vemos pues, en principio, una semana compuesta, como en vasco, por tres días: primer día laborable (lunes), último día laborable (martes), en el medio de la semana (miércoles). Inmediatamente salta a la vista la incongruencia de que el último día laborable venga antes que el día intermedio. Quizá la explicación sea que al quedar englobada o encapsulada la antigua semana de tres días por la moderna de siete días. Gaska.vahkku (o ӿgaskasárga), que era el segundo día de la primitiva semana, pasó a designar el miércoles de la nueva semana (por influencia del finés, keski.viikko, medio de la semana, gaskas = keski). Ello pudo implicar el retroceso de mangngbárga (que designaría el último día de la semana de tres días) para nombrar el martes de la semana actual (con la incoherencia significado/significante).


Observación.

Fuera de Europa tenemos por ejemplo la semana javanesa de cinco días (legi, pahing, pon, wagé y kliwon). En muchos calendarios indonesios figura en el nombre del día el correspondiente de la semana gregoriana y el de la javanesa, v.g., jueves: kamus y kliwon.


31. Verbos relativos a fenómenos atmosféricos y de movimiento con construcción transitiva (ergativa) o desinencia casual de C. D. o acusativo interno.

Vasco. Euria ari zuen (estaba lloviendo) gaur ez du euririk egin (hoy no ha llovido) elurra egin du (ha nevado).

Bero handia egiten du basamortuan (hace mucho calor en el desierto). Construcción nor-nork (ergativa).

Qis̩wa. La desinencia de complemento directo k)ta señala también el término del movimiento: limata ri.s̩aq (iré a Lima). O el lugar en el que recae la acción de un fenómeno atmosférico: Vigo.ta para.n, riṭi.n (llueve, nieva en Vigo).

Finés. Eilen satoi vettä (ayer llovió) (lit. ayer llovió agua). Empleo del partitivo con función de complemento directo.

Udmurto (urálico). Kuaź zoriz (llovió). Ḱuaz es un antiguo Dios del tiempo atmosférico. Hoy significa el tiempo que hace, por lo tanto el tiempo llueve, construcción personal, con un agente no impersonal como en español o gallego.

Turco. Yaǧmur yaǧ.mak (llover lluvia, con acusativo interno).

Uïgur. Yamghur yagh (id).

Checheno-ingushe (caucásico NE). Doǧ d.jelx (llueve, lit. la lluvia llora, con construcción personal (agente)).


32. Finés kymmenen (10) e ie ӿ de·kṃ

Otras lenguas urálicas.

Estonio, kümme.

Mordvino, kemoń, kemen (en composición: ke, kel, kem, kef. Para formación decenas, gemoń).

Cušítico. Somalí, kum (1000 mil). Afar, kum(u) (1000 mil). Oromo, kum(a), kom(a) (1000 mil).

Bantú, kikongolâri kumi (10). Cisena, k’umi (10, diez). Swahili, kumi (10, diez). Ruandés, čumi (10, diez) (préstamo del swahili).

Mandé. Bambara, keme (100, cien). Soninke, kame (100, cien).

Dzolla (West Africa), keme (100, cien).

Hurrita, eman (10, diez).

Vasco, hama(r) (en composición), hama·lau (14), heme·zortzi (18), ie ӿde·kṃ (diez).

La base K Vo. M para 10 quizá tiene relación con otra muy extendida en la variedad lingüística humana. Fino.ugrio kom (hombre) (el propio nombre urálico de los komi lo refleja). Ugrio hum, hombre, húngaro hím (mâle) ie ӿghom.

(De donde latín humus (y homo de humus), y griego xamaí (sur terre) xamai.genhs (nacido de la tierra), gótico guma (hombre). También vitota (lengua de Colombia, gepane·caribe) kom, hombre).

El fundamento de la relación sería que lo propio del ser humano es tener diez dedos en las manos. El de del ie de·kṃ, ӿdhē (to set, top up, to place).



33. A) Vasco zikin (sucio, puerco, lascivo).

Likin (pegajoso, lujurioso, sucio). Likits (sucio, lujurioso). (También saskil (sucio, manchado, cochino, desaliñado).

Turco, leke (mancha) leke.le.mek (manchar) leke.li (manchado) (también kirli (sucio)).

Finés, lika (suciedad, mugre, inmundicia) likaantva (ensuciarse, mancharse) likainen (sucio) likaisuus (suciedad, desaliño) likapyykki (ropa sucia) likavesi (aguas negras).

Tamil (dravídico), alukkāna (sucio).

Aymará, laq̣a (dirt, soil, earth).

Qišwa, q’illi (sucio) (metátesis?).


33. B) Finés pestä (lavar, fregar, baldear, limpiar) pesu (lavado, colada) pesukone (lavadora) pesula (lavandería).

Estonio, pesema (lavar, fregar, bañar) pesu.maja (lavandería).

Húngaro, mos (lavar, blanquear, bañar) mosás (lavage, lessivage) moslék (eaux grasses) mosó.gép (machine à laver) (Proto urálico ӿmus4·ke (to wash)/ ӿmosyke (id)).

Qišwa, piča (barrer) piča.ku.q (escoba). Guaraní, typyča (escoba).

Lenguas maya. Mam, mso (raíz de barrer). Qeqči, mesu (barrer). Kičé, mes (basura).


Observaciones.

UNO. Mongol xir.tɜi̯ (sucio, turco kir.li (sucio)).

DOS. Lenguas maya. Q̣eq̣či tzaj (zikin), qičé tzil (zikin), mam tziṡ (basura), q̣eq̣̌ tẓis (basura) tzˀajn (sucio), kakčikel t.zil (sucio).

TRES. Tibetano tsok·pa (sucio, pa es un formante adjetival).

CUATRO. Sumerio sikil (purificar).

CINCO. Hebreo zax (puro).

SEIS. Turco, pis (sucio), pis·lik (suciedad). Húngaro, piszkít (salir, souiller, maculer), piszkos (sale, malprope) piszok (saleté, crasse) (sz=s).


34. Caucus.

A) Inglés americano. Reunión del comité local del partido (vocabulario electoral). Del algonkino.

Finés, kokous (reunión), kaikki (todos) koko (tout).

Estonio, kokku (ensemble), koos (ensemble), koos elama (convivir), kokku saamine (cita), kokku kutsuma (juntar, reunir), koguma (rassembler), kôik(e) (todo).

Qišwawanka (qišwa 1) kuska (todos juntos, con flexión personal).

Vasco, koka- (colocarse, instalarse, establecerse).

Mooré (gur), kąe (rassembler), kāge (id).

Somalí (cušítico), kox (grupo) (x=ḥ árabe).

Maorí (polinesio), kohi (rassembler).

B) A finés kerään.tyä (rassembler(se)) se puede aproximar mongol xurā (rassembler), xural (mítin) y turco (mongol) kurultay (congreso, asamblea general) kurul (comisión, comité).

Una alternancia, como la siberiana K/T relacionaría con la base o bases de A a maorí katoa (todos) y qiswa II C tuku.y (todo).

Kirgiz kooš (s’assambler) procede de antiguo turco kabîs por lo que no puede ser incluido en esta ficha, lo mismo que košo (juntos) si deriva de kooš.

Swahili -kut.ano (reunión) procede del verbo kut.ana (se rencontrer, se retrouver). Ana es un sufijo asociativo.

Sumerio ukkin (assembler).


35. Turco ač.mak (abrir, to open).

Ač.îlîs̩ (abertura), ac̩.îl.mak (abrirse el cielo, despejarse) ac̩îk (abierto), ac̩îklama (explicación).

Kirgiz, ač (abrir), ača (fourche, entrejambe) ačkîč (clé). Uzbeco och.moq (ouvrir). Turkmeno, ac̩ (id). Kazaq, aš.u (id). Shor, až.arga (id). Saxa, as- (id). Xakas, az-/as– (id). Uïgur, ač– (id). Karačai̯-balkar, ač (id). Azeri, ač (id). Gagauz, ač (id). Karakalpak, aš– (id). Kumik, ač– (id). Čuvašo, –us (to open).

De protoaltaico ӿ phačv (to open, to split up) de nostrático ӿ phačh/ ӿ phačh (nº 67 de A. Bomhard) (to split or to break open, apart).

Finougrio ӿ päče (to split, to break open). Húngaro f.es.lés (décousure) f.es.lett (décousus, defait, dissolu, déreglé). Komi v.os.sa (ouvert) v.os’.tînî (to open).

Mordvino (urálico) erza panžo, mokša, panže (to open) xanty punč (to open): de finougrio panče (to open).

El vasco itxi (/iči/) (cerrar) es resultado esporádico de č por ć tras i silábica: Vizc. Ant. itsi (K. M., F. H. V.-90, págs. 67 y 563). Para la falta de vibrante en itsi, itxi, pág. 362. Diversas lenguas diseminadas por el planeta presentan para el significado abrir o abierto un segmento fónico V-Č/K-V, precedido o no de consonante: vasco i.r.ek. Japonés, ake.ru (ru es morfema de infinitivo). Qišwa, k.iča. Kryz (caucásico NE), aču.g Rutul (caucásico NE), ača.r (clé), aču.x (ouvrir), aču.x.dî (ouvert). Indonesio, b.uka (abrir). Minangkabau buka.k. Tagalo, b.uká.s (abierto). Maorí, hw.aki (to open). Hawaiano, w.ĕ’hĕ (k à h).


36. Vasco hel- (llegar, arribar, venir, alcanzar).

Goiz heldu naiz zure etxera (llegué temprano a tu casa).

Turko gel- (venir).

Kirgiz kel- (venir).

Uzbeco kel– (venir).

Kazaq kel– (venir).

Uïgur kel (venir).

Xakas kil (venir).

Mongol xarԺ (revenir).

Oromo (cus̆ítico) gal-ma (arrivée).

Kinyruanda (bantú) –gera (approcher).

Purepecha (macroqišwa) xuṛa (etorri) (Ṛ = L).

Armenio kal– (venir).

Maorí e Haere (joan, ir) (no hay fonema L en el maorí oficial).

Markés hee (joan).


Observación.

UNO. Por lo que hace referencia al verbo vasco joan (ir) (de ӿe.oa.n) aporto por su semejanza formal  y de significado las siguientes raíces (sin que ello implique conclusión alguna pues habría que examinar la evolución histórica de cada una de ellas): húngaro jön (venir, arriver), jövő (futur, prochain). Purepecha jon.kwa.ni (arriver) (ni es morfema de infinitivo y kwa, un formante nominal). Burus̩aski jo (una de las tres raíces del verbo venir).



37. Vasco at (postposición)

“Fuera de” etxe.tik at dago (está fuera de casa).

Ŕat (de ӿra·at) (hacia).

Ŕate (expedición, excursión, viaje). Mendi.rate (ida, excursión al monte).

Ratu (transferir, transportar, trasladar). Etxeratu (llevar a casa) de ӿetxe.ra.at.tu.

Pienso que no hay relación de at con ate (puerta) y ate.ra (salir). Puede ser un ingrediente de la desinencia casual tzat (prolativo).

Húngaro át (a través de, por (vía de)). Postposición y prefijo verbal öt:even át (durante cinco años) jobbra át (demitour à droite) át.fut (correr a través de, recorrer X, pasar sobre algo) át.gondol (repasar en el pensamiento) át.hoz (trans.portar, trans.ferir, hacer pasar).

Turco at.mak (mak es morfema de infinitivo) (tirar, lanzar, echar) at.îl.mak (arrojarse sobre, atacar) atîs̩ (tiro, disparo, latido). Esta raíz no parece tener relación con el at vasco y el húngaro át. Como tampoco el at de at.la.mak (saltar de, por) donde la es un formante verbal sobre la base de un nombre, que puede ser el indicado at.îs̩ (tiro, disparo).

Pero quizá hay relación con el as̩ del turco as̩.mak (to pass over, to surpass, to go beyond). (CFR., kirgiz as̩– (franchir, depasser)) Uzbeco o’t.moq (franchir).

Sobre la posible correspondencia de vasco ate (puerta) y ate.ra (salir, partir, sacar, extraer) con húngaro ajtó (puerta), japonés to (puerta), mongol üüd (puerta fieltro de la ger), es difícil decir algo que no sea pura especulación.


Observación.

Es posible plantear una relación de la postposición vasca at (y húngaro át, turco as̩-) con la base nostrática de A. Bomhard nº 595 ӿˀut’/ӿˀot’ (to stretch, to lengthen. Wide, broad, long). Afroasiático ӿˀut (wide, broad, long) pie ˀūt’ (out, only of, outside, away from). Gótico ūt, uta (outside). A. A. A. ūz (out). Alemán aus, inglés out, sueco ute (out), utom (hors de), utåt (vers l’exterieur). Latín ūs-piam, ūs·quam (quelque part). Griego ω̒s (hacia, solo con movimiento hacia las personas y de etimología desconocida, P. Ch., Delg, pág. 1305).

En el ámbito de esta raíz “nostrática” podríamos incluir maorí y markés (polinesio) uta (vers l’interieur), bunun (lengua malaya de Taiwán) nata (fuera).


38. Vasco guda, gudu (lucha, pelea, combate, guerra) gudari (soldado) gatazka (lucha, conflicto) gudu.ka.tu (luchar, combatir) gudu egin (id) K. M. “Onomástica aquitana” -54 “gudu, combate más que guerra” y “no es de introducción reciente y no del germánico”.

Húngaro küzd (luchar) küzdelem (lucha, combate).

Mongol qat kuldu (luchar, combatir).

Afar (cušítico) g/qadaw (guerra) gādis (que conduce la expedición de guerra) gādu (expedición guerrera, campaña).

Lingala (bantú) gudu (tamtam) gudu2  (tamtam) (?).

Cisena (bantú) nk’ondo (guerra).

Soninké (mandé) gadja (perfectivo) gadjana (imperfectivo) (luchar).

Lenguas chibcha de Panamá. Sabanera cudá (guerra). Caracaña cuda (id). Indonesio adu. Minangkabau (lengua malaya) adu(an) (lucha, combate).

Germánico. A. Sajón gūdea (batalla, guerra). A. Inglés gūð (guerra, batalla). A. A. A. (ohg) gund– (solo en composición), gund.fano (bandera) gūd.hamo (vestido de guerra) gūd.ō (lucha, guerra) pie ӿ khath (to fight).


Observación.

Si alternancia D/R: acadio h̬uradu (soldado): préstamo en hurrita, h̬uradi (id) y urartu, h̬uradie (id). Turco güres (lucha deportiva). Lituano karas (guerra). Pular (W. A. B.) ger.e/geree.ji (guerra). Zarma (songhay) gurjay (lucha).

OTRA. Somalí (cušítico) dagāl (guerra). También amarՁn̄n̄a (semítico de Etiopía) tՁgՁl (struggle, conflict).

OTRA. Turco savas̩ (guerra) e indonesio sabung (combate de gallos o bueyes). Minangkabau sabuang (id).

OTRA. Finés sota (guerra) y estonio sôda (id).

OTRA. Del mapuche malon (guerra, ataque, escaramuza) malotun (faire la guerre), español malón (ataque inesperado de indígenas). Estoy de acuerdo con K. M. en que el término vasco en que es antiguo, diría muy antiguo, y no del germánico, lo que es lógico, teniendo en cuenta que la lucha, en una u otra forma, es una actividad común en las sociedades humanas.


39. Vasco kemen e indár.

A) Vasco indar (fuerza, fortaleza, energía, violencia) indarra erabili (utilizar la fuerza) indarrean, indarrez (por la fuerza) indaŕ egin (esforzarse, hacer frente) indaŕeman (fortalecer, reforzar) indarkeria (violencia) indarge.tzaile (amortiguador, que resta fuerza).

K. M., F. H. V.,-1990/pág. 356: “Grupo antiguo ND, se ha conservado también en los dialectos orientales”.

B) Vasco kemen (vigor, brío, fuerza, energía, valor, arrojo) zutik  egoteko kemenik gabe (sin fuerza para estar de pie) kemen.du (tomar, dar fuerzas, animar(se), atrever(se)) kementsu (fuerte, enérgico, vigoroso, valiente, valeroso) gudari kementsua (valeroso guerrero).

Húngaro kemény (duro, sólido) keményember (c’est un homme entier) keményen dolgozik (travailler ferme) kemény.ség (firmeza, dureza, resistencia, solidez, rigor).

Moksa (mordvino) (urálico) keme.či (dureza, solidez) keme (fuerte, robusto, vigoroso) proto mordvino ӿkemՁn.

Turco, kemik (hueso).

Kinyarruanda (bantú) komeye (duro).

Estonio ind (celo, afán, ahínco, empeño) innukus (afán, ahínco) innustama (animar, alentar, dar ánimos) (alternancia ND/NN).

Finés into (entusiasmo, fervor, ardor, pasión ,energía, interés, celo). Alternancia NN/NT. Familia léxica abundante.

Komi (urálico) v.în (indar, puissance) v.îna (fuerte, potente) v.înjör (indar, puissance).


Observación.

Una sugerencia: en vasco no hay el abstractoӿindaŕtasun pues indaŕ ya tiene un significado abstracto. Originariamente quizá “indaŕ” sea un compuesto “ind.ar”, algo así como “macho fuerte”.

OTRA. La semejanza entre el término para fuerza en lenguas iranias (pačto zor, farsi zur, zurmand (fuerte), talys̩ zu.mand, fuerte) y en griego antiguo (dzաros, en relación con el vino “coupé” con agua, pero poca, una mezcla fuerte). Y neogriego dzóri (tensión, presión) me to dzóri (a la fuerza) dzorídzա (forzar, preisonar) dzorbás (opresor, matón) dzórisma (presión), se debe al común origen indoeuropeo ӿ gui̧ō.ro, de ӿ guei̧ō(u). Ver A. J. Van Windekens, Declg, pág. 93. Aproximación de dzաrós y e͗pidzaréա (atacar a, fondre sur) de zա́o (vivre).

OTRA. Del árabe qawiy (fuerte) tenemos turco kuvvet (fuerza), farsi qavi (fuerte), zarma (songhay) gābi (fuerza) gābu– (ser fuerte), dari (iranio) qawi (fuerte, robusto, poderoso).

OTRA. En altaico tenemos turco güc̩ (fuerza). Kirgiz, c̩ (id). Mongol, c̩ (id).


40. Vasco behar (necesidad, obligación, deber).

Behar izan (necesitar) behar.tu (obligar) beharrean (en situación de necesidad, obligado) beharrez (necesariamente) beharrezko (necesario)… Gezurra esatera behartu ninduten (me obligaron a decir mentira) alde egin beharra daukat (tengo necesidad de marchar) behar orduan lagun.du (ayudar en los momentos de necesidad).

K. M., -1990, F. H. V., pág. 221: “A H intervocálica o entre diptongo y vocal de los dialectos septentrionales, corresponde muchas veces cero de los españoles. Muy frecuentemente, sin embargo, la correspondencia es: H:G (o R que por disimilación puede pasar a L): beharri/begarri/bearri/belarri.”

Urálico. Finés pakko (necesidad, obligación, imperativo, fuerza) pakkottaa (obligar, forzar) pakko.työ (trabajo forzado) pakollinen (obligatorio) pakotus (coacción, obligación). Olla pakko tehdä (obligado a hacer algo) mennä naimisiin pakosta (obligado a casarse).

Estonio vaja.dus (necesidad) vajama (necesitar) vaja.lik (necesario).

Davvisápme bágget (obligar) bakkolas (obligatorio).

Livo vajag (necesario).

Báltico. Letón vajaga (necesario) vajag (il faut).

Cušítico. Somalí bāho (tener necesidad de algo) bāhi (necesidad).

Dravídico. Kuruj bhir (necesidad). Brahui bakar (necesario).

Bantú. Lingala mo.beko (ley, obligación).


Observaciones.

UNO. Bambara (lenguas mandé) mako (besoin). Zarma (songhay) hima (obligación. Metátesis?).

Luo (nilosahariano) ny.aka (deber, il faut). Markés (polinesio) aka (prohibición mitigada, no hay que, il ne faut pas).

DOS. Escandinavo. Sueco behov (behar) jag be höver vila mig (tengo necesidad de descansar).


41. Totalizador todo.

  1. A una raíz semítica: hebreo, kulam (todos) kol tò v (todo bien). Ugarítico kll (todo) amarՁn̄na hullu (todo) hullu nՁm al.fälՁg (Ձm) (no quiero todo) se extendió a otros ámbitos lingüísticos gracias al árabe y la islamización. Afar, kullum (todo) kulli (cada, todo), zarma kulu (todo), west songhay kur (todo) del árabe kul (LàR, característico del W. S., R es rara en inicial o en final según los dialectos). Pero no todo es préstamo semítico:

Qis̩wa kala (tout).

Karen (tibeto·birmano) khele (tout).

Tamil kulu (le petit grouppe) y burus̩aski khul (tout) pueden ser préstamos del árabe (en el último caso, a través del urdu).

  • Armenio amen.agal (todopoderoso) amen.or (todos los días). Ugarítico mm (mimma, cualquier cosa, todo) mnm (todo lo que). Bunum (lng. malaya de Taiwán) amin (todos). Kičé (maya) mem (mucho). Burus̩aski áme (quiconque, quoi que ce soit). Farsi, kāmelan (totalmente del avéstico).
  • Vasco guzti (todo, entero, todos/as) liburu guztiak (todos los libros) guztia daki (sabe todo).

Kurux (dravídico) gut’i (de gōtā) (whole, a number, a multitude) el plural neutro gut’i usado también en sentido adverbial (et caetera) al·ar gut’i (men and so forth). Plural de nombre femenino: posposición gut’iar, de valor afectivo: ālī (wife) ālī.gut’iar (wives) también con nombres masculinos, cuando el plural tiene un significado colectivo: ād (ella) āl.ar.gut’iar (con los hombres) gusan ra’t (está). También con nombre neutro: aḍḍō (ox, vasco idi) aḍḍo gut’i (plu.) (vasco idi guzti.ak, todos los bueyes).

Otomí (familia otopane) gǫtho (todos).

Minoico kuro (total).


42. Correspondencias vasco-niponas.

1. Vasco haize (viento), japonés kaze (id).

2. Vasco tori! (interjección toma!, ven!). Japonés tori.na! (coge!) (na, imperativo positivo de nasai).

3. Vasco ba- (prefijo condicional), japonés -ba (sufijo condicional). Fur.eba, taber.e.ba, kur.e.ba, ar.e.ba (si nieva, si come, si viene, si hay).

(También maya kičé, we k·ul (si viene) y maya q̣eq̌, wi (si condicional).


43. Correspondencias vasco-americanas.

1. Vasco itsas (mar).

Purepecha (tarasco) itsï (agua).

2. Vasco aukera (escoger).

Qišwa akra– (escoger).

3. Vasco e.gos.i (asar).

Qišwa kusa– (cocer a la brasa).

4. Vasco azkar (/askar/) (rápido).

Qišwa usq’ayutq’ay) (rápido).

5. Vasco ageri (aparecer).

Qišwa ik’uri (aparecer) ik’uri·mu·n (apareció).

6. Vasco asko (mucho).

Qišwa ac̩ka, atska, ačk’a, ašk’a. Ačka hatun mayukuna (grandes ríos).


44. Birao (maldición, juramento).

Vizc., Gipz. (maldición imprecación) birao egin (blasfemar, maldecir, renegar) biraotse (blasfemo). K. M./F. H. V./1990/ pág. 74, Bizc. birao, birago. Gipz. irao (maldición), Ronc. irago, idago (grito, alarma): “Birao significa maldición rigurosa, a veces dicha por el agraviado”. Sul.bur’au. Lab, BN buŕo. An. bur(r)o.

Davvisápme biro (diablo) biro!

Finés piru (diablo, demonio) piru vieköön! Piru hänet peri.köön (vete al diablo!, que el diablo lo lleve!).

Udmurto peri (espíritu maligno, fuerza oscura, diablo).

Farsi pari (hada).

45. Vasco ele (palabra, dicho, discurso. Lengua, idioma (pero mihi, el órgano de la lengua)). Ele ederrak (hermosas palabras) ele egin (hablar) ele eman (hablar, dar conversación).

Qišwa kal(l)u, alu (el órgano de la lengua).

Turco kelime (palabra). Kirgiz keleč.söz (talk).

Finés kieli (idioma y órgano). Pahat kielet kertovat että… (dicen las malas lenguas que…). Komi y udmurto kyl (tongue, speech, language, word). Urálico ӿkele.

Mongol xele.x (to tell, to say).

Estonio keel (idioma y órgano).

Karen (tibeto·birmano) klô (lengua).

Tibetano (lenguaje).

Altaico ӿ khiaǎli (tongue).


46. Miscelánea urálica.

1. Davvisápme (urálico) garas (duro).

Kinyarruanda (bantú) gara (fuerza física).

Indonesio keras (duro, fuerte, difícil).

Minangkabau (malayo) kareh (id).

Georgiano ma.gari (strong).

2. Húngaro gazdag (rico, opulento) gazdag.ság (riqueza, opulencia, fortuna, abundancia).

Oseta (iranio) qaezdig (rico) (préstamo en el húngaro del alano?).

3. Finés perhe (family).

Estonio pere.kond (familia, gente de la familia), perekonna must lammas olema (ser la oveja negra de la familia).

Tamil (dravídico) pēr (pēru) (personas), perror (parientes).

4. Finés etsi.ä (buscar).

Estonio otsi (id).

Qis̩wa as̩i– (id).

Avéstico aēša (búsqueda).

Viejo indio esa (id).

5. Finés kuu (luna, mes).

Purepecha (tarasco) kuts (luna, mes).

Mapuche küyen (luna).

6. Finés suuri (grande).

Estonio suur (id).

Mongol sür (grandeur, puissance).

Vasco -tzar (sufijo).

7. Finés puraisu (dentellada) pureskella (morder) pureva (mordaz) purema (mordedura).

Komi (urálico) pur– (morder).

Davvisápme (urálico) borr.at (manger, mordre, ronger).

Finougrio ӿpure (to bite, to eat).

Nostrático, A. Bomhard nº 63 ӿbor, ӿbur (to bite, to eat food).

Maya kaqčikel pur (raíz de morder).


47. Vasco kako (gancho).

Estonio konks, hāk (gancho).

Sumerio giš.(determinativo) kak (clavo).

Pie ӿ khonkh (to hook up, to hang up, peg, hook).

Pokorny ӿ kenk, ӿ konk (to dangle). Gótico hāhan (to hang).

Ant. islandés hanga, hengja.

Anglosajón hangian.

Ant. sajón hangōn. A. A. A. hangēn. Latín cunc.tor, āris, cun.tātus (ver E/M, Dell, pág. 157).


48. Hebreo boqer (matin).

Qis̩wa paqarin (id).

Aymará paqari (desde el atardecer a las primeras luces del amanecer).


49. Finés aika (tiempo, duración, espacio de tiempo)

¿Onko sinulla aikaa? (tienes tiempo?) soda.n aika.na (durante la guerra).

Estonio aeg (tiempo) aeg on juba hiline (se está haciendo tarde).

Qišwa ayka.pi? (cuándo?)

Japonés jikan (tiempo-duración).

Maorí (polinesio) ake (tiempo próximo).

Mongol yag (tiempo cronológico).


50. Vasco j.aki.n (saber).

Japonés waka (emprender, saber) deki (poder, saber).

Qis̩wa yača (saber).

Maorí mōhio (saber) āko (aprender, enseñar).

Hebreo ata makiz? (connaissez-vous?).

Aymará yati (to know) (si alternancia siberiana K/T (M. Morvan)).

Guaraní ai) kuaa (saber, conocer).

Vitoto kio (raíz de conocer).


51. Qišwa mayu (río).

Pular (West Atlantic Branch) maay.o (fleuve, riviere) maay.o, maay.e (mer).

Zarma (songhay río Níger) maa.yang (entre otros significados, “suffire l’eau ou le sel”).

Egipcio (clásico) mw (agua).

Hurrita s̆iye (río).

Guaraní y (agua) y.kua (fuente de agua, manantial).

Swahili (bantú) ma.ji (ma es prefijo de clase).

Nostrático de A. Bomhard nº 678, yam (water, sea). Semítico yam.

Samoyedo yama (sea).

Hebreo maïm (agua).

Vitoto (relacionado con lenguas caribe) ji. Clasificador líquidos no espesos (sufijo de raíz nominal, fea.ji (lago) ji.nui (agua) iye (río)).


52. Qis̩wa tuta (noche).

Tuta.ya.n (anochece) tuta.manta (entre lever du jour et huir heures environ).

Turco tutulma (eclipse).

Kirgiz tutuu (cubierta de fieltro del armazón de la yurta).

Finés tutia (dormir. Laste.kielessä o lenguaje infantil).

Un vernáculo melanesio de Vanuatu, tutu (dormir) (nursery word).


53. Varia (turco sakal, vasco ibar, japonés kawa, vasco habe, vasco naro).

1. Turco sakal (barba).

Maya kaqčikel soka.wnäq (sin barba, rasurado. Wnäq es sufijo negativo).

2. Vasco ibar (valle, valle fluvial, vega).

Burus̩aski bar (valle).

Georgiano bar·i (valle, planicie).

3. Japonés kawa (río).

Maorí (polinesio) awa·nui (río, lit., río grande).

Markés (polinesio) kāwaˀ (río) (tradicionalmente se han señalado dos componentes en el japonés: uno, altaico; y otro, austronésico).

4. Vasco habe (viga, poutre, travesaño, trabe, sostén, apoyo. Apuntalar).

Oseta (iranio) XЪ/q ai̯van (balk, poutrelle) ¿Un préstamo alano en vasco? (ver en D. Julio Caro Baroja las influencias de centroeuropa en la casa vasca).

5. Vasco naro (abundante, rico, generoso, fértil, fecundo… nare (id) narotasun (abundancia, riqueza, fertilidad).

Oseta (iranio) nar.aeg (graso, gros).


54. Vasco e.ror.i (caer(se))

E.ror.keta (caída). Se pueden aportar términos de muy diversas lenguas con un significante CVR(V, muy semejante al vasco CVR.

Indonesio, raras. Minangkabau, rareh, lareh. Bambara, burun. Zarma, zēri. Maorí, horo. Tamil, viru. Tibetano, bar. Egipcio, H̬VocR. Todos con el significado de caer. ¿Indicio de lenguaje protohumano o casualidad?


55. Correspondencias vasco-urálicas.

1. Vasco lasa (tranquilo, sosegado. Tranquila, relajadamente).

(K. M./ F. H. V., 1990, pág. 324: “Permuta de L inicial con N el algunas palabras y con Φ en una ocasión. A. N., Gipz. lasai (ancho, cómodo). BN., Lab, Vizc. nasai (flojo, holgado). Sul. nasai (id) sal (cosa o persona que promete crecer mucho). Ronc. nasai (camisa de mujer)”.

Húngaro lassan (/laš:an/) (lenta, moderada, dulcemente) lassu (lento, moderado).

2. Vasco gizen (gordo, obeso, graso, fértil. Grasa, sebo). Gizenegia zaude (estás demasiado gordo) lur gizena (tierra fértil) haragi horrek gizen asko dauka (esa carne tiene mucha grasa).

Húngaro hízik (get fat) hizo.állat (istálló.ban) (animal engraissé à couvert).

Davvisápme (sami del norte. Urálico) gassat (espeso).

3. Vasco zorrotz (z=s) (afilado, cortante, puntiagudo). Aizkora zorrotza (hacha afilada) (severo, riguroso, implacable) zorrotzaile (afilador) zorrozketa (afilado).

Húngaro szúró (sz=s) (piquant, perc̩ant, pénétrant) szúr (piquer, donner un coup de pointe à quelq’un) szúrós (piquant, épineux).

Armenio sur (agudo).

Observación.

Coreano tsé (la punta).

4. Vasco sarri (tupido, denso, cerrado) bizar sarria (barba espesa) (frecuentemente, a menudo, muchas veces).

Húngaro sűrű (espeso, consistente, denso, compacto, touftu, serré).

5. Vasco igitai (hoz).

K. M./F. H. V./1990/pág. 103: “An/Sal/Vizc: egitai. Ronc: egitái. An/Gipz/Lab/Vizc: i(gi)tai. Vizc: egitei. Lab/Vizc: igitei. Sul: igitéi, igatéi. An/Vizc: igiti, iriti. Igit.ari (segador) igita.tu (segar con la hoz)”.

Finés v.ikate (guadaña).

Estonio v.ikat (guadaña).

6. Vasco ozta (con gran dificultad, difícilmente) oztopo (obstáculo) oztopa.tu (tropezar, obstaculizar, dificultar, impedir) ozta2(apenas, con gran dificultad) ozta egin (dificultar, impedir).

Finés este (obstáculo) este.llä (tratar de impedir, obstaculizar) estää (impedir) estyä tulemasta (estar impedido para venir).

Estonio tak.ista.ma (impedir, estorbar, obstaculizar) tak.ist.us (obstáculo, estorbo, impedimento, dificultad).

Húngaro akadály.oztatás (impedimento) akadály.ozó (molesto) akádaly.ozás (dérrangement). La idea de obstáculo está en akadály, en oztatás, probablemente la voluntad o intención de impedir. El segmento oztatás no es un lexema independiente. Quizá en antiguo húngaro, un verbo con complemento interno, algo así como ӿ” obstaculizar (con) un obstáculo”. Akadályoz (impedir, obstaculizar, embargar) meg.akadály.oz (poner obstáculos, obstaculizar) akadály (obstáculo).

7. Vasco hez(i) (domar, amansar, domesticar, educar) abereen hezi.era (la doma de los animales) hez.i.gabe, hez.i.gaitz (indómito, bravío) hez.le (domador, adiestrador). K.M., F.H.V., -90, pág. 292: “Cuando se documentan variantes con y sin sibilante inicial, en pocos casos puede asegurarse que se trata de pérdida, pues existe también una tendencia a la reduplicación, más o menos expresiva. Entre los casos dudosos puede citarse Gipz. zezi (domado), común h)ezi” (a la vista de las correspondencias urálicas me parece segura la H etimológica (ӿKàH).

Húngaro ház (casa) házi (doméstico) házi.állat (animal doméstico) házi.nyul (conejo doméstico) házi.szárnyasok (volaille de bassecour).

Finés koti- (doméstico) kotieläin (animal doméstico) kesy (manso, doméstico, amansado, domado, domesticado) kesyttää (domar) kesyttäjä (domador) kesy.tön (indómito) kesytys (doma).

Estonio kodustama (domesticar) kodune (doméstico).

8. Vasco lagun (compañero, camarada, amigo) laguntasun (ayuda, auxilio) laguntza (id, asistencia, colaboración) lagundu (acompañar, ayudar). K. M., F. H. V., 1990, pág. 137: “-un, terminación antigua”.

Davvisápme (urálico) lagas (íntimo).

9. Vasco i.ker.tu (investigar, examinar, reconocer, registrar). Barna iker.tu (investigar a fondo) bazter guztiak ikertu zituzten, baina alferrik (escudriñaron todos los rincones pero en vano). Ikerteta, ikertzaile (investigación, investigador).

Húngaro keres (buscar, rebuscar) keresés (recherche) kereső (chercheur).

Udmurto (urálico) esker– (investigar).

10. Vasco zigor (azote, varapalo, castigo, sanción, pena) Gipz. zigor.ka.tu (imponer una pena, sancionar, castigar) zigor.keta (sanción, castigo).

Húngaro szigor (sz=s) (severidad) szigorít (rendre plus sevère) szigor.buntetés (agravar la pena) szigor.ú (severo, riguroso) szigor.u.ság (severidad, rigor).

11. Vasco azken (último) (azkenaldia ez dut ikusi, no lo he visto últimamente). Ronc., Vizc. azkan (asimilación). K. M., F. H. V., -90, pág. 159: “Los ejemplos de desarrollo de I son muy abundantes ante sibilante más oclusiva: aizken, de azken”. Pág. 219: “Azken, acaso superlativo de oriental hatz (rastro, huella) occd. atze (parte posterior)”.

Finés äsken (reciente, hace un momento) äsken satanut lumi (la reciente nieve caída <última>) äsken kuulemamme puhe (el discurso que acabamos de oír).

Estonio äsja (recién) äsja küpsetatud leib (pan recién hecho).

12. Vasco bakan: raro, escaso, poco denso. Raramente. Poco, pocas veces. Hacerse escaso, separar(se), alejar(se).

K. M., F. H. V., 1990, pág. 70: “Bak(h)an. Bn. bek’an. Sul., bék’an”. Nota 18: “Estas formas parecen difíciles de separar de Bn/Sul. bakant (único aislado)”.

Finés vähän (poco, un poco, escaso) vähä (poco). Se vänha minkä olen oppinut (lo poco que he aprendido) vähä asiaa (Asia menor) vähin (lo menos) vähentää (disminuir) vähennys (reducción, disminución, aminoración, deducción).

Estonio väike (pequeño, escaso) vähenema (disminuir) vähesus (escasez).

Abxasio (caucásico del NW) áĝa (raro).

13. Vasco bera.n-du/berant/berantzen (tardar, retrasar(se), demorar, hacerse tarde) berantzen zait (se me hace tarde) beran.du.tu gabe (sin demorarse) beran·kor, berantiar, berant (tardío).

Udmurto (urálico) bèr (tarde, tardío, detrás) bere (después) ber·ad (detrás de ti).

Oseta (iranio) bairaedži kodton (je suis en retard).

14. Vasco asti (tiempo libre, disponible, ocio) ezertarako astirik gabe (sin tiempo para nada).

Davvisápme astu (tiempo libre).


56. Vasco kaio (2º).

“Gaviota argéntea”.

En el cuaderno Zoñán nº UNO (5/2020) examinamos en la ficha nº 5 el término vasco kaio. Concluía que no creía que la palabra vasca fuese un préstamo del latín o del romance y que también era perfectamente posible un préstamo del urálico. También me parecía, en contra de la opinión de Corominas, que el latín gavia no tenía un origen onomatopéyico. Y, finalmente quedaba por explicar la correspondencia del urálico, del itálico y del eslavo.

A las designaciones de la gaviota entonces recogidas, añado: armenio clásico, džai; qišwa, wanka qiwlla; aymará, qiwlla, qillwa; mapuche, kaw.kaw; chibcha.kuna (Panamá), kau.gau; abxasio, a.eš (Caucásico).

Me parece ahora probable el origen onomatopéyico de la base ӿk/q.v v/w en Eurasia (los indios americanos son euroasiáticos que cruzaron el estrecho de Bering) y sin perjuicio de las concretas y posteriores relaciones prehistóricas entre las diversas lenguas. En cuanto al kaio vasco puede ser patrimonial. O puede, también, ser el resultado de una sustitución del original vasco por un término latino (o romance), sustitución facilitada por la semejanza de ambos significantes.

BOLETÍN LITERARIO MINDONIENSE Nº TRES (OCTUBRE 2021)

POR CÉSAR CUNQUEIRO

  1. POEMAS
  2. POEMAS DEL MUNDO
  3. UN GRAN POETA DE GALICIA, M. GONZÁLEZ GARCÉS
  4. LOS IMPERIOS SECRETOS DE A. CUNQUEIRO
  5. UN MUNDO QUE SE ALEJA (QUINTA PARTE). LA SENDA DE LEZAMA A LA CIUDAD TIBETANA ESTELAR. FINAL.
  6. LIBROS EN EL CAMINO: ENCUENTROS CON CÉSAR ANTONIO MOLINA, DARÍO VILLANUEVA, J. L. ARSUAGA.
  7. ANALECTA DEL PARAÍSO (TEXTOS Y SUCESOS DE LA CIUDAD PARADISÍACA).

(https://cesarcunqueiro.home.blog)


  1. POEMAS

DESDE EL FONDO DEL MAR

VII. “LA POESÍA VENCERÁ

(A Salvatore Quasimodo, quien escribió: “La poesía resiste”)

Vengo de oscuras noches que se ocultan

Para guardar y no entregar sus lunas

A quienes olvidaron las palabras,

Ese sabor antiguo de los peces,

Que remontan el río hasta los labios.

Vengo de días claros y brillantes,

Miles de soles verdes es su seno,

Vengo de mares de extensión turquesa,

Alegres la galopan yeguas blancas,

Vengo del cielo, donde todo es vuelo,

Nada tiene peso, vengo del reino.

Llevo conmigo un evangelio nuevo,

Es de otro tiempo, de horas en camino.

Silencio, pues. Que crezcan soles, lunas

Y la plata incendiada de los peces

Entre el mármol violento de las olas.

Con fuerza se alza en mí la buena nueva

En rojo torbellino asciende y gira,

Caldera de volcán será la boca.

Lengua de lava verterá mis versos,

“Otro mundo es posible” van diciendo,

Mientras queman lo viejo las estrofas,

“Si los hombres habitan la poesía,

Si la ciudad humana rige el vate”.

__________

__________

VII. “PENSAR LA MUERTE, PENSAR LA VIDA

(A Lezama Lima, quien dejó escrito:

“Una oscura pradera me convida

Sin sentir que me llaman

Penetro en la pradera, despacioso

Ufano en nuevo laberinto

Una obscura pradera va pasando.”)

I.

Camino por mis horas que se acaban

Con luces de la claridad primera,

Trigo de soledad como alimento,

Sabroso pan de sombra y de silencio

En precisas raciones cada día.

Alegre, pero indiferente, libre,

Sin temor al fin, veo y acaricio

La sencillez del mundo y la belleza

De la humana morada milenaria,

Al incendio ajeno de los ridículos

Deseos que fatigan los sentidos

En carnaval de luces y ruidos.

Más allá, cosa alguna necesito,

Introduzco sutiles variaciones.

Un tenue resplandor, briznas de oscuro,

Rumor de fuente con su lengua fría,

O la verde pregunta de los bosques

Cancelo así la confusión atroz

De la barbarie, que, cortés vecina,

Saluda y busca el trato en cada encuentro.

“Me aparto”, palabra inmortal del vate

Que degüella el cansancio ante la Bestia.

Siguiendo voy la senda de mi vida.

Borrada la terrible sed, escucho

La música nacida de la tierra,

Entre flores de soledad, difícil

Flor, que malcrece al lado de la gente.

Brota natural un ritmo y da el paso

Que conviene a la plenitud del goce

Del vivir. Luego llegará la noche,

El sueño que no es sueño y el olvido.

Será luego, ahora caminamos

Y ya sabios, admiramos la simple

Construcción de la existencia, sentimos

El soñar de la flor que desvanece,

La familia que somos con la rosa.

Qué error pintar la vida como drama,

Grande historia de un trágico hundimiento

Decir destino, misterio, palabras

Semejantes, la angustia del sentido

O sin sentido, rumbos de la flecha

A un falso decorado de horizonte:

Leer la evidencia ¿es tan difícil?

Nuestros delirios no le pertenecen,

Un crecimiento finaliza en muerte,

No es pensable la vida sin su fin.

Sin embargo, sabiendo que soñamos,

Igualamos la luz de las estrellas,

Levantamos un mundo de belleza,

Un vino perfumado nos embriaga.

Caracola de sueños sobre frágil

Vida, dique al desierto y la marea.

El caracol que arrastra su vivienda

Es pariente de esfuerzos y temores,

¿Por qué no anhelos en su andar lento?

Todos los seres tienen en su vida

Una capa de sueños o deseos,

Piel de fina nieve, un arco tenso,

Apuntado con decisión al blanco.

Entusiasmo y ardor llenan la escena

Y, también, en su múltiple caída,

El variado telón es aplaudido.

II.

Buscando los lugares, plantas, aguas

Que derrotan la muerte irrevocable,

Los hermanos su vida derramaron,

Fatigados. Lejos, más lejos siempre,

Retrocede el secreto de lo eterno.

Gilgamésh anduvo hasta el fin del mundo,

El mar de Peng Lai navegó Shi Huáng Ti,

Bebió Ponce en la fuente prodigiosa,

Otros, muriendo, vencieron la muerte

En abrazo sangriento en la estacada.

Un número mayor, con mansa entrega,

Expresó su fe en dioses impotentes,

“En la paz del piadoso muero amigo”.

Por triste angustia todos olvidaron

Que no es sierva la vida de la muerte

Ni es la muerte el secreto de la vida

Ni hay misterio en el morir del hombre.

En flor inmensa se abren los momentos

Son ellos los pilares de la vida.

Exigen atención para ofrecernos

Su despliegue hondo de color y sombra,

Escuchar y mirar como el Auriga,

Nadar en lo profundo del instante.

Así vivir las vidas de la vida,

Abrazarla con todos los sentidos,

Parte de una belleza irrepetible,

Fragmento “que reconoce su imán”

Acento de perpetua melodía.

Sumergidos en pozos de vivencias,

Aguas de remolinos arcoíris,

Rompemos horizontes de tramoya,

Borramos la abstracción engañadora,

Sembramos existencia verdadera

Para segar en múltiple cosecha

La verdad anillada el instante,

De los sueños humanos fundamento.

Lo idéntico de seres y de cosas

Se refleja en sus espejos. Son rostros

De la verdad, de sueños verdaderos,

No los secos que pueblan el desierto,

La arena que alimenta flor sedienta

De religiones y filosofías.

En plenitud se engendran los caminos

Que son eternos si pensados breves,

Es decir, fuera del tiempo, un círculo,

Noria de instantes, rueda. Gira siempre

Mientras no rompe el vidrio el golpe bruto

De esa piedra banal llamada muerte.

Es preciso decirlo y repetirlo,

Vivir no es caminar hacia la muerte,

Un proceso en el tiempo irreversible.

Vivimos, al contrario, un calendario,

Todo en él vuelve, como vuelven soles,

Noches, lunas, mareas, repetimos

El retorno del cielo y de la tierra

Caracola marina prodigiosa,

Luz siempre nueva en que soñar el goce

Del instante, casa en la que morir,

Algo para vivir, no diferente

A la suave caída de la rosa.

III.

Es inmortal la vida del viviente

No da, en contra, buena razón la muerte,

Es muerte ajena, asunto cotidiano,

Lluvia que llueve, torrencial o mansa,

Avatares de cosechas maduras,

Quizá verdes, tejido de la vida.

Solo la propia muerte escandaliza,

Extrañeza, más allá de los límites

Que pone niebla en la visión de muchos.

¿Desconocen que el morir es vivencia

Que la vida nos da, para gustarla?

¿Y cómo hacer? La inexistencia propia

No podemos pensar, aunque se anuncie.

Metáforas del sueño y del reposo,

Una gran atención. Y la pregunta,

¿Qué imágenes de cosas o vivientes

Serán últimos viajeros del vuelo

Que partirá de la ciudad cercada?

Solo es fácil pensar la muerte ajena,

Nuestra muerte será para los otros

Muerte ajena, que confirma la vida

Y no la niega, ovillo que otros tejen.

El amable Epicuro lo sabía

En su jardín, hace veintitrés siglos.

¿El yo de Epicuro? No es su pregunta.

Es, será la pregunta de los hombres

Mientras el sol los dore. La conciencia

De Epicuro, radicalmente nada.

Nada en los millones de años antes

A su Atenas. En los siglos sin número

Que vendrán, por millones también, nada.

Como todos los seres, seré nada,

Ojos que abren un mundo y lo clausuran,

Un mundo irrepetible entre dos nadas.

De los mundos disueltos permanecen

Restos que flotan del naufragio, textos,

Imágenes, objetos, melodías,

Obras, arte, paisajes de la historia,

Huella inmensa del hundimiento humano.

Durarán, sí, lo que la especie dure,

Alimento que llevan las corrientes

A las playas de nuestras existencias.

Agradecer, empero, es necesario,

El azar que dispone la presencia,

El nacimiento. Eso es el misterio,

No la muerte. A los dioses soñados

Que beben humo en el altar de ofrendas,

Al ciego empuje de los hombres, gracias,

Gracias por la belleza de este mundo

Por el amor y el vino, por la noche

Y las fases aladas de la luna,

Por la canción del ave y de la niña

Por el agua de mares, ríos, fuentes.

Vivir. Morir después, ¿qué importa?

Nada.

¿Para qué escribir más, esa fatiga

Pensar sobre la ausencia mía, tuya,

Sobre conciencias, ya pura ceniza,

Que empuja hacia el olvido el fuerte viento?

Un día y otro seguirán las gentes

Con sus cosas, haceres y proyectos,

Quizá alguna tribu de los hombres

De tu escritura guardará memoria,

Y también el recuerdo de la familia,

Cada vez más borroso y mutilado.

Hay una hermana de las gracias dadas,

Tiene un dulce nombre, melancolía.

__________

__________

IX. “EL DEBER MÁS ALTO”

(A Ignacio Echeverría, quien al encontrar a la muerte, sin buscarla, luchó con ella, como un héroe antiguo)

Hay en la vida una exigencia,

A todos se dirige,

Es el deber más alto,

No puedes traicionarlo sin perderte,

Fraternidad con el sufriente,

Con aquel a quien humilla la barbarie

Y del goce de la vida excluye,

La vida irrepetible,

Que regala el azar del nacimiento.

Esa exclusión iguala el mayor crimen,

La máxima pobreza. Combatirla,

Puede a mortal peligro declinarte.

La ocasión no busques, temerario,

De ofrecer la vida reclamada.

Pero si ella te encuentra,

Sabrás que es el momento,

Sin huida posible ni refugio.

Armado con la espada del poema

Y el martillo duro de tu brazo

Golpearás con un furor antiguo,

Ya entre las sombras, antes de la herida.

Es tiempo de morir,

Viviendo el final, desde la cima

Degollando la muerte de las hienas.

Y nada se pierde, al llegar la hora,

Por entrar en la nada, adelantado,

Ganancia inmensa asciende tu figura.

Si al contrario, cedes temeroso,

Arrastrarás en vida el peso de tu muerte,

Hasta que te alcance la tierra,

Bien podrido.

Tú mismo serás juez,

El tribunal más alto,

Tuya la sentencia absolutoria,

Tuya la condena inamovible.

No importa que el sacrificio se olvide,

Que la gente desconozca,

Te declararás justo entre los hombres,

Dirás, muriendo

“Haya lo que haya o haya nada

Lo mejor, me ha sido dado”.

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X.  INSONDABLE ABISMO

Aspiro las imágenes del mundo

En la flor de mi boca, mariposas,

Capturadas. Las sorbo en mis adentros

Y luego en libre vuelo las exhalo.

Por lo desconocido avanzo lento,

Órbitas de gravitación inmensa

Aumentan el grosor de mis anillos

Mientras, huesos y carne, adelgazando,

Rostros, sombras, sin valor ya, desprenden.

Hasta el final vivimos en la imagen,

En morada que alberga luminosa

Las figuras en danza de la hoguera.

Sonreímos. Un paso adelantamos,

Artistas en el circo. En el aire

Bailarinas de fuego se entrelazan.

En cada imagen nacen abanicos

De infinitas varillas, y mudables,

En ebriedad de origen y progenie.

No reclaman, con gusto los regalan,

Todos se mezclan, danzan como abejas,

Caminos nuevos para nuevos mundos,

Íntimo impiden un saber de muerte

Aunque el vacío antiguo se dilate.

Las palabras fatales pronunciamos

Con modo grave y triste las decimos.

Cuando yo muera y tu sin voz me mires.

Un día no estaré, seguirá el mundo.

Pero, en verdad, ¿lo dicho comprendemos?

Ni enfrentados al espejo, testigo

De destrucción paciente, inexorable,

Ni a la muerte, si busca y nos encuentra.

Difícil explicar al río hirviente,

A nuestra roja sangre alborotada,

“Mi mundo es una estrella entre millones

Se extinguirá sin brillo y luego nada”.

Ausencia que se aleja en lo más hondo,

Galaxia en movimiento acelerado.

Se funden los milenios infinitos

Hasta antes y después del nacimiento,

Fragua atroz densidad sobre la ausencia,

Caída oscura, ahogada toda huella,

En abismo insondable, eternamente.

__________

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NUBES EN VUELO LENTO

I. ¿HABRÁ ALGUIEN QUE BARRA LAS HOJAS DE OTOÑO?

Pisé en agosto

Las hojas del otoño.

Tristeza!

Ningún mes dirá:

Me perteneces!

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II. BEBIENDO JUNTO AL MAR

Sobre el agua nocturna,

Rueda de luna.

El vino en la boca,

Un rojo estanque.

Oscuramente brillan mis ojos

Y el lomo negro del mar.

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III. PIANISTA DE HOTEL DE VACACIONES

Duerme el piano en sus manos

Como un cigarrillo aburrido

En unos labios cansados.

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CASAS Y CAMINOS DEL POETA

I. EL DESVÁN DEL POETA

(A mi padre)

Cereal sembrado en el alféizar

Para el gorrión amigo.

Islas de musgo

En la extensión gris de la pizarra.

Zurean las palomas.

La leña humea por las chimeneas,

Mientras se despereza, lenta, entre las brasas.

Al fondo, laureles sobre el monte Silva,

Barbado de verdes sotos,

Otro humo de nubes blancas.

El libro escogido,

Y olvidado un instante,

Sus páginas agita, sorprendido,

Tortuga en el lecho de su concha,

Descubriendo el cielo.

La mano, que el sol dora,

Acaricia, en su regreso,

Una copa grávida de vino.

Se desliza, pálido vino,

Ondulación ligera en el vestido,

Por cauce de sorbos lentos y amarillos.

El poema habla del poeta,

De Álvaro Cunqueiro.

Pero también de Li Po

Y de Wang Wei. Está Du Fu

Y Lezama… sabios,

Casa en la orilla de su tiempo,

A la riqueza indiferentes y al imperio.

Inquietos, sin embargo, preguntan

Por la flor perdida del cerezo

Y la voz marinera de las hojas

Que navegan curiosas el estanque.

Un perfume delicado asciende,

Corazón colorado de manzanas,

Que prefieren la gravedad del suelo

Al difícil equilibrio de las ramas.

Las manzanas tapizan un camino,

Senda que no es fácil y amenazan

Las siete cabezas del dragón de fuego.

El poeta, sin temor, la sigue,

Sabe cómo decapitar al monstruo,

La poesía es su arma y su caballo,

Con ella, llave de las puertas,

Alcanza su morada, llega al paraíso.

__________

__________

POEMAS DEL MUNDO

DOS PEQUEÑOS POEMAS HÚNGAROS DE AMOR

SZERETLEK

Lőrinc Szabó

Szeretlek, szeretlek, szeretlek

Egész nap kutatlak, kereslek

Egész nap sírok a testedért

Szomorú kedves a kedvesért

Egész nap csókolom a testedet

Csókolom minden percedet.

Minden percedet csókolom,

Nem múlik íze az ajkamon,

Csókolom a földet, ahol jársz,

Csókolom a percet, mikor vársz,

Messziről kutatlak, kereslek,

Szeretlek, szeretlek, szeretlek.

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__________

Te amo, te amo, te amo,

Todo el día te busco y te demando,

Por tu cuerpo lloro cada día,

Triste amante, por la amada.

Abrazo tu cuerpo cada día,

Todo minuto tuyo beso.

Beso todos tus minutos

En mi labio permanece su perfume

Beso el suelo que caminas

Abrazo el tiempo de tu espera,

Desde lejos te busco y solicito,

Te amo, te amo, te amo.

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TEDD A KEZED

József Attila

Tedd a kezed

Homlokomra,

Mintha kezed

Kezem volna

Úgy őrisz, mint

Ki gyikolna

Mintha éltem

Élted volna

Úgy szeress

Mintha jó volna

Mintha szívem

Szíved volna.

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PON TU MANO

Pon tu mano

Sobre mi frente

Como si tu mano

Fuera mi mano.

Y vela así,

Como quien mataría

Como si mi vida

Fuese la tuya

Y de tal modo ama

Como sería bueno,

Como si mi corazón fuese el tuyo.

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__________

(Desconozco eventuales traducciones al español y a otras lenguas europeas).

Un poema de Nâzim Hikmet, poeta turco fallecido en 1963 y que pasó largos años en las cárceles de los militares turcos. Figura en “Últimos poemas” (1959 – 60 – 61), D. Del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2000, en turco “Son siirleri”, Estambul, 1987. Traducción de F. G. Burillo. La presente traducción, aunque coincide a grandes rasgos con la de Burillo, como no puede ser de otra manera, presenta diferencias con la misma, lo que está en la naturaleza del proceso inacabable en que consiste una traducción.

El poema no lleva título, solo la fecha. Podemos nombrarlo por el primer verso:

”LAS CANCIONES DE LOS HOMBRES”

Más hermosas que el hombre

Son sus canciones. Hay en ellas

Más esperanza, una mayor tristeza,

Y una vida más larga, también.

Mucho más que a la gente, amé su canto.

He podido vivir sin gente,

Nunca sin canción

Que no me engañó jamás.

Cantasen en la lengua que cantasen

Comprendí siempre el canto.

Lo que he bebido o comido en este mundo

Los caminos pisados,

Y que cubrí de polvo,

Las cosas vistas y oídas,

Todo lo sentido y oído,

Nada, jamás, jamás, me hizo feliz

Como la canción.

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(Original turco)

Insanlarin türküleri kendilerinden güzel,

Kendilerinden umutlu,

Kendilerinden kederli,

Daha uzun ömürlü kendilerinden.

Sevdim insanlardan çok türkelerini

Insansîz yaşayabildim,

Türküsüz hiçbir zaman,

Hiçbir zaman beni aldatmadî türküler de.

Türküleri anladîm hangi dilde söylenirse söylensin,

Bu dünyada yiyip içtiklerimin,

Gezip tozduklarîmîn,

Görüp işittiklerimin,

Dokunduklarîmîn anladîklarîmîn,

Hiçbiri, hiçbiri,

Beni bahtiyar etmedi türküler kadar.

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Un poema de Wislawa Szymborska, que aparece en su libro Chwila (Instante). Tengo a la vista una edición bilingüe, con una buena traducción al español de G. Beltrán y A. A. Murcia Soriano. Excelentes el prólogo de M. Monmany y la nota final de los traductores. Ed. Igitur.

Efectúo una versión del poema “Pequeña jovencita arrastra el mantel” (Mała dziewczynka ścyąga obrus), en prosa, evitando la forma del poema (con versos que resultan artificiales en su prosaísmo o que suponen una recreación, otra poesía. Eso sí, con la máxima fidelidad al significado de los lexemas, también con fidelidad a los diferentes registros de la poeta (palabras coloquiales, empleo de diminutivos). El original polaco “Chwila” es de 2002.

“PEQUEÑA JOVENCITA ARRASTRA EL MANTEL”

Más de un año lleva en este mundo pero no todo ha sido explorado en él y puesto bajo control. Ahora están en prueba las cosas que por sí solas no se pueden mover. Para ello es necesario ayudarlas, desplazarlas y trasladarlas, empujando o moviéndolas de su lugar.

No todas lo desean, por ejemplo, el armario, el aparador, los tercos muros, la mesa.

Pero ya el mantel sobre la obstinada mesa, si por el borde se le agarra bien, muestra sus ganas de ir a pasear. Y sobre el mantel vasos, platitos, una jarrita con leche, cucharillas, una pequeña escudilla, hasta tiemblan de deseo.

Cosa muy interesante es el movimiento que elijan cuando ya oscilen en la orilla. ¿Caminarán por el techo? ¿Un vuelo alrededor de la lámpara? ¿O salto al alféizar de la ventana y desde allí al árbol?

Todavía no es esto asunto del Sr. Newton. Que se mire desde el cielo y haga señales con las manos.

Esto es un ensayo que debe ser realizado.

Y lo será.

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  • UN GRAN POETA DE GALICIA

MIGUEL GONZÁLEZ GARCÉS

De “Alrededor del mar” Col. Ágora, 1961, proceden los cuatro poemas siguientes. Gran poeta gallego y amigo fraterno de Álvaro Cunqueiro, desterrado de la poesía gallega por el sectarismo que gobierna la política cultural de Galicia, pero no olvidado.

Para reparar, aun en mínima medida, el ultraje a su obra y su memoria que supone dedicar la fiesta de las Letras Gallegas, una y otra vez, a poetas “cuyos versos nacen muertos a nuestro lado” y preterir una poesía “tan inmensamente hermosa… con rumores de fuente”, este boletín literario mindoniense lo reconoce “gran poeta de Galicia, con el derecho de figurar en cualquier antología de la poesía gallega, cualquiera sea la lengua del verso, gallego o español”.

“VIEJO TIGRE DEL ALMA”

Viejo tigre del alma.

Acechas las gacelas de las horas

A veces ya sin emprender el salto.

Hermoso cuello, apetecible fruto,

Casi olorosa vida.

Se escapan, vuelan, huyen,

Cerca de ti. Y pudieras.

Mientras los ojos brillan en los cañaverales.

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“Y BEBO LA QUIETUD”

Y bebo la quietud. La luz define

Con precisión la ría. Se me enreda

El agua entre los ojos y los pinos

Y dictan paz remansos de manzanos.

La colmena de aromas que susurra

En íntimo sosiego de floresta

Es lenta mano azul que condujese

El tiempo hasta la altura de un espejo.

La plenitud pujante de los trigos,

Las barcas que resbalan de puntillas

Por las aguas delgadas del momento,

El crepitar de pétalos quebrados

Y el trino de la flor o la campana.

Y ante el santo fanal de los misterios

El cerezo se posa de rodillas

Para mirar en mí y consolarme

Del leve gris que en el silencio pasa.

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“MINERO DE LUZ”

Con el constante pico de mi ansia

Retiro los escombros. Muevo el fango.

Aparto las arenas. Ahondo en tierra,

Y yo cavo en mi alma.

Ya no importan el pájaro o la nube,

El rocío y el árbol.

Quiero ir dentro.

Escondido diamante. Cavo el alma.

Sombra de las campanas. Una gruta. Un crepúsculo.

Pero cavo más hondo.

Barrosa tierra. Tierra dura. Piedra.

Afilo mi entusiasmo. Socavo intensamente.

Las manos ya son humo. Pero el pico se ahonda.

Y recorro sonámbulo

El corredor siniestro de sordas negaciones.

Lenta muerte de lámpara me acecha.

Voy apartando piedras y palabras,

Hallo viejos ensueños sepultados,

El tiempo ya cegado del recuerdo.

Pero cavo más hondo.

Busco la pura luz. La interna estrella.

Y cavo más. Ahondo.

Roca. Vetas de luz. De nuevo piedra.

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“MUERTE DEL VERSO”

El tiempo con su garra de jazmines

Que huele lentamente y acaricia,

Aprieta, va matándonos, nos mata.

Sólo la voz escrita, enredadera

Dudosamente eterna ni aun perenne

Va trepando por humo del ensueño.

¿Quedará nuestra voz más que nosotros?

Llorosa arcilla en luz interrogante

De los huesos del alma punzadora

Si sentimos, columna derribada,

Morirse un verso nuestro a nuestro lado

Más mortal que nosotros todavía

En niebla de las horas deshojándose.

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  • LOS IMPERIOS SECRETOS DE ÁLVARO CUNQUEIRO

PRIMERA PARTE: UNA CIUDAD A LA MEDIDA DEL HOMBRE

D. Miguel González Somovilla ha reunido en un hermoso volumen bajo el título “O labirinto do imperio secreto” los artículos escritos por Cunqueiro sobre “El imperio secreto”, en diversos periódicos y revistas (La noche, Faro de Vigo, Destino y Sábado gráfico). El libro constituye la publicación nº III de la colección “Selva de esmelle” de la casa-museo Álvaro Cunqueiro, de Mondoñedo, colección de la que es director el profesor y crítico literario, D. Armando Requeixo.

Como explica Somovilla en su interesante y detallada introducción, el artículo inaugural de la serie apareció en La noche el 10-12-59. En él Cunqueiro (en adelante, A. C.) recuerda unas notas suyas sobre un artículo publicado en 1928, en una revista francesa, sobre un imaginario imperio secreto por E. A. Chartier.

A continuación aparecen ocho artículos sobre el Imperio Secreto (en adelante, I. S.), siete en el año 1960 y uno en 1961 en el mismo diario de La noche y de los que en el libro de Somovilla aparecen seis (“por razones de espacio o reiteración de contenidos”) si bien hace referencia sucinta a los excluidos en la introducción. Del año 1961 es también otro artículo sobre el I. S., publicado en Faro de Vigo.

Aparte el artículo inaugural sobre el origen francés del I. S., los artículos que aparecen en el trabajo de Somovilla son los siguientes: “Historia de una fiesta”, “Los doscientos espías”, “Por la paz”, “El cantar del otoño”, “La última máquina”, “La capital invisible” (todos en La noche) y “Del Imperio Secreto” (Faro de Vigo). Los mencionados y cuyo texto no se recoge son dos artículos, publicados en La noche,Por la destrucción a la gloria” y “La reeducación del negro”.

Tenemos después una solución de continuidad que abarca un período de diez años. Durante ellos y no obstante el enorme número de artículos de A. C. publicados, no aparece mención alguna del I. S. Debemos esperar a 1971, año en el que Faro de Vigo publica cinco artículos de A. C. sobre el I. S. (“El laberinto del Imperio Secreto”), que proporciona el nombre del trabajo de Somovilla, “La técnica y la esperanza”, “Los flautistas”, “El índice de oro” y “La pedagogía en el Imperio Secreto”.

En 1972, otro en Faro de Vigo “La mántica por las erratas”.

En el semanario Destino aparecen tres artículos del I. S. “Otras noticias del Imperio Secreto” (1972), “En el Imperio Secreto II” y “El Imperio Secreto” (1973).

Faro de Vigo publica otros dos, “El confuso lector de provincias” (1974) y “XVIII Dinastía” (1975).

El semanario Sábado gráfico contiene el último referido al I. S. “Elecciones en el Imperio Secreto” (1976).

No recogido ni mencionado en Somovilla, se publicó en Destino (1972, nº1830) “En el Imperio Secreto I”. Si bien el autor del laberinto lo tuvo a la vista pues manifiesta que seleccionó tres de los cuatro artículos aparecidos en Destino. Cierto que no tiene gran importancia para elucidar la concepción cunqueiriana del I. S. pero, como veremos en la segunda parte de este trabajo, aclara algún aspecto del horizonte cultural de A. C. en su creación del I. S.

Finalmente menciona Miguel Somovilla un artículo “La sexadactilia en el Imperio” (Faro de Vigo, 1972) que omite en la selección “por las mismas razones de paginación y encaje señaladas con anterioridad”, no lo he podido leer hasta la fecha (se tendrá en cuenta en la segunda parte que estudia los artículos 1971 – 1976 bajo el nombre de “El imperio burocrático”).

Tiene razón Miguel S. cuando escribe en su introducción, hablando del silencio de diez años “salvo nuevos hallazgos que insisto en no descartar, la hemeroteca cunqueiriana resulta inabarcable”. Estas palabras las generalizaría yo a toda la vida de escritor de A. C. pero, en fin, con el corpus reunido por M. Somovilla podemos afrontar con suficientes garantías el estudio del I. S. de Cunqueiro, en mi opinión “Los Imperios Secretos” por lo que expondré. La posible aparición de cualquier artículo, hoy desconocido, sobre la materia, no supondrá, lo contrario es sumamente improbable, fundamental alteración del cuadro general del Imperio o los Imperios Secretos. Todo lo más, aclaraciones, matizaciones o confirmaciones particulares.

En su excelente introducción M. Somovilla realiza una serie de afirmaciones en las que expone su parecer sobre lo pretendido por A. C. con su I. S. y plantea una serie de interrogantes. Por el interés e importancia de los problemas que considera, las extractamos brevemente: “no constituyen (las series de artículos) un relato lineal y acabado del I. S. pero mantienen bastante coherencia y comparten una misma visión, la de Cunqueiro y sus circunstancias”. “Este peculiar mundo feliz que evoca de inmediato diferencias y semejanzas con otras famosas distopías librescas publicadas en la primera mitad del siglo XX (Huxley, Orwell, Bradbury…)” y “es muy verosímil que A. C. nunca tuviese la intención de escribir una obra cerrada del I. S., con principio y final y que tan solo pretendiese con estas crónicas buscar un escape periodístico y un juego literario en diferentes momentos de su vida profesional. Sea como fuere, este divertimento permitió a A. C. crear, sin más límites que los de su fantasía, los modelos de organización social, cultural y política de un universo creado a su antojo y a su medida”. “Parece indicar la inexistencia de un proyecto deliberado y definido”. “No permite inferir con seguridad si A. C. pretendió ejercer determinada crítica social y política con el I. S. o solo lo escribió como pasatiempo literario”. (No tenemos) “la intención de presentar lecturas cerradas y exégesis concluyentes. El I. S. cunqueiriano es una obra abierta, inacabada, tan arriesgada de interpretar como los sueños”. De nuestro estudio sobre el I. S. de A. C. resultarán los argumentos de acuerdo o desacuerdo con estas observaciones, siempre importantes.

En el examen de los Imperios Secretos cunqueirianos (o de los Imperios Secretos primero y segundo, aplicando una numeración con la que distinguió dos artículos de la serie de los años setenta) es conveniente no ceñirse al conjunto reunido por Somovilla en su libro sino completarlo con diversas narraciones de A. C., aparecidas en los diarios y semanarios citados y que guardan estrecha relación con el mismo, aunque formalmente no pertenezcan al I. S. dichas narraciones o llevan idéntico (o parecido) nombre que las que constituyen el I. S. I (y tratan de los mismos y grandes peligros que amenazan al ser humano, con variaciones en el enfoque) o bien llaman la atención sobre catástrofes, nuevos jinetes del apocalipsis, presentes en el horizonte histórico del escritor y que siguen aún hoy presentes en su galope contra esa “paz europea y cristiana” anhelada por A. C.

Para el I. S. I “Una ciudad a la medida del hombre” escogimos los siguientes artículos extravagantes: “La última máquina” como complementario del de igual nombre (nº 6 Somovilla, nº 5 nuestro). “El potlach de los gallegos” (S. G. nº 1232/1981), pareja de “Por la destrucción a la gloria” (mencionado pero no incluido en la selección de Miguel) y el “Monstruo llamado terror” (La noche, 5-XI-1960), un tema que preocupó constantemente a A. C. En “Destino” nº 1833 de 1972 ( y con igual título) publicó una versión breve pero con un final que actualizaba históricamente el terror intemporal del primer trabajo. Y en S. G. nº 1041/1977 aparece “La afición al terror” que relaciona de manera muy original el terror-ficción y el terror real. En el artículo de “La noche” no hay emperador sino rey, sin embargo, comparte atmósfera y advertencias de las amenazas de la ciudad humana con los de la serie I. S. I.

Para el artículo “La reeducación del negro” (L. N. 1960) he tenido en cuenta “Cosas de negros” (también en L. N., 1960). “La reeducación del negro” ocupa una posición marginal dentro del espíritu que anima al primer Imperio pues claro es que la desordenada descolonización (y sus crímenes) de los sesenta no admite parangón con los peligros que se acumulan contra lo humano en el hombre ni entra en el catálogo de los mismos. Pero la confusión de los tiempos descolonizadores está en el horizonte vital de A. C., confusión originada en gran parte por las políticas de explotación colonial de las grandes potencias con su acompañamiento de crímenes, masacres e incluso genocidios (v. g., Congo y Namibia) y las posteriores fronteras artificiales. Todo ello, constituye una página indigna de esa “paz europea y cristiana” y merece, en muchos casos, el nombre de “un monstruo llamado terror”. Así ambos artículos encuentran su lugar en la serie.

M. Somovilla escribe, con relación al artículo de Faro de Vigo de 16.N.61 “Del Imperio Secreto” (y que cierra nuestro I. S. I) “el registro literario cambia de forma apreciable. Ya no se ven referencias expresas a las noticias del día… Se trata de un relato independiente”. Estas afirmaciones conviene matizarlas. Es cierto que en ese relato las figuras de la imaginación cunqueiriana y esas transformaciones que gusto de llamar “paradisíacas” juegan un papel ausente (o casi) en los otros artículos de la serie. Pero también están presentes en “Los doscientos espías”. Y la atmósfera general es, en ambos relatos, muy pareja. Lo realmente importante es el tema de fondo: la carrera de armamentos y los problemas del desarme, las amenazas a una paz que “seguía siendo precaria”. Tema que era “la noticia día” como lo sigue siendo en la actualidad, tema tratado, eso sí, literariamente y con brillante literatura.

Una década separa las dos series de narraciones del I. S., la de “los sesenta” y la de “los setenta”, o primero y segundo Imperio. El primer Imperio es el de “la paz europea y cristiana”, un Imperio europeo en el que el ser humano ocupa el centro y en el que todas las políticas imperiales se dirigen a conjurar las gravísimas amenazas que contra la condición humana engendra el desarrollo de la civilización, no solo en los llamados “estados exteriores” también en el seno del I. S. Por ello llamo a este primer Imperio “una ciudad a la medida del hombre” que trasciende las fronteras y abarca idealmente el reino de lo humano y en la que “el emperador… se había transformado en el defensor del hombre… como antaño los reyes en defensores del pueblo contra los grandes feudales”. El primer Imperio es la lucha por el hombre y ejemplo claro de las constantes e indesmayables ocupación y preocupación cunqueirianas con y por la dignidad humana. Y evidencia de lo absurdo de esas críticas y reproches que sufrió con paciencia A. C. sobre una supuesta torre de marfil que sería su clausura y en la que daría libre curso a una fantasía ahistórica, indiferente a las urgencias humanas. Todo ello fruto de la ceguera e incomprensión de tanto pigmeo que acompaña a los gigantes en su peripecia vital. Y en el caso de quienes no pueden ser encajados en dicha condición enana, sus gafas ideológicas, enemistadas con la luz, los incapacitaban temporalmente para ver. Sin embargo, la evidencia era fácil de leer, estaba a la vista. Muy gruesos y opacos tenían que ser los anteojos ideológicos.

Luego una pausa de diez años. No hay que buscar significado alguno a la solución de continuidad. A. C. encontró en su memoria una brillante idea, el I. S. de Alain, y la utilizó para exponer literariamente graves problemas para la condición humana, originados en el propio devenir de lo humano y que estaban en el horizonte del escritor como están en el nuestro, en muchos aspectos agravados, problemas con una posibilidad permanente de entrar en crisis. La forma o vestidura del I. S. le sirvió para exponer su preocupación por tales problemas (y medidas y reformas posibles para contrarrestarlos) con bello pero, como es natural, no “paradisíaco” estilo literario, salvo en “Los 200 espías” y “Del Imperio Secreto” donde la proliferante imaginación y las transformaciones paradisíacas convienen perfectamente a los problemas concretos del desarmen, como veremos con detalle.

Como decía antes, la preocupación y el combate por la dignidad de la persona es consustancial a la obra literaria de A. C. y duró lo que su vida. Pero la fertilidad de las fórmulas literarias se agota y otras muchas y variadas, sin la severidad constrictiva de la idea de Imperio, de limitada validez temporal, planta abocada a pronta sequedad de sus raíces, permitieron al escritor expresar literariamente y más libre e imaginativamente, aquella preocupación y aquel combate. El I. S. dejó de ser útil, por lo menos temporalmente.

Pasaron diez años. Los viejos problemas (por ejemplo, la carrera atómica y el desarme, la relación del hombre con la máquina y el diálogo con la técnica, el desarrollo científico sin control, la pena de muerte, las dictaduras terribles con sus innumerables crímenes, el racismo…) permanecen y se hallan presentes a escala planetaria. En España además son los tiempos del último franquismo, asesino hasta el final, y del proceso de transición a la democracia. Cobra entonces plena actualidad la problemática del lenguaje político, de los políticos, ya sean los que forman parte del poder franquista, intransigentes o aperturistas más o menos convencidos de la inviabilidad futura de la dictadura, una vez muerto el dictador, ya de la oposición no rupturista. Unos y otros, con mayor o menor timidez y audacia, realizan propuestas de apertura de los cauces políticos en las que el protagonista es el uso del lenguaje. Ante los tabúes políticos de la época, palabras que dejan envueltos en la niebla los verdaderos propósitos e intenciones, sujetas a interpretaciones contrapuestas que satisfacen a unos y a otros y permiten un mínimo diálogo. Dicho lenguaje no aparece de modo explícito conectado con su referente, que permanece oculto y solamente se sospecha. Bajo las mismas palabras se ocultan dos objetivos irreconciliables: mantener el sistema (con los retoques necesarios) o el establecimiento de una democracia homologable con las europeas.

Menciona A. C. en un artículo publicado en “Destino” un libro de Rodrigo Fernández Carvajal “La Constitución Española” (a través de una cita de J. M Gil Robles), (F. Carvajal): “unas realidades políticas sistemáticamente camufladas, revestidas de un vocabulario incongruente, fomentan el cinismo de los políticos, que se acostumbran poco a poco a verbalizar sin conexión con la realidad… por lo tanto, la reforma de la política ha de ser una reforma verbal: hay que llamar a las cosas por su nombre, la primera misión de la teoría política contemporánea es denominadora y bautismal”. A. C. glosa “yo creo que no solamente de la teoría política contemporánea. Esto ya lo sabían los chinos allá por el año dos mil quinientos antes de Cristo…”. Efectivamente en el pensamiento confuciano y neoconfuciano son centrales cuestiones como las de la inadecuación de los nombres y las cosas que origina el discurso incoherente y, en último término, el mal funcionamiento del Estado, de lo que se deduce la imprescindible rectificación de los nombres y la necesidad de un diccionario que “nombre las cosas con exactitud” lo cual “forma parte de una buena política” (A. C.)

Por todo ello, la China imperial se impuso inmediatamente a A. C. como metáfora para tratar la actualidad política de su época, no solo del lenguaje político sino también de los intereses particulares de unas élites, manipuladoras de las instituciones y para las que el ser humano individual no es la prioridad.

Se ha dicho que “desde Confucio que desarrolló el mandato celeste, parece que el pensamiento chino sea indisociable del de las dinastías” y así, las dinastías imperiales encabezan los artículos del segundo Imperio o “Imperio burocrático”, por el papel que juega la burocracia imperial de nobles, eunucos y mandarines y la primacía de sus intereses. Claro que la potencia sugeridora de la China imperial y el interés de A. C. por la “literatura celestial” y por la poesía clásica china, independizan ampliamente estos relatos de su anclaje en la actualidad del momento y van mucho más allá. Por otra parte la propia cultura china (v.g. los inmortales que vencen a la muerte, los treinta y seis mil dioses que habitan el cuerpo humano, carne de unicornio como parte de la dieta para lograr la inmortalidad o los melocotones sitos en la pared de un abismo que, consumidos, evitan la muerte… El propio Confucio contempló un unicornio, augurio de su pronta muerte) excita la imaginación cunqueiriana con la consecuencia del despliegue de las figuras de su fantasía y de las transformaciones “paradisíacas” de este “imperio burocrático” (con ecos también de la burocracia imperial bizantina).

Lo examinaremos con detalle. “Deo volente” en este boletín, en el nº 4, 1º semestre-2022, con inclusión de artículos extravagantes complementarios y la consideración, en lo posible, de las fuentes manejadas por A. C. Basta ahora con lo dicho. Lo que quiero destacar es la neta separación de los dos Imperios Secretos, patente en la clase de imperio, el papel del ser humano, en la política imperial, las finalidades perseguidas por A. C., el diferente registro literario, los horizontes de actualidad subyacentes, los universos culturales en que ahondan sus raíces ambos imperios.

No constituyen ciertamente mundos estancos. Elementos de las respectivas tradiciones culturales se hallan presentes en uno y otro. Por ejemplo, en el primer Imperio, los mandarines son omnipresentes, en el segundo se cita a Romeo y Julieta, Holanda, trágicos griegos y a la escuela de medicina de Salerno… Son anécdotas del paraíso cunqueiriano, mal llamado anacronismo. Pero si no distinguimos los dos Imperios Secretos es imposible el análisis de la creación cunqueiriana como un conjunto coherente y solo resta un manojo de anécdotas.

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EL PRIMER IMPERIO SECRETO O “UNA CIUDAD A LA MEDIDA DEL HOMBRE

SU UBICACIÓN ESPACIO-TEMPORAL

La geografía del Imperio no se precisa exactamente. Coincide aproximadamente con los límites de Europa. “De Cangas del Morrazo al Danubio” se dice en uno de los artículos y en los que integran esta primera serie se mencionan Edimburgo, Tara de Irlanda, Turingia, Aquisgrán, O Cebreiro, Roncesvalles, Oxford, Holanda, Salerno, Paz Europea, Santiago de Compostela, París, así como las capitales de los “Estados exteriores”, Moscú y Washington. De este imperio europeo se excluye expresamente al “gran turco” y, sorprendentemente, en el artículo de la segunda serie “en el I. S.” se habla de “en países neutrales, en Venecia incluso”, pero este imperio burocrático ya no es un imperio europeo.

En cuanto al plano temporal, en el artículo “La destrucción por la gloria” resulta que el imperio es posterior a los años sesenta del pasado siglo y, sin embargo, en “El cantar de otoño” se pregunta Cunqueiro “¿pero dónde estaba en 1900 el emperador y la muy noble ciudad de Aquisgrán?”

En realidad no merece la pena preocuparse por la cuestión temporal de un imperio ahistórico y sobre todo en el texto paradisíaco de Cunqueiro donde las diferentes épocas históricas se yuxtaponen, convirtiéndose en espacios vecinos de una única ciudad lo que permite el encuentro de los caballeros artúricos, del Minnesänger Gualterio y de la fábrica Renault. El primer imperio aparece como una posibilidad europea de defender la primacía del ser humano y la paz y al servicio de tales objetivos se vinculan las políticas imperiales en cuyo diseño, además del emperador, juegan un gran papel “los mandarines de pluma” y los poetas (precisaremos esto luego). El primer imperio, como corresponde a una ciudad a la medida del hombre es también un imperio poético. Los ciudadanos son educados emocionalmente y en una política de humildad, al tiempo que los caballos de la política y la evolución técnico-científica están gobernados por las riendas en manos del amor y la poesía. Y la poética al servicio del crecimiento de la humanidad en el hombre, del “ren” que diría Confucio.

Pero una cosa es el tiempo paradisíaco del imperio y otra, las graves amenazas para el hombre con que se enfrenta el imperio y a las que trata de poner remedio. Ellas son reales y contemporáneas, presentes en el horizonte histórico del escritor y, muchas agravadas, en el nuestro. Frente a ellas, con la vestidura del I. S., A. C. imagina políticas de salvación de lo humano en el hombre, incluso, amenazado por “potlach” nuclear, para evitar su pura y simple desaparición. Por eso en este primer imperio no hay pasatiempo o juego literario alguno, excepto en aspectos marginales o puramente técnicos en el desarrollo de las políticas imperiales, en los cuales se desenvuelve libremente la imaginación cunqueiriana. A. C. está gravemente comprometido con el ser humano y defiende medidas y soluciones que, de ser ejecutadas, harían posible esa ciudad humana que es el 1º I. S. Otro mundo sería posible si la ciudad humana la rigiera el vate. En mi opinión, en este 1º imperio no hay “crítica social o política”, hay “reacción frente a gravísimos peligros”. Ni es este imperio “un peculiar mundo feliz” que “evoca de inmediato… otras famosas distopías librescas… Huxley, Orwell, Bradbury…”. No hay voluntad cunqueiriana de construir una utopía o una distopía, sino, simplemente, de desplegar políticas, racionales y posibles que salvaguarden al hombre y su humanidad de las amenazas (pena de muerte, predominio y tiranía de la máquina y de la tecnología en general sobre el ser humano, carrera armamentística y holocausto nuclear, el terror de las bestias dictatoriales que florecieron en el siglo XX).

Este 1º I. S. permitió a A. C. aportar su contribución contras las principales amenazas a lo humano, vigentes en su tiempo. La lucha para nosotros continua pero no se puede, pienso, calificar de “inacabada” la creación cunqueiriana. Tampoco decir “tan arriesgada de interpretar como los sueños”, según lo expuesto, el escritor expuso con claridad sus intenciones, no hay ninguna nebulosa onírica.

Cuando estudiemos “el imperio burocrático” algunas de estas afirmaciones deberán ser matizadas.

Es hora ya de entrar en el examen particular de los quince artículos (recogidos en M. S., mencionados y no recogidos y extravagantes) antes enumerados, agrupados por temas: pena de muerte (1), la máquina (2), carreras de armamento, desarme y amenaza nuclear (6), terror (2), y poética del imperio (2). Finalmente, dentro de la confusión del siglo por una descolonización desordenada predeterminada por una colonización, una y otra fruto del imperialismo explotador de pueblos y destructor de culturas con sus secuelas de crímenes, miseria y emigraciones (todo lo cual es también una amenaza para la ciudad humana), examinaremos los artículos sobre los negros (2).

UNO. HISTORIA DE UNA FIESTA

(TEMA PRINCIPAL: PENA DE MUERTE)

En el primer relato del I. S., éste tiene una presencia esvaida, telón de fondo de sus ciudadanos que celebran una fiesta, se supone que por la abolición de la pena de muerte en el imperio, el dos de mayo de cada año, aniversario de la ejecución de un hombre, Caryl Chessman, en uno de los estados exteriores. Los mandarines, dice el texto, destinaban el día a escucharse mutuamente solemnes alegatos contra la pena de muerte.

Veremos los significados de la palabra mandarín en el uso cunqueiriano, al comentar la poética del imperio sobre todo en el examen de la administración del “imperio burocrático”. Basta decir aquí la ecuación mandarín = elite gobernante y que confirma la política del imperio contra la pena máxima, con su verdugo jubilado convertido en una atracción folclórica.

Los fines espurios que se persiguen siempre con la pena de muerte están bien clarificados por A. C., fines que no tienen nada que ver con la justicia. “Un hombre, una vida” escribe A. C. “unos pobres años, una triste vida”. “Y hubo mucha gente que sintió asco, y muchos rezaron para no tener tanto asco”.

Asco era palabra muy repetida por A. C. cuando los medios anunciaban ejecuciones, tan numerosas en sus años. Lo recuerdo demudado ante una fotografía de prensa de 1960, en la que aparecían colgados de la horca Menderes y dos de sus ministros, ejecutados por los militares turcos golpistas. “Derrota de la condición humana” (o algo semejante) dijo.

Paradójicamente y frente a su rechazo total a la pena de muerte, sentía atracción, como motivo literario, por el personaje del verdugo y las clases de nudos corredizos de la horca. Con frecuencia escribió de estos asuntos. En rápida revista recogemos: “Napoleón III contempla una horca de oro” con el poste y la cuerda alzado, haciendo el lazo (Destino 66, nº 1525) “La técnica de la decapitación” en la Península Arábiga (Destino 1975, nº 1975). “Los verdugos de Francia” (D. 1967, nº 1546). Ahí podemos leer: “el abuelo enseña el oficio a un nieto de nueve años, ahorcando muñecos en una horca de juguete. En la cocina arde un hermoso fuego. El abuelo imita sobre la mesa con los dedos el redoble del tambor. Es una escena encantadora”. “Repuesto de verdugos” (D. 1974, nº 1943) sobre la horca inglesa y la española “de balcón”, aquí califica el libro de Daniel Sueiro sobre los verdugos españoles de “estupefaciente” (recuerdo como lo leyó y sus comentarios sobre las anécdotas en él contenidas). En un artículo de Sábado Gráfico (1976 nº 1016) escribe: “nunca me he preguntado de dónde me ha venido una cierta afición a la horca, a las diversas formas de ella, a las varias maneras de ejecutar la obra en la misma y a los nudos de reglamento”. Por supuesto no podemos olvidar “Las crónicas del Sochantre” con las historias de los “éxecuteurs des hautes oeuvres” de Nancy. Es sin duda el verdugo un tema querido en la narrativa de A. C. quien lo pinta en general en apacible vida familiar y en armonía con sus días, con una disposición inventiva y de mejora de su oficio y una tendencia al juego y al teatro en el ejercicio del mismo para diversión y aplauso del distinguido público.

Como siempre en Cunqueiro, el cauce por donde fluye el río del tema principal presenta rincones y brazos secundarios, lugares propicios para el crecimiento de la imaginación cunqueiriana. Así, en “Historia de una fiesta” se explica el cese del verdugo de Edimburgo, el actor Marlon Brando, teorías conspirativas en relación con la ejecución de C. Ch. (tan vigentes entonces como hoy) también aparece el tema (verdadera plaga en nuestros días) de lo políticamente correcto con la noticia de la quiebra de la rama cinematográfica de la gran publicidad al obligar la ONU a los productores de Hollywood a rectificar todas las películas del oeste en las que hubiera algo ofensivo contra los pieles rojas.

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DOS. TEMA: LA MÁQUINA, PODER INDEPENDIENTE, CAMINO DEL DOMINIO SOBRE HOMBRE.

Trata este asunto A. C., como ya dijimos, en dos artículos: “La última máquina” (nº 6 en el libre de M. S.) y “La última máquina” (igual título, D. nº 1971 de 1975).

En el primero, se cuenta como los gobernantes del I. S. ordenaron el envío de nuncios que recorrieran el imperio para observar las señales de los tiempos, si se aproximaban mudanzas y si había “puntos de podredumbre”, y qué los producía. Sobre la naturaleza de estos nuncios o embajadores diremos al examinar la poética imperial. En su viaje de inspección dejaron para el final la visita a las grandes concentraciones industriales “a cuyo frente estaban poderosos técnicos que toleraban mal la intervención de la cancillería imperial, a la que acusaban de espíritu poético, incitación a la vagancia, ánimo reaccionario, incapacidad científica y miedo a la máquina”. A. C. realiza una acertada síntesis de los sentimientos y prejuicios de estos tecnócratas, para los cuales humanismo, poesía, “necesidad humana de esperanza y caridad” son palabras vacías.

Los inspectores imperiales se encuentran en la fábrica Renault con un cerebro electrónico que decide los miles de empleados que deben ser despedidos, recogiendo los datos suministrados por otras máquinas, entre ellos, las ideas de los trabajadores. Los embajadores quedaran “profundamente aterrados” ante “uno de los más profundos puntos de podredumbre”. El cerebro fue destruido, la “última máquina que se permitió inventar en el imperio. El hombre, ya había inventado bastante”. Cuestión esta del máximo nivel tecnológico compatible con lo humano del hombre que surge hoy, especialmente en el terreno de la comunicación, aquí y allá, en el seno de comunidades, y también personas individuales que no desean traspasar ciertos límites y los imponen a la exacerbación de la tecnología.

Los embajadores imperiales sostenían que un sistema basado en las recomendaciones e influencias era tan eficaz como el cerebro electrónico pero, además conforma con la condición humana.

En una de las grandes novelas chinas de la china imperial, “Historia externa del bosque de letrados” de la que es autor Wu King Tseu, un importante letrado le dice a otro, un poco avergonzado por no haber pasado el sistema de exámenes, directamente nombrado por el emperador “el nombramiento por recomendación es una institución importante”. Se trata de un tener en cuenta las cualidades y circunstancias de alguien que quizá solo se pueden poner de manifiesto en una relación interpersonal, precisamente la que las máquinas suprimen u obstaculizan, tendencia agudizada en nuestros tiempos y especialmente en esta época de pandemia o postpandemia.

Como las prácticas humanas de la Renault de 1960 no son una flor aislada en el capitalismo mundial, al contrario, son las que lo definen, podemos deducir “el horror”, “el estar profundamente aterrado” de A. C. ante el capitalismo. A. C. no era un revolucionario, evidentemente, pero estaba profundamente comprometido con la condición humana, con el diálogo entre los hombres no falseado por el mercado y la violencia económica. Algo más se escribirá sobre esto, al final de la segunda parte, al considerar los aspectos confucianos del ser y vida de A. C.

En el artículo “La última máquina” publicado en Destino, quince años después, A. C. escribe de una máquina aparecida en Inglaterra (según los periódicos) capaz de denunciar inmigrantes clandestinos. Califica a la máquina de sucia. Imagina que será la primera de una serie de máquinas dedicadas a la delación y se pregunta: ¿quién va a establecer la moralidad sobre la que van a actuar estas máquinas? Problema acuciante hoy con la inteligencia artificial (v.g. los robós conductores en el tráfico automovilístico que ya aparecen en el horizonte). El final del relato es magnífico y merece ser transcrito íntegramente: “el combate máquina-hombre es una traición al espíritu humano y una trampa para la mente razonable e imaginativa”. “Un hombre con muchos sueños circulando por la ciudad y siendo delatado sucesivamente por una docena de máquinas… un personaje de Pirandello, por ejemplo, pasando ante esa docena de máquinas. En fin, ¿cuándo los hombres van a avergonzarse de sí mismos?”.

En la ciudad a la medida del hombre que es el primer I. S., el emperador “que defiende al hombre frente a la máquina” y, más en general, los poetas y letrados humanistas que controlan al gobierno imperial, garantizan el triunfo de lo humano. ¿Pero en nuestras sociedades? Hay una revolución pendiente e imprescindible, el gobierno del humanismo y la poesía. Por improbable que sea, sentimos el peso de la gravitación de esa ausencia.

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TRES. CARRERA ARMAMENTÍSTICA, DESARME, HOLOCAUSTO NUCLEAR.

A. C. trata el tema en cinco artículos “Los doscientos espías”, “Por la paz” y “Del Imperio Secreto” (nº tres, cuatro y ocho de M. S.) y los dos “Por la destrucción y la gloria” y “El potlach de los gallegos”.

Empecemos examinando el relato “Por la paz”. Las primeras palabras constituyen una declaración categórica. “Los habitantes del I. S. amaban la paz y los honorables mandarines, tanto los de pluma como los de lanza” que discutían “la compleja política imperial compartían el vehemente deseo de sus súbditos”. De momento traduzcamos “mandarines de pluma y de lanza” como gobernantes, a reserva de examinar más tarde la expresión. Pues bien, los gobernantes del I. S.  con “la esperanza de una larga, humana, civil, cristiana paz” apoyaban todos los planes de desarmen, fuese cualquiera su procedencia”, sin ingenuidad alguna, estaban “lejos de una concepción idílica de la historia universal”, sabían que “la paz seguía siendo precaria”, “que siempre estará el mal desperezándose ad portas” “que la historia elimina los monstruos, aunque no puedan impedir los siglos que de sus vientres nazcan otros”.

Cuando surgía en los estados exteriores un plan de desarmen, para favorecer el éxito del mismo, los mandarines gobernantes impedían que los técnicos opinasen, que con las dificultades que planteaban echasen tierra sobre el mismo. Ausente una prioritaria perspectiva de paz, las negociaciones se ahogaban en el nivel de los problemas técnicos “que nacían naturalmente del hecho de que la técnica, pese a la universalidad del conocimiento científico, estaba comprometida políticamente; la técnica “engagée”, ya se sabe, es por sí misma la más limitada, dura e incoherente de las políticas”. A A. C. y a los gobernantes del 1º I. S. les resultaba evidente que las negociaciones de los planes de desarmen estaban viciadas por la voluntad de los estados exteriores de lograr o mantener en ellas ventajas o predominio estratégicos.

El I. S. no solo contribuía a la paz impidiendo en el imperio la opinión de los técnicos. También llevaba a cabo una activa política de desarme. Por una parte, “nada estaba oculto en el imperio a las miradas del pueblo, no existían zonas prohibidas y repetidas veces habían declarado los ministros responsables que los ejércitos imperiales no poseían armamento secreto”. Así se relata en “Los doscientos espías”. Este mismo texto dice que, para excluir la premeditación y la sorpresa e una posible acción bélica eran preceptivos los augurios (siendo el ejemplo clásico en las escuelas el capítulo IV del libro VI de la Anábasis de Jenofonte) pues no en vano los griegos eran reclamados como antepasados del I. S. y así, el ejército imperial solo luchaba por una causa justa de salvación refrendada, como la de Jenofonte “por sacrificios favorables, propicio el augurio del vuelo de un águila y las entrañas magníficas”. “Vayamos contra estos hombres” leemos en el Anábasis.  Por otra parte, (como se cuenta en “Del Imperio Secreto”) en un momento dado se había llegado a la firma de un convenio en Roncesvalles entre el I. S. y los estados exteriores sobre la práctica de la guerra y la primitivización de los armamentos.

Como “conditio sine qua non” de ésta última, fue necesario que los científicos cambiasen la investigación físico-atómica por la botánica. Pero el espíritu de destrucción está tan anclado en el ser humano que los nuevos botánicos desarrollaron una teratología vegetal encabezada por “el naranjo emigrante, el faisán de los árboles” bello asesino, empleado en una pequeña guerra de fronteras, sin autorización imperial. El horror por la matanza causada supuso su prohibición. Claro ejemplo de lo activa y vigilante que debe ser una política de paz. En estas dos páginas acerca del tratado sobre las acciones bélicas y la primitivización del armamento puede A. C. desplegar libremente las figuras de su imaginación, en particular, al describir la botánica paradisíaca. No es que en este artículo haya un cambio de registro literario “apreciable” o se trate de un texto “independiente” de los anteriores del I. S. (M. S.). Como vemos por lo ya expuesto, no hay solución de continuidad en esta primera serie, hay coherencia en la política imperial contra las amenazas al ser humano. Lo que ocurre es que al describir aspectos técnicos concretos, sobre el fondo de la gravedad de los peligros y su conjuración (esa idea de que la investigación científica sin control puede hacer de la rosa o el naranjo un arma letal…) A. C. encuentra un terreno propicio para la libre creación de imágenes (inolvidables). Las batallas como juegos de guerra, con el reconocimiento inexcusable de la “patética bélica” son de una humana satisfacción del ímpetu bélico natural y hacen patente la pobreza de tantos juegos de batallas en la realidad y en el cine. El “juego” cunqueiriano merecería ser recogido en un verdadero II Roncesvalles de la comunidad internacional.

Pese a la política imperial de paz, el número de espías de los estados exteriores en el imperio se mantenía constante. Los gobernantes del I. S. (los consejeros poéticos eran los encargados del contraespionaje, sobre lo que hablaremos en la poética del Imperio). Se consideró conveniente para evitar peligros para la paz una clasificación de los espías en clásicos y románticos. Estos eran el auténtico peligro por confundir y mezclar los géneros y no distinguir la tragedia de la comedia. Fichados, los románticos habrán de ser invitados a abandonar sus escondites y disfraces y a asistir a representaciones de tragedias griegas, a clases de historia romana y a prácticas de cocina francesa. Esto último para reducir su enorme imaginación visto que una gran salsa pende de un escrúpulo de mostaza. Pero como naturalmente quedó un núcleo incorregible de espías románticos, de la misma forma que se pactó la primitivización de las armas (de Roquete, en Cervantes. Roquete: Corominas: lo que recubre la lanza. El maestro recoge un texto “Rochet, tampon tixé au bout de la lance courtoise) para satisfacer el ímpetu bélico, el imperio, para justificar a los espías (y al contraespionaje) construyó varios y extraños edificios vacíos, con gran aparato de vigilancia y de sirenas, con humos multicolores en las chimeneas. A A. C. siempre le interesaron los espacios o edificios con una función social específica o cuyo valor descansaba en la creencia ciudadana en la misma, aunque en realidad no tuvieren contenido alguno. Recuerdo sus conversaciones sobre el tema, en especial con ocasión del “affaire” Reace, los depósitos que se presumía estaban llenos de aceite. Me parece que escribió algún artículo sobre el tema. Sostenía que el vacío, pensado socialmente lleno, cumplía de igual modo su función, amén de otras, ventajosas, en el tráfico social.

En la política imperial contra la carrera de armamentos y su desembocadura más que probable en el holocausto nuclear, se enseñaba en la más alta de las escuelas de política del I. S. a alumnos destinados a asumir la dirección del Imperio y su política exterior a no practicar en ningún caso la técnica del potlach (demostración de superioridad por el reparto de los propios bienes, e incluso, por su destrucción). En el relato “Por la destrucción a la gloria” está escrito: “en el I. S. consideraban muy peligroso el espíritu de potlach, aplicado a la política exterior de las grandes potencias… se advertía en la escuela de política que, practicando el potlach, los rivales, embriagados por el juego perdían contacto con la realidad y obraban solamente a la mayor gloria del potlach… tendría que llegar el momento en que la forma más perfecta de gloria fuese la destrucción total y el más completo potlach, el uso gratuito y ad honorem de la bomba de hidrógeno”.

(El artículo “El potlach de los gallegos” contiene consideraciones muy interesantes en relación con la tribu de los gallegos, pero sin relación con la problemática del I. S.)

Las advertencias de A. C. sobre los grandes peligros que se ciernen sobre la humanidad están presentes también en varios artículos que tratan de “el monstruo llamado terror” y “la afición al terror”. Aquí no hay un I. S. sino un reino muy antiguo que puede ser considerado como la prehistoria del I. S. “No sé donde un país feliz, como aquellos que antaño inventaron los celtas… enfermedades, guerras, pobreza, pesadillas, eran desconocidas. La vida duraba un siglo y en cumpliéndolo, las gentes se acostaban en sus lechos para morir sin dolor”.

Habiendo leído el rey y en anales remotos estas palabras “en aquellos días el terror visitó el país” quiso saber qué criatura era el terror. Ningún consejero o sabio pudo responderle. Empeñado en conocer la respuesta, el rey encargó a súbditos suyos recorrer el país y los reinos vecinos en busca del “terror”. “Un genio ocioso” (y malevolente) adoptando figura humana se encontró en un mercado con los mensajeros reales y les ofreció “la hembra del terror” bajo la forma de una enorme cerda preñada, cuya alimentación consistía en cuatro quintales de agujas por día… adquirida por un millón de piezas de oro fue llevada a presencia del curioso rey.

La continuación es fácil de deducir. No hay agujas suficientes en el reino para el horrible apetito de la bestia, se requisan todas las agujas, se elevan los impuestos para alzar fábricas y herrerías de agujas, miseria, hambre, tiranía, desórdenes, represión, ríos con más sangre que agua. Al final deciden los gobernantes matar a la bestia, lo que resulta imposible. La pira preparada para quemar a la cerda se convirtió en una pira que abrasó al reino.

“Así por la curiosidad de un poderoso, dice el libro, todo un reino fue destruido”. Y eso como dice A. C. que solamente había sido encontrada la hembra del terror. “Es probable que nuestro siglo esté a punto de encontrar el terror propiamente dicho”.

En otra variante de la historia, escribe A. C.: “crías de la bestia llamada terror andan todavía por ahí” y cuenta la historia de una polaca que vivía en Londres, Carolina Ludwig, ex presa de un campo de concentración nazi. Habiendo recibido una carta del gobierno federal alemán con un cheque indemnizatorio a su favor, sin abrirla, creyendo que contenía una orden de retorno al “lager”, se suicidó. Debió leer antes la carta. Pero, precisa A. C. “como se le va a pedir sosiego a una persona que ha visto la bestia llamada terror o a una de sus crías”. A. C. ejemplifica el terror en la dictadura nazi como podía hacerlo con Stalin o tantos regímenes de la bestia Terror o de sus crías como florecieron en su siglo. O podía hacerlo con Hiroshima o el holocausto nuclear. Pero me parece que lo decisivo y más importante en su parábola es la curiosidad, yo diría también la frivolidad con que los humanos han abierto el paso al terror en sus diferentes avatares históricos. Frivolidad, v.g., de los políticos en la llegada al poder de Hitler o la ceguera de las diferencias de los compañeros de Lenin que permitieron el ascenso del terror staliniano. Frivolidad en el estallido de la Primera Guerra Mundial… Se pueden multiplicar los ejemplos. La gran bestia del terror con enorme frecuencia ha entrado en el reino por un camino alfombrado por los hombres. En el artículo de S. G. “La afición al terror” se expresa A. C. con mucha claridad “quiero sugerir que el gusto por el terror-ficción puede llevar al amor por el terror real… a la necesidad espiritual-carnal de aterrorizarse cotidianamente. La violencia como droga es algo que hay que aceptar y ya se sabe lo que sucede con el apetito de droga del drogado… y mientras el hombre busca la bestia que responde por Terror, los terrores de ficción se retiran lentamente bajo el mar”.

Finalmente, en relación con la ciudad humana amenazada y que la política imperial trata de proteger, tratamos aquí el artículo “La reeducación del negro” y su complementario extravagante “Cosas de negros”. Como una lectura superficial o apresurada y fuera de contexto puede llevar a discusiones o afirmaciones polémicas, malinterpretando su contenido, comienzo por precisar ese contexto. Es la década de los sesenta del pasado siglo. El momento de una confusa y desordenada colonización basada en las fronteras artificiales de la colonización imperialista, con guerras civiles y masacres, como en el Congo belga que continuaban las matanzas coloniales. En muchos casos, con apoyo a las facciones por compañías multinacionales, deseosas de continuar la explotación de las riquezas mineras a costa de la miseria de los pueblos; guerras entre los nuevos estados con intromisión de los “estados exteriores”. Es la hora de Amín en Uganda, de Bokassa en la República Centroafricana, de Mobuto en Zaire, de Siad Barre en Somalia… De la tiranía blanca en Rhodesia y del apartheid sudafricano. Golpes militares, asesinatos, fusilamientos y ahorcamientos en todo el continente. Es la historia de la bestia Terror que continuó durante décadas y de la cual aún hoy sentimos los coletazos. Nuevos estados independientes (e inmaduros) son admitidos en la ONU, se produce una inflación del voto y su imprevisibilidad.

En este primer momento, sorprendido A. C. por esta terrible confusión (y sumergido por ella) quizá no fue capaz de ver evoluciones positivas de la situación africana. El contexto lo devoró (aun así previó un presidente negro en EEUU para 1976). Como consecuencia dibujó en el relato indicado un cuadro africano apocalíptico que afortunadamente no se cumplió. Escribe: “a finales del siglo XX se reunieron en Aquisgrán los dirigentes del I. S. para tratar del difícil problema de los negros. Disuelta la ONU… precisamente a causa de la mayoría en ella del voto negro…”. Hay que reconocer que en el cuadro africano que pinta A. C. se contienen afirmaciones y conceptos sobre los negros que no alcanzan el nivel de ponderación y justicia habituales en él y que solo pueden ser debidos al incontrolado (e interesado) torrente informativo de catastróficos horizontes africanos. En la conversación particular hablaba con ecuanimidad de la fallida descolonización y de los intereses rapaces de los blancos explotadores. En contradicción con sus afirmaciones del artículo citado, apreciaba a intelectuales y poetas negros de lengua francesa (v.g. Senghor) y en su biblioteca abundaban libros sobre las culturas autóctonas africanas.

En el artículo del mismo año y periódico “Cosas de negros” escribe: “…con quienes [los negros] los blancos estamos cometiendo graves equivocaciones, incluso desde el puntos de vista de eso que se llama civilización, o por eso, por el punto de vista civilización” y la aculturación que implica. De eso hablaba con frecuencia en esos años, de una aculturación salvaje, de incomprensión por Occidente de las culturas africanas. En el mismo artículo escribe “creo que no se ha estudiado el daño que le ha hecho a la política mundial el hecho de que hayan sido secretarios generales de la ONU, desde su fundación, escandinavos asépticos, socialistas y protestantes. Lo que se necesitaba allí era un Chesterton o un Bernanos”… “Un irlandés, un celta vayo y fantástico quizás esté a la altura… de la… imaginación negra y de la selva”. “Un elemento ossiánico en el corazón de África”. A. C. fue mucho más lúcido que los dirigentes del I. S. que solo veían amenazas y confusión para su ciudad.

No me resisto a resumir la anécdota que cuenta A. C. en “Cosas de negros” y de la que en su momento me habló muy impresionado, anécdota que tiene una profunda relación con la cuestión de la aculturación y que muestra como bajo un pensamiento racional, universal en el plano técnico-científico, florecen creencias y concepciones de las culturas tradicionales, de enorme antigüedad, en África y en Occidente, en todo el mundo. A. C. cuenta que transcurre en una república negra independiente. Conservaba la república todo el aparato administrativo, judicial y militar, el orden y la gravedad, los símbolos de los tiempos de la colonia británica. Pero en la noche acudían a un claro de la selva, iluminado por la luna, jefes y autoridades, desnudos. Y bailaban frenéticamente, alrededor del Dios, un motor diésel puesto en bancada con su runrún sonoro. Por turno golpeaban el capó con sus penes para absorber el poder de las vibraciones del Dios. Tamtames incesantes. Al día siguiente, severos, cada uno en su tarea.

Sandra Bornand en su magnífico libro sobre la lengua zarma, lengua songay muy importante a lo largo del río Níger relata una noticia de un periódico de Niamey, capital de Níger, año 2004. Una alta funcionaria de un ministerio, de los que gozan de alto presupuesto que permitía a la misma ingresos importantes que también favorecían a sus parientes y amigos, según las tradiciones comunitarias de la zona, se enteró de que iba a ser cesada en una próxima reunión del gabinete. La buena señora entró en pánico. Pero a grandes males grandes remedios. Organizó una “follay foori” o fiesta de los genios, abreviadamente “bori”, que es una fiesta de posesión. En sus locales del ministerio tuvo lugar la ceremonia con intervención de la interesada, familiares y brujos. Una danza frenética durante horas con ritmos de cuerda y percusión, hasta que los genios se presentaron. La fiesta fue un éxito pues el cese fue retirado del consejo. Habiendo trascendido el suceso, el periódico comentaba asépticamente como bajo la fe musulmana mayoritaria, seguía vivo el animismo tradicional. Y desde luego no hay lugar a escandalizarnos, en el Imperio Secreto y en los estados exteriores pues la actuación de la integrante de la élite Nigeria no era más irracional que nuestro acudir a S. Antonio, con oraciones y promesas monetarias cuando tememos una pérdida. Y, desde luego, mucho más divertida, además de su fuerza integradora de la comunidad.

Finalmente, acabamos el examen del 1º I. S. pasando revista a su poética.

UN IMPERIO POÉTICO

Como se ha expresado anteriormente hasta la saciedad, el primer I. S. es una ciudad a la medida del hombre y a su servicio, en la que el ser humano, su educación y su libertad y, el crecimiento en él de su humanidad esencial son la razón de ser de las políticas imperiales de paz, de humildad y de esperanza, políticas impulsadas por el emperador y sus consejeros. El imperio, “metafísicamente hablando”, unos gobernantes que, para decirlo en términos confucianos, “no han perdido el sentido del mandato del cielo”. Hay en ellos una suprema exigencia, una fidelidad a un orden justo de las cosas que es su orden intrínseco y en el cual el bienestar y la educación del pueblo ocupa el centro y es el polo de un proceso siempre inacabado. Por eso, la memoria de Napoleón no es grata, su imperio no es el imperio cuya capital espiritual es O Cebreiro.

Los consejeros imperiales son denominados con frecuencia mandarines. Y una vez se distingue entre mandarines de pluma y de lanza. La palabra tienen relación con la China imperial pero en esta primera serie no se emplea con significado técnico, indica simplemente los vínculos de su formación con la literatura y la poesía frente a los simples políticos sujetos a la obligación de escuchar la canción del minne sänger, una distinción semejante a la existente en la corte imperial China entre letrados por una parte y nobles por otra. La distinción entre mandarines de pluma y lanza (también presente en la China imperial) se menciona una vez, ambos letrados frente a los técnicos. Y sin perjuicio de que la pluma y la espada confluyan en una persona, pensemos en Garcilaso.

Los consejeros poéticos, otro nombre de los mandarines de pluma, que podían ser o no poetas, son los encargados del contraespionaje. Esta atribución asombrosa define ya a un imperio. Y es un mandarín, el poeta laureado el que realiza la fecunda y genial clasificación de los espías en clásicos y románticos.

En la crónica del Imperio se dice que “los poetas cantaban a la paz con frecuencia” y que se cultivaba la poesía de ocasión “excelente, clara y elevada poesía” muy apreciada en el imperio. De ocasión, es decir, vinculada a la vida y avatares de la ciudad, cauce también de educación de la emoción de la gente para enseñarle a ver y a sentir la presencia de la imagen en los caminos, de los artúricos, de D. Quijote, de Francisco de Asís.

A los embajadores que investigan los puntos de podredumbre en el Imperio se les define cono gente ociosa y erudita, objeto de una “grave acusación”: ser poseedores de espíritu poético. Estos embajadores pueden ser mandarines o poetas y eruditos marginales según el modelo chino, hubiesen triunfado o no en los exámenes, amantes del vino y de los cerezos en flor, de los que tanto gustaba Cunqueiro.

El nombre del único cantor y poeta del que queda constancia en la crónica del Imperio es el de Gualterio de los Mirlos o del Otoño (Walter von der Herbst). Cuenta aquella la historia de sus amores desgraciados pero que alimentaron poemas que quedaron en los libros para las escuelas. Hacia el final de su vida cantó como “se hace el bosque en el dorado otoño”. Llamado por el emperador a Aquisgrán para cantar en su presencia y de la corte, una lluvia de hojas secas, procedentes del bosque secreto del corazón del poeta cayó sobre el emperador y los miembros de la corte, acompañando las notas finales de la canción. El emperador nombró a Gualterio “cantor del otoño” e impuso a los políticos, gente no letrada, la obligación de escuchar una vez al año la canción de Gualterio y que la considerasen “una lección de la historia universal”. Efectivamente ¿qué mejor lección de historia universal que una canción de otoño? El otoño como metáfora de la decadencia inevitable de cualquier comunidad humana, las hojas secas de las ruinas olvidadas, el estío que retorna, el ciclo eterno. Y nosotros, ¿podemos imaginar a nuestros políticos a la escucha de un poema como lección de historia universal? ¿Y cómo negar la denominación de poético a este imperio?

La plaza de Cantor de otoño a la muerte de Gualterio permaneció vacante. La crónica menciona que a finales del siglo XIX opositó a ella un tal Paul Verlaine.

En la política poética imperial, tal como la conocemos por la crónica cunqueiriana, destacan dos decisiones imperiales: una, pago con fondos imperiales de una secta que sostenía que la Edad de oro, cantada por los poetas antiguos y explicada por D. Quijote a los pastores, todavía no aconteciera. La finalidad, que los hombres “se aferrasen a sus sueños y mantuviesen la ilusión de días alegres y luminosos”. Pero además era filosófica y poéticamente convincente que la dorada edad perteneciese al futuro, como polo, o paraíso al que siempre se tiende sin alcanzarlo. Basta leer, en el capítulo XI, el discurso de la edad dorada a los cabreros:

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quienes los antiguos pusieron nombre de dorados… Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes… Las claras fuentes y corrientes ríos en magnífica abundancia sabrosas y transparentes aguas ofrecían… Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia… No había la fraude, el engaño, ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza”. D. Quijote no ignoraba que la dorada edad es una aspiración humana, no un hecho histórico pasado si bien se adaptó a la limitada comprensión de los cabreros, por ser más fácil de creer una utopía en tiempos muy antiguos que una futura, contradecida por la dureza del presente. En el Imperio, D. Quijote es el profeta del paraíso, de la dichosa edad y siglos dichosos que vendrán. Y la gente pensaba que sus sueños eran posibles y se esforzaba por ellos.

Dos, la crónica, hacia su final, nos dice que “en uno de los extremos del Imperio Secreto”, “en un país de altos y oscuros montes y de espesos bosques en los que el oso y el corzo se saludan”, había un santuario que era como la capital invisible del imperio. “Sobre aquella alta cumbre, llamada O Cebreiro, había siempre una extraña luz dorada”. Precisa el cronista que cuando llegó a los artúricos la noticia del hallazgo del Santo Grial, antes se enteraron sus espadas que saltaron de la vaina y se clavaron en el suelo. “Semejaban en prado de asfódelos, movidos por un gran viento”. “Aquella capital invisible que era O Cebreiro, equilibraba, en el espíritu de las gentes, el peso y la influencia de las capitales temporales, de las grandes urbes, de los centros políticos y económicos. Y se hablaba del espíritu de O Cebreiro, como de un saber de salvación”.

La crónica acaba abruptamente. Nada más sabemos de este primer Imperio Secreto. Ni siquiera las fuentes o documentos en que se basó su cronista, A. C. La investigación científica niega realidad histórica a gran parte de las políticas de los gobernantes imperiales. Probablemente formaban parte del horizonte de sueños de esa secta para la cual la dorada edad no había todavía acontecido.

Con la desaparición de su cronista, el I. S. hará honor a su nombre eternamente.

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5. UN MUNDO QUE SE ALEJA.

QUINTA PARTE: LA SENDA DE LEZAMA A LA CIUDAD TIBETANA ESTELAR. FINAL.

Se ha escrito que Paradiso es un mundo fuera del tiempo, quizá bajo el prejuicio de la afirmación lezamiana “la liberación del tiempo es la constante más tenaz de la sobrenaturaleza”. Pero si comparamos la ciudad de Cunqueiro con La Habana de Lezama vemos clara la distancia, no solo entre ellas, sino también entre la poética lezamiana y su realización en la novela, cosa que también ha sido afirmada. No pretendió Lezama con Paradiso construir una ciudad paradisíaca, con anulación del espacio y del tiempo (salvo algunos excepcionales momentos) hay sí una reconstrucción metafórica de La Habana, sin embargo, téngase en cuenta el texto aristotélico citado en la tercera parte. La potencia del lanzamiento y la distancia al blanco son graduables y no toda imagen lograda por impacto de la flecha de la metáfora es paradisíaca ni en absoluto lo pretendió Cunqueiro en su poesía ni tampoco Lezama en Paradiso – Oppiano Licario.

Por otra parte, la finalidad inicial de Paradiso (palabras de Lezama) era cumplir con el deber de ser guardián de la historia familiar, sagrado deber de la memoria, lo que implica que no fuese lo más adecuado la plena realización en el texto, de su poética.

Con las precisiones anteriores podemos hablar de un dominio omnipresente de la imagen en Paradiso, como también en gran parte de su ensayística y en la mayor parte de su poesía. El propio Lezama, como ya se vio en la cuarta parte de este ensayo, y lo seguiremos precisando, vivió en la imagen, como Cunqueiro. Pero, además, nos encontramos en toda su obra con una lentificación del tiempo del relato y que lo descoyunta, una exasperación en la lentitud del fluir de la duración con relación al tiempo cronológico, un tiempo lentísimo que introduce una atmósfera onírica. “Tendía a alejar los objetos del mundo exterior y a bracear en un río muy lento para alcanzarlos”. “Con decisión de epístola camina la flecha al blanco” pero el correo se demora una eternidad china, observamos el vuelo sin vuelo de la flecha, el ritmo soñoliento de un pulidor de jade. Conocemos “el afán indomeñable de llegar a la ciudad tibetana de lo estelar donde el hombre conversa con el búfalo blanco” (ciudad tibetana de lo estelar, el Paradiso de Lezama). Pero ¿llegará el momento de esa conversación? Lezama próximo al mundo paradójico de Zenón de Elea fragmenta los caminos, objetos, seres, gestos, instantes, sucesos, los sintagmas del texto en segmentos que se inmovilizan para insertar en sus fronteras en virtud de asociaciones transparentes u ocultas, metafóricas o no metafóricas, originadas en la cultura universal, una vegetación que oculta el horizonte de la ciudad tibetana y, además, induce a la tentación de llegar a otros horizontes. Zenón tenía razón. Aquiles no alcanzará a la tortuga. Frente a la alegría cunqueiriana que juega con los objetos y los lanza al aire para devolvérnoslos como imagen del paraíso, danza en la que participan vivos y muertos (¿es que hay alguna diferencia?) y si sueña con la ciudad tibetana estelar, ésta aparece inmediatamente como una transformación de la existente, en Lezama “la pupila fragmentada” y la niebla asociativa originan un movimiento que “se circulariza”.

Es paradójico (por ser lo contrario de lo que ocurre en física) que para la segmentación indefinida de lo real, se necesite una energía mucho mayor que para la fusión objetual, de la que resulta el texto paradisíaco en Cunqueiro. De ahí, frente a la danza cunqueiriana, el hieratismo lezamiano, su titanismo sublunar. La tensión de un indefinido segmentar hace hervir las aguas del Puraná. “Benditos los efímeros que podemos contemplar el movimiento como una imagen de la eternidad”. Él ha visto el reposo de la flecha en cada uno de los puntos de su trayectoria. Hechizado por la belleza de esas imágenes de la eternidad, Aquiles, como acabo de decir, no solo no alcanza a la tortuga, sino que se detiene en la carrera.

El lector de Lezama, también efímero hechizado, ante el lento deslizarse de la eternidad, escucha “con tensa oreja de gamo”: “se considera una cortesía no ejecutar ningún movimiento apresurado… Un ritmo de tortuga… Porque los más dormidos son los que más se apresuran… Lentamente, sin causalidad, mientras el día nace en su fuente de mármol entre los dioses menores y grandes abejas despiertas… Pasa el jabalí puliendo los muslos sagrados… Reduzco en mi metáfora a una redada inabarcable… La conjunción del verbo reúne lo semejante con lo hostil… Arden en la misma hoguera… El posible de la sustitución de pescado por serpiente, la gravitación de ese imposible, con ligeros toques de causalidades invisibles. Pez, flecha de los líquidos. Flecha, serpiente de los aires. En el mundo de la poiesis, una petición de pescado inicia el otorgamiento de serpientes… El rocío de las interpolaciones… La palabra se introduce en las cosas oscuras… Vibración que puede sustituir el objeto… Las imágenes como interposiciones naciendo de la distancia entre las cosas… La distancia entre las personas o las cosas crea otra dimensión… La imagen… Atravesamos desiertos en busca del agua y del verso… Alza figuras hieráticas en cada uno de los fragmentos de la serpiente. El cuerpo se escondía en la casa de las imágenes y luego reaparecía idéntico y semejante a un fragmento estelar”. Imposible mayor cortesía en la claridad explicativa de Lezama, acusado, sin embargo, de oscuro.

Lezama, inclinado en la orilla del Puraná, contempla, no su propio rostro, como Narciso, sino, fascinado, el acarreo del río, atrapado en la gravitación de las imágenes que transporta, en el vuelo de la flecha a través de “las tersas equivalencias siderales” mientras saborea “el éxtasis de la participación en lo homogéneo”.

En las cadenas sintagmáticas de los textos de Lezama (o río Puraná o senda de la ciudad tibetana) desembocan en todos los puntos de la orilla del cauce o del camino o en cualquier segmento de aquella, atraídos por gravitaciones misteriosas, todos los paradigmas imaginables aunque con frecuencia brilla el sol y todo se aclara (“el ideograma del bambú tiene la obligada compañía del tigre”).

Avanzamos nosotros, también, en el camino de la ciudad tibetana, camino sublunar, que atraviesa la selva del texto lezamiano, especialmente densa en su poesía. Avanzamos a golpe de machete, cortando aquí, desgajando o apartando allá, siempre en trance de perderse. Seguimos el deslizarse de la boa lezamiana que desenvuelve sus anillos sobre las texturas diferentes de los suelos que segrega, con frecuencia por itinerarios objeto de secreto privilegio, con la voluntad decidida de no ahorrarse el tiempo del viaje. La flecha del arquero se ha transformado en cuerpo deslizante de serpiente. Sin renunciar a la “ingenuidad de habitar un nuevo paraíso” esta habitación se demora siempre, por la voluntad indomable de transparentar el vuelo de la flecha, lo que exige detenerla. Es un transporte, un tráfico que el aduanero inspecciona a cada instante. El húmedo deslizarse se detiene. Entonces “los dioses empiezan a salir del mar”, Lezama los reconoce, los reconocemos pues “se acercaban vestidos de seda”. Lezama conversa con ellos, calmosamente.

El deslizarse de la boa lezamiana en una diacronía exasperada (frente a la danza cunqueiriana en sincronía) se apoya en construcciones culturales clave, hitos de luz que, sin embargo, escatiman las claves del asociacionismo de Lezama. No sería suficiente la biblioteca de las bibliotecas, sin conocer el código de la clasificación de Lezama en los estantes.

En cada segmento de la cadena sintagmática (y es Lezama el que crea el segmento) se puede insertar la totalidad del diccionario. Veamos el siguiente esquema:

Segmento1  Segmento2 – – – – – – –   SegmentoN

La zona con rayado discontinuo es una zona de hundimiento, un asociacionismo, (metafórico o no) sumergido, reino de denotaciones o connotaciones secretas que determinan el segmento N. Y así sucesivamente. Los pecios sumergidos podrían ascender a la superficie y reescribirse como sintagmas del texto, mas en el fondo del río son metalenguaje secreto y misterioso. En la superficie no hay solución de continuidad, fluyen tersas y pulidas las aguas visibles y bajo ellas corre Alfeo, que busca la gravitación de Aretusa, en alegre baño en el azul. Solamente por la enorme gravitación nacida de la imagen que surge de la metáfora lezamiana o de la tremenda distancia entre sus asociaciones somos sensibles a la amplitud del naufragio, podemos oír “las brisas superiores” y acariciar la frescura de la vivienda submarina.

Si en Lezama, la petición de un objeto desata el otorgamiento de lo existente, si en cualquier punto intersegmental del fluir sintagmático es posible insertar, interpolar, prácticamente sin límites, eso significa que a todas las palabras subyace idealmente un reflejo común en el espejo en que se ofrecen, el cual permite esas inmensas capturas en la red que dice Lezama, en ese diccionario o lexicón de secretas atracciones e identidades. La lentificación de la flecha del movimiento por su desarticulación que muestra sus entrañas y posibilita la violencia interpolatoria, se expresa metafóricamente en el uroboros, la serpiente que se muerde la cola, metáfora muy querida por Lezama, ya que si en la red se agita la cosecha de lo existente, se circulariza lentísimo el movimiento que, en cada giro engrosa sus anillos.

Al final “qué alegría, qué majestuosa tristeza, esa unión de la respiración misteriosa que oscila entre la transparencia que se recibe y la exhalación de la entraña que se devuelve” entre la cultura que recibimos y que, como texto o biblioteca, devolvemos.

Al sumergirnos en el texto poético lezamiano, el propio Lezama ya expresó que “no importa demasiado la comprensión de la poesía”. La belleza de la melodía, con frecuencia resuena en nosotros como melopea sagrada, se acompaña casi siempre de comprensión difícil, a veces imposible por tensa que se mantenga la oreja del gamo. En sus versos se abraza lo real con lo irreal, lo concreto y lo abstracto, sustantivos que emigran de todos los reinos de la cultura universal, vestidos de los adjetivos, o acuchillándose con los verbos más improbables en la cotidianidad de la ciudad, por mor de la gravitación de la distancia.

En la inmersión en su poesía, sentimos el peso del enorme cuerpo de la boa que fluye de la boca de Lezama, la serpiente de su discurso poético que se enrolla y se muerde la cola.

“Fragmentos a su imán” es el título de su poemario póstumo. El texto poético lezamiano está constituido por fragmentos incandescentes, con sed de imán. Sumergido el imán lezamiano, clave de su asociacionismo selvático, permanece la incandescencia de sus fragmentos. No están dañados, “de forma que no reconozcan a su imán” no son precios abrazados por moluscos o cenizas frías, siguen con sed de imán. Así, la única lectura fértil de gran parte del texto poético de Lezama es una lectura imantadora, proyectar decididos el magnetismo del propio imán sobre los fragmentos extraídos de su discurso poético los cuales muestran, agitándose como peces de plata en nuestra red imantada, la incandescencia de su destino que hace posible la gozosa amistad con el nuevo imán. De estas lecturas con imán surgen, paradójicamente, legítimos entendimientos del texto lezamiano, es decir, alegre vuelta a la superficie del agua, de las gravitaciones lezamianas.

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FINAL

Escribió Lezama: “En las antiguas teogonías órficas o persas, el visitante es el muerto. El espíritu de la visita está íntimamente entrelazado por la muerte de algún familiar. Ahora bien, el que llega no es el esperado, sino el caballo que con sus cascos toca en la puerta. Ambas cosas son imposibles pero su simple potencialidad en la imagen basta para crearle gravitación” esa palabra “imposible” evidencia la diferencia entre el texto lezamiano (lentísimo y onírico en la gravidez de sus imágenes) y el texto paradisíaco cunqueiriano. Ambos, Cunqueiro y Lezama, han salido de lo histórico sucesivo, de su laberinto por la penetración en el espejo, es decir, entrando en el laberinto de la imagen. Pero en la ciudad cunqueiriana se desconoce la imposibilidad. El visitante es el muerto, los cascos del équido resuenan rítmicos en la puerta. De Cunqueiro y de Lezama se podría decir lo que se ha dicho de Kong-Tse “al nacer (en el 551 A. N. E.) recibe de golpe toda la herencia de la cultura china, comprende muy bien su destino, dominar toda esa gran tradición, ponerla al alcance del príncipe y del pueblo, tratar de apoderarse de lo impalpable y terrible, meter al dragón en una biblioteca” y las propias palabras de Confucio: “Desde que ya no existe el rey Wan, la cultura me ha sido confiada. Si el cielo hubiera querido anular esa cultura, no la habría recibido un mortal posteriormente”.

Semejanzas de sus respectivos textos pero enormes diferencias. En la ciudad de Cunqueiro, ejemplificada en su más acabada expresión en “El año del cometa” la noción de camino ha desaparecido, ella es todas las ciudades. Cunqueiro/Paulus vive y sueña en ella, maestro de sueños de todos sus vecinos, vivos y muertos. Las puertas están abiertas, franqueado el paso al paraíso, toda la humanidad está invitada.

Lezama en cambio habitó una Habana sublunar, llevada a la imagen pero no paradisíaca, él mismo invadido por la imagen, viviendo en ella. “Recorría unas calles anchas como ríos paradisíacos”, “en una noche pitagórica, penetrando un mundo de iluminación, liberado de toda causalidad en la dorada región de un sereno prodigio”. “Cuando despertaba tenía la sensación de una colección indefinida de silencios como esas cacerías consistentes en no alterar la gama de silencios que rodean a un tigre”. Y añade: “la historia de los grandes hechizados que se desenvolvieron en el mundo invisible”. Con diecisiete años, escribe: “recostado en la tarde que me lleva… Borradas las perspectivas tocables… seguí mi rumbo inalterable”. Y así siguió su vida mortal: “dichoso voy entre nieblas, nadando voy por lo oscuro”. Siempre supo que pertenecer a una imagen es “uno de los más provocadores destinos”. “Hacer una divinidad de la imagen… es vivir un destino como una futuridad que regala su granada”.

La ciudad lezamiana es una ciudad maya, oculta en la selva. Piedra y vegetación, ambas en crecimiento continuo, son lo mismo. Lezama camina, camina siempre “mulo al borde del abismo” sin más interrupción que el descanso “en los grandes templos donde los dioses ordenan a los dormidos sin romper la noche”. Lezama en el camino, con vocación de bódhisatva “el ser de la iluminación” que no entra en el nirvâna y permanece en el mundo para salvar a los demás, que se abstiene de entrar en el paraíso mientras no entren todos los seres. Cunqueiro, en cambio, ciudadano del Paraíso, abre sus puertas y todo lo existente, sin excluir el objeto más humilde se introduce en él.

En este breve ensayo quedan dibujadas tres aproximaciones que llevan a un encuentro y a una recíproca iluminación: las existencias de Cunqueiro y de Lezama, las circunstancias de su entorno vital donde brota el manantial de su concepción del mundo y, finalmente, su poética de la imagen. Tres rutas o caminos preexistentes favorecen las aproximaciones indicadas:

El histórico que desde hace quinientos años vincula las orillas atlánticas de Galicia y de Cuba, historia constantemente acrecentada. El cultural, con la presencia de unos horizontes que se dejan contemplar con agrado en los respectivos espejos. El lingüístico, en realidad un universal que atraviesa todas las lenguas. Se ha dicho: “las expresiones relacionales más abstractas remontan a la localización espacial”, “por ello los morfemas espaciales asumen los empleos metafóricos más extendidos”. En consecuencia el tiempo y el espacio constituyen un mismo campo metafórico, lo sabe la poética mucho antes que la física. Finalmente, enmarcándolo todo, el texto mítico griego de cuyas aguas bebieron ambos poetas, con sed inextinguible, toda su vida.

En la primera aproximación mencionada, la de sus existencias, lo puramente evemencial, lo superficial biográfico no ha sido tenido en cuenta, solamente en lo que resulta significativo, como obstáculo o impulso para la poética, de ambos escritores. Ellos vivieron el “provocativo destino de la imagen” que nunca traicionaron. Ese destino tal como se refleja en el espejo de sus poéticas y no el oleaje manso de lo sucesivo en el transcurso de sus vidas, es lo de permanente interés para la humanidad. Lezama, viendo las evoluciones en lo histórico, otras pero semejantes en su esencia a las que rodeaban a Cunqueiro, nos dijo: “mientras el hormiguero se agita (realidad, arte social, arte puro y pueblo, marfil y torre) pregunta, el Perugino responde: se nos acerca silenciosamente y nos da la mejor solución”. “Prepara la sopa, mientras tanto voy a pintar un ángel más”. Y Cunqueiro cubre el suelo de su biblioteca con manzanas cuyo perfume anuncia el del paraíso y cancela la hediondez del siglo.

Frente a la presión asfixiante y antipoética del hormiguero que alza sus montículos en todo tiempo y lugar, “interponer el tiempo poemático, forma sutil de resistir sin hacer historia”. Vivir la imagen como destino cancela las amenazas de lo histórico y “permite el lento sudor de los enigmas y la ruina de la esfinge”.

Las aproximaciones indicadas son de doble dirección. Puntos extremos, son puntos de partida y de llegada y de su encuentro surge una imagen que todo lo abarca, una iluminación y un incendio generalizados, circunferencia estelar en desaforada expansión. Cunqueiro y Lezama, sentados a la misma mesa, se iluminan y nos iluminan con nueva luz.

Y antes de concluir. Si ese mundo que Lezama y Cunqueiro defendieron como realización de su destino, ha desaparecido o se halla en trance de desaparecer “babilónicamente y fatalmente”, ¿cuál es el significado de su obra para humanidad en mutación de globalización exasperada, en la que el entorno tecnológico puede sustituir a la naturaleza? La respuesta es clara. Ambos poetas (también en su significado etimológico) al conservar en la imagen los archivos de la tradición cultural humana la han salvado para el hombre, bañándola en una luz, desconocida antes de ellos, una misión y una aportación que será, estoy seguro cada vez más reconocida en el tiempo y que, en unión con los esfuerzos de otras poéticas, encauzará el futuro de un mundo cambiante dentro de la senda abierta por los antiguos, que para nosotros, europeos, son, en primer lugar, los griegos que nunca dejarán de interpelarnos. “Que cada uno sea griego, a su modo, pero que lo sea” (Goethe). Que cada quien tense el arco y dispare la flecha que abre las puertas a la imagen, según su fuerza, pero con irrenunciable vocación de arquero. Es necesario decapitar a la barbarie, siempre amenazante, a fin de que el ser humano, en su evolución, no se vea privado de sus raíces milenarias que lo conviertan en el último hombre nietzschiano que pregunta: “¿Was ist Liebe?, ¿Was ist Schöpfung?, ¿Was ist Sehnsucht?, ¿Was ist Stern? So fragt der letzte Mensch und blinzelt”. (“¿Qué es amor, qué es creación, qué es nostalgia, qué es estrella? Así pregunta el último Hombre y parpadea”).

Pero no habrá lugar para preguntas tales en “las tardes de vino y abejas conversables” que nos esperan si aceptamos la invitación de sentarnos a la mesa del diálogo cordial, pero exigente, a la que Cunqueiro y Lezama nos invitan.

  • LIBROS EN EL CAMINO

Antes del dar razón del encuentro y diálogo con los libros de César Antonio Molina y de Darío Villanueva, el lector desea manifestar lo siguiente:

Estamos ante unos libros de la autoría de dos escritores gallegos que constituyen cimas de la orografía de la cultura gallega, de su literatura y ensayística. Dos libros que, en mi opinión no podrían ser escritos más que por gente (como diría A. Cunqueiro) perteneciente a la tribu gallega. Pletóricos ambos de conocimientos y de humildades, aderezados, el uno, de nostalgia, a veces de serena tristeza, y de una familiar presencia de la muerte. El otro, de prudencia y sentido común para el tratamiento de lo complejo y de firmes decisiones cuando se precisan, con fina ironía y un sentido del humor muy galaicos que evitan agudas descalificaciones.

Ambas obras, repito, forman parte, en primer lugar, de nuestra cultura, de la literatura gallega y, como tales debemos reivindicarlas. Y al mismo tiempo, caudal que alimenta ese río que serpentea, de una u otra forma, por varios continentes, la lengua española. Estoy convencido que esta gran aportación gallega a la cultura universal llegará a todos los puertos de ese río multicontinental y después, previo el paso por las esclusas de las correspondientes traducciones, a otros grandes ríos del planeta.

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“TODO SE ARREGLA CAMINANDO”

DE CÉSAR ANTONIO MOLINA

ED. DESTINO. VI VOLUMEN DE “MEMORIAS DE FICCIÓN”, 2016 – p. 477.

El poeta camina lentamente por una calle de la ciudad. Vecinos en el balcón o en las ventanas contemplan a los que pasean o bien corren a sus asuntos. Bajo el cálido sol el poeta piensa su desaparición. Permanece en su andar lento pero gana su imagen en uno de esos balcones y mira para sí mismo, melancólico. “¿Notarán mi falta un día alguna de estas personas, que arrojan desde la altura su curiosidad distraída? ¿La falta de una vida que habitó su tiempo y su lugar? ¿La ausencia de un hombre que camina?”. “El mundo es demasiado alegre pero todo será olvidado”, desaparición y olvido, el poeta sabe que, pese a la alegría, lo sepultarán las arenas del desierto.

El poeta prosigue su caminar, entre la alegría ante la belleza del mundo que se manifiesta y la tristeza serena por la inevitabilidad sabida. Caminar es crear el propio camino, diferente para cada humano. El camino del poeta, de una especial riqueza, abre amplias avenidas a través del mundo y de la literatura, del arte y de la música. Es un camino de esfuerzo del cuerpo y del espíritu, que guían ojos y memoria. En él hay privilegiadas direcciones pero abundan los caminos secundarios, apartadas sendas que llevan a perspectivas impensadas, a parajes tan amenos que el poeta interrumpiría el viaje para descansar en ellos. Así el poeta descansa en la tierra húmeda, “el transcurrir de un arroyo como almohada” mientras una lluvia fina de versos que ama va cayendo: “sobre tu poema siegan bandadas de pájaros”, “la luna ilumina el vacío de mi cama, se expande el frío sobre mi almohada de jade”. El poeta, como humano, pero, por poeta, más agudamente, siente la esencia del camino: “cada hombre está sólo y a nadie le importa nadie, y nuestros dolores son una isla desierta”. Esa soledad del camino no puede ser cancelada. Pero a lo largo del mismo altos nombres, vivos o muertos, de la cultura universal, convocados por el poeta, dialogan con él o saludan en la distancia. En este conversar el camino se alarga y profundiza, un instante entran en contacto soledades diferentes y un hermoso consuelo acaricia el corazón del poeta.

El poeta en el camino, en la pluralidad simultánea de caminos que es su vida. Quizá al comienzo tenía una meta, ¿vaga?, ¿clara? Ahora sabe ya que “adonde llegué no iba y adonde iba aún no he llegado”:

Yo, como lector, a unos pasos de distancia, pienso en “la ciudad tibetana estelar” que Lezama Lima buscó toda su vida sin llegar a ella. El poeta sabe perfectamente de la necesidad de un horizonte en el camino y de la inalcanzabilidad del mismo por la propia naturaleza del camino que, no obstante, regala generoso infinidad de horizontes magníficos y accesibles. El poeta, como Epicuro, exclama: “estamos en la eternidad y por eso es inútil esperarla” y una de las caras de esa eternidad es el reino de una belleza prodigiosa. Paisajes, ciudades, arquitecturas, ríos, mares, fuentes, museos, bibliotecas, pinturas, sinfonías, teatros, poemas, libros, literatura… Y cementerios, tumbas, hombres y mujeres y las memorias que de ellos permanecen. Ante la infinidad de los encuentros el poeta no llegará a su particular “ciudad tibetana” mas, ¿qué importa? El poema de su vida está realizado. El poeta, en su caminar a través de hombres, la acrecienta formando espléndidos mosaicos, con bellos enlaces entre las teselas, en los que siempre está presente lo más valioso. Y esta decoración que alza el poeta en su camino, está entreverada con su vivir, con la presencia constante de la muerte, la aguda conciencia de un mundo con su ausencia. Por ello “la verdadera vida es la literatura”, la carne salvada por el texto. Y el literario caminar del poeta es parte de esa literatura. Un particular significado del “solvitur ambulando”.

El poeta que piensa la cultura como maravilloso don a los humanos se pregunta, con angustia, si Rilke sintió en Ronda que la poesía podía abandonarle. Pero W. Szymborska en Florencia le dijo al poeta “muéstrame tu poema y te diré porqué no fue escrito antes”. Necesidad del poema. La poesía no abandona al poeta. Simplemente se despide cuando lo necesario está dicho. El poeta se siente “perdido en la ciudad, sin versos que mostrar”. El verso al vate llega siempre, pero rechaza la retórica vacía y solo respira en la exigencia. Su ausencia momentánea indica que está madurando esa exigencia. El poeta solo debe esperar y escuchar “con la oreja tensa del gamo”.

En los caminos del poeta no hay puertas entre su espíritu y el mundo. En el recinto de una ciudad ve su paisaje interior, su yo como arquitectura. Persigue jardines impresionistas, naturalezas muertas, las escaleras que dan entrada a las bibliotecas “la verdadera patria”. En una conversación con Borges, el argentino dice “mis libros que no saben que yo existo”, silencio del poeta. El lector murmura “¿agitarán sus páginas mis libros a mi muerte, como agitaron cascos y melenas los caballos de Aquiles a la muerte de Patroclo? En un descanso, el poeta se baña “en la luz eterna de Florencia” y poco después lo sumerge una danza “de azules maravillosos de lapislázuli”. Por una senda secundaria tropieza con “el árbol de la vida” que da al poeta sombra gustosa, un tiempo más y entra en la gravitación del “planeta melancolía”. El poeta se pregunta: “¿Por qué Dios nos cuida tan poco?”. Melancólica pregunta propia de un mundo melancólico.

Más allá asaltan al poeta bandadas de maravillosas bolas de cristal de nieve que giran y giran, y la nieve cubre paisajes y arquitecturas. El poeta recuerda la obsesión de Kieslowski con ellas y yo, lector, a mi vez le recuerdo la fijación de Cunqueiro con su bola de nieve de Carcasonne. Qué más propio de un poeta que contemplar un país amado en la taza de la mano y darle la vuelta para que reine la indiferencia de la nieve. El amor en el camino, compañero esencial del poeta, a pesar de lo que le dice Czeslaw Milosz sobre la frialdad del poeta lírico. Sin embargo el lector, aun compartiendo la afirmación del polaco, cree precisa una distinción: el amor, no ya en la vida del poeta, sino en la de cualquier humano en general, el amor que funda una familia y proporciona raíz a la instalación de la persona en su vida y en la sociedad, acompañándola a lo largo del tiempo. Pero la vida feliz, en ese aspecto, se da por supuesta, incluso en un “lírico frío” y, además, es difícil de poetizar, se vive simplemente. Ejemplos como Miguel Hernández o Pablo Neruda necesitarían un espacio y un tiempo que no son de ahora. El poeta, al emprender su camino, ha salido de esa “cápsula feliz” situada al margen de aquel y encuentra en Pompeya a otra caminante, a Gradiva que simboliza al amor como misterio, como pasión, como experiencia imposible que atraviesa todos los límites espaciales y temporales, que te contempla desde la página. Ventana de un libro. Alguien desde la orilla del camino, que observa al poeta, lo interpela: “en algún lugar, alguien está viajando hacia ti, está viajando día y noche”. Ese es el amor que de modo principal busca el poema. O “cuando se ha amado a alguien, se le ama eternamente, semel, semper”. Por eso al poeta le interesa y conmueve especialmente el tiempo de permanencia del misterio de Gradiva en Pompeya y menos la solución del enigma que abre la puerta a la vida privada feliz de la pareja. El lector, a quien afectó honda emoción la primera vez que leyó la pequeña joya literaria de W. Jensen y, a pesar de sus años, la revivió en gran parte al releerla, comparte la opinión del poeta. Al margen, y como lección de humildad, un escritor menor logra una historia que vivirá siempre, al tiempo que quizá grandes escritores serán más o menos olvidados.

El lector, que sigue con atención el caminar del poeta, cree adivinar lo que busca con especial perseverancia, a través de la encantadora niebla de la belleza de lo humano, de la que “el poeta es y se ve como guardián”. El poeta, viviendo la experiencia de otros escritores y artistas que antes que él (o el lector) vieran interrumpida su existencia por un golpe de esa piedra banal llamada muerte, intenta comprenderla, “mirar el enigma frente a frente”. Y, al final, descubrir su lápida y su tumba. En su particular “séptimo sello” encuentra a lo farándula de Mateusz Kantor, de maniquíes y actores (entre los que no hay verdadera diferencia, actores ensimismados ante el misterio los primeros, maniquíes derribados por la muerte de los segundos) y ya el camino es un peregrinar por cementerios (etimológicamente, lugar donde se duerme). Queda lejos “La dama del armiño” y la pregunta por el adónde dirige su mirada. “Una gran nube suspende el paso de la luz”. Obscuridad del poema. Oscuridad de la plegaria a “la nada de un Dios”. El poeta se pregunta por el relato de Lázaro después de salir a la luz por segunda vez, quisiera oírlo de sus propios labios. En realidad el poeta sabe que Lázaro no tienen nada que contar “no necesito resucitar, pero sí dormir profunda y plácidamente, tan solo un buen sueño, como el que tuve hasta el año en que nací”, “no gritó Laocoonte, incluso, en su sufrimiento”. Tampoco gime o grita el poeta ante la muerte. Ve la evidencia del absurdo de la resurrección y busca tan solo un sueño profundo tras una lápida que lo resguarde. Es natural que la flor de la melancolía crezca en esta tierra estoica. Pero incluso en la perspectiva de la muerte, el poeta como guardián se preocupa de las cosas y pregunta: “¿Sentirán temor los objetos en la oscuridad?

Cementerio de Ginebra, con las tumbas de Borges y de Musil. Cementerios judíos de Ginebra. Tumba de Alberto Cohen. Cementerio de Rakowicki, tumba de Tadeusz Kantor.

Tumba de Eugenio Montes, sombra muy querida y respetada por el lector. Tumba de Castelo Branco. Cementerio de las Puertas Santas. Tumbas de Morandi y Leopardi. Tumba de Milosz con el epitafio “Bene quiescas”. Emily Dickinson advierte al poeta: “los poetas encienden la lámpara nada más, ellos por su parte se extinguen”. El poeta la ha encendido y la alimenta continuamente. Todos los poetas esperan que la pequeña llama sea una luz para su tribu. Y aún si un solo hombre se salva por esa luz, estará justificado tanto esfuerzo.

El poeta está a punto de culminar esta etapa de su camino, antes de regresar al hogar, nuevo Ulises. Al abrir una pausa (que es otra forma de camino) las flechas que los días lanzaron al corazón del poeta, arraigan, en él crecen y maduran en cosecha abundante. Segará entonces, convertirá el fruto en página de libro y volverá al camino pues “caminar es nuestra manera fundamental de estar en el mundo”, encomendado a R. Walsen “santo patrón de caminantes escritores” y sin temor, “pues nadie es extranjero donde reposa pues el exilio es también una patria”.

Incansable recorre el final de estas horas del camino con Yórgos Séferis, por las veredas griegas o las huellas de Juan Ramón en Norteamérica (el lector, por su parte recuerda a Juan Ramón Jiménez en La Habana en conversación magnífica con J. Lezama Lima).

Hay un momento culminante en el caminar del poeta. Es en Cracovia, con el encuentro con la sombra del poeta Czeslaw Milosz, y con sus moradas en vida y muerte. El poder de evocación del poeta está a la altura de la sombra invocada, es decir, a una inmensa altura. El lector, conmovido, lo leyó y lo releyó. Vio esa Cracovia anclada en un agosto soleado, las terrazas llenas de jóvenes en flor, mientras muere silenciosamente un gran poeta. ¿Cómo no ocultó una nube enorme el sol, cómo no se marchitaron las jóvenes en flor?

El poeta ve a Orfeo entrar en el Hades en busca de Eurídice según el gran poema de Milosz. Tanto en el mito griego como en el poema del polaco, Eurídice no puede salir del Hades por una imprudencia de Orfeo que morirá, después despezado.

En la profunda y conmovedora versión del mito en la prosa de Claudio Magrís es Eurídice la que renuncia a salir del Hades. En el poema sobre el mito, del lector, Orfeo libera a una Eurídice indiferente a su amor y también Orfeo muere despedazado por las bacantes.

Como se dijo antes, el “happy end” es asunto de los Hollywood del mundo, no del poeta.

El poeta ha llegado al final, a su hogar. Volverá a caminar. El poeta está en deuda con una inmensa multitud de sombras con las que ha conversado a lo largo de su peregrinar. Esa conversación es una parte esencial del camino y que le da sentido. No hay poeta si no sabe agradecer y él expresa ese agradecimiento con palabras, hermosas, de Raymond Carver “os estoy agradecido, ya veis, y quería decíroslo”.

También el lector es agradecido. Ha acompañado, discretamente, al poeta en su viaje y ha crecido en memoria y en saberes. Una alta belleza le fue mostrada y también la melancolía de los baldíos do crece la flor del olvido.

El poeta, al desplegar las existencias de tantos que con su obra dieron sombra y frescor a las dificultades del camino y crearon un auténtico camino de la humanidad en el que albergar todos los caminos particulares, el poeta, repito, desplegó la suya. Ahora ese camino colectivo del hombre es más rico y nosotros, los lectores, conocemos a un hombre, a un poeta que nos va a acompañar siempre en algún tramo de nuestro propio caminar. Yo también digo: “te estoy agradecido, ya ves, y quería decírtelo”.

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“MORDERSE LA LENGUA”

DE DARÍO VILLANUEVA

CORRECCIÓN POLÍTICA Y POSVERDAD. Ed. ESPASA, 2021 – p. 380.

El autor comienza su libro con unas citas previas reveladoras: “no he de callar”, “los hombres han perdido la razón”, “qué falta de respeto, qué atropello a la razón”, que revelan su voluntad de no “morderse la lengua” en asuntos “que implican lengua y sociedad: la llamada corrección política y la posverdad”.

Un amplio preámbulo sirve de pórtico general a los asuntos que detalladamente se tratan en los tres capítulos siguientes: Corrección política (C. Primero), Cómo nos mordemos la lengua (C. Segundo) y que trata principalmente de la feminización lingüística, el sexismo en el lenguaje y el género gramatical no marcado. El contenido de este capítulo, aunque posee independencia conceptual respecto del primero, está estrechamente relacionado con el mismo pues, por ejemplo, el sexismo en el lenguaje y la corrección de los diccionarios, son campos muy importantes de una problemática de la corrección política. La posverdad es objeto del C. Tercero. Centrémonos por ahora en la introducción y los tres primeros capítulos, dejando para el final el resto del libro.

Ya desde el comienzo el autor (en adelante, el A./DV.) señala, de acuerdo con opinión unánime de los investigadores del tema, el origen de la corrección política (en adelante, cor. pol.) en los campus norteamericanos, a partir de los años ochenta del pasado siglo, asediados por un sectarismo puritano procedente, sobre todo, de departamentos de humanidades en franca decadencia y, desde allí, la cor. pol.  se ha extendido a modo de un virus implacable al conjunto de la sociedad dentro y fuera de los Estados Unidos. Pero según el A. no es sólo la cor. pol., también la posverdad no es ajena a esa influencia de la universidad y relaciona el desprecio absoluto hacia la veracidad de los enunciados (que pone de manifiesto un Trump “catalizador ecuménico de la post-truth”) con el asombroso triunfo intelectual de la llamada French Theory en las universidades americanas. Cree, en efecto, que la “deconstrucción” de J. Derrida y las teorías de Foucault, Deleuze… son responsables del auge de la posverdad, pues “los gurús franceses del pensamiento débil destruyeron la solvencia del lenguaje en cuanto portador de sentidos”. Y no le cabe duda al A. que posverdad y cor. pol. representan otros tantos “síntomas de época”, en relación con una nueva sociedad globalizada de la información y la comunicación, resultante de una profunda transformación, debida sobre todo al desarrollo de la tecnología digital: la galaxia internet.

A continuación revisa el A. la teoría de M. McLuhan y en relación con ella al gran avance tecnológico de la radio, la televisión y los medios de comunicación audiovisual de masas: “se produce un regreso a situaciones premodernas… de nuevo la palabra oral se impone a la palabra escrita y de nuevo la recepción de los mensajes, en vez de ser individualizada, reflexiva y racionalizada por cada sujeto, se hace de una manera colectiva, lo que permite fenómenos de sugestión universal con lo que alcanzamos ese estado de lo que se denomina macluhianamente “aldea global”.

Una sección titulada “Palabras injustas” pasa revista al movimiento del especifismo que supone la deconstrucción de la supremacía de nuestra especie (dimensión posthumana del postantropocentrismo). Y otra “Maquiavelismos” trata de la mentira como un recurso propio de la práctica política y (más suavemente dicho) como “los actos ilocutivos producidos en un mitin político son aserciones exentas del requisito de la verificación” a lo que ayuda el “sesgo de confirmación” del destinatario de la mentira. Cínicamente se llega a condenar “la monstruosa devoción por los hechos” y al elogio de la mentira, hecha con buen fin, como saludable para el pueblo (populus vult decipi, ergo decipiatur). En “Elogio de la necedad” el a. considera un problema de nuestros días, “el de los aludidos y ofendidos” (“la delicadeza de los oídos de nuestros días”) y se extiende sobre la relación entre democracia y el “science denialism” (mi ignorancia es tan buena como mi conocimiento, I’m as good as you), la posmodernidad líquida, el poshumanismo y la inteligencia emocional y “el poder de los idiotas” y el vínculo entre las nuevas tecnologías de la información/comunicación y una omnipresente estulticia. Cita a V. Eco que se atrevió a cuantificar el número de necios en el mundo, “trescientos millones como mínimo” (cifra que al lector le parece muy baja).

Finaliza el a. el preámbulo con el estudio del “abuse des mots” y las amenazas de “la cancelación”, armas de la presión social ejercida por una opinión pública anónima que trata de imponer la cor. pol., lo que lleva a la autocensura, a una “espiral de silencio” a la “new tyranny”, que implica “the self perpetuating machine for driving out the intelligence and the creative”. Y muchas veces mediante “el uso perverso de causas justas para estigmatizar…”. El a. expone la opinión, que me parece muy interesante de R. Vaquero: “la cor. pol. nace del pensamiento único del sistema capitalista”.

Desplegada la panorámica de los principales temas de que se ocupa su libro, el a. los estudia particular y detalladamente en los capítulos siguientes.

Así, en el C. Primero, La corrección política, examina las primeras advertencias críticas: sobre el llamado culturalismo que en las universidades americanas “representó el desplazamiento y la cancelación de los autores y obras considerados clásicos” y sobre la sociedad U.S.A. (escéptica ante la autoridad, proclive a la superstición y corroída por la falsa piedad y el eufemismo).

Se profundiza en el estudio de la cor. pol. como movimiento surgido en los ochenta y en los departamentos de artes y humanidades, entregados a la causa del multiculturalismo, con la consiguiente deconstrucción del canon literario, filosófico y artístico, dominado por el racionalismo eurocentrista para incluir representantes de las minorías invisibilizadas hasta entonces, especialmente las mujeres y los no blancos.

Se indagan los orígenes de la expresión cor. pol., particularmente interesante es la vinculación que efectúa el a. de esos orígenes con la teoría de H. Marcuse resumida en el oxímoron “la tolerancia represiva”, y su propuesta de “una tiranía educativa” más ampliamente estudia el influjo del triunfo en los campus americanos de los “santones de la French Theory”. Desfilan los tabúes (sectoriales) y eufemismos del “newspeak” las políticas de “higiene verbal” y “desinfección puritana” del lenguaje común, los “safer spaces” (“en la universidad a salvo de las ideas que dan miedo”) y la policía de “microagresiones”, “trigger warnings, non platforming, call-out culture, hate speech, cultural appropiation y bias incident protocol”, predominio del sentir sobre el aprender a pensar. En suma, “una regresión reaccionaria, aunque en algún caso promovida desde sedicentes posturas progresistas”, y, en frase de A. Finkielkraut “el triunfo de la memez sobre el raciocinio”.

“El hombre ha muerto” (Foucault) y reina ahora la “identidad cultural” cuyas bestias negras son el individualismo racionalista y el cosmopolitismo.

Muy brillantes son las páginas que el a. dedica al “sentimiento tóxico” y a la “superficialidad emocional moderna” con “el protagonismo heroico de las víctimas”, la “víctima” como héroe (una palabra, añade el lector en constante erosión desde la aurora griega. Los ejemplos, ridículos, los vemos en las páginas diarias de los periódicos). Todo ello determina la “lingua nostrae aetatis”.

El a. insiste en que esta nueva ortodoxia política no emana de ningún poder establecido. Sino de la sociedad civil, “incluso yo diría de la sociedad civil universitaria americana” sin perjuicio de que en algún momento “su impulso de tolerancia represiva fue asumido por distintas instancias del poder institucionalizado, gobiernos, partidos, sindicatos o, incluso por el propio poder legislativo a la hora de elaborar constituciones nacionales”. Las páginas finales de este capítulo se dedican al examen de algunas guías de órganos administrativos para el uso de un lenguaje políticamente correcto, y de algunos textos constitucionales que han asumido la cor. pol. así como a informar de los debates, habidos en EEUU sobre la misma. El párrafo final menciona la amenaza de que la cor. pol. desemboque en una verdadera y deplorable corrección artística.

Antes de pasar a la reseña del C. Segundo y en relación con la fecha de los años ochenta del pasado siglo en que surgió la cuestión de la corrección política me gustaría llamar la atención del a. sobre un artículo publicado en el diario compostelano La noche, el 5/5/1960, titulado “Historia de una fiesta”. Su autor, Álvaro Cunqueiro.

Un párrafo dice: “finalmente el año 2016, al producirse la quiebra de la rama cinematográfica de la Gran Publicidad, quiebra debida en máxima parte a la declaración de la ONU que obligaba a los productores de Hollywood a rectificar todas las películas del oeste en las que hubiera algo ofensivo contra los pieles rojas o estos aparecieran como depredadores, enemigos del ferrocarril o de la agricultura, de Búffalo Bill y de la democracia”.

Veinte o veinticinco años antes de esos ochenta, antes incluso que Marcuse, sin emplear el nombre de cor. pol., sino el de rectificación para una idéntica problemática, A. Cunqueiro con humor, plantea la cuestión de la incorrección política del lenguaje cinematográfico al tratar de los indios americanos. Evidentemente algo leyó u oyó en alguna parte. ¿Había ya algún debate en los campus americanos? Por esos años (59, 60) recuerdo la visita en Vigo a Francisco Fernández del Riego, en su residencia veraniega de Coruxo, del lingüista, discípulo de Chonsky y romanista Carlos Peregrín Otero, entonces profesor de la UCLA, California. Mi padre (y yo mismo) estuvimos presentes, una o dos veces. No recuerdo si alguna vez el profesor comentó algo sobre la cuestión. Algún profesor más, con experiencia americana, pasó por Vigo en esas fechas.

En el capítulo segundo “Cómo nos mordemos la lengua” se empieza tratando de la proliferación de guías con la prioridad de la “comunicación inclusiva para construir un mundo igualitario”, “un lenguaje inclusivo de género”, “un lenguaje no sexista” y su relación con la cor. pol. Continúa después el discurso con la crítica de academias de la lengua y diccionarios desde el campo de la cor. pol. que censura el énfasis logocentrista de la epistemología occidental lo que favorece la constitución por el diccionario, a través de las palabras, de realidades no políticamente correctas, lo que origina el revisionismo lingüístico vinculado a la reivindicación de un lenguaje inclusivo con propuestas que afectan a la ortografía, al léxico y a la gramática de nuestras lenguas. El a. (que no hay que olvidar fue presidente de la Real Academia de la Lengua cuyo sillón D ocupa y, por tanto, une a sus particulares competencias de filólogo, una misión institucional de guardián del devenir de la lengua) adopta una postura enérgica basada en el saber y en el sentido común para luchar contra esta “locura de género” (Asoc. Lengua alemana), contra esta “aberración inclusiva” y “peligro mortal para la lengua” (la academia francesa). Con una enorme riqueza de ejemplos e información comparada (sobre todo procedente del ámbito de la lengua francesa). Toma partido, que en primer lugar significa distinguir, clasificar, diferenciar según matices de una realidad lingüística y referencial inabarcable, sobre la feminización lingüística de nombres de oficios, cargos, funciones y profesiones (teniendo siempre en cuenta la historia particular de cada lengua, con el acarreo de significados estrechamente vinculados a las palabras correspondientes y que no pueden ser borrados de un plumazo). Dice el a. “proceso de civilización que implica la eliminación… de los comportamientos inaceptables en el que la cor. pol. ha introducido una variante tóxica, la de eliminar las palabras o expresiones que los designan, confiando una prerrogativa abiertamente censorial y represiva a minorías o grupos regidos por estímulos y pulsiones emotivas, y no por la racionalidad”.

En la sección “Corrección política y diccionarios” el a., con estudio pormenorizado de un rico muestrario de las propuestas de los “correctores políticos” (y cuya sandez hace sonreír, sí, pero siempre está presente “el peligro mortal” de la estupidez armada) insiste en que una palabra o acepción que figure en el Dicc. Lng. Española no es un hecho arbitrario, sino un ejercicio de veracidad que presupone “no ocultar arbitrariamente los usos reales de la lengua” y alerta sobre la censura de elaborar “un diccionario seráfico y bien pensante”. “Censurar el diccionario: una exigencia que nunca se podrá aceptar”. Otra cosa, aclara, es el metalenguaje diccionarial que acompaña a cada palabra o acepción (v.g. explicar la acepción despectiva de “judiada” en el uso de la lengua por una etiología derivada de una “raza” o cultura judía sería antisemitismo). Veracidad del lexicón, con recogida de las acepciones históricas y vigentes, sí. Metalenguaje al nivel actual de la cultura y de la ciencia, también. En el sexismo en el lenguaje explica que “en determinadas circunstancias, la confusión entre sexo y género resulta especialmente perjudicial. Manteniendo aparte la categoría de género gramatical que, lógicamente sigue vigente en lingüística, desde el ámbito de las ciencias sociales se ha generalizado la noción de género como el grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico, en gran medida una construcción,… más allá del determinismo natural de la genética”. Piense uno lo que piense sobre “la construcción cultural” del género sexual (y no es la ocasión de incidir sobre lo que el lector piensa las evidentes exageraciones) la importancia de la distinción es fundamental y hay que tenerla siempre presente para evitar penosos malentendidos.

El a. dispone un rico escaparate de posturas teóricas feministas: post antropocentrismo posthumanista que critica especialmente en el modelo epistemológico racionalista un “insoportable imperialismo eurocéntrico”. Un activismo anti-humanista, protagonizado por movimientos sociales como “el feminismo, el anticolonialismo, el antirracismo y el especifismo”. Con su fuerza unida se acabará con el humanismo eurocéntrico y androcéntrico”. Crítica de la racionalidad universal “que contrapone la inferioridad del diferente, lo que da lugar a marginaciones nefastas e interdicciones fatales”. Alianza entre el multiculturalismo más radical y el pensamiento feminista. En relación con esto último, el a. se sorprende con razón que se denuncie como una agresión a la visibilidad de la mujer el uso del masculino genérico y no se repare en prácticas plenamente vigentes todavía en muchos lugares del mundo. El elenco del a. es significativo. “En estas latitudes el lenguaje no representa nada en contra de la dignidad de la mujer ni contribuye a coartar sus libertades y derechos, prácticamente inexistentes. En ellas, como se verá luego, pueden coexistir “femenino genérico y sociedad patriarcal, con invisibilidad y opresión de la mujer”. Lo que importa es alcanzar la igualdad real del hombre y de la mujer (y, añado, la justicia social, la igualdad de los seres humanos, la protección de las minorías, la desaparición de la opresión…) y “a nadie le importará el papel de la gramática [ni del diccionario] en estos asuntos”.

El a., antes de tratar el género gramatical no marcado, tan de actualidad, reconoce, no obstante, “la gran revolución del feminismo” con unos “logros irrevocables” sobre todo en la vertiente social y política. “Pero también en los últimos cincuenta años ha creado (el feminismo) un corpus teórico e ideológico que está modificando no solo la investigación y el estudio en las universidades, sino también las propias proposiciones y los debates en el ámbito de la esfera pública” de la misma forma que “el fermento intelectual del multiculturalismo, junto a la perspectiva política del poscolonialismo, ha contribuido muy destacadamente al desarrollo de estudios e investigaciones universitarias que recuperan capítulos de la cultura universal olvidados o preteridos hasta entonces”. El lector está, como no podía ser de otro modo, totalmente de acuerdo con la importancia histórica de la “revolución feminista” y los magníficos e irrevocables logros en el terreno de la igualdad. Pero se atreve a señalar la quizá excesiva generosidad del a. en el reconocimiento de ese corpus teórico e ideológico del feminismo. Corpus que, en opinión del lector, no va a formar parte, por lo menos su núcleo, de la corriente principal, y de valor permanente, del pensamiento humano y científico. Nadie discute que dicha revolución, como la del multiculturalismo, haya provocado la emergencia de temas esenciales, preteridos u olvidados y, sobre todo, un horizonte de igualdad de los seres humanos en cualquier práctica social, cultural o científica. Incluso nuevas perspectivas en temas ya decididos (pienso, v.g., en la investigación prehistórica, un determinado modelo de reparto de tareas entre los sexos). Pero de la misma forma que, en general, el marxismo y sobre todo la investigación marxista leninista no modificó sustancialmente la investigación académica de la antigüedad, por ejemplo, de la Atenas con sus esclavos y metecos y sus mujeres en el gineceo. Puso sin duda el acento sobre factores esenciales de la ecuación, no olvidados pero sí minusvalorados. El lector siempre se ha preguntado si las categorías abstractas del marxismo (y sus prejuicios) pueden explicar las sociedades esclavistas de la antigüedad (más allá de esa llamada de atención a iluminar el total espacio histórico). Un ejemplo claro lo tenemos en el terreno de la hétero/homo sexualidad, con la incompatibilidad explicativa de la situación antigua por la galaxia de concepciones y prejuicios hodierna. Volviendo a nuestro tema, la aportación teórica del feminismo: es la propia incorporación de la mujer al trabajo científico, la proliferación de equipos de hombres y mujeres que investigan juntos, sobre todo el horizonte teóricamente irrevocable de la igualdad de todos los seres humanos lo que hace que la cultura en general y la ciencia en particular se planteen temas con una amplitud de horizontes nunca soñada. Para el lector, esa amplitud es el mérito indudable del feminismo, del multiculturalismo, del marxismo.

En el terreno particular de la justicia, esa perspectiva de género que reclaman las feministas en la formación de los jueces “con mentalidad patriarcal” (obviando la presencia masiva de mujeres en la magistratura) no significa nada en relación con un núcleo teórico. Es simplemente una llamada a la eliminación de prejuicios presentes en los jueces y a que se tengan en cuenta esos horizontes de igualdad conjugados con la realidad biológica femenina (inferioridad física v.g.) y la realidad social hondamente machista. Pero, como señala el a., ahí el papel de la educación es esencial. Sin embargo, y siguiendo en el terreno jurídico, concretamente en el de la represión penal, las modificaciones teóricas legislativas, (como en el caso de la construcción del género sexual) reclamadas por el activismo feminista (y LGTBI) muestran su insuficiencia e incluso su peligrosidad e injusticia. La justicia y la ciencia no pueden marchar al son que les marquen los tambores de los movimientos sociales. Basta con que estos abran ventanas.

Con “El género gramatical no marcado” finaliza el a. el capítulo. Expone las opiniones feministas sobre “el origen patriarcal del género masculino”, “el masculino genérico como una decisión que tomaron un montón de hombres, sin las mujeres”…

Con sabiduría y humildad explica el a. cosas que no habría que explicar, principios básicos de la lingüística (distinción entre lengua y habla, arbitrariedad del signo lingüístico, historia del género gramatical en las lenguas indoeuropeas desde su ausencia en el pie).

Los párrafos finales inciden en nuevos ejemplos de planificación lingüística, constituciones ¿en masculino?, usos de lenguaje inclusivo. Un ejemplo muy gracioso, entre los que cita, es una declaración del presidente Sánchez: ”hay que evitar una fractura interna entre catalanes y catalanas”. Evidencia el peligro para la comunicación cuando se usa una “gramática alternativa”. Es paradójico, pienso, que los que utilizan el lenguaje inclusivo olviden que el masculino genérico, como género gramatical no marcado, ya es inclusivo, y visibiliza a la mujer. Y además con economía, que es también un principio lingüístico.

El a. expone ejemplos de lenguas no indoeuropeas que tienen un femenino genérico como el afar y otras (supongo que las feministas no dirán, [¿o sí?] que un montón de mujeres, sin los hombres, se reunieron y adoptaron una decisión matriarcal).

Por lo que se refiere al afar, lengua afroasiática de la rama cushita, pariente del somalí y del oromo, el adjetivo numeral epíteto se pone en femenino y la secuencia adjetivo numeral más nombre impone la forma femenina del verbo. En esa sociedad, como señala el a. se practica la ablación cliteroidea con infibulación. En las lenguas de clases nominales, como muchas africanas, todas las bantúes y otras más, el problema no surge en este terreno al estar los seres humanos comprendidos en la misma clase. Sin embargo, en checheno, lengua del caucásico nororiental, hay un prefijo de clase para el hombre y Dios, y otro para la mujer. En relación con las lenguas bantúes, como los animales tienen diversos prefijos de clase, ¿podrán protestar los especifistas porque esos prefijos que clasifican conjuntamente a cosas y animales y distinguen a estos de los humanos, invisibilicen a tantas “maravillosas personas que se encuentran en el reino animal”?

El lector finaliza esta glosa al texto del a. con dos observaciones y un deseo: una, ninguna lengua impersonaliza a la mujer, como el francés o el alemán, al hombre: “on parle”, “man spricht”, reduciéndolo a una partícula impersonal. Dos, nada es nuevo bajo el sol. Leamos la magnífica novela “Fray Gerundio de Campazas” del S. XVIII. Allí veremos a los alumnos y alumnas de la escuela de Villaornate. Este maestro consideraba intolerable no distinguir la sujeta del sujeto o la testiga del testigo. Pero su argumento contra el masculino como género gramatical no marcado era naturalmente “machista”: “no falta más que nos quiten las barbas y los calzones y se los pongan a las mujeres. Sería confundir los sexos y parecería romance de vizcaínos”. En cuanto al deseo: leer un libro de paleontología escrito por una feminista radical, conocer sus soluciones a sintagmas como “museo del hombre”, “homínido”, “homo sapiens”, “homo erectus”, “australopiteco”… o un libro de poesía en la que la economía es un principio aún más importante que en la lengua general.

El tercer capítulo del libro que reseñamos está destinado a la posverdad así como el cuarto “Bulos y patrañas. El apocalipsis de la realidad”.

El a. situa el surgimiento del concepto en el contexto de la “posmodernidad” o incluso de la “transmodernidad” caracterizada por la globalización en el seno de una “modernidad líquida que se nutre de una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido” en la que se propala la noción de “poshumanismo”. Estudia el origen del neologismo, con impactantes ejemplos de las presidencias Reagan, Bush hijo y Trump. Ante la equiparación de verdad y malas noticias, cita un artículo al que se atribuye el origen de aquel: “we, as a free people, have freely decided that we want to live in some posttruth world” pero su germen, más allá del nombre, lo encuentra en el relativismo posmoderno, en la deconstrucción y otros excesos de la posmodernidad que conducen a un nihilismo epistemológico y señala la conexión de la posverdad con la cor. pol. “porque cuando la verdad se esfuma, hasta la ortografía acaba por convertirse en una forma de opresión”. El a. ve la generalización, desde posiciones antirracionalistas, de tesis negadoras de la verdad sustantiva, a lo sumo se admiten verdades que son constructos sociales. Se afirma que objetivo de la posmodernidad es “undermine or deconstruct the very notion of objective truth” o “verdad es lo que la sociedad hace y cree en respuesta a la autoridad”.

Examina luego el a. el vocabulario de la mentira posmoderna, ampliamente el caso Trump, nuestra posverdad (traducción, bulos, mentiras, examen de “el político”… de Gracián). Las industrias de la mentira (la fuerza de lo falso) posverdad, medios y tecnología, con el “papel decisivo de las redes sociales” a favor de la posverdad, el concepto posmoderno de posdemocracia donde reina la posverdad (X: “es presidente de su país y rey de la realidad”, X: “somos un imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad”), televisión y posverdad, posverdad y psicología social (con el examen del “sesgo de confirmación” ya apuntado en el preámbulo y su conexión con las teorías conspirativas).

El arte de mentir alegremente”, la reescritura del mundo para reinventar la realidad, vinculado a “la intencionalidad realista con que de modo espontáneo y natural todos solemos leer” ocupa las siguientes páginas con numerosos ejemplos literarios. También las falsificaciones literarias “pane lucrando”, las artísticas, la falsificación de la moneda, “la guerrilla semiológica” con la falsificación del sistema informativo, haciendo saltar “la dictadura del significado”, como estrategia revolucionaria, y muchos ejemplos más de todo el mundo, acreditativos de la “fuerza de lo falso”. Una cima de interés se alcanza con las páginas finales del capítulo y el siguiente “Galaxia post. (pos)modernidad líquida y poshumanismo. Racionalidad y emocionalidad. Poslengua”. El a. alude a la controversia acerca de si lo real puede no consistir en algo ontológicamente sólido y unívoco o, por el contrario, es una construcción de conciencia, individual o colectiva, que, como tal construcción, impide la admisión de un universo real preexistente a la actividad de la mente humana y al lenguaje simbólico de que esta se sirve. La consecuencia es que, al lado de la convencionalidad del signo lingüístico, la realidad presenta “un cierto carácter convencional” (de esta cuestión fundamental añadirá algo el lector al final de la presente reseña). En el capítulo quinto, alrededor del “Programa deconstructivo característico de la pos-modernidad” aparece la “muerte del hombre”, el relativismo epistemológico como catalizador de la posverdad, la verdad como voluntad de verdad, la ruptura del discurso con el referente, y su puesta por entero al servicio del significante (no al del significado ni al de la verdad). Vuelve el a. a analizar la “French Theory” con el relato de su descalificación por el físico Sokal. La consideración de la realidad como una construcción histórica y social, de que todos los hechos que reclaman existencia objetiva son simplemente construcciones intelectuales, merecieron de Niam Chomsky la calificación de “las últimas lecturas de la cultura parisina”.

(Una observación al margen del lector. Recuerda la liberación que supuso para él la lectura de los libros de Sokal por la intranquilidad originada por la incomprensión de la lectura de muchas páginas de los Lacan y Tutti Quanti, no obstante estar avezado a la lectura de textos filosóficos. Recuerda, ahora con humor, su fracaso absoluto ante el muro de la topología lacaniana que resultó un sinsentido desde la topología científica. No solo Sokal, científicos e ingenieros conocidos a los que expuse mis dificultades, y que leyeran alguna página de Lacan, abundaron en el sinsentido de su topología. Y conozco psicoanalistas lacanianos que han llevado a cabo su particular “aggiornamento” y no la tienen en cuenta, análogamente a como muchos católicos no creen en el infierno y otras zarandajas del catecismo).

El a., antes de entrar en la deconstrucción Derrideana del lenguaje, menciona al paso como un componente del posmodernismo, en unión de otros, caldo de cultivo de la cor. pol. y de la posverdad “la negación de la realidad objetiva independiente de la percepción humana”. Una simple mención, que no explicita su pensar. Mención de un problema fundamental del que diremos algo al final.

Con una cita de G. Steiner “no he entendido el movimiento contra la razón, el gran irracionalismo de la deconstrucción” expone la tesis de Derrida, el texto como entidad discursiva inestable, al albur de la subjetividad lectora. No hay lecturas correctas posibles, “il n’ya pas de hors-texte”, no tiene sentido hablar de referencia ante la “inestabilidad de los textos”. Otra consecuencia apuntada: “la ausencia de sentido de los textos eminentes que constituyen la literatura”, y otra: la emergencia de los “cultural studies” sobre la literatura y un “nuevo fenómeno, la posliteratura” o “letteratura debole” con una paradójica “desliteraturización” de la literatura. “Todo ello encaja en el ciclo histórico-cultural de la llamada posmodernidad”, concluye el a., en unión de la exacerbación del relativismo y la quiebra de los grandes relatos legitimadores. Estamos ante la Sociedad o Modernidad líquida ubicada en el espectro del posmodernismo. Unas reflexiones críticas sobre la red y sobre la “inteligencia emocional” y el sentimentalismo tóxico desembocan en el “poshumanismo” con la afirmación de la muerte del hombre y “el rechazo de la identidad clásica humanista, la racionalidad y lo universal”. “Es una suerte de fragmentación de la identidad racionalista” con “asimilación del particularismo identitario triunfante, a posiciones intelectualmente progresistas”. “La retórica de la identidad ha desplazado las contradicciones entre clases” un argumento, piensa el lector, para vincular capitalismo y poshumanismo y destacar la invitación de aquel a todos “los diferentes” humanos, animales, “cíborgs” al paraíso consumista de los supermercados. Bajo esta luz se aclara (sin criticarlo) el ascenso imparable del animal a persona no humana y en el caso de las mascotas, especialmente los perros, la economía floreciente de su vestimenta, cuidados médicos y alimenticios, cementerios…

Con una enérgica defensa del universalismo humanista y de la triple ecuación democracia-racionalidad-verdad como valladar contra “el deterioro de la comunicación” y con la afirmación de “una relación esencial entre verdad y democracia” (Gramsci) finaliza el capítulo, no sin recordar que el “universo está lleno de sentido común”, y la relación entre conocimiento científico y sentido común y que cada uno de nosotros “somos un agente de verdades” (Ortega).

El capítulo VI, último del libro, examina “la verdad de las distopías”. Ese género narrativo capaz de avanzarnos proféticamente el futuro. Páginas muy interesantes sobre las sociedades distópicas, los fenómenos de “neolengua” (newspeak), la distorsión sistemática y programada de la realidad, el “envenenamiento de rebaño”,… Y una pregunta final, en relación con lo políticamente correcto: ¿Cui Prodest? “Ejercicio censorial posdemocrático del poder” (en algunos casos) sin dejar de reconocer “que son muchas las manos que mecen la cuna” pues “cuanto mayor es la población más minorías hay, susceptibles de ser ofendidas”, pero al lector le parece que el auge de toda la fenomenología tan bien estudiada en el libro reseñado no sería posible sin su sintonía con los intereses del capitalismo mundial, de la elite económica globalizada, pues la cor. pol., la posverdad, el poshumanismo, la neolengua, favorecen la doma de los diferentes rebaños que, bajo la apariencia de una “cura” atenta a sus intereses particulares, son conducidos dócilmente a los templos de los dioses del consumo.

Un breve epílogo y una bibliografía multilingüe, clasificada metódicamente en secciones de más de trescientos cincuenta títulos cierran este admirable libro, en el ámbito (mundial) de la lengua española y que, sin duda, ejercerá por su criterio firme y sereno duradera influencia en los futuros estudios de los temas que constituyen su contenido.

Y espero que pronto sea traducido a nuestras lenguas occidentales, especialmente al inglés y al francés como ducha eficaz de realismo, conocimiento científico y sentido común. Supongo que su agua vivificante no llegará a los “idiotas de las redes” pero quizá a algunos activistas de la deconstrucción y de la posmodernidad les hará reflexionar. Sin embargo la principal utilidad del libro es proporcionar orientación clara a tantos millones en busca de una información sólida que obstaculice su arrastre por el viento de novedades que son “un peligro mortal” para la lengua y la comunicación, en definitiva para lo humano del hombre (el “ren” confuciano) y la democracia. Por ello, pediría el lector al a. (y para evitar la erosión que en este tipo de libros produce el transcurso del tiempo, al reducirlos a un testimonio epocal) que las sucesivas ediciones sean enriquecidas continuamente con todo lo que de importancia afecte a los fenómenos tratados y el libro mantenga así el regimiento que merece. Que no se desprenda del autor y le devenga extraño. Puede ser tarea difícil ante la emergencia de nuevos o viejos intereses. Pero merece la pena y, además la propia articulación del libro, al nivel de las secciones de los capítulos, facilita el encaje de la nueva información.

Para acabar esta ya larga reseña, pero necesaria, por la importancia de la materia y el modo de tratarla, unas pocas observaciones del modesto lector.

Con relación al arte contemporáneo (o a una gran parte del mismo) es decir, a aquellas corrientes que desde los últimos cincuenta, primeros sesenta del pasado siglo supusieron una rotura con el arte moderno: minimalismo, conceptualismo y ya después videoarte y la actual proliferación de performances e instalaciones de todo tipo. Variado universo en el que predominan unos conceptos fundamentales: rotura con la definición estética del arte, ausencia de principios objetivos por juzgarlo y dependencia de un discurso o relato que integre y de significado a la mera yuxtaposición objetual y, por tanto, variable según cada espectador. Se llega a decir que arte es lo que hace el artista en su taller y que el arte es un proceso. Parece un fenómeno característico de esa modernidad líquida, tan bien estudiada por el a. y que no sería equivocado el vincularlo con las diversas deconstrucciones contemporáneas y, en general, con la posverdad. Es digno de notar que frente a los que afirman que no hay nada fuera del texto, en el “arte” contemporáneo, su nada la explica un discurso “hors-oeuvre”.

Una segunda observación tiene que ver con “la fuerza de lo falso” o, para atenuar la expresión, los efectos de un texto (en sentido amplísimo) no verdadero o la verdad o no del cual no se puede conocer, incluso que la verdad o no juegue un papel marginal en los efectos del texto. En este último caso, aunque la verdad sea clara y accesible, sin embargo puede no interesar a nadie ante la magnitud de los efectos sobre los afectados o la riqueza de las interpretaciones.

Pensemos algunos supuestos, sin intentar agotarlos: el amor y la imagen de la persona amada en el que ama. ¿Este ve algo que los demás no ven (sin amor) o la poderosa gravitación de la imagen generada es ajena a la concepción clásica de verdad? Lo onírico. Antes los sueños eran heraldos de un futuro inevitable. Y, hoy sean lo que sean, un gran sueño puede turbarnos profundamente. La fe religiosa y las iglesias. Su relación con la verdad es más que cuestionable, pero los efectos y la influencia y poder en la sociedad están a la vista.

El texto literario (ampliamente incluyendo el teatro, el cine, la pintura…). Por una parte, sus héroes y más conspicuos personajes forman parte de nuestra vida y nos afectan más que muchas personas de carne y hueso ¿cómo serían nuestras emociones y sueños sin D. Quijote, por ejemplo? Escribió A. Cunqueiro que en el Imperio Secreto se educaba a la gente para que sospechase la presencia en los caminos de los caballeros andantes de antaño, de D. Quijote. Nadie se plantea la cuestión, irrelevante, de la verdad o no de su existencia. El que vive la imagen como destino lo encuentra.

Por otra, no se puede negar la independencia del texto de su creador y las diferentes interpretaciones, según los receptores y las épocas. Una cosa es lo que pretendió el autor del texto al crearlo (que en la creación puede no ser consciente de las oscuras fuerzas que impulsan la emergencia) y otra el texto sobre el que se inclinan el autor y los que lo reciben. Conjunto de interpretaciones, ninguna privilegiada y con el límite, muy elástico, de la naturaleza del texto. Pretender conocer el sentido objetivo de un texto (y ya no digamos lo pretendido por el autor…) con independencia de la subjetividad inevitable del receptor me parece una quimera. Más fecundo es olvidarse de interpretaciones objetivas y, teniendo presente esta relación dialéctica texto-receptor, consumirlo, para alimentarse con él y crecer.

La justicia. El proceso como texto y su conclusión, la sentencia tiene más que ver con los hechos probados que con la verdad de los hechos. “A mata a B” puede ser un hecho verdadero y, como tal, probado. Pero las infinitas circunstancias en que surgió o a que se debió el hecho, muchas en la psique de los involucrados, pueden fácilmente no llegar a ser esclarecidas y eso influye decisivamente en la sentencia que puede condenar aunque el tribunal de la propia conciencia absuelva. Y fuera del campo penal, en el derecho privado, la seguridad jurídica está por encima de la verdad. Recordemos el apotegma “ius civile vigilantibus scriptum est”. Hechos desconocidos por la ciencia.

Un breve ejemplo. Las investigaciones prehistóricas sobre las bandas paleolíticas y la división de las tareas según el sexo, o la relación del “homo sapiens” con el Neanderthal, ya no digamos en el horizonte del homo erectus…, ante la niebla que cubre los milenios y que solo parcialmente y poco a poco se levanta, constituyen relatos, sin duda brillantemente argumentados, pero en parte significativa, especulativos. Y lo más probable es que gran parte de la verdad de estos hechos y relaciones antiguas permanezca siempre desconocida. Incluso cuando se aclara la verdad de un hecho o aparece una verdad oculta (casos de la armada invencible o de la derrota inglesa con su contra-armada, y que expone el a.) la fuerza del relato transmitido sigue siendo superior en sus efectos.

Los ejemplos anteriores muestran dos cosas: una, la amplitud de los campos en que la verdad juega un papel marginal o no juega ninguno. Otra, cómo influyen en el ser humano y gravitan sobre él causas que no tienen que ver con la verdad. De lo que se deduce el fuerte anclaje y las sólidas raíces del hombre en el relato cualquiera que sea la relación de este con la verdad. Y que la verdad y la posverdad no son opuestas sino que están enlazadas en una relación problemática. Es necesario reconocer a cada una sus límites y sus derechos. Miremos a nuestra experiencia interna. Cometimos una acción de la que no nos sentimos orgullosos. Es la verdad visible en lo público. Internamente rumiamos una y otra vez esa acción procurando justificarla, colocarla en otro contexto, “en realidad yo quise…”. Al final tenemos una acción mucho más compleja, que nos borra el disgusto, una verdad que transmitida al exterior suministra más información sobre el hecho y el autor que la verdad que resulta del puro hecho visible.

Dijimos páginas atrás que comentaríamos la afirmación del “ingrediente del posmodernismo, la negación de la realidad objetiva independiente de la percepción humana”. Si de lo que se trata es de la comprensión de la verdad como “un constructo social”, en la medida de que se niegue una verdad substantiva independiente de las variables sociedades humanas, la afirmación es rechazable. Pero si por realidad entendemos el mundo que abre la especie humana o, en negativo, hablamos de realidad en ausencia de vida orgánica, desaparece tal rechazo, y todo sería muy matizable. Lenin calificó de cretino a quien negase la luna en ausencia del hombre (creo que su blanco era el filósofo Avenarius). Asumo mi cuota en tal cretinismo, provisionalmente, en espera de mejor ocasión para tratar el tema.

Pero no puedo comprender que, en ausencia de vida orgánica, se pueda hablar de luna (y de su brillo, color, textura o forma, tal como las conocemos).

Finalizo con unas palabras del aqueménida Darío que expone Herodoto en el libro III de su historia: “pues cuando es menester contar alguna mentira, hay que contarla, ya que quienes mienten, como quienes se atienen a la verdad, ansiamos lo mismo. Los unos, sin duda, mienten únicamente cuando, mediante la convicción de sus mentiras van a obtener algún provecho y para que se confíe más en ellos. Así, sin adoptar los mismos procedimientos, todos aspiramos a lo mismo. Y, si no hubieran de obtener provecho alguno, tanto le daría mentir a quien dice la verdad, como decir la verdad a quien miente”.

Cierto que en el razonamiento del rey de reyes hay mucha argumentación sofística. Pero también mucha verdad en el seno de la no verdad.

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¿NECESITAN LOS DELFINES UNA CIVILIZACIÓN TECNOLÓGICA?

Un libro, excelente, “Vida, la gran historia” de divulgación biológica sobre la evolución, del paleontólogo J. L. Arsuaga. Al exponer el horizonte científico vigente, las diversas teorías que explican los datos y las dudas que surgen y los problemas planteados, anima al lector, a partir de ellos, a utilizar su cerebro. Invitación posible en biología pues, expuestos los resultados de la investigación científica de base, sobre los que el profano naturalmente no tiene nada que decir, sí puede pensar con provecho sobre la problemática que aquellos plantean. Y con mayor provecho cuanto mayor es la generalidad de aquella, cuando está involucrado el papel y el destino de la especie, cuestiones que no pueden ser ajenas a ninguna inteligencia. Al fin y al cabo estas cuestiones y problemas, decisivas para el ser humano, se piensan y se comunican en su mayor parte en un lenguaje natural y solamente es preciso aprender el vocabulario técnico correspondiente y su uso por los diversos autores y corrientes científicas, lo cual por supuesto, no es pequeña tarea. La situación es muy diferente en la divulgación de los resultados de la física o de la química. Aquí hay una tarea previa, sin la cual es imposible pensar críticamente la divulgación: conocer la lengua de estas disciplinas, las matemáticas. Sin ese conocimiento, no digo que sea perder el tiempo leer esa divulgación, pero sí imposible conocer con un mínimo de rigor el alcance de lo que se dice y debatirlo críticamente. En la traducción al lenguaje natural del lenguaje físico-matemático se pierde prácticamente todo y solo quedan problemas flotando vagamente como medusas que al rozarnos con sus tentáculos a algunos inadvertidos les inoculan el veneno de un ridículo falso saber. Cuántos conocemos que procedentes de terrenos muy distantes al de la física, incluso del literario, te informan sin embarazo de que se apasionan, por ejemplo, por la mecánica cuántica, como si supieran de lo que hablan. Siempre les pregunto si tienen algún conocimiento de matemáticas, si pueden comprender matemáticamente los problemas planteados. Y siempre es negativa la respuesta, pero no importa, seguirán creyendo que conocen y pontificando con voz engolada, puentes que se hunden al primer atisbo de examen serio. Y la metáfora del gato de Schrödinger seguirá causando daños en estos espíritus ingenuos. Más hubiera valido que este elemento literario no se hubiese introducido en la exposición ya que, mal entendido, a él se agarran estos apasionados cuánticos, como a un rostro amigo en una muchedumbre de desconocidos. La invitación cordial de Arsuaga es imposible de aceptar en la divulgación física. Quizás, como me dice mi hija Leticia, física de profesión, permanece la posibilidad de plantear preguntas. Y, añado yo, la posibilidad de pensar el material científico divulgado, desde el horizonte literario o poético. La literatura y la poesía se nutren de todo, incluso de material científico de segunda o tercera mano. Y los resultados pueden ser deslumbrantes y de una profundidad significativa en nuestras vidas. Seguro que J. L. Borges comió del famoso gato y con su digestión alumbró luz perdurable para todos nosotros. Pero volvamos a los delfines.

Examina Arsuaga en el libro citado “la posibilidad de que la mente racional pudiera evolucionar en un tipo de animal que no fuera humanoide en cualquier lugar del universo. Y al mismo tiempo nos preguntamos si para que un animal llegue a convertirse en un humanoide tiene que seguir los mismos pasos que ha seguido el curso de nuestra propia historia”. “¿La disyuntiva es los humanoides o nada? ¿Hay una vía única hacia la inteligencia? En un capítulo interesantísimo titulado “Los humanoides” examina con amplitud de criterio (y generosidad) si nuestra aparición era muy improbable o, por el contrario, nuestra evolución era predecible. Su conclusión (pgn 510) es que después de todo “no haya que esperar nada realmente nuevo de las demás especies, no porque carezcan de potencial evolutivo sino porque mucho me temo que las especies del futuro serán como los humanos queramos que sean, y solo existirán las que permitamos que existan. Las reglas del juego evolutivo han cambiado definitivamente”.

Antes, “suspendiendo la incredulidad” ha jugado con “moluscos viajando en naves espaciales” o “delfines o elefantes artistas plásticos” y recoge la clásica narración del relato evolutivo. Postura bípeda, extremidades anteriores libres de la locomoción y disponibles para el manejo delicado (y creación) de instrumentos, “precisión tremenda en la información que nos llega a través del tacto y de la visión binocular” (prerrequisito para el pensamiento conceptual (Huxley). “O que solo un vertebrado terrestre grande, para que le cupiera un gran encéfalo, con manos… dotadas de pulgares oponibles y dedos con uñas planas y yemas sensibles podría haber llegado tan lejos” (Wilson). El propio Arsuaga se pregunta si, “por muy inteligentes que sean, podrían llegar los delfines o los elefantes a producir una civilización tecnológica… ¿No estarán limitados por la ausencia de órganos prensiles…? Y en relación con esto expone el parecer del antropólogo Howells sobre las dificultades para que en el mar pudiera surgir una civilización. Superada la antigua objeción de la comunicación difícil en el medio acuático (por lo que sabemos de los cetáceos, permanece la que surge de tener aletas en vez de manos y en consecuencia crear y manipular instrumentos). Parece hacer suyo, al recogerlo sin comentario, el aforismo de Jorge Wagensberg “la aleta es un tapón evolutivo para el conocimiento. ¿Qué haría un delfín después de tener una idea genial?”

Según pienso es preciso tratar separadamente dos cuestiones: la posibilidad (y necesidad) de una civilización tecnológica, por ejemplo, para los delfines, en su actual estado evolutivo y la posibilidad de evolución de su grado de encefalización hasta un nivel sapiens. Y otra: los límites de esa evolución según los requerimientos de la adaptación al medioambiente de un concreto nicho ecológico que harán que la evolución seleccione o no variantes o mutaciones que puedan producirse. Todo el planeta constituye el nicho ecológico del homo sapiens y supongo que cuanto más general y abierto es ese nicho, la adaptación al mismo es más compleja, sobre todo si ese carácter abierto y general del nicho ecológico se combina con una explotación no especializada del mismo.

Si dentro de un millón de años sigue habiendo humanos y los perros (ese humano “honorario”) siguen siendo su compañero ¿(dejando aparte en esta hipótesis la selección artificial y los progresos de la tecnología genética) quién descartaría una evolución en los perros análoga a la de los homínidos?

La explotación de su medio ambiente por los delfines supongo que es la adecuada, que están perfectamente adaptados a su nicho y que en consecuencia no hay necesidad de que la selección natural favorezca variaciones o mutaciones que no necesitan para la explotación, que incluso podrían suponer un peligro para aquel. Pero si (según el aforismo que recoge Arsuaga) un delfín tuviera una idea genial, la expresión implica que pensaría y en consecuencia que tendría un lenguaje cuya gramática podría ser estudiada por los humanos, mediante las oportunas grabaciones y después comunicarse con ellos. Prescindiendo de que, según lo dicho antes, de los eventuales peligros para su especie de poseer un pensamiento, aparte de una comunicación intraespecífica más completa con las consecuencias económicas y culturales deducibles, podrían, por ejemplo establecer convenios con los humanos, mutuamente beneficiosos accediendo al uso de instrumentos que no les son accesibles por su carencia de manos. Podrían domesticar, quizás, animales marinos como el pulpo (ese vertebrado “honorario”) y utilizar sus tentáculos. Sin hablar de la potencia de las ondas eléctricas de su cerebro que hoy les permiten comunicarse a enormes distancias y que con ayuda de la tecnología humana, traducirlas en mecánica para mover objetos.

Como se ve, los delfines podrían hacer muchas cosas con sus “ideas geniales”. Otra cosa es que las mismas, como dije antes, pudieran alterar el equilibrio en la explotación de su medio acuático, por otra parte muy limitado comparado con la superficie terrestre.

Hablar de delfines “artistas plásticos” me parece antropocentrismo. El arte no tiene por qué ser una consecuencia inevitable de toda inteligencia superior. Vuelvo al comienzo. En sus condiciones actuales, el grado de encefalización de los delfines es el adecuado a las mismas y no creo que la selección natural seleccione variaciones o mutaciones que no mejoren la adaptación de aquellos.

Más sobre una civilización de los delfines. Desde otro ángulo, a la luz del horizonte mítico griego, podemos pensar la evolución de los delfines incluyendo, como testimonio, la admirable cerámica clásica que representa en infinitas variedades escenas de los principales mitos.

Se ha dicho bellamente que para el pensamiento mítico griego “La metamórfosis es la propia naturaleza de las divinidades marinas”. Y que hay “un polimorfismo inherente al mundo acuático”. Como claro ejemplo recordemos las transformaciones de Tetis, la oceánida hija de Nereo, que al ser enlazada por Peleo, que la quiere como esposa (Aquiles será el hijo de ambos) se resiste inicialmente en una serie metamórfica que va del fuego al león.

Si pensamos los cetáceos y, concretamente los delfines, con una mirada no embarazada del conocimiento biológico acumulado en los últimos 250 años, su doble realidad de mamíferos (“que exhalan entraña e inhalan transparencia”) y de seres marinos, se nos aparecen en un equilibrio inestable, que fácilmente puede decantarse por un medio o terrestre o acuático. Se comprende así ese esencial polimorfismo atribuido por los griegos.

Tengo ante mis ojos la fotografía de una hermosa Hidria etrusca (ca.510-500 A.E) que incorporo. La franja central, que es la que nos interesa aquí, representa la escena final del secuestro de Dionisio por los piratas. El Dios del vino se transforma en un león que ruge con rugidos de trueno. Llenos de pavor, los piratas se lanzan al mar donde se transforman en delfines. La Hidria recoge ese momento de la entrada en el agua marina, con la transformación en curso al contacto con las olas.

Pero démosle la vuelta a la escena, en un giro de 180 grados, tal como se ve en la segunda foto aneja, y olvidemos el mito. 

¿Qué es lo que vemos? Seres marinos en el fondo del agua, en posición erguida, mitad hombres y mitad delfines, que muestran distintas posibilidades en su proceso de evolución, transitorias o definitivas. La figura de la derecha es un ser humano desde la cintura, pero que puede respirar dentro del agua. Todas las demás son humanas de la cintura a los pies. Y todas ellas miran en dirección a la superficie marina, un ritual quizás, de adoración de la luz solar que los ilumina. Nótese como las aletas delanteras parecen casi brazos, sin mano, en las primeras 5 figuras visibles desde la izquierda. Estas posibilidades de transformación, coexistirán en su polimorfismo o la sexta figura indica la dirección que privilegiará el proceso metamórfico? Dentro de uno, dos, tres millones de años, qué nuevas criaturas emergerán de las olas y titubearán en la playa a la luz del mediodía? O surgirán nocturnas, ante sorprendida luna?

También puede suceder entre los seres marinos una evolución de su inteligencia, sin transformación física, satisfechos con su forma, tan adaptada al medio marino. O que esta forma, en los delfines, evolucione hasta eliminar la respiración fuera del agua. Recordemos el texto, atribuido a Plutarco, que refiere como un compañero de Ulises, transformado en cerdo por Circe, aunque conservando la conciencia y el lenguaje, se niega a volver a la figura humana cuando la maga, obligada por Ulises, revierte la situación de los compañeros de éste. Y se niega con abundantes y convincentes argumentos.

Por cierto, los cerdos de Circe me hacen recordar el término vasco para delfín: izurde, cerdo de agua, acuático o marino, desafortunada comparación. Para desagraviar a nuestros simpáticos amigos, les recitaré un par de versos del poema “Delphine” de Rike: “…Anders als die stumme, stumpfgemute Zuckt der Fische, Blut von ihre Blute und von fern dem menschlichen geneigt…warme zugetane…die Trireme heiter weiter trug”. “…Distinto de la muda, apática especie de los peces, sangre de su sangre inclinado a lo humano…cálido, amistoso…llevaba sereno el trirreme hacia adelante”.

De todas formas, no es solo la lengua vasca la descortés con los delfines, el propio griego antiguo con su “delfís” (emparentado con  delfax, joven cerdo o cerda), pensó probablemente en un cerdo de mar. Pero después supo colocar en lo más alto al delfín al atribuir a Apolo el epíteto de delfinios y, como tal, amigo de los marinos.

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7. ANALECTA DEL PARAÍSO

A todos los seres humanos está abierta la posibilidad de la imagen. Lo histórico, sin embargo, con el fuego y el humo que arrojan por la boca sus dragones, oculta a los más la transparencia del espejo y los encalla en lo

sucesivo. Sólo unos pocos, maestros en la decapitación del monstruo, tensan el arco y lanzan la flecha a un horizonte que gravita como un destino.

Cada cultura humana posee su constelación particular de imágenes, pero toda diferencia es morada que puede habitar quien vive en la imagen, sin importar su origen. Por ello, todos los paraísos posibles del hombre se confunden en un único paraíso, en la ciudad paradisíaca. En ella, el unicornio chino y el unicornio de Paulus se encuentran en un claro del bosque. Ambos sueñan bajo la luz de la luna. Arde una hoguera de plata.

ANALECTA DEL PARAÍSO

DÍAS DE LA CIUDAD PARADISÍACA

  1. Confucio en el año 486 a.C. vio un unicornio muerto, cazado por unos campesinos. Supo entonces que moriría pronto, dos años después.
  • Lao Zi (el niño viejo) nació bajo un ciruelo después de sesenta y dos años de gestación y desapareció en el oeste. Al final llegó a la India, allí se convirtió en buda.
  • Un libro paradisíaco de medicina: el cuerpo de los inmortales tiene huesos de oro y carne de jade. Se recomienda carne de unicornio para la dieta de los inmortales. Treinta y seis mil son los dioses que habitan en el cuerpo humano.
  • El emperador-general Guan Yu, que ayuda al cielo y protege al Estado, muere en 1220. En 1813, defiende la entrada de los aposentos imperiales, durante una conjura en la que el emperador Jin Ging estuvo en peligro de perder la vida.
  • La isla de la inmortalidad se halla en el mar oriental. Pero al acercarse las naves de los que la buscan, las olas las rechazan y las islas se ocultan.
  • En una taberna de la plaza mayor de Paradiso dialogan jóvenes y ancianos y todas las clases de fruta madura. Todos veneran al Dios que se alza, enigmático, en el centro de la mesa, una gran damajuana de un vino oscuro.

Un filósofo: “la naturaleza es naturaleza humana. La poética puede dislocarla o transformarla en infinitos segmentos o universos paralelos”.

Otro: “la pluralidad de imágenes que evapora un objeto tocado por la flecha de la metáfora lo salvan en la nueva gravitación visitada. El objeto se salva históricamente por la imagen”.

Un urbanista: “la ciudad del poeta, con su gravedad de planeta exterior, cancela, por absorción, el urbanismo hostil y antipoético.

Un joven poeta apasionado: “la imagen, la evaporación de imágenes es consustancial al primer hombre, preexiste al hombre concreto. Nacemos en un universo de imágenes, en una biblioteca poética”.

Una joven exaltada: “¡vivir paradisíaco! ¡Devenir texto poético! ¡Vivir en la gravitación de la imagen!”.

Un joyero de imágenes: “pureza diamantina de la imagen. Creada, brilla para siempre. Pueden surgir y surgirán otras diferentes, de luz más pura también. Pero la belleza lograda es para siempre.”

Lezama Lima se acerca sonriente y cortés. Abre los brazos, como para abarcarlos a todos, y sentencia oracularmente: “en una misma agua se baña el inmóvil paisaje y los animales más finos”.

A. Cunqueiro, seguido por una corte que, visiblemente, le produce ligeros agobios, desemboca de su paseo y saluda a Lezama, y le dice: “nunca pensé que el número de mulos en Paradiso superase al de las ferias de San Lucas de Mondoñedo”. “Está claro”, añade, “que la muerte no altera la calidad de nuestra luz”. Ríe Lezama y apostilla “Mūlus Semel, Mūlus Semper”.

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ANALECTA DEL PARAÍSO

(TEXTOS DE LA CIUDAD PARADISÍACA)

  1. D. Quijote al canónigo (capítulo 50 – 1ª parte). “¿Hay mayor contento que ver, como si dijésemos, aquí ahora se muestra delante de nosotros, un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables, y que del medio del lago sale una voz tristísima que dice: tú, caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho y arrójate en mitad de su negro y encendido licor, porque si así no lo haces, no serás digno de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete castillos de las siete fadas que debajo desta negrura yacen”.
  • La cueva de Montesinos en el corazón de La Mancha (II Parte, cap. 22).

Se dejó calar hasta el fondo de la caverna espantosa”.

Al recoger la soga, surgió D. Quijote con muestras de estar dormido.

Me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida. Entré en una oquedad, me salteó un sueño profundísimo”.

Sin saber cómo desperté de él y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la natura”.

Ofrecióseme a la vista un real o suntuoso palacio o alcázar”.

  • Zhang Daoding, maestro taoísta de la vía de los cinco celemines de arroz o vía de los maestros celestes, en la última prueba a sus discípulos, les propuso un salto al vacío para recoger en la pared de un precipicio los melocotones de la inmortalidad. Él y su mejor discípulo, Nang Cheng, saltaron, comieron de la fruta prodigiosa, se elevaron como inmortales en el cielo y desaparecieron.

D. Quijote y Zhang Daoding nos muestran las puertas del paraíso. Un gran salto, dejarse penetrar por la gravitación más poderosa, volar la flecha de la metáfora a un horizonte inconcebible y así habitar la morada de la imagen, ganar el paraíso.

IMAGEN POÉTICA Y PSEUDO IMAGEN RELIGIOSA

Lo contrario de la imagen poética es la pseudo imagen religiosa. La religión institucionalizada repudia su nacimiento en la imagen y olvida la metáfora prodigiosa que lo provocó. Quiere la inserción en el ámbito de la realidad de su creencia, una realidad más, a cuyo servicio se halla la organización que no puede servir a sueños sino a una ambición de poder. Impone así su creencia, como experiencia por todos observable, que ha exigido y exige la violencia, la más terrible incluso, para una imposición exitosa. Paradójicamente, después de afirmar “mi reino no es de este mundo” lo abraza con abrazo desesperado y dice “mi reino es de este mundo, con vocación universal de gobernarlo”, vestida de una fe en lo invisible (por inexistente) que deja desnuda a la iglesia en su pura materialidad. Fe en lo invisible, que al autonegarse como imagen, es en sí locura, por colectiva, ampliamente aceptada socialmente a diferencia de las variadas demencias individuales.

En la imagen poética, al contrario, no hay jerarquía y organización, cada imagen genera su genealogía y su descendencia. No se impone, no exige fidelidad u obediencia colectiva. La imagen, cada imagen no promete el paraíso, es el paraíso.

Por los campos paradisíacos de La Mancha cabalga D. Quijote, ebrio de imágenes y son precisamente poderes de esa iglesia, material y violenta, párrocos, canónigos, quienes fuerzan por destruir su paraíso o impedir que en él entre, en una mañana clara. Muere al cabo D. Quijote como el hidalgo Alonso Quijano vencido por los enemigos más feroces de la imagen pero, como “caballero de la triste figura” permanecerá siempre en el horizonte de nuestros sueños, fuente la más fértil en la generación de imágenes, vecino de cualquier paraíso imaginable.

LA CIUDAD PARADISÍACA

Cunqueiro no elaboró explícitamente una historia poética pero sí privilegió un mosaico de épocas y lugares de la historia universal, a las que extirpó el nervio de lo sucesivo excluyente para yuxtaponerlos en una sola era imaginaria o, mejor, en una ciudad imaginaria, fuera del espacio y del tiempo. Si comparamos la ciudad paradisíaca cunqueiriana y las eras imaginarias de Lezama vemos la semejanza de los motivos del mosaico, en parte determinado por el comienzo griego. Sin embargo en Cunqueiro al construirse la ciudad sobre el texto paradisíaco no hay sucesión de eras imaginarias sino cambiante yuxtaposición de cualquier geografía o época. Y consecuentemente vivos y muertos son vecinos de un espacio-tiempo sin distancias ni duración, espacio-tiempo que se contrae o dilata para engendrar, como el caos griego del origen. En semejante vecindad, revelados por la imagen los enlaces ocultos, las identidades que subyacen a la diversidad aparente, un hombre es todos los hombres. Y en una prosopopeya exasperada no hay diferencia entre hombres y cosas, no solo por el animismo generalizado sino también por las metamorfosis que no conocen obstáculo alguno en cualquier dirección.

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BOLETÍN LITERARIO MINDONIENSE

Nº DOS (ENERO 2021)

1. POEMAS

2. EL ORÁCULO DE LEZAMA

3. LITERATURA GALLEGA Y LITERATURA EN LENGUA GALLEGA

4. UNA ANTOLOGÍA DE CUNQUEIRO

POR CÉSAR CUNQUEIRO

(https://cesarcunqueiro.home.blog/)


1. DESDE EL FONDO DEL MAR

POEMAS

I. Beatriz Pasa

Pasan los siglos, caravana insomne,

Vacuno que azuza el pastor del viento,

Barro, gritos, estruendo, confusión,

Mugidos, sin descanso, hacia las puertas

Del abierto recinto del olvido

Donde todo se calma y apacigua.

Un silencio sin noches y sin días.

Mientras, los que andamos sobre dos piés

La tierra, alzamos nuestra estatura,

Como un semidiós, a la muerte ajeno,

Y su fatal memoria no pensamos,

La vieja enemistad de sus archivos.

Vivimos en una dulce embriaguez,

Es la copa de Beatriz la causa,

Que nos aleja de la imagen clara

Del país que no sabe de retornos.

Es Beatriz un manantial de niebla.

No hay días en el siglo, ni en los días

Horas, en los que Beatriz no pase,

Beatriz pasa siempre, siempre cerca,

Hace ochocientos años de su paso

Por Florencia, suceso de inmortal

Recuerdo. Pero ha pasado antes

Y después, pasa y seguirá pasando.

Qué lugar en la tierra sin su paso?

Beatriz asomada en la ventana,

Beatriz en la calle y en las plazas,

Un sereno mirar y la sonrisa.

Beatriz es un enigma. Inútil

Preguntar por la variedad que muestra

En la figura, Beatriz se viste

De todas las respuestas que imaginas.

Y con todo, no habrá duda ninguna

Si pasa Beatriz y al pasar mira.

Entonces, un eco nunca oído,

Un repentino incendio de mil luces,

Brisas de puras, altas extensiones,

Se abre tu ser, las puertas se retiran,

Beatriz está en el umbral. Espera.

Un destino en sus ojos te interpela.

Cualquier tiempo anterior es cancelado.

Se funden dos en la mas grande imágen,

Dureza transparente de la piedra

Que se fija y se adentra en el espejo

Por senda solo por amor sabida.

Y no importa el romperse del espejo,

Los agudos cuchillos de sus vidrios.

Aunque los cubra sangre muy antigua,

Que traspasa los filtros del olvido,

Son huerto para el florecer del verso

Y el retrato del arte, la más alta

Memoria de Beatriz, testimonio

de una eterna belleza entre nosotros.

Por escuchar de Beatriz el canto

Seremos canción pese a la ceniza

Y haciéndonos brotar alas de fuga

Que quiebren un instante las oscuras

Servidumbres al polvo y a la muerte

Beatriz siempre seguirá pasando.

II. Manera de morir

(“La perfección muere

arrodillada” Lezama)

No quiero en lecho mi lugar de muerte,

Debilidad rendida del anciano

Que exhibe su final, anticipado.

Y no siendo oriental, arrodillado,

Disposición que pide una cultura,

Y también su horizonte de morada,

Que no siento. Quiero morir sentado,

Asiento que no sean mis talones,

Que añaden incomodidad al trance,

Si no cómodo asiento, mi sillón

De todo día, papel, libro y lápiz

En la mano, libros en el regazo

Y a mi lado, que muestren a la muerte,

Claramente, su atroz impertinencia.

Elijo horas de tarde de verano

De honda conversación con mis vecinos

En los alegres barrios de bibliópolis,

Ciudad natal. Su ordenado urbanismo

No excluye los rincones misteriosos,

En su sombra, quizás será la herida.

Una ola en mí, como el mar en la arena,

Me serena. Tener como testigos

Tanto amigo, de todas las naciones,

que en lenguas diferentes se lamenten.

Muchos años viviendo con los libros,

El color de su piel y su estatura,

Son sabidos. Y su olor que entrelazan

con el mío. Familia de papel!

Para no ver suceso tan tremendo

Sus ojos cubrirán con las cubiertas,

Mantos de colores. Cogido a ellos,

Perdido en la selva obscura, me guiaron,

Ahuyentando al error, que amenazaba.

No sé si quiero muerte perezosa

Que se enrolle despacio en mi costado

Gato negro egoísta y zalamero,

O hacha tierna y veloz, que decapite

O mezcla sabrosa, a voluntad, de ambas.

De la escena final no tengo dudas.

La cabeza inclinada sobre el pecho,

La mano que acaricia el libro amado,

Mis plumas como lanzas derrotadas.

III. Una inscripción antigua

Yo, Kúsar Kun.Ke.Í.Ru, servidor

De la casa de los libros, alcé,

En provincia lejana del imperio,

Este recinto para su morada,

Allí donde solo crecen la sombra

Y el silencio, fuera de los caminos

Que visitan la guerra y el comercio

Los años largos de mi vida ardieron

En el fuego del altar, sacrificio

A vuestra luz de extraños inmortales,

Centauros alados, hijos del hombre

Y de la nube que el saber de siglos

Alimenta. Con alegre fatiga,

Cada día, surgieron galerías,

Habitaciones, pórticos, columnas.

Al final, cuando todo fué dispuesto,

Os invoqué en las diferentes lenguas

Propias de los orígenes diversos,

Para habitar la ciudad ofrecida,

Que os acoge por barrios desde entonces.

En cómodo reposo las figuras,

Diferenciados órdenes y clases,

Sobre el misterio de ángulos oscuros

Sobrevuelan brillantes arcoíris,

Color variado en túnicas y mantos

Que causa por doquier un suave incendio.

En los dobles collares de los días,

Y en las perlas que cuelgan de sus horas,

Mis manos que no cesan, acarician

Vuestra cálida entraña desvestida

Y hacen brotar las voces y los cantos

De letras que se acercan, bailarinas,

Desde sus alfabetos prodigiosos,

En juegos malabares que me asombran.

Sediento bebedor del agua escrita,

Una sed que no sacia la bebida,

En embriaguez viví, sin observar

La pleamar de la extensión del tiempo,

La amenaza del Nilo en su crecida

Hasta la superficie indiferente

Y sin historia que cubre el latido

De una antigua esperanza sumergida.

Es el tiempo en que nacen las preguntas,

Angustia, inquietud nunca sentidas.

Borrado el templo y el rumor del culto,

Y el ágil ejercicio del incienso,

En su trapecio, cada vez más alto.

A dónde ireis, divinas criaturas,

Sin los fieles que por saber se inclinan?

La dispersión fatal a la procura

De antiguas melopeas y salmodias

Adormideras guardianes de sueños,

No veré. Pero conozco la arena

Y sé del viento eterno que la azota

Y de los restos que hay en lo más hondo

Donde la tierra sin esfuerzo olvida.

Escriba del final, en la piedra dura

He inscrito estas palabras, testimonio

De un instante vivido como eterno

Quitar su dicha no podrá la muerte.

IV. Inevitable Herencia

Modesta herencia habrá cuando yo muera,

Humilde y apartada habitación

En la infinita biblioteca humana

Y el eco de mis pasos cada día,

Entre las órdenes de libros, monjes

Con recia disciplina de silencio,

Sus manos sobre un pecho de secretos,

El saber alcanzado por sus vidas.

En la luz indecisa de las celdas,

Años, siglos quizá, fui también monje,

Inclinado sobre lo más difícil,

Sin procurar jamás ganancia alguna.

Pude así conocer lo más profundo,

El pensar de las razas de los siglos,

Abierto en luz al generoso esfuerzo.

Los años ya pasaron, o los siglos,

Ya la muerte es vecina de mi sombra,

Con paciencia sonríe a mis trabajos,

Ciegos a su deseo de mudanza.

Ellos alzaron alas en la antigua

Arquitectura, nuevos laberintos,

otros monjes se unieron a los viejos,

Con orgullo tranquilo los contemplo.

Yo quisiera vivir siempre a su lado,

Y un cuerpo de papel atravesado

Por flechas que disparan alfabetos

En vuelo de imposibles geometrías,

Figuras y ejercicios nunca vistos

De mágicos arqueros en palestra.

Ciudadano de la ciudad sin fin,

Libro entre los libros, fatal destino

Del sediento que busca el agua oculta

En grietas de la roca vueltas fuentes.

Pero soñar no es página que dure,

Una mano sin mano en el costado,

Un vacío sin nombre que disuelve,

Se abre común, inevitable herencia.

V. Elvira

Es imagen antigua, centenaria,

Fotografía de alguien de mi sangre,

Niña todavía, vestida en blanco

Ceñido a medio brazo y celosía

De bordados que cubre las rodillas,

La ternura se afirma ante el andar

Reciente. Máscara de nieve el rostro,

Óvalo de un saber secreto, fuente

Para mis preguntas, entre torrentes

De rizos negros. Es más que un retrato,

Es dónde escucho la voz de mi estirpe.

Reiteraron tu nombre con mi madre.

Elvira!, en afirmación de vida,

Puente sobre el vacío de la ausencia,

Herida dolorosa en la familia.

Pero también un saber la unidad

De ambas existencias, la necesidad

De satisfacer a los años breves,

Bajo la luz, de la primera hermana

Que exigían persistir, duración,

Y así encauzar la sucesión del tiempo.

La casa lo supo ayer, hoy fatal

Destino, lo sé yo. Herencia vuestra

Que me alcanza y designa sin opción,

Fatigar la memoria de las aguas

Que nos bañan, restaurar el espejo

De los quebrados espejos del río,

Su claro fluir, cancelar la niebla,

Es la tarea. Os miro, te miro,

Desde el alba y en las horas del día,

Breves, largas. Todo es inevitable

Encuentro, encrucijada conversada.

Vemos en los ojos que un mismo mundo

Nos alberga. Respiramos rumores,

Sueños, voces venidas de muy lejos.

Lo que está decidido, desconozco

Ni por quién. No importa. Materna lengua

Me interpela constante y solicita

Como guardián que soy contra el olvido,

Enriquecer la posesión antigua.

Firme llevado, lento voy ganando

El parecido, la mirada propia

Que en nosotros florece y se despliega,

Ya ocupo mi lugar a vuestro lado.

Pastor de la casa, veloz galopo

Sus caballos. Descansad, es mi turno,

Por mi voz habla ahora la familia.

Aguardo tu mirada, vuelto imagen.

Quién eres, no lo sé. No sé si existes,

La sucesión la encontrarás dispuesta

Si sientes, escogido, la llamada.

VI. El sueño de Teresa Vidal

Una ventana oscura en el barco de la noche,

Hundida en el reposo de un sueño sin luces,

Ciega a la luna, rueda visible del carro invisible

Que derrama su carga en suave incendio.

Al fondo, muy lejos de los caminos del cielo,

La llanura de un mar de piedra,

No ondula su calma la brisa nocturna,

Ancla el barco de la noche con abrazo inmóvil.

Silencio. Ni presencia alguna.

Pero si rasgas el frágil tejido del velo,

Si la luna golpea la piedra

Y desenvaina el resplandor de sus lanzas,

Aparecen sirenas que cantan en aristas duras,

Visten de sonrisas, y no ocultan, inocentes,

Dientes de sierra y garras agudas.

Defienden, el destino lo manda, el haber de la tierra.

De pronto, una luz,

En la ventana del barco de la noche,

Las hojas se abren, alas que vibran,

Una mujer en el marco de la ventana,

Mármol o pintura en el museo de la noche.

Belleza es la delgadez de su altura,

Y la pasión del rostro, hoguera

Que alumbran los ojos, con fuego de campamento nocturno.

Así dice admirada la hora profunda.

Un misterio pregunta en ese ser ardiente,

Embriagado por un anhelo antiguo,

Vuelo de ave, camino de luna a la que llama hermana,

Vencer, hada de la noche, los lazos terrestres.

Despliega sus brazos, se adelanta,

Ensayo de arrumbar inútil nido,

Casi una sombra, asomada a las ondas del aire.

La noche extiende tapices de magia,

El mar de piedra palpita y asciende,

Las sirenas llaman con dulces cuchillos.

No, no hay brazos que retengan el talle de Teresa,

No están los míos, no estorban los vuestros,

Pasajeros sumidos en sueños distantes.

Eres libre Teresa de incendiar el aire,

Ángel sin peso, en busca de flores que habitan muy altas.

Tu danza, sin apoyo en el suelo, detiene a la luna,

Tu mirada brilla con tesoros sin nombre

Que nombras por vez primera,

Oprimen tus dedos frutas azules de jardines no hollados

Y el rocío humedece tus labios.

Un sueño imposible se ha hecho posible,

Concedida la suerte del deseo más hondo.

La tierra, sorprendida, retrocede un instante,

Ante esta hija, vuelta familia del éter,

Pero sus celos gravitan con fuerza tremenda,

El mar de piedra se agita, alterado,

Vomita torrentes de olas con filo de hacha,

Rugen su canto las sirenas hambrientas.

“No serás criatura del aire”

Exclaman las voces de abajo

“Sino planta, de las más hermosas, crecida en mi seno”

A Teresa la acogen los cuerpos más fuertes, el amor más duro.

Rota estrella de mar,

Flotas, inerme, en aguas de piedra.

Se diría que acunas un bien muy querido.

Mientras, la sangre sella con rubí muy espeso

El pergamino herido de tu estirpe terrestre.

Ya no hay luces en el barco de la noche,

Ni ventanas abiertas para respirar infinitos,

Ya se aleja al alba la clausura oscura,

Surge el sol indeciso del cotidiano vacío.

Es el poema de un sueño de una noche de agosto,

Que duró mil noches. El despertar nos dejó tu ausencia.

Imágen brillante de jinete alado galopa, incansable,

La memoria, rueda la cabeza del olvido.

Historia tan clara no será ofendida.


2. EL ORÁCULO DE LEZAMA

Llevo tiempo ocupado y preocupado con los temas del signo lingüístico, la imagen y la realidad, también con los vehículos y viajes metafóricos y sus pasajeros y cargas, viajes a cuyo lado los viajes mundanales no ofrecen otra cosa que caminos banales y sin interés que no salen de lo mismo.

Por el estudio de la imagen en Lezama me incliné sobre su asociacionismo en la cadena sintagmática de sus poemas al predominar (en términos generales) la superficie del signo lingüístico sobre la imagen subyacente y oculta. Las distancias que salvan los tropos lezamianos son inmensas y no raramente nos falta la clave de ese viaje que salva la distancia (metafórico, pues toda metáfora, como cualquier tropo es un vehículo diseñado para un viaje). Pero como decía Lezama y así tituló su obra póstuma “Fragmentos a su imán”, el auténtico fragmento está imantado y busca a su imán. Reconocemos la imantación del fragmento porque trasplantado a nuestro propio imán se inserta en la dinámica propia de la imagen y exhibe su poder germinador. La imagen que vehicula el fragmento sacude y conmueve, incluso parcialmente incomprendida.

Creo que la sensibilidad a la imantación del fragmento, a su energía poética, es la prueba más clara de la autenticidad y grandeza de una visión poética.

Pero esto será tratado en un boletín futuro. “Lezama camino del paraíso” completará así lo tratado en el primer boletín “Lezama y Cunqueiro. La luz de un mundo que se aleja”.

Andaba yo algo ebrio después de tanto beber de la jarra de estas cuestiones. Paseaba nocturno por el malecón de mi ciudad, acompañado mi pausado andar del tranquilo y armonioso golpear del agua contra el muro. Una luna enorme y juvenil me sonreía, las mejillas incendiadas por una erupción naranja. Mis pensamientos se asociaban, promiscuos, con otros muy lejanos y en este andar aquí y allá me encontré con la noche pitagórica del Maestro Lezama y se me ocurrió que sería buena idea viajar a La Habana y visitar el templo de Trocadero 162. Podría consultar al oráculo que allí abre su boca cuando la claridad estelar llena de su mansa plata la oscuridad de la celda sita en la planta baja. Pensado y hecho. Subí a un vehículo metafórico de cercanías que instantáneamente me dejó en el malecón de La Habana. Las horas de espera, por la diferencia horaria, transcurrieron en lento abrazo con cariñosos rones que me hicieron olvidar la ebriedad del tropo. Cuando llegó la noche, y las estrellas ocuparon sus palcos, despedí a mis jóvenes amigos que me obsequiaron con un último regalo. Sin apresurarme, me acerqué al lugar sagrado. La calle estaba casi vacía. Empujé levemente la puerta que se abrió lo suficiente para permitir mi entrada. Un buen augurio ya que si la consulta al oráculo no se considera pertinente, la puerta permanece cerrada. Los sacerdotes al servicio del templo son los que brotan del espejo de las imágenes que lo configuran. La noche pitagórica que fluye a través de la ventana ilumina la habitación. Un sacerdote o lo que considero tal, con la cabeza afeitada como los antiguos servidores de Isis me señala una silla y en silencio me ofrece un pastel de canela. Mientras lo saboreo, sentado, se va precisando, al fondo de la habitación, la estatua sedente de un Dios mesoamericano, de vientre enorme, dispuesto en pliegues como serpiente boa enrollada que observa soñolienta por el ojo semicerrado del ombligo. Un cigarro gira en la boca de la estatua, en su extremo otro ojo, éste, brasa y tremendamente vivo, que palpita al ritmo de las inhalaciones. La hoja bebida libera nubecillas que se alzan lentas en el aire y que a la luz del resplandor nocturno forman una vía láctea de niebla que se pierde en los mundos más oscuros de los rincones.

Sé que el pago del oráculo consiste en una ofrenda de libros aparecidos después del viaje al Hades del viajero inmóvil y que por ello no pudo leer. Dentro de mí se forma una clara imagen de unos cuantos libros de mi biblioteca que suscitan el interés del cubano. Asiento y al momento aparecen en las manos del sacerdote calvo que desaparece con ellos.

El silencio se ahonda. Yo adelgazo mi pregunta a fin de que pueda deslizarse por la abertura más fina. Al cabo de unos minutos oigo mi voz, un poco ronca y un mucho conmovida que se extiende en un español cuya prosodia me proclama hijo de una tribu bien conocida de los oídos isleños. “Contemplar en las isletas del Puraná la pareja del árbol de coral frente al ojo del tigre”.

Algún fenómeno celeste vela la luz estelar. En la oscuridad arde con más fuerza la brasa del cigarro, con intensidad furiosa, caballo azotado por su jinete. Después, poco a poco se va reduciendo a un punto luminoso. Y entonces resuena en la habitación o es en mi interior, la respuesta a mi pregunta, una onda sonora y clara. Pero sucede lo que con todos los oráculos, sus respuestas son ambiguas. La particularidad del oráculo lezamiano es que responde con preguntas, como si toda pregunta necesitase un preguntar más hondo que abra un camino posible. Hasta cuatro veces pregunta Lezama. Al final de cada pregunta la interrogación vibra largamente, cristal de violines en caricia apasionada.

“¿Un objeto se salva por su reducción a forma?

¿Es la forma el final del camino?

¿La forma es un objeto?

¿El objeto creado por la forma es un fragmento?”

La brasa del cigarro vuelve a ser el centro ardiente de la noche. De nuevo el silencio. Fatalmente atraído por la hoguera circular, se arroja a ella y allí crepita en mil chasquidos que se dispersan como los ruidos sin padre de una casa en la noche. Me levanto y con una última ojeada a la figura oracular, abandono la habitación y salgo a la calle. Detrás de mí, muda, se cierra la puerta. Cojo el primer vehículo de mis sueños que aparece y de inmediato me encuentro entre mis libros, entre los que no noto la ausencia de los ofrecidos. En la mesa, el recado de escribir se halla dispuesto, albo folio, al lado de sus hermanos, el bolígrafo de tinta azul celeste entre los dedos y otro de espesa tinta violeta para las correcciones, la mano izquierda en funciones de apoyo variadas y los ojos vigilantes del proceso de labrado del campo de papel. Armonía admirable la de este recado de escribir puesto en marcha, papel, pluma, mano, brazo, ojos, cerebro. La escritura fluye como un río por el cuerpo, atraviesa y se adelgaza en el útil de escribir y finalmente vierte en el estanque de los folios cuyo nivel asciende sin cesar. Los manantiales de vagas ensoñaciones confluyen en corriente poderosa que al final se deposita en capas de precisa geometría. Ideas y palabras, riquezas que ignoraba poseía se derraman por la boca de la pluma, pluma que piensa como parte del cuerpo que piensa. El tiempo se extiende ante mí como los folios albos, sin límites, la primera pregunta del oráculo, con comodidad se instala en ellos. En su redondez perfecta me sumerjo.

“¿Un objeto se salva por su reducción a forma?” Después de pensar la pregunta, ésta no puede menos de sorprendernos. ¿Es posible hablar de un objeto antes de su reducción a forma? ¿Hay objeto que salvar si la forma no lo viste? O dicho más claro y hondo, ¿no es la forma el objeto? El corolario, sin forma no hay objeto. Pensemos la tercera pregunta: “¿el objeto creado por la forma es un fragmento? Dejemos de lado, por el momento, la parte posterior a la cópula, el atributo. Fijémonos solo en el sujeto de la fórmula ecuativa “el objeto creado por la forma”. Si el objeto es creado por la forma, no puede haber objeto que se salve por su reducción a forma. Pero, ¿qué quiere decir salvar? La forma, quizá, como caracola que alberga la untuosidad blanda y pegajosa de una objetualidad precaria. En realidad es una contradicción hablar de un objeto previo a la forma, un mero “Flatus vocis”. Cualquier objeto que nos regala su presencia tiene una forma que lo precisa como tal objeto. Pueden existir objetos, desconocidos hoy, que si llegan a nuestro conocimiento lo serán como formas. Si hablamos de seres monstruosos, ocultos en fosas primordiales, si son reales, tienen forma que en su momento podrá sernos ofrecida. Si su existencia es del ámbito del mito (como la del ave Simurg que desde el Cáucaso cuando cierra el ojo derecho ve los acontecimientos de los últimos mil años y cuando cierra el izquierdo ve lo que sucederá en los próximos mil). Entonces constituye un signo lingüístico, con su significante y su significado. En este último se halla presente un número variable de semas según los individuos y las culturas. Algunos siempre presentes, para que una comunicación sea posible. Y este signo lingüístico, no tiene, a diferencia del signo “Napoleón” o del signo “mesa”, un referente real, tiene como referente el texto mítico.

Más antes de seguir con el problema del referente que, a primera vista parece admitir la distinción real/no real conviene hablar de la imagen. Todo signo lingüístico, como tal signo, contiene una imagen. Imagen que, como todos los signos lingüísticos emitidos por los individuos es individual, de una riqueza siempre mudable y en general creciente, aunque pueda disminuir y casi desvanecerse por olvido. Pero todas las imágenes individuales comparten dentro de una cultura un conjunto, máximo común denominador, de rasgos imaginativos que posibilitan, por ejemplo, la comprensión del tropo, en una cultura determinada, máximo común denominador que adelgaza en la comunicación intercultural.

Una reflexión sobre el referente antes de seguir con la imagen. Decíamos que el ave Sigurj no tiene un referente real, a diferencia del signo lingüístico lobo. ¿Pero hay esta diferencia? Pensemos en una frase como “un lobo enorme lo atacó” contenida en un cuento. Desde luego no es el referente un lobo real. El niño que escucha absorto, cuando oye el signo “lobo” alza una pantalla en la que aparece una imagen dinámica (una película) y variable originada en toda su experiencia vital (lobos reales, textos escritos, sonoros, visuales, sensaciones…). Esa imagen es el auténtico referente del siglo lingüístico, interior a él pero abierta siempre al estímulo exterior, que la modifica y hace crecer.

Y si en vez del lobo del cuento o incluso del pájaro Simurg que es fácil imaginarlo, hablamos del alma, como muchos hablan todos los días, un puro signo lingüístico cuya pertenencia a la realidad se verifica a través del texto mítico, la imagen que vehicula es más flúida y evanescente. Si se hiciera una encuesta, la imagen reflejaría vagamente un vapor que asciende, un ave, una energía aérea…

Cuanto más abstracto el puro signo lingüístico, más evanescente la imagen, pero ésta siempre existe. Por el contrario, en cada cultura los dioses se presentan con ricas y sólidas imágenes, alimentadas por todos los textos de esas culturas. Cierto que el creyente en una determinada divinidad tiene por segura su existencia real. Pero claro es que de esta presunta realidad no dimana su imagen sino de los textos míticos, plásticos… de su cultura. Incluso puede pensar que la imagen cultural es un sucedáneo de una imagen en la que se manifiesta la realidad divina que cuando se hace visible es insoportable y aniquila al humano, como Zeus a Selene. Por eso el Dios del Antiguo Testamento se manifiesta en una zarza ardiente.

Sin embargo, el que haya seguido hasta este punto la exposición podría objetar: “Sí, pero si la frase “lo atacó un enorme lobo” se refiere a la noticia de un periódico o digo “mi perro corre” parece que en ambos casos el signo lingüístico tiene un referente real, el lobo concreto que quizá fue matado por los cazadores o mi perro lobo que se llama Orfeo y a quien vi crecer y morir. Y como el lobo de la noticia y el perro familiar, la inmensa mayoría de los seres y objetos que nos rodean. De estas existencias concretas podemos decir que son ingrediente decisivo en la formación de las imágenes de los mismos pero no, ni mucho menos, exclusivamente. En primer lugar es un ingrediente variable a lo largo del tiempo, variabilidad que proporciona múltiples estímulos, con frecuencia contradictorios. En segundo lugar, en la imagen de ese ser concreto influyen también ingredientes procedentes de todo nuestro horizonte cultural y los relatos de terceros sobre ese ser. Nuestra propia imagen de ese ser (amigo, lobo, perro, hijo) cambia continuamente. En virtud de los continuos estímulos que nos llegan de todas partes, muchas veces contradictorios, el referente de ese ser, por próximo que sea a nosotros y que es antes que nada un signo lingüístico con su significante y su significado, es la imagen que vehicula el signo, diacrónicamente un conjunto de imágenes en continua variación y retroalimentación. Todo ello, repito, sin perjuicio, de reconocer la importancia decisiva de los mensajes emitidos por ese ser (contradictorios con frecuencia) en la formación de la imagen y lo mismo si se trata de un objeto inanimado, sea un cuadro, una caja de música o una mesa. No hay pues ser u objeto reales y que nos sean conocidos que no tenga una imagen, es decir, que no sea un signo lingüístico. E igualmente ocurre con los seres y objetos fantásticos que pueblan los textos míticos o teológicos (texto en sentido amplísimo). Sin imagen no hay objeto. Operamos sobre los seres y objetos por medio de imágenes. La variabilidad de éstas hace necesario, para la eficacia de las operaciones, la aplicación de las subimágenes contenidas en un tramo medio de la banda de variaciones de la imagen, más allá del cual puede dificultarse o incluso resultar imposible el reconocimiento. Llamamos forma del objeto a esa zona media de la escala o espectro de variaciones. Decía que conocemos por imágenes, interviniendo en la realidad a través de la forma del objeto y teniendo en cuenta que esta intervención es social, a través de formas culturales (es decir, máximo común denominador de una cultura o de la interacción de varias, análogo al máximo común denominador semántico en la comunicación).

Los seres y objetos fantásticos de una cultura, puros signos lingüísticos, se agotan en su imagen una vez obtenida de los textos míticos. En ellos la forma puede ocupar toda la banda de oscilaciones de la imagen o la mayor parte, sin dificultar la comunicación o la acción. Forma e imagen pueden llegar a identificarse. Pero si hablamos de seres o cosas de la realidad, la distinción entre imagen y forma, como subconjunto de la primera es decisiva. Además los seres y cosas de la realidad no se agotan en la forma ni en el signo. Hay además su realidad. Pero esta realidad no es que sea desconocida. Ni tampoco que sea imposible de conocer. La esencia de la realidad es relativa, relativa a un aparato de recepción de la misma. En los términos más amplios posibles, “algo es para algo” (donde algo puede ser alguien) y el para es el fundamento. No hay la “cosa en sí” sino la “cosa para” y no hay ninguna dificultad lógica en pensar no solo la diacronía de los “para” sino su sincronía. Si, por ejemplo, desapareciese la especie humana o todos los mamíferos o la vida orgánica se abriría el reino de otros “ser para” incomparables con el “ser para” de nuestra especie.

Todo esto provoca reflexiones interesantísimas sobre la naturaleza relativa de la realidad y las consecuencias extraíbles, pero los desenvolvimientos nos llevarían muy lejos y quedan para otra ocasión. Sí quiero realizar unas observaciones sobre la relatividad “del ser para” aplicada a la idea de Dios, que en tanto ser fantástico de la cultura se agota en su imagen. Pero naturalmente cabe la posibilidad de que sea un ser desconocido pero real y que se revele en otro horizonte histórico. Pero si la esencia de lo real es su carácter relativo, no podría haber un Dios en sí sino que descansaría, al revelarse, en nuestra imagen. Un Dios dotado de todas las perfecciones, entre ellas ser en sí, independiente de todo “ser para” sería la nada. Por eso, si el Dios desconocido existe, será una divinidad mucho más humilde y limitada, un semidios.

Y no olvidemos que en sus operaciones sobre la naturaleza, las ciencias fundamentales no se preocupan ciertamente de conocer quiméricos objetos en sí, sino de construir modelos que funcionan en la realidad.

Decíamos que de la inmensa y cambiante riqueza de la imagen, no es utilizada, en la comunicación y acción social ordinarias, más que una parte, el máximo común denominador de los miembros de un nivel cultural o intercultural. Podríamos así definir la poesía o la literatura, como el arte en general, como el esfuerzo de patentizar esa riqueza, de manifestarla y de llevarla a la sociedad en un esfuerzo por elevar ese máximo común denominador de sus imágenes. Esfuerzo duro y sufrimiento. Es un destino manifestar la plenitud de la imagen. Así la primera y la cuarta interrogación lezamianas se resuelven en la primacía de la imagen y en el destino del poeta. Poeta es “el que consulta al oráculo” (Thewros), esto es “el que realiza el viaje”, la tarea esforzada por la que logra la altura de observación (spécula) que permite la contemplación de la imagen en su esplendor. Poeta es el que ve con esos ojos como hemiglobos del Auriga de Delfos.

Pero el oráculo planteó dos interrogaciones más, si la forma es el fin del camino y si la forma es un fragmento. Aunque esta última es la cuarta, es preciso responderla en primer término, ya que lo fragmentario busca su reintegración.

Todo signo lingüístico es un fragmento, lo es primariamente en el léxico y lo es como imagen. Imágenes y constelaciones de imágenes tan numerosas como las estrellas y las galaxias. Pero las imágenes no son mónadas aisladas. Si el signo supone una reducción al cortar el cordón umbilical para engendrar la imagen, inmediatamente se abre el proceso de la expansión de la imagen alimentada por todas las posibilidades biológicas y culturales de la especie. El coste de la reducción inherente al signo, la herida dolorosa del corte con la realidad se cancela y se cura con la abundancia de la imagen. Recordemos que de la castración de Cronos surgieron los Dioses a la luz. Lo que no es óbice a que permanezca la nostalgia por lo informe, por lo indefinido y sin límites, la nostalgia de un caos, abertura de un seno materno donde cielo y tierra yacían confundidos, la nostalgia de un paraíso perdido, paraíso que intentamos recuperar con el movimiento de la imagen en relación con otras imágenes, que pueden ser muy lejanas, distancias salvadas por el transporte metafórico, instantáneamente. Distancias inconmensurables, semejantes a las cósmicas que se anulan por la constante creación de constelaciones de imágenes. Al planeta de una imagen llegan visitantes de otro planeta muy lejano. Por medio del tropo y, en especial, utilizando el vehículo metafórico, una imagen entra en la gravedad de otra imagen o de una constelación de imágenes. Hay un comercio de rasgos imaginativos, enriquecimiento de la imagen, cruces e influencias, se normalizan relaciones y el viaje se vuelve banal. “Tiene dientes como perlas”: la imagen de los dientes ha viajado hasta el imaginado país de las perlas, ha entrado en su gravedad y, a su retorno, ha incorporado para siempre rasgos de la imagen visitada. La cartografía estelar ha sido precisada. “Tiene dientes como perlas” es ahora un viaje banal, casi sin rendimiento poético.

Hagamos dos observaciones al margen. La primera, que los viajes metafóricos no son arbitrarios. Del mismo modo que en la búsqueda de planetas compatibles con la vida, los viajes metafóricos buscan imágenes lejanas que posibiliten un comercio poético fértil. Claro que esa búsqueda será más exitosa cuanto mayor el rango y la riqueza de la imagen viajera.

Segunda. El “como” de “los dientes son como perlas” es un agujero en el neumático o en el mejor de los casos un freno en el vehículo del tropo que reduce su velocidad y su alcance frente al “sus dientes son perlas”. Aunque a veces este mecanismo está justificado, sobre todo en el supuesto de gran distancia interimaginaria donde el “como” es un freno de seguridad que permite un aterrizaje suave en el destino mientras que la simple fórmula ecuativa podría llevar al choque violento y al fracaso del viaje.

Toda relación de intercambio establecida en un viaje es recíproca, todo viaje es de ida y de vuelta. “Perlas” a su vez ha conocido la gravedad de “dientes” y a su vez puede incorporar rasgos imaginativos de los dientes a su imagen. Traigamos a colación los resultados de una metáfora cunqueiriana: “las croquetas se retorcían en la sartén como herejes en la hoguera” (magnífico ejemplo de la necesidad del “como” dada la distancia inmensa entre las imágenes de “croquetas” y “herejes” sin el “como”, se estrellaría el vehículo metafórico). Pues bien, como consecuencia de haber entrado en contacto las gravedades de “croquetas en la sartén” y “herejes en la hoguera” podemos ver en la imagen del hereje y sus movimientos algo de los movimientos de la croqueta en la sartén.

Sin embargo, y sin insistir en ello, apunto una intuición. El rendimiento del viaje de vuelta parece que debe ser muy inferior al de ida, precisamente por la naturaleza no arbitraria de éste. Y por otra parte, la repetición del viaje de ida (el viaje banal que dijimos) no produce riqueza poética salvo que la imagen transportada ofrezca una novedad o novedades (v.g. “mostraba una sonrisa de gastadas perlas artificiales”). Y exceptuada siempre la citación oportuna, invitación cortés al propio viaje metafórico de una feliz metáfora anterior, invitación que explicita y recuerda la ganancia lograda por la imagen.

Y si antes hablamos de la búsqueda de la imagen como destino, ahora procede mencionar al agente de esa búsqueda del enriquecimiento de la imagen: al homo loquens. Toda su vida como actividad lingüística en el seno de la comunidad es un viaje que dura lo que aquella con la finalidad de establecer mallas de redes entre las imágenes, establecer una cartografía estelar, en realidad crearla. Colectivamente, la tarea no tiene fin, es un destino de la especie que quizá busca anular, cancelar la nostalgia del caos anterior al lenguaje, que ve como paraíso. Cancelación por la vía de conectar el fragmento-imagen con otros fragmentos-imágenes, cada vez en mayor número, ampliando así el diámetro de las imágenes, buscando intersección que anule la distancia y el tiempo y, en el límite, posibilite el íntegro volcado de una imagen en otra, las transformaciones y metamorfosis generalizadas. Una pan-imagen que en el plano del homo loquens ocuparía el extremo superior de una escala sobre las imágenes puramente sensitivas, sin independencia del referente material inmediato antes de la aparición del lenguaje con el papel central del signo lingüístico. En el comienzo, según los griegos, estaría la abertura del caos, oscuridad sin imagen que paradójicamente da a luz realidades de las que a su vez surgirían alguna de las más hermosas imágenes del homo loquens. Todo se equivale en el caos original, equivalencia que aniquila el viaje discriminador y clasificatorio del hombre para lograr el dominio de la naturaleza. Pero al final, con la Poética y el tropo, se recupera, a otro nivel, y como proceso sin fin (mientras haya humanos) aquella equivalencia, ahora como equivalencia de las imágenes. Así, en el empleo del lenguaje, predomina, según los registros, la palabra como signo lingüístico o la palabra como imagen proyectada en el tropo desde su naturaleza de signo. Dominancia en la sincronía frente a la exclusividad diacrónica del proceso que libera el vuelo de la mariposa del seno de la crisálida.

A la literatura de la pan-imagen, en la que todas las imágenes se equivalen en una traducción ideal, la llamo literatura del paraíso, la parte más significativa de la literatura de Álvaro Cunqueiro pertenece en el más alto grado a esta literatura.


3. LITERATURA GALLEGA Y LITERATURA EN LENGUA GALLEGA

La pregunta “¿qué obras comprende la literatura en lengua gallega?” es como la pregunta por el color del caballo blanco de Napoleón. Tautológica, la respuesta está incluida en la pregunta. El preguntar correcto dice: ¿Qué obras forman parte de la literatura de Galicia? La respuesta es evidente, las obras que en el ámbito de la cultura gallega se escriben en cualquiera de las lenguas en las que se expresa la misma, el gallego y el español, lenguas maternas de los gallegos y, por lo que se refiere al español, muy diferente de los otros españoles existentes en el mundo y, concretamente del castellano de Castilla o de Madrid. Incluso pertenecería a la literatura gallega quien escribiese en otra lengua materna desde el ámbito de nuestra diferencia cultural, de igual forma que son parte de la literatura sudafricana (por poner un ejemplo) los que viven esa realidad y la describen sea en lengua bantú o en xoisan, en inglés o en afrikaner o en una lengua india. Lo decisivo es ese fenómeno complejo que es una cultura o la constelación de culturas estrechamente conectadas por el marco de una convivencia nacional. Un escritor kirguiz que desde Bichkek escriba en lengua túrquica o rusa pertenecerá a la literatura kirguiz, un nigeriano que desde su cultura materna escriba en swahili, kikuyu o inglés, es parte de la literatura nigeriana como es parte de la literatura irlandesa quien escribe desde Dublín en gaélico o en inglés. Esto en cuanto a los principios. Luego, la infinita riqueza cultural y lingüística del mundo impondrá ulteriores distinciones y matices, a la vista de cada caso concreto.

Cayó en mis manos, prestada por D. Xesús Alonso Montero, una antología de autores y textos de escritores en lengua gallega editado en Italia (Universidades de la Sapienzia y Pádova) preparado por la lectora de gallego, G. Álvarez Maneiro y el profesor Borriero, con un axeitado prólogo de Alonso Montero. La columna vertebral del libro es la lista de los que protagonizaron el día de las Letras Gallegas de cada año. De los autores, aunque hayan escrito también en español, solo se mencionan las obras en gallego.

En mi opinión el valor del libro es escaso en cuanto a formar un parecer solvente, sobre la obra de los diferentes escritores, en los eventuales lectores. Posee, sí, un valor informativo para encaminar a quien se enfrente por vez primera con el gallego y su literatura, valor que completan los apéndices y cronologías. Claro que el hecho de estar limitado el comentario de autores (y de sus textos) a aquellos a quienes se dedicó el día de las Letras Gallegas (desde el comienzo) y siendo requisito de dicha dedicación el transcurso de diez años desde el fallecimiento del correspondiente escritor, parte de la literatura gallega está ausente del presente manual. Como también está ausente el estudio demorado de los autores más importantes, lo que es normal en la mayor parte de las antologías y sobre todo cuando en trescientas páginas se estudian más de cuatro docenas de escritores, sin que haya un criterio claro que permita destacar cumbres en la llanura infinita. El lector italiano, deseoso de profundizar, en lo que merezca la pena, en la producción literaria en gallego tendrá que formarse ulteriormente su propio paisaje mediante las oportunas lecturas.

Pero lo que es grave y originó este comentario es la mutilación sufrida por algunos escritores que escribieron en gallego y en español. Menciono aquí a Blanco Amor y a Álvaro Cunqueiro y cuya obra, especialmente la del segundo, constituye una unidad inescindible, imposible de desarticular según la lengua del texto. Obras tan decisivas como “La catedral y el niño” de Blanco Amor o la producción en español de Cunqueiro, por ejemplo, “Fanto Fantini”, o “El año del cometa”, o los miles de textos narrativos breves (mal llamados artículos periodísticos) no se mencionan o estudian. Así, el que todo lo ignore sobre la literatura gallega, con la lectura de la antología comentada, no tendrá idea alguna de la grandeza literaria de ambos escritores a quienes, aparte la mutilación sufrida) la mediocridad de los comentarios sitúa en pie de igualdad con las medianías perfectamente prescindibles que abundan en el libro. Comentario en línea con la mediocridad habitual en nuestros lares hechos de tópicos, retazos y fichas, al estilo de una mediocre y olvidable historia de la literatura en lengua gallega que, camino de su quinto tomo, circula entre nosotros. Y algo tan grave o más que lo anterior. El eventual lector italiano nada sabrá de la literatura en español de Galicia, identificará Galicia y literatura en gallego y, si algo sabe, lo sabrá a través del prisma de otro canon (el castellano de Madrid, valga la simplificación).

Lo he escrito y dicho otras veces pero siempre hay que volver a repetirlo. Ante un escritor que alza su figura de gigante sobre una obra plurilingüe, el criterio puramente lingüístico para determinar el inventario de una literatura nacional es de una insuficiencia radical y siempre de importancia secundaria, operativo solo en ámbitos técnicos muy específicos de estudios lingüísticos, interferencias lingüísticas, establecimiento de una norma o de un lenguaje literario. Pero lo decisivo para la generalidad, dentro y fuera de una cultura determinada, es la visión de lo humano desde una humanidad concreta, la gallega en nuestro caso. Así, el criterio cultural, para determinar la literatura de una cultura singular, es el decisivo y a él se supedita el lingüístico.

Hace año y medio, con ocasión del comentario del entonces recién aparecido cuarto tomo de la “Historia da literatura galega” (del profesor Ramón Peña, uno de los máximos exponentes de la predominancia del criterio lingüístico, para el cual la literatura gallega en español no existe), escribí en mi blog sobre estas cuestiones, criticando la falsificación literaria a que conduce el criterio escogido. A ese comentario remito al lector interesado (queda incorporado como Anexo I). Aquí solamente añado o preciso lo siguiente:

Primero. Para evitar la contradicción que supone el no tener en cuenta una parte, a veces la más significativa de la obra de un escritor, se recurre en los artículos y manuales regidos por el criterio lingüístico a la omisión pura y simple (como si el silencio funcionase como “damnatio memoriae”) o a la desvalorización (“El año del cometa” sería un fracaso y en consecuencia no alteraría las conclusiones establecidas). Ambos métodos perfectamente conocidos como estalinianos.

Segundo. Es preciso reflexionar sobre las razones profundas de las que brota el dogmatismo del criterio lingüístico (unilingüístico, que delimita el ámbito de la literatura, no ya en lengua gallega, si no gallega simplemente y que con tanto fanatismo se defiende). Esas razones descansan exclusivamente en la defensa de intereses económicos y de influencia político-social y de prestigio de un grupo profesional muy concreto, el de los profesores, escritores y editores en lengua gallega, con frecuencia reunidas en Santa Trinidad en ellos las tres profesiones. Grupo que cuenta con cierta complicidad y apoyo de un poder político (PP/PSOE) de esencia centralista y que intenta compensar así sus tibios sentimientos galleguistas. Apoyo, en cambio, sin fisuras del nacionalismo político articulado en el BNG y sus organizaciones, complejamente entremezclados unos y otros, bajo el rígido paraguas del reduccionismo lingüístico.

Tercero. La defensa exitosa de estos intereses es vital para la supervivencia del grupo. El grupo de presión descrito solo puede sobrevivir en un compartimento estanco sin intercomunicación alguna con el mundo del español gallego, con la cultura gallega de expresión española, atribuyéndose la galleguidad en exclusiva y rechazando ese mundo a la esfera del centralismo español. Sin olvidar la colaboración de los medios de comunicación por razones análogas en parte a las del poder político, lo que ha permitido la infiltración del grupo en parcelas concretas (páginas especiales, suplementos culturales…).

Cuarto. Con la reducción de la literatura gallega a literatura en lengua gallega se logra un espacio literario semejante a otros espacios de análogo etiquetado (literatura en lengua estoniana, polaca, islandesa…) propias y exclusivas de un determinado espacio nacional, amenazado, en nuestro caso, por la irrupción centralista de un gigante (el español, presentado como castellano), ajeno a la nación y también convenientemente reducido. La variedad mundial de españoles (entre ellos el español gallego) se oculta bajo la denominación de castellano, inasumible en sus connotaciones e inexacta en lo denotado. Organizado así el espacio literario de la nación como unilingüe, con sus estructuras internas de enseñanza y externas de representación, sus mandamases pueden establecer su visión de la historia de la literatura gallega y un canon literario. Los textos en que se contienen uno y otra pueden variar en lo accidental pero coinciden en lo esencial, eliminación, por cualquier medio, de la literatura gallega de expresión española, en ningún caso reconocida como tal, con mutilación de la obra de los escritores gallegos en gallego y español y omisión de los que solo escriben en esta última lengua, cualquiera que sea su calidad y la riqueza de sus raíces culturales gallegas.

Dichos representantes de la literatura gallega organizada (en instituciones culturales, congresos, pen club,…), armados de su historia y de su canon y con las simpatías que provoca una lengua amenazada por otra políticamente más poderosa, desenvuelven redes internacionales de colaboración, de contactos, invitaciones de intercambios, políticas de traducciones que imponen con éxito en el exterior la visión de la exclusión y de la mutilación, éxito que evita la competencia con los grandes narradores y poetas gallegos en español y la comparación con los mismos, que serán estudiados en otro canon y en otra historia, a ellos uno y otra ajenos, la del “castellano de Madrid” por emplear una formulación caricaturesca.

Quinto. Además de las ventajas en el exterior de la eliminación de la competencia, la ganancia decisiva tiene lugar en el interior. Si de esa historia y de ese canon manipulados formasen parte la obra total de Blanco Amor y de Cunqueiro o la omitida de Valle Inclán, Torrente, Cela o Valente, por citar a los más grandes, quedaría eliminada de raíz la inflacción actual de escritores en lengua gallega, desaparecían de las historias de literatura al uso tanto nombre mediocre, bueno solo para listas de escritores locales o comarcales, en el mejor de los casos. Sobre esta inflacción de nombres no hay duda alguna, incluso muchos de los integrantes del sector que define al ámbito de la cultura y literatura gallegas reconocen en privado lo mediocre de muchos de sus escritores, incluso se atribuyen recíprocamente tal calificación. Pero jamás, salvo pocas excepciones, habrá auténtica crítica literaria en el espacio público. Nada más que críticas positivas o neutras, de carácter puramente informativo, pero nunca negativas o descalificadoras. Saben perfectamente los eventuales críticos que con una sana crítica se abrirían unas puertas que no podrían ya ser cerradas y que las fuerzas liberadas podrían arrastrar a cualquiera. El andamiaje reduccionista, construido con tanto esfuerzo, de su particular literatura gallega se derrumbaría como sacudido por Poseidón. Por eso no habrá, mientras se mantenga la situación actual, crítica literaria en Galicia, cuchillo de Buñuel que rasgue la ceguera interesada o no de tantos.

Sexto. El éxito del sector reduccionista y de sus estrategias criticados en este cometario ha sido desgraciadamente alto. Pero en su fortuna germina ya el fracaso histórico. Es tal la inflación de nombres en la narración y en la poesía, la mediocridad de muchos es tan patente y se multiplica de tal forma gracias a la paz crítica que otorga el mutuo perdón de la misma, que el tinglado acabará cediendo. Basta leer en diagonal obras como la italiana comentada o historias de literatura gallega como la de Pena para percibir el absurdo de tanto nombre destacado, mediocridad que también inza la dedicación del día de las Letras Gallegas. ¿Cómo en presencia de Cunqueiro o de Blanco Amor o en ausencia de Torrente o de Valente pueden llenar capítulos tanto narrador o poeta secundario o terciario o simplemente inexistente? Escritor/escritora pasa a ser hoy una etiqueta de cualquier profesor, periodista, editor o crítico que se precie. Muy pocos nombres quedarían si cacháramos el monte inzado de tanta mala hierba. Por mencionar únicamente alguno de los ya fallecidos. En una historia seria de la historia de la poesía en las lenguas de la cultura gallega o simplemente en gallego, ¿cómo puede aparecer con talla de poeta nacional de Galicia un vate tan menor como Manuel María? ¿O cómo puede figurar en ella “El misterio de María Mariño”? Fórmula consagrada en el canon, pero el único misterio es el de su aparición y tantos otros “cómos” referidos a vivos y muertos en prosa y en poesía, de los que sólo cito (porque no es necesario aquí para la firmeza argumental molestar a tanto vivo digno de olvido) la sobrevaloración de un escritor tan secundario y limitado como Neira Vilas. Un fenómeno corriente es la inserción en el mundo literario de personajes de importancia histórica por otros conceptos, pienso en D. Valentín Paz Andrade, de notable significación histórica pero poeta de divisiones inferiores. Pienso también en la sobrevaloración de obras de hombres destacados de nuestra historia como Castelao. Por ejemplo de “Siempre en Galicia” que hoy (y creo que ya cuando apareció) no se puede leer sin insatisfacción e incomodidad, en muchas de sus páginas. Y empleo esos calificativos siendo generoso. Obra citada, sin embargo, como sagrada biblia por nuestros reduccionistas o mutiladores de la cultura gallega o de Galicia, sin más (y sin perjuicio de la grandeza histórica de Castelao). Por no decir nada de la sobrevaloración acrítica del conjunto de la obra poética de Rosalía de Castro.

En general la literatura gallega y las obras de la cultura gallega extra literaria acarrean enormes dosis de sobreestimación, fruto de un funcionamiento en circuito cerrado propio de una historia militante.

Séptimo. Con todo lo anterior no elimino el lugar afectivo de muchos autores en nuestras pequeñas y entrañables historias locales (eso ha sido siempre así y nadie les disputa esos lugares a ellos reservados). Objeto simplemente el otorgarles una estatura que no les corresponde. La culpa principal es de profesores y críticos, que habiendo encontrado un objeto a la altura de sus capacidades lo estudian exhaustivamente en ediciones críticas que proyectan al investigado a un primer plano donde los primeros perjudicados son el acierto en el cánon y la capacidad para captar la grandeza, y también el concreto autor que en su nuevo pedestal ve resaltadas más claramente sus deficiencias. Paradójicamente, confrontados a un gran escritor, como Cunqueiro, los críticos no han prodigado páginas a la altura de su obra que se alza por encima del horizonte de los más. Esta insuficiencia crítica es particularmente evidente al estudiar su poesía, con frecuencia incapaz de captar el hilo de las metáforas cunqueirianas que tratan, como diría Borges, con instrumental clínico de forenses o refugiándose en la seguridad de los tópicos de lo sucesivo histórico, con ausencia siempre de espíritu poético.

Octavo. Finalmente, la relación de todo lo anterior con la política en Galicia. El éxito de las mareas hace años, fulgurante, que fue el éxito de un movimiento político transversal y, sobre todo, sin exclusivismos lingüísticos y aliado a fuerzas estatales, dejó claro las posibilidades que hay en Galicia para un nacionalismo abierto, sin sectarismos, respetuoso de la riqueza cultural y lingüística de la nación. Cierto que el éxito fue efímero, no por caducidad de la forma sino por suicidio originado en el particularismo castreño de las mentalidades, tan frecuente en el país. Pero ese éxito, incluso en su brevedad, mostró cual es el camino para lograr mayorías políticas en Galicia, que no luchen solo por la primacía de la oposición, sino que puedan acabar con la situación de subordinación. Y en ese camino a nadie se le puede exigir que renuncie a su lengua materna para incorporarse al mismo. Una mayoría progresista, amplia y de carácter permanente (y no coyuntural y fácilmente revocable) solo es posible (y es “conditio sine qua non”, aunque por sí sola no sea suficiente) si se lucha por ella en las dos lenguas de Galicia, español y gallego, es decir, si las dos lenguas (mejor dicho, su empleo) dejan de ser parte del problema para ser parte de la solución. Insisto en el carácter materno del español en Galicia, hoy lengua materna de la mitad al menos de los gallegos (quizá de la mayoría) lo que pone de manifiesto lo absurdo de la postura de los reduccionistas que no encuentra otra explicación racional que la defensa de unos muy concretos (y espurios) intereses materiales. Y en los honestos (que los hay y son los menos), la sumisión a una tradición y unos sentimientos que actúan como pre-juicios básicos. No olvidemos, por otra parte, la galleguidad del español gallego, tan diferente, como pueda serlo el español mejicano o el argentino del castellano (ahora sí) de Castilla que hace más de seis siglos invadió Galicia. De ese castellano nos hemos apropiado los gallegos y lo hemos convertido en nuestro español, diferente fonética, fonológica, léxica y sintácticamente y en el que lo gallego encuentra cauce natural y basta citar a Valle y a Cunqueiro. Pero este español gallego, mayoritario en Galicia, no representa ni representará nunca amenaza para la lengua gallega. La mayoría aplastante de los gallegos, cualquiera que sea su lengua materna o el uso que haga, según la ocasión, de cualquiera de sus dos lenguas, no concibe una Galicia de la que esté ausente ni el español ni el gallego. Reconocer la realidad bilingüe de Galicia (y las consecuencias que de ella se derivan) garantiza la estabilidad y permanencia de esa misma realidad, realidad social, con independencia, de usos individuales predominantes en una u otra lengua. Ello es seguro en una pequeña nación como la nuestra. Es precisamente la lucha por el predominio del gallego sobre el español, la opción por el unilingüismo gallego en Galicia, lo que implica una estrategia o estrategias en contra de la mayoría de los gallegos, el camino más corto para la desaparición del gallego y la realización de ese unilingüismo tan buscado, pero en español. No hay otra solución que la convivencia lingüística, solución querida y practicada por la inmensa mayoría de los gallegos, convivencia sin perjuicio, como dijimos, de la desigualdad de los usos lingüísticos individuales en los diversos contextos sociales. Las grandes lenguas del planeta son un enemigo demasiado poderoso para luchar contra ellas. Y es en la adecuación a ellas, con distinción de ámbitos y empleos donde encuentra cauce para afirmarse y expandirse el fenómeno universal de florecimiento y renacimiento de las lenguas minoritarias y de las comunidades que las hablan. Renacimiento y florecimiento que son compatibles con un uso desigual de las lenguas, por ejemplo con el predominio del español en Galicia, por otra parte inevitable. Si los defensores del unilingüismo gallego en Galicia renuncian a su vocación hegemónica (claramente imposible) y aceptan la normalidad y legitimación de una literatura gallega en dos lenguas, no me cabe duda de que ello contribuiría a afianzar la posición del gallego (probablemente secundario en su uso con respecto al español en términos generales pero predominante en determinados registros y situaciones) pero igual en la dignidad de su empleo lingüístico. Se estimularía también el uso de ambos idiomas por los escritores. Desaparecidos los prejuicios y las intolerancias lingüísticas que acarrearía la aceptación de la realidad, todos colaboraríamos apasionada y lealmente en el bilingüismo gallego. Surgiría un nuevo canon inclusivo de la creación literaria en ambas lenguas y una actividad crítica barredora de tanta mala hierba literaria. En esta situación, estoy seguro, aumentaría el número de gallegos lectores de obras gallegas, destacadas por un cánon literario solvente. Sin embargo, de momento esto parece un sueño lingüístico. A pesar de artículos recientes de profesores como E. Monteagudo (que habla de la “pérdida” del gallego en las nuevas generaciones, “pérdida que no es tal pues en realidad los padres no transmitieron la lengua a sus hijos”) o de Alonso Montero (“una lengua no se mantiene solo con militantes”) entre otros. No es que la situación lingüística en Galicia no haya sido analizada y mostrados los peligros que acechan la supervivencia del gallego. Quizá ha faltado sacar las consecuencias de esos análisis y proponer estrategias que impidan la catástrofe no descartable y por nadie deseada, de la desaparición del gallego. Pero el silencio se impone en los más lúcidos por temor a la reacción condenatoria del extremismo lingüístico que ocupa, como dijimos, posiciones de poder en las infraestructuras culturales y que, además, se presenta como legítimo heredero, político y cultural, de una tradición que le autoriza para la elaboración del único relato nacional aceptable y que condena al ostracismo o a la marginación cualquier voz discrepante. Pero no nos engañemos. Los miembros de éste sector son plenamente conscientes de la situación, no viven, por lo menos los más inteligentes, en un mundo de ilusiones. Pero ante una balanza, en uno de cuyos platillos colocan la satisfacción de sus intereses políticos y económicos y en el otro la situación desastrosa a la que llevan la lengua que dicen defender, con su estrategia, la primera pesa decisivamente. Y aunque al final los únicos lectores en gallego sean los que escriban, editen y expliquen literatura gallega.

Escrito lo anterior, recibo de un libro del que es autor el escritor y ensayista Joseba Gabilondo, editado por la editorial Navarra Txalaparta y titulado “Babel Aurretik. Euskal literaturen historia bat” (2020) y publicado antes en inglés “Before Babel: A history of Basque literatures” (2016). Libro importante que comentaré detenidamente en uno de los boletines posteriores. Pero quiero adelantar algunas de las afirmaciones que abren el citado ensayo: “hasta ahora solamente las obras escritas en euskera eran consideradas literatura vasca. Los vascos que escribían literatura en otras lenguas (castellano, francés o inglés) eran clasificados en los cánones de los estados de estas lenguas, dentro de las literaturas de España, de Francia y de Norteamérica. Esta situación de emparejar estado y lengua en nombre de una presunta unidad cultural e histórica no es solo privativo de Euskalkerria, sino también de Europa y en general de todo el mundo. Es asombroso, sin embargo, que después que los hermanos Schlegel hayan abierto en Alemania, a comienzos del siglo XIX, ese camino, todavía, en la investigación literaria, conserve fuerza la ideología nacionalista que se manifiesta abiertamente”… “En este libro encontramos una historia post-nacional de la historia de la(s) literatura(s) vasca(s). Así tomaremos en consideración todas las obras de literatura escritas en todas sus lenguas por los vascos y con esto al mismo tiempo dejaremos al descubierto las diferencias, los conflictos y la violencia que reflejan, representan y engendran estas literaturas…”. Poner en duda una historia de la literatura y un nacionalismo de Estado… Conforme a la ideología dominante, todo sujeto es nacional y, en consecuencia, en nombre de los estados-nación y de sus intereses, escribe: “las diferencias vascas, de esta forma se desvanecen ante esta ideología en los estados de España, Francia…”

“Una historia postnacional rompe el canon nacionalista de Estado” y por ello, por ejemplo, dos escritores como Unamuno y Martín Santos “en esta historia nueva postnacional, primeramente los tendremos como escritores vascos y, en un segundo nivel, como españoles. Claro que un canon subalterno…. adoptará un canon español”.

Es lógico que concepciones semejantes aparezcan en el País Vasco, donde, por ejemplo, tres currículos en la enseñanza (el enteramente en vasco es el seguido mayoritariamente, por delante, abrumadoramente, del mixto y en español), sin mayores conflictos lingüísticos. Y en donde es posible la publicación por la Euskaltzandia de una antología de poetas vascos (poetas en euskera y en español, traducidos a los idiomas respectivos que se consideran propios de Euskalherria [véase el Anexo nº Dos]).

La diferencia gallega es una diferencia cultural que no se puede identificar solo con el gallego o solo con el español o con cualquier otra lengua que utilice un escritor gallego. Donde no hay una diferencia cultural no hay una literatura propia y la que surja pertenece al ámbito de otro nivel. No hay una literatura vallisoletana, pertenece a la historia de la literatura española. Y obsérvese como colaboran en mantener el canon subalterno, concretamente en Galicia, la ideología dominante española y el extremismo de los que defienden una historia de la literatura gallega que excluya las obras escritas en español (o en portugués o en inglés). Valle Inclán y Valente (por poner dos ejemplos) quedan incorporados al canon español (que en este caso los acoge con entusiasmo, lo que muchas veces no es la regla si no el desconocimiento o la indiferencia). Mientras que en el canon de la literatura gallega permanece increíblemente ausente Valle Inclán, precisamente por esa identificación de lengua y nación, en nuestro caso, identificación con una de las lenguas de la misma. Para romper el actual canon mutilador y subalterno del extremismo nacionalista, aparte de todo lo que queda consignado, creo que es no solo útil sino imprescindible repensar el otro elemento de ese binomio exclusivista lengua/nación. No puede ser que en el siglo XXI, con la globalización, con los movimientos de gentes de todos los orígenes por todas partes, sigamos utilizando el concepto “nación” tal como fue concebido en el siglo XIX, y que se viva como un drama una nación sin estado. Una comunidad cultural, como la gallega, necesita poderes para defender su cultura de la aculturación pero de la necesidad de esos poderes no se deduce la necesidad de un estado, es suficiente una constitución que reconozca con amplitud las diferencias culturales y las facultades de las comunidades. En sí, el término nación es inocuo pero su empleo como antecedente de la demanda de un estado, abre una situación pasional en la que todos los exclusivismos son posibles y que dificulta el consenso en torno a soluciones racionales (y eficaces) pero carentes de épica.

Fijémonos en lo que realmente diferencia a Galicia, en la situación política actual, respecto de las otras comunidades llamadas históricas (Cataluña y País Vasco). No es el sentido de voto o la demanda mayoritaria de un Estado. Su diferencia cultural es tanto o más marcada que la catalana o la vasca y, a pesar de ella, no hay en la sociedad gallega una exigencia fuerte e insoslayable a las fuerzas políticas que la representan de facultades que permitan la autodefensa cultural, facultades que, como expusimos, no implican la necesidad de un Estado. Esto es lo realmente llamativo, el contraste entre la clara diferencia cultural y la débil (por no dominante) voluntad política de afirmarla. Para finalizar, démosle la vuelta a una frase famosa: nunca tan pocos han hecho tanto daño a Galicia y a la cultura gallega, incluso, triste paradoja, con la mejor de las intenciones.

Nota. Acabo de escuchar en TVG al presidente hablando en su peculiar gallego. El hecho se pasa por alto, cuando todo el mundo se reiría si fuese semejante su español. Finalizar con esta hipocresía del empleo ritual de un gallego incorrecto (y que nuestros reduccionistas obvian, a cambio de apoyo político) forma también parte de la lucha por la cultura gallega indivisible en sus lenguas.


ANEXO I

SOBRE UNA HISTORIA DE LA LITERATURA GALLEGA

En una librería hojeé largamente el tomo de “Historia da Literatura Galega” del profesor Ramón Pena, correspondiente al período 1936-1975. Sin perjuicio de una futura y detenida lectura, surgen de inmediato varias preguntas. Como se puede escribir una historia de la literatura gallega en la que se estudie solamente la obra en lengua gallega de los grandes escritores y nada más se mencione, de pasada, sus libros en español, caso, por ejemplo, de Eduardo Blanco Amor y de Álvaro Cunqueiro, que escribieron en las dos lenguas y en español alguno de sus libros más significativos.

Obras como “A Esmorga”, “Xente ao Lonxe” o “Os Biosbardos” son objeto de estudio, pero de “”La Catedral y el Niño” en mi opinión, su obra más importante no se dice otra cosa que fue escrita en castellano. Nada se dice de su obra de corresponsal, de las magníficas páginas sobre su estancia americana.

De Álvaro Cunqueiro se recoge la producción gallega, con una valoración especial de la trilogía “Escola de Menciñeiros”, “Os Outros Feirantes” y “Xente de aquí e acolá” (y que es una forma de empequeñecerlo). Del Cunqueiro en español nada se analiza a pesar de que en ella se hallan algunas de sus obras más importantes y sin las cuales no alcanzaría su altura definitiva: La genial “Flores del años mil y pico de ave”, “Las Mocedades de Ulises”, “un Hombre que se parecía a Orestes », « Fanto Fantini” y la última y decisiva “El año del Cometa” (por destacar las más importantes). Sin ellas, especialmente sin las dos últimas, Álvaro Cunqueiro no sería lo que es. Y sin embargo el autor de la historia recoge una opinión (y parece asumirla) sobre “Las Mocedades” y “El año del Cometa” según la cual ambas obras serían el síntoma de un fracaso y de un nivel inferior. Como recoge también y parece aceptarla, la opinión de la inefable Spitzmesser, que debería apellidarse Stumpfmesser y que relaciona a Merlín con Franco.

Nada se dice tampoco de las grandes recopilaciones de los artículos literarios del escritor (en su mayoría en español) que constituyen las páginas de un inmenso diario, parte decisiva de la obra cunqueriana e imprescindible para su cabal entendimiento.

Por otra parte, con independencia de cuál sea la obra u obras sobre las que recaiga el acento valorativo, todos  los textos de un escritor constituyen un cuerpo único, cualquiera que sea la lengua en que estén escritos. Estudiar únicamente los escritos en una lengua y eliminar los de otra u otras, es una amputación del “corpus”, un fraude y los resultados no pueden ser más que erróneos e intranscendentes por ideológicos. Si a esto se añade la fusión de datos políticos e históricos con los literarios (con predominio de los primeros) se acrecienta la insuficiencia de la actividad crítica sin que por ninguna parte sean visibles los óptimos resultados, (en expresión de Méndez Ferrín).

Otra pregunta surge de la utilización del “Lecho de Procusto” del cuadro cronológico 1936-1975. Nada hay que objetar a que el período de guerra civil y dictadura pueda ser estudiado unitariamente y globalmente como un corte transversal en la obra de los diferentes escritores y que muestre la actividad literaria y su resistencia o acomodo en años tan difíciles. Eso es una cosa pero otra es fragmentar o despedazar en varios tomos el cuerpo literario y amputado por la eliminación lingüística. En el caso de Álvaro Cunqueiro, primeras obras poéticas en el tomo anterior al de 1936-1975, su obra narrativa en el objeto de comentario y lo fundamental de su obra poética (que en su mayor parte fue escrita con anterioridad a 1975) queda para el próximo volumen de la serie. Obra poética cunqueiriana en español y en gallego, fundamentalmente en esta última lengua, pero necesitada, de completo estudio y que, además, mantiene complejas relaciones con la obra narrativa a lo largo de la vida del escritor lo que hace, si cabe, más inadecuada la primacía de criterios exógenos (cual el cronológico, aplicable a todos los escritores) sobre los endógenos (evolución incomparable, concreta de una obra singular) lo que no excluye, y no hace falta decirlo, la aplicación de los métodos de las diferentes disciplinas que estudian las sociedades, pues todo creador, como cualquier persona, se desarrolla en las tensiones y conflictos de la sociedad de que forma parte. Pero no olvidemos que la aplicación abstracta del criterio cronológico no es solo un error. Lo es, pero no es inocente, responde a fuertes prejuicios ideológicos, muy asentados en cierto nacionalismo gallego de izquierdas, prejuicios que dan un papel central en los años 1939-1975 al conflicto entre “la estrategia Piñeirista” y una izquierda de radicalidad política y artística y literariamente supuesta de “vanguardia” con la asignación de escritores a uno y otro lado lo que olvida el desarrollo auto centrado de la obra de los grandes escritores, banalizado por la exterioridad política.

Surge otra pregunta. Además de lo ya dicho, como se puede escribir una obra de historia de la literatura gallega que en realidad es una historia de la literatura en lengua gallega (insuficiente por lo expuesto). Se olvida que Galicia es una nación bilingüe, con dos lenguas, maternas para los gallegos, con desequilibrio creciente en la característica “materna” en favor del español, una lengua que hoy no hay que identificar con España y la cultura española pues es la lengua de muy diferentes culturas, cada una de las cuales imprime especiales características a su español (en sentido contrario lenguas muy diferentes pueden servir de vehículo a una misma cultura). La cultura gallega se expresa en dos lenguas, cualquiera que haya sido el origen histórico de esa expresión. Y en español escribieron, y mencionemos algunos, Pardo Bazán, Valle Inclán, Torrente, Cela, Castroviejo, González-Garcés … , tanto o más culturalmente gallegos como los que solo escribieron (y escriben) en gallego.

Una historia de la literatura gallega tiene que ser una historia de la literatura gallega en gallego y en español cuyos productos no aparecen en universos separados, en dimensiones que no se tocan, sino en el seno de una única cultura, que mantienen viva relación (aunque ésta no se quiera ver), que se influyen recíprocamente. Y el crítico tiene que descubrir y estudiar esos vínculos y esas influencias mutuas en una literatura que es única en sus dos lenguas, por otra parte tan próximas.

La concepción exclusivista que domina la obra criticada, debida a prejuicios nacidos en épocas de resistencia y hoy caducadas domina hoy en el gremio de profesores-escritores-editores, pero responde también a la defensa de unos intereses que se  piensan mejor defendidos alzando rígidos muros que impidan comparaciones y competencias. ¡Qué inmenso error! A una gran mayoría de los gallegos los deja sin una historia de la literatura gallega en español y sujetos a las historias imperfectas que se puedan escribir desde la cultura española que no lo hará o lo hará imperfectamente, ya que perciben de una manera acertada, que, aunque escritores en español, pertenecen a otra cultura. Pero la postura exclusiva lleva también al desastre a los intereses nobles o espurios, de sus protagonistas, a la disminución constante del lector en gallego y a la decadencia de la lengua gallega que quiere proteger. Solo historias globales, inclusivas, con nuestras dos lenguas en relación viva atraerá al lector gallego, con claros beneficios para nuestra cultura nacional y en particular para la lengua gallega.

Termino, por hoy, preguntándome como el autor, y los que con él comparten su postura, no ven que con ella regalamos a otras culturas, en concreto a la española figuras de primer orden, con premio nobel incluido, cuando son escritores culturalmente gallegos. No puedo imaginar una historia de la literatura irlandesa que recoja solamente a los escritores en irlandés y deje a Londres sus grandes narradores y poetas, de todos conocidos. No imagino una historia de la literatura peruana que solo estudie la literatura Qishua (muy importante) y abandone a sus grandes narradores en manos de la cultura de España. Podría multiplicar los ejemplos pero es suficiente. Parece que no se comprende que el español o el inglés no son hoy la “marca” de España o de Inglaterra sino que son cada una, lengua de una pluralidad de culturas que imprimen su sello decisivo en la lengua correspondiente (y sin perjuicio de la mutua comprensión). No se quiere ver que la literatura de Galicia en sus dos lenguas es un cuerpo único, vivo, coherente muy diferente de la literatura española, peruana, argentina…

Efectivamente, no se comprende y no se ve. O no se quiere comprender o ver. La postura exclusivista aparece dominante en los gremios indicados (no desde luego en la sociedad) con el apoyo decisivo de un poder político y de unos medios que, aunque denostados, se quieren hacer perdonar su real indiferencia hacia el gallego. Otro factor muy importante que contribuye al sostén de la concepción dominante es el silencio crítico, la ausencia de público diálogo sobre esta problemática, silencio que hace aparecer á aquella como algo natural, plenamente fundado y que no necesita justificación. Silencio al que contribuyen también los escritores gallegos en español que no sé si muchos tienen las ideas claras sobre estos temas de lengua y cultura o se sienten partícipes de una cultura gallega o, considerándose excluidos, miran a Madrid.


ANEXO 2

(ARTÍCULO PUBLICADO EN FARO DE VIGO EN 20/2/17)

DE LENGUAS Y CULTURAS

Por medio de mi amigo Gonzalo Allegue, el excelente biógrafo de D. Eduardo Blanco Amor, conocí el libro editado por la Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca, titulado “Antología de la poesía vasca”, y subtitulado “Voz palabras, lenguas” (2010). En el prólogo, su presidente, D. Andrés Urrutia, dice: “Una voz, la nuestra, de este país… unas palabras, las de nuestros poetas que tejen nuestras lenguas, las que utilizamos todos los días en nuestra convivencia diaria y nos abren al mundo… vascos universales, cercanos y abiertos al mundo, testigos de una sociedad y de una cultura plural que no renuncia a todas y cada una de sus señas de identidad, especialmente las lingüísticas”, y añaden los editores, “pretendemos una muestra literaria en las tres lenguas de Euskal Herría, muestra de la literatura vasca”.

En esta antología se recogen poemas de poetas vascos de nacimiento, hayan escrito en español o en euskera. Por razones estrictamente estéticas no aparece ningún poeta vasco en francés. Se reconoce así la pluralidad de una cultura vasca que se expresa en tres leguas. Poco hay que añadir a lo dicho por el presidente, el Euskaltzainburua que refleja la madurez de un país, de un nacionalismo que no renuncia a ningún aspecto de su identidad y en especial a sus lenguas, sin perjuicio del esfuerzo prioritario por afirmar y dilatar el euskera en Euskal Herría.

Los poemas aparecen escritos en su lengua original, traducidos después a las otras dos lenguas del País Vasco y todas, al inglés. Magníficas traducciones, en general. Un libro muy bien editado en el que a la muestra elegida de cada poeta precede un breve y preciso estudio. Todos los traductores son nombres conocidos de la cultura vasca.

El trabajo realizado ha sido muy bueno. Los versos españoles de Blas de Otero, por ejemplo, lucen espléndidos en vasco o los de Lekuona, en inglés.

Consideremos ahora la situación en Galicia. ¿Sería posible aquí, un país que posee una cultura que se expresa en dos lenguas, un libro semejante, editado por la Real Academia Gallega de la Lengua? En este momento la respuesta es negativa, negación que traduce, sin prejuzgar el futuro, nuestra inseguridad nacional de la que son síntoma el conflicto vivido en la cultura gallega por los crímenes contra ella y sus lenguas. Dejando a un lado el acoso histórico al gallego, con la dictadura franquista como último avatar, es un crimen contra la cultura gallega el que amplias capas de la población gallega vivan de espaldas al gallego, no en el sentido de no hablarlo, pues uno habla su lengua materna y no renuncia en general a ella. Pero es tremendo que un gallego que vive en Galicia no se preocupe ni se ocupe de la cultura en gallego y que le sea indiferente el destino de la lengua.

Pero hay otros crímenes ejecutados desde el amor más profundo al gallego. Los peores excesos de la normativización lingüística son hoy un poco agua pasada y creo que ya estamos todos de vuelta. También parece haber remitido el conflicto lusista, “ein dolchstoss”, una cuchillada en el lomo de la lengua, dada, eso sí, con el más profundo amor y preocupación por el gallego. En su versión extrema es sustituir el gallego por el portugués, ya que los portugueses nunca aceptarían algo que fuese reconocible como gallego.

Es también crimen contra la cultura gallega (y que afecta a las dos lenguas de su expresión) el perpetrado desde el amor (excluyente) al gallego, el intento de amputación del español gallego, lengua de Galicia, sin que ahora importen las razones históricas de su presencia en Galicia, como antes la del latín.

Me pregunto por las causas de la ceguera de instituciones (empezando por la RAG), y editoriales, de profesores, escritores y críticos monolingües en gallego que les impide reconocer, como parte integrante de la cultura gallega al español de Galicia, y, concretamente, a la obra literaria en español, por citar solo a los fallecidos, de Valente, Pardo Bazán, Valle Inclán, Torrente, Cela, Blanco Amor, Cunqueiro, Castroviejo y tantos otros. ¿Podemos acaso imaginar una Galicia literaria sin ella? Cómo se puede amputar una cultura de un xeito semejante, entregar esa obra a la cultura de España. Esta exclusión de la que es culpable una gran parte de la “inteligencia” gallega perjudica al escritor gallego en español pero también se lo hace a la lengua gallega a la que esa mutilación amenaza de muerte por el daño irreparable a Galicia y a su cultura.

Aprendamos de los vascos. Las lenguas son inocentes, lo es su empleo por cada persona. La existencia de dos lenguas en Galicia es un resultado irreversible de la historia. Lo que importa es que esa obra literaria en español de esos grandes escritores gallegos es expresión de una auténtica y genuina cultura de Galicia.

Únicamente la aceptación de esta realidad insoslayable, una cultura vehiculada por dos lenguas, garantiza, paradójicamente, la subsistencia del gallego al que la política de exclusión y de lucha contra el español puede conducir a una evolución catastrófica de sus posibilidades históricas.

4. CRÍTICA.

El libro “Artículos periodísticos (1930-1981). Álvaro Cunqueiro. Al pasar de los años.”

Bajo el título indicado acaba de aparecer una antología de textos literarios de Álvaro Cunqueiro publicados en diversos medios, fundamentalmente periódicos, semanarios y revistas durante medio siglo. El autor de la dicha antología es el periodista, ya acreditado cunqueiriano, Miguel González Somovilla, quien, con este tomo, completa los dos anteriores “Álvaro Cunqueiro. Obras literarias.” de la biblioteca Castro y cuyos textos fueron preparados por Xosé María Dobarro Paz.

Desde el punto de vista del libro como objeto, este volumen es realmente bello. No solo la calidad del papel y de la visibilidad del texto (características que comparte con las demás publicaciones de la biblioteca Castro). También el acierto en el breve álbum fotográfico que figura recogido y del que brota un perfume de vida muy atractivo para el lector. A los doscientos textos de Cunqueiro introduce un largo estudio del antólogo (más de setenta páginas), una cronología minuciosa y una bibliografía esencial. Las 722 páginas del libro finalizan con un breve epílogo del mismo Somovilla, una entrevista a Cunqueiro de Umbral y artículos de Cueto y Carantoña escritos con ocasión del fallecimiento e inhumación del escritor.

Con los tres volúmenes de la biblioteca Castro tiene a su alcance el principal destinatario de este tipo de colecciones, un lector no especialmente familiarizado con la obra del escritor de que se trate en cada caso, una visión completa y satisfactoria para asentar pareceres y preferencias. Y en el caso de que el entusiasmo se haya apoderado de él, la sólida base adquirida le permitirá conseguir ulteriores profundidades. Por ello, y recogiendo lo que escribe el propio Somovilla “los libros de la biblioteca Castro no son ediciones críticas y anotadas”, este tercer volumen, en unión de los dos anteriores, cumple con eficacia, e incluso con exceso, las necesidades del usuario apuntado de la biblioteca. Con lo cual cabría poner aquí punto final, saludar la aparición del libro y felicitar a Miguel Somovilla por su trabajo muy largo y generoso en esfuerzos. Piénsese que los textos “han sido editados a partir de los respectivos originales impresos, disponibles en distintas hemerotecas. Una vez localizados y escaneados… se han transcrito de nuevo y se ha cotejado el resultado con las publicaciones primitivas. En ningún caso hemos realizado reproducciones directas de otras antologías periodísticas ya existentes…”

Esta actividad del antólogo ha recaído no solo sobre textos ya publicados en libros sino que, fruto de la misma, ha sido la recuperación de un número significativo que permanecía, inédito en libro, en periódicos y fundamentalmente en revistas, como “Jano” y “Tribuna médica”. Sin embargo, es evidente que Somovilla ha querido realizar y ofrecernos mucho más que lo demandado por las características de la biblioteca de Castro a las que se adaptan los dos volúmenes anteriores de “obras literarias” (basta una ojeada a los mismos para ver la diferencia de ambición). No es ciertamente una edición crítica pero por el esfuerzo en la fijación del texto y la intervención en el mismo (estudio introductorio y agrupamiento temático) el presente volumen excede la pura divulgación. Es por ese plus por lo que no procede poner punto final a la reseña crítica y por lo que se revela necesario entrar en diálogo con el antólogo sobre unas importantes cuestiones que su trabajo suscita sobre la comprensión del texto cunqueiriano. Aparte la problemática ínsita en toda antología, “una aventura” según gusta de repetir Miguel Somovilla.

Procedamos ya al examen del volumen preparado por Miguel G. Somovilla. Primero. Fijación del texto. Sin que ello naturalmente sea una crítica, haber revisado a partir de los originales impresos disponibles en las hemerotecas, con una labor de transcripción y cotejo y sin reproducir directamente el texto de antologías existentes e, incluso, de ediciones críticas magníficas (como las de los textos de “La noche” y de “Sábado gráfico”) se me antoja un trabajo harto arduo y sin que de tal esfuerzo derive una utilidad evidente. Sobre todo para ediciones, como la biblioteca Castro, en definitiva de divulgación. En otras colecciones de divulgación, como los textos clásicos de editorial Gredos se sigue el texto fijado en una edición crítica, cotejado con otros, eso sí, acompañado de abundantes notas que se echan de menos aquí, si se tienen en cuenta las necesidades de un lector medianamente informado.

Y, además, este esfuerzo de fijación del texto, con relación a los artículos de las revistas “Jano” y “Tribuna médica” no excusa tal trabajo en futuras ediciones críticas de los mismos, que serán necesarias al no realizarse el estudio y recogida íntegra de los textos, como es lógico en una antología. Pero ello pone más de relieve el esfuerzo enorme de fijación de textos ya conocidos y que pudo aplicarse, por ejemplo, a la anotación de los singulares relatos.

“Toda antología es una aventura”. Sobre todo si el escritor es poco conocido pues puede determinar, más o menos largamente, la visión que se tenga del autor. Este riesgo no existe en el caso de Cunqueiro, bien conocido de los especialistas y de los lectores apasionados. Por ello, en este caso, la aventura, lo es para el antólogo que asume el riesgo de proporcionar una visión insuficiente de la creación antologizada. Con frecuencia, la antología revela el sesgo que imprime la profesión del antólogo e, infrecuentemente, la rica variedad que justifica la pluralidad de interpretaciones del autor concreto. En el caso de la presente antología me sorprende una primera ausencia, la de los textos que constituyen la serie del “Imperio secreto” esparcidos aquí y allá, no muy numerosos (no llegan a las dos docenas, más si se incluyen otros que, sin ese título, entran en la gravitación de éste) pero que son fundamentales en la visión cunqueiriana del mundo. Ellos iluminan el pensar de Cunqueiro con luces otras que las del resto de su obra y ello, pienso, es una omisión relevante de la presente antología el hecho de que no figure ninguno. En cuanto a los demás textos recogidos (dejando aparte los de “Jano” y “Tribuna médica”, que figuran casi completos por ser la mayoría inéditos) es evidente que es riesgo y beneficio del antólogo su libertad de elección. Sí diré que, en mi opinión, predomina un punto de vista realista en la selección, en perjuicio de aquellos que constituyen el texto paradisíaco cunqueiriano, es decir, en los que reina el albedrío de la imagen, en los que el tiempo desaparece transformado en un espacio en el que se yuxtaponen, épocas, culturas, personajes, cosas, sucesos, espacios que a su vez se enrolla o desenvuelve como un tapiz. Los artículos que podemos calificar de periodismo literario de Cunqueiro, tienen una presencia acusada, sobre todo en el primer apartado temático “En el principio fue el verso”, también en el apartado de “La ruta Jacobea”. No obstante su interés y permanencia indudables, no dan cuenta cabal del auténtico Cunqueiro y no muestran la continuidad de las obras mayores y los relatos breves. Diría que la cualidad de periodista del antólogo ha influido decisivamente. En mi opinión es preciso separar en lo publicado por Cunqueiro en medios, no sólo los poemas, como es obvio, sino también lo periodístico (por importante que sea y digno de recogida) de los textos literarios, cuya significación queda diluida, en caso contrario en la masa inmensa de “artículos de Cunqueiro”. De estos diremos más a continuación.

Alguna reserva me merece la articulación de la antología en apartados temáticos. La objeción no incide tanto en el número de los mismos (el mismo Somovilla señala que podrían ser más o que un texto concreto puede plantear problemas de encaje) como en el principio mismo de articulación temática. Es claro que una edición crítica tiene que ser cronológica (sin perjuicio, quizá, de eventuales índices temáticos complementarios, de alcance variable según la índole de los textos recogidos). En el caso de Cunqueiro, ideal sería (pero casi imposible por razones obvias) realizar sobre la base de las ediciones crítico-cronológicas particulares, una edición que articulara cronológicamente la totalidad de los “artículos” cunqueirianos.

Pero también en una antología como la que comentamos la agrupación temática tiene sus riesgos, fundamentalmente el de no ser fiel al movimiento creativo del escritor y muy especialmente en el caso de Cunqueiro.

En Cunqueiro hay indiferencia (como en Lezama) a la distinción entre texto breve (artículo en sentido formal) y libro. Su diana es el relato breve. También en poesía lo primero es el poema, aislado o formando una serie. El libro es artificial en la poesía cunqueiriana, siempre debido a un impulso externo, y lo es también en parte de su prosa, atravesada siempre por lo que podríamos llamar “el descanso del camellero”, el placer de contar, rodeado de amigos o compañeros, lo que implica el acento en la brevedad de la narración y explica las escenas teatrales que entreveran sus obras. Por otro lado, sus textos en periódicos o revistas muestran relaciones con sus poemas, también publicados en medios, relación en primer lugar cronológica que se explica porque sus preocupaciones o entusiasmos de cada momento, reflejados en su prosa, exigen con frecuencia el poema, la destilación poética para la satisfacción de su expresión.

Creo que una parte esencial de los textos aparecidos en medios periódicos constituyen un inmenso diario (y a esa voluntad de diario aludió alguna vez Cunqueiro) que como tal no puede ser falseado por agrupaciones temáticas que no solo interrumpen sino ocultan el caudal vivo del diario ver y experimentar el mundo. Aparte de invisibilizar la mencionada correspondencia con la sucesión de los poemas. Las agrupaciones temáticas constituyen una suerte de libros artificiales no queridos por el autor que dependen del capricho del antólogo de turno y que cortan el cordón umbilical que une a todos los componentes de ese diario. Por ello, incluso en una obra de divulgación el principio cronológico es exigible, sin perjuicio en su caso de un índice temático. Principio cronológico al servicio de lo esencial, el mostrar el fluir de ese diario, el cunqueiriano, lo que elimina de la escolma o antología todo lo que no lo integre. Mientras la agrupación temática oculta la fina cintura por la acumulación de anillos e invisibiliza el vuelo de la flecha, sustituido por cómodas y banales áreas de descanso para el lector perezoso. Digamos también que el carácter multitemático de los textos de Cunqueiro sobarda o desborda el apartado concreto, convertido en lecho de Procusto o, en el mejor de los casos, por la dictadura del tema, se oculta la polifonía del texto.

Tengo que reconocer que mi rechazo a los apartados temáticos sufre excepciones: en el caso de series, como la del Imperio Secreto, que expresan fundamentales concepciones cunqueirianas, es necesario un estudio particular de las mismas, articulado, eso sí, cronológicamente. Por otra parte, en el caso de la antología de Somovilla, por un lado se recogen artículos, como los que integran la “Ruta Jacobea” claramente de periodismo literario y que constituyen una unidad por lo cual esa agrupación parece justificada (teniendo en cuenta, además, que cada texto figura con su fecha). Por otro, si recordamos lo dicho antes, sobre el predominio de artículos realistas, del género de periodismo literario, sobre los puramente literarios que llamo textos paradisíacos o literatura del paraíso en los que palpita la voluntad de diario, y donde vemos el fluir de la creación cunqueiriana, en el libro comentado, el riesgo de una mala comprensión o de una comprensión insuficiente de Cunqueiro se aminora grandemente. En fin, habría que estudiar caso por caso.

Pero en general, una antología temática, además del riesgo de infidelidad al autor, ofrece, se quiera o no, una oferta literaria, un buscador de citas, no en vano es la fórmula preferida por editoriales que rechazan, por no comercial, el criterio cronológico (experiencia por la que he pasado).

Otra observación en relación con la presente antología y el carácter de los textos cunqueirianos en medios, es su presentación y calificación como “artículos periodísticos” lo que resulta ya del título de la antología. Relacionada con esta cuestión surge otra, menor sin duda, pero que adquiere interés en virtud de un falso silogismo, es la de si Cunqueiro fue periodista: el silogismo: Cunqueiro fue periodista. Una parte de su obra aparece en periódicos en forma de artículos. Luego Cunqueiro escribió artículos periodísticos (por mucho que se emplee el sintagma “periodismo literario”). Se consuma así una apropiación desde el ámbito del periodismo y un tratamiento periodístico por profesionales del periodismo. Vayamos por partes.

Las fórmulas ecuativas “X es Z” de nuestras lenguas inducen a equívoco, confunden, diríamos, la profesión o el trabajo con la vocación o el destino. En las lenguas eslavas por ejemplo no se dice “fulano fue X” sino “fulano devino o resultó en…” (caso instrumental). En español o en gallego mejor diríamos en los casos de diferenciación entre trabajo y vocación “fulano trabajó como… pero fue X (v.g., escritor)”.

Sin duda hay la noble vocación del periodismo y entonces es legítimo decir “X fue o es periodista”. Siempre es magnífico que coincidan profesión o trabajo y vocación. Pero la no coincidencia del trabajo y de la vocación puede implicar un drama para esa última. En el caso de Cunqueiro trabajó como periodista (con o sin carné) y los periodistas pueden juzgar la idoneidad de su trabajo. Pero su vocación o destino fue ser poeta. El trabajar “como” no afecta al ser. Y no hay desprecio alguno a ese “como” si no un simple no confundir cosas radicalmente diferentes. La evidencia no necesita más explicaciones. En cuanto a los llamados artículos de Cunqueiro. Es obvio que Cunqueiro escribió numerosos artículos periodísticos. Unos, los menos, de compromiso o puramente coyunturales. Otros, los más, de valor permanente. Pero sin considerar tanto el número como la significación, la masa nuclear de esos textos, lo que llamé el diario de Cunqueiro es pura literatura y calificarlos de periodísticos supone ocultar la radical originalidad del proyecto de Cunqueiro. No hay que confundir el vehículo formal (el periódico o la revista) con el contenido (un poema, una novela publicada periódicamente, los textos literarios de Cunqueiro). No hay que preocuparse aquí de la distinción en cada caso de “periodismo literario” y literatura. La realidad de la distinción es evidente. Ignorarla en el caso de Cunqueiro es traicionarlo. Es obvio que Cunqueiro escribió y fue también un maestro en el género de lo que se suele llamar “periodismo literario”, nombre quizá no muy afortunado (otros serían preferibles, ensayo, crónica, textos breves literarios, también de otras disciplinas). Pienso que solo una parte de lo publicado en medios tiene carácter puramente periodístico, calificativo reservable para la mayor parte del trabajo de los profesionales de la información, en su actuación como tales y que en los demás casos se trata de ensayos, crónicas, retratos cuyo valor literario puede ser permanente, o lo más frecuente, digno de caer en el olvido.

La antología comentada insiste en el calificativo periodístico: desde el propio título en adelante: “el articulismo como una de sus actividades profesionales más genuinas”, “incansable escritura periodística”, “obra periodística”, “articulismo cunqueiriano”, “periodismo literario”, “colaboraciones periodísticas”, “universo periodístico cunqueiriano”, “despedida periodística”, “vida periodística de Cunqueiro”…

Quede claro que al negar el calificativo de periodístico a una gran parte de los textos cunqueirianos publicados en periódicos no se trata de menospreciar la escritura periodística ni, incluso, negarle su carácter, en los mejores casos, de género literario. Pienso, v.g., en la columna de Umbral y otras muchas, que merecen perdurar y ser recogidas en libro. Pero gran parte de los textos cunqueirianos son otra cosa, literatura, sin más. Lo dijo Cunqueiro “transformo la urgencia en literatura”. Y hay que atender a su afirmación de la “incompatibilidad de periodismo y literatura” en el sentido de que un ejercicio profesional, como tal absorbente es un claro obstáculo a la obra de creación. Pero también hay que tener claro que la utilización del vehículo del periódico por la literatura cunqueiriana no transforma a la parte más significativa de la misma en columna umbraliana de periodismo literario, por muy alta que sea la estima que éste nos merezca. Como no transforma en periodismo literario la obra de escritores publicada fragmentariamente en periódicos o revistas. En el caso de Cunqueiro cabe añadir, además, que la perfecta adecuación del texto cunqueiriano a las exigencias de espacio del medio favorece la asimilación por el calificativo de “artículo periodístico” que lleva después a la de “periodismo literario” y que es válida solamente para una parte del conjunto. Pero esta confusión olvida la razón de la adecuación. La metáfora, que crea el texto paradisíaco cunqueiriano, hace surgir la imagen “con su resistencia de piedra y transparencia de agua”, lo propio de la imagen es la brevedad de la llama. No podemos vestirla ni adornarla, lo escribió para siempre Juan Ramón, verbo de la rosa.

Por lo que respecta a otros aspectos de la antología comentada, hay que destacar la excelencia de la cronología y del largo texto introductorio en unión del breve epílogo que expone, actualizado y equilibrado, el saber tópico sobre Cunqueiro, tópico en el sentido de estado actual de la cuestión, sobre múltiples aspectos de su vida y obra, no sin aportaciones y enfoques propios. También es de destacar la ponderación de los criterios de edición.

En definitiva, la presente antología, no solo constituye formalmente, como ya dijimos, un hermoso objeto cultural que deja sin fundamento la ambición de dominio del libro electrónico y manifiesta, testigo irrefutable, el alcance de la pérdida si desapareciere el libro clásico. Cumple también, y con exceso, con las finalidades pretendidas por la biblioteca Castro. Recoge, además, un número significativo de “artículos” inéditos, cuyo texto queda fijado y que serán base utilísima para una futura edición crítica de los mismos. Por sus características, que comentamos, esta antología, que es mucho más que una antología, será objeto de lectura o consulta frecuentemente por los lectores de Cunqueiro, incluso en varios aspectos será útil para los especialistas. En fin, en cierto sentido, la presente antología se alza como la última antología cunqueiriana posible o necesaria. Corona el ya largo proceso antologizador de la obra cunqueiriana y al mismo tiempo lo clausura. A partir de ahora, y sobre la base del anterior se abre otro proceso, el del estudio del proyecto literario cunqueiriano: el estudio del mundo de Cunqueiro, su proyecto utópico y el de su texto como espacio de realización del mismo.

Desde el fondo del mar

Poemas

V Elvira

Es imagen antigua, centenaria,
Fotografía de alguien de mi sangre,
Niña todavía, vestida en blanco
Ceñido a medio brazo y celosía
De bordados que cubre las rodillas,
La ternura se afirma ante el andar
Reciente. Máscara de nieve el rostro,
Óvalo de un saber secreto, fuente
Para mis preguntas, entre torrentes
De rizos negros. Es más que un retrato,
Es dónde escucho la voz de mi estirpe.

Reiteraron tu nombre con mi madre.
Elvira!, en afirmación de vida,
Puente sobre el vacío de la ausencia,
Herida dolorosa en la familia.
Pero también un saber la unidad
De ambas existencias, la necesidad
De satisfacer a los años breves,
Bajo la luz, de la primera hermana
Que exigían persistir, duración,
Y así encauzar la sucesión del tiempo.
La casa lo supo ayer, hoy fatal
Destino, lo sé yo. Herencia vuestra
Que me alcanza y designa sin opción,
Fatigar la memoria de las aguas
Que nos bañan, restaurar el espejo
De los quebrados espejos del río,
Su claro fluir, cancelar la niebla,
Es la tarea. Os miro, te miro,
Desde el alba y en las horas del día,
Breves, largas. Todo es inevitable
Encuentro, encrucijada conversada.
Vemos en los ojos que un mismo mundo
Nos alberga. Respiramos rumores,
Sueños, voces venidas de muy lejos.

Lo que está decidido, desconozco
Ni por quién. No importa. Materna lengua
Me interpela constante y solicita
Como guardián que soy contra el olvido,
Enriquecer la posesión antigua.
Firme llevado, lento voy ganando
El parecido, la mirada propia
Que en nosotros florece y se despliega,
Ya ocupo mi lugar a vuestro lado.
Pastor de la casa, veloz galopo
Sus caballos. Descansad, es mi turno,
Por mi voz habla ahora la familia.

Aguardo tu mirada, vuelto imagen.
Quién eres, no lo sé. No sé si existes,
La sucesión la encontrarás dispuesta
Si sientes, escogido, la llamada.
 
 

VI El sueño de Teresa V.

Una ventana oscura en el barco de la noche,
Hundida en el reposo de un sueño sin luces,
Ciega a la luna, rueda visible del carro invisible
Que derrama su carga en suave incendio.
Al fondo, muy lejos de los caminos del cielo,
La llanura de un mar de piedra,
No ondula su calma la brisa nocturna,
Ancla el barco de la noche con abrazo inmóvil.
Silencio. Ni presencia alguna.
Pero si rasgas el frágil tejido del velo,
Si la luna golpea la piedra
Y desenvaina el resplandor de sus lanzas,
Aparecen sirenas que cantan en aristas duras,
Visten de sonrisas, y no ocultan, inocentes,
Dientes de sierra y garras agudas.
Defienden, el destino lo manda, el haber de la tierra.
 
De pronto, una luz,
En la ventana del barco de la noche,
Las hojas se abren, alas que vibran,
Una mujer en el marco de la ventana,
Mármol o pintura en el museo de la noche.
Belleza es la delgadez de su altura,
Y la pasión del rostro, hoguera
Que alumbran los ojos, con fuego de campamento nocturno.
Así dice admirada la hora profunda.
Un misterio pregunta en ese ser ardiente,
Embriagado por un anhelo antiguo,
Vuelo de ave, camino de luna a la que llama hermana,
Vencer, hada de la noche, los lazos terrestres.
Despliega sus brazos, se adelanta,
Ensayo de arrumbar inútil nido,
Casi una sombra, asomada a las ondas del aire.
La noche extiende tapices de magia,
El mar de piedra palpita y asciende,
Las sirenas llaman con dulces cuchillos.

No, no hay brazos que retengan el talle de Teresa,
No están los míos, no estorban los vuestros,
Pasajeros sumidos en sueños distantes.
Eres libre Teresa de incendiar el aire,
Ángel sin peso, en busca de flores que habitan muy altas.
Tu danza, sin apoyo en el suelo, detiene a la luna,
Tu mirada brilla con tesoros sin nombre
Que nombras por vez primera,
Oprimen tus dedos frutas azules de jardines no hollados
Y el rocío humedece tus labios.
Un sueño imposible se ha hecho posible,
Concedida la suerte del deseo más hondo.

La tierra, sorprendida, retrocede un instante,
Ante esta hija, vuelta familia del éter,
Pero sus celos gravitan con fuerza tremenda,
El mar de piedra se agita, alterado,
Vomita torrentes de olas con filo de hacha,
Rugen su canto las sirenas hambrientas.
“No serás criatura del aire”
Exclaman las voces de abajo
“Sino planta, de las más hermosas, crecida en mi seno”
A Teresa la acogen los cuerpos más fuertes, el amor más duro.

Rota estrella de mar,
Flotas, inerme, en aguas de piedra.
Se diría que acunas un bien muy querido.

Mientras, la sangre sella con rubí muy espeso
El pergamino herido de tu estirpe terrestre.
 
Ya no hay luces en el barco de la noche,
Ni ventanas abiertas para respirar infinitos,
Ya se aleja al alba la clausura oscura,
Surge el sol indeciso del cotidiano vacío.

Es el poema de un sueño de una noche de agosto,
Que duró mil noches. El despertar nos dejó tu ausencia.

Imágen brillante de jinete alado galopa, incansable,
La memoria, rueda la cabeza del olvido.
Historia tan clara no será ofendida.

23-06-2020 REFLEXIONES Y SARCASMOS DEL CONFINAMIENTO

ABRIL, 9. 2020

NOTICIAS DE LA CASA REAL

Felipe VI ofrece los servicios de la guardia real para luchar contra la epidemia. Equivale a decir, sus soldaditos de plomo. Qué generosa inutilidad. No ofrece una renuncia a una parte de su asignación y la de su esposa. Ni pensarlo. Hay que acumular para tiempos que vendrán difíciles. Tampoco imagina la Zarzuela como espacio de acogida para sanitarios que después de las horas del trabajo deseen evitar su domicilio para no contagiar a familiares. Y no hablemos de su esposa, voluntaria para consolar a los ancianos. Cuánto podrían hacer si de justificarse se tratara, pero no. Los tópicos habituales solamente: venceremos al virus todos juntos, todos juntos, sí pero los muros de mi paraíso bien cerrados, que una cosa es desear suerte y otra ser tonto.

ABRIL, 10

Qué alegría ver a Felipe enmascarado en la inauguración de nuevos hospitales. Felicita a los héroes del trabajo y, rápido, a su abrigado despacho desde donde llama a centros sanitarios para informarse de la gravedad de la situación. Aparte de interrumpir el trabajo de los médicos y gerentes, ¿para qué le vale y nos vale la información obtenida? ¿Aporta alguna solución o colaboración? ¿O se trata de presentar una imagen solidaria? Creo que la presente crisis proyecta al país una imagen desoladora de la jefatura del Estado, borrada y desaparecida por el presidente Sánchez, ya informalmente el primer presidente de la Tercera República. Mientras en un ala del Palacio de la Zarzuela del rey emérito (mejor sinmérito), en otra Sofía y en su coqueto y burgués chaletito, Felipe y Leticia con las infantas, “incapaces de hablar”, etimológicamente, todos confinados. Quizá piensen en un arresto futuro, un arresto domiciliario y provisional, antes de su mudanza a cómoda urbanización en cualquier parte.

Por lo que se refiere al rey sinmérito es probable que suspire un “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Suprimida la asignación real y cualquier papel oficial de representación, pendientes amenazas de comisiones de investigación y judiciales, en soledad, sin cortesanos y sin las damas de antaño, espera sentado un final de camino de melancolía y tristeza. A quien traicionó a su padre por ambición, también por ambición lo traicionó su hijo, decidido a todo para salvar su trono. Con machete de explorador es un experto en cortar las lianas que en su profusión lo ahogan, amigos, hermana, cuñados, padre. Cortaría su propia cabeza para que su culo siguiese sentado en la jefatura del estado. Eso sí, como según el derecho sucesorio español, la renuncia a la herencia del causante es nula en vida de éste, se guarda lúcidamente las espaldas. Un gesto público “nada que ver con los millones de mi padre”. Pero si en el futuro recibo (in)merecida patada en el trasero de estos plebeyos desagradecidos, aterrizaré dulcemente en el colchón de aquellos (“rebus sic stantibus, negotia intelliguntur”) parece código civil pensado por previsor y devoto monárquico.

ABRIL, 12

APLAUSOS

Todos los días de este período de confinamiento a las veinte horas salen a los balcones los españoles de las diferentes tribus a aplaudir. Aplauden al personal sanitario de todas clases el cual, no se precisa decir, merece reconocimiento y gratitud por el cumplimiento sacrificado de su deber. Vocación en trabajos, del primero al último, imprescindibles todos. Sin embargo, dejando aparte el abuso hodierno de la palabra héroe, del que hablé tiempo hace en este diario, se me ocurre una lectura muy diferente de este aplauso y que me aparta del mismo. Se aplaude, creo, no tanto pensando en los teóricos destinatarios, como por diversión y distracción mínima, oasis en la monotonía del domicilio obligatorio. Encuentro visual y sonoro con la gente a falta de otras posibilidades.

Y por ello puede entenderse que aplaudimos a nuestros carceleros (gobierno y policía), caso único de aplauso unánime de los reprimidos a los represores que sonríen satisfechos ante ciudadanos tan bien condicionados. Estoy seguro que el cierre de Wuhán y de sus sesenta millones de personas abrió los ojos a los gobernantes de occidente, la posibilidad de una dictadura sanitaria, con la máscara de las palabras más generosas. Ahí es nada, encerrar a cuarenta y cinco millones de ciudadanos, la totalidad de la población del país, irla acondicionando para que responda mansa a las instrucciones benevolentes del poder, castrar cualquier atisbo de inmoderada libertad o anarquía, agradecimiento por el paternal castigo que solo puede traducirse en bienes futuros. La sanidad siempre ha sido llave eficaz para la represión social, como es sabido. Imagino el recurso futuro a toda clase de virus que del conjunto ciudadano haga masa moldeable y flexible para los objetivos de los más iguales que nos gobiernan.

ABRIL, 15

RUEDAS DE PRENSA

Expertos, ministros, policías, militares, fila impasible en el estrado tras los micrófonos. Partes de guerra, derrotas tácticas y victorias estratégicas, seguridad en el triunfo final “vencido y aniquilado el ejército vírico, la guerra ha terminado” más o menos, así será el parte final, a condición por supuesto de ser buenos soldados, firmes en las trincheras heroicas de nuestros domicilios. La consigna es la inmovilidad, la perfección en el ser tiende al reposo (Lezama) y morir arrodillado es tan displacentero como cualquier otra muerte y por lo menos expresa devoción y arrepentimiento.

Cómo no son conscientes los príncipes que nos gobiernan de la ridiculez del teatro. ¿Cómo el jefe del estado mayor de la defensa puede prestarse a tomar parte en tales carnavales? ¿No bastaría con un oficial militar médico o de logística? Producen juntos tan altos cargos la impresión de un duelo electoral televisivo que concediese el galardón de ganador al que pronuncie los tópicos más banales. Viendo la cartuchera de condecoraciones de los militares, surgen deseos de apoyar el dedo en la botonera del ascensor y enviarlos al último nivel en el espacio ¿Por qué siempre decepciona la mediocridad de gobernantes, carceleros y verdugos? ¿En verdad no hay nadie que en una situación de excepción hable palabras que nos muevan o, caso necesario, desenvaine la espada o alce el martillo con un gran gesto que iguale el sufrimiento provocado? Lo peor y más inútil es el dolor que causan los mediocres y recibir su piedad olvidadiza.

MAYO, JUNIO

MÁS SOBRE LA CASA REAL

Se anuncia una investigación judicial sobre el rey inmerecido, por presuntas comisiones ilegales y presunto blanqueo de dinero. La actuación de la fiscalía helvética ha sido factor determinante de la tardía puesta en marcha de la justicia española. Ya veremos sus frutos. Lo que era esperable es la negativa del congreso a investigar “al rey que no nos merecemos” con los votos de PP y VOX y, como no, del PSOE, siempre con sus temores y pudores virginales, apoyados en un dictamen de los letrados del Congreso, dictamen que muestra una vez más la proskinesis de los juristas ante el poder, y su uso de una técnica, como el derecho, tan maleable que permite argumentar a y su contrario. De todas formas el solo anuncio de la actuación fiscal es un ladrillo más que se arranca del edificio monárquico, en estado de conservación que presenta grietas evidentes. Eran impensables hace veinte años los ataques y las críticas que la institución recibe en el parlamento o por obra de los nacionalistas o de partidos de izquierda y que surgen también en el seno de la sociedad civil, incluso en la generalidad de la prensa y de los medios audiovisuales. Y lo más notable es que nadie realmente significativo sale en su defensa. Es de esperar que tanto golpe, asalto tras asalto, y en incremento progresivo, provoque el derrumbe en el momento más inesperado, como un boxeador sonado, del Borbón herido, cuya resistencia, de todos modos, es admirable pues con su aspecto perfumado y recién afeitado, reaparece lozano cada día, con un registro restringido de tópicos que pronuncia monocorde, tal el sacerdote que siglo tras siglo anuncia que “este es el cordero de dios”.

Una información reciente de la prensa extranjera, recogida por la española, nos informa del coste del lujoso viaje de novios de Felipe y Leticia. Más de medio millón de dólares, satisfechos a partes iguales por su padre y un vasallo. Hay que reconocer la razón de Felipe cuando dice que “juntos podemos”.

DEL CENTRALISMO DE MADRID

En nuestro país, cuando ocurre una gran crisis aparece inmediatamente el reflejo de recentralizar competencias, que olvida que somos un estado descentralizado, como gusta decir a la oratoria oficial, “más que Alemania”. Pero ello no ocurre en ese país, lo que demuestra que cuando se puede manipular el estado de las autonomías con tanta facilidad, en supuestos de crisis políticas o de salud pública, esa descentralización es más teórica de lo que parece y se aproxima más a una concesión revocable de un poder benevolente. 

Todo el mundo conoce las críticas que a este centralismo se han lanzado desde las comunidades autónomas. Solo diré aquí la pretensión ridícula de legislar desde Madrid sobre las realidades complejas y variadas de las comunidades españolas y por políticos que no ven más allá del horizonte madrileño. De ahí los múltiples errores que ocasionaron rectificaciones continuas, un día sí y otro también, con la correspondiente inseguridad jurídica. Sin olvidar que una reglamentación homogénea para todo el territorio y, en consecuencia, inadecuada, ha contribuído al aumento de víctimas y a un mayor desastre en la actividad económica. También factor de ineficacia el atribuir papel rector a un ministerio desmantelado por los traspasos a las comunidades autónomas.

Ha sido penoso, durante estos meses de confinamiento, escuchar en las cadenas de televisión, públicas y privadas, a periodistas, presidentes, ministros, policías, funcionarios, expertos, simples ciudadanos y payasos. Todas las excepciones que se quiera, pero qué carros de tópicos en sus labios, adjetivos deslucidos y deshilachados, los cantos a los héroes en inflación nunca vista, un neolenguaje con usos y expresiones ridículas, “nueva normalidad”, “cogobernanza”, “la desaparición del mundo que conocimos”, invocaciones frívolas y retóricas “a nuestros mayores” o a que “nadie quedará atrás”. Y por supuesto los omnipresentes “ciudadanos y ciudadanas”, un traje cínico para un pensamiento obeso.

Qué cómicas y absurdas parecen ahora, finalizado el confinamiento e instalados en la normalidad de siempre (eso sí, con amenaza de revocación) las opiniones tan frecuentes en los medios sobre la desaparición (o poco menos) de un modo de vivir y el surgir de uno nuevo. Bastaba con ver a los queridos conciudadanos (con su mascarilla) inclinados sobre la pantalla del móvil para darse cuenta de que su horizonte era el mismo. O escuchar a nuestros diputados en el Congreso, en las sesiones de control al gobierno, especialmente las intervenciones de los representantes del “PP o de VOX”. ¿Qué mundo nuevo puede surgir con esa gente? Yo tenía la sensación de estar en un centro de reclusión de alienados.

La época del confinamiento fue la hora de los burócratas de la administración, de la realización de sus sueños y fantasías más queridas. Experimentos psaméticos nunca realizados, reclusión de la población de un país, cuadricular el tiempo y el espacio, como cuadriculábamos de niños las hojas de papel para las batallas de submarinos. Franjas horarias arbitrarias y en su solapamiento, ampliamente infringidas. “Distancias sociales” (prefiero hablar de apostasía social) de metro y medio, dos metros, por qué no cinco o diez metros, que podrían también ser argumentadas. Una selva confusa de decretos, órdenes, instrucciones, aclaraciones que parecían que el confinamiento/desconfinamiento era un juego social o un experimento para comprobar la posibilidad de tener a millones de personas en un puño. “Presionemos aquí” dice uno. “Y si ordenamos o prohibimos X” dice otro. Gracias a Santa Epidemia ya todos se van enterando de quién manda. Pero no hay dictablanda benéfica completa sin el agradecimiento de sus beneficiarios. La manipulación del ciudadano (o ciudadana) del común es imprescindible para que surjan los aplausos.

Y si alguien no acepta la acción benevolente del poder, pues tendrá un encuentro con las no menos benevolentes fuerzas de seguridad, armadas con “la Ley Mordaza”, ley odiosa y destinada a la derogación según proclamaron desde su aprobación los partidos integrantes del gobierno pero que hoy es su juguete favorito para imponer sanciones desmesuradas. Más en general la ciudadanía ha respetado el confinamiento gracias al machaqueo y manipulación constante del poder y los medios que ha inculcado incluso un miedo irracional. Y no hay cosa peor que muchedumbres con miedo que segregan espontáneamente policía como la que se llamó “policía de balcón”, colaboradora entusiasta de la seguridad.

Una de las mejores cosas que nos ha dejado la presente crisis epidémica ha sido, aparte la ejemplaridad en el cumplimiento del deber, y más allá del mismo, del sector sanitario y, en general, de todos los que estuvieron a cargo de los considerados servicios esenciales, es la solidaridad que floreció en la sociedad civil. Aparte de las iniciativas individuales, la importancia decisiva de ONGs, bancos de alimentos, comedores sociales, organizaciones como Cáritas… Sin esa solidaridad (y no olvido el papel decisivo de muchos ayuntamientos) con aquellos con carencia de lo más básico, ¿qué hubiera ocurrido con la promesa del gobierno de que nadie quedaría atrás? Es el momento de responder a esa ejemplaridad y a esa solidaridad con medidas muy sencillas e inmediatas: fortalecimiento de la sanidad pública con revisión de la política de contratación del personal sanitario, hasta la fecha dominante; otra política en relación con las residencias de mayores y con las personas dependientes y sus cuidadores, regulación de la situación de los emigrantes ilegales, como hicieron Portugal e Italia, lucha contra el trabajo precario…

Pero más allá de los aplausos, de la concesión de premios Príncipe de Asturias o de funerales de estado por las víctimas, mucho me temo que las reformas con la amplitud que necesitan no se llevarán a cabo. Un botón de muestra: por una parte, se piden emigrantes para la recogida de la fruta, se les exprime en condiciones con frecuencia inhumanas (recuerdo con horror un reciente reportaje de TV sobre emigrantes de Malí en Andalucía) pero el gobierno, por boca del Ministro del Interior, ya se ha negado a regularizar la situación de los inmigrantes ilegales a nuestro país, no obstante ser indispensables para la actividad económica, sobre todo si consideramos nuestra evolución demográfica. Señalemos también las trabas y las demoras en la convalidación de títulos sanitarios de inmigrantes legales latinoamericanos.

Frente a la solidaridad social, la insolidaridad de la clase política, perdida en disputas lamentables e incapaz de renunciar a ninguno de sus privilegios, incluso a las dietas en el confinamiento. Una gran reforma de la clase política, incluidos la disminución de su número que sobrepasa al de Alemania y la supresión de chiringuitos y asesores y de inauditos privilegios en las pensiones de la Seguridad Social. Y una mayor simplicidad y menos boato en su actividad. Cuántos fondos podrían ser liberados y dedicados a la satisfacción de auténticas necesidades. 

Junio ya finalizado el confinamiento, surge la polémica sobre la creación de la comisión parlamentaria que investigue a Felipe González en relación a los crímenes del Gal. Solo diré que basta ver la evolución de los rasgos faciales del señor González hasta llegar a su rostro actual. Se comprende perfectamente quién es ese personaje.

Y acabo, como empecé, con la Casa Real. Don Felipe y Dona Leticia han iniciado una visita a las comunidades autónomas, una por una, para enterarse de primera mano de la situación y lanzar su “juntos podremos levantar este gran país”. Visita inútil por su falta de consecuencias, inútil el gasto y la pérdida de tiempo, visita patética por el intento de mostrar a la ciudadanía una actividad, que nace muerta, de la Casa Real. Mientras, la heredera del trono sigue pronunciando pequeños discursos en catalán, conocimientos lingüísticos que facilitarán su comprensión directa, y sin intermediarios, de los sentimientos de la mayoría de los ciudadanos catalanes con relación a la monarquía.

CUNQUEIRO Y LEZAMA

LA LUZ DE UN MUNDO QUE SE ALEJA

CUARTA PARTE:  “LA REALIDAD INVADIDA POR LA IMAGEN”

(La primera parte constituida por “Texto mítico griego”, “Preámbulo” y “Cunqueiro y Lezama, vidas paralelas” figura en la entrada del 23 de enero de este diario. La segunda, “Un mundo común”, apareció el 26 de febrero. La tercera, “Poética lezamiana y texto paradisíaco cunqueiriano”, lleva fecha 22 de abril de este diario).

El reino del total albedrío de la imagen no se halla limitado por las fronteras del texto paradisíaco. El paraíso se halla en su centro (Lezama) pero el paraíso lo desborda, el texto no puede contenerlo. El poder destructor de toda constricción espacio-temporal lo ejerce primariamente el poder de la imagen en el texto. Pero la densidad de su gravitación invade la vida del poeta, y no solo del poeta, también al conjunto del pueblo cuando aparece una “era imaginaria” cuando “al pueblo lo habita una imagen viviente”. El transporte metafórico produce la fusión en la imagen de dos o más signos lingüísticos en una imagen particular. Después, la acumulación imaginativa del texto paradisíaco tiene tal densidad que la gravitación que surge opera en un radio siempre creciente que abarca al poeta y a su mundo, “penetra la naturaleza”, y borra así la distinción realidad/irrealidad o la de posibilidad/imposibilidad. Ello es posible porque la imagen no sólo es anterior al texto ya que el poder metafórico es constitutivo de lo humano y derrama su poder en la vida del hombre y en su texto, sino que las equivalencias infinitas que alimentan el vientre de la imagen presuponen “la identidad del tapiz de fondo” lingüístico que tiene su análogo en la identidad del tapiz de fondo de la materia. Si la penetración de la imagen en la realidad es posible, se debe a que la realidad que somos y que configura nuestro habitarla es metafórica. Nuestro ser hombres nos determina en nuestra vida y mundo como una esencial vocación de imagen.

Arco en griego antiguo se dice Tokson. “Toksikon farmakon” era el veneno que se ponía en la flecha. De ahí nuestro tóxico. Tensar el arco de la metáfora, disponer la flecha para el lanzamiento implica un riesgo para el arquero, el riesgo de la enorme gravitación liberada por la ganancia de la imagen que lo embriaga. “Una embriaguez misteriosa”, la flecha disparada a la frontera dilatada del horizonte transporta también al arquero que en ese horizonte es penetrado por la imagen que lo ilumina “como un vitral reparte la luz primera”. Y tiene lugar “el desprendimiento del cuerpo de otro cuerpo clavado”. Y “las imágenes proclaman nuestro cuerpo”. Proclos en Paradiso: “cuando el hombre a través de sus días ha intentado lo más difícil sabe que ha vivido en peligro, aunque su habitar haya sido silencioso, aunque la sucesión de su oleaje haya sido manso”. Vivir la imagen como destino, ser por ella atravesado, es el mayor peligro, un peligro proporcional a un excepcional destino “vivir el éxtasis de la participación en lo homogéneo”. Un peligro doble. Por una parte, dejando atrás la pesada gravitación física, se instala la alada gravitación poética. “La piedra se borraba en el río para adquirir un nuevo cuerpo, transparente, el cuerpo aligerado por la luz” (río que impulsa, metáfora, y espejo que fija, imagen ganada).

El hombre atrapado, viviente en la gravedad de la imagen supone un cataclismo, el hundimiento de un continente, el advenimiento del paraíso: “las cabelleras se escapan de los frontones para nadar silenciosas”, “el rostro que desprendemos” para detenerlo en el recuerdo, el unicornio que atraviesa el sueño de Paulus. Por otra parte, el poeta guardián de la imagen realiza su destino en lo sucesivo histórico común, sometido a la incomprensión y a los ataques de las diversas tribus de caníbales que lo pueblan, que solo mastican y saborean lo real enervado de imagen, antipoético. Pero Cunqueiro y Lezama vivieron en la imagen y no la traicionaron. En lo histórico sucesivo su vida ha sido lamida por un oleaje manso, en los acontecimientos históricos no tuvieron participación significativa. Desde el horizonte del fragor de la historia pocas cosas llaman la atención en su biografía (pensamos en Joyce ocupado con la escritura de su Ulises al margen de la Primera Guerra Mundial). ¡Pero qué destino! Pastores de la imagen en la imantación de la naturaleza, apertura de puertas a la entrada de lo imposible en lo real y volverlo posible por su gravitación, habitar “la ingenuidad de un nuevo paraíso” hecho posible por esa gravitación de lo imposible sobre el mundo segregado por el hombre durante milenios y ahora en trance de desaparecer. Así una biografía de Cunqueiro y de Lezama debe de estar articulada en torno al proyecto que fue su destino, a su evangelio salvador de un mundo esencial para el hombre, a su ganancia de una posición de arquero que fija la flecha en el horizonte más lejano, en la creación de su texto paradisíaco y en su voluntad de habitar el paraíso, voluntad que desborda el texto. En esa biografía, las pequeñas contingencias de su vida histórica son despreciables por no aclarar nada y solamente merecerían ser recogidas cuando transparenten la imantación de la imagen. Una biografía centrada en esas contingencias es la mayor mentira imaginable sobre las vidas de Cunqueiro y de Lezama, no explica y enceguece, es como banal asteroide que cruza lejano la órbita de la Tierra. Pero es el fruto preferido de los caníbales que cualesquiera sean sus intenciones, amistosas u hostiles, pierden su tiempo en la acumulación de datos que nada pueden explicar sobre el reino de la imagen “que no es de este mundo”, del espacio hechizado que moraron. Aquí es de justicia destacar el ensayo de M. Gregorio González “Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío”, 2001, quien, sin prácticamente entrar en la exterioridad de la vida de Cunqueiro, ilumina aspectos importantes del proyecto poético cunqueiriano, partiendo de sus textos orales y escritos y de otros testimonios sobre esos textos. Un gran ensayo que ilustra bien el tipo de biografía digno de Cunqueiro o de Lezama, aunque no podamos compartir su visión del “fracaso del proyecto cunqueiriano”, como veremos más adelante. Pero justamente ésta es la clase de biografías que los “caníbales” no aprecian, ellos buscan con ahínco las piedras con sangre y gargajos de la historia. Y olvidan o desconocen la advertencia lezamiana “el terrible lenguaje de lo oscuro. Si el hombre no tiene oscuro no tiene iluminaciones”.

Esta vida de Cunqueiro y de Lezama atravesada por la imagen, es decir, por las equivalencias “estelares” fruto del transporte metafórico, y digo estelares porque es el único transporte que además de disparar los objetos o, mejor, su signo lingüístico a otras órbitas gravitatorias, traslada incluso al arquero con su flecha (toksa en neutro plural decían los griegos para abarcar el ámbito del arco) sino que fija el horizonte en la dilatación extrema en lo invisible donde se encuentra con lo imposible. Este encuentro hace posible que lo infinito, lo irreal, busquen su transparencia en el texto, que “lo imposible al actuar sobre lo posible engendra imagen, ejerce gravitación”. Por eso señala Lezama que el gran tema de la poesía es la gravitación metafórica de la sustancia de lo inexistente. El poeta como guardián de la sustancia de lo inexistente. Y para este ser guardián se necesita oír y ver. Porque en el espacio hechizado de la imagen paradisíaca, lo invisible y dentro de lo invisible, lo irreal y lo imposible se manifiestan como susceptible de ser escuchado y de ser contemplado. Lo inexistente, entonces, se hipostasia en sustancia y el poeta se convierte en un ser imposible.

Este diálogo con lo inexistente por imposible y el sentir la fuerza de su gravitación es propio de Cunqueiro y de Lezama desde su adolescencia, desde el comienzo del despliegue de su ser poético, contemplador del paraíso y del que se desprenden como frutos su instalación en el mundo y sus textos orales y escritos. Cunqueiro en cartas de extrema juventud escribe del “aguijón sonriente de vida”, impulso para tensar el arco que le llega por el dardo de una palabra. Y añade “tengo palabras hasta en los dientes y en los oídos. Me suben y bajan las cosas por los ojos en ríos de colores y silencios” solamente con tal riqueza de palabras y de imágenes es posible comprender la creación cunqueiriana del texto paradisíaco. Porque Cunqueiro aparece ya desde el primer momento acertando con su disparo en el blanco fijado en el horizonte: “Sueño azul de gaviota cansada” (una carta que descansa en su mesa). Mucho más tarde escribió: “Nunca había sabido distinguir muy bien los límites de lo fantástico, es decir, donde lo fantástico se nos aparece como real”. Y Lezama le responde: “La realidad y la irrealidad están tan entrelazadas que apenas distingo lo sucedido, el suceso actual y las infinitas posibilidades del suceder, lo sucedido y lo soñado, imagen en la memoria”. Y una acción imaginada puede llevar en lo real a la inacción. Sobre el emperador Rodolfo Segundo escribió Cunqueiro: “Rechazaba todo actuar pues en la imagen ya la acción se había realizado” (cuantas páginas de biografía “caníbal” se podrían haber ahorrado, simplemente meditando estas frases). Como en eco, Lezama: “Las sílabas [de un texto] se alzan en dos patas, como los caballos, ante las letras aljamiadas del relámpago”. Los caballos del texto paradisíaco ambicionan galopar lo real. El paraíso se alza en el centro del texto cunqueiriano porque ha disparado tan lejos la flecha que ha apuntado a un horizonte de resurrección (los muertos habitan la ciudad cunqueiriana porque se vuelve del país de donde no hay retorno).

Pero como señalamos anteriormente es consustancial al arquero y a su actividad un alto grado de peligro, pues las imágenes que lo habitan a él y a su texto (la flecha apunta al horizonte y, también al arquero) se alzan en él como serpiente de enorme gravitación e inoculan su tóxico, potenciándolo, en un ser poético “ab initio”, sea del escritor o del lector.

Cunqueiro escribió sobre la dificultad de distinguir entre la realidad como soñada y el sueño pensado como realidad. Mi trato cotidiano con Cunqueiro me convenció de que, siendo él hombre realista y perfecto conocedor de la medida de las cosas, su vida práctica se veía invadida por oleadas de imágenes, resultantes de su poder metafórico, con la regularidad de las mareas. Muchas son las anécdotas que habitan mi memoria. Cunqueiro adolescente. Se encuentra en la solana de la casa de la que será su esposa con ésta y otros jóvenes amigos. De repente, Cunqueiro, iluminado, alza la voz y anuncia su capacidad de vuelo, su indiferencia a la gravedad. Sonrisas escépticas como respuesta. Sin vacilar asciende a un tejadillo que se alza a unos dos metros y medio de las losas del suelo. Abre los brazos y se lanza al aire que, inamistoso, lo rehuye. El suelo acogedor le cobra la fractura de un brazo roto. Recordaba mi madre: “Vi claro que él, en ese momento pensaba que tenía el don de volar y que no se hubiera extrañado si se hubiera mantenido en el aire”. Y, añado yo, cayó porque las alas de su sueño no tuvieron suficiente potencia. Análogamente, Paulus murió porque dejó de soñar. Los cuadernos de su juventud o, mejor, sus fragmentos, muestran que la distancia entre la posibilidad imaginada y la realización ha sido cancelada. En otros términos, el acto que clausura, la intervención eficaz, se hallan ínsitos en la posibilidad y no añaden nada esencial a ésta. La realización no necesita desprenderse de la matriz imaginativa que la piensa. Un libro pensado es un libro ya escrito y entregado para su publicación. Y claro es que la experiencia cunqueiriana alimentaba este pensar performativo, pues la facilidad en la carrera del corcel de su pluma en el hipódromo de la página en blanco dejaba atrás a cualquier ganador mítico de las carreras de carros en la Antigua Grecia. Una lengua saboreada en cualquier gramática, texto bilingüe o diccionario con prontitud le revelaba sus secretos (recuerdo sus quejas sobre las traducciones shakespearianas de Astrana Marín). El efectivo saber le parecía entonces de importancia secundaria, y que alcanzaría en lo histórico, por otra parte, con poco esfuerzo. Una nota al margen de lo decisivo, el horizonte por él contemplado. Un mundo, el cunqueiriano, en el que se introducía el paraíso sin necesidad de salvoconducto. Es preciso volver una y otra vez a su novela más importante, “El año del cometa”, que pequeños y oscuros profesores de su polis gallega, sin estudiarla por su lengua española, califican de fracaso. Allí Paulus/Cunqueiro o Cunqueiro/Paulus ha dicho palabras claras que solo necesitan ser escuchadas: “Mentía porque lo inventado era más coherente con su imagen del mundo que lo real que destruía. Su impulso más secreto era destruir. Pero si en un instante se pudiera recoger todas sus <<mentiras>> nos encontraríamos en un mundo más hermoso y variado, regido por leyes poéticas, los grandes secretos desvelados, transmutadas las edades”.

“La ciudad cabacea y se vuelve ondear marino”. Cunqueiro habitaba un Mondoñedo nuevo cada día. “La ciudad despertaba sus días todos con todos los que la habitaban. O se dormía en la dulce noche de agosto con los que ahora vivían en ella. Todo pendía en quien soñase y qué. Se mezclaban las edades, los dolores, las canciones, los nacimientos y las muertes. Los fantasmas se encontraban asimismo cuerpo humano y los humanos presentes podían confundirse con la niebla que subía desde el río, lamiendo las fachadas de las casas. Los Malatesta se arrimaban a los tapices, se adentraban en ellos, se escondían tras los árboles del fondo…”. En sus paseos cotidianos “las casas se apartan y se arremolinan unas con otras, abriéndose como plazas”. Una ciudad que contenía todas las ciudades que pudiere soñar. También en esa ciudad hay tardes de niebla y llovizna. Suena melancólica la campana de una iglesia. Es la hora de los visitantes tenebrosos, “los visitantes tenebrosos de la tarde que existen y son hermosamente tenebrosos. Al aparecer por la ciudad pueden crear una belleza tenebrosa allí donde miran. ¿No hay medicina? Sí, morir”. Pero morir es avatar de volver, del regreso, de la vida luminosa bajo el sol que se abre generoso sobre la ciudad al siguiente día y calienta a vivos y resucitados. “Pues de todos los países se regresa, ¿de todos?, de todos, y también de aquel del que las gentes dicen que nunca volvió nadie”.

La ciudad paradisíaca, es decir, la ciudad creada por la imagen, es la salida del laberinto existencial del hombre. Con el camino atado a la cintura, sale Paulus/Cunqueiro del laberinto de lo histórico para entrar en el laberinto del paraíso de la ciudad cunqueiriana. “Dentro del laberinto hay una ciudad y en el medio y medio un pozo en el que canta una sirena”. El laberinto de la imagen supone la cancelación de todo laberinto, salir del laberinto deja de ser pertinente pues ya siempre se está en él, en una de las infinitas formas en que lo configuran los sueños de su creador, el soñador. La ciudad paradisíaca es todo tiempo y toda geografía, cualquier urbanismo pensable. No hay puertas y caminos allí donde todo es puertas y caminos. Ni encrucijada donde todo es encrucijada ni horizonte donde todos los horizontes son posibles. La ciudad paradisíaca es otro nombre del infinito y en ella es posible esconderse y no ser nunca hallado (¡Jordán escondido!) salvo quizá en un sueño paralelo. “Otras veces Paulus se escondía y no lo encontraban en la casa, María sabía que estaba allí, a su lado, pero no alcanzaba a saber dónde. Paulus le había dicho más de una vez que no lo buscase, que andaría vagabundo por los países otros…”

Es la promesa de la imagen al hombre: “Tendrás todo cuanto sueñes”. El caracol imagina las metamorfosis inagotables de su caracola que puedan acoger la estatura de sus sueños, incluida en aquellas la desaparición. “El más secreto impulso de Paulus era destruir”. En todo soñador se alza su contrario. Un duelo diario entre una creación y otra. La luz de un sueño la aniquila otro. De ahí la inclinación cunqueiriana a habitar posiciones diferentes en un argumento, defendiéndolo o atacándolo, creando y destruyendo mitos como un jugador de ajedrez que gira el tablero para defender la apertura que con anterioridad atacara. Reconozco que en lo histórico sentía veces tal actitud como contradicción, molesta contradicción, sin comprender entonces la fecundidad de la simultaneidad paradisíaca de A y su contrario. Cuando el hombre de la capa negra retira la sábana que cubre el cadáver de Paulus, aparece otro hombre. “Haría esto cien veces y cien aparecería un hombre diferente”. Habiéndosele preguntado por una explicación científica, responde que hay una poética de grado superior. “Este hombre pasó por los sueños de una mujer y él mismo soñando. Una mujer que no sabe que este hombre está muerto se pregunta por dónde andará. Lo que veis son las respuestas que la enamorada se da a sus preguntas y el hombre a sus sueños. Si pudiese reunir en un repente todos los sueños suyos, este hombre resucitaría. Quizá éste sea el gran secreto de la vida futura y eterna”.

Dejar de soñar es morir, es renunciar al milagro de la resurrección, palabra clara a Cunqueiro y a Lezama. Paulus muere porque sus sueños cesaron. Solo en el espejo luminoso de la imagen puede ser acogida la infinita población de sueños de un viviente. La vida de Cunqueiro/Paulus está atravesada por la penetración del puñal de la imagen, una herida siempre abierta. Con una palabra “Vanna” agrietó la torre prisión para que la hermosa prisionera pudiese escapar en la grupa de su caballo. “El nombre de una mujer hermosa, del ser amado dicho con fiebre de amor puede partir una torre en dos”. Paulus grita “¡María! y se abrían todas las puertas”. En el horizonte cotidiano de los humanos el amor es la imagen que impulsa la flecha de la metáfora que los atraviesa. Un humilde humano, atravesado por la flecha del arquero y por ella aniquilado, resucita como un Dios. El amor que nos mueve es uno de los más potentes manantiales de imágenes que invaden lo real. De ahí la ambivalencia de la sociedad frente a la pasión amorosa, a su reducción a una reserva controlable, su enemistad con el ejercicio del poder o su utilización por éste para afianzar los mecanismos de imposición. Como ya se ha dicho, operar con imágenes es peligroso y la imagen semidivina del amado, una persona o una organización transformada en imagen puede ser destructora, para el soñador y para la sociedad.

En la constitutiva apertura de la existencia cunqueiriana a la imagen, se introducen para satisfacer su sed de cuerpo las más extrañas criaturas de la cultura humana, que han obsesionado a los humanos durante siglos y milenios. Por ejemplo, el unicornio, triste y delicado, en la ambivalencia de un destino de hombre y de caballo, frecuenta la ciudad cunqueiriana. “El unicornio, apoyando la cabeza en el regazo, cerró los ojos y se durmió. La virgen cruzó los brazos sobre el cuello del cérvido y se durmió a su vez. Como es sabido, ambos tienen el mismo sueño”. Paulus/Cunqueiro dominado por esta imagen, viste cabeza de ciervo y en el regazo de Melusina sueña y deja su baba de oro. “Ambos se encuentran bebiendo a un tiempo en el remanso de un río”, sus imágenes se funden en una. Recuerdo ahora las dos cabezas disecadas de ciervo en la pared del comedor de la casa de mi infancia y mi deseo de niño de introducir mi cabeza en una de ellas y, hombre ciervo, pisar vacilante un mundo desconocido. Se interroga Cunqueiro: “¿Sería posible continuar viviendo de los sueños y en los sueños? ¿Qué era lo que él quitaba o añadía en la vida cotidiana? Todavía ahora distinguía lo que vivía y lo que soñaba. También vivía lo que soñaba, lo que vivía tomaba la forma de sus sueños. Añadir un adjetivo provocaba una mutación. Era en la acción, en la situación imaginada donde se encontraba a sí mismo”.

Es paradójico que consideremos literatura el arbitrio de la imagen en el texto y el mismo arbitrio en la realidad, mentira. A la luz de la imagen, lo que llamamos mentira en la vida cotidiana es la invasión del lenguaje por la flecha de la metáfora que lo inviste como horizonte y transforma la realidad en texto paradisíaco el cual, en la consideración profunda que exige, es verdad, si bien habría necesidad de un tiempo histórico interminable para que resplandezca la verdad instantánea de la imagen. La realidad social rechaza la irrupción en su seno del paraíso del soñador cuando la aceptación sería revolucionaria en lo sucesivo histórico. Se vuelve patente la naturaleza antipoética de la organización social que reduce a sus márgenes al soñador y pone coto a la acción de la imagen amorosa y sin embargo acepta la mentira colectiva de la religión como institución, como iglesia y su paraíso prometido que nada tiene de paraíso. El creyente, en tanto que miembro de una iglesia, es un soñador que se niega como tal. La iglesia y sus fieles, firmemente anclados en el sueño de lo histórico, con sus imágenes petrificadas que construyen en la realidad, intentan desde ésta y con sus instrumentos anclar en lo existente lo invisible trazando una línea sin solución de continuidad que une este mundo y el pretendido otro en una fisicidad grosera y sin matices. La ciudadanía histórica del creyente se prolonga, sin sobresaltos en la otra ciudadanía ultraterrena (es indiferente a estos efectos pertenecer a la ciudadanía infernal o a la divina). En realidad para la creencia de las iglesias cristianas y, en especial de la católica, son uno los dos mundos que se interfieren en una misma historia dominada por las mismas categorías y expedientes burocráticos de admisión y denegación. Frente a la imagen poética que disuelve las constricciones de la realidad y crea el paraíso, la iglesia condena y crucifica la imagen primigenia en aras de su sed inextinguible de realidad, de su afán de instalarse en la historia como una realidad más al lado de otras realidades, en lucha por el predominio entre los poderes. Para esa ambición no necesita de soñadores ni del arco de la metáfora, en realidad inútiles y perjudiciales. La ambición histórica de las iglesias es evitar la mirada de Acteón que vuelve fértil el vientre de Ártemis, es decir, detener, cegar la fuente de imágenes. Entre el vivir hechizado de Jesús penetrado por su imagen de hijo de Dios y lanzándola a sus contemporáneos (que lo crucificaron, buen ejemplo del vivir en imagen en el plano histórico) y Pablo, secretario de organización (es decir, petrificador y enterrador de la imagen), la iglesia, lógicamente, no ha vacilado pues no es otra cosa que organización y solo organización, puramente histórica, que trata de impedir por todos los medios el surgimiento de la fuerza corrosiva de la imagen y el contacto directo con ella del soñador creyente. La petrificación uránica sobre la matriz fecunda de la imagen. Así, la herejía (de hairesis, escoger) no es otra cosa que la castración de Urano y la liberación del flujo de imágenes. Brujas, alquimistas, heresiarcas, demonios han roto los muros de la prisión dogmática que los asfixiaba. Una población habitada por imágenes mesiánicas y poéticas fue decapitada o purificada en las hogueras. Por el contrario, frente a la iglesia oficial, el creyente como individuo que vive poéticamente, como destino, las imágenes de su creencia, es otro gran ejemplo de enamorado y, por ello, de vida peligrosa en la imagen. A Cunqueiro le gustaba citar al poeta Max Jacob, pobre en posesiones terrenales pero rico en la imagen poética, que vio, y siempre lo reafirmó, el rostro de Jesús en una pared de su casa. Esas visiones, que hay que merecer, no pueden serle arrebatadas al soñador ni tampoco refutadas como verdad poética que son. Y quiero recordar aquí a un humilde canónigo del tiempo de mi primera juventud, organista de la catedral de Mondoñedo, don Jaime Cabot, de gran familia mallorquina pero absolutamente pobre, pues todo lo repartía entre los necesitados, físicamente una sombra y cuya tumba pisamos en el suelo enlosado de la catedral. Desbordante de bondad y brotándole imágenes como alas, le decía a mi madre: “Doña Elvira, en la noche, extendido en mi lecho, veo a los pies la imagen de Jesús en la cruz”. Esas imágenes, como las de Max Jacob y Jaime Cabot, siempre serán ajenas a la iglesia oficial que solo se encuentra cómoda con pseudo imágenes colectivas, sujetas a policía y debidamente comercializadas como “Fátima” o “Lourdes”. Y, aún así, su ideal sería que ni eso tuviera lugar.

Y es que ni el poder que gobierna lo sucesivo histórico ni la iglesia que organiza lo que sigue a la desaparición de éste, pueden admitir la extensión de la imagen fuera del texto, su salto a la realidad que los pone en peligro de extinción. Frente a lo que ellos llaman la mentira de la imagen, oponen su verdad histórica que no es otra cosa que la organización social de la mentira. Y como consecuencia, han renunciado a ver. “He visto cosas” dice el replicante de Blade Runner, y ha logrado de golpe la inmortalidad. “He visto”. Y ese ver, por encima de la desaparición del cuerpo físico, crea tal gravedad poética que esa imagen sobrevivirá, con empuje decisivo a la emergencia del potencial metafórico de los seres, del despliegue de su vocación de arquero.

Sabemos que hemos entrado en la imagen cuando sentimos su gravedad. Desprendemos entonces una evaporación densa, que afecta a todo cuanto pensamos y amamos e incluso hacemos. El soñador, como creador de un texto oral (y eficaz) en la realidad, dominada por poderes hostiles, los caníbales de lo sucesivo histórico, es un profeta que anuncia el paraíso como posible en la historia, al subvertirla. Misionero que ambiciona que el mayor número comparta su vivir hechizado. Exhalamos imágenes con vocación de infectar, con el fin de abrir el acceso al paraíso, al reino de la eterna sorpresa.

El hombre es un ser para la poesía, ser metafórico, cuyo destino es la imagen y el traspasar la realidad “con una penetración dura como piedra y transparente como agua en el espejo” (Lezama). En ningún caso es un ser para la muerte (zum Tode) que no es más que una contra imagen, el grado cero de la imagen. Por ello no es posible “un estilo de morir” (Lezama). Solo hay estilos de vida en cuanto vida mortal. Como seres metafóricos, somos cíclopes que trasladamos en imagen los más pesados objetos al horizonte más lejano donde edificamos nuestros sueños. Por este ojo ciclópeo que nos hace habitantes de la imagen, rechazaba Cunqueiro la angustia y la muerte como destino. Y hubiera asentido a las palabras de Lezama: “Dance la luz reconciliando al hombre con sus Dioses desdeñosos. Ambos sonrientes, diciéndoles los vencimientos de la muerte universal y la cantidad tranquila de la luz”. “Morir luego con los ojos abiertos” (Unamuno, a quien aplaudía Lezama). Saber escuchar todas las voces y los suaves pasos de la gran mudanza. Evitar la confusión al cruzar la puerta que no lleva a parte alguna. La base biológica de nuestro ser metafórico nos regala al final esa luz blanca, poblada de amadas sombras. Es la última metáfora. Privilegio de gozar de la gravitación de la última imagen.

Pese a los ataques e incomprensiones con relación a su vida y a su texto, de los pequeños caníbales de la historia (los grandes caníbales detentan el poder y son ajenos a la poética) Cunqueiro tenía la seguridad de “habitar la ingenuidad de un nuevo paraíso”. Nunca se permitió traicionar su destino, ser arrastrado fuera del reino de la imagen que él llamaba “el dulce reino de la tierra”. Y es quizá la dialéctica entre el reino de la tierra y el golpear del martillo de la historia la mejor explicación de las complejidades y perplejidades cunqueirianas. Supo él siempre, sin embargo, de la prevalencia de la imagen, de su infinita fuerza compasiva que, al transformar lo real, vuelve inocente al hombre, es decir, libre del mal de la historia. “Inocente”, palabra muy cunqueiriana y por él amada. “Edipo”, escribió, “un inocente”. “Max Jacob, el último episodio de la degollación de los inocentes” (asesinado por los nazis). Acaso él mismo también un inocente como todo aquel que supedita lo temporal a la imagen prodigiosa.

Finalmente, es el momento de examinar algunas de las afirmaciones y conclusiones del ensayista M. Gregorio González sobre “el fracaso cunqueiriano” contenidas en su brillante ensayo “Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío”, 2007, en el que reflexiona bellamente sobre el proyecto literario cunqueiriano a partir de sus textos, sin los recursos del conocimiento personal y sin entrar en la exterioridad de la vida cunqueiriana (con excepción de un conocido episodio, significativo no obstante por lo que revela sobre el habitar en la imagen del mindoniense). Ensayo brillante, repito, conmovedor, con frecuencia, es contraejemplo para tanto biógrafo caníbal de la historicidad que no levanta sus ojos de la carroña si no es para disputarla. Su defecto, quizá, no contemplar en toda su amplitud la dilatación del horizonte cunqueiriano, “el proyecto de habitar la ingenuidad de un nuevo paraíso”. No habría entonces avanzado las afirmaciones que en mi opinión hacen perder el rumbo a tan hermosa obra, no habría hablado del “fracaso cunqueiriano”. Cito algunos párrafos que explicitan la posición del autor: “El lector comprueba con asombro y desánimo que el viejo ideal cunqueiriano, la imaginación… viva en las veredas del siglo, va sucumbiendo a una pesadumbre que quizá sea tributo a la época o desmayo de una biografía creciente y fatigada… Cunqueiro cantor taciturno, oficiante sombrío, dulce escribano de la gratitud y la dicha pero lastrado ya por el férreo pesimismo de su siglo… Misterio patente y abisal, la alegre nostalgia, la serena derrota de cuanto imaginó y sedujo al mindoniense… “El año del cometa” como la obra menos cunqueiriana… El amargo reconocimiento de una derrota de la imaginación… Nada queda de la fe en el hombre, en su trascendencia, en la bondad perdida… La quiebra definitiva de un espejismo. Paulus muere… Porque ha dejado de soñar… Suicidio literario… Muere el soñador y lo soñado… Fracaso de Cunqueiro… Cunqueiro juglar sombrío…”

Es lástima grande que ensayo tan brillante se vea desvirtuado por unas conclusiones equivocadas. Si el autor hubiera conocido el texto oral que se desprendía de Cunqueiro, la imagen que evaporaba, no hubiera sacado las conclusiones expuestas del texto escrito de “El año del cometa”, última obra narrativa de Cunqueiro y no la menos cunqueiriana sino, yo diría, al revés, la más cunqueiriana, la meta de su camino narrativo, en la que se contienen y se explicitan elementos sustanciales de la autopoética cunqueiriana que iluminan toda su prosa anterior. “El año del cometa” nos proporciona y aclara en su profundidad el horizonte que exige la lectura de la narrativa cunqueiriana y en ello reside la principal diferencia respecto de las obras anteriores. Las reflexiones de Paulus/Cunqueiro sobre el soñador, sobre sus sueños piensan desde este último texto los anteriores y muestran en toda su complejidad el proyecto literario cunqueiriano. Última novela, “El año del cometa” debería ser la primera en la lectura de los textos de Cunqueiro. Se evitarían así muchas interpretaciones banales.

Cunqueiro no abandonó nunca los sueños, nunca se reconocería en una frase como la “derrota de la imaginación”. Incluso en su propia vida personal, asaltado por la dolencia final, Cunqueiro siempre fue fiel a la imagen como destino. Hasta una llaga que supone normalmente una mutilación, fue tratada para su curación cunqueirianamente. Se abstuvo de mirarla, como el almirante japonés por él recordado (y por Lezama también y separadamente) quien, con un despliegue de su abanico, hacía desaparecer la flota enemiga. Y sólo miró su cuerpo, como el almirante el mar, cuando la llaga había desaparecido.

Se olvida cuando se habla de “biografía creciente y cansada” que “El año del cometa” es de 1974, época de plena salud para él, de vigor físico y mental. Cosa que también olvidan algunos que se inclinan sobre la que llaman “su poesía última” cuando la casi totalidad de sus poemas son fruto de años anteriores, con frecuencia de muchos años. No hay, salvo algún poema, poesía escrita en la enfermedad y próxima a su muerte. Pero incluso los textos literarios publicados hasta el día de su fallecimiento, los mal llamados “artículos de periódico” no muestran diferencias con los de otras décadas de su vida. Y como paciente nunca se dejó abatir. Siempre imaginó la curación y cuando el horizonte final se hizo evidente lo aceptó con serenidad y melancolía desde el pleno disfrute de sus facultades mentales hasta la última hora. No, no hay “ningún desmayo en su creciente biografía”. Siempre supo Cunqueiro de las dificultades de su proyecto de restituir lo armónico del hombre que le ha sido arrebatado y devolverlo en la imagen, en el contexto de un mundo sometido al dominio progresivo de leviatanes que los textos sagrados mostraban sepultados en oscuros fondos primordiales.

Las presiones sufridas en su vida creadora por incomprensiones de lo sucesivo histórico son incomparables con la anécdota de la enfermedad personal. Ni unas ni otra afectaron a su visión de habitar el paraíso, el dulce reino de la tierra al que es consustancial la visita de la muerte de cuyo país se retorna como claramente afirma su prosa y su poesía. Quien como él cree que hay un doble celeste de cualquier existente terrenal (¡un Umia celestial!) sabe que el hacha de la muerte no alcanza a decapitar la esperanza de la imagen. Y añado que los muertos son entre nosotros “os nosos difuntos” cuya presencia en Mondoñedo, ciudad de vivos y muertos, dura siempre, pase el tiempo que pase, están extrañamente presentes.

Lo que Cunqueiro mostró en “El año del cometa” no es la derrota de la imaginación sino que la capacidad de soñar, de inventar, es decir, de hallar, es condición indispensable para la habitación en el paraíso. Y que el ser metafórico que somos corre el peligro de ver sepultada su vocación de arquero bajo el peso asfixiante de monstruosas evoluciones globales, ciegas a esa salvadora posibilidad humana. Porque Cunqueiro conoce perfectamente el carácter terrible de las bestias que una deriva de la sociedad ha dejado escapar afirma el reino de la imagen para cancelar la amenaza. Y en su obra muestra el camino de salvación. Siempre mantuvo la posición de arquero, con el arco tenso apuntando a un blanco muy lejano, un arco semejante al de doble curvatura de Eurytos, que recibió de los griegos, y cuya flecha abre el paraíso.

Todo “El año del cometa” es una advertencia sobre la dejadez de posibilidades esenciales del hombre. Paulus muere porque ha dejado de soñar, quizá solo un momento, cegado por los monstruos que resoplan en el horizonte de nuestra época, y concretamente el dinero. Paulus recibe un disparo cuando va en busca de una bolsa de monedas. Julio César, David o Arturo ofrecen el retrato lamentable de las páginas de “El año del cometa”, sarcástica caricatura de la visión ferozmente antipoética de ciertos desarrollos contemporáneos. El mismo Paulus, afectado por ella, pierde el camino de la imagen y se pierde él mismo. La ciudad de Paulus, sumergida en la niebla de una “era imaginaria” se sobresalta al oír los disparos de los guardias, una autoridad desconocida en paraíso. Claro que Cunqueiro conoce las condiciones, los desarrollos adversos de su siglo que presionan y dificultan su proyecto de restablecimiento de una armonía humana. A veces, las dificultades e incomprensiones pueden ocasionar un pasajero desmayo, una tentación, no de renuncia, pero sí de cansancio. La pregunta <<¿Dios mío por qué me has abandonado?>> siempre está presente y puede surgir… Para ser inmediatamente cancelada.

Sí, siempre fue fiel Cunqueiro a la imagen en su existir luminoso, siempre “la picadura de un aguijón sonriente” borraba todos “los conjuros negativos”. Por supuesto que desde el humor sarcástico cunqueiriano en la descripción de César, David o Arturo, no tiene sentido extraer consecuencias de carácter general sobre la posibilidad de su proyecto. Completando lo antes dicho desde otro punto de vista, estados o cualidades como la ancianidad, la fealdad o la enfermedad forman parte inseparable de cualquier imagen del hombre. La ciudad paradisíaca cunqueiriana la habitan con la misma legitimidad jóvenes y ancianos, atletas y jorobados, héroes y enanos, príncipes y mendigos, seres hermosos y deformes, todos tienen idénticos derechos y obligaciones como habitantes del texto paradisíaco, sea el cunqueiriano o el mítico griego. Su esencial igualdad implica la fertilidad de todas las uniones, en Cunqueiro y en Hesíodo. La identidad del tapiz de fondo implica la continuidad fértil de la belleza y de la monstruosidad, “la superación del ámbito de la especie por lo germinativo” (Lezama) en el texto paradisíaco.

Es precisamente nuestra época antihumana la que es incapaz de ver esa complejidad de la ciudad cunqueiriana y la reduce a decadencia y a muerte de los sueños y derrota de la imaginación. La incomprensión de M. Gregorio es la incomprensión de su siglo.

En la construcción de su texto paradisíaco, revela Cunqueiro la plenitud de su compromiso con la humanidad, la radical democracia de su ciudad paradisíaca, la esencial igualdad de seres, animales, cosas en continuas cadenas o series metamórficas o germinativas que cancelan las discriminaciones específicas. Y siempre su visión y su escritura en el ámbito de la luz de la aurora griega.

Desde el fondo del mar

Número 4 (Julio 12)


Número 4 (Julio 12)
 
Inevitable Herencia
 
Modesta herencia habrá cuando yo muera,
Humilde y apartada habitación
En la infinita biblioteca humana
Y el eco de mis pasos cada día,
Entre las órdenes de libros, monjes
Con recia disciplina de silencio,
Sus manos sobre un pecho de secretos,
El saber alcanzado por sus vidas.


En la luz indecisa de las celdas,
Años, siglos quizá, fui también monje,
Inclinado sobre lo más difícil,
Sin procurar jamás ganancia alguna.
Pude así conocer lo más profundo,
El pensar de las razas de los siglos,
Abierto en luz al generoso esfuerzo.


Los años ya pasaron, o los siglos,
Ya la muerte es vecina de mi sombra,
Con paciencia sonríe a mis trabajos,
Ciegos a su deseo de mudanza.


Ellos alzaron alas en la antigua
Arquitectura, nuevos laberintos,
otros monjes se unieron a los viejos,
Con orgullo tranquilo los contemplo.
Yo quisiera vivir siempre a su lado,
Y un cuerpo de papel atravesado
Por flechas que disparan alfabetos
En vuelo de imposibles geometrías,
Figuras y ejercicios nunca vistos
De mágicos arqueros en palestra.


Ciudadano de la ciudad sin fin,
Libro entre los libros, fatal destino
Del sediento que busca el agua oculta
En grietas de la roca vueltas fuentes.
Pero soñar no es página que dure,
Una mano sin mano en el costado,
Un vacío sin nombre que disuelve,
Se abre común, inevitable herencia.
 

Desde el fondo del mar, 20.6.20

Una inscripción antigua

Yo, Kúsar Kun.Ke.Í.Ru, servidor
De la casa de los libros, alcé,
En provincia lejana del imperio,
Este recinto para su morada,
Allí donde solo crecen la sombra
Y el silencio, fuera de los caminos
Que visitan la guerra y el comercio

Los años largos de mi vida ardieron
En el fuego del altar, sacrificio
A vuestra luz de extraños inmortales,
Centauros alados, hijos del hombre
Y de la nube que el saber de siglos
Alimenta. Con alegre fatiga,
Cada día, surgieron galerías,
Habitaciones, pórticos, columnas.
Al final, cuando todo fué dispuesto,
Os invoqué en las diferentes lenguas
Propias de los orígenes diversos,
Para habitar la ciudad ofrecida,
Que os acoge por barrios desde entonces.

En cómodo reposo las figuras,
Diferenciados órdenes y clases,
Sobre el misterio de ángulos oscuros
Sobrevuelan brillantes arcoíris,
Color variado en túnicas y mantos
Que causa por doquier un suave incendio.

En los dobles collares de los días,
Y en las perlas que cuelgan de sus horas,
Mis manos que no cesan, acarician
Vuestra cálida entraña desvestida
Y hacen brotar las voces y los cantos
De letras que se acercan, bailarinas,
Desde sus alfabetos prodigiosos,
En juegos malabares que me asombran.

Sediento bebedor del agua escrita,
Una sed que no sacia la bebida,
En embriaguez viví, sin observar
La pleamar de la extensión del tiempo,
La amenaza del Nilo en su crecida
Hasta la superficie indiferente
Y sin historia que cubre el latido
De una antigua esperanza sumergida.

Es el tiempo en que nacen las preguntas,
Angustia, inquietud nunca sentidas.
Borrado el templo y el rumor del culto,
Y el ágil ejercicio del incienso,
En su trapecio, cada vez más alto.
A dónde ireis, divinas criaturas,
Sin los fieles que por saber se inclinan?
 
La dispersión fatal a la procura
De antiguas melopeas y salmodias
Adormideras guardianes de sueños,
No veré. Pero conozco la arena
Y sé del viento eterno que la azota
Y de los restos que hay en lo más hondo
Donde la tierra sin esfuerzo olvida.

Escriba del final, en la piedra dura
He inscrito estas palabras, testimonio
De un instante vivido como eterno
Quitar su dicha no podrá la muerte.
 

CUADERNOS ZOÑÁN DE APUNTES Y NOTAS DE LINGÜÍSTICA. Nº UNO.

MAYO, 25

PRESENTACIÓN

Utilizando el vehículo de este diario pero independiente de su contenido aparecerán periódicamente unas fichas lingüísticas bajo el título, sin duda demasiado ambicioso, con la ventaja, sin embargo, de cubrir todos los temas tratados, de “correspondencias vascoeuroasiáticas y universales”.

No van dirigidas, en general, a los eventuales lectores del diario. Alguna etimología o algún argumento sobre relaciones lingüísticas puede ser de amplio interés, pero la mayor parte de los temas que serán tratados en principio apuntan a los interesados en lingüística histórica.

Las fichas llevarán un número correlativo acompañado del día, mes y año de entrada en el diario que se recogerá en las posteriores. Las eventuales modificaciones implicarán la sustitución de la ficha correspondiente u otra nueva con la remisión oportuna. También en las mismas se publicarán índices para una fácil localización de los temas.

El objetivo de las mismas, como se desprende del título, es el estudio del vocabulario vasco en relación con otras lenguas o familias de lenguas así como, en general, correspondencias léxicas entre lenguas o familias lingüísticas, en principio muy alejadas y que apuntan a un vocabulario común que puede ser muy antiguo, surgido en las muy diferentes y larguísimas etapas de la dispersión de la humanidad desde la salida de África.

Las correspondencias y estudios tipológicos no estarán ausentes como tampoco diversos aspectos etnolingüísticos.

En general se procederá por la simple exposición de los hechos y las hipótesis explicativas de autores y diccionarios etimológicos (si las hay y me son conocidas) y las razones por las que parecen insuficientes. Hipótesis alternativas, en general, solamente en un segundo momento, cuando la cantidad y calidad del material recogido, lo permita.

Son estas notas fruto de largos años de estudio de muy diversas lenguas de las más diversas familias lingüísticas, estudio que abarca, como mínimo, la gramática, la historia de la lengua y un vocabulario básico no inferior a dos mil palabras.

Es consciente el que esto escribe de su carácter de autodidacta, de “amateur éclairé” y, en consecuencia, carente de formación académica en la disciplina. Al lado de conocimientos extensos, que permiten asociaciones inesperadas, la existencia de inevitables lagunas y la ausencia de la tecnología, bibliotecas y equipos de los que goza un investigador en su departamento o instituto.

El contenido de estas notas puede, incluso, haber sido ya debatido, en mayor o menor parte, por los estudiosos en sus centros. Por todas estas razones no habrá formulaciones categóricas, solamente exposición de hechos que juzgo de interés, en su caso, la insatisfacción sentida ante las explicaciones habidas e indicación modesta de hipótesis alternativas.

No necesito decir que recibir pareceres y opiniones que enriquezcan lo por mí aportado, confirmatorios o discrepantes, será bienvenido.

Lo que no puedo negar es el enorme placer sentido en estos largos años dedicados al estudio de la variedad lingüística humana, que verdad la del griego: “Paideia toîs mén eútujesi kosmos, toîs dè dustejesi katafugé”.

Fichas lingüísticas números uno (segail), dos (ainoa), tres (alu), cuatro (urtxintx), cinco (kaio) y seis (orein). Las seis integran este primer cuaderno que completan unas notas lingüísticas divulgativas, meramente informativas, sobre pidgins y sobre la formación de palabras en indonesio por procedimientos de abreviación de sintagmas y otra sobre aspectos lingüísticos y culturales melanesios y polinesios.

FICHA LINGÜÍSTICA Nº UNO

Vasco Segail.a (BN, R): “cabra de un año”.

Otros términos vascos: segail (AN, G), sekail (C) (alto, espigado, esbelto, airoso, delgado). Segailtasun.a (esbeltez, gallardía (S)). Segaildu (C), sekaildu (L): hacerse esbelto. J. Corominas/J.A. Pascual, Dcech, Tomo RI/X, página 187-190, voz Segallo/-a “animal cabrío en el segundo año de su vida”. Al estudiar dicha voz y sus variantes ibéricas, dice “voz pirenaica común al aragonés con el catalán y el vasco, de origen incierto, quizá prerromano”. Pero si, como parece, está emparentada con el vasco “segail, sekail” (descarnado, esbelto, airoso) en el sentido de animal flaco, habría que suponer que es palabra de origen romance, alterada fonéticamente en vasco y propagada luego por pastores de lengua vasca, pues dicho adjetivo parece ser préstamo del bearnés “secalh”, catalán “secall” (persona seca y delgada)… el origen prerromano de segail.a (cabra de un año) y el parentesco con el adjetivo “segail”… me parecen ambos posibles… A modo de disyuntiva pues salta a la vista que sekail/segail no es otra cosa que el bearnés “secalh” (personne maigre, sèche, osseuse et mince, branche morte, bois mort…) catalán secall… derivados evidentes de “siccus”. Añade que ello es compatible con la idea de Rohlfs de derivar de ahí “segalla, cabra pequeña” pues los vascos han desempeñado un gran papel en el pastoreo pirenaico… nuestro vocablo “segallo”, cualquiera que sea su etimología remota, es pues un término pastoral vasco o vasconizado que el pastoreo ha propagado hasta Cataluña y Andalucía”. Considera que el sardo “sakkaya/-ayu”, forma moderna “saccaia” (pecora o agnello di un anno, capra di un anno) es probablemente un antiguo catalanismo y es verosímil que resulte del romanismo vasco “sekail” aunque una etimología prerromana no puede descartarse.

Otros datos posibilitan plantear una hipótesis diferente sobre el origen de la palabra vasca segail.a (cabra de un año).

El Oseta es la lengua de la república de Osetia del norte de la federación rusa. Sus dos variantes principales, iron y digor, pertenecen a la rama nororiental de las lenguas iranias. El oseta, no obstante las múltiples influencias lingüísticas a través de los siglos, continúa directamente la lengua alana, una parte de cuyos hablantes invadieron en el siglo V n.e. Francia y la Península Ibérica, en unión de suevos y vándalos. No son pocos los topónimos que hacen referencia a la presencia alana en Francia y no faltan en España (alanis, alano, alange…). Precisamente en el escudo de armas de la ciudad de Alano figuran dos perros de esta raza, que acompañaban a los guerreros alanos (noticia de L. Arys-Djanaïéva). El nombre propio “alain” también abunda en Francia.

Pues bien en oseta-iron, cabra es “saegh” (ae, una a breve tirando a è y gh, una r “grasseyée”). Y en oseta-digor, “saeghae”. Desconozco si esta raíz se encuentra en otras lenguas iranias (no en farsi, v.g. donde cabra es “boz”).

En Bernard Le Calloc’h “Des asiatiques en Hongrie” y en L. Arys Djanaïéva “Parlons ossete” figura un corto léxico alano-húngaro, de un monje misionero húngaro, enviado a traer al redil de Roma a los alanos húngaros establecidos en Hungría desde hacía más de dos siglos (estamos ahora en 1442). Estos alanos eran los jász del monte Pilis (jász.ok, en húngaro) y eran paisanos-soldados, al servicio del rey.

En este léxico, la mayor parte de los vocablos son muy semejantes a sus correspondientes del oseta moderno y en especial al más arcaico digor. La forma para cabra es saka, muy semejante a los términos oseta actuales y también al segail.a vasco.

Podría pues afirmarse, como hipótesis, que una palabra igual o semejante para cabra fue traída, cuando las invasiones bárbaras, por los alanos. Como en vasco el término para cabra es a(h)untz, bajo la influencia del adjetivo segail, sekail, tan parecido a las formas alano/osetas (y por la fácil extensión de su significado a un ser, en concreto un animal, delgado y de poca carne por su pequeñez) en contacto con la palabra bárbara se aceptó para cabra joven, en el caso, de un año, la palabra alana, modificada fonéticamente por el vasco segail. Así tenemos el par a(h)untz.a (cabra adulta), segail.a (cabra de un año).

Y aquí podríamos finalizar, por lo de ahora, esta ficha. Sin embargo quiero aportar los datos de otras dos lenguas, muy lejanas en el espacio y en el tiempo histórico de lo consignado. Se trata de dos lenguas africanas. Una, el pular, lengua de los pastores peul, pastores de bóvidos, procedentes, según la mayoría de los especialistas, del valle del Nilo, en época muy antigua, prehistórica, a través de un Sáhara húmedo. Los grabados rupestres de Tassili y de Hoggar se atribuyen a ellos o a sus antepasados. Hoy constituyen una diáspora en el espacio geográfico sudano-saheliano.

En el pular de Guinea (pular de Fouta Djalon, único del que tengo datos, entre las seis áreas dialectales pular) carnero es “sākā.ri” (ri es el grado 2º del sufijo de clase ndi) y macho cabrío (bouc) es sīkūli.ri. La semejanza de los signos lingüísticos pular (del significante y del significado) con los lexemas considerados anteriormente, salta a la vista. El pular forma parte del West Atlantic Group.

Veamos ahora el soninké, perteneciente al grupo de lenguas mandé, y que se habla en un rectángulo sobre Malí, Mauritania, Senegal y Gambia.

El vocabulario soninké que interesa a esta ficha es: sugu “caprino”. SuGu-yaxare (a(h)untz, cabra). Yaxare significa mujer y sirve para distinguir el género del animal. Sugu.llemme (cabrito, chevreau), sugu.nu (têter, sucer). Podemos contemplar sintéticamente las semejanzas en un cuadro:

 VASCOOSETAALANOPULARSONINKÉ
CABRAa(h)untzsaegh,saeghaesakasākā (carnero) sīkūli (macho cabrío)sugu
CABRA UN AÑOsegail   sugu

Explicaciones caben varias, por la vía de los préstamos que pueden ser antiquísimos, teniendo en cuenta el papel fundamental de los rebaños de ovicápridos en la historia de la civilización.

EXPLICACIÓN DE ABREVIATURAS:

  • AN, BN (Alto, Bajo Navarro)
  • B, G, (Bizcaíno, Guipuzcoano)
  • R, L (Roncalés, Labortano)
  • S (Suletino)

En relación con lo anterior, menciono el nombre en burúŝaski de la cabra: tsigir. Pero es puramente especulativa, la causa de la mención, como diría J. Caro Baroja es el “sonsonete”, pues sobre la fonética histórica del burúŝaski, lo poco que se conoce, lo desconozco. Y tener ese nombre en cuenta, sin más, podría llevarnos a la falsa y archiconocida comparación del inglés “bad” y farsi “bad”, ambas “malo”. Otro caso análogo es el alemán ziege/tsīge/cabra, resultado de las leyes de mutación consonántica (lautverschiebung) del germánico y del A. A. A. Pie*/deiĝheaz (M. E. Huld “Basic Albanian Etymologies”, 1984, pág. 59). Comentario a albanés DHI “she goat”. Relación con (glosa de Hesiquio) griego dialectal didsa (aiks, goat) y con alemán ziege.

A. Dolgopolski “The Nostratic Macrofamily”, 1998. Nº 43 *Diqa(goat)pie * Digh/*Dik griego dialectal didsa, albanés dhi, A. A. A. ziga. 

Para una revisión de los nombres euroasiáticos de la cabra, la ficha que será dedicada al vasco a(h)untz, cabra. También queda para otra ocasión la relación entre el “sugu” soninké y el latín “sūgū” (chupar, sucer), verbo que solo se encuentra en el indoeuropeo occidental.

FICHA LINGÜÍSTICA Nº DOS

SOBRE EL NOMBRE PROPIO AINOA Y SU SIGNIFICADO.

1.     Nombre propio vasco, con origen en el país vascofrancés (Iparralde).

2.     Nombre de un pueblo del Labour.

3.     Epiclesis mariana de un santuario en dicho pueblo.

Comencemos con Ernout-Meillet, DELL, páginas 748-749. “Ūnus-a-um (de oinos…). Un, un seul, unique… S’oppose à alter, à duo, en général à tout nombre pluriel; a servi à designer l’unité, sens dans lequel il a supplanté la racine X sem… et, par contre, dans le sens de seul a été éliminé par sōlus ou renforcé par lui: ūnus sōlus… L’utilisation secondaire de ūnus pour désigner l’unité, le nombre un, explique que les adverbes et les adjectifs ordinaux et distributifs soient empruntés à d’autres racines… L’ancien nom de l’unité, qui subsiste dans des mots tels que simplex, singuli, a disparu à l’état isolé. Pour obtenir une expression plus forte, on l’a remplacé par le mot significant unique, de même qu’en celtique, en germanique et en baltique… Lat. ūnicus est fait comme v. sax. ēnag (seul)…”

Por lo que hace referencia al griego antiguo, P. Chantraine, DELG: voz eīs (página 326): ”nom de nombre, un, etc… Sens: un, parfois unique… On a peu a peu et en grec tardif l’emploi de eīs comme indéfini…”. Voz óinh (página 784): “L’as au jeu de dé… Radical expressif, signifiant unique, distinct pour le sens de * sem de eīs, un…”.

BÁLTICO LETÓN

Número cardinal viens, viena: uno (1). Vienīgi (únicamente, solamente), vienīgais (solo). Viens, viena también se emplea con el significado de solo-a y de alguien.

LITUANO

Víenas, vienà (numerativo cardinal uno, 1). Víen (únicamente), tìk (solamente).

URÁLICO. LENGUAS FÉNICAS.

A) Estoniano: üks (un, uno, una). Üksi (a solas). Üksik (solitario). Üksindus (soledad). Y ainus (sólo, único). Ainus kord, poeg (única vez, único hijo). Ainuke (único). Ainuabielu (monogamia). Ainsus (singular). Ainult (solamente). Ainulaadne (único, excepcional, singular).

B)  Finés: yksi (un, uno, una). Yksiainoa (uno solo). Yksinomainen (exclusivo, único, solo). Yksiainoa tapaus (un único caso). Ainoa (único, solo). Ainoastaan (solamente, solo). Ainokainen (ainoa lapsi) (hijo unigénito). Ainutlaatuinen (señero, singular, extraordinario, único en su género). Ainut laatuisuus (unicidad, singularidad).

DAVVISÁPME (Same del norte).

Okta (1). Dušše (solamente, únicamente). Beare (solamente). Pero áidna (único).

HÚNGARO

Egy (1, un, uno). Egy emberként (como un solo hombre). Csak egy.re kér (no te pido que una cola cosa). Egyedül (solo). Egyedüli (único, solo).

KOMI (fínico-permiano).

Öti (1). Ötik (único).

LENGUAS ESCANDINAVAS. Por ejemplo:

Islandés: einn (1). Einka- (mono/único).

Sueco: ett (1). -e)n/-e)t (artículo indefinido). Enastående (único, excepcional). Enda (solo, único). Endast (solamente).

Noruego: en (1). En/et (artículo indefinido). Eneste (solo, único).

ALEMÁN

Ein, eine. Einzel. Einzig… Antiguo alto alemán (A. A. A.): ein (uno, alguno). Einag/einac/ainac/einec/einig (único). Eino (solo).

Gótico: ains, aina (femenino): 1 (cardinal) usado en plural significa solo.

TURKO

Bir (1). Biricik (único).

ESLAVO

Por ejemplo:

–         Ruso: odín (1). Ediniǐ (único).

–         Croata: jedan (1). Jedini (único). Jedino (únicamente).

VASCO

Bat (1) y (uno, una). Bakar (único). Bakarrik (solamente).

K. Mitxelena “Fonética histórica vasca”, 1990, página 105: “el diptongo ei ha dado i, sin excepción, en inicial absoluta…”.

Conclusión de los ejemplos consignados.

Vemos como en latín y griego surge una palabra más fuerte y expresiva (por las causas resumidas) con el significado de único. En báltico, escandinavo, húngaro, komi, turco, eslavo y vasco, vistos en sincronía, una sola raíz con diferentes sufijos derivativos o raíces próximas, con modificaciones diversas, reflejan la distinción un-una-uno/único. En estoniano y finés, las raíces urálicas reflejan predominantemente la unidad mientras que en Ainoa o en los compuestos con Ainoa se destaca fuertemente el valor “único, singular, señero”. En same o lapón del norte hay una raíz para la unidad, dos para la idea de soledad y otra, áidna (para único). 

Si ahora consideramos las variantes germánicas para “único”, me atrevo a hipotizar un préstamo del término “aino” en finés y estoniano de una lengua germánica. Y en el caso del nombre propio Ainoa, una epiclesis o epíteto mariano, de origen germánico, que se mantuvo, sin ser comprendida por la población vascófona. Quizá la a final sea el caso nor de *aino. Así Ainoa significaría “la única”. Probablemente el nombre del santuario nombró secundariamente a la localidad. En cualquier caso, el nombre propio presupone la epiclesis mariana. Naturalmente el nombre propio, tal como nos ha llegado, ha sido fonéticamente adaptado al vasco.

FICHA LINGÜÍSTICA Nº TRES

VASCO: alu (vulva) alu.keria (coito, cópula. Faena, putada). Calificativo despectivo: auto alu hau berriz gelditu da (esta mierda de coche se ha parado de nuevo). Sasi.kume alua! (maldito bastardo). Alua! (aproximadamente francés: con!).

Palabra, si no me equivoco, aislada en el léxico vasco. Para una pronunciación de alu con L retroflexa, ver K. Michelena “Fonética Histórica Vasca”, 1990, pág. 550.

Lo primero es examinar si es palabra patrimonial vasca (con independencia de que pueda ser un préstamo de una lengua euroasiática) o un préstamo del latín o del romance. 

En el primer caso, teniendo en cuenta el paso de L antigua a R entre vocales, habría que postular una L fuerte que no sufrió el proceso de lenición de la L tenue. En el segundo caso, si fuese un préstamo antiguo del latín, valdría la misma explicación que no sería necesaria en el supuesto de un préstamo reciente o del romance. En cualquier caso, como alternativa a la L fuerte, podría pensarse en una L tenue mantenida por un especial uso expresivo o interjectivo del vocablo. Una duda que surge, previa del examen del étimo latino que podría ser la fuente del préstamo, es si la A de alu es original o alterna con K inicial desaparecida. *Kalu la vincularía directamente a la base o bases que veremos después, sin pasar por el latín. La vocal inicial original nos remite a latín aluus-i (vientre o más bien cavidad intestinal del ser humano o de los animales, también útero: “aluus, venter feminae”. Ver Ernout-Meillet, DELL, pág. 25). Antiguo nombre técnico. No hay derivados romances. “Emparentado sin duda con el griego aulós”.

Griego antiguo aulós. Pierre Chantraine, DELG, pág. 140: “Tubo hueco y alargado. Empleo con diversos significados técnicos. Clásico”. Neogriego aulós (flauta).

En relación con latín aluus y griego aůlós: latín, caulis, (Ernout-Meillet, DELL, pág. 107). “En baja época caulus: tallo de las plantas, después por metonimia, la misma planta. Y todo objeto parecido a un tallo, especialmente la verga, como griego kaulós. Antiguo. Usual. Un préstamo del griego es poco probable”.

Sobre el griego kaulós (P. Chantraine, DELG, pág. 506) “tallo por oposición a stélejos que se dice de los troncos de árbol. Pene. Término técnico. Antigua palabra que se encuentra en latín y en báltico. “No se saca nada del hecho de que aulós rime con kaulós”. Pero en el comentario a aůlós, concluye: “se han observado los dos pares paralelos aulós/kaulós y lituano aūlas y káulas. ¿Se trata de un azar o de un procedimiento de formación?” Aunque la alternancia vasca de K/cero en posición inicial se deba a caída de la oclusiva y, por lo tanto, no tiene que ver con el par griego y un eventual recurso utilizable en la formación del léxico, reclama la atención sobre la variabilidad en esa posición y que según las diversas lenguas afecta a diferentes fonemas.

Procede ahora examinar una base o segmento fónico que como palabra independiente se halla presente en lenguas de las familias más diversas y que podemos llamar base universal, al encontrarse aquí y allá, un poco por todo el planeta. Y digo base por lo siguiente: si llamamos radical a una raíz que puede existir independiente como palabra, raíz, a la que necesita necesariamente afijos de flexión y tema, a una raíz con sufijos derivativos, a menudo en sincronía no estamos seguros de cómo transcurrieron las cosas diacrónicamente. Una palabra actual puede haber sido afectada por procesos de derivación y de composición o fusión con otras palabras o partículas o de supresión o añadido de segmentos fónicos. Cuando partimos del nivel cero de las lenguas históricas, seguimos luego por el nivel 2 de reconstrucción de una protolengua (v.g., el germánico, pasando por niveles intermedios, 1 o más, entre la lengua histórica y la protolengua), continuamos con el nivel 3 indoeuropeo (que a su vez se subdivide) y finalizamos con algunos en el nivel 4 del nostrático, las raíces presentadas, sobre todo a partir del nivel 3 y ya no digamos, si nos situamos en el nivel 4 del nostrático, son símbolos de correspondencias y no segmentos fónicos reales. Los investigadores del vocabulario nostrático, con un ojo en las lenguas históricas y otro en las reconstrucciones de los diccionarios del tercer nivel, correspondientes a las diversas familias, indoeuropea, urálica, dravídica… muestran listas de “Nostratic words” que luego encuentran en las lenguas actuales. Encuentro inevitable pues el círculo vicioso es patente. Por no mencionar las grandes diferencias entre los resultados de dichas investigaciones. ¿Cómo podemos estar seguros de la existencia de una palabra nostrática con una determinada realidad fónica? La respuesta es que no podemos estarlo. Ni siquiera de la existencia de esa palabra en tanto que nostrática por la ausencia de pruebas convincentes que acrediten la existencia de la lengua nostrática con sus descendientes indoeuropeo, urálico, dravídico… Los críticos con la hipótesis nostrática han argumentado abrumadoramente en contra, poniendo sobre todo de relieve el papel sobresaliente del préstamo lingüístico y de sus asombrosos efectos en la difusión de vocablos. Sin perjuicio de dedicar futuras fichas a la cuestión nostrática, me apresuro a escribir que negar la realidad histórica del nostrático no implica negar la validez de las correspondencias recogidas entre las diversas lenguas. Al contrario. Estas en conjunto son innegables, y no sólo debidas al préstamo o, en su caso, al azar. Resulta que esas correspondencias se encuentran abundantemente en lenguas que nunca han sido consideradas nostráticas por los nostratistas. De hecho, se podría afirmar que todas las lenguas, incluido el vasco o el vitota (lengua hablada en Colombia) son nostráticas, lo que aniquila la hipótesis. Traigo aquí unas luminosas palabras de Ch. Ehret, autor de un diccionario etimológico de raíces nilosaharianas. En “Nostratic: examining a linguistic macrofamily”, 1999, pág. 109 y siguientes, escribe: “Hipotizamos la existencia de un lenguaje protohumano original. La historia usual del vocabulario en las lenguas reales consiste principalmente de remorfologizar raíces existentes, reconfiguración del alcance semántico de las palabras existentes en el lenguaje, abandono de palabras por el uso y adopción de palabras de cuando en cuando de otros lenguajes. Comenzamos con un lenguaje humano original, con un léxico inicial de quizá diez mil/veinte mil palabras, como es característico de lenguajes hablados en épocas más recientes. Este lenguaje proveería la mayoría de los materiales para ser reorganizados y morfológicamente modificados de varios modos en el resto de la historia de la humanidad. Proveería las palabras retenidas en un particular lenguaje. Sería también la última fuente de palabras prestadas de un lenguaje a otro en tiempos más tardíos. Ocasionalmente nuevas palabras podrían ser creadas completamente de nuevo, y en el tiempo largo de la historia del lenguaje el cuerpo de palabras así creado podría llegar a ser relativamente numeroso. Pero incluso incluyendo acuñaciones onomatopéyicas, este elemento no sería probablemente dominante en la contribución que viniera del “stock” original de palabras”. Suscribo íntegramente lo anterior, únicamente pondría mayor acento en la creación de nuevas palabras, aparte las onomatopéyicas, al encontrarse los pueblos en el curso de su vida histórica con nuevos referentes, palabras en las que el vínculo inicial con el “stock” de partida, en virtud de complejos fenómenos de la historia del lenguaje, resulta invisible. Pues bien, en ese trabajo, Christopher Ehret presenta una lista, convincente lista de más de doscientas raíces nostráticas y sus correspondencias en nilosahariano y congo-níger (bantú). Del resultado se deduce “la inclusión del nilo-sahariano y níger-congo en el nostrático” con el mismo fundamento que otras familias que siempre se han considerado que pertenecen a él. Lo que revelan estas correspondencias es “la posibilidad de realmente estar tratando con un vocabulario humano muy antiguo”. No llamemos nostrático a lo que realmente es universal o pan humano.

Y añade Ehret que las correspondencias constatadas son demasiadas y demasiado específicas para tratarse de azar (demasiado valorado por algunos antinostratistas que arrojan al río la cesta con el contenido).

Entresacamos de Koldo Mitxelena “Lenguas y protolenguas”, 1990, las siguientes afirmaciones. En relación con los problemas planteados con la reconstrucción de las protolenguas: “Confusión entre lo ontológico y lo metodológico… Ciertas características del indoeuropeo se siguen de los métodos empleados en su restitución… Notaciones algebraicas de la protolengua y no las formas reales…” “Ciertas características de los resultados a que llegamos están prefiguradas y contenidas en los métodos que usamos para alcanzarlos… Los métodos que se utilizan para su restitución, están concebidos desde su raíz para conseguir una protolengua uniforme… Una protolengua es incompleta por constitución… ¿Hasta qué punto es verosímil que hayan existido estados de lengua de los cuales pudieran deducirse nuestras formas reconstruidas mediante la aplicación de unas reglas de transformación?… Si… nos interesa estudiar las propiedades generales de las protolenguas reconstruidas… más cómodo y eficaz es estudiar los métodos de que nos hemos valido… Ingenuo pensar que estos no han tenido intervención en las propiedades de un objeto que han modelado a su propia imagen y semejanza… La posibilidad de descuidar a partir de cierta distancia la distinción entre formas heredadas y préstamos”. Pág. 54 “si queremos adivinar cómo eran en cuanto a sus características generales las lenguas prehistóricas cuyo conocimiento directo nos está vedado, no tenemos que mirar a ninguna reconstrucción, por ingeniosa y relativamente completa que sea. Lo que debemos contemplar es algo que está mucho más cerca de nosotros, las lenguas que se hablan… Las que una larga serie de testimonios históricos ofrece a nuestro estudio. Podemos asegurar, sin mayor temor de errar, que las lenguas prehistóricas no podían ser muy distintas de éstas”.

Antes de proceder al examen de la base indicada al comienzo de esta ficha, “en las lenguas que se hablan” y, en general, en las lenguas históricas, surge una cuestión previa: con relación a una lengua concreta, muerta no conocida en su desarrollo a través del tiempo, ¿cómo podemos saber que la igualdad de dos formas de sendas lenguas no es fruto del azar y, sobre todo, de una evolución desconocida de una forma en origen muy diferente? Un ejemplo muy conocido es la palabra bad en inglés y en persa. En ambas significa “malo” pero, aparte el parentesco IE de ambas lenguas, la palabra farsi es fruto de una diacronía que transformó una raíz muy diferente en una palabra idéntica a la inglesa. Esto ocurre con frecuencia. Por ello la respuesta es que en un número de casos no lo sabemos. Pero el desconocimiento afecta a una raíz concreta, no a la totalidad de la muestra. La verdad del conjunto es estadística. Y cuanto más amplia es la muestra, más asegurada está la existencia de la base, no afectada por lo que pueda suceder en los casos concretos.

Veamos entonces esa base que calificamos de universal. La muestra, como es evidente, al tratarse de un trabajo individual y sin medios tecnológicos, se halla limitada por el horizonte de conocimientos de quien esto escribe. Pero abarca lenguas muy diversas y creo que es significativa y susceptible de aumentar grandemente si se examinase un mayor número de lenguas, y más a fondo las estudiadas. Se trata, pienso de una base muy antigua en el lenguaje humano, antigüedad asegurada, no ya por su extensión, sino por su semantismo fundamental para los humanos. 

Su semántica comprende desde la denominación de seres y parientes femeninos hasta la de genitales y en general “partes pudendae” o “aidoa” de ambos sexos, especialmente femeninos (incluído el útero).

DRAVÍDICO

Kurux: alī (woman). Gond: ālī (wife). Ku: ālu (woman). Telugu: -ālu (sufijo femenino). Āli (wife). Tamil: -al (sufijo femenino), il(l)āl (house wife). (También kurux: al (man) y tamil: āl (persona).

HURRITA (relación con lenguas caucásicas ?!)

Ēl = ardi (parientes femeninos). Alla = i (dama, reina). Eli (hermana). Šali (hija).

ČEČENO-INGUČE (caucásico del nordeste).

Nuskel, nuskal (prometida). Qal sag (mujer)

RUTUL (caucásico del nordeste)

Xhîle (mujer)

GEORGIANO

Tsoli (wife). Kali (mujer). Tsiali (womb). Asuli (fille).

COPTO

Alo, aloy, plural alaye, arooye (doncella).

POLINESIO

  • Maorí

Pali (sexo de la mujer). Ure (pene)

  • Hawaiano

Kali (vagina)

  • Tuvalu

Ule (pene)

BURÚŠASKI (lengua aislada del norte de Pakistán)

Ṣuli (prepucio)

SUMERIO

Gal4 (-la) (pudicia, vello púbico, genitales femeninos). 

Sal (mujer, esposa).

DJOLLA (importante lengua de Casamancia, Gambia y Guinea Bissau).

Ale, ahle, alin (mujer), al (esposa), aly.om (un hermano a su hermana y viceversa) frente a aty.om (un hermano al hermano o una hermana a la hermana).

URÁLICO

  • Finés: käli (cuñada, hermana política), elin (órgano anatómico).

                        Kalkku (testículo).

ESTONIO

Käli (cuñado/a)

ALTAICO

  • Turco: gelin (novia, nuera)
  • Vigur: Kelin (id).
  • Kirgiz: alîš (canal), ayal (mujer).

                        Kalîň (prix dela fiancée).

                        Kelin (joven nuera, prometida, muchacha).

  • Oseta (iranio): sîl (femelle).
  • Kaqčikel (maya): ?ali? (nuera).
  • Nahua.tl: auil.li “juego, placer sexual” (li es formante nominal)

LATÍN. GRIEGO.

Además de aluus y aůlós, examinados al comienzo de esta ficha:

Latín

Glōs, glōris (cuñada) (ver Ernout/Meillet, DELL, pág 277).

Griego

Galóos (esposa del marido) P. Chantraine, DELG, pág 208: “término de parentesco que distingue, según sistema indoeuropeo, la familia del marido y de la mujer”.

Ambos citan eslavo zŭlŭva, hoy ruso, zolóvka y cróata zaova (cuñada)

También latín oulua (las glosas solo conocen uulua), (vulva, matriz). Ernout/Meillet, DELL, pág 751: “ōs mātricis, mulieris natura”. Término técnico y popular. Tiene otros significados. No etimología clara. También latín glāns y griego bálanos y sus correspondencias en armenio y viejo eslavo, hoy ruso žëlud’ (glande, bellota) y neogriego válanos (bálano).

Nostrático de la macro familia nostrática se considera, en general, que forman parte las familias afroasiática, oravídica, kartvélica (caucasiano meridional), urálica, altaica, indoeuropea, gilyak, chukchi-kamchatkan y eskimo-aleutiana. Su “homeland” se sitúa, según los autores en Anatolia central u oriental o en el “fértil creciente”, “justo al sur del Cáucaso” (A. Bomhard). Según este autor (véase “Reconstructing protonostratic”, 2008, volumen I, pág. 241: “The unified nostratic parent language” puede ser fechado entre 15.000 y 12.000 a.n.e. Alrededor del 12.000 a.n.e. comenzó su expansión y, alrededor del 10.000 a.n.e. varios grupos dialectales distintos.

Quiero expresar que, si bien aquí no es objeto de examen la hipótesis nostrática en toda su complejidad, solo en lo necesario a los efectos de la base considerada, la cronología fijada es insoportablemente corta y un argumento importante, la necesidad de una cronología mucho más larga, contra la misma. Lo veremos en fichas futuras.

Pues bien, parte de las bases mostradas anteriormente son agrupadas por los nostratistas bajo diferentes raíces nostráticas. Por citar dos investigadores: Aharon Dolgopolsky, “The nostratic macrofamily and linguistic paleontology”, 1998, pág. 85-86, entrada nº 109. “*Kälu/ü. A woman of the other exogamous moiety (female relative in-law, bride)”, con reflejos en hamito-semítico, kartvélico, indoeuropeo, urálico, altaico y dravídico. “The meaning bride groom, male relative in-law are demonstrably secondary and are due either to broadening of meaning (by eliminating the semantic element of female sex) or to back formation”. Allan R. Bomhard en “Nostratic examining a linguistic macrofamily”, 1999, pág. 65, dice que “ésta es una fuerte etimología”. El mismo Bomhard, en su obra monumental antes citada, volumen II, pág. 372: nº 352 “*Khal, female in law (reflejos en protoasiático, dravídico y urálico. Y pág. 445: nº 421, “*k’el, female in-law, husbands sister” (reflejos en indoeuropeo y altaico).

Pág. 529, “* q’aly/q’ðly. Sexual organs, genitals, private parts male or female”. Reflejos en afroasiático, kartvélico, urálico, chukche e indoeuropeo (*k’el-th/kḷ-th (vulva, womb)).

Como puede fácilmente compararse, la base que hemos recogido en las lenguas de las más diversas familias lingüísticas y que nombramos kali/ali por su más general ocurrencia sin pretensión de reconstrucción científica alguna, simplemente para identificarla provisionalmente en un inventario de bases universales de “un lenguaje humano muy antiguo” (Ehret), coincide aproximadamente con los términos nostráticos reconstruidos. Pero, repito, aquí no interesa si kali/ali (palabra independiente o segmento de otra, con su espectro de variaciones en las diversas lenguas) es el resultado histórico de la evolución de una o más raíces emparentadas o no (lo primero es lo más probable) y si éstas pueden ser reconstruidas en los diversos niveles de las protolenguas. Lo que nos interesa es la búsqueda de “universales” que revelen niveles muy antiguos en la evolución del lenguaje humano, en una larguísima historia de relación lingüística de decenas de miles de años (salida de África) de todas las lenguas humanas, en consideración de la cual la separación de las lenguas aborígenes de América, por el cruce del estrecho de Behring, hace veinte o veinticinco mil años, se puede considerar reciente.

Por otro lado, al desbordar ampliamente la base dicha el ámbito del nostrático (recuérdense las reflexiones de Ehret), se deduce o que todas las lenguas son nostráticas (lo que acaba con la hipótesis nostrática) o se contraargumenta que el nostrático comparte términos con otras familias o macrofamilias lingüísticas por lo que habría que remontarse al nivel de otra protolengua más antigua. Sin olvidar las palabras de K. Mitxelena, me parece difícil probar un núcleo privativo del nostrático, una raíz nostrática que no sea reconocible con claridad en las más diversas lenguas.

Finalmente volvemos a nuestro alu vasco. El vasco, lengua no nostrática, presenta como veremos en próximas fichas, términos comparables a los nostráticos y que no se deben a la mediación indoeuropea. En este caso concreto pienso que es probable un préstamo del latín aluus, con un significado técnico, y que posteriormente adquirió un valor interjectivo, ya en ambiente vasco. El no rotacismo de la L quizá se explique por la historia particular de una palabra de significado técnico, sin derivados romances.

FICHA Nº CUATRO

VASCO

Ur.txintx.a (ardilla) (/určinč/). En realidad UR es la raíz objeto de comparación, pues /činč/ es una parte del nombre compuesto, a modo de un epíteto o atributo, y A es el caso nor, mal llamado artículo.

Suletino: üršanč (ardilla), an/činča/mari (sanguijuela), G/činč/.a (columpio, balancín), B/činč/ (alerta, atento, vigilante).

Vasco común: txintx egin (sonar las narices), BN: ur.čiz (/s/) (estornudo, también vasco común ur.txintxa, estornudo). Estos significados de estornudo de /činč/ seguramente se deben a una confusión con una base onomatopéyica /čis/.

An. Kata.p.urtxinx (ardilla). Katu (gato).

ESPAÑOL

Ard.illa. Corominas, dcech, TM a-ca, pág. 319-320: “ard.illa, diminutivo del antiguo harda, palabra común al castellano, bereber, hispanoárabe y el vasco, de origen no latino” señala que en la documentación peninsular aparecen formas con aspiración y sin ella y que las formas valencianas confirman el carácter aspirado de la H inicial de harda. La comparación con el vasco, gipz. katarde, se limita a este vocablo que él mismo reconoce que no está demasiado bien documentado. Por lo que se refiere a las formas vascas encabezadas por urtxintx, manifiesta que “tampoco está clara su etimología. Es una madeja enmarañada”. En relación al bereber, consigna el lexema ?a¿árda/?agárda, ratón campestre, ratón. Y considera razonable agregar el castellano garduña. Recoge “hardones” como las crías que pare la harda.

(Antes de seguir adelante, quiero recordar una observación de R. Dor quien en su obra sobre el kirgiz recuerda una distinción de W. Quine “partes del animal” y “momentos del animal”, y escribe que el nombre no recoge con frecuencia una característica física de X sino “derrière de lièvre dérangé dans son activité favorite” o “devant de lièvre broutant paisiblement”, es decir, una imagen de un estado o actividad característica).

Veamos en primer lugar los datos del griego y del latín.

GRIEGO ANTIGUO

Skíourus (ardilla), que puede hacerse sombra con su cola, compuesto posesivo de skiá y ȯurá. Que pasó al latín (sciūrus) (Pierre Chantraine, DELG, pág. 1017). Ernout/Meiller, DELL, pág. 603: del latín popular *scūriolus, disimilación del diminutivo *sciūriolus, el francés écureuil.

Nombre científico: sciurus vulgaris. Los nombres romances de la ardilla (salvo el español) tienen ese mismo étimo latino: catalán, esquirol; italiano, scoiottolo; gallego, esquí(l)o; portugués, esquilo.

Neo grego, skīourus. Inglés (a través del francés), squirrel.

LATÍN

Vīverra

Ernout/Meillet, pág. 742 del DELL. Nombre de mustélidos (furet, belette/hurón, denociña). Cita también *vīverrica (belette) y *vīverrula (écureil) que sería el sentido antiguo. “Pero los nombres de los animales salvajes están mal fijados”. “Palabra expresiva que recuerda nombres de la ardilla en lenguas indoeuropeas”. “Formas redobladas de tipos varios cuya raíz es *wer. La raíz podría ser la que figura en griego a(╒)eíro (elevo) y aǐωrā (balançoire, balancín o columpio) (vasco txintx!).

GRIEGO ANTIGUO

Aeíro. P. Čantraine, DELG, pág. 22, “ático aïro. Elevar, tener suspendido… Es necesario vincular con áïro un cierto número de términos notables por el redoblamiento expresivo ╒ai y el vocalismo radical omega. Hay que partir de *╒ai-╒or-éω, empleado sobre todo en pasiva, estar elevado, suspendido… al activo, balancear. Aiwra (balancín, hamaca o acción de balancearse) en lo que concierne la etimología IE, la A inicial de ‘a╒er es una prótesis o un ǝ2. Ninguna etimología establecida”.

LENGUAS URÁLICAS

Finés: or.ava.

Estonio: or.av (ava, av tiene seguramente la misma relación con OR que en vasco /činč/ con UR).

Komi (lengua urálica de la Federación Rusa): ur.

Mordvino mokša (lengua urálica de la Fd. Rusa): ur.

Pero udmurto (lengua parecida al komi, pero con un vocabulario que puede ser muy diferente): kon’î.

Davvisápme (Same del norte, Laponia): oar’re.

LENGUAS ESLAVAS Y BÁLTICAS.

Salvo el ruso y el búlgaro, las correspondientes denominaciones de la ardilla son descendientes de la forma redoblada de raíz IE, que se recoge en el comentario del latín vīverra.

Checo: veverka.

Eslovaco: veveritsa. 

Esloveno: véveritsa.

Cróata: vjeveritsa (vérati, trepar).

Polaco: wieviór.ka (ka es sufijo formación nominal).

Letón: vávere.

Lituano: voveráite.

Excepciones:

Búlgaro: kateritsa (katèrya, escalar, trepar). Debe ser un turquismo: v.g., kîrgîz: kötör (elevar, trepar). Lo mismo albanés, ketri.

Ruso: bélka (ardilla). Béličiį (adj. propio de ardilla). Vertetétsa (kružitsa) kako vélka v kolesé (dar vueltas como la ardilla en una rueda).

LENGUAS GERMÁNICAS (también provenientes del IE)

Anglosajón (compuesto): Ac. weorna. 

Noruego: ekorn.

Danés: egern.

El alemán eichhorn (holandés eekhoorn) se debe a una etimología popular (Ernout).

*Germánico: aįkwerna/īkwerna.

OTRAS DENOMINACIONES

El húngaro mokus: ¿relación con moka (broma, bufonería) o con mohó (ávido, glotón)?

Qechua, de San Martín (qechua 2): waywaš (ardilla), anotada sin pretensión alguna comparativa, simplemente por la curiosidad de una forma que parece redoblada.

Nostrático: A. Dolgopolski, “The nostratic…”, 1998, pág. 49. – Nº 5/?/h ur▼(-ba) [▼, símbolo por vocal no identificada], squirrel or similar animal”. Reflejos afroasiáticos, urálicos, indoeuropeos, dravídicos. Bomhard en “Nostratic…”, 1999, en el comentario a esa raíz la considera “no convincente”, y de hecho no la recoge en su “Reconstructing…”, 2008.

A la vista de todo lo anterior, queda sin decidir si la raíz urálica y la indoeuropea están relacionadas y, si lo están, el tipo de relación. En cuanto al vasco UR me parece que no tiene nada que ver con el hard de ardilla. Parece probable en cambio una relación, con el urálico or/ur, probablemente un préstamo. Incluso el paralelismo del “epíteto” /činč/, ava, av, tenga /činč/ el significado expuesto o el onomatopéyico de imitación de varios ruidos (que escribe Traskl). En cambio para el ard con aspiración que se halla en la base de ardilla y de garduña (Corominas) me atrevo a proponer un acercamiento a un término afroasiático de tierra (v.g., afroasiático *?(e)r, árabe card, tierra). (Corominas: harda común al hispanoárabe y al bereber).

Starostin, en “Nostratic…”, 99, pág. 146, en el comentario a la base de Dolgopolski recoge un *örke túrquico “ground squirrel”, genérico para roedores terrestres (en turco, ardilla es sîncap).

En fichas muy posteriores, cuando el material recogido lo permita, expondremos una hipótesis sobre las condiciones geográficas e históricas de la posibilidad de préstamos en vasco del urálico (y del báltico).

FICHA Nº CINCO

VASCO

Kaio (gaviota argéntea).

Otras clases de gaviotas: kaio beltz, kaio hega.zuri, kaio illun, kaio moko-ori, kaio moko.zorrotz.

¿Vocablo patrimonial vasco o préstamo latino/romance?

Corominas, Dcech, Tm. 6/MA, pág. 130: después de mencionar el latín gāvia como palabra no clásica, quizá creación onomatopéyica del lenguaje de la decadencia, señala que vasco kaio procede del latín gavia o de un romance gavi(n)o, más que de gaius.

Ernout-Meillet, DELL, pág. 265: El latín gāius (francés geai, arrendajo) y el latín gāia (urraca, francés pie) denominaciones nuevas y muy tardías que reemplazan las antiguas de grāculus y pīca. Expresa la duda de si el cognomen gāius es el nombre del arrendajo utilizado como tal o viceversa.

Pág. 268, gāvia, ae. gaviota: palabra expresiva, no clásica.

G. Giacometti, “La lingua falisca”, 1963, pág. 179: “Kaios es exactamente el paralelo del latín gāius y del etrusco Kae”.

M. Lejeune, “L’anthroponimie osque”, 1976, pág. 131: “Nombres (prénoms) que latín y osco han heredado en común de un viejo stock itálico: *gāvyo, osco gavis, latín gaius”.

Descendencia romance

Catalán: gavina (gaviota), gaig (de gāius), arrendajo.

Italiano: gabbiano (gaviota), del latín gavǐa(m).

Gallego: gaivota (gaviota), gaivoteira (roca o lugar de la costa donde anidan las gaviotas), gaivotón (gaviota más grande).

Portugués: gaivota (gaviota), gaio (del latín gāius), arrendajo.

El tardo latín larus, relacionado o préstamo del griego láros: Pierre Chantraine, DELG, pág. 621: “pájaro voraz, probablemente gaviota”. Recoge la opinión que estima que pertenece a una familia léxica que significa “crier” (gritar), y que pertenece a una lengua de substrato. A. J. Windekens, DECL 6, pág. 139: láros lēros: “Vains bavardages” (parloteos vanos). Las dos palabras, láros y lēros, se vinculan en griego mismo a una raíz onomatopéyica *lā, lǝ1, de suerte que láros sería el “schreier” (el que grita). Piensa que en las dos palabras hubo una disimilación L – L → L – R, por lo que las dos formas se pueden unir a laléo (bavarder, parler) y lálos (bavard). “Hay así una explicación en griego mismo (por lo que es superfluo recurrir a comparaciones fuera del griego”.

Nombre científico: larus argentatus.

Neo griego: glaros (gaviota). Palabra antigua pero no clásica. Quizá cruce de láros con otra palabra como glarωnω (lo que explicaría la gamma inicial).

Examinemos a continuación el nombre de la gaviota en algunas lenguas de Eurasia:

  1. Vimos los descendientes romances del latín.
  2. El francés mouette es diminutivo del antiguo francés maoue, mauve, del germánico. Anglosajón, māev; alemán, möwe; holandés, meeuw; noruego, måke; danés, måge. El término germánico pasó al polaco, mewa.
  3. En varias lenguas urálicas hay un lexema muy semejante al vasco kaio: 

Estonio: kaja.kas (gaviota). También kaja (eco), kajama (resonar). (En kaja.kas, kas es un diminutivo).

Livo (lengua urálica de Letonia): kaja.gôz (gôz equivale en livo al estonio kas).

Komi (lengua urálica de Rusia): kaj (pájaro, volátil).

En báltico, tenemos el letón: kaija (gaviota).

En Davvisápme (Same del norte): mearra.lóddi (gaviota), es simplemente “pájaro del mar” (cfr. rumano… Di mare. Inglés: sea.gull. Vasco: kalatxori (gaviota), o sea, pájaro de la cala o caladero.

Podemos añadir el čukče (lengua paleoasiática del grupo luoravelan y hablada en la región autónoma de su nombre en el extremo oriente siberiano: j?ajak).

En quechua 1 de Ancash, gaviota es qiw.lla. Tal vez mongol, tsax.lǝg (lǝg es un antiguo sufijo).

  • Lenguas eslavas:

Ruso y búlgaro, čaįka.

Eslovaco, čajka. 

Como dice A. Tovar en su “Cuaderno de antiguo eslavo”, 1949, pág. 17: “Todas las africadas eslavas proceden siempre de guturales ie. Č, de KJ o de K ante vocal de la serie anterior ». Parece evidente una relación con el grupo anterior (ver también mordvino-šokša (lengua urálica): /čavkaks/ (un ave próxima a la corneja)).

Cróata: gaviota, srebrnasti galeb (argéntea X, no identifico el significado de galeb, relacionado seguramente con golub (paloma)).

  • Otras lenguas:

Finés: lokki.

Húngaro: sirály /širá.i/

Checo: racek.

Lituano: žuvedras.

Rumano: pecǎr.uș di mare.

Albanés: pulëdardhë.

Los términos lituano y rumano son transparentes, relacionados con la actividad de pescar. El lokki finés quizá esté relacionado con loddi (pájaro) en davvisápme. Pájaro es lintu en finés, lind en estonio. O con loika- (saltar, brincar), loikkia (dar saltos, brincos), movimientos típicos de las gaviotas.

El húngaro sirály, tal vez con una raíz sir (que implica quejido, lamento). Pájaro en húngaro es madár. El fonema /š/ húngaro continúa el correspondiente urálico. En checo ray.ka significa “ave del paraíso”, y en eslovaco, ray.ka es “garza real”. El albanés pulëdardhë, nombre compuesto, refleja la semejancia física con las gallináceas.

Apunto la hipótesis de que en turco, en el que gaviota es martî, el término kaja /kaya/ (roca, peñasco) que aparece también en uzbeco y en vigur, tenga con el urálico kaja, kai, la misma relación que gaivoteira con gaivota. Menciono también el hidrónomo rusomeridional kajala. En cambio el finés kallio (roca, peñasco) y el estonio kalju (roca, peña) se consideran un préstamo del germánico (cfr. gótico hallus (roca) de: heall (roca). Bonhard, obra citada, 2008, nº 401: *k’al (stone, rock)).

Me parece probable un préstamo del estonio o del livo en el letón kaija. En cuanto al vasco kaio no creo en un préstamo latino o romance procedente de gavia o gavi(n)o (kavea → había). En caso de ser un préstamo latino, gaius aparenta ser mejor candidato (con cambio semántico implicado), pero también es perfectamente posible un préstamo del urálico. En cualquier caso queda pendiente de explicar la relación, si no es fruto del azar de los términos latinos e itálicos en general con la raíz urálica y otras con ella relacionadas que vimos anteriormente. Finalmente, a la vista de los datos itálicos, no me parece que latín gavia sea creación onomatopéyica.

FICHA Nº SEIS

VASCO

Orein (ciervo). Orein andi (alce, “ciervo grande”). Elur.orein (reno, “ciervo de la nieve”). Adar (cuerno).

Este vocablo, evidentemente, no plantea cuestión alguna de préstamo, latino o romance. El problema es otro, su eventual relación con alguna de las designaciones euroasiáticas del ciervo. También hay que tener en cuenta para fijar la etimología de nombres de animales salvajes u objetos de caza, que es frecuente la prohibición de pronunciarlos, golpeados por un tabú, lo que supone su sustitución por nombres noa, con procedimientos de sinécdoque o metonímicos. Como escribe R. A. Miller “Languages and history”, 1996, pág. 17: “With animals names the world over, tabu-avoidance has frequently been responsible over the millennia for great amounts of lexical displacement, borrowing and reborrowing”.

En primer lugar, unas breves notas de fonética histórica vasca. K. Mitxelena “F. H. V.”, 1990, pág. 253: (en vasco) “La inicial es la posición de máxima inseguridad para la reconstrucción comparativa”. Pág. 252: “A pesar de que el vasco, al menos reciente, no es lengua prefijante, la inicial de cada forma nominal llegó casi a ser considerada como algo modificable, si era consonántica, y como un hueco susceptible de ser llenado por distintos pseudo prefijos, si era vocálica. Otra observación suya es la extraordinaria frecuencia en vasco de inicial vocálica precedida o no de H.

Sin detenernos ahora en las consideraciones de Martinet (oclusivas sordas lenes realizadas sin aspiración en posición inicial se sonorizaron. Y las oclusivas fuertes sordas realizadas con aspiración, P T K, pasando por espirantes sordas, llegaron regularmente a H y a cero, calificadas por Mitxelena (pág. 244, F. H. V) de verdad estructural). Constatamos la alternancia en vasco en posición inicial de K y cero (pág. 244). Michel Morvan “Les origines linguistiques du basque”, pág. 234 y ss. (y en relación con el urálico y el altaico), después de afirmar que “la cuestión de la aspirada inicial en vasco es extremadamente compleja” y “que es muy difícil saber si una H inicial es o no etimológica, formula que una H inicial remonta a K-, G-, Ġ- (dulce). El protovasco tendría K o Ġ inicial que puede desembocar en G o en H (en vasco antiguo y moderno) y que puede concluir su evolución en ø.

Tengamos en cuenta antes de examinar el nombre del ciervo en Eurasia que su nombre se cruza con frecuencia con el del reno, pues una denominación aplicable a un animal de determinada zona ecológica, por difusión y préstamo pasa a aplicarse a otro semejante de ecología diferente. También se nos aparecerá el nombre del alce.

En primer lugar tenemos el latín cervus-ī (Ernout-Meillet, DELL, pág. 117. Sobre cervus, cerva (fm.): es nombre noa, designa al ciervo por su cornamenta, “cornudo”. El nombre IE era *elen (“frappé de interdit”). Cornū/ūs (cuerno). “Quizá antigua metátesis de *krw-n o de una contaminación de *kr-n y de *kr-u. Emparentado con el griego kéras”. (pág. 20) Alcē-ēs (es)/alx-cis, pl. alcēs (alce, élan): origen germánico. (Pág. 677) Tarandrus-ī (reno). Del griego “palabra escita”).

Del latín cervus proceden los descendientes romances: francés, cerf. Español, ciervo. Gallego y portugués, cervo. Italiano /červo/. Catalán /sérbul/. Rumano, /čerb/.

Los nombres del reno, en último término, de una antigua palabra finosame. Y los del alce, del latín, salvo el francés élan, del alto alemán, a su vez del lituano elnis. El francés biche (cierva) del latín popular “bistia” por bestia.

Sobre el francés antiguo rangier, latinizado en rangifr, de donde castellano rangífero, ver J. Corominas, DCECH, Tm. Mere, pág. 875, en la entrada reno: “parece que de la antigua forma correspondiente hreindêjri se tomó el término francés”, pero viejo prusiano ragingis, de ragis (cuerno), que puede haber llegado al francés a través del alemán (alto alemán).

GRIEGO CLÁSICO

P. Čantraine, DELG, pág. 1093, tárandos/tarandros/tárandrus. Préstamo. Recoge el parecido con la designación del reno en lenguas finougrias. Pág. 333: “Ȅlafωs. Atestado en micénico. Debe reposar sobre *elṇ.bho.s”. Keraós (pág. 517): “Portador de cuernos”. Dicho de un ciervo “se trata de una vieja palabra *kera.╒ós (cfr.cervuus)”. Alkh (pág. 62), préstamo germánico en griego y en latín. “Partiendo del viejo noruego elgr se piensa en un germánico común *alzi, A su lado, una forma con acento inicial *álx explica los términos del griego y del latín”.

Neogriego: elafi (na). Alki. Tárandhos.

Las lenguas eslavas recogen la raíz IE del ciervo:

Viejo eslavo: jelenĭ.

Ruso: olén (ciervo, venado)

Búlgaro: elen (ciervo)

Checo: jelen.

Eslovaco: jeleň (ciervo).

Cróata: jelen (ciervo).

Polaco: jéleń (ciervo).

El nombre del reno varía desde el búlgaro, el cróata y el ruso (ciervo nórdico), al polaco (ren, renifer [ya comentado con anterioridad]), pasando por sob del checo y eslovaco. La variación es mayor en la designación de la cierva, pero no afecta a la finalidad de la presente ficha. El nombre del alce, los en checo, eslovaco y cróata y los en polaco, está relacionado con la raíz de alce.

BÁLTICO

El lituano élnias (ciervo) y el letón alnis (alce).

Lituano: briedis (alce) y letón bríedis (ciervo). (Cfr. Topónimo brundisium cuyo puerto (Estrabón) se parece a la cornamenta de un ciervo. Glosa de Hesiquio Brendon/elafon. Albanés brini, cuerno).

LENGUAS GERMÁNICAS

Anglosajón: heorot (deer).

A. A. A.: hiruz, hirez, hirz (ciervo); hiru.z (cornudo, sobre *keru.d).

Danés: hjort (deer, orein).

Holandés: hert.

Alemán: hirsch.

(Todos nombres noa como el cervuus latino).

El nombre del alce y el del reno no presentar particularidades (origen germánico y vieja palabra urálica (v.g. alemán, elch y rentier, respectivamente)).

URÁLICO

Finés: poro (reno).

Komi: Kör (reno), iöra (alce), iör (recinto, enclos, clôture).

Quizá livo (préstamo del balto): kōra (piel de animal, fourrure). 

Davvisápme (lapón o Same del norte): boazu, plural bohccot (reno(s)). Pelei (reno de tiro).

El húngaro para la designación del ciervo emplea un término de origen iranio: szarv (cuerno), szarvas (cornudo, ciervo). Compárese estonio: sarv. Y finés: sarvi (cuerno).

Para el reno, emplea un nombre compuesto, uraloiránico: rén.szarvas.

El nombre del alce en finés es hirvi (hirv en estonio para designar el ciervo), palabra de origen báltico (pero véase la observación que recoge Ángela Marcantonio “The uralic language family”, 2002, pág. 190, acerca de que un número significativo de los considerados préstamos bálticos en urálico proceden de viejos dialectos satem indoeuropeos). En estonio: pôder es alce, y pôhja pôder (alce del norte), reno.

Čunče (lengua hablada en la región autónoma de Chukotia en el extremo oriente ruso): reno es ḳora-ņî (ņî es sufijo de absolutivo que se pierde a menudo en la declinación). Plural: ḳora.t (T permite formar plurales sin contenido semántico).

OTRAS LENGUAS

Mongol: reno es bugǝ (solamente hay renos en Mongolia en un extremo cerca de la Taiga siberiana). Relacionadas con el mongol están las denominaciones del ciervo en Kazako: buĝî, y del alce en kîrgîz: bagîš, ambas lenguas túrquicas. La denominación mongola del yack es sar. Lðg (lðg es un sufijo que incorpora el contenido del radical.

En Sakha /saxa/, lengua túrquica, influida por el mongol y el evenko y hablada en la inmensa República Siberiana de Yakutia, de la Federación Rusa, alce: taįakh. Reno: taba.

En Oseta, lengua irania del Cáucaso: sag (ciervo). Y en georgiano: iremi (ciervo).

En turco, ciervo es geyik, y en farsi, gávazn.

Un término muy interesante y que recuerda la vieja y fuera de uso raíz urálica de reno (como también el orein vasco) es albanés dreri (gego drêni) (ciervo), del griego dialectal dranis (élafωs), según la glosa de Hesiquio (ver M. Huld “Basic albanian etimologies”, 1984, pág. 159).

Si ahora acudimos a los investigadores del nostrático (en la ficha tres alu se distinguió entre la verosimilitud de las correspondencias y la propia hipótesis nostrática), nos encontramos con, en primer lugar, A. Dolgopolski, “The nostratic macrofamily…”, 1998. Nº 5 (pág. 21): * ¿oru (antelope (male) deer) (se simplifica la complejidad dolgopolskyana de signos diacríticos). Además de los reflejos afroasiáticos y dravídicos, se recoge:

Cušítico dahalo: ¿ārōle (alce). Altaico: mongol clásico: orungu, buriato orongo (a kind of small dark antelope with long flat horns). Tungús *oron (reindeer). Ewenki: oron. Nanay: orō (domestic reindeer). Manchú: oron.buxu (id). El segundo miembro o epíteto parece ser el mismo que los términos mongol-kazako-kîrgîz antes vistos.

R. L. Trask, “Nostratic…”, 1999, pág. 171: señala con relación a 5?oru “Basque orein (deer) looks a splendid match, better than some of the comparanda cited”.

Dolgopolski. Nº 36, pág. 41: *gurha (antelope, male antelope) entre los reflejos de esta raíz: coreano medio: korani (deer). Mongol clásico: xgūran (antelope, roebuck).

Nº 37: *¿eli (deer). Entre sus reflejos, el nombre indoeuropeo del ciervo, que vimos antes, y raíces altaicas semejantes como “old turkic elik” (roebuck).

Nº 38: *boča, (young) deer. Uralic: *poča (reindeer). Norwegian lapp (davvisápme boazu, bokccot). Tungusic *butyan (a kind of) deer”. S. A. Starostin (pág. 145 de “Nostratic…”) precisa que las formas tunguses citadas por Dolgopolski en nº 38 son un préstamo del mongol bugu (hoy bugǝ), que vimos antes.

A. Bomhard (“Reconstructing…”, 2008, pág. 611. Nº 580) ?il/?el (deer), iex ?el, y altaico xēlv (khv) (deer).

Como conclusión de este recorrido por las lenguas del norte de Eurasia vemos que la palabra vasca para ciervo orein se deja comparar con facilidad con términos urálicos, altaicos (tungús, mongol) chukche, hasta el coreano. Estos términos pertenecen a un substrato cultural muy antiguo de Eurasia oriental y seguramente han sido objeto de difusión y préstamo a larguísimas distancias, variando el animal referente según la geografía que alcanzaban. Hoy el vasco orein, en el extremo oeste de Eurasia, frente al extremo oriental coreano y chukche, cierra un arco histórico y geográfico inmenso.

NOTA INFORMATIVA Nº UNO

Leo un libro dedicado a los pidgins y creoles, editado en 1995 en Ámsterdam y Filadelfia, conjunto de colaboraciones de varios autores, breves noticias sobre lenguajes mixtos, jergas o pidgins (su estatuto no resulta claramente de aquellas, en todo caso, un pidgin no extendido) que fueron empleados por los marineros vascos que faenaban en Islandia y Norteamérica, para comunicarse con las gentes que habitaban las costas de los mares por ellos visitados. Por ejemplo, durante el período 1550-1650 en New Found Land (Terranova) y golfo de San Lorenzo se utilizó un pidgin vasco-montañés (indios montañeses). Y a finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, otro vasco-micma en el S. E. del Canadá. No trae el estudio ejemplos de oraciones y por ello no resulta cuál es la lengua lexificadora y a cuál pertenece la gramática. Pero sí trae breves ejemplos de otras jergas o pidgins utilizadas por los pescadores vascos, concretamente de lo que denomina vasco-islandés utilizado en el s. XVII en las aguas de Islandia. En realidad, el ejemplo que muestra resulta un pidgin anglo-vasco en el que el vocabulario común es vasco (lengua lexificadora) y la gramática, germánica. Seguramente el inglés de los marineros británicos del mar del Norte no era desconocido a los islandeses. El texto vasco dice: eman (dar) ieza.da.zu (aux. imperativo. A mí. Tú) (dame) esne bero.a (leche caliente. Determinativo) eta (y) gurin berri.a (manteca o grasa reciente o nueva. Determinativo).

El texto del pidgin: “presenta for mi berru.a usni.a eta berri.a bura”.

Como se ve el orden adjetivo + nombre es el germánico, contrario al nombre + adjetivo vasco. Hay también adaptación fonética de algún lexema vasco.

En el libro comentado hay un ejemplo de jerga vasco-romaní. Romaní, idioma de los gitanos emigrados en el s. X del N. W. de la India y próximo al punjabí. En este caso el romaní es la lengua lexificadora y la gramática es la del euskera, lo que paraleliza nuestras jergas de canteros y otros oficios especializados y armoniza con el deseo de no ser entendidos y ocultar, en lo posible, un lenguaje secreto. El texto vasco dice: gose.ak ia (hambrientos casi) hil.e.an (en muerte) gabiltza (andamos) (estamos casi muertos de hambre). La jerga “Bakalu.ak.mautu.an gabiltza” (lo subrayado con línea continua pertenece al vocabulario romaní, lo otro, a la gramática vasca).

Poco más sé de la cuestión, que me interesa extraordinariamente y de la que procuraré mayor conocimiento.

Al socaire del estudio de las lenguas malayas en general y, sobre todo, del indonesio, surge un tema que me parece de gran interés: la formación de nuevos lexemas o palabras por el empleo de las técnicas del acrónimo y de las siglas en la composición. Así como la abreviación de vocablos, empleados después aisladamente o en unión de otros. Todas ellas pueden combinarse y de hecho se realizan en una gran variedad de supuestos.

Si uno ojea un periódico, cualquier periódico de nuestro país, se observa fácilmente que las palabras-sigla y las palabras-acrónimo (o su combinación) se muestran en ámbitos muy específicos, sobre todo en el lenguaje político, económico y administrativo-institucional y con un número de ocurrencias perfectamente tolerable para la fluidez y comprensión del lenguaje escrito: PP, PSOE, UP, PC, ONU, BCE, URSS, OTAN… Estas palabras-sigla se pronuncian o se leen en general tal como están escritas, salvo las que resultan equívocas (v.g. UP) o no muy corrientes para la generalidad (BCE).

Palabras compuestas por unión de fragmentos (iniciales o no) de otras, son menos frecuentes que las palabras-sigla. Aparecen sobre todo en el ámbito institucional (el militar, especialmente) donde están plenamente justificadas por la longitud de los sintagmas (Instituto para el Desarrollo de la Paz y la Cooperación Internacional puede escribirse y pronunciarse “Indepacóin”, por poner un ejemplo). Así encontramos IMSERSO, JEMA,… Una palabra formada en parte con una sigla (palabra escrita UVigo) se lee normalmente como el sintagma “Universidad de Vigo”.

La abreviación de las palabras es cosa del lenguaje oral (y coloquial o familiar): tele, bici,… que según la ocasión más o menos todos utilizamos otras como “porfa” en vez de por favor, de uso, me parece mayoritariamente juvenil y femenino, son francamente rechazables. Si hay una tendencia a la abreviación de bases léxicas hay que ponerla en relación con el lenguaje de los mensajes enviados por móviles. Hay una evidente retroalimentación en un sector de la población. En general todas estas nuevas palabras son mulos, es decir, estériles. No presentan derivación, salvo excepciones, y también pocos morfemas (vg. el de plural “los pces”).

Los países que han estado sujetos en Europa a las dictaduras nazi y comunista presentan un número mucho mayor de este tipo de palabras. Destacan la Alemania de Hitler y especialmente la URSS. Hay una clara relación entre un Estado dictatorial y la utilización de acrónimos y siglas que facilitan ocultar con su aspecto neutro, siniestros significados. Utilización que manifiesta también una clara voluntad de poder y de destruir por el totalitarismo la democracia natural de la lengua.

Recordemos, entre las más siniestras en alemán “SS” y “Gestapo”. En la Rusia soviética, este tipo de formaciones léxicas tuvo un enorme alcance en el ruso, en el que además los nuevos vocablos estaban sujetos, en su mayor parte, a la flexión nominal y verbal, y también a la posibilidad de derivación: entre los corrientes para un lector de lengua española: Konsomol, Sovjós, Koljós, PCUS, Gulag, NKVD, KGB, Komsostáf, Komsot, Sovimformbiuró, Politbiuró,…

Pero consideremos ahora el caso del indonesio, con el que comenzamos estas notas. Bajo el régimen autoritario de Sukarno y la larga dictadura de Suhartu se desarrolló con tremenda fuerza una corriente (que continúa en pleno vigor en la actualidad, más o menos democrática) de abreviación de bases léxicas y de composición de nuevas bases mediante el empleo de siglas, acrónimos y de bases abreviadas (también empleadas aisladas). Los especialistas hablan de “glotonería” del hablante de indonesio, por el empleo de estas técnicas que se extienden al conjunto del vocabulario (nombres comunes y propios) y a veces a las partículas y adverbios (palabras-instrumento).

Es imposible leer un periódico si no se conoce este vocabulario artificial. Continuamente surgen diccionarios de siglas y acrónimos para verse superados rápidamente.

Veamos algunos ejemplos de estas palabras “inisial”, “acronim” y “singkatan” (abreviación) que invaden en los cotidianos todos los dominios de la comunicación, de las cuales las más usadas se convierten en nuevas palabras de la lengua: sobre una oración que significa “estar de pie sobre las propias piernas” se formó un verbo-acrónimo “berdikari” (no contar más que con las propias fuerzas, no depender de nadie”. O “repelita” (plan de desarrollo de cinco años, plan quinquenal”. “Neocolim” es neocolonialismo, imperialismo. “Abris”, Fuerzas Armadas República Indonesia. “Orla” y “orba” es orden antiguo y nuevo, con referencia a los tiempos anterior y posterior al dictador Sukarto. También hay “gestapu” con un significado menos siniestro que su casi homófono nazi, pero que también se las trae (movimiento treinta de septiembre, que supuso la matanza de más de medio millón de indonesios comunistas o sospechosos de serlo). No hay institución que no tenga su palabra-acrónimo o -sigla. Pero también ocurre el fenómeno en el lenguaje corriente. “Jardín zoológico” es en indonesio “kebon binatang” (jardín de los animales), el acrónimo es “bonbin”. Estar sin una “pela” se dice con el bolsillo seco, “kantor kering” acrónimo “kanker”. Y así indefinidamente. En el caos de los nombres propios indonesios se encuentra uno con el eufónico nombre de una chica “emarliti”, acrónimo de 6.marzo.53, fecha de su nacimiento.

Todos los nombres geográficos tienen su acrónimo: “Timor timur” (timor oriental) “Timtim”. “Jawa barat” (Java occidental), Jabar. “Kalimantan selatan” (Borneo meridional) “Kalsel”.

El colmo se alcanza cuando un sintagma como “Instituto para la Planificación de la Paz y de la Población” el acrónimo correspondiente es “in.pe.tres” (por las tres palabras que empiezan por P). O cuando se escribe “OKB”, por “Orang Kaya Baru” (nuevo rico).

Como se ve, sin conocer todo este vocabulario es imposible enterarse del contenido de un diario. Desconozco las actitudes de las personas cultivadas frente a esta proliferación de bases acronómicas y en general las condiciones sociológicas en que se desarrolla. Pero creo que, más allá de unos límites, es una grave patología lingüística no solo en el caso del indonesio, sino en todas las lenguas. Una jerga artificial que las bastardiza y que, en la medida que invada el lenguaje oral, conduce a la opacidad de los significados y a velar parentescos con lenguas próximas y con las que hay mayor o menor intercomprensión. Palabras a las que se pueden aplicar los procedimientos de derivación usuales en la lengua, conservándose así la gramática pero con un léxico diferente.

Se unen de esta forma, como apunté antes, dos poderosas tendencias: el intervencionismo autoritario del poder que convierte al toro bravo de la lengua en manso buey para mejor controlar a los ciudadanos y el infantilismo de las comunicaciones y mensajes por móviles en las antípodas de un pensamiento crítico y complejo.

En los periódicos holandeses hay una gran afición por el empleo de abreviaturas, empleo que excede del normal en nuestros pagos. Pienso en una influencia indonesia, al haber sido el holandés la lengua de la potencia colonizadora. Veamos algunos ejemplos: ABN (Algemeen Beschafd Nederlands, para referirse al idioma literario). MN (Met Name, a saber). DMW (Door Middel Van, por medio de). OW (Onder wie, entre los cuales). NOM (Naar Onze Mening, según nuestro parecer). IPV (in plaats van, en el lugar de). AHW (Als het ware, por así decir)… Dan ganas de tirar el periódico y de no leer más.

NOTA INFORMATIVA Nº DOS

MELANESIA

Leo unos libros excelentes de especialistas franceses e ingleses sobre las sociedades de Melanesia y su situación lingüística con el acento puesto también en las condiciones socioeconómicas en las que apareció el pidgin hace cerca de doscientos años que permitió la comunicación entre los europeos (fundamentalmente ingleses y franceses) y los melanesios y también en el seno de los mismos, al relacionarse unos con otros como efecto de la colonización. Téngase en cuenta que en el espacio se hablaban (y aún se hablan en gran número) unas novecientas lenguas, papúes y austronésicas (estas últimas comprenden las malayopolinesias y las melanesias). En el llamado “arco melanesio” constituido por Papuasia-Nueva Guinea, Islas Salomón y Vanuatu (y también Nueva Caledonia, aunque aquí el piogin fue ahogado por el francés) surgió una lengua lexificada por el inglés en más del ochenta por ciento pero de gramática melanesia que se ha convertido en la lengua común de los melanesios de los tres estados independientes, con tres variantes entre las que hay intercomprensión, salvo algún desconocimiento inicial, fácilmente superable (más o menos como ocurre entre el malayo y el indonesio): “Tok pisin” de Nueva Guinea, “pijin” de Salomón y “bislama” de Vanuatu. Esta lengua que como dicen en Vanuatu “bislama blong yumi ol man melanisia” (la lengua de todos los melanesios) ha tenido un éxito extraordinario, convirtiéndose en la lengua materna de la mayoría de sus habitantes o por ellos aprendida, transmitida luego a sus descendientes. Es la lengua de instalación en el mundo, como para nosotros el gallego o el español. Y lengua sin la que no hay promoción social posible. Un no hablante de cualquiera de sus variantes, V.G., habitante anciano de una aldea perdida, es un “buskanaka” o un “busman” (literalmente hombre del bosque o de la maleza). Lengua de evolución dinámica y enormemente rica, es una auténtica  lengua melanesia por su gramática, aunque gran parte de su vocabulario es de origen europeo, fundamentalmente inglés, con una gran simplificación de la fonética original adaptada a las lenguas vernáculas. También hay un componente importante de vocabulario melanesio procedente de lenguas diversas.

Como decía un anciano haitiano, hablando del creol de su país, éste es la lengua en que habla la verdad, en la que se expresan los sentimientos sinceros. El francés o el inglés, necesarios para gran parte de la vida pública y oficial y las relaciones internacionales, son ajenos a esta intimidad vital de Haití u Oceanía.

Siempre me ha admirado la existencia de nombres geográficos y étnicos griegos en el Índico Oriental y en el Pacífico y más aún la apropiación por los nacionalistas del área, de los mismos. Es el caso de Indonesia (el famoso juramento de la juventud “satu bangsa, bangsa indonesia” (una nación, nación Indonesia) o de Melanesia (Islas de Negros) del mismo modo que proliferan en el área los nombres de origen español (Filipinas, Islas Salomón, Marianas, Marquesas) e ingleses y franceses, atribuidos por los navegantes que las descubrieron. Fantaseo con navegaciones de los héroes griegos (Ulises, Jasón y los Argonautas) navegando, más allá de la India y descubriendo la Polinesia (las muchas islas).

También es admirable la historia de los navegantes de lenguas polinesias que en unión de sus parientes lingüísticos malayos y melanesios, configuraron un espacio lingüístico gigantesco, en más del noventa por ciento pobladores de islas, desde las montañas de Taiwan y Filipinas hasta Nueve Zelanda y desde Madagascar hasta Hawái e Isla de Pascua.

Por cierto el nombre Maorí de la isla norte de Nueva Zelanda significa “larga nube blanca”. Según la historia tradicional la esposa de Kupe, el descubridor que iba en la piragua que encabezaba la flota que partiera de Tahití, vió y exclamó “una nube” luego precisó “blanca” y finalmente “larga” sobre la tierra que aparecía en el horizonte y ese fue su nombre.

Volvamos a dejar volar la imaginación: un océano del origen del mundo, un planeta de agua sin historia. Es algo más de mediodía. Ra, el sol, en lo alto del cielo. El aire embaraza las velas de la flotilla. Un pueblo de bronce, fatigado pero feliz, observa la costa de una tierra virgen que van a poblar y nombrar por vez primera: “nube, blanca, larga, ao.tea.roa”.

En la entrega de los premios “República Española en Asturias”, antes Princesa de Asturias, 1219, tuve el placer de escuchar el canto haka del equipo de rugbi de Nueva Zelanda, los “All Blacks”. Se trata de un haka que se recita y dramatiza con gritos y gestos estilizados en todas las competiciones internacionales de la selección. Hakas, hay muchos, con diferente finalidad, en este caso, para intimidar al adversario.

El jefe del coro es siempre un maorí y el resto del equipo responde como un coro. Presento el texto maorí del haka y mi traducción, a la vista de otra francesa de                                   y de la que difiere en diversos detalles.

Ka mate Ka mate

Ka ora Ka ora

Tēnei te tangata pūhuruhuru

Nānanei i tiki mal whakavhiti te rā

Ūpane ka ūpane

Whiti te ra, Hi!!!

Es tiempo de morir (dos veces)

Es tiempo de vivir (dos veces)

He aquí el hombre cuyos cabellos brotan sin cesar.

Ahora se esfuerza en hacer aparecer al sol.

Avancemos lentamente 

Aparece Ra (el sol), Hi!!!!

22 ABRIL

DE NUEVO EN MONDOÑEDO.

Los días 22 de diciembre de 1919 y 28 de febrero del presente año, aniversarios del nacimiento y defunción de Álvaro Cunqueiro, viajé a Mondoñedo con motivo de la presentación (en la primera fecha) de un ensayo mío sobre Lezama y Cunqueiro y del nombramiento de Víctor Freixanes como cunqueiriano de honra (en la segunda fecha). Mi ensayo y su discurso constituyen los textos número 1 y 2 de la colección “Selva de Esmelle” de la casa-museo Álvaro Cunqueiro. Grato viaje y grata estancia en mi ciudad natal, siempre acompañado por el saber grande y preciso y el entusiasmo y la actividad desbordantes del amigo querido, el profesor e investigador Armando Requeixo, mindoniense como yo y dinamizador del Mondoñedo cultural con un esfuerzo de organización de actos, convergencia de voluntades y publicación de libros que le exigen un tiempo que no sé de dónde lo obtiene, habida cuenta de sus obligaciones como profesor universitario e investigador científico en el “Centro de Humanidades Ramón Piñeiro”. A él se debe, con el apoyo y la voluntad política de la alcaldesa, Elena Candia, que el desconcierto inicial y “los conjuros negativos” a los que me refería en este mismo diario (15.9.19) hayan sido cancelados. La casa-museo Cunqueiro comienza a caminar con paso firme y a cumplir su finalidad de conservar y difundir la imagen y la obra cunqueiriana. Cualquier insuficiencia o carencia existente necesita de la colaboración y el entusiasmo de la “secta” de los cunqueirófilos y de todos los mindonienses. En la medida en que Mondoñedo es la ciudad de un poeta, la ciudad de Álvaro Cunqueiro quien con su obra desprendió del cuerpo material de la urbe otro cuerpo imantado, una imagen que permanecerá siempre en el “centro del paraíso, que es la novela”, todos los mindonienses habitan también, y de modo irrefutable, el paraíso cunqueiriano. Todos ellos deberían ser colectivamente nombrados, un aniversario, cunqueirianos de honra.

Pero esta imagen de un Mondoñedo celestial, en el centro del paraíso textual, desborda de la escritura para invadir la realidad y, desde ésta, hechizar a propios y extraños quienes con su peregrinación robustecen también la economía local. La alcaldesa y sus concejales han comprendido muy bien la importancia económica del llamado patrimonio inmaterial, del turismo cultural y que yo prefiero nombrar con la palabra poesía, la poesía que al enriquecer poéticamente al hombre económico lo adelgaza de las grasas materiales que abonan así los suelos necesitados. Un capítulo de la fundación poética de la economía. Las palabras de Elena Candia, en esta dirección, pronunciadas en el acto de entrega del título de cunqueiriano de honra a Víctor Freixanes, fueron acertadísimas y de clara percepción de la situación. Ocurre además que Mondoñedo no solo es rica en aguas y en latín, también la poética es cigüeña permanente en la ciudad. Esta riqueza literaria debe ser incansablemente estudiada y puesta de manifiesto, a todos los niveles, desde el científico investigador y conservador de archivos y materiales, hasta el expositivo y el del impulso al turismo cultural.

Y este esfuerzo comprende, claro está, la revelación del paisaje, de los conjuntos arqueológicos, de los monumentos, del arte y de la música, de las actividades preclaras de los hijos de la tierra y la historia de ésta.

La presentación de mi ensayo fue en un hermoso salón de la “Casa dos coengos”, el discurso de Freixanes, bien escrito y mejor dicho, tuvo lugar en el Auditorio Municipal. Aquí fue emocionante ver y oír a niños, niños gallegos leyendo, con voces bañadas en la melodía local, textos de “Merlín y familia”. El río de las generaciones que asegura toda esperanza.

Con la amabilidad del tiempo bueno, pude recorrer largamente la ciudad y demorarme con la gente que yo conocí en mi juventud o con sus descendientes. A pesar de los años de separación me reconocí como mindoniense entre mindonienses, un aire común de familia, como si hubiéramos sido invadidos por la imagen de la ciudad cunqueiriana, convertidos en gentes de la Tierra de Miranda que Álvaro Cunqueiro inventó en el sentido etimológico de la palabra, es decir, la hizo aparecer en la escena visible al descorrer las cortinas de lo invisible. Él vió el vuelo de la flecha, disparada desde muy lejos y con tremenda fuerza en marcha irresistible a la plenitud de la imagen, hasta alcanzarlo como horizonte. Por eso, en mi caminar la ciudad, veo otros cuerpos, desprendidos de las cosas y los seres, duren o no aquellas, vivan o estén muertos estos. Las imágenes me interpelan y yo soy una más entre ellas, fuera del tiempo. Me abraza la cordialidad eterna de la imagen, su anterioridad verbo del hombre y entonces la muerte no importa porque aquella prevalece siempre. Cada vez vuelvo con mayor satisfacción a Mondoñedo, una voz me llama y sólo calla cuando sumergido en el río, en el que flotan, y entrechocan suavemente, todas las imágenes que configuran la mía, como desprendida de esta ciudad.

Como siempre permanecí fascinado ante el rosetón de la catedral, un cúmulo estelar, puerta a una dimensión celeste, escudo luminoso del inmortal guerrero que aguarda el ascenso que soñó Cunqueiro al paraíso de la imagen eterna. Como siempre encaminé mis pasos al Barrio dos Muíños, uno de los lugares de la ciudad que amo. Me senté en un banco, junto a la fachada de una blanca casita y escuché en sueños la canción del Valiñadares, atropellándose sus aguas claras para alcanzar el Masma como un Alfeo enamorado. El poeta Díaz Jácome, siendo niño, cayó al río y la rueda de un molino, en vez de serle fatal, lo despidió ileso. No sé si por no gustar de su futura poesía o, precisamente, por respetar a los poetas o por las dos cosas. En todo caso, un río poético como es propio de la ciudad.

En Mondoñedo siempre como en Valeco, en el Barrio dos Muíños o en la tasca, en Alcántara, al lado del monumento a Leiras Pulpeiro. También las pequeñas cosas tienen derecho a su imagen, “el hechizamiento de las pequeñas cosas”, “las delicias del chocolate” que decía Lezama. En ambas casas, de ambiente familiar, reina la imagen que desprende la cocina mindoniense, la sencillez y delicia de la empanada de liscos, el pulpo, los huevos caseros con patatas fritas y chorizo, el raxo, las natillas y la leche frita, el queso y el membrillo. Y el pan, que figura en la trinidad de la abundancia mindoniense, con el agua y el latín.

Antes de marchar volví a recorrer la casa que fue de mi tía Carmiña y en la que vivió mi padre. Las sombras me reconocen y se encienden y los pasos que oigo se mudan en otros pasos. Del cordial y competente arqueólogo municipal, Abel Vigo, en su inteligencia y modestia, un mindoniense típico, escucho claras y detalladas noticias sobre el asiento humano en el valle y sus montes guardianes desde el mesolítico y me enseña en la planta baja un arco de lo que podría ser una cloaca romana que con las obras de acondicionamiento del museo ha quedado al descubierto y cuya existencia nunca sospechamos. Resulta magnífica esta fundamentación romana de la casa familiar que provoca imágenes que aguardaban tras los cortinajes.

Llega el atardecer. Y con él, el silencio que acuna las otras dimensiones de la ciudad y las desliza al sueño. No se puede comprender Mondoñedo sin saborear su silencio. Es como un mágico toque de queda que no impide caminar nocturno, sombra entre las sombras, de las piedras en las que se encienden pequeñas llamas cordiales de la vida cotidiana que se recoge como en un cuento de la infancia.

Decido venir de nuevo a Mondoñedo con el buen tiempo del verano o del otoño, varios días, para poder volver a recorrer, calmosamente, lo que en mi juventud pensaba los “Epiros” o “Tesalias” de la polis: el castillo de aguas de Tronceda y Viloalle, contemplar la serena melancolía del Masma, pisar las tierras duras de Zoñán y de Estelo, contemplar el cielo desde las abas de los montes donde escribí “Beatum corpus”, si puede ser con mi hija para hacer que beba el licor de imágenes que embriagó a su abuelo y a su padre. Cuando pasaba de regreso a lo largo del cementerio viejo pensé que según el texto griego, en el tribunal del Hades que juzga a los muertos, Radamante se encarga de los asiáticos y Eaco de los europeos. Supongo que la tribu de los mindonienses tendremos un juez especial que comprenda los silencios y las tinieblas de nuestros sueños, quizá un juez con imagen de centauro, inclinado a la embriaguez, o de unicornio, flechado por el sueño. En ambos casos no hay dudas sobre su benevolencia.