Yo, Kúsar Kun.Ke.Í.Ru, servidor
De la casa de los libros, alcé,
En provincia lejana del imperio,
Este recinto para su morada,
Allí donde solo crecen la sombra
Y el silencio, fuera de los caminos
Que visitan la guerra y el comercio
Los años largos de mi vida ardieron
En el fuego del altar, sacrificio
A vuestra luz de extraños inmortales,
Centauros alados, hijos del hombre
Y de la nube que el saber de siglos
Alimenta. Con alegre fatiga,
Cada día, surgieron galerías,
Habitaciones, pórticos, columnas.
Al final, cuando todo fué dispuesto,
Os invoqué en las diferentes lenguas
Propias de los orígenes diversos,
Para habitar la ciudad ofrecida,
Que os acoge por barrios desde entonces.
En cómodo reposo las figuras,
Diferenciados órdenes y clases,
Sobre el misterio de ángulos oscuros
Sobrevuelan brillantes arcoíris,
Color variado en túnicas y mantos
Que causa por doquier un suave incendio.
En los dobles collares de los días,
Y en las perlas que cuelgan de sus horas,
Mis manos que no cesan, acarician
Vuestra cálida entraña desvestida
Y hacen brotar las voces y los cantos
De letras que se acercan, bailarinas,
Desde sus alfabetos prodigiosos,
En juegos malabares que me asombran.
Sediento bebedor del agua escrita,
Una sed que no sacia la bebida,
En embriaguez viví, sin observar
La pleamar de la extensión del tiempo,
La amenaza del Nilo en su crecida
Hasta la superficie indiferente
Y sin historia que cubre el latido
De una antigua esperanza sumergida.
Es el tiempo en que nacen las preguntas,
Angustia, inquietud nunca sentidas.
Borrado el templo y el rumor del culto,
Y el ágil ejercicio del incienso,
En su trapecio, cada vez más alto.
A dónde ireis, divinas criaturas,
Sin los fieles que por saber se inclinan?
La dispersión fatal a la procura
De antiguas melopeas y salmodias
Adormideras guardianes de sueños,
No veré. Pero conozco la arena
Y sé del viento eterno que la azota
Y de los restos que hay en lo más hondo
Donde la tierra sin esfuerzo olvida.
Escriba del final, en la piedra dura
He inscrito estas palabras, testimonio
De un instante vivido como eterno
Quitar su dicha no podrá la muerte.
Utilizando el vehículo de este diario pero independiente de su contenido aparecerán periódicamente unas fichas lingüísticas bajo el título, sin duda demasiado ambicioso, con la ventaja, sin embargo, de cubrir todos los temas tratados, de “correspondencias vascoeuroasiáticas y universales”.
No van dirigidas, en general, a los eventuales lectores del diario. Alguna etimología o algún argumento sobre relaciones lingüísticas puede ser de amplio interés, pero la mayor parte de los temas que serán tratados en principio apuntan a los interesados en lingüística histórica.
Las fichas llevarán un número correlativo acompañado del día, mes y año de entrada en el diario que se recogerá en las posteriores. Las eventuales modificaciones implicarán la sustitución de la ficha correspondiente u otra nueva con la remisión oportuna. También en las mismas se publicarán índices para una fácil localización de los temas.
El objetivo de las mismas, como se desprende del título, es el estudio del vocabulario vasco en relación con otras lenguas o familias de lenguas así como, en general, correspondencias léxicas entre lenguas o familias lingüísticas, en principio muy alejadas y que apuntan a un vocabulario común que puede ser muy antiguo, surgido en las muy diferentes y larguísimas etapas de la dispersión de la humanidad desde la salida de África.
Las correspondencias y estudios tipológicos no estarán ausentes como tampoco diversos aspectos etnolingüísticos.
En general se procederá por la simple exposición de los hechos y las hipótesis explicativas de autores y diccionarios etimológicos (si las hay y me son conocidas) y las razones por las que parecen insuficientes. Hipótesis alternativas, en general, solamente en un segundo momento, cuando la cantidad y calidad del material recogido, lo permita.
Son estas notas fruto de largos años de estudio de muy diversas lenguas de las más diversas familias lingüísticas, estudio que abarca, como mínimo, la gramática, la historia de la lengua y un vocabulario básico no inferior a dos mil palabras.
Es consciente el que esto escribe de su carácter de autodidacta, de “amateur éclairé” y, en consecuencia, carente de formación académica en la disciplina. Al lado de conocimientos extensos, que permiten asociaciones inesperadas, la existencia de inevitables lagunas y la ausencia de la tecnología, bibliotecas y equipos de los que goza un investigador en su departamento o instituto.
El contenido de estas notas puede, incluso, haber sido ya debatido, en mayor o menor parte, por los estudiosos en sus centros. Por todas estas razones no habrá formulaciones categóricas, solamente exposición de hechos que juzgo de interés, en su caso, la insatisfacción sentida ante las explicaciones habidas e indicación modesta de hipótesis alternativas.
No necesito decir que recibir pareceres y opiniones que enriquezcan lo por mí aportado, confirmatorios o discrepantes, será bienvenido.
Lo que no puedo negar es el enorme placer sentido en estos largos años dedicados al estudio de la variedad lingüística humana, que verdad la del griego: “Paideia toîs mén eútujesi kosmos, toîs dè dustejesi katafugé”.
Fichas lingüísticas números uno (segail), dos (ainoa), tres (alu), cuatro (urtxintx), cinco (kaio) y seis (orein). Las seis integran este primer cuaderno que completan unas notas lingüísticas divulgativas, meramente informativas, sobre pidgins y sobre la formación de palabras en indonesio por procedimientos de abreviación de sintagmas y otra sobre aspectos lingüísticos y culturales melanesios y polinesios.
FICHA LINGÜÍSTICA Nº UNO
Vasco Segail.a (BN, R): “cabra de un año”.
Otros términos vascos: segail (AN, G), sekail (C) (alto, espigado, esbelto, airoso, delgado). Segailtasun.a (esbeltez, gallardía (S)). Segaildu (C), sekaildu (L): hacerse esbelto. J. Corominas/J.A. Pascual, Dcech, Tomo RI/X, página 187-190, voz Segallo/-a “animal cabrío en el segundo año de su vida”. Al estudiar dicha voz y sus variantes ibéricas, dice “voz pirenaica común al aragonés con el catalán y el vasco, de origen incierto, quizá prerromano”. Pero si, como parece, está emparentada con el vasco “segail, sekail” (descarnado, esbelto, airoso) en el sentido de animal flaco, habría que suponer que es palabra de origen romance, alterada fonéticamente en vasco y propagada luego por pastores de lengua vasca, pues dicho adjetivo parece ser préstamo del bearnés “secalh”, catalán “secall” (persona seca y delgada)… el origen prerromano de segail.a (cabra de un año) y el parentesco con el adjetivo “segail”… me parecen ambos posibles… A modo de disyuntiva pues salta a la vista que sekail/segail no es otra cosa que el bearnés “secalh” (personne maigre, sèche, osseuse et mince, branche morte, bois mort…) catalán secall… derivados evidentes de “siccus”. Añade que ello es compatible con la idea de Rohlfs de derivar de ahí “segalla, cabra pequeña” pues los vascos han desempeñado un gran papel en el pastoreo pirenaico… nuestro vocablo “segallo”, cualquiera que sea su etimología remota, es pues un término pastoral vasco o vasconizado que el pastoreo ha propagado hasta Cataluña y Andalucía”. Considera que el sardo “sakkaya/-ayu”, forma moderna “saccaia” (pecora o agnello di un anno, capra di un anno) es probablemente un antiguo catalanismo y es verosímil que resulte del romanismo vasco “sekail” aunque una etimología prerromana no puede descartarse.
Otros datos posibilitan plantear una hipótesis diferente sobre el origen de la palabra vasca segail.a (cabra de un año).
El Oseta es la lengua de la república de Osetia del norte de la federación rusa. Sus dos variantes principales, iron y digor, pertenecen a la rama nororiental de las lenguas iranias. El oseta, no obstante las múltiples influencias lingüísticas a través de los siglos, continúa directamente la lengua alana, una parte de cuyos hablantes invadieron en el siglo V n.e. Francia y la Península Ibérica, en unión de suevos y vándalos. No son pocos los topónimos que hacen referencia a la presencia alana en Francia y no faltan en España (alanis, alano, alange…). Precisamente en el escudo de armas de la ciudad de Alano figuran dos perros de esta raza, que acompañaban a los guerreros alanos (noticia de L. Arys-Djanaïéva). El nombre propio “alain” también abunda en Francia.
Pues bien en oseta-iron, cabra es “saegh” (ae, una a breve tirando a è y gh, una r “grasseyée”). Y en oseta-digor, “saeghae”. Desconozco si esta raíz se encuentra en otras lenguas iranias (no en farsi, v.g. donde cabra es “boz”).
En Bernard Le Calloc’h “Des asiatiques en Hongrie” y en L. Arys Djanaïéva “Parlons ossete” figura un corto léxico alano-húngaro, de un monje misionero húngaro, enviado a traer al redil de Roma a los alanos húngaros establecidos en Hungría desde hacía más de dos siglos (estamos ahora en 1442). Estos alanos eran los jász del monte Pilis (jász.ok, en húngaro) y eran paisanos-soldados, al servicio del rey.
En este léxico, la mayor parte de los vocablos son muy semejantes a sus correspondientes del oseta moderno y en especial al más arcaico digor. La forma para cabra es saka, muy semejante a los términos oseta actuales y también al segail.a vasco.
Podría pues afirmarse, como hipótesis, que una palabra igual o semejante para cabra fue traída, cuando las invasiones bárbaras, por los alanos. Como en vasco el término para cabra es a(h)untz, bajo la influencia del adjetivo segail, sekail, tan parecido a las formas alano/osetas (y por la fácil extensión de su significado a un ser, en concreto un animal, delgado y de poca carne por su pequeñez) en contacto con la palabra bárbara se aceptó para cabra joven, en el caso, de un año, la palabra alana, modificada fonéticamente por el vasco segail. Así tenemos el par a(h)untz.a (cabra adulta), segail.a (cabra de un año).
Y aquí podríamos finalizar, por lo de ahora, esta ficha. Sin embargo quiero aportar los datos de otras dos lenguas, muy lejanas en el espacio y en el tiempo histórico de lo consignado. Se trata de dos lenguas africanas. Una, el pular, lengua de los pastores peul, pastores de bóvidos, procedentes, según la mayoría de los especialistas, del valle del Nilo, en época muy antigua, prehistórica, a través de un Sáhara húmedo. Los grabados rupestres de Tassili y de Hoggar se atribuyen a ellos o a sus antepasados. Hoy constituyen una diáspora en el espacio geográfico sudano-saheliano.
En el pular de Guinea (pular de Fouta Djalon, único del que tengo datos, entre las seis áreas dialectales pular) carnero es “sākā.ri” (ri es el grado 2º del sufijo de clase ndi) y macho cabrío (bouc) es sīkūli.ri. La semejanza de los signos lingüísticos pular (del significante y del significado) con los lexemas considerados anteriormente, salta a la vista. El pular forma parte del West Atlantic Group.
Veamos ahora el soninké, perteneciente al grupo de lenguas mandé, y que se habla en un rectángulo sobre Malí, Mauritania, Senegal y Gambia.
El vocabulario soninké que interesa a esta ficha es: sugu “caprino”. SuGu-yaxare (a(h)untz, cabra). Yaxare significa mujer y sirve para distinguir el género del animal. Sugu.llemme (cabrito, chevreau), sugu.nu (têter, sucer). Podemos contemplar sintéticamente las semejanzas en un cuadro:
VASCO
OSETA
ALANO
PULAR
SONINKÉ
CABRA
a(h)untz
saegh,saeghae
saka
sākā (carnero) sīkūli (macho cabrío)
sugu
CABRA UN AÑO
segail
sugu
Explicaciones caben varias, por la vía de los préstamos que pueden ser antiquísimos, teniendo en cuenta el papel fundamental de los rebaños de ovicápridos en la historia de la civilización.
EXPLICACIÓN DE ABREVIATURAS:
AN, BN (Alto, Bajo Navarro)
B, G, (Bizcaíno, Guipuzcoano)
R, L (Roncalés, Labortano)
S (Suletino)
En relación con lo anterior, menciono el nombre en burúŝaski de la cabra: tsigir. Pero es puramente especulativa, la causa de la mención, como diría J. Caro Baroja es el “sonsonete”, pues sobre la fonética histórica del burúŝaski, lo poco que se conoce, lo desconozco. Y tener ese nombre en cuenta, sin más, podría llevarnos a la falsa y archiconocida comparación del inglés “bad” y farsi “bad”, ambas “malo”. Otro caso análogo es el alemán ziege/tsīge/cabra, resultado de las leyes de mutación consonántica (lautverschiebung) del germánico y del A. A. A. Pie*/deiĝheaz (M. E. Huld “Basic Albanian Etymologies”, 1984, pág. 59). Comentario a albanés DHI “she goat”. Relación con (glosa de Hesiquio) griego dialectal didsa (aiks, goat) y con alemán ziege.
A. Dolgopolski “The Nostratic Macrofamily”, 1998. Nº 43 *Diqa(goat)pie * Digh/*Dik griego dialectal didsa, albanés dhi, A. A. A. ziga.
Para una revisión de los nombres euroasiáticos de la cabra, la ficha que será dedicada al vasco a(h)untz, cabra. También queda para otra ocasión la relación entre el “sugu” soninké y el latín “sūgū” (chupar, sucer), verbo que solo se encuentra en el indoeuropeo occidental.
FICHA LINGÜÍSTICA Nº DOS
SOBRE EL NOMBRE PROPIO AINOA Y SU SIGNIFICADO.
1. Nombre propio vasco, con origen en el país vascofrancés (Iparralde).
2. Nombre de un pueblo del Labour.
3. Epiclesis mariana de un santuario en dicho pueblo.
Comencemos con Ernout-Meillet, DELL, páginas 748-749. “Ūnus-a-um (de oinos…). Un, un seul, unique… S’oppose à alter, à duo, en général à tout nombre pluriel; a servi à designer l’unité, sens dans lequel il a supplanté la racine X sem… et, par contre, dans le sens de seul a été éliminé par sōlus ou renforcé par lui: ūnus sōlus… L’utilisation secondaire de ūnus pour désigner l’unité, le nombre un, explique que les adverbes et les adjectifs ordinaux et distributifs soient empruntés à d’autres racines… L’ancien nom de l’unité, qui subsiste dans des mots tels que simplex, singuli, a disparu à l’état isolé. Pour obtenir une expression plus forte, on l’a remplacé par le mot significant unique, de même qu’en celtique, en germanique et en baltique… Lat. ūnicus est fait comme v. sax. ēnag (seul)…”
Por lo que hace referencia al griego antiguo, P. Chantraine, DELG: voz eīs (página 326): ”nom de nombre, un, etc… Sens: un, parfois unique… On a peu a peu et en grec tardif l’emploi de eīs comme indéfini…”. Voz óinh (página 784): “L’as au jeu de dé… Radical expressif, signifiant unique, distinct pour le sens de * sem de eīs, un…”.
BÁLTICO LETÓN
Número cardinal viens, viena: uno (1). Vienīgi (únicamente, solamente), vienīgais (solo). Viens, viena también se emplea con el significado de solo-a y de alguien.
A) Estoniano: üks (un, uno, una). Üksi (a solas). Üksik (solitario). Üksindus (soledad). Y ainus (sólo, único). Ainus kord, poeg (única vez, único hijo). Ainuke (único). Ainuabielu (monogamia). Ainsus (singular). Ainult (solamente). Ainulaadne (único, excepcional, singular).
B) Finés: yksi (un, uno, una). Yksiainoa (uno solo). Yksinomainen (exclusivo, único, solo). Yksiainoa tapaus (un único caso). Ainoa (único, solo). Ainoastaan (solamente, solo). Ainokainen (ainoa lapsi) (hijo unigénito). Ainutlaatuinen (señero, singular, extraordinario, único en su género). Ainut laatuisuus (unicidad, singularidad).
DAVVISÁPME (Same del norte).
Okta (1). Dušše (solamente, únicamente). Beare (solamente). Pero áidna (único).
HÚNGARO
Egy (1, un, uno). Egy emberként (como un solo hombre). Csak egy.re kér (no te pido que una cola cosa). Egyedül (solo). Egyedüli (único, solo).
KOMI (fínico-permiano).
Öti (1). Ötik (único).
LENGUAS ESCANDINAVAS. Por ejemplo:
Islandés: einn (1). Einka- (mono/único).
Sueco: ett (1). -e)n/-e)t (artículo indefinido). Enastående (único, excepcional). Enda (solo, único). Endast (solamente).
Noruego: en (1). En/et (artículo indefinido). Eneste (solo, único).
ALEMÁN
Ein, eine. Einzel. Einzig… Antiguo alto alemán (A. A. A.): ein (uno, alguno). Einag/einac/ainac/einec/einig (único). Eino (solo).
Gótico: ains, aina (femenino): 1 (cardinal) usado en plural significa solo.
TURKO
Bir (1). Biricik (único).
ESLAVO
Por ejemplo:
– Ruso: odín (1). Ediniǐ (único).
– Croata: jedan (1). Jedini (único). Jedino (únicamente).
VASCO
Bat (1) y (uno, una). Bakar (único). Bakarrik (solamente).
K. Mitxelena “Fonética histórica vasca”, 1990, página 105: “el diptongo ei ha dado i, sin excepción, en inicial absoluta…”.
Conclusión de los ejemplos consignados.
Vemos como en latín y griego surge una palabra más fuerte y expresiva (por las causas resumidas) con el significado de único. En báltico, escandinavo, húngaro, komi, turco, eslavo y vasco, vistos en sincronía, una sola raíz con diferentes sufijos derivativos o raíces próximas, con modificaciones diversas, reflejan la distinción un-una-uno/único. En estoniano y finés, las raíces urálicas reflejan predominantemente la unidad mientras que en Ainoa o en los compuestos con Ainoa se destaca fuertemente el valor “único, singular, señero”. En same o lapón del norte hay una raíz para la unidad, dos para la idea de soledad y otra, áidna (para único).
Si ahora consideramos las variantes germánicas para “único”, me atrevo a hipotizar un préstamo del término “aino” en finés y estoniano de una lengua germánica. Y en el caso del nombre propio Ainoa, una epiclesis o epíteto mariano, de origen germánico, que se mantuvo, sin ser comprendida por la población vascófona. Quizá la a final sea el caso nor de *aino. Así Ainoa significaría “la única”. Probablemente el nombre del santuario nombró secundariamente a la localidad. En cualquier caso, el nombre propio presupone la epiclesis mariana. Naturalmente el nombre propio, tal como nos ha llegado, ha sido fonéticamente adaptado al vasco.
FICHA LINGÜÍSTICA Nº TRES
VASCO: alu (vulva) alu.keria (coito, cópula. Faena, putada). Calificativo despectivo: auto alu hau berriz gelditu da (esta mierda de coche se ha parado de nuevo). Sasi.kume alua! (maldito bastardo). Alua! (aproximadamente francés: con!).
Palabra, si no me equivoco, aislada en el léxico vasco. Para una pronunciación de alu con L retroflexa, ver K. Michelena “Fonética Histórica Vasca”, 1990, pág. 550.
Lo primero es examinar si es palabra patrimonial vasca (con independencia de que pueda ser un préstamo de una lengua euroasiática) o un préstamo del latín o del romance.
En el primer caso, teniendo en cuenta el paso de L antigua a R entre vocales, habría que postular una L fuerte que no sufrió el proceso de lenición de la L tenue. En el segundo caso, si fuese un préstamo antiguo del latín, valdría la misma explicación que no sería necesaria en el supuesto de un préstamo reciente o del romance. En cualquier caso, como alternativa a la L fuerte, podría pensarse en una L tenue mantenida por un especial uso expresivo o interjectivo del vocablo. Una duda que surge, previa del examen del étimo latino que podría ser la fuente del préstamo, es si la A de alu es original o alterna con K inicial desaparecida. *Kalu la vincularía directamente a la base o bases que veremos después, sin pasar por el latín. La vocal inicial original nos remite a latín aluus-i (vientre o más bien cavidad intestinal del ser humano o de los animales, también útero: “aluus, venter feminae”. Ver Ernout-Meillet, DELL, pág. 25). Antiguo nombre técnico. No hay derivados romances. “Emparentado sin duda con el griego aulós”.
Griego antiguo aulós. Pierre Chantraine, DELG, pág. 140: “Tubo hueco y alargado. Empleo con diversos significados técnicos. Clásico”. Neogriego aulós (flauta).
En relación con latín aluus y griego aůlós: latín, caulis, (Ernout-Meillet, DELL, pág. 107). “En baja época caulus: tallo de las plantas, después por metonimia, la misma planta. Y todo objeto parecido a un tallo, especialmente la verga, como griego kaulós. Antiguo. Usual. Un préstamo del griego es poco probable”.
Sobre el griego kaulós (P. Chantraine, DELG, pág. 506) “tallo por oposición a stélejos que se dice de los troncos de árbol. Pene. Término técnico. Antigua palabra que se encuentra en latín y en báltico. “No se saca nada del hecho de que aulós rime con kaulós”. Pero en el comentario a aůlós, concluye: “se han observado los dos pares paralelos aulós/kaulós y lituano aūlas y káulas. ¿Se trata de un azar o de un procedimiento de formación?” Aunque la alternancia vasca de K/cero en posición inicial se deba a caída de la oclusiva y, por lo tanto, no tiene que ver con el par griego y un eventual recurso utilizable en la formación del léxico, reclama la atención sobre la variabilidad en esa posición y que según las diversas lenguas afecta a diferentes fonemas.
Procede ahora examinar una base o segmento fónico que como palabra independiente se halla presente en lenguas de las familias más diversas y que podemos llamar base universal, al encontrarse aquí y allá, un poco por todo el planeta. Y digo base por lo siguiente: si llamamos radical a una raíz que puede existir independiente como palabra, raíz, a la que necesita necesariamente afijos de flexión y tema, a una raíz con sufijos derivativos, a menudo en sincronía no estamos seguros de cómo transcurrieron las cosas diacrónicamente. Una palabra actual puede haber sido afectada por procesos de derivación y de composición o fusión con otras palabras o partículas o de supresión o añadido de segmentos fónicos. Cuando partimos del nivel cero de las lenguas históricas, seguimos luego por el nivel 2 de reconstrucción de una protolengua (v.g., el germánico, pasando por niveles intermedios, 1 o más, entre la lengua histórica y la protolengua), continuamos con el nivel 3 indoeuropeo (que a su vez se subdivide) y finalizamos con algunos en el nivel 4 del nostrático, las raíces presentadas, sobre todo a partir del nivel 3 y ya no digamos, si nos situamos en el nivel 4 del nostrático, son símbolos de correspondencias y no segmentos fónicos reales. Los investigadores del vocabulario nostrático, con un ojo en las lenguas históricas y otro en las reconstrucciones de los diccionarios del tercer nivel, correspondientes a las diversas familias, indoeuropea, urálica, dravídica… muestran listas de “Nostratic words” que luego encuentran en las lenguas actuales. Encuentro inevitable pues el círculo vicioso es patente. Por no mencionar las grandes diferencias entre los resultados de dichas investigaciones. ¿Cómo podemos estar seguros de la existencia de una palabra nostrática con una determinada realidad fónica? La respuesta es que no podemos estarlo. Ni siquiera de la existencia de esa palabra en tanto que nostrática por la ausencia de pruebas convincentes que acrediten la existencia de la lengua nostrática con sus descendientes indoeuropeo, urálico, dravídico… Los críticos con la hipótesis nostrática han argumentado abrumadoramente en contra, poniendo sobre todo de relieve el papel sobresaliente del préstamo lingüístico y de sus asombrosos efectos en la difusión de vocablos. Sin perjuicio de dedicar futuras fichas a la cuestión nostrática, me apresuro a escribir que negar la realidad histórica del nostrático no implica negar la validez de las correspondencias recogidas entre las diversas lenguas. Al contrario. Estas en conjunto son innegables, y no sólo debidas al préstamo o, en su caso, al azar. Resulta que esas correspondencias se encuentran abundantemente en lenguas que nunca han sido consideradas nostráticas por los nostratistas. De hecho, se podría afirmar que todas las lenguas, incluido el vasco o el vitota (lengua hablada en Colombia) son nostráticas, lo que aniquila la hipótesis. Traigo aquí unas luminosas palabras de Ch. Ehret, autor de un diccionario etimológico de raíces nilosaharianas. En “Nostratic: examining a linguistic macrofamily”, 1999, pág. 109 y siguientes, escribe: “Hipotizamos la existencia de un lenguaje protohumano original. La historia usual del vocabulario en las lenguas reales consiste principalmente de remorfologizar raíces existentes, reconfiguración del alcance semántico de las palabras existentes en el lenguaje, abandono de palabras por el uso y adopción de palabras de cuando en cuando de otros lenguajes. Comenzamos con un lenguaje humano original, con un léxico inicial de quizá diez mil/veinte mil palabras, como es característico de lenguajes hablados en épocas más recientes. Este lenguaje proveería la mayoría de los materiales para ser reorganizados y morfológicamente modificados de varios modos en el resto de la historia de la humanidad. Proveería las palabras retenidas en un particular lenguaje. Sería también la última fuente de palabras prestadas de un lenguaje a otro en tiempos más tardíos. Ocasionalmente nuevas palabras podrían ser creadas completamente de nuevo, y en el tiempo largo de la historia del lenguaje el cuerpo de palabras así creado podría llegar a ser relativamente numeroso. Pero incluso incluyendo acuñaciones onomatopéyicas, este elemento no sería probablemente dominante en la contribución que viniera del “stock” original de palabras”. Suscribo íntegramente lo anterior, únicamente pondría mayor acento en la creación de nuevas palabras, aparte las onomatopéyicas, al encontrarse los pueblos en el curso de su vida histórica con nuevos referentes, palabras en las que el vínculo inicial con el “stock” de partida, en virtud de complejos fenómenos de la historia del lenguaje, resulta invisible. Pues bien, en ese trabajo, Christopher Ehret presenta una lista, convincente lista de más de doscientas raíces nostráticas y sus correspondencias en nilosahariano y congo-níger (bantú). Del resultado se deduce “la inclusión del nilo-sahariano y níger-congo en el nostrático” con el mismo fundamento que otras familias que siempre se han considerado que pertenecen a él. Lo que revelan estas correspondencias es “la posibilidad de realmente estar tratando con un vocabulario humano muy antiguo”. No llamemos nostrático a lo que realmente es universal o pan humano.
Y añade Ehret que las correspondencias constatadas son demasiadas y demasiado específicas para tratarse de azar (demasiado valorado por algunos antinostratistas que arrojan al río la cesta con el contenido).
Entresacamos de Koldo Mitxelena “Lenguas y protolenguas”, 1990, las siguientes afirmaciones. En relación con los problemas planteados con la reconstrucción de las protolenguas: “Confusión entre lo ontológico y lo metodológico… Ciertas características del indoeuropeo se siguen de los métodos empleados en su restitución… Notaciones algebraicas de la protolengua y no las formas reales…” “Ciertas características de los resultados a que llegamos están prefiguradas y contenidas en los métodos que usamos para alcanzarlos… Los métodos que se utilizan para su restitución, están concebidos desde su raíz para conseguir una protolengua uniforme… Una protolengua es incompleta por constitución… ¿Hasta qué punto es verosímil que hayan existido estados de lengua de los cuales pudieran deducirse nuestras formas reconstruidas mediante la aplicación de unas reglas de transformación?… Si… nos interesa estudiar las propiedades generales de las protolenguas reconstruidas… más cómodo y eficaz es estudiar los métodos de que nos hemos valido… Ingenuo pensar que estos no han tenido intervención en las propiedades de un objeto que han modelado a su propia imagen y semejanza… La posibilidad de descuidar a partir de cierta distancia la distinción entre formas heredadas y préstamos”. Pág. 54 “si queremos adivinar cómo eran en cuanto a sus características generales las lenguas prehistóricas cuyo conocimiento directo nos está vedado, no tenemos que mirar a ninguna reconstrucción, por ingeniosa y relativamente completa que sea. Lo que debemos contemplar es algo que está mucho más cerca de nosotros, las lenguas que se hablan… Las que una larga serie de testimonios históricos ofrece a nuestro estudio. Podemos asegurar, sin mayor temor de errar, que las lenguas prehistóricas no podían ser muy distintas de éstas”.
Antes de proceder al examen de la base indicada al comienzo de esta ficha, “en las lenguas que se hablan” y, en general, en las lenguas históricas, surge una cuestión previa: con relación a una lengua concreta, muerta no conocida en su desarrollo a través del tiempo, ¿cómo podemos saber que la igualdad de dos formas de sendas lenguas no es fruto del azar y, sobre todo, de una evolución desconocida de una forma en origen muy diferente? Un ejemplo muy conocido es la palabra bad en inglés y en persa. En ambas significa “malo” pero, aparte el parentesco IE de ambas lenguas, la palabra farsi es fruto de una diacronía que transformó una raíz muy diferente en una palabra idéntica a la inglesa. Esto ocurre con frecuencia. Por ello la respuesta es que en un número de casos no lo sabemos. Pero el desconocimiento afecta a una raíz concreta, no a la totalidad de la muestra. La verdad del conjunto es estadística. Y cuanto más amplia es la muestra, más asegurada está la existencia de la base, no afectada por lo que pueda suceder en los casos concretos.
Veamos entonces esa base que calificamos de universal. La muestra, como es evidente, al tratarse de un trabajo individual y sin medios tecnológicos, se halla limitada por el horizonte de conocimientos de quien esto escribe. Pero abarca lenguas muy diversas y creo que es significativa y susceptible de aumentar grandemente si se examinase un mayor número de lenguas, y más a fondo las estudiadas. Se trata, pienso de una base muy antigua en el lenguaje humano, antigüedad asegurada, no ya por su extensión, sino por su semantismo fundamental para los humanos.
Su semántica comprende desde la denominación de seres y parientes femeninos hasta la de genitales y en general “partes pudendae” o “aidoa” de ambos sexos, especialmente femeninos (incluído el útero).
Galóos (esposa del marido) P. Chantraine, DELG, pág 208: “término de parentesco que distingue, según sistema indoeuropeo, la familia del marido y de la mujer”.
También latín oulua (las glosas solo conocen uulua), (vulva, matriz). Ernout/Meillet, DELL, pág 751: “ōs mātricis, mulieris natura”. Término técnico y popular. Tiene otros significados. No etimología clara. También latín glāns y griego bálanos y sus correspondencias en armenio y viejo eslavo, hoy ruso žëlud’ (glande, bellota) y neogriego válanos (bálano).
Nostrático de la macro familia nostrática se considera, en general, que forman parte las familias afroasiática, oravídica, kartvélica (caucasiano meridional), urálica, altaica, indoeuropea, gilyak, chukchi-kamchatkan y eskimo-aleutiana. Su “homeland” se sitúa, según los autores en Anatolia central u oriental o en el “fértil creciente”, “justo al sur del Cáucaso” (A. Bomhard). Según este autor (véase “Reconstructing protonostratic”, 2008, volumen I, pág. 241: “The unified nostratic parent language” puede ser fechado entre 15.000 y 12.000 a.n.e. Alrededor del 12.000 a.n.e. comenzó su expansión y, alrededor del 10.000 a.n.e. varios grupos dialectales distintos.
Quiero expresar que, si bien aquí no es objeto de examen la hipótesis nostrática en toda su complejidad, solo en lo necesario a los efectos de la base considerada, la cronología fijada es insoportablemente corta y un argumento importante, la necesidad de una cronología mucho más larga, contra la misma. Lo veremos en fichas futuras.
Pues bien, parte de las bases mostradas anteriormente son agrupadas por los nostratistas bajo diferentes raíces nostráticas. Por citar dos investigadores: Aharon Dolgopolsky, “The nostratic macrofamily and linguistic paleontology”, 1998, pág. 85-86, entrada nº 109. “*Kälu/ü. A woman of the other exogamous moiety (female relative in-law, bride)”, con reflejos en hamito-semítico, kartvélico, indoeuropeo, urálico, altaico y dravídico. “The meaning bride groom, male relative in-law are demonstrably secondary and are due either to broadening of meaning (by eliminating the semantic element of female sex) or to back formation”. Allan R. Bomhard en “Nostratic examining a linguistic macrofamily”, 1999, pág. 65, dice que “ésta es una fuerte etimología”. El mismo Bomhard, en su obra monumental antes citada, volumen II, pág. 372: nº 352 “*Khal, female in law (reflejos en protoasiático, dravídico y urálico. Y pág. 445: nº 421, “*k’el, female in-law, husbands sister” (reflejos en indoeuropeo y altaico).
Pág. 529, “* q’aly/q’ðly. Sexual organs, genitals, private parts male or female”. Reflejos en afroasiático, kartvélico, urálico, chukche e indoeuropeo (*k’el-th/kḷ-th (vulva, womb)).
Como puede fácilmente compararse, la base que hemos recogido en las lenguas de las más diversas familias lingüísticas y que nombramos kali/ali por su más general ocurrencia sin pretensión de reconstrucción científica alguna, simplemente para identificarla provisionalmente en un inventario de bases universales de “un lenguaje humano muy antiguo” (Ehret), coincide aproximadamente con los términos nostráticos reconstruidos. Pero, repito, aquí no interesa si kali/ali (palabra independiente o segmento de otra, con su espectro de variaciones en las diversas lenguas) es el resultado histórico de la evolución de una o más raíces emparentadas o no (lo primero es lo más probable) y si éstas pueden ser reconstruidas en los diversos niveles de las protolenguas. Lo que nos interesa es la búsqueda de “universales” que revelen niveles muy antiguos en la evolución del lenguaje humano, en una larguísima historia de relación lingüística de decenas de miles de años (salida de África) de todas las lenguas humanas, en consideración de la cual la separación de las lenguas aborígenes de América, por el cruce del estrecho de Behring, hace veinte o veinticinco mil años, se puede considerar reciente.
Por otro lado, al desbordar ampliamente la base dicha el ámbito del nostrático (recuérdense las reflexiones de Ehret), se deduce o que todas las lenguas son nostráticas (lo que acaba con la hipótesis nostrática) o se contraargumenta que el nostrático comparte términos con otras familias o macrofamilias lingüísticas por lo que habría que remontarse al nivel de otra protolengua más antigua. Sin olvidar las palabras de K. Mitxelena, me parece difícil probar un núcleo privativo del nostrático, una raíz nostrática que no sea reconocible con claridad en las más diversas lenguas.
Finalmente volvemos a nuestro alu vasco. El vasco, lengua no nostrática, presenta como veremos en próximas fichas, términos comparables a los nostráticos y que no se deben a la mediación indoeuropea. En este caso concreto pienso que es probable un préstamo del latín aluus, con un significado técnico, y que posteriormente adquirió un valor interjectivo, ya en ambiente vasco. El no rotacismo de la L quizá se explique por la historia particular de una palabra de significado técnico, sin derivados romances.
FICHA Nº CUATRO
VASCO
Ur.txintx.a (ardilla) (/určinč/). En realidad UR es la raíz objeto de comparación, pues /činč/ es una parte del nombre compuesto, a modo de un epíteto o atributo, y A es el caso nor, mal llamado artículo.
Vasco común: txintx egin (sonar las narices), BN: ur.čiz (/s/) (estornudo, también vasco común ur.txintxa, estornudo). Estos significados de estornudo de /činč/ seguramente se deben a una confusión con una base onomatopéyica /čis/.
An. Kata.p.urtxinx (ardilla). Katu (gato).
ESPAÑOL
Ard.illa. Corominas, dcech, TM a-ca, pág. 319-320: “ard.illa, diminutivo del antiguo harda, palabra común al castellano, bereber, hispanoárabe y el vasco, de origen no latino” señala que en la documentación peninsular aparecen formas con aspiración y sin ella y que las formas valencianas confirman el carácter aspirado de la H inicial de harda. La comparación con el vasco, gipz. katarde, se limita a este vocablo que él mismo reconoce que no está demasiado bien documentado. Por lo que se refiere a las formas vascas encabezadas por urtxintx, manifiesta que “tampoco está clara su etimología. Es una madeja enmarañada”. En relación al bereber, consigna el lexema ?a¿árda/?agárda, ratón campestre, ratón. Y considera razonable agregar el castellano garduña. Recoge “hardones” como las crías que pare la harda.
(Antes de seguir adelante, quiero recordar una observación de R. Dor quien en su obra sobre el kirgiz recuerda una distinción de W. Quine “partes del animal” y “momentos del animal”, y escribe que el nombre no recoge con frecuencia una característica física de X sino “derrière de lièvre dérangé dans son activité favorite” o “devant de lièvre broutant paisiblement”, es decir, una imagen de un estado o actividad característica).
Veamos en primer lugar los datos del griego y del latín.
GRIEGO ANTIGUO
Skíourus (ardilla), que puede hacerse sombra con su cola, compuesto posesivo de skiá y ȯurá. Que pasó al latín (sciūrus) (Pierre Chantraine, DELG, pág. 1017). Ernout/Meiller, DELL, pág. 603: del latín popular *scūriolus, disimilación del diminutivo *sciūriolus, el francés écureuil.
Nombre científico: sciurus vulgaris. Los nombres romances de la ardilla (salvo el español) tienen ese mismo étimo latino: catalán, esquirol; italiano, scoiottolo; gallego, esquí(l)o; portugués, esquilo.
Neo grego, skīourus. Inglés (a través del francés), squirrel.
LATÍN
Vīverra
Ernout/Meillet, pág. 742 del DELL. Nombre de mustélidos (furet, belette/hurón, denociña). Cita también *vīverrica (belette) y *vīverrula (écureil) que sería el sentido antiguo. “Pero los nombres de los animales salvajes están mal fijados”. “Palabra expresiva que recuerda nombres de la ardilla en lenguas indoeuropeas”. “Formas redobladas de tipos varios cuya raíz es *wer. La raíz podría ser la que figura en griego a(╒)eíro (elevo) y aǐωrā (balançoire, balancín o columpio) (vasco txintx!).
GRIEGO ANTIGUO
Aeíro. P. Čantraine, DELG, pág. 22, “ático aïro. Elevar, tener suspendido… Es necesario vincular con áïro un cierto número de términos notables por el redoblamiento expresivo ╒ai y el vocalismo radical omega. Hay que partir de *╒ai-╒or-éω, empleado sobre todo en pasiva, estar elevado, suspendido… al activo, balancear. Aiwra (balancín, hamaca o acción de balancearse) en lo que concierne la etimología IE, la A inicial de ‘a╒er es una prótesis o un ǝ2. Ninguna etimología establecida”.
LENGUAS URÁLICAS
Finés: or.ava.
Estonio: or.av (ava, av tiene seguramente la misma relación con OR que en vasco /činč/ con UR).
Komi (lengua urálica de la Federación Rusa): ur.
Mordvino mokša (lengua urálica de la Fd. Rusa): ur.
Pero udmurto (lengua parecida al komi, pero con un vocabulario que puede ser muy diferente): kon’î.
Davvisápme (Same del norte, Laponia): oar’re.
LENGUAS ESLAVAS Y BÁLTICAS.
Salvo el ruso y el búlgaro, las correspondientes denominaciones de la ardilla son descendientes de la forma redoblada de raíz IE, que se recoge en el comentario del latín vīverra.
Checo: veverka.
Eslovaco: veveritsa.
Esloveno: véveritsa.
Cróata: vjeveritsa (vérati, trepar).
Polaco: wieviór.ka (ka es sufijo formación nominal).
Letón: vávere.
Lituano: voveráite.
Excepciones:
Búlgaro: kateritsa (katèrya, escalar, trepar). Debe ser un turquismo: v.g., kîrgîz: kötör (elevar, trepar). Lo mismo albanés, ketri.
Ruso: bélka (ardilla). Béličiį (adj. propio de ardilla). Vertetétsa (kružitsa) kako vélka v kolesé (dar vueltas como la ardilla en una rueda).
LENGUAS GERMÁNICAS (también provenientes del IE)
Anglosajón (compuesto): Ac. weorna.
Noruego: ekorn.
Danés: egern.
El alemán eichhorn (holandés eekhoorn) se debe a una etimología popular (Ernout).
*Germánico: aįkwerna/īkwerna.
OTRAS DENOMINACIONES
El húngaro mokus: ¿relación con moka (broma, bufonería) o con mohó (ávido, glotón)?
Qechua, de San Martín (qechua 2): waywaš (ardilla), anotada sin pretensión alguna comparativa, simplemente por la curiosidad de una forma que parece redoblada.
Nostrático: A. Dolgopolski, “The nostratic…”, 1998, pág. 49. – Nº 5/?/h ur▼(-ba) [▼, símbolo por vocal no identificada], squirrel or similar animal”. Reflejos afroasiáticos, urálicos, indoeuropeos, dravídicos. Bomhard en “Nostratic…”, 1999, en el comentario a esa raíz la considera “no convincente”, y de hecho no la recoge en su “Reconstructing…”, 2008.
A la vista de todo lo anterior, queda sin decidir si la raíz urálica y la indoeuropea están relacionadas y, si lo están, el tipo de relación. En cuanto al vasco UR me parece que no tiene nada que ver con el hard de ardilla. Parece probable en cambio una relación, con el urálico or/ur, probablemente un préstamo. Incluso el paralelismo del “epíteto” /činč/, ava, av, tenga /činč/ el significado expuesto o el onomatopéyico de imitación de varios ruidos (que escribe Traskl). En cambio para el ard con aspiración que se halla en la base de ardilla y de garduña (Corominas) me atrevo a proponer un acercamiento a un término afroasiático de tierra (v.g., afroasiático *?(e)r, árabe card, tierra). (Corominas: harda común al hispanoárabe y al bereber).
Starostin, en “Nostratic…”, 99, pág. 146, en el comentario a la base de Dolgopolski recoge un *örke túrquico “ground squirrel”, genérico para roedores terrestres (en turco, ardilla es sîncap).
En fichas muy posteriores, cuando el material recogido lo permita, expondremos una hipótesis sobre las condiciones geográficas e históricas de la posibilidad de préstamos en vasco del urálico (y del báltico).
FICHA Nº CINCO
VASCO
Kaio (gaviota argéntea).
Otras clases de gaviotas: kaio beltz, kaio hega.zuri, kaio illun, kaio moko-ori, kaio moko.zorrotz.
¿Vocablo patrimonial vasco o préstamo latino/romance?
Corominas, Dcech, Tm. 6/MA, pág. 130: después de mencionar el latín gāvia como palabra no clásica, quizá creación onomatopéyica del lenguaje de la decadencia, señala que vasco kaio procede del latín gavia o de un romance gavi(n)o, más que de gaius.
Ernout-Meillet, DELL, pág. 265: El latín gāius (francés geai, arrendajo) y el latín gāia (urraca, francés pie) denominaciones nuevas y muy tardías que reemplazan las antiguas de grāculus y pīca. Expresa la duda de si el cognomen gāius es el nombre del arrendajo utilizado como tal o viceversa.
Pág. 268, gāvia, ae. gaviota: palabra expresiva, no clásica.
G. Giacometti, “La lingua falisca”, 1963, pág. 179: “Kaios es exactamente el paralelo del latín gāius y del etrusco Kae”.
M. Lejeune, “L’anthroponimie osque”, 1976, pág. 131: “Nombres (prénoms) que latín y osco han heredado en común de un viejo stock itálico: *gāvyo, osco gavis, latín gaius”.
Descendencia romance
Catalán: gavina (gaviota), gaig (de gāius), arrendajo.
Italiano: gabbiano (gaviota), del latín gavǐa(m).
Gallego: gaivota (gaviota), gaivoteira (roca o lugar de la costa donde anidan las gaviotas), gaivotón (gaviota más grande).
El tardo latín larus, relacionado o préstamo del griego láros: Pierre Chantraine, DELG, pág. 621: “pájaro voraz, probablemente gaviota”. Recoge la opinión que estima que pertenece a una familia léxica que significa “crier” (gritar), y que pertenece a una lengua de substrato. A. J. Windekens, DECL 6, pág. 139: láros lēros: “Vains bavardages” (parloteos vanos). Las dos palabras, láros y lēros, se vinculan en griego mismo a una raíz onomatopéyica *lā, lǝ1, de suerte que láros sería el “schreier” (el que grita). Piensa que en las dos palabras hubo una disimilación L – L → L – R, por lo que las dos formas se pueden unir a laléo (bavarder, parler) y lálos (bavard). “Hay así una explicación en griego mismo (por lo que es superfluo recurrir a comparaciones fuera del griego”.
Nombre científico: larus argentatus.
Neo griego: glaros (gaviota). Palabra antigua pero no clásica. Quizá cruce de láros con otra palabra como glarωnω (lo que explicaría la gamma inicial).
Examinemos a continuación el nombre de la gaviota en algunas lenguas de Eurasia:
Vimos los descendientes romances del latín.
El francés mouette es diminutivo del antiguo francés maoue, mauve, del germánico. Anglosajón, māev; alemán, möwe; holandés, meeuw; noruego, måke; danés, måge. El término germánico pasó al polaco, mewa.
En varias lenguas urálicas hay un lexema muy semejante al vasco kaio:
Estonio: kaja.kas (gaviota). También kaja (eco), kajama (resonar). (En kaja.kas, kas es un diminutivo).
Livo (lengua urálica de Letonia): kaja.gôz (gôz equivale en livo al estonio kas).
Komi (lengua urálica de Rusia): kaj (pájaro, volátil).
En báltico, tenemos el letón: kaija (gaviota).
En Davvisápme (Same del norte): mearra.lóddi (gaviota), es simplemente “pájaro del mar” (cfr. rumano… Di mare. Inglés: sea.gull. Vasco: kalatxori (gaviota), o sea, pájaro de la cala o caladero.
Podemos añadir el čukče (lengua paleoasiática del grupo luoravelan y hablada en la región autónoma de su nombre en el extremo oriente siberiano: j?ajak).
En quechua 1 de Ancash, gaviota es qiw.lla. Tal vez mongol, tsax.lǝg (lǝg es un antiguo sufijo).
Lenguas eslavas:
Ruso y búlgaro, čaįka.
Eslovaco, čajka.
Como dice A. Tovar en su “Cuaderno de antiguo eslavo”, 1949, pág. 17: “Todas las africadas eslavas proceden siempre de guturales ie. Č, de KJ o de K ante vocal de la serie anterior ». Parece evidente una relación con el grupo anterior (ver también mordvino-šokša (lengua urálica): /čavkaks/ (un ave próxima a la corneja)).
Cróata: gaviota, srebrnasti galeb (argéntea X, no identifico el significado de galeb, relacionado seguramente con golub (paloma)).
Otras lenguas:
Finés: lokki.
Húngaro: sirály /širá.i/
Checo: racek.
Lituano: žuvedras.
Rumano: pecǎr.uș di mare.
Albanés: pulëdardhë.
Los términos lituano y rumano son transparentes, relacionados con la actividad de pescar. El lokki finés quizá esté relacionado con loddi (pájaro) en davvisápme. Pájaro es lintu en finés, lind en estonio. O con loika- (saltar, brincar), loikkia (dar saltos, brincos), movimientos típicos de las gaviotas.
El húngaro sirály, tal vez con una raíz sir (que implica quejido, lamento). Pájaro en húngaro es madár. El fonema /š/ húngaro continúa el correspondiente urálico. En checo ray.ka significa “ave del paraíso”, y en eslovaco, ray.ka es “garza real”. El albanés pulëdardhë, nombre compuesto, refleja la semejancia física con las gallináceas.
Apunto la hipótesis de que en turco, en el que gaviota es martî, el término kaja /kaya/ (roca, peñasco) que aparece también en uzbeco y en vigur, tenga con el urálico kaja, kai, la misma relación que gaivoteira con gaivota. Menciono también el hidrónomo rusomeridional kajala. En cambio el finés kallio (roca, peñasco) y el estonio kalju (roca, peña) se consideran un préstamo del germánico (cfr. gótico hallus (roca) de: heall (roca). Bonhard, obra citada, 2008, nº 401: *k’al (stone, rock)).
Me parece probable un préstamo del estonio o del livo en el letón kaija. En cuanto al vasco kaio no creo en un préstamo latino o romance procedente de gavia o gavi(n)o (kavea → había). En caso de ser un préstamo latino, gaius aparenta ser mejor candidato (con cambio semántico implicado), pero también es perfectamente posible un préstamo del urálico. En cualquier caso queda pendiente de explicar la relación, si no es fruto del azar de los términos latinos e itálicos en general con la raíz urálica y otras con ella relacionadas que vimos anteriormente. Finalmente, a la vista de los datos itálicos, no me parece que latín gavia sea creación onomatopéyica.
FICHA Nº SEIS
VASCO
Orein (ciervo). Orein andi (alce, “ciervo grande”). Elur.orein (reno, “ciervo de la nieve”). Adar (cuerno).
Este vocablo, evidentemente, no plantea cuestión alguna de préstamo, latino o romance. El problema es otro, su eventual relación con alguna de las designaciones euroasiáticas del ciervo. También hay que tener en cuenta para fijar la etimología de nombres de animales salvajes u objetos de caza, que es frecuente la prohibición de pronunciarlos, golpeados por un tabú, lo que supone su sustitución por nombres noa, con procedimientos de sinécdoque o metonímicos. Como escribe R. A. Miller “Languages and history”, 1996, pág. 17: “With animals names the world over, tabu-avoidance has frequently been responsible over the millennia for great amounts of lexical displacement, borrowing and reborrowing”.
En primer lugar, unas breves notas de fonética histórica vasca. K. Mitxelena “F. H. V.”, 1990, pág. 253: (en vasco) “La inicial es la posición de máxima inseguridad para la reconstrucción comparativa”. Pág. 252: “A pesar de que el vasco, al menos reciente, no es lengua prefijante, la inicial de cada forma nominal llegó casi a ser considerada como algo modificable, si era consonántica, y como un hueco susceptible de ser llenado por distintos pseudo prefijos, si era vocálica. Otra observación suya es la extraordinaria frecuencia en vasco de inicial vocálica precedida o no de H.
Sin detenernos ahora en las consideraciones de Martinet (oclusivas sordas lenes realizadas sin aspiración en posición inicial se sonorizaron. Y las oclusivas fuertes sordas realizadas con aspiración, P T K, pasando por espirantes sordas, llegaron regularmente a H y a cero, calificadas por Mitxelena (pág. 244, F. H. V) de verdad estructural). Constatamos la alternancia en vasco en posición inicial de K y cero (pág. 244). Michel Morvan “Les origines linguistiques du basque”, pág. 234 y ss. (y en relación con el urálico y el altaico), después de afirmar que “la cuestión de la aspirada inicial en vasco es extremadamente compleja” y “que es muy difícil saber si una H inicial es o no etimológica, formula que una H inicial remonta a K-, G-, Ġ- (dulce). El protovasco tendría K o Ġ inicial que puede desembocar en G o en H (en vasco antiguo y moderno) y que puede concluir su evolución en ø.
Tengamos en cuenta antes de examinar el nombre del ciervo en Eurasia que su nombre se cruza con frecuencia con el del reno, pues una denominación aplicable a un animal de determinada zona ecológica, por difusión y préstamo pasa a aplicarse a otro semejante de ecología diferente. También se nos aparecerá el nombre del alce.
En primer lugar tenemos el latín cervus-ī (Ernout-Meillet, DELL, pág. 117. Sobre cervus, cerva (fm.): es nombre noa, designa al ciervo por su cornamenta, “cornudo”. El nombre IE era *elen (“frappé de interdit”). Cornū/ūs (cuerno). “Quizá antigua metátesis de *krw-n o de una contaminación de *kr-n y de *kr-u. Emparentado con el griego kéras”. (pág. 20) Alcē-ēs (es)/alx-cis, pl. alcēs (alce, élan): origen germánico. (Pág. 677) Tarandrus-ī (reno). Del griego “palabra escita”).
Del latín cervus proceden los descendientes romances: francés, cerf. Español, ciervo. Gallego y portugués, cervo. Italiano /červo/. Catalán /sérbul/. Rumano, /čerb/.
Los nombres del reno, en último término, de una antigua palabra finosame. Y los del alce, del latín, salvo el francés élan, del alto alemán, a su vez del lituano elnis. El francés biche (cierva) del latín popular “bistia” por bestia.
Sobre el francés antiguo rangier, latinizado en rangifr, de donde castellano rangífero, ver J. Corominas, DCECH, Tm. Mere, pág. 875, en la entrada reno: “parece que de la antigua forma correspondiente hreindêjri se tomó el término francés”, pero viejo prusiano ragingis, de ragis (cuerno), que puede haber llegado al francés a través del alemán (alto alemán).
GRIEGO CLÁSICO
P. Čantraine, DELG, pág. 1093, tárandos/tarandros/tárandrus. Préstamo. Recoge el parecido con la designación del reno en lenguas finougrias. Pág. 333: “Ȅlafωs. Atestado en micénico. Debe reposar sobre *elṇ.bho.s”. Keraós (pág. 517): “Portador de cuernos”. Dicho de un ciervo “se trata de una vieja palabra *kera.╒ós (cfr.cervuus)”. Alkh (pág. 62), préstamo germánico en griego y en latín. “Partiendo del viejo noruego elgr se piensa en un germánico común *alzi, A su lado, una forma con acento inicial *álx explica los términos del griego y del latín”.
Neogriego: elafi (na). Alki. Tárandhos.
Las lenguas eslavas recogen la raíz IE del ciervo:
Viejo eslavo: jelenĭ.
Ruso: olén (ciervo, venado)
Búlgaro: elen (ciervo)
Checo: jelen.
Eslovaco: jeleň (ciervo).
Cróata: jelen (ciervo).
Polaco: jéleń (ciervo).
El nombre del reno varía desde el búlgaro, el cróata y el ruso (ciervo nórdico), al polaco (ren, renifer [ya comentado con anterioridad]), pasando por sob del checo y eslovaco. La variación es mayor en la designación de la cierva, pero no afecta a la finalidad de la presente ficha. El nombre del alce, los en checo, eslovaco y cróata y los en polaco, está relacionado con la raíz de alce.
BÁLTICO
El lituano élnias (ciervo) y el letón alnis (alce).
Lituano: briedis (alce) y letón bríedis (ciervo). (Cfr. Topónimo brundisium cuyo puerto (Estrabón) se parece a la cornamenta de un ciervo. Glosa de Hesiquio Brendon/elafon. Albanés brini, cuerno).
LENGUAS GERMÁNICAS
Anglosajón: heorot (deer).
A. A. A.: hiruz, hirez, hirz (ciervo); hiru.z (cornudo, sobre *keru.d).
Danés: hjort (deer, orein).
Holandés: hert.
Alemán: hirsch.
(Todos nombres noa como el cervuus latino).
El nombre del alce y el del reno no presentar particularidades (origen germánico y vieja palabra urálica (v.g. alemán, elch y rentier, respectivamente)).
URÁLICO
Finés: poro (reno).
Komi: Kör (reno), iöra (alce), iör (recinto, enclos, clôture).
Quizá livo (préstamo del balto): kōra (piel de animal, fourrure).
Davvisápme (lapón o Same del norte): boazu, plural bohccot (reno(s)). Pelei (reno de tiro).
El húngaro para la designación del ciervo emplea un término de origen iranio: szarv (cuerno), szarvas (cornudo, ciervo). Compárese estonio: sarv. Y finés: sarvi (cuerno).
Para el reno, emplea un nombre compuesto, uraloiránico: rén.szarvas.
El nombre del alce en finés es hirvi (hirv en estonio para designar el ciervo), palabra de origen báltico (pero véase la observación que recoge Ángela Marcantonio “The uralic language family”, 2002, pág. 190, acerca de que un número significativo de los considerados préstamos bálticos en urálico proceden de viejos dialectos satem indoeuropeos). En estonio: pôder es alce, y pôhja pôder (alce del norte), reno.
Čunče (lengua hablada en la región autónoma de Chukotia en el extremo oriente ruso): reno es ḳora-ņî (ņî es sufijo de absolutivo que se pierde a menudo en la declinación). Plural: ḳora.t (T permite formar plurales sin contenido semántico).
OTRAS LENGUAS
Mongol: reno es bugǝ (solamente hay renos en Mongolia en un extremo cerca de la Taiga siberiana). Relacionadas con el mongol están las denominaciones del ciervo en Kazako: buĝî, y del alce en kîrgîz: bagîš, ambas lenguas túrquicas. La denominación mongola del yack es sar. Lðg (lðg es un sufijo que incorpora el contenido del radical.
En Sakha /saxa/, lengua túrquica, influida por el mongol y el evenko y hablada en la inmensa República Siberiana de Yakutia, de la Federación Rusa, alce: taįakh. Reno: taba.
En Oseta, lengua irania del Cáucaso: sag (ciervo). Y en georgiano: iremi (ciervo).
En turco, ciervo es geyik, y en farsi, gávazn.
Un término muy interesante y que recuerda la vieja y fuera de uso raíz urálica de reno (como también el orein vasco) es albanés dreri (gego drêni) (ciervo), del griego dialectal dranis (élafωs), según la glosa de Hesiquio (ver M. Huld “Basic albanian etimologies”, 1984, pág. 159).
Si ahora acudimos a los investigadores del nostrático (en la ficha tres alu se distinguió entre la verosimilitud de las correspondencias y la propia hipótesis nostrática), nos encontramos con, en primer lugar, A. Dolgopolski, “The nostratic macrofamily…”, 1998. Nº 5 (pág. 21): * ¿oru (antelope (male) deer) (se simplifica la complejidad dolgopolskyana de signos diacríticos). Además de los reflejos afroasiáticos y dravídicos, se recoge:
Cušítico dahalo: ¿ārōle (alce). Altaico: mongol clásico: orungu, buriato orongo (a kind of small dark antelope with long flat horns). Tungús *oron (reindeer). Ewenki: oron. Nanay: orō (domestic reindeer). Manchú: oron.buxu (id). El segundo miembro o epíteto parece ser el mismo que los términos mongol-kazako-kîrgîz antes vistos.
R. L. Trask, “Nostratic…”, 1999, pág. 171: señala con relación a 5?oru “Basque orein (deer) looks a splendid match, better than some of the comparanda cited”.
Dolgopolski. Nº 36, pág. 41: *gurha (antelope, male antelope) entre los reflejos de esta raíz: coreano medio: korani (deer). Mongol clásico: xgūran (antelope, roebuck).
Nº 37: *¿eli (deer). Entre sus reflejos, el nombre indoeuropeo del ciervo, que vimos antes, y raíces altaicas semejantes como “old turkic elik” (roebuck).
Nº 38: *boča, (young) deer. Uralic: *poča (reindeer). Norwegian lapp (davvisápme boazu, bokccot). Tungusic *butyan (a kind of) deer”. S. A. Starostin (pág. 145 de “Nostratic…”) precisa que las formas tunguses citadas por Dolgopolski en nº 38 son un préstamo del mongol bugu (hoy bugǝ), que vimos antes.
A. Bomhard (“Reconstructing…”, 2008, pág. 611. Nº 580) ?il/?el (deer), iex?el, y altaico xēlv (khv) (deer).
Como conclusión de este recorrido por las lenguas del norte de Eurasia vemos que la palabra vasca para ciervo orein se deja comparar con facilidad con términos urálicos, altaicos (tungús, mongol) chukche, hasta el coreano. Estos términos pertenecen a un substrato cultural muy antiguo de Eurasia oriental y seguramente han sido objeto de difusión y préstamo a larguísimas distancias, variando el animal referente según la geografía que alcanzaban. Hoy el vasco orein, en el extremo oeste de Eurasia, frente al extremo oriental coreano y chukche, cierra un arco histórico y geográfico inmenso.
NOTA INFORMATIVA Nº UNO
Leo un libro dedicado a los pidgins y creoles, editado en 1995 en Ámsterdam y Filadelfia, conjunto de colaboraciones de varios autores, breves noticias sobre lenguajes mixtos, jergas o pidgins (su estatuto no resulta claramente de aquellas, en todo caso, un pidgin no extendido) que fueron empleados por los marineros vascos que faenaban en Islandia y Norteamérica, para comunicarse con las gentes que habitaban las costas de los mares por ellos visitados. Por ejemplo, durante el período 1550-1650 en New Found Land (Terranova) y golfo de San Lorenzo se utilizó un pidgin vasco-montañés (indios montañeses). Y a finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, otro vasco-micma en el S. E. del Canadá. No trae el estudio ejemplos de oraciones y por ello no resulta cuál es la lengua lexificadora y a cuál pertenece la gramática. Pero sí trae breves ejemplos de otras jergas o pidgins utilizadas por los pescadores vascos, concretamente de lo que denomina vasco-islandés utilizado en el s. XVII en las aguas de Islandia. En realidad, el ejemplo que muestra resulta un pidgin anglo-vasco en el que el vocabulario común es vasco (lengua lexificadora) y la gramática, germánica. Seguramente el inglés de los marineros británicos del mar del Norte no era desconocido a los islandeses. El texto vasco dice: eman (dar) ieza.da.zu (aux. imperativo. A mí. Tú) (dame) esne bero.a (leche caliente. Determinativo) eta (y) gurin berri.a (manteca o grasa reciente o nueva. Determinativo).
El texto del pidgin: “presenta for mi berru.a usni.a eta berri.a bura”.
Como se ve el orden adjetivo + nombre es el germánico, contrario al nombre + adjetivo vasco. Hay también adaptación fonética de algún lexema vasco.
En el libro comentado hay un ejemplo de jerga vasco-romaní. Romaní, idioma de los gitanos emigrados en el s. X del N. W. de la India y próximo al punjabí. En este caso el romaní es la lengua lexificadora y la gramática es la del euskera, lo que paraleliza nuestras jergas de canteros y otros oficios especializados y armoniza con el deseo de no ser entendidos y ocultar, en lo posible, un lenguaje secreto. El texto vasco dice: gose.ak ia (hambrientos casi) hil.e.an (en muerte) gabiltza (andamos) (estamos casi muertos de hambre). La jerga “Bakalu.ak.mautu.an gabiltza” (lo subrayado con línea continua pertenece al vocabulario romaní, lo otro, a la gramática vasca).
Poco más sé de la cuestión, que me interesa extraordinariamente y de la que procuraré mayor conocimiento.
Al socaire del estudio de las lenguas malayas en general y, sobre todo, del indonesio, surge un tema que me parece de gran interés: la formación de nuevos lexemas o palabras por el empleo de las técnicas del acrónimo y de las siglas en la composición. Así como la abreviación de vocablos, empleados después aisladamente o en unión de otros. Todas ellas pueden combinarse y de hecho se realizan en una gran variedad de supuestos.
Si uno ojea un periódico, cualquier periódico de nuestro país, se observa fácilmente que las palabras-sigla y las palabras-acrónimo (o su combinación) se muestran en ámbitos muy específicos, sobre todo en el lenguaje político, económico y administrativo-institucional y con un número de ocurrencias perfectamente tolerable para la fluidez y comprensión del lenguaje escrito: PP, PSOE, UP, PC, ONU, BCE, URSS, OTAN… Estas palabras-sigla se pronuncian o se leen en general tal como están escritas, salvo las que resultan equívocas (v.g. UP) o no muy corrientes para la generalidad (BCE).
Palabras compuestas por unión de fragmentos (iniciales o no) de otras, son menos frecuentes que las palabras-sigla. Aparecen sobre todo en el ámbito institucional (el militar, especialmente) donde están plenamente justificadas por la longitud de los sintagmas (Instituto para el Desarrollo de la Paz y la Cooperación Internacional puede escribirse y pronunciarse “Indepacóin”, por poner un ejemplo). Así encontramos IMSERSO, JEMA,… Una palabra formada en parte con una sigla (palabra escrita UVigo) se lee normalmente como el sintagma “Universidad de Vigo”.
La abreviación de las palabras es cosa del lenguaje oral (y coloquial o familiar): tele, bici,… que según la ocasión más o menos todos utilizamos otras como “porfa” en vez de por favor, de uso, me parece mayoritariamente juvenil y femenino, son francamente rechazables. Si hay una tendencia a la abreviación de bases léxicas hay que ponerla en relación con el lenguaje de los mensajes enviados por móviles. Hay una evidente retroalimentación en un sector de la población. En general todas estas nuevas palabras son mulos, es decir, estériles. No presentan derivación, salvo excepciones, y también pocos morfemas (vg. el de plural “los pces”).
Los países que han estado sujetos en Europa a las dictaduras nazi y comunista presentan un número mucho mayor de este tipo de palabras. Destacan la Alemania de Hitler y especialmente la URSS. Hay una clara relación entre un Estado dictatorial y la utilización de acrónimos y siglas que facilitan ocultar con su aspecto neutro, siniestros significados. Utilización que manifiesta también una clara voluntad de poder y de destruir por el totalitarismo la democracia natural de la lengua.
Recordemos, entre las más siniestras en alemán “SS” y “Gestapo”. En la Rusia soviética, este tipo de formaciones léxicas tuvo un enorme alcance en el ruso, en el que además los nuevos vocablos estaban sujetos, en su mayor parte, a la flexión nominal y verbal, y también a la posibilidad de derivación: entre los corrientes para un lector de lengua española: Konsomol, Sovjós, Koljós, PCUS, Gulag, NKVD, KGB, Komsostáf, Komsot, Sovimformbiuró, Politbiuró,…
Pero consideremos ahora el caso del indonesio, con el que comenzamos estas notas. Bajo el régimen autoritario de Sukarno y la larga dictadura de Suhartu se desarrolló con tremenda fuerza una corriente (que continúa en pleno vigor en la actualidad, más o menos democrática) de abreviación de bases léxicas y de composición de nuevas bases mediante el empleo de siglas, acrónimos y de bases abreviadas (también empleadas aisladas). Los especialistas hablan de “glotonería” del hablante de indonesio, por el empleo de estas técnicas que se extienden al conjunto del vocabulario (nombres comunes y propios) y a veces a las partículas y adverbios (palabras-instrumento).
Es imposible leer un periódico si no se conoce este vocabulario artificial. Continuamente surgen diccionarios de siglas y acrónimos para verse superados rápidamente.
Veamos algunos ejemplos de estas palabras “inisial”, “acronim” y “singkatan” (abreviación) que invaden en los cotidianos todos los dominios de la comunicación, de las cuales las más usadas se convierten en nuevas palabras de la lengua: sobre una oración que significa “estar de pie sobre las propias piernas” se formó un verbo-acrónimo “berdikari” (no contar más que con las propias fuerzas, no depender de nadie”. O “repelita” (plan de desarrollo de cinco años, plan quinquenal”. “Neocolim” es neocolonialismo, imperialismo. “Abris”, Fuerzas Armadas República Indonesia. “Orla” y “orba” es orden antiguo y nuevo, con referencia a los tiempos anterior y posterior al dictador Sukarto. También hay “gestapu” con un significado menos siniestro que su casi homófono nazi, pero que también se las trae (movimiento treinta de septiembre, que supuso la matanza de más de medio millón de indonesios comunistas o sospechosos de serlo). No hay institución que no tenga su palabra-acrónimo o -sigla. Pero también ocurre el fenómeno en el lenguaje corriente. “Jardín zoológico” es en indonesio “kebon binatang” (jardín de los animales), el acrónimo es “bonbin”. Estar sin una “pela” se dice con el bolsillo seco, “kantor kering” acrónimo “kanker”. Y así indefinidamente. En el caos de los nombres propios indonesios se encuentra uno con el eufónico nombre de una chica “emarliti”, acrónimo de 6.marzo.53, fecha de su nacimiento.
Todos los nombres geográficos tienen su acrónimo: “Timor timur” (timor oriental) “Timtim”. “Jawa barat” (Java occidental), Jabar. “Kalimantan selatan” (Borneo meridional) “Kalsel”.
El colmo se alcanza cuando un sintagma como “Instituto para la Planificación de la Paz y de la Población” el acrónimo correspondiente es “in.pe.tres” (por las tres palabras que empiezan por P). O cuando se escribe “OKB”, por “Orang Kaya Baru” (nuevo rico).
Como se ve, sin conocer todo este vocabulario es imposible enterarse del contenido de un diario. Desconozco las actitudes de las personas cultivadas frente a esta proliferación de bases acronómicas y en general las condiciones sociológicas en que se desarrolla. Pero creo que, más allá de unos límites, es una grave patología lingüística no solo en el caso del indonesio, sino en todas las lenguas. Una jerga artificial que las bastardiza y que, en la medida que invada el lenguaje oral, conduce a la opacidad de los significados y a velar parentescos con lenguas próximas y con las que hay mayor o menor intercomprensión. Palabras a las que se pueden aplicar los procedimientos de derivación usuales en la lengua, conservándose así la gramática pero con un léxico diferente.
Se unen de esta forma, como apunté antes, dos poderosas tendencias: el intervencionismo autoritario del poder que convierte al toro bravo de la lengua en manso buey para mejor controlar a los ciudadanos y el infantilismo de las comunicaciones y mensajes por móviles en las antípodas de un pensamiento crítico y complejo.
En los periódicos holandeses hay una gran afición por el empleo de abreviaturas, empleo que excede del normal en nuestros pagos. Pienso en una influencia indonesia, al haber sido el holandés la lengua de la potencia colonizadora. Veamos algunos ejemplos: ABN (Algemeen Beschafd Nederlands, para referirse al idioma literario). MN (Met Name, a saber). DMW (Door Middel Van, por medio de). OW (Onder wie, entre los cuales). NOM (Naar Onze Mening, según nuestro parecer). IPV (in plaats van, en el lugar de). AHW (Als het ware, por así decir)… Dan ganas de tirar el periódico y de no leer más.
NOTA INFORMATIVA Nº DOS
MELANESIA
Leo unos libros excelentes de especialistas franceses e ingleses sobre las sociedades de Melanesia y su situación lingüística con el acento puesto también en las condiciones socioeconómicas en las que apareció el pidgin hace cerca de doscientos años que permitió la comunicación entre los europeos (fundamentalmente ingleses y franceses) y los melanesios y también en el seno de los mismos, al relacionarse unos con otros como efecto de la colonización. Téngase en cuenta que en el espacio se hablaban (y aún se hablan en gran número) unas novecientas lenguas, papúes y austronésicas (estas últimas comprenden las malayopolinesias y las melanesias). En el llamado “arco melanesio” constituido por Papuasia-Nueva Guinea, Islas Salomón y Vanuatu (y también Nueva Caledonia, aunque aquí el piogin fue ahogado por el francés) surgió una lengua lexificada por el inglés en más del ochenta por ciento pero de gramática melanesia que se ha convertido en la lengua común de los melanesios de los tres estados independientes, con tres variantes entre las que hay intercomprensión, salvo algún desconocimiento inicial, fácilmente superable (más o menos como ocurre entre el malayo y el indonesio): “Tok pisin” de Nueva Guinea, “pijin” de Salomón y “bislama” de Vanuatu. Esta lengua que como dicen en Vanuatu “bislama blong yumi ol man melanisia” (la lengua de todos los melanesios) ha tenido un éxito extraordinario, convirtiéndose en la lengua materna de la mayoría de sus habitantes o por ellos aprendida, transmitida luego a sus descendientes. Es la lengua de instalación en el mundo, como para nosotros el gallego o el español. Y lengua sin la que no hay promoción social posible. Un no hablante de cualquiera de sus variantes, V.G., habitante anciano de una aldea perdida, es un “buskanaka” o un “busman” (literalmente hombre del bosque o de la maleza). Lengua de evolución dinámica y enormemente rica, es una auténtica lengua melanesia por su gramática, aunque gran parte de su vocabulario es de origen europeo, fundamentalmente inglés, con una gran simplificación de la fonética original adaptada a las lenguas vernáculas. También hay un componente importante de vocabulario melanesio procedente de lenguas diversas.
Como decía un anciano haitiano, hablando del creol de su país, éste es la lengua en que habla la verdad, en la que se expresan los sentimientos sinceros. El francés o el inglés, necesarios para gran parte de la vida pública y oficial y las relaciones internacionales, son ajenos a esta intimidad vital de Haití u Oceanía.
Siempre me ha admirado la existencia de nombres geográficos y étnicos griegos en el Índico Oriental y en el Pacífico y más aún la apropiación por los nacionalistas del área, de los mismos. Es el caso de Indonesia (el famoso juramento de la juventud “satu bangsa, bangsa indonesia” (una nación, nación Indonesia) o de Melanesia (Islas de Negros) del mismo modo que proliferan en el área los nombres de origen español (Filipinas, Islas Salomón, Marianas, Marquesas) e ingleses y franceses, atribuidos por los navegantes que las descubrieron. Fantaseo con navegaciones de los héroes griegos (Ulises, Jasón y los Argonautas) navegando, más allá de la India y descubriendo la Polinesia (las muchas islas).
También es admirable la historia de los navegantes de lenguas polinesias que en unión de sus parientes lingüísticos malayos y melanesios, configuraron un espacio lingüístico gigantesco, en más del noventa por ciento pobladores de islas, desde las montañas de Taiwan y Filipinas hasta Nueve Zelanda y desde Madagascar hasta Hawái e Isla de Pascua.
Por cierto el nombre Maorí de la isla norte de Nueva Zelanda significa “larga nube blanca”. Según la historia tradicional la esposa de Kupe, el descubridor que iba en la piragua que encabezaba la flota que partiera de Tahití, vió y exclamó “una nube” luego precisó “blanca” y finalmente “larga” sobre la tierra que aparecía en el horizonte y ese fue su nombre.
Volvamos a dejar volar la imaginación: un océano del origen del mundo, un planeta de agua sin historia. Es algo más de mediodía. Ra, el sol, en lo alto del cielo. El aire embaraza las velas de la flotilla. Un pueblo de bronce, fatigado pero feliz, observa la costa de una tierra virgen que van a poblar y nombrar por vez primera: “nube, blanca, larga, ao.tea.roa”.
En la entrega de los premios “República Española en Asturias”, antes Princesa de Asturias, 1219, tuve el placer de escuchar el canto haka del equipo de rugbi de Nueva Zelanda, los “All Blacks”. Se trata de un haka que se recita y dramatiza con gritos y gestos estilizados en todas las competiciones internacionales de la selección. Hakas, hay muchos, con diferente finalidad, en este caso, para intimidar al adversario.
El jefe del coro es siempre un maorí y el resto del equipo responde como un coro. Presento el texto maorí del haka y mi traducción, a la vista de otra francesa de y de la que difiere en diversos detalles.
Ka mate Ka mate
Ka ora Ka ora
Tēnei te tangata pūhuruhuru
Nānanei i tiki mal whakavhiti te rā
Ūpane ka ūpane
Whiti te ra, Hi!!!
Es tiempo de morir (dos veces)
Es tiempo de vivir (dos veces)
He aquí el hombre cuyos cabellos brotan sin cesar.
Los días 22 de diciembre de 1919 y 28 de febrero del presente año, aniversarios del nacimiento y defunción de Álvaro Cunqueiro, viajé a Mondoñedo con motivo de la presentación (en la primera fecha) de un ensayo mío sobre Lezama y Cunqueiro y del nombramiento de Víctor Freixanes como cunqueiriano de honra (en la segunda fecha). Mi ensayo y su discurso constituyen los textos número 1 y 2 de la colección “Selva de Esmelle” de la casa-museo Álvaro Cunqueiro. Grato viaje y grata estancia en mi ciudad natal, siempre acompañado por el saber grande y preciso y el entusiasmo y la actividad desbordantes del amigo querido, el profesor e investigador Armando Requeixo, mindoniense como yo y dinamizador del Mondoñedo cultural con un esfuerzo de organización de actos, convergencia de voluntades y publicación de libros que le exigen un tiempo que no sé de dónde lo obtiene, habida cuenta de sus obligaciones como profesor universitario e investigador científico en el “Centro de Humanidades Ramón Piñeiro”. A él se debe, con el apoyo y la voluntad política de la alcaldesa, Elena Candia, que el desconcierto inicial y “los conjuros negativos” a los que me refería en este mismo diario (15.9.19) hayan sido cancelados. La casa-museo Cunqueiro comienza a caminar con paso firme y a cumplir su finalidad de conservar y difundir la imagen y la obra cunqueiriana. Cualquier insuficiencia o carencia existente necesita de la colaboración y el entusiasmo de la “secta” de los cunqueirófilos y de todos los mindonienses. En la medida en que Mondoñedo es la ciudad de un poeta, la ciudad de Álvaro Cunqueiro quien con su obra desprendió del cuerpo material de la urbe otro cuerpo imantado, una imagen que permanecerá siempre en el “centro del paraíso, que es la novela”, todos los mindonienses habitan también, y de modo irrefutable, el paraíso cunqueiriano. Todos ellos deberían ser colectivamente nombrados, un aniversario, cunqueirianos de honra.
Pero esta imagen de un Mondoñedo celestial, en el centro del paraíso textual, desborda de la escritura para invadir la realidad y, desde ésta, hechizar a propios y extraños quienes con su peregrinación robustecen también la economía local. La alcaldesa y sus concejales han comprendido muy bien la importancia económica del llamado patrimonio inmaterial, del turismo cultural y que yo prefiero nombrar con la palabra poesía, la poesía que al enriquecer poéticamente al hombre económico lo adelgaza de las grasas materiales que abonan así los suelos necesitados. Un capítulo de la fundación poética de la economía. Las palabras de Elena Candia, en esta dirección, pronunciadas en el acto de entrega del título de cunqueiriano de honra a Víctor Freixanes, fueron acertadísimas y de clara percepción de la situación. Ocurre además que Mondoñedo no solo es rica en aguas y en latín, también la poética es cigüeña permanente en la ciudad. Esta riqueza literaria debe ser incansablemente estudiada y puesta de manifiesto, a todos los niveles, desde el científico investigador y conservador de archivos y materiales, hasta el expositivo y el del impulso al turismo cultural.
Y este esfuerzo comprende, claro está, la revelación del paisaje, de los conjuntos arqueológicos, de los monumentos, del arte y de la música, de las actividades preclaras de los hijos de la tierra y la historia de ésta.
La presentación de mi ensayo fue en un hermoso salón de la “Casa dos coengos”, el discurso de Freixanes, bien escrito y mejor dicho, tuvo lugar en el Auditorio Municipal. Aquí fue emocionante ver y oír a niños, niños gallegos leyendo, con voces bañadas en la melodía local, textos de “Merlín y familia”. El río de las generaciones que asegura toda esperanza.
Con la amabilidad del tiempo bueno, pude recorrer largamente la ciudad y demorarme con la gente que yo conocí en mi juventud o con sus descendientes. A pesar de los años de separación me reconocí como mindoniense entre mindonienses, un aire común de familia, como si hubiéramos sido invadidos por la imagen de la ciudad cunqueiriana, convertidos en gentes de la Tierra de Miranda que Álvaro Cunqueiro inventó en el sentido etimológico de la palabra, es decir, la hizo aparecer en la escena visible al descorrer las cortinas de lo invisible. Él vió el vuelo de la flecha, disparada desde muy lejos y con tremenda fuerza en marcha irresistible a la plenitud de la imagen, hasta alcanzarlo como horizonte. Por eso, en mi caminar la ciudad, veo otros cuerpos, desprendidos de las cosas y los seres, duren o no aquellas, vivan o estén muertos estos. Las imágenes me interpelan y yo soy una más entre ellas, fuera del tiempo. Me abraza la cordialidad eterna de la imagen, su anterioridad verbo del hombre y entonces la muerte no importa porque aquella prevalece siempre. Cada vez vuelvo con mayor satisfacción a Mondoñedo, una voz me llama y sólo calla cuando sumergido en el río, en el que flotan, y entrechocan suavemente, todas las imágenes que configuran la mía, como desprendida de esta ciudad.
Como siempre permanecí fascinado ante el rosetón de la catedral, un cúmulo estelar, puerta a una dimensión celeste, escudo luminoso del inmortal guerrero que aguarda el ascenso que soñó Cunqueiro al paraíso de la imagen eterna. Como siempre encaminé mis pasos al Barrio dos Muíños, uno de los lugares de la ciudad que amo. Me senté en un banco, junto a la fachada de una blanca casita y escuché en sueños la canción del Valiñadares, atropellándose sus aguas claras para alcanzar el Masma como un Alfeo enamorado. El poeta Díaz Jácome, siendo niño, cayó al río y la rueda de un molino, en vez de serle fatal, lo despidió ileso. No sé si por no gustar de su futura poesía o, precisamente, por respetar a los poetas o por las dos cosas. En todo caso, un río poético como es propio de la ciudad.
En Mondoñedo siempre como en Valeco, en el Barrio dos Muíños o en la tasca, en Alcántara, al lado del monumento a Leiras Pulpeiro. También las pequeñas cosas tienen derecho a su imagen, “el hechizamiento de las pequeñas cosas”, “las delicias del chocolate” que decía Lezama. En ambas casas, de ambiente familiar, reina la imagen que desprende la cocina mindoniense, la sencillez y delicia de la empanada de liscos, el pulpo, los huevos caseros con patatas fritas y chorizo, el raxo, las natillas y la leche frita, el queso y el membrillo. Y el pan, que figura en la trinidad de la abundancia mindoniense, con el agua y el latín.
Antes de marchar volví a recorrer la casa que fue de mi tía Carmiña y en la que vivió mi padre. Las sombras me reconocen y se encienden y los pasos que oigo se mudan en otros pasos. Del cordial y competente arqueólogo municipal, Abel Vigo, en su inteligencia y modestia, un mindoniense típico, escucho claras y detalladas noticias sobre el asiento humano en el valle y sus montes guardianes desde el mesolítico y me enseña en la planta baja un arco de lo que podría ser una cloaca romana que con las obras de acondicionamiento del museo ha quedado al descubierto y cuya existencia nunca sospechamos. Resulta magnífica esta fundamentación romana de la casa familiar que provoca imágenes que aguardaban tras los cortinajes.
Llega el atardecer. Y con él, el silencio que acuna las otras dimensiones de la ciudad y las desliza al sueño. No se puede comprender Mondoñedo sin saborear su silencio. Es como un mágico toque de queda que no impide caminar nocturno, sombra entre las sombras, de las piedras en las que se encienden pequeñas llamas cordiales de la vida cotidiana que se recoge como en un cuento de la infancia.
Decido venir de nuevo a Mondoñedo con el buen tiempo del verano o del otoño, varios días, para poder volver a recorrer, calmosamente, lo que en mi juventud pensaba los “Epiros” o “Tesalias” de la polis: el castillo de aguas de Tronceda y Viloalle, contemplar la serena melancolía del Masma, pisar las tierras duras de Zoñán y de Estelo, contemplar el cielo desde las abas de los montes donde escribí “Beatum corpus”, si puede ser con mi hija para hacer que beba el licor de imágenes que embriagó a su abuelo y a su padre. Cuando pasaba de regreso a lo largo del cementerio viejo pensé que según el texto griego, en el tribunal del Hades que juzga a los muertos, Radamante se encarga de los asiáticos y Eaco de los europeos. Supongo que la tribu de los mindonienses tendremos un juez especial que comprenda los silencios y las tinieblas de nuestros sueños, quizá un juez con imagen de centauro, inclinado a la embriaguez, o de unicornio, flechado por el sueño. En ambos casos no hay dudas sobre su benevolencia.
CRÍTICA. El libro “Artículos periodísticos (1930-1981). Álvaro Cunqueiro. Al pasar de los años.”
Bajo el título indicado acaba de aparecer una antología de textos literarios de Álvaro Cunqueiro publicados en diversos medios, fundamentalmente periódicos, semanarios y revistas durante medio siglo. El autor de la dicha antología es el periodista, ya acreditado cunqueiriano, Miguel González Somovilla, quien, con este tomo, completa los dos anteriores “Álvaro Cunqueiro. Obras literarias.” de la biblioteca Castro y cuyos textos fueron preparados por Xosé María Dobarro Paz.
Desde el punto de vista del libro como objeto, este volumen es realmente bello. No solo la calidad del papel y de la visibilidad del texto (características que comparte con las demás publicaciones de la biblioteca Castro). También el acierto en el breve álbum fotográfico que figura recogido y del que brota un perfume de vida muy atractivo para el lector. A los doscientos textos de Cunqueiro introduce un largo estudio del antólogo (más de setenta páginas), una cronología minuciosa y una bibliografía esencial. Las 722 páginas del libro finalizan con un breve epílogo del mismo Somovilla, una entrevista a Cunqueiro de Umbral y artículos de Cueto y Carantoña escritos con ocasión del fallecimiento e inhumación del escritor.
Con los tres volúmenes de la biblioteca Castro tiene a su alcance el principal destinatario de este tipo de colecciones, un lector no especialmente familiarizado con la obra del escritor de que se trate en cada caso, una visión completa y satisfactoria para asentar pareceres y preferencias. Y en el caso de que el entusiasmo se haya apoderado de él, la sólida base adquirida le permitirá conseguir ulteriores profundidades. Por ello, y recogiendo lo que escribe el propio Somovilla “los libros de la biblioteca Castro no son ediciones críticas y anotadas”, este tercer volumen, en unión de los dos anteriores, cumple con eficacia, e incluso con exceso, las necesidades del usuario apuntado de la biblioteca. Con lo cual cabría poner aquí punto final, saludar la aparición del libro y felicitar a Miguel Somovilla por su trabajo muy largo y generoso en esfuerzos. Piénsese que los textos “han sido editados a partir de los respectivos originales impresos, disponibles en distintas hemerotecas. Una vez localizados y escaneados… se han transcrito de nuevo y se ha cotejado el resultado con las publicaciones primitivas. En ningún caso hemos realizado reproducciones directas de otras antologías periodísticas ya existentes…”
Esta actividad del antólogo ha recaído no solo sobre textos ya publicados en libros sino que, fruto de la misma, ha sido la recuperación de un número significativo que permanecía, inédito en libro, en periódicos y fundamentalmente en revistas, como “Jano” y “Tribuna médica”. Sin embargo, es evidente que Somovilla ha querido realizar y ofrecernos mucho más que lo demandado por las características de la biblioteca de Castro a las que se adaptan los dos volúmenes anteriores de “obras literarias” (basta una ojeada a los mismos para ver la diferencia de ambición). No es ciertamente una edición crítica pero por el esfuerzo en la fijación del texto y la intervención en el mismo (estudio introductorio y agrupamiento temático) el presente volumen excede la pura divulgación. Es por ese plus por lo que no procede poner punto final a la reseña crítica y por lo que se revela necesario entrar en diálogo con el antólogo sobre unas importantes cuestiones que su trabajo suscita sobre la comprensión del texto cunqueiriano. Aparte la problemática ínsita en toda antología, “una aventura” según gusta de repetir Miguel Somovilla.
Procedamos ya al examen del volumen preparado por Miguel G. Somovilla. Primero. Fijación del texto. Sin que ello naturalmente sea una crítica, haber revisado a partir de los originales impresos disponibles en las hemerotecas, con una labor de transcripción y cotejo y sin reproducir directamente el texto de antologías existentes e, incluso, de ediciones críticas magníficas (como las de los textos de “La noche” y de “Sábado gráfico”) se me antoja un trabajo harto arduo y sin que de tal esfuerzo derive una utilidad evidente. Sobre todo para ediciones, como la biblioteca Castro, en definitiva de divulgación. En otras colecciones de divulgación, como los textos clásicos de editorial Gredos se sigue el texto fijado en una edición crítica, cotejado con otros, eso sí, acompañado de abundantes notas que se echan de menos aquí, si se tienen en cuenta las necesidades de un lector medianamente informado.
Y, además, este esfuerzo de fijación del texto, con relación a los artículos de las revistas “Jano” y “Tribuna médica” no excusa tal trabajo en futuras ediciones críticas de los mismos, que serán necesarias al no realizarse el estudio y recogida íntegra de los textos, como es lógico en una antología. Pero ello pone más de relieve el esfuerzo enorme de fijación de textos ya conocidos y que pudo aplicarse, por ejemplo, a la anotación de los singulares relatos.
“Toda antología es una aventura”. Sobre todo si el escritor es poco conocido pues puede determinar, más o menos largamente, la visión que se tenga del autor. Este riesgo no existe en el caso de Cunqueiro, bien conocido de los especialistas y de los lectores apasionados. Por ello, en este caso, la aventura, lo es para el antólogo que asume el riesgo de proporcionar una visión insuficiente de la creación antologizada. Con frecuencia, la antología revela el sesgo que imprime la profesión del antólogo e, infrecuentemente, la rica variedad que justifica la pluralidad de interpretaciones del autor concreto. En el caso de la presente antología me sorprende una primera ausencia, de los textos que constituyen la serie del “Imperio secreto” esparcidos aquí y allá, no muy numerosos (no llegan a las dos docenas, más si se incluyen otros que, sin ese título, entran en la gravitación de éste) pero que son fundamentales en la visión cunqueiriana del mundo. Ellos iluminan el pensar de Cunqueiro con luces otras que las del resto de su obra y ello, pienso, es una omisión relevante de la presente antología el hecho de que no figure ninguno. En cuanto a los demás textos recogidos (dejando aparte los de “Jano” y “Tribuna médica”, que figuran casi completos por ser la mayoría inéditos) es evidente que es riesgo y beneficio del antólogo su libertad de elección. Sí diré que, en mi opinión, predomina un punto de vista realista en la selección en perjuicio de aquellos que constituyen el texto paradisíaco cunqueiriano, es decir, en los que reina el albedrío de la imagen, en los que el tiempo desaparece transformado en un espacio en el que se yuxtaponen, épocas, culturas, personajes, cosas, sucesos, espacios que a su vez se enrolla o desenvuelve como un tapiz. Los artículos que podemos calificar de periodismo literario de Cunqueiro, tienen una presencia acusada, sobre todo en el primer apartado temático “En el principio fue el verso”, también en el apartado de “La ruta Jacobea”. No obstante su interés y permanencia indudables, no dan cuenta cabal del auténtico Cunqueiro y no muestran la continuidad de las obras mayores y los relatos breves. Diría que la cualidad de periodista del antólogo ha influido decisivamente. En mi opinión es preciso separar en lo publicado por Cunqueiro en medios, no sólo los poemas, como es obvio, sino también lo periodístico (por importante que sea y digno de recogida) de los textos literarios, cuya significación queda diluida, en caso contrario en la masa inmensa de “artículos de Cunqueiro”. De estos diremos más a continuación.
Alguna reserva me merece la articulación de la antología en apartados temáticos. La objeción no incide tanto en el número de los mismos (el mismo Somovilla señala que podrían ser más o que un texto concreto puede plantear problemas de encaje) como en el principio mismo de articulación temática. Es claro que una edición crítica tiene que ser cronológica (sin perjuicio, quizá, de eventuales índices temáticos complementarios, de alcance variable según la índole de los textos recogidos). En el caso de Cunqueiro, ideal sería (pero casi imposible por razones obvias) realizar sobre la base de las ediciones crítico-cronológicas particulares, una edición que articulara cronológicamente la totalidad de los “artículos” cunqueirianos.
Pero también en una antología como la que comentamos la agrupación temática tiene sus riesgos, fundamentalmente el de no ser fiel al movimiento creativo del escritor y muy especialmente en el caso de Cunqueiro.
En Cunqueiro hay indiferencia (como en Lezama) a la distinción entre texto breve (artículo en sentido formal) y libro. Su diana es el relato breve. También en poesía lo primero es el poema, aislado o formando una serie. El libro es artificial en la poesía cunqueiriana, siempre debido a un impulso externo, y lo es también en parte de su prosa, atravesada siempre por lo que podríamos llamar “el descanso del camellero”, el placer de contar, rodeado de amigos o compañeros, lo que implica el acento en la brevedad de la narración y explica las escenas teatrales que entreveran sus obras. Por otro lado, sus textos en periódicos o revistas muestran relaciones con sus poemas, también publicados en medios, relación en primer lugar cronológica que se explica porque sus preocupaciones o entusiasmos de cada momento, reflejados en su prosa, exigen con frecuencia el poema, la destilación poética para la satisfacción de su expresión.
Creo que una parte esencial de los textos aparecidos en medios periódicos constituyen un inmenso diario (y a esa voluntad de diario aludió alguna vez Cunqueiro) que como tal no puede ser falseado por agrupaciones temáticas que no solo interrumpen sino ocultan el caudal vivo del diario ver y experimentar el mundo. Aparte de invisibilizar la mencionada correspondencia con la sucesión de los poemas. Las agrupaciones temáticas constituyen una suerte de libros artificiales no queridos por el autor que dependen del capricho del antólogo de turno y que cortan el cordón umbilical que une a todos los componentes de ese diario. Por ello, incluso en una obra de divulgación el principio cronológico es exigible, sin perjuicio en su caso de un índice temático. Principio cronológico al servicio de lo esencial, el mostrar el fluir de ese diario, el cunqueiriano, lo que elimina de la escolma o antología todo lo que no lo integre. Mientras la agrupación temática oculta la fina cintura por la acumulación de anillos e invisibiliza el vuelo de la flecha, sustituido por cómodas y banales áreas de descanso para el lector perezoso. Digamos también que el carácter multitemático de los textos de Cunqueiro sobarda o desborda el apartado concreto, convertido en lecho de Procusto o, en el mejor de los casos, por la dictadura del tema, se oculta la polifonía del texto.
Tengo que reconocer que mi rechazo a los apartados temáticos sufre excepciones: en el caso de series, como la del Imperio Secreto, que expresan fundamentales concepciones cunqueirianas, es necesario un estudio particular de las mismas, articulado, eso sí, cronológicamente. Por otra parte, en el caso de la antología de Somovilla, por un lado se recogen artículos, como los que integran la “Ruta Jacobea” claramente de periodismo literario y que constituyen una unidad por lo cual esa agrupación parece justificada (teniendo en cuenta, además, que cada texto figura con su fecha). Por otro, si recordamos lo dicho antes, sobre el predominio de artículos realistas, del género de periodismo literario, sobre los puramente literarios que llamo textos paradisíacos o literatura del paraíso en los que palpita la voluntad de diario, y donde vemos el fluir de la creación cunqueiriana, en el libro comentado, el riesgo de una mala comprensión o de una comprensión insuficiente de Cunqueiro se aminora grandemente. En fin, habría que estudiar caso por caso.
Pero en general, una antología temática, además del riesgo de infidelidad al autor, ofrece, se quiera o no, una oferta literaria, un buscador de citas, no en vano es la fórmula preferida por editoriales que rechazan, por no comercial, el criterio cronológico (experiencia por la que he pasado).
Otra observación en relación con la presente antología y el carácter de los textos cunqueirianos en medios, es su presentación y calificación como “artículos periodísticos” lo que resulta ya del título de la antología. Relacionada con esta cuestión surge otra, menor sin duda, pero que adquiere interés en virtud de un falso silogismo, es la de si Cunqueiro fue periodista: el silogismo: Cunqueiro fue periodista. Una parte de su obra aparece en periódicos en forma de artículos. Luego Cunqueiro escribió artículos periodísticos (por mucho que se emplee el sintagma “periodismo literario”). Se consuma así una apropiación desde el ámbito del periodismo y un tratamiento periodístico por profesionales del periodismo. Vayamos por partes.
Las fórmulas ecuativas “X es Z” de nuestras lenguas inducen a equívoco, confunden, diríamos, la profesión o el trabajo con la vocación o el destino. En las lenguas eslavas por ejemplo no se dice “fulano fue X” sino “fulano devino o resultó en…” (caso instrumental). En español o en gallego mejor diríamos en los casos de diferenciación entre trabajo y vocación “fulano trabajó como… pero fue X (v.g., escritor)”.
Sin duda hay la noble vocación del periodismo y entonces es legítimo decir “X fue o es periodista”. Siempre es magnífico que coincidan profesión o trabajo y vocación. Pero la no coincidencia del trabajo y de la vocación puede implicar un drama para esa última. En el caso de Cunqueiro trabajó como periodista (con o sin carné) y los periodistas pueden juzgar la idoneidad de su trabajo. Pero su vocación o destino fue ser poeta. El trabajar “como” no afecta al ser. Y no hay desprecio alguno a ese “como” si no un simple no confundir cosas radicalmente diferentes. La evidencia no necesita más explicaciones. En cuanto a los llamados artículos de Cunqueiro. Es obvio que Cunqueiro escribió numerosos artículos periodísticos. Unos, los menos, de compromiso o puramente coyunturales. Otros, los más de valor permanente. Pero sin considerar tanto el número como la significación, la masa nuclear de esos textos, lo que llamé el diario de Cunqueiro es pura literatura y calificarlos de periodísticos supone ocultar la radical originalidad del proyecto de Cunqueiro. No hay que confundir el vehículo formal (el periódico o la revista) con el contenido (un poema, una novela publicada periódicamente, los textos literarios de Cunqueiro). No hay que preocuparse aquí de la distinción en cada caso de “periodismo literario” y literatura. La realidad de la distinción es evidente. Ignorarla en el caso de Cunqueiro es traicionarlo. Es obvio que Cunqueiro escribió y fue también un maestro en el género de lo que se suele llamar “periodismo literario”, nombre quizá no muy afortunado (otros serían preferibles, ensayo, crónica, textos breves literarios, también de otras disciplinas). Pienso que solo una parte de lo publicado en medios tiene carácter puramente periodístico, calificativo reservable para la mayor parte del trabajo de los profesionales de la información, en su actuación como tales y que en los demás casos se trata de ensayos, crónicas, retratos cuyo valor literario puede ser permanente, o lo más frecuente, digno de caer en el olvido.
La antología comentada insiste en el calificativo periodístico: desde el propio título en adelante “el articulismo como una de sus actividades profesionales más genuinas”, “incansable escritura periodística”, “obra periodística”, “articulismo cunqueiriano”, “periodismo literario”, “colaboraciones periodísticas”, “universo periodístico cunqueiriano”, “despedida periodística”, “vida periodística de Cunqueiro”…
Quede claro que al negar el calificativo de periodístico a una gran parte de los textos cunqueirianos publicados en periódicos no se trata de menospreciar la escritura periodística ni, incluso, negarle su carácter, en los mejores casos, de género literario. Pienso, v.g., en la columna de Umbral y otras muchas, que merecen perdurar y ser recogidas en libro. Pero gran parte de los textos cunqueirianos son otra cosa, literatura, sin más. Lo dijo cunqueiro “transformo la urgencia en literatura”. Y hay que atender a su afirmación de la “incompatibilidad de periodismo y literatura” en el sentido de que un ejercicio profesional, como tal absorbente es un claro obstáculo a la obra de creación. Pero también hay que tener claro que la utilización del vehículo del periódico por la literatura cunqueiriana no transforma a la parte más significativa de la misma en columna umbraliana de periodismo literario, por muy alta que sea la estima que éste nos merezca. Como no transforma en periodismo literario la obra de escritores publicada fragmentariamente en periódicos o revistas. En el caso de Cunqueiro cabe añadir, además, que la perfecta adecuación del texto cunqueiriano a las exigencias de espacio del medio favorece la asimilación por el calificativo de “artículo periodístico” que lleva después a la de “periodismo literario” y que es válida solamente para una parte del conjunto. Pero esta confusión olvida la razón de la adecuación. La metáfora, que crea el texto paradisíaco cunqueiriano, hace surgir la imagen “con su resistencia de piedra y transparencia de agua”, lo propio de la imagen es la brevedad de la llama. No podemos vestirla ni adornarla, lo escribió para siempre Juan Ramón verbo de la rosa.
Por lo que respecta a otros aspectos de la antología comentada, hay que destacar la excelencia de la cronología y del largo texto introductorio en unión del breve epílogo que expone, actualizado y equilibrado, el saber tópico sobre Cunqueiro, tópico en el sentido de estado actual de la cuestión, sobre múltiples aspectos de su vida y obra, no sin aportaciones y enfoques propios. También es de destacar la ponderación de los criterios de edición.
En definitiva, la presente antología, no solo constituye formalmente, como ya dijimos, un hermoso objeto cultural que deja sin fundamento la ambición de dominio del libro electrónico y manifiesta, testigo irrefutable, el alcance de la pérdida si desapareciere el libro clásico. Cumple también, y con exceso, con las finalidades pretendidas por la biblioteca Castro. Recoge, además, un número significativo de “artículos” inéditos, cuyo texto queda fijado y que serán base utilísima para una futura edición crítica de los mismos. Por sus características, que comentamos, esta antología, que es mucho más que una antología, se convertirá en instrumento de uso frecuente, no solo de todo tipo de lectores, sino de los especialistas en Cunqueiro cuyo trabajo facilita extraordinariamente. En fin, en cierto sentido, la presente antología se alza como la última antología cunqueiriana posible o necesaria. Corona el ya largo proceso antologizador de la obra cunqueiriana y al mismo tiempo lo clausura. A partir de ahora, y sobre la base del anterior se abre otro proceso, el del estudio del proyecto literario cunqueiriano: el estudio del mundo de Cunqueiro, su proyecto utópico y el de su texto como espacio de realización del mismo.
“CUNQUEIRO Y LEZAMA. LA LUZ DE UN MUNDO QUE SE ALEJA”
3ª parte, A “Poética lezamiana y texto paradisíaco cunqueiriano”.
(La primera parte de cinco constituida por “texto mítico griego”, “Preámbulo” y “Cunqueiro y Lezama, vidas paralelas” constituye la entrada 23.1.20 de este diario. La segunda parte “Un mundo común” fue publicada en 26.2.20 en este diario).
Como ha sido consignado anteriormente son múltiples los textos en los que Lezama desarrolló y sistematizó su poética de la imagen. Y, sin embargo, hay una distancia (ya observada entre los lezamianos) entre aquella y su realización en su obra narrativa y, especialmente, en su poesía, blanco elegido de aquella. Cunqueiro, como también se dijo, no desarrolló sistemáticamente la suya, sino fragmentariamente y principalmente disuelta en el material narrativo que es preciso filtrar para que brille el oro de su visión poética. Poética sumergida que resplandece en el fluir de las aguas de su obra. Fundamentales, sobre todo, “El año del cometa”, un texto en el cual Paulus, alter ego de Cunqueiro, expone ideas decisivas sobre el soñar y el imaginar. No faltan tampoco textos, en las entrevistas al escritor, que aclaran y completan su poética, textos importantes para su poética del texto paradisíaco.
Pues bien, mientras Lezama, caminante llegado a la orilla del Puraná, el río del paraíso, vió, sí, hervir sus aguas y sobre ellas se inclinó, como Narciso sobre el agua de la fuente, pero no pudo alcanzar las puertas del paraíso, tan claramente contemplado en la teoría, perdido en el camino infinito de su poesía, fragmentado hasta la exasperación microscópica y relacionado cada fragmento con una selva de asociaciones de dimensiones astronómicas, Cunqueiro, de golpe, sencilla y franciscanamente, sin aparente esfuerzo, tal la música de Mozart, que tanto amaba, creó el texto paradisíaco, realizando así la poética lezamiana y su proyecto de “habitar la ingenuidad de un nuevo paraíso”.
Entre tanto Lezama, insisto, en su búsqueda de “la ciudad tibetana estelar donde el hombre dialoga con el búfalo blanco” (otro nombre del paraíso), la perdía por velarla su propio caminar, si bien nos dejó, en la floración amazónica de su asociacionismo, fabulosas ciudades poéticas sublunares, “con la dureza de la piedra y la transparencia del agua”, atributos para él los propios de la poesía. Esto lo veremos más clara y demorado en la parte quinta de este ensayo.
Si navegamos, siguiendo la corriente de los ríos de textos de Lezama y de Cunqueiro, oímos con facilidad la melodía única de sus voces diferentes, que se complementan armónicamente. Y la primera isleta con la que tropezamos es la afirmación de Pascal, que Lezama sitúa en el centro de su sistema poético: “como la auténtica naturaleza se ha perdido, cualquier cosa puede ser naturaleza”, y añade Lezama “el hombre coloca la imagen en lugar de la naturaleza perdida” y “frente al pesimismo de la naturaleza perdida, la invencible alegría en el hombre de la imagen reconstruida. Por la imagen el hombre se reconcilia con un mundo armónico que le ha sido arrebatado”.
Es obvio que, para hablar de naturaleza perdida, tiene que haber naturaleza. Y naturaleza solo la hay con la cultura, es decir, con la aparición del ser humano. Antes de éste no hay naturaleza, habrá cualquier cosa, pero no naturaleza. Ésta está configurada culturalmente y la cultura se ha desarrollado, por lo menos hasta hoy, en el seno de una naturaleza, amenazada, eso sí, por la imposición de un hábitat artificial y tecnológico del hombre. Cuando entramos en un bosque virgen que, como tal, no existe, entramos y lo vemos, lo olemos y lo sentimos con toda la historia cultural de la humanidad, con todo el bagaje de mitos, historias, leyendas, experiencias, saberes, alegrías y temores. Grávidos de imágenes atravesamos y configuramos culturalmente la fisicidad del bosque, sea lo que sea esa fisicidad desde el ámbito de la teoría del conocimiento o de las ciencias físiconaturales que también determinan, modelizan esa fisicidad. Antes del hombre no se puede hablar de naturaleza, ni siquiera del “silencio de la prehistoria” (Moravia) anterior a la aparición del “homo loquens” ya que silencio solo lo hay en la cultura, silencio que permite escuchar una voz, el ruido de una hoja que cae o el cauteloso pisar del tigre.
Se ha escrito sobre la probabilidad de que, en un primer tiempo de su juventud poética, Lezama identificara la naturaleza perdida con la expulsión del paraíso teológico y que, perdida esa naturaleza paradisíaca, surgiera esa sed infinita de reintegración al paraíso. Puede ser. Fuentes irracionales de la nostalgia infinita puede haber muchas en el hombre, incluso el nacimiento como expulsión de un paraíso. Pero aquí el concepto de naturaleza perdida que nos interesa y que es el motor de la reintegración armónica por la imagen de los textos lezamianos y cunqueirianos es ese mundo que nos llega, fundamentalmente desde el neolítico, atraviesa los siglos y los milenios y nos llega afectado por las sucesivas revoluciones industrial y tecnológica, hasta el desarrollo digital de hoy con el dominio de la globalización y la destrucción del medio ambiente, lo que permite contemplar con facilidad un ámbito humano de residencia predominantemente tecnológico y la desaparición de la naturaleza que ha rodeado siempre al hombre. Y, naturalmente, tal como lo conocemos, no va a salir indemne de “estos procesos de economía agresiva y depredadora que olvida colocar en el centro de las actividades humanas la calidad de los bienes comunes, sociales y ecológicos”. La posibilidad de aparición de un modo de ser humano diferente, con otros valores (“videmus alterum populum iam esse”, el senado romano en el asunto de la represión de las Bacanales) debe ser considerada. Pues bien, contra este proceso de destrucción de un mundo se alzan Lezama y Cunqueiro y así el hombre introduce la imagen para reintegrar la naturaleza perdida, reintegración que también se procura desde otros ámbitos (científico, cultural, activismo ecológico…). Pero aquí corresponde hablar de la imagen, de la imagen poética (“la poesía es el reino del milagro”, Valery) como componente esencial de ese proceso de reintegración armónica y de salvaguarda del ser humano, frente a la deriva actual. Y hablar de la imagen presupone el lenguaje que clasifica el flujo, aparentemente caótico y confuso de la experiencia, en unidades discretas y con ello es “conditio sine qua non” de la sociedad humana y, en consecuencia, del hombre. Pero, además, el “homo loquens” es, como hablante, un ser poético y metafórico que tiende esencialmente a extender la imagen sobre la naturaleza, como la noche se extiende sobre el día. Se confirma así que la naturaleza es “ab initio”, lenguaje, por ello imagen ya que el hombre como lengua es una fuente continua de imágenes, un fluir que no cesa. Sin embargo, solo en los poetas (mejor en el pensar poético del que la poesía es uno de los vehículos) puede la imagen desenvolver toda su capacidad de milagro, aunque en potencia esa capacidad se halle presente en todos los seres humanos pues todos estamos constituidos lingüísticamente y la metáfora forme parte de nuestros dones. “El cuerpo segrega imagen como el caracol formas en espiral inmóvil” (Lezama) y todos comprendemos la metáfora.
“La imagen es el instrumento cognoscitivo por excelencia” (Lezama) y “lo maravilloso comienza cuando surge una iluminación no habitual de lo real (Carpentier). De nuevo Lezama “la distancia tiene que engendrar su propio rostro… Toda metamorfosis en el hombre sólo puede verificarse en la metamorfosis espacial que desplaza…”. Las cosas, los seres, las ideas y los fenómenos o los sucesos se nos muestran separados por distancias espaciales o temporales, cortas, largas, incluso inconmensurables, como un universo fragmentado. Estas distancias podemos cancelarlas con la metáfora: metáfora, “llevar más allá”. La metáfora como vehículo de transporte (en neogriego “metaforiká mesa”, medios de transporte). Hölderlin relacionó al poeta con el comercio del naviero que comunica lo más lejano con lo más cercano: “Siehe! Da löste sein Schiff der fernhinsinnende Kaufmann, froh, denn es wehet’ auch ihm die beflügelnde Luft und die Götter liebten so, Wie den Dichter, auch ihn, dieweil er die Guten gaben Eer erd ausglich und fernes nahem vereinte” (¡Mira! Allí soltaba su nave el comerciante que contempla la lejanía, contento, pues también para él sopla el aire estimulante, y los dioses lo aman, también a él porque equilibra los dones buenos de la tierra y une lo próximo a lo lejano”).
Lezama: “la metáfora y su resultado la imagen es la red más poderosa para atrapar lo fugaz y el animismo de lo inerte. Extraemos de su cosmos un objeto y lo transportamos a otro, bajo cuya gravedad vibra y se ilumina de un modo nuevo” pero la aparición de algo nuevo en la órbita de lo que acoge también hace vibrar e ilumina el puerto de destino. Las dos caras del signo lingüístico determinan la imagen que transporta la metáfora: el significante, las connotaciones de la imagen y el significado, (el conjunto de semas, variable con cada persona y cada cultura) la imagen. La empresa de transporte que es la metáfora modifica perdurablemente la imagen transportada que nunca volverá al estado anterior a su viaje. Se ha enriquecido para siempre. Como se enriquece la imagen que abre sus puertas a la metáfora. “Dientes” y “perlas” tienen un antes y un después tras el nacimiento de la nueva imagen “dientes como perlas”. Como la cópula sexual que lleva al espermatozoide al óvulo y origina un nacimiento, el transporte metafórico engendra una iluminación nueva, una nueva imagen que como una estrella que dilata su circunferencia abarca el ámbito de la comparación y anula la distancia entre las cosas.
El poeta como arquero. Tensa su arco, dispara y salva la distancia. El nuevo rostro engendrado cancela la lejanía entre el lugar de liberación de la flecha y el horizonte herido. En un texto aristotélico hay reflexiones decisivas sobre el poeta como arquero y el éxito de su disparo: “hay que disparar desde lejos y con fuerza para dar en el blanco”. “Ley de la poética y no de la balística”, se ha dicho. Cuanto mayor la distancia anulada, mayor la iluminación de la imagen surgida del lanzamiento metafórico. (Traigo aquí unos ejemplos de Cunqueiro arquero: “libro de venenos, encuadernado en negro como Felipe II” y “las croquetas se retorcían en la sartén como herejes en la hoguera de la Inquisición” o “el camino se echaba a sus pies como perro amistoso”). Sí. Al fijar la línea del horizonte para su flecha, el arquero “dilata las fronteras”. Una fuente islandesa dice: “el brazo que me mata es corto pero el venablo es largo”.
Después que la flecha ha alcanzado su horizonte nuestra percepción del cosmos ha cambiado y se ha enriquecido. Escribe Aristóteles que la esencia de la poesía es revelar las relaciones, desvelar el ser que hubiera podido permanecer oculto, si no fuera por el poeta. Esta reintegración del universo, aparentemente fragmentado, por medio de la imagen es la esencia de la metáfora poética que penetra la oscuridad circundante y la ilumina. Todas las luces se encienden a su paso. Y observemos esta doble actividad del lenguaje: clasifica y distancia y simultáneamente aproxima y unifica.
Cunqueiro: “al final, en nuestras invenciones, damos un rostro más complejo del mundo y más veraz”. “Las cosas todas, además de su rostro, el haz, tienen una cara secreta, el envés, que a veces es la más significativa y aquella por donde el suceso o el objeto pueden relacionarse con otros igualmente singulares e, incluso, prodigiosos”. “La filosofía no consiste en saber si son más reales las manzanas de este labriego, o las que yo sueño, sino en saber cuál de las dos tiene más dulce aroma”. (Menciono ahora el tema del soñar, para desarrollarlo en otra ocasión, como actividad metafórica). Lezama: nuestro auténtico ser es la vivienda en la imagen, la unidad más profunda entre lo estelar y lo telúrico, la imagen como tejido de la noche”. En la base del sistema poético lezamiano es la imagen la única vía del hombre para relacionar lo visible y lo invisible y para lograr la intersección entre dos mundos, eliminando todo dualismo y el mayor “la contraposición real/irreal”. “El sentido que revela la imagen nos transporta a la mañana del mundo, como un ciervo que sorprende el momento en que un río secreto aflora a la superficie”. Y añado algo decisivo, las imágenes que como un boomerang vuelven hacia el arquero cuando la flecha acierta en “la línea del horizonte” son las imágenes que salvan ese mundo amenazado de desaparición, esa naturaleza perdida, pues solo en un mundo poético es posible el vuelo de la flecha de la metáfora. Son esas imágenes las que multiplican, al desvelar y revelar, los enlaces comunes y con ellas se hace frente a la amenaza de la metástasis de los desarrollos antipoéticos de hoy. En palabras de Lezama, “la concordancia universal de la metáfora es la reparación por el hombre del daño que causó”. Es la afirmación del fundamento poético de cualquier mundo imaginable que podamos calificar de humano y, a partir del cual, cualquier desarrollo científico o tecnológico pierde el carácter tóxico que en ausencia de tal fundamento lo domina. Así el arco del poeta (Tokson en griego antiguo) cancela esa toxicidad mortal.
Dijimos que la metáfora busca y halla vínculos ocultos entre cosas separadas por abismos de tiempo, espacio o sentido. Se abole así el causalismo unilateral de lo sucesivo histórico. En el milagro de la imagen, en la reintegración de los fragmentos que es el paraíso, la causalidad se genera, no solamente por la relación causa-efecto, sino por otras relaciones, v.g., “la vivencia oblicua” lezamiana, en virtud de la cual un acontecimiento posterior aclara uno anterior, “una expresión contemporánea revitaliza el pasado, un escritor contemporáneo influye en la interpretación de otro del pasado. “Muchos creen que las influencias se presentan de causa a efecto, en la sucesión cronológica, y muchas veces la aparición de un poeta posterior recrea esas influencias. Las influencias no son de causas que engendran efectos, sino de efectos que iluminan causas” (Lezama). El tiempo se evapora, la dimensión temporal como la espacial, desaparecen del texto paradisíaco, “el hombre responde con el arbitrio de la imagen al determinismo de la naturaleza”. “La liberación del tiempo (y del espacio, añado) es la constante más tenaz de la sobrenaturaleza”. Es decir, del reino de la imagen, del texto paradisíaco. “Todo lo escrito en un libro vive simultáneamente” (Cunqueiro).
La imagen que florece en el texto paradisíaco tiene otro efecto decisivo, la superación del dualismo entre lo real y lo irreal. “La simple potencialidad de la imagen basta para crearle su gravitación”. El poeta se adelanta como guardián de la sustancia de lo invisible. “Es muy posible que el primer animal volador fuese inventado, imaginado por el hombre antes que existiese en realidad” (Cunqueiro). Y la luz es el primer animal visible de lo invisible (Lezama).
Este poder aniquilador del tiempo y del espacio de la metáfora y de la imagen que se alza sobre la distancia abismal, instantáneamente, (pensar en velocidad resulta inadecuado) presupone en aquella un enorme poder destructor. “El máximo poder destructor concebible” (escribe Cunqueiro) que se refiere también “al apetito de destrucción del soñador”. Y se pregunta: “¿puede existir una ciudad, sin reducirse a polvo, si hay en ella un soñador?”. Destrucción de apariencias y distancias, la piedra se dobla y nos entrega su resistencia, el horizonte se acerca y se abre para mostrarnos el oro de las imágenes que guarda. Destrucción que desborda de riqueza, riqueza de la resurrección, todos, vivos y muertos, avanzan, vestidos de la fantasía inagotable que el albedrío de la imagen regala. En la ciudad cunqueiriana que se alza en el centro del texto paradisíaco, el envejecimiento y la muerte son reversibles, los muertos vuelven al vecindario, épocas y espacios se yuxtaponen. Todo “se desprende de los anillos de su forma correspondiente” (Lezama). Desprenderse, desnudarse hasta el reposo en el éxtasis de lo homogéneo que constituye el paraíso poético donde hay identidad entre dioses, hombres, demonios y cosas, a través de las series infinitas de transformaciones. La ciudad paradisíaca cunqueiriana es un ejemplo único. Como fruto de este éxtasis de lo homogéneo, el vecindario de la ciudad cunqueiriana carece de psicología individual, sus habitantes son arquetipos. Y en la Habana de Lezama, su voz se alza y habla idéntica a través de todos los personajes de Paradiso y Oppiano Licario. Casa de la imagen que es la casa del poeta. “Su casa era el espacio de la mañana. Su cuerpo se escondía en la casa de las imágenes y luego reaparecía idéntico y semejante a un fragmento estelar… La magia que he percibido siempre en toda morada del hombre como el resguardo del caracol que ofrece sus laberintos defensivos a la embestida de la marina nocturna… Encontrar la sombra imposible y hacerla habitable” (Lezama). Imposible: como imposible conceptúa la casa del poeta quien ha sepultado su potencial de arquero. Y no ve el milagro, el arco que vibra, bañado en luna, y la flecha que cabalga el arquero hacia su horizonte y como “se borran todas las perspectivas tocables”. Se rompe el frasco y se derrama la ausencia de toda referencia para mejor aislar el vuelo de la flecha. En el súbito de la caída de la flecha más distante en su horizonte, parece surgir de la nada su creación: “la segura marcha en el abismo” al evaporar la imagen una abundancia inabarcable.
Beatriz pasa
Pasan los siglos, caravana insomne,
Vacuno que azuza el pastor del viento,
Barro, gritos, estruendo, confusión,
Mugidos, sin descanso, hacia las puertas
Del abierto recinto del olvido
Donde todo se calma y apacigua.
Un silencio sin noches y sin días.
Mientras, los que andamos sobre dos piés
La tierra, alzamos nuestra estatura,
Como un semidiós, a la muerte ajeno,
Y su fatal memoria no pensamos,
La vieja enemistad de sus archivos.
Vivimos en una dulce embriaguez,
Es la copa de Beatriz la causa,
Que nos aleja de la imagen clara
Del país que no sabe de retornos.
Es Beatriz un manantial de niebla.
No hay días en el siglo, ni en los días
Horas, en los que Beatriz no pase,
Beatriz pasa siempre, siempre cerca,
Hace ochocientos años de su paso
Por Florencia, suceso de inmortal
Recuerdo. Pero ha pasado antes
Y después, pasa y seguirá pasando.
Qué lugar en la tierra sin su paso?
Beatriz asomada en la ventana,
Beatriz en la calle y en las plazas,
Un sereno mirar y la sonrisa.
Beatriz es un enigma. Inútil
Preguntar por la variedad que muestra
En la figura, Beatriz se viste
De todas las respuestas que imaginas.
Y contodo, no habrá duda ninguna
Si pasa Beatriz y al pasar mira.
Entonces, un eco nunca oído,
Un repentino incendio de mil luces,
Brisas de puras, altas extensiones,
Se abre tu ser, las puertas se retiran,
Beatriz está en el umbral. Espera.
Un destino en sus ojos te interpela.
Cualquier tiempo anterior es cancelado.
Se funden dos en la mas grande imágen,
Dureza transparente de la piedra
Que se fija y se adentra en el espejo
Por senda solo por amor sabida.
Y no importa el romperse del espejo,
Los agudos cuchillos de sus vidrios.
Aunque los cubra sangre muy antigua,
Que traspase los filtros del olvido,
Son huerto para el florecer del verso
Y el retrato del arte,la más alta
Memoria de Beatriz, testimonio
de una eterna belleza entre nosotros.
Por escuchar de Beatriz el canto
Seremos canción pese a la ceniza
Y haciéndonos brotar alas de fuga
Que quiebren un instante las oscuras
Servidumbres al polvo y a la muerte
Beatriz siempre seguirá pasando.
Manera de morir
(“La perfección muere
arrodillada” Lezama)
No quiero en lecho mi lugar de muerte,
Debilidad rendida del anciano
Que exhibe su final, anticipado.
Y no siendo oriental, arrodillado,
Disposición que pide una cultura,
Y también su horizonte de morada,
Que no siento. Quiero morir sentado,
Asiento que no sean mis talones,
Que añaden incomodidad al trance,
Si no cómodo asiento, mi sillón
De todo día, papel, libro y lápiz
En la mano, libros en el regazo
Y a mi lado, que muestren a la muerte
Claramente, su atroz impertinencia.
Elijo horas de tarde de verano
De honda conversación con mis vecinos
En los alegres barrios de bibliópolis,
Ciudad natal. Su ordenado urbanismo
No excluye los rincones misteriosos,
En su sombra, quizás será la herida.
Una ola en mí, como el mar en la arena,
Me serena. Tener como testigos
Tanto amigo, de todas las naciones,
que en lenguas diferentes se lamenten.
Muchos años viviendo con los libros,
El color de su piel y su estatura,
Son sabidos. Y su olor que entrelazan
con el mio. Familia de papel!
Para no ver suceso tan tremendo
Sus ojos cubrirán con las cubiertas,
Mantos de colores. Cogido a ellos,
Perdido en la selva obscura, me guiaron,
Ahuyetando al error, que amenazaba.
No sé si quiero muerte perezosa
Que se enrolle despacio en mi costado
Gato negro agoísta y zalamero,
O hacha tierna y veloz, que decapite
O mezcla sabrosa, a voluntad, de ambas.
De la escena final no tengo dudas.
La cabeza inclinada sobre el pecho,
La mano que acaricia el libro amado,
Mis plumas como lanzas derrotadas.
ANÉCDOTAS DEL GOBIERNO EN LAS QUE LA DERECHA, SIN TEMOR AL RIDÍCULO, VE ACONTECIMIENTOS TREMENDOS.
En su gira por Europa con natural epílogo en la Casa Blanca el “presidente” Guaidó ha visitado Madrid. Título de presidente que tiene el mismo valor que el de “general” en algunos regímenes militares africanos donde el beneficiario del mismo alcanza la jerarquía máxima desde el puesto de suboficial. El señor Guaidó es el líder visible de la oposición venezolana pero detrás de él se ven los hilos que mueven a esta marioneta con aspecto de Obama del Caribe y que maneja gente mucho más dura, entre ellos, el señor López, acogido en la embajada española en Caracas y cuya esposa y activista estaba al lado de Guaidó en Madrid. Los aires de buen muchacho, sin luces ni carisma, del personaje, caen bien en las cancillerías y en los medios y no asustan como esa derecha agazapada, con vínculos directos con la Secretaría de Estado y con el Pentágono, que espera entrar en el palacio de Miraflores a hombros de los marines, su única posibilidad. Si ello ocurriera, veríamos al Presidente oculto y no al fantoche actual.
No se ha debatido ni apenas comentado en ningún foro el error, enorme error, del Presidente Sánchez al reconocer a Guaidó como su homólogo en Venezuela. Error político. Además de una contradicción institucional. España mantiene relaciones diplomáticas con Venezuela, con un embajador acreditado ante el presidente Maduro. ¿El gobierno español reconoce a dos presidentes simultáneamente? ¿O es un reconocimiento limitado (el de Guaidó) puramente político para impulsar un diálogo y un cambio? Pero el aspecto jurídico no puede ser obviado en ese frívolo reconocimiento ni sus consecuencias de todo tipo, políticas, diplomáticas y económicas. Fue una arroutada, una acción improvisada cuyos efectos perjudiciales no han tardado en revelarse. Y no solo hubo el reconocimiento sino que el gobierno español lo impulsó en Europa que aceptó la decisión española, precisamente por el papel y el peso de las relaciones y vínculos de España con América Latina.
Y es la segunda vez que esto ocurre. Ya el presidente Aznar había protagonizado la “posición común” frente a Cuba, con el éxito de todos conocido. Pero cada nuevo inquilino en la Moncloa parece llegar en plenitud virginal y asumir el liderazgo de las relaciones internacionales con sorprendente frivolidad.
No es necesario extenderse sobre la realidad histórica de los vínculos peninsulares con América Latina (históricos, lingüísticos, culturales, económicos, de movimientos continuos de poblaciones en uno u otro sentido), una realidad de importancia mundial. Y todo hay que decirlo, la imagen americana de España es un factor decisivo de España a escala global. Y sin embargo nunca ha habido una política española definida, coherente y sostenida en el tiempo, más allá de las alternativas de gobierno, enfocada a los países americanos. Por no haber no hubo ni hay un ministerio encargado de impulsar esa política americana (hay de igualdad o consumo, para los que abundaría una Secretaría de Estado). Y la secretaría existente tiene un perfil bajo y accesorio, además de haber estado en trance de desaparecer en la última reorganización ministerial. Podemos preguntarnos qué haría Francia y su francofonía si poseyera esta riqueza americana, la respuesta no ofrece dudas. Por consignar una anécdota, que en realidad no es tal ya que las relaciones culturales entre los pueblos son un factor de enorme magnitud. Leía recientemente que parte del esfuerzo reciente en el estudio de la Normalización y revitalización de las lenguas precolombinas, ha sido financiado en parte con aportaciones del extranjero, por ejemplo, Noruega en el caso de los idiomas maya de Guatemala. ¿Realiza sistemáticamente algo semejante España (como sería ineludible y fuera de excepciones aisladas con ocasión del quinto centenario del descubrimiento)?
Volviendo a la frívola política de Aznar y de Sánchez. Sus errores no fueron cometidos ni siquiera por un dictador siniestro e inculto como Franco pero que, sin duda, percibía mejor que sus sucesores democráticos, posteriores a Zapatero, la realidad iberoamericana. Quizá recordando los envíos de trigo argentino de los años cuarenta mantuvo, frente a la presión de los EEUU, las relaciones económicas con Cuba. Los frutos están hoy a la vista. Y las diferencias ideológicas abismales del castrismo con la España franquista no impiden la memoria agradecida (que el propio Fidel expresó) recordemos, en el ámbito de sus competencias, la política cubana del presidente gallego Fraga, amamantado en el seno de la dictadura. Así se teje una urdimbre histórica, una memoria común de relaciones entre los pueblos que crea una enorme gravitación. Más allá de los gobiernos efímeros y de sus particulares preferencias, las naciones permanecen y a ellas deben apuntar las políticas, por encima de frágiles coyunturas. Y salvo el caso de gobiernos monstruosos (v.g., Tachito Somoza, Trujillo…) cualquier conflicto interno en un país latinoamericano debe ser considerado por nuestra parte con fina actitud, propulsando el diálogo y la mediación y salvaguardando siempre el futuro. Y no olvidemos que la defensa de los intereses de los sectores desfavorecidos (mayoritarios en los pueblos americanos) es prioritaria en una política latinoamericana de España, aunque esos sectores, por dificultades económicas surgidas del fracaso de políticas progresistas, puedan estar momentáneamente desilusionados y sean por ello presa fácil de la reacción para la que la miseria y la injusticia nada significan. Por ello merece el máximo elogio el presidente Zapatero con su incansable trabajo de interposición y de mediación entre las partes, cualesquiera que sean los frutos a corto plazo y no obstante los insultos e incomprensiones. Él no hubiera cometido el error de Sánchez, error que ahora éste último ha tenido que corregir en parte, y a pesar de la incoherencia, no recibiendo personalmente a Guaidó, tarea que dejó a cargo de la titular de exteriores (y en la Casa de América).
En el plano interno español, la claridad y determinación de una política americana de nuestro gobierno es imprescindible frente a una derecha desatada para la que cualquier incoherencia o insuficiencia de esa política es sabrosa carroña para sus hábitos de hiena. Ahora se alza ante nosotros tricéfala, moderna Hidra de Lerna, con la ventaja para nosotros de que las tres cabezas son mortales. Con la seguridad también de que decapitadas (metafóricamente hablando) de la sangre de las cabezas cortadas no alzará su vuelo Pegaso alguno ni amenazará con su espada Crisaor. Y a esta derecha se ha unido (ya hace tiempo) el presidente González con declaraciones apocalípticas sobre el gobierno de Maduro y trayendo a colación el nazismo. “Nadie podrá alegar ignorancia como entonces” (y como alegó él con los Gal).
La vida, con todas las vicisitudes que comporta, va tallando a lo largo de los años el rostro de los hombres, personas públicas o privadas, y, al final, cada uno tiene las facciones que ha merecido. De un pensador alemán se dijo que cada problema del siglo había dejado una arruga en su frente. El rostro de Felipe, abotargado y con las mejillas caídas, los ojillos hundidos, va revelando sus rasgos definitivos. Un buen ejercicio es la comparación con el rostro de Zapatero.
Venezuela es una metáfora (y mala) de la derecha en la política española. Con total olvido, por poner ejemplos, de los miles de asesinatos anuales en México, o de la violencia asesina de la policía en Brasil (también con miles de muertos), de la corrupción gigantesca en esos países, por supuesto, sin la menor crítica a la violencia privada y pública en los EEUU y a su política exterior en el tercer mundo, con frecuencia terrorista y poblada de asesinatos, ha concentrado su atención en Venezuela, la ha extraído de su ámbito natural de gravitación y la ha trasladado a España para someterla a la gravitación de la política española. Una imagen deformada e irreconocible del país latinoamericano ha sido arrojada como arma contra los progresistas de este país con el apoyo generalizado de los medios. Domina un lugar común y la izquierda vacila y se defiende mal de los lanzamientos de la derecha que por su estupidez no deberían alcanzar ningún blanco.
La visita de Guaidó fue aprovechada por la derecha triple en su ofensiva contra el gobierno. Recepción en un retórico jardín de hipérboles, llaves de oro de ciudades, atronadores presidente, presidente, desmesurados elogios y aún mayores descalificaciones a los adversarios, entrevistas con los líderes conservadores, incluido el de Vox. En mi opinión, el momento más risible, y de mayor ridículo, fue el discurso del alcalde madrileño, un enano en la sombra de Tierno o de Carmena. Por el aeropuerto de Madrid, pasó la vicepresidente venezolana quien tiene prohibido el acceso a territorio europeo por mor de ésa “posición común” impulsada por el presidente Sánchez. Las razones de ese viaje las ignoro, el hecho objetivo es que cambió de avión camino de su destino y que durante unas horas descansó en una sala del aeropuerto. En el curso de su estancia, la saludó y dialogó con ella un ministro del gobierno. La reunión duró un tiempo indeterminado, menos de una hora, lo que, por otra parte, no importa mucho, como tampoco que el espacio de descanso sea territorio español y, por ende, europeo.
Cualquier jurista sabe que una norma admite interpretación para adaptarla a casos concretos, interpretación que corresponde al gobierno español. Así lo entendieron en Bruselas donde la situación no mereció comentario. Por otra parte se trató con la dignidad exigida por su cargo a un representante de un país amigo y con el que mantenemos relaciones diplomáticas normales. Repito, nada que merezca más de una línea informativa.
Inmediatamente los líderes conservadores, especialmente los del PP, con Casado a la cabeza, donde no había nada, montaron un caso de sorprendente ridiculez con acusaciones relativas a la infracción de la prohibición europea y al escándalo de recibir a la política venezolana, poco menos que una represora criminal. En el artificial escándalo contaron con el apoyo de los medios de comunicación, especialmente las TV carroñeras que en su guerra por la audiencia huelen la basura con rapidez y ven la oportunidad de aumentar aquella por lo que aceptan el marco argumentativo de la oposición, desde el que lanzan sus andanadas al gobierno.
Hay que reconocer que tuvieron la ayuda inestimable del gobierno y, en concreto, del ministro Ábalos con su actitud vacilante, contradicciones y excusas tímidas con inútiles disquisiciones de si galgos o podencos. Faltó firmeza, principalmente al ministro, quien debió rechazar la ridícula controversia y poner a la prensa en su lugar, en vez de someterse, coitadiño, por ejemplo al inquisitorial examen de la lamentable señora Pastor con su pequeño y ridículo mundo de hemerotecas, con el antropoide gesticulante de “Al rojo vivo” al fondo. Ya es hora de que alguna vez imiten a Gabilondo, a quien, paradógicamente, llaman maestro. Creo que la calidad de una democracia se mide también por la calidad de su periodismo. Y éste nunca ha estado tan bajo entre nosotros, apóstol de la mentira y del disparate. ¿No le preguntó un quídam a la portavoz del gobierno la razón de no haber sido deportada la vicepresidenta de Venezuela? Si no saben, que aprendan o enséñeseles.
En fin, así es la derecha que tenemos, incapaz de comprender, lo que no abarca su horizonte de tópicos que, simplificando y sin demérito para las Castillas, llamemos mesetarios. De ellos se hallan en estado de embriaguez permanente. Son fruto de una larga historia que ha configurado un álbum de fotos obtenidas con un enfoque muy especial y complejos retoques y eliminaciones. Vemos en ellas, irreconocibles, héroes prerromanos, a Pelayo, el Cid, los Reyes Católicos… Hasta llegar a las abundantes de Franco con un brazo apoyado en la Constitución. Son la fuente de inspiración de sus ministros como los barrigones que cantan “somos los novios de la muerte” pero que se inclinan, criados ante el rey, el anillo episcopal o el departamento de estado USA, sin olvidar el cortejo a los presidentes de las grandes empresas. Por supuesto desconocen lo que es la Política (no sería necesario escribir la palabra con mayúscula, o la política tiene su estatura o no es). Y por supuesto ni han oído hablar de poética.
Un gobierno progresista debe actuar ante esa derecha como si no existiera, rechazar su horizonte de argumentación pues quien acepta el horizonte de los tontos acaba diciendo tonterías. Ningún ciudadano, por demócrata que sea, está obligado a discutir estupideces fruto de la libertad de expresión. Es un virus que se contagia automáticamente con la contraargumentación. Reírles su ridiculez y por supuesto no sentir temor. Es absurdo el miedo y la contemporización tímida que embarga a amplios sectores de la izquierda. ¿Miedo a qué? No hay peor temor o angustia que el que no se origina de una causa concreta o analizable.
Y más injustificable es ese temor ante la derecha si se piensa que detrás de un gobierno progresista está la mayoría de los desfavorecidos que siempre crece, como crece la desigualdad. El único peligro, y lo único que debería causar temor, para un gobierno progresista, es desilusionar, decepcionar a los que en él confiaron y volverlos vulnerables a los cantos de sirena de la derecha, tras los que se esconde un destino conocido. Una derecha que habla de la igualdad de los ciudadanos españoles pero que vende las viviendas sociales a fondos buitres, sin que la justicia tenga nada que decir.
La empatía con los desfavorecidos y la acción resuelta contra la desigualdad y sus abusos tiene que ser el eje cardinal de una política progresista, radicalmente democrática. Y debería haber un ministerio con competencias transversales para atender reclamaciones concretas y urgentes y dar solución a lo inaplazable que no encuentra tratamiento eficaz en la actuación lenta y reglamentada de la administración.
Con una política así es posible, y para su desesperación, mantener alejada a la derecha indefinidamente del poder. Y es lógico, si “los que son más iguales que otros” son minoría frente a la mayoría de izquierdas en este país. La derecha que tenemos, incomparable con otras de Europa Occidental, solo puede ganar unas elecciones generales (además de la ayuda del sistema electoral) al amparo de grandes convulsiones, como muestra la historia de los últimos años: corrupción generalizada del gobierno socialista, que trajo a Aznar, y crisis económica mundial, que nos regaló a Rajoy.
CUNQUEIRO Y LEZAMA. LA LUZ DE UN MUNDO QUE SE ALEJA.
(La primera parte, de cinco, constituida por “Texto mítico griego”, “Preámbulo” y “Cunqueiro y Lezama, vidas paralelas” constituye la entrada del 23 de enero de este diario).
II. UN MUNDO COMÚN.
Ambos escritores, estrictamente contemporáneos como decíamos con anterioridad, no importa si nacidos en provincias diferentes de Iberoamérica, comparten una coincidente concepción del mundo y una tradición cultural occidental que, en aspectos esenciales, se remonta al Neolítico. Ellos han sido testigos a lo largo de sus vidas del crecimiento exponencial del desarrollo técnico y científico que ha originado cambios decisivos en ese modo de vida milenario y fragmentado, el curso de una cultura común de los círculos dirigentes (piénsese en la rotura de la transmisión de la cultura clásica, por ejemplo, o el fin en Occidente del mundo campesino). Cambios que continúan aceleradamente con la revolución digital, con la genética, con la inteligencia artificial… Lezama y Cunqueiro no llegaron a conocer los ordenadores ni la red de sus conexiones pero eran plenamente conscientes de la “amenaza al mundo armónico del hombre que le ha sido arrebatado”. El cineasta Kurosawa afirmó un cambio en el ser humano que fechaba después de la Segunda Guerra Mundial y, yo mismo, en mi pequeño rincón gallego, he vivido el fin de un “ordo vitae” en el que crecí, fin en el que el desarrollo técnico ha sido el factor decisivo y que de alguna manera ha encontrado al hombre desprevenido y sin respuesta adecuada. Por esas fechas posteriores a la guerra ya afirmaba Heidegger en su “Carta sobre el humanismo” las carencias de nuestra posición para un diálogo con la técnica. Esas carencias, con el increíble progreso tecnológico se han acelerado desde entonces y vemos, como decía el senadoconsulto de represión de las bacanales del año 186 A.N.E. que “Quasi alterum populum iam esse”, otra gente aparece, permanentemente inclinada sobre la pantalla de su móvil, en lugar de seguir el vuelo de la flecha hasta la línea del horizonte, hacia la luz de una nueva imagen. Algo ya sobrecogedor, a pesar de hallarse aún en sus comienzos y que me hace dudar de pertenecer a la misma especie.
Durante milenios, desde el Neolítico, pasando por la antigüedad, hasta el siglo XVIII, la realidad con su extensión y la dirección irreversible del tiempo tuvo como compañera inseparable a la imagen que la corroía y afectaba en sus cualidades esenciales. Las cosas, en parte, eran sustancialmente ellas pero también las imágenes surgidas de sus transportes metafóricos, por la gravitación de extrañas aproximaciones.
Los griegos, sin perjuicio de sus Aristóteles, Tucídides o Euclides, vivieron en la imagen, es decir, en la naturaleza imantada, penetrada por la imagen, “la sobrenaturaleza” lezamiana. Su geografía, por ejemplo, era real y al mismo tiempo sagrada, mítica, o como deseemos denominarla, esencialmente sobredeterminada por dislocación nacida de la metáfora, por la interferencia de órbitas gravitacionales muy alejadas. Pero el tridente de Poseidón que separó a la isla de Eubea o la piedra que le cayó a Atenea y formó el Licabeto o las entradas al mundo subterráneo que podían señalar dónde habitaban no impedían actuaciones y navegaciones eficaces, las enriquecían, así la de los argonautas por el Ponto Euxino, cuando vieron el vuelo de Apolo camino de los hiperbóreos. Y por poner otro ejemplo, el de los siglos XVI y XVII en Europa (con Erasmo, Descartes y Spinoza) fueron los siglos de la alquimia, del gólem, de las brujas y demonios. Particularmente ilustrativo es el caso de la alquimia por la que surge el oro en virtud de la metáfora material de extraer de la soledad de su órbita uno o varios objetos y aproximarlos a la gravitación de otras, operaciones basadas en la previa puesta en común de imágenes. Desde Heródoto y Plinio hasta el emperador Rodolfo no hay solución de continuidad, reina la sobrenaturaleza.
Es desde la Ilustración en adelante, a través de las sucesivas revoluciones industriales y técnicas, hasta hoy, cuando se vuelve irresistible el causalismo de lo sucesivo y lo unidireccional histórico, hasta la revolución digital de nuestros días. Y con el tiempo irreversible las cosas han perdido o casi perdido sus contextos metafóricos (desnudez material del objeto que facilita análisis técnico-científicos exhaustivos pero que muestra también su pobreza) al igual que, v.g., la geografía, privada de su imagen mítica y convertida en paisaje, objeto de las técnicas y ciencias particulares.
Lezama y Cunqueiro eran plenamente conscientes del peligro mortal, de la amenaza fatal de esta evolución para la milenaria tradición cultural de Occidente por la desaparición del mundo en que florecía, de las soluciones de continuidad que nos separan más y más de nuestras raíces culturales de las que estamos siendo arrancados. De seguir esta dinámica, como parece inevitable, las tremendas grietas existentes se traducirán en un colosal hundimiento, la desaparición de un continente y de un modo de ser humano. Y todo este mundo perdido, esta Atlántida, será objeto de estudio de especialistas, sin que haya un Platón que lo evoque poéticamente. En virtud de la conciencia de esa amenaza asumieron con decisión sobre sus hombros una tarea titánica, convertir su obra en una gigantesca “arca de Noé” que salvase del diluvio y del olvido, en la medida de sus fuerzas, esa inmensa riqueza acumulada por la historia del hombre, para decirlo en términos actuales, una asombrosa digitalización de imágenes. En ella podemos ver la “nostalgia por un mundo sin historia” (compatible con la historia, como dijimos entre los griegos) la reimaginación de la naturaleza, la irrupción de un tiempo puramente poético, liberado de toda circunstancia cronológica, un modo de relacionarse los humanos sin la violencia económica, la primacía de la palabra, la defensa de la ciudad pequeña, “una cunca redonda en la palma de la mano”, la defensa del barrio y la vecinería, “el diálogo medieval entre los hombres no deturpado por el mercado”, defensa del calendario tradicional, de los ritos escrupulosamente cumplidos, crítica de la ciudad cíclope o de los petroleros gigantescos como avatar actual de Leviatán. En ambos escritores se encuentran textos hermosos y entrañables sobre algo esencial para ellos como es la agricultura y el mundo campesino tradicional. No importa la autoría concreta. Cualquiera de los dos lo firmaría. Es más, es difícil, fuera de contexto, averiguar quién de los dos los escribió. Cito de memoria, sin entrecomillar, frases de los mismos que me habitan: la creación del campo labrado define a Occidente. Necesidad del campo labrado para el ciudadano (¡extensión de los huertos urbanos!), defensa del sabor y variedad de los alimentos naturales y de la historia de las denominaciones, cuyo conocimiento multiplica aquel. Tragedia de la desaparición del mundo campesino y necesidad de un auténtico mundo rural. Desaparición de la producción valiosa y del consumo sano y bueno. Apego a la cocina tradicional… Textos que nos los muestran como los guardianes de la humanidad palpitante mediante la reconstrucción en sus astilleros, por la imagen, de lo fatalmente perdido.
Con relación a Cunqueiro, se impone releer y pensar bajo esta perspectiva los miles de artículos por él escritos, dejando a un lado lecturas tópicas y claramente insuficientes. Constituyen la población de ese “arca de Noé” antes expresada que cuando baje el nivel de las aguas, puede colonizar nuevamente el mundo. Y no solo eso, en el repensar sus textos nos sale al encuentro un profundo pensar, su pensar poético cuyo perfume brota, con frecuencia, de un exiguo frasco de dos o tres palabras.
Por eso son inexplicables, fuera de un triste contexto histórico, las críticas del tipo “encerrado en su torre de marfil” de las que hablamos en la primera parte. Y que fallan groseramente el blanco. Empeñados en salvar la milenaria creación humana, ¿a qué otra tarea más grandiosa podrían dirigir sus esfuerzos? Ellos permanecieron siempre fieles a lo esencial del hombre. Se ha dicho de Lezama que no era un pensador ingenuo. Evidentemente tampoco lo era Cunqueiro. Ni eran unos espíritus franciscanos recreando inocentes y periclitados horizontes humanos. Ni mucho menos pensadores reaccionarios, opuestos al progreso técnico y al avance tecnológico y científico de la civilización. En absoluto. La ciencia y la técnica no están enfrentadas al ser humano armónico, a un mundo humano, a la poética, sino al uso inhumano de las mismas. Contra lo que están ambos poetas, y su obra en un valladar infranqueable, es contra el economicismo delirante y sus falsos cálculos de rentabilidad, contra cualquier utopía técnica y científica que prescinda del ser humano, contra el crecer desaforado y metastásico de la tecnología como un fin en sí mismo y contra todos los desarrollos que ello supone. Están contra un mundo sin poética.
Son muy ilustrativos, con relación a Cunqueiro, y que revelan claramente su pensamiento en este terreno, varios textos del mismo. En el primero critica una noticia de California según la cual se ensayaba la enseñanza por medio de robós que sustituirían a los profesores. Cunqueiro concluye que la sustitución del maestro por máquinas implica la transformación de los alumnos en robós también, con eliminación de la persona del ciclo de la transmisión del saber. “Rechazo cualquier maestro que no pueda ser bautizado”.
En otro artículo, ya de 1960, “La última máquina” de la serie “El imperio secreto”, los gobernantes de este imperio organizan viajes de inspección por los países sujetos a su jurisdicción con el fin de detectar “puntos de podredumbre”. Los inspectores o nuncios son gente ociosa y erudita, gente humana que ama las flores y las sonrisas. Dejan para el final la visita a las grandes concentraciones industriales, concretamente a la Renault de París, cuyos directores soportaban mal las injerencias de los enviados de la cancillería imperial a los que acusaban de incitar a la vagancia, incapacidad científica y miedo a la máquina por su espíritu poético. Los enviados imperiales, ante el sistema de despido de trabajadores por un sistema electrónico, en función de criterios cuantitativos, sin tener en cuenta circunstancia humana alguna, horrorizados envían un informe en virtud del cual la cancillería imperial decreta que la empresa automovilística es un “punto de podredumbre” en el imperio.
Resulta evidente la necesidad absoluta de una fundación poética para la economía y la tecnología, que es otra forma de decir la primacía del ser humano y que no hay rendimiento ni utilidad sostenible de las mismas que prescinda de esa primacía. “La podredumbre” tecnológica es el camino más corto a la catástrofe. Creo firmemente que el diálogo con la técnica por el que se preguntaba Heidegger, tiene su fundamento en la poética, en “la reintegración armoniosa del ser humano” Desde otro punto de vista, y presupuestas siempre la primacía de las necesidades humanas, la ciencia y la poética, aparentemente sitas en ámbitos muy alejados, encuentran frutos abundantes de una recíproca consideración. Un texto cunqueiriano menciona una cosmología de una secta budista según la cual el universo es una tortuga inmensa que flota en las aguas primordiales y de la que la tierra es el caparazón y el sol y la luna los ojos. No son los monjes enemigos de la cosmología y de la astronomía científicas, pero creen que son una apariencia, formas soñadas, en la medida que el cosmos existe por ser soñado. “Todos nos soñamos los unos a los otros”. Por ello están dispuestos al estudio simultáneo de ambas cosmologías. La moraleja es que de la ciencia fluyen imágenes a la poética y recíprocamente. Las respectivas visiones, traducidas al correspondiente lenguaje científico o poético son de imprescindible fecundidad.
Finalizo este apartado de la relación de la poética con la ciencia y la técnica con el ejemplo de la geografía. No resta un ápice de cientificidad a ésta, la gravitación sobre la misma de la geografía sagrada, es decir, imantada por la imagen. Los linderos geopolíticos de Europa se ven iluminados (y brotan profundas intuiciones) por el norte hiperbóreo y el sur etíope, el oeste de las Hespérides o el este de la Cólquide o la India.
O si nos inclinamos sobre el origen de los pueblos precolombinos, nos conmoverá la mitología de sus migraciones, de los mundos que han ascendido y de sus lugares de emergencia. Cada lugar de la geografía terrestre está dominado por una imagen. En la visión de esta geografía sagrada descansa la imprescindibilidad del viaje, no ya necesariamente real sino la ganancia de una situación desde la que es posible el contemplar. Más adelante hablaremos de ese saber ver de Cunqueiro y de Lezama. Digamos aquí que ven desde un íntimo habitar una tradición humana milenaria, una visión, lo mencionamos en la primera parte, que nada tiene que ver con el movimiento (la inmovilidad del viajero). La profundidad y multiplicidad de las raíces de esa habitación, de la fundamentación de su casa, se nos revela constantemente en sus textos. De ellos resulta la nostalgia por una totalidad irrepetible, y por ello de un valor que supera toda medida y que se halla en trance de desaparición, la desaparición de un modo milenario de ser humano sin que lo que lo sustituya, sea lo que sea, compense la pérdida y, lo que es peor, el olvido de lo perdido que se traduce en la angustia difusa de la ausencia. Ausencia de fundamento del vacío que ocupa el lugar de lo perdido y olvidado. Y sobre todo, de esa totalidad, de ese mundo que se aleja, formaba parte una presencia decisiva que lo conformaba y coloreaba, la presencia de la muerte. La muerte formó siempre parte de la vida cotidiana de Occidente, de nuestro, de mi mundo. En las amplias familias de antes, la muerte, como constitutiva posibilidad de la vida de los parientes reunidos, era una presencia natural. Y los difuntos gravitaban en las longevas habitaciones familiares que habitaron. Las escenas en el recuerdo son estampas de reuniones de vidas en movimiento y de vidas yacentes con el fuego al fondo del hogar siempre encendido. Esa presencia de los difuntos es constante en los textos de Cunqueiro, en la ciudad cunqueiriana donde, con naturalidad, son un ciudadano más. En Lezama, golpeado (cuando niño) por la muy temprana pérdida de su padre, la muerte no se presenta con esa naturalidad cunqueiriana, su presencia es sombra melancólica, una grieta. Se nos adelanta la escena que narra Lezama en “Paradiso” de la cena familiar preparada por doña Angustia quién sabe que en toda reunión de efímeros es necesario tener dispuesto un plato y unos cubiertos para la muerte que está siempre invitada. Todo se lo debe a este invitado el “hechizamiento de las pequeñas cosas”. Por eso será siempre ridícula la ambición delirante de algunos maestros de cocina de ostentar la condición de artista, deformando con esfuerzo su estatura de honrada y tradicional artesanía con los zancos de la tecnología y de la ciencia nutritiva, muy en el horizonte de nuestra época. Con esa evolución científica de la cocina, con sus cátedras y centros superiores culinarios, han cortado las raíces culturales de la alimentación humana y la han convertido en otra cosa, en su nueva residencia técnica y químiconutritiva. En su mesa gastronómica han olvidado que a la puerta llamará la muerte, metáfora perfecta de cualquier cordialidad humana reunida.
Por ello, hablar de un Cunqueiro, “escritor gastronómico”, como una de sus facetas, es una de tantas insuficiencias de una crítica apresurada y tópica, ajena al complejo mundo cultural al que perfuman y dan sabor “los hechizamientos de las pequeñas cosas” enraizadas en milenios de amalgama mineral con la muerte y la melancolía. Y así, cualquier texto lezamiano o cunqueiriano relativo a los alimentos y a su preparación es indisociable de profundos contextos culturales, de situaciones de convivencia familiar o social decisivas para el hombre. Y siempre en la fiesta del lenguaje, en la luminosa explosión de la metáfora.
Y recordemos que la palabra “saber”, y Lezama y Cunqueiro sabían, eran sabios por su capacidad de visión (más allá del dominio de ciencias o técnicas particulares) que les permitía detener “la flecha camino del horizonte” y descomponer su vuelo, procede del latín “sapio” que en principio se refería al gusto de las cosas, luego al hombre de gusto, finalmente al que sabe, cuya casa “rodean campesinos y oficios dichosos” (Lezama). Contexto que nos hace presente el optimismo de ambos escritores, un optimismo hondo, no obstante la presencia constante de la muerte en su obra (con una gran variedad de ropajes en Cunqueiro) y del perfume del sahumerio de la melancolía, optimismo que es consustancial al habitar en el paraíso de la imagen. De la imagen como dadora de sentido a la muerte o, lo que es lo mismo, a la vida. De su ser soteriológico hablaremos en las partes tercer y cuarta de este ensayo. Ahora solo diremos que frente a los laberintos borgianos, se alza la obsesión de Lezama por derribar los muros que segmentan el pensamiento del hombre. Y Cunqueiro, que reconoce al laberinto como lugar de instalación humana, serie de encrucijadas de las que es preciso salir. Pero no se sale en camino recto, a través de encrucijadas interminables, sino por la imagen que aniquila los laberintos, y para la que un camino es todos los caminos, una dirección conduce a todas las direcciones, toda puerta de entrada es una salida. Y ello en virtud de la flecha de la metáfora que, instantáneamente, sin la fatiga de la luz, salva la distancia del horizonte elegido.
Pero para eso es necesario saber ver. Y por saber ver, repito, son sabios Cunqueiro y Lezama. Con referencia a Walter Scott, escribió Cunqueiro, “todo lo que ha sido visto es verdad. Y si W. Scott vio aquellos países y siglos, aquellas damas y aquellos paladines, aquellas flores y aquellas aves, Scott vio y los otros no”. Para W. Scott lo más remoto de lo por él tratado era actualidad. Y, muchas veces, cuando cruza un gran personaje generoso, capaz de hablar con los vivos y los muertos y de dar la vida por un sueño, ¿no es W. Scott quien cruza? ¿No es Cunqueiro o Lezama quien cruza? Y para ver (Lezama) “se necesita la tensión de la oreja alzada del gamo”, la atención más exquisita, aquella que pedía Nietzsche en “also sprach Zarathustra” “O Mensch! Gib acht! Was spricht die tief Mitternacht? Die Welt ist tief und tiefer als der Tag gedacht” (¡hombre presta atención! ¿Qué dice la profunda medianoche? El mundo es profundo, más profundo que lo que el día piensa). Solo con esa tensa atención se puede contemplar lo invisible, es decir, hacer visible la posibilidad de una relación inexistente hasta que la crea el impacto de la flecha en la línea del horizonte. La nueva imagen nos golpea entonces con su necesidad como la vida nueva que nos mira con sus ojos recién nacidos. Cópula metafórica y cópula biológica tienen un efecto semejante: producen un nacimiento, la imagen en un caso y en el otro un ser viviente. Pero ambos nacidos son inseparables, la imagen habita en el carcaj de ese ser viviente con inexorable destino de arquero que permanentemente apunta al blanco. Pero la imagen, como veremos más adelante, es un “peligroso destino” y desde su habitar el paraíso del texto desenvuelve y estira sus anillos de ofidio para alcanzar la realidad física, cotidiana del arquero. Como el jaguar, la imagen no puede ser domesticada.
Escribió Lezama que la carta oscura que entrega la metáfora abre un espacio hechizado. Pero el lugar de entrega, “la línea del horizonte” lo precisan esa atención, ese saber ver: “un sonido, un rostro, una voz o un verbo será suficiente para movilizar un universo que no tardará en manifestarse por medio de la palabra y la imagen” (Iván G. Cruz). “Licario estaba siempre en sobre aviso de las frases que buscan hechos, dueños o sombras… parecen reclamar… una giba o un caracol que las haría sonreír… su aparición de irrupción o fraccionamiento… si oía decir “qué me importa, yo no lo he buscado” lo oía tan aislado y suficiente en su islote, luciendo un orgullo de luciferino rechazo…”
Ese saber ver la profundidad de un mundo, incluidas las grietas y líneas de fractura, nos muestra su irrepetibilidad. Recordemos las hermosísimas palabras de Cunqueiro sobre el mundo de los hombres (en torno a la posibilidad de otros mundos habitados): “¿Por quién? ¿Por el hombre, la mujer, el niño, el caballo, el pantrigo, la paloma, la columna dórica, la rosa, la porcelana china, el vino blanco o tinto, el sifón, los relojes, las lenguas neolatinas, Romeo y Julieta, la salsa mahonesa, las películas de Greta Garbo, una mañana de lluvia, el olor a membrillo, el perro, el vendaval, papeles a tres tintas, retrato de una dama veneciana desconocida?” “Y probablemente nadie responderá (o sabrá responder, añado) a un humano que llegue y diga alegre, ¡buenos días! ¡Vaya mañana de mayo más hermosa!”
O las no menos hermosísimas palabras de Cunqueiro sobre las habitaciones gallegas de esa casa del hombre que se cuartea: “desaparición de las cocinas terrenas, de las lareiras, no se cuece pan en los hornos familiares, las mujeres no amasan la harina de trigo en la artesa. ¿Dónde las benditas almas del purgatorio, las tertulias en la cocina, las tabernas? Y sobre la singularidad del mobiliario de estas estancias gallegas, “las posibilidades de que haya, en la inconcebible pluralidad de las galaxias un astro en el que pueda repetirse la vida, con las formas pasadas, presentes y futuras que ha tenido, tiene y tendrá en la Tierra, son prácticamente nulas. Si hay vida en otros astros será otra cosa, pero no la combinación del abedul y la paloma torcaz, la rosa y la viña, el ciervo y el trigal, la mujer y el aceite, la muchacha que sueña y la música del violín, el niño que aprende el alfabeto y el alfarero que en la rueda hace el vaso”. “Nada volverá a repetirse” asiente Lezama. “Ninguna combinación infinita repetirá una cifra finita, todo está dispuesto para un nacimiento, no para una repetición”. Y el mismo Lezama, en un texto inolvidable, nos muestra también su casa de poeta, llena de luces para la oscuridad que acecha hoy al hombre: “una antigua leyenda de la India nos recuerda la existencia de un río, cuya afluencia no se puede precisar. Al final su caudal se vuelve circular y comienza a hervir. Una desmesurada confusión se observa en su acarreo, desemejanzas, chaturas concurren con diamantinas simetrías y con coincidentes ternuras. Es el Puraná, todo lo arrastra, siempre parece estar confundido, carece de análogo y de aproximaciones. Sin embargo, es el río que va hasta las puertas del paraíso. En los reflejos de sus ondas desfilan el vestíbulo del farero, el árbol de coral, la cadena del ojo del tigre, el Ganges celeste, la terraza de Malaquita, el infierno de las lanzas y el reposo del perfecto. La incesante contemplación va entregando su dualismo, la aventura del análogo y las parejas que se retiran a sus isletas. Un árbol frente a unos ojos, un árbol de coral frente al ojo del tigre, las lanzas frente a la terraza, después las lanzas infernales frente a la terraza de Malaquita”.
Ambos poetas, por el recurso de la enumeración, con sus anillos de parejas y oposiciones, nos muestran la vida y la cultura milenarias del hombre. Recurso éste de la cadena enumerativa muy productivo en una variedad de familias lingüísticas, en las que la designación léxica de un conjunto se efectúa por la yuxtaposición de dos de sus elementos. La enumeración abierta, que puede ser sustituida por una pluralidad infinita de otras enumeraciones en el plano paradigmático, nos abre en la extensión los ojos de Argos y hace que nos broten “orejas de Gamo”. La enumeración es en la poética lo que la definición es en la crítica escolástica. “Toda definición es un conjuro negativo” (Lezama). “Definir es cenizar”. El estudio de las cenizas corresponde a la “crítica forense” (Borges). Pero aquí habitamos “el libre albedrío de la imagen” donde no es posible definición alguna. Solo contados críticos alcanzan la altura de la imagen que nos golpea huracanada. Y recuerdo vi, conmocionado, la imagen que arrojó un genio desconocido, “una luna roja y tumefacta, como el escupitajo de un titán tuberculoso”.
Para concluir esta segunda parte y parafraseando a Lezama. Durante milenios la humanidad creyó en el Paraíso, en la ciudad paradisíaca. Y en el fondo de todo ser humano, no obstante el triunfo de la racionalidad, sigue vivo el anhelo del tiempo reversible, del viaje en el tiempo, la comunicación del mundo con el paraíso, la posibilidad de apariciones o milagros, las poderosas metáforas de las puertas. El dominio de lo causal-histórico y del progreso tecnológico, apenas velan esa dimensión arcaica, constitutiva del ser humano, esa exigencia de aniquilar la distancia de lo heterogéneo en la unidad de la imagen, donde florece la posibilidad de creación infinita.
Cunqueiro y Lezama, desde el mundo tradicional del hombre, bebido hasta la ebriedad, plenamente conscientes de su progresivo hundimiento en las aguas del progreso técnico-científico, saben cómo salvar del naufragio esa nostalgia humana de una antigua armonía, saben que es en la imagen donde reside la compensación de la pérdida y la satisfacción de esa nostalgia. Y el paraíso de la imagen se halla en el texto paradisíaco “El centro del paraíso es la novela” (Lezama). Ahí lo heterogéneo se vuelve apariencia, vestido transitorio de la unidad paradisíaca donde es posible la afirmación de algo y su contrario, donde hay puertas aunque no haya caminos, donde “Licario sabía que no había secretos pero había que buscarlos” o (Cunqueiro) “hay secretos y hay que buscarlos. Pero también nos encuentran” pues “los tesoros quieren ser encontrados y gastados”.
Cunqueiro y Lezama: efímeros dichosos que apresaron el movimiento como imagen en sus textos paradisíacos. No dichosos a pesar de efímeros, sino por serlo. La condición de efímero del hombre es el presupuesto de su vocación de arquero de la metáfora que en el transcurso de una vida mortal le otorga el poder infinito de crear un universo y de dibujar en él las órbitas de esa vida bajo la luz llameante de la imagen. Una inmortalidad “del pueblo que marcha sobre la tierra” lo despojaría de esa esencial vocación de arquero que surge de una carencia original, ni habría lugar para la añoranza del paraíso ni a su creación en el texto por la imagen.
Cunqueiro y Lezama, en sus paraísos respectivos, se me aparecen como evangelistas, evangelistas de la buena nueva de que es posible “la ingenuidad de habitar un nuevo paraíso”, de que cada humano, en la inmortalidad de la imagen, puede salvaguardarlo todo, a los vivos y a los muertos, a sus geografías y a sus tiempos y a las cosas que los amueblan, que la parábola de su flecha llega a todo horizonte imaginable. Sí, creo firmemente que los textos esenciales de Cunqueiro y de Lezama exigen ser leídos como evangelios de salvación para los efímeros, evangelios de nuestra armoniosa reintegración en la imagen.
Un periódico es como la ciudad en la que se edita, también una ciudad, grande o pequeña como aquella. En peso cultural es muy difícil que supere el de su ciudad pero, en cambio, es frecuente que sea mucho menor que el que le correspondería. Este es el caso de Faro (de Vigo). Si uno recorre sus calles, le asaltan multitudes ruidosas, conversaciones anodinas, exposiciones sin mayor interés, conferenciantes tópicos para lo que espera la gente media y la inevitable turba de psicólogos, economistas, nutricionistas, propagandistas religiosos, también el adorno de algún revolucionario jubilado. Toda esta vida, cuando pasan veinticuatro horas, se ha marchitado y ha sido arrastrada por el servicio de limpieza del olvido. Salvo excepciones, que pertenecen a un tiempo pasado, los políticos que gobiernan Faro y, en concreto, su alcalde-director, procuran satisfacer el gusto mediocre de sus votantes-compradores, sin ambición pedagógica alguna. Ambición imposible, por otra parte, pues unos y otros proceden de las mismas filas y si, por milagro, alguien de entre los políticos de Faro pretendiera hacer algo diferente, ahí están los delegados de los órganos de vigilancia de la federación de ciudades en que se inserta. En el caso de Faro, una de las más grises, monótonas y prescindibles, fiel reflejo de sus planificadores privados.-
Ayer, aprovechando el buen tiempo, decidí un paseo por las rúas de Faro. No anduve mucho tiempo, al doblar la primera esquina tropecé con un local de exposiciones en el que se mostraban los últimos hallazgos sobre la adolescencia de un gran escritor. Muy interesado, en la vida y obra del mismo, avancé hacia la sala principal, lleno de expectativas, pero que decepción! El gran cartel anunciador, sito al lado del portal de acceso, mostraba dos fotografías del escritor y de una mujer, que ciertamente no correspondían a su adolescencia, sino a diez años más tarde, dispuestas en una estética de esos programas que a la entrada de los cines de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo repartían entre los espectadores, tal una pareja de Hollywood, unidos por la frase típica de una carta privada del primer amor. Detrás de esta portada el gusto hortera y ridículo del comisario era evidente.-
Ya en el interior las cosas mejoraron algo. Sin embargo la extensión de la exposición contrastaba con la sobrevaloración del material dispuesto que solo al servicio de otros materiales podría tener (y en aspectos no pensados por los organizadores) alguna relevancia. La exposición demuestra a las claras la falta de criterio intelectual tanto en el comisario como en el redactor de los paneles informativos, atentos primordialmente a sobresaltos sensacionalistas y que, gente de lecturas escasas, ni siquiera conocen con un mínimo de profundidad la obra del autor. Otro defecto muy corriente en esta clase de semiletrados es valorar como transcendente cual cosa que aparezca de un personaje y así, hasta un pañuelo usado, lo consideran un resto, extraordinariamente valioso, del ambiente creativo de aquel. No podía faltar un panel de crítica literaria del analista oficial de Faro, autor de una renombrada historia de la literatura gallega en la que el autor, seguidor de las teorías de vanguardia que sostienen que el lugar de interpretación del texto es la biografía política, ha logrado la proeza de estudiar al escritor, objeto de exposición, de tal modo que, el lector ansioso sale como entró, como si la obra de aquel no existiese. Eso sí, con muchas memorias de la guerra civil e incapacitado para cualquier análisis serio por la deformación que le produce, si desprevenido, la fundamental divisoria de aguas en la historia de la literatura gallega del piñeirismo/antipiñeirismo.-
No me demoré mucho para alejar el disgusto que origina la humana estupidez y no sin lamentar el bajo nivel al que ha caído la dirección de exposiciones en Faro, después de la gran época que conocí en mi juventud. Me dirigí, y allí descansé largamente, a la ciudad paradisíaca cunqueiriana, donde hasta los tontos son divertidos y susceptibles de cariño.-
En lo que va de año he visto cinco películas muy interesantes por televisión. Cierto que no es lo mismo que verlas en la pantalla de un cine pero, al cabo, no soy un crítico que tenga que apreciar detalles que escapan a la T.V., tampoco un apasionado tal del “séptimo arte” que la pasión me lleve a superar la fatiga de salir nocturno y afrontar la lluvia y el frío. Hace ya años que en los meses invernales piso matinal las calles pero la tarde, las largas tardes de invierno, las paso en casa, absorto en el estudio o en la escritura, coronadas, cuando la hay, por una buena película. Las cintas vistas fueron dos italianas: “Los dos papas” de Fernando Meirelles, interesante, sobre todo los diálogos entre el alemán y el argentino, con su recíproca confesión de hechos u omisiones culpables, incluso me conmovió la presentación del surgir de la vocación sacerdotal de Bergoglio. La otra película italiana “La dolce vita” de Fellini, la había olvidado completamente. Me pareció superior a “La gran belleza” de Sorrentino que sin la primera no hubiera sido posible o sido muy diferente.-
La estructura del filme húngaro de Török Ferenc “1945” me pareció muy interesante, con una estética en blanco y negro de película del oeste. Un forastero llega a un pueblo húngaro después de la segunda guerra mundial. Casi toda la película gira entorno a dos hombres que acompañan un carro con una carga misteriosa hacia un destino no menos misterioso. Su simple atravesar la aldea agita un pasado culpable que al ser removido desata pasiones y acciones incontroladas a ambos lados de los caminantes. Al final, las cenizas del pasado van descendiendo a tierra, pero ahí están los soldados soviéticos que nos recuerdan que el largo estalinismo va a comenzar.-
De “Amanecer que no es poco” de Cuerda ¿qué decir que no haya sido dicho?. Brillante y original el guión con sus diálogos, brillantes los actores, espléndido el montaje de las diversas escenas, una película redonda. Desde luego en Almódovar nada alcanza esta calidad, está a años luz de su tan alabada y para mí mediocre e incluso ridícula en momentos “El poder y la gloria”. Para finalizar la lista la película de Oliver Schmietz “Guardián y Verdugo” (Shepherd and butcher) sobre un hecho criminal y su posterior enjuiciamiento en 1987 en la Sudáfrica del Aparthéid tiene escenas terribles sobre pluriejecuciones simultáneas en la horca y la brutalidad del personal carcelario que revuelven las entrañas. Pienso que resulta un eficaz alegato contra la pena de muerte. El patíbulo con los cuerpos de los ejecutados recuerda un matadero de animales. Sin duda los funcionarios están por debajo de cero en la escala de la humanidad, mucho peores que los condenados ¿Y qué decir del plano en que se mueve el tribunal y la fiscalía, al que no llega el estruendo del suelo que se abre o el olor de la soga? Tremendo.-