20 Abril,Desde el fondo del mar

POEMAS

Beatriz pasa

Pasan los siglos, caravana insomne,
Vacuno que azuza el pastor del viento,
Barro, gritos, estruendo, confusión,
Mugidos, sin descanso, hacia las puertas
Del abierto recinto del olvido
Donde todo se calma y apacigua.
Un silencio sin noches y sin días.

Mientras, los que andamos sobre dos piés
La tierra, alzamos nuestra estatura,
Como un semidiós, a la muerte ajeno,
Y su fatal memoria no pensamos,
La vieja enemistad de sus archivos.
Vivimos en una dulce embriaguez,
Es la copa de Beatriz la causa,
Que nos aleja de la imagen clara
Del país que no sabe de retornos.
Es Beatriz un manantial de niebla.
 
No hay días en el siglo, ni en los días
Horas, en los que Beatriz no pase,
Beatriz pasa siempre, siempre cerca,
Hace ochocientos años de su paso
Por Florencia, suceso de inmortal
Recuerdo. Pero ha pasado antes
Y después, pasa y seguirá pasando.
Qué lugar en la tierra sin su paso?
Beatriz asomada en la ventana,
Beatriz en la calle y en las plazas,
Un sereno mirar y la sonrisa.
Beatriz es un enigma. Inútil
Preguntar por la variedad que muestra
En la figura, Beatriz se viste
De todas las respuestas que imaginas.
Y contodo, no habrá duda ninguna
Si pasa Beatriz y al pasar mira.

Entonces, un eco nunca oído,
Un repentino incendio de mil luces,
Brisas de puras, altas extensiones,
Se abre tu ser, las puertas se retiran,
Beatriz está en el umbral. Espera.
Un destino en sus ojos te interpela.
Cualquier tiempo anterior es cancelado.
 
Se funden dos en la mas grande imágen,
Dureza transparente de la piedra
Que se fija y se adentra en el espejo
Por senda solo por amor sabida.
Y no importa el romperse del espejo,
Los agudos cuchillos de sus vidrios.
Aunque los cubra sangre muy antigua,
Que traspase los filtros del olvido,
Son huerto para el florecer del verso
Y el retrato del arte,la más alta
Memoria de Beatriz, testimonio
de una eterna belleza entre nosotros.
 
Por escuchar de Beatriz el canto
Seremos canción pese a la ceniza
Y haciéndonos brotar alas de fuga
Que quiebren un instante las oscuras
Servidumbres al polvo y a la muerte
Beatriz siempre seguirá pasando.

Manera de morir
 
(“La perfección muere
arrodillada” Lezama)
 
 
No quiero en lecho mi lugar de muerte,
Debilidad rendida del anciano
Que exhibe su final, anticipado.
Y no siendo oriental, arrodillado,
Disposición que pide una cultura,
Y también su horizonte de morada,
Que no siento. Quiero morir sentado,
Asiento que no sean mis talones,
Que añaden incomodidad al trance,
Si no cómodo asiento, mi sillón
De todo día, papel, libro y lápiz
En la mano, libros en el regazo
Y a mi lado, que muestren a la muerte
Claramente, su atroz impertinencia.
 
Elijo horas de tarde de verano
De honda conversación con mis vecinos
En los alegres barrios de bibliópolis,
Ciudad natal. Su ordenado urbanismo
No excluye los rincones misteriosos,
En su sombra, quizás será la herida.
 
Una ola en mí, como el mar en la arena,
Me serena. Tener como testigos
Tanto amigo, de todas las naciones,
que en lenguas diferentes se lamenten.
Muchos años viviendo con los libros,
El color de su piel y su estatura,
Son sabidos. Y su olor que entrelazan
con el mio. Familia de papel!
Para no ver suceso tan tremendo
Sus ojos cubrirán con las cubiertas,
Mantos de colores. Cogido a ellos,
Perdido en la selva obscura, me guiaron,
Ahuyetando al error, que amenazaba.
 
No sé si quiero muerte perezosa
Que se enrolle despacio en mi costado
Gato negro agoísta y zalamero,
O hacha tierna y veloz, que decapite
O mezcla sabrosa, a voluntad, de ambas.
De la escena final no tengo dudas.
La cabeza inclinada sobre el pecho,
La mano que acaricia el libro amado,
Mis plumas como lanzas derrotadas.

FEBRERO, 26

ANÉCDOTAS DEL GOBIERNO EN LAS QUE LA DERECHA, SIN TEMOR AL RIDÍCULO, VE ACONTECIMIENTOS TREMENDOS.

En su gira por Europa con natural epílogo en la Casa Blanca el “presidente” Guaidó ha visitado Madrid. Título de presidente que tiene el mismo valor que el de “general” en algunos regímenes militares africanos donde el beneficiario del mismo alcanza la jerarquía máxima desde el puesto de suboficial. El señor Guaidó es el líder visible de la oposición venezolana pero detrás de él se ven los hilos que mueven a esta marioneta con aspecto de Obama del Caribe y que maneja gente mucho más dura, entre ellos, el señor López, acogido en la embajada española en Caracas y cuya esposa y activista estaba al lado de Guaidó en Madrid. Los aires de buen muchacho, sin luces ni carisma, del personaje, caen bien en las cancillerías y en los medios y no asustan como esa derecha agazapada, con vínculos directos con la Secretaría de Estado y con el Pentágono, que espera entrar en el palacio de Miraflores a hombros de los marines, su única posibilidad. Si ello ocurriera, veríamos al Presidente oculto y no al fantoche actual.

No se ha debatido ni apenas comentado en ningún foro el error, enorme error, del Presidente Sánchez al reconocer a Guaidó como su homólogo en Venezuela. Error político. Además de una contradicción institucional. España mantiene relaciones diplomáticas con Venezuela, con un embajador acreditado ante el presidente Maduro. ¿El gobierno español reconoce a dos presidentes simultáneamente? ¿O es un reconocimiento limitado (el de Guaidó) puramente político para impulsar un diálogo y un cambio? Pero el aspecto jurídico no puede ser obviado en ese frívolo reconocimiento ni sus consecuencias de todo tipo, políticas, diplomáticas y económicas. Fue una arroutada, una acción improvisada cuyos efectos perjudiciales no han tardado en revelarse. Y no solo hubo el reconocimiento sino que el gobierno español lo impulsó en Europa que aceptó la decisión española, precisamente por el papel y el peso de las relaciones y vínculos de España con América Latina.

Y es la segunda vez que esto ocurre. Ya el presidente Aznar había protagonizado la “posición común” frente a Cuba, con el éxito de todos conocido. Pero cada nuevo inquilino en la Moncloa parece llegar en plenitud virginal y asumir el liderazgo de las relaciones internacionales con sorprendente frivolidad.

No es necesario extenderse sobre la realidad histórica de los vínculos peninsulares con América Latina (históricos, lingüísticos, culturales, económicos, de movimientos continuos de poblaciones en uno u otro sentido), una realidad de importancia mundial. Y todo hay que decirlo, la imagen americana de España es un factor decisivo de España a escala global. Y sin embargo nunca ha habido una política española definida, coherente y sostenida en el tiempo, más allá de las alternativas de gobierno, enfocada a los países americanos. Por no haber no hubo ni hay un ministerio encargado de impulsar esa política americana (hay de igualdad o consumo, para los que abundaría una Secretaría de Estado). Y la secretaría existente tiene un perfil bajo y accesorio, además de haber estado en trance de desaparecer en la última reorganización ministerial. Podemos preguntarnos qué haría Francia y su francofonía si poseyera esta riqueza americana, la respuesta no ofrece dudas. Por consignar una anécdota, que en realidad no es tal ya que las relaciones culturales entre los pueblos son un factor de enorme magnitud. Leía recientemente que parte del esfuerzo reciente en el estudio de la Normalización y revitalización de las lenguas precolombinas, ha sido financiado en parte con aportaciones del extranjero, por ejemplo, Noruega en el caso de los idiomas maya de Guatemala. ¿Realiza sistemáticamente algo semejante España (como sería ineludible y fuera de excepciones aisladas con ocasión del quinto centenario del descubrimiento)?

Volviendo a la frívola política de Aznar y de Sánchez. Sus errores no fueron cometidos ni siquiera por un dictador siniestro e inculto como Franco pero que, sin duda, percibía mejor que sus sucesores democráticos, posteriores a Zapatero, la realidad iberoamericana. Quizá recordando los envíos de trigo argentino de los años cuarenta mantuvo, frente a la presión de los EEUU, las relaciones económicas con Cuba. Los frutos están hoy a la vista. Y las diferencias ideológicas abismales del castrismo con la España franquista no impiden la memoria agradecida (que el propio Fidel expresó) recordemos, en el ámbito de sus competencias, la política cubana del presidente gallego Fraga, amamantado en el seno de la dictadura. Así se teje una urdimbre histórica, una memoria común de relaciones entre los pueblos que crea una enorme gravitación. Más allá de los gobiernos efímeros y de sus particulares preferencias, las naciones permanecen y a ellas deben apuntar las políticas, por encima de frágiles coyunturas. Y salvo el caso de gobiernos monstruosos (v.g., Tachito Somoza, Trujillo…) cualquier conflicto interno en un país latinoamericano debe ser considerado por nuestra parte con fina actitud, propulsando el diálogo y la mediación y salvaguardando siempre el futuro. Y no olvidemos que la defensa de los intereses de los sectores desfavorecidos (mayoritarios en los pueblos americanos) es prioritaria en una política latinoamericana de España, aunque esos sectores, por dificultades económicas surgidas del fracaso de políticas progresistas, puedan estar momentáneamente desilusionados y sean por ello presa fácil de la reacción para la que la miseria y la injusticia nada significan. Por ello merece el máximo elogio el presidente Zapatero con su incansable trabajo de interposición y de mediación entre las partes, cualesquiera que sean los frutos a corto plazo y no obstante los insultos e incomprensiones. Él no hubiera cometido el error de Sánchez, error que ahora éste último ha tenido que corregir en parte, y a pesar de la incoherencia, no recibiendo personalmente a Guaidó, tarea que dejó a cargo de la titular de exteriores (y en la Casa de América).

En el plano interno español, la claridad y determinación de una política americana de nuestro gobierno es imprescindible frente a una derecha desatada para la que cualquier incoherencia o insuficiencia de esa política es sabrosa carroña para sus hábitos de hiena. Ahora se alza ante nosotros tricéfala, moderna Hidra de Lerna, con la ventaja para nosotros de que las tres cabezas son mortales. Con la seguridad también de que decapitadas (metafóricamente hablando) de la sangre de las cabezas cortadas no alzará su vuelo Pegaso alguno ni amenazará con su espada Crisaor. Y a esta derecha se ha unido (ya hace tiempo) el presidente González con declaraciones apocalípticas sobre el gobierno de Maduro y trayendo a colación el nazismo. “Nadie podrá alegar ignorancia como entonces” (y como alegó él con los Gal).

La vida, con todas las vicisitudes que comporta, va tallando a lo largo de los años el rostro de los hombres, personas públicas o privadas, y, al final, cada uno tiene las facciones que ha merecido. De un pensador alemán se dijo que cada problema del siglo había dejado una arruga en su frente. El rostro de Felipe, abotargado y con las mejillas caídas, los ojillos hundidos, va revelando sus rasgos definitivos. Un buen ejercicio es la comparación con el rostro de Zapatero.

Venezuela es una metáfora (y mala) de la derecha en la política española. Con total olvido, por poner ejemplos, de los miles de asesinatos anuales en México, o de la violencia asesina de la policía en Brasil (también con miles de muertos), de la corrupción gigantesca en esos países, por supuesto, sin la menor crítica a la violencia privada y pública en los EEUU y a su política exterior en el tercer mundo, con frecuencia terrorista y poblada de asesinatos, ha concentrado su atención en Venezuela, la ha extraído de su ámbito natural de gravitación y la ha trasladado a España para someterla a la gravitación de la política española. Una imagen deformada e irreconocible del país latinoamericano ha sido arrojada como arma contra los progresistas de este país con el apoyo generalizado de los medios. Domina un lugar común y la izquierda vacila y se defiende mal de los lanzamientos de la derecha que por su estupidez no deberían alcanzar ningún blanco.

La visita de Guaidó fue aprovechada por la derecha triple en su ofensiva contra el gobierno. Recepción en un retórico jardín de hipérboles, llaves de oro de ciudades, atronadores presidente, presidente, desmesurados elogios y aún mayores descalificaciones a los adversarios, entrevistas con los líderes conservadores, incluido el de Vox. En mi opinión, el momento más risible, y de mayor ridículo, fue el discurso del alcalde madrileño, un enano en la sombra de Tierno o de Carmena. Por el aeropuerto de Madrid, pasó la vicepresidente venezolana quien tiene prohibido el acceso a territorio europeo por mor de ésa “posición común” impulsada por el presidente Sánchez. Las razones de ese viaje las ignoro, el hecho objetivo es que cambió de avión camino de su destino y que durante unas horas descansó en una sala del aeropuerto. En el curso de su estancia, la saludó y dialogó con ella un ministro del gobierno. La reunión duró un tiempo indeterminado, menos de una hora, lo que, por otra parte, no importa mucho, como tampoco que el espacio de descanso sea territorio español y, por ende, europeo.

Cualquier jurista sabe que una norma admite interpretación para adaptarla a casos concretos, interpretación que corresponde al gobierno español. Así lo entendieron en Bruselas donde la situación no mereció comentario. Por otra parte se trató con la dignidad exigida por su cargo a un representante de un país amigo y con el que mantenemos relaciones diplomáticas normales. Repito, nada que merezca más de una línea informativa.

Inmediatamente los líderes conservadores, especialmente los del PP, con Casado a la cabeza, donde no había nada, montaron un caso de sorprendente ridiculez con acusaciones relativas a la infracción de la prohibición europea y al escándalo de recibir a la política venezolana, poco menos que una represora criminal. En el artificial escándalo contaron con el apoyo de los medios de comunicación, especialmente las TV carroñeras que en su guerra por la audiencia huelen la basura con rapidez y ven la oportunidad de aumentar aquella por lo que aceptan el marco argumentativo de la oposición, desde el que lanzan sus andanadas al gobierno.

Hay que reconocer que tuvieron la ayuda inestimable del gobierno y, en concreto, del ministro Ábalos con su actitud vacilante, contradicciones y excusas tímidas con inútiles disquisiciones de si galgos o podencos. Faltó firmeza, principalmente al ministro, quien debió rechazar la ridícula controversia y poner a la prensa en su lugar, en vez de someterse, coitadiño, por ejemplo al inquisitorial examen de la lamentable señora Pastor con su pequeño y ridículo mundo de hemerotecas, con el antropoide gesticulante de “Al rojo vivo” al fondo. Ya es hora de que alguna vez imiten a Gabilondo, a quien, paradógicamente, llaman maestro. Creo que la calidad de una democracia se mide también por la calidad de su periodismo. Y éste nunca ha estado tan bajo entre nosotros, apóstol de la mentira y del disparate. ¿No le preguntó un quídam a la portavoz del gobierno la razón de no haber sido deportada la vicepresidenta de Venezuela? Si no saben, que aprendan o enséñeseles.

En fin, así es la derecha que tenemos, incapaz de comprender, lo que no abarca su horizonte de tópicos que, simplificando y sin demérito para las Castillas, llamemos mesetarios. De ellos se hallan en estado de embriaguez permanente. Son fruto de una larga historia que ha configurado un álbum de fotos obtenidas con un enfoque muy especial y complejos retoques y eliminaciones. Vemos en ellas, irreconocibles, héroes prerromanos, a Pelayo, el Cid, los Reyes Católicos… Hasta llegar a las abundantes de Franco con un brazo apoyado en la Constitución. Son la fuente de inspiración de sus ministros como los barrigones que cantan “somos los novios de la muerte” pero que se inclinan, criados ante el rey, el anillo episcopal o el departamento de estado USA, sin olvidar el cortejo a los presidentes de las grandes empresas. Por supuesto desconocen lo que es la Política (no sería necesario escribir la palabra con mayúscula, o la política tiene su estatura o no es). Y por supuesto ni han oído hablar de poética.

Un gobierno progresista debe actuar ante esa derecha como si no existiera, rechazar su horizonte de argumentación pues quien acepta el horizonte de los tontos acaba diciendo tonterías. Ningún ciudadano, por demócrata que sea, está obligado a discutir estupideces fruto de la libertad de expresión. Es un virus que se contagia automáticamente con la contraargumentación. Reírles su ridiculez y por supuesto no sentir temor. Es absurdo el miedo y la contemporización tímida que embarga a amplios sectores de la izquierda. ¿Miedo a qué? No hay peor temor o angustia que el que no se origina de una causa concreta o analizable.

Y más injustificable es ese temor ante la derecha si se piensa que detrás de un gobierno progresista está la mayoría de los desfavorecidos que siempre crece, como crece la desigualdad. El único peligro, y lo único que debería causar temor, para un gobierno progresista, es desilusionar, decepcionar a los que en él confiaron y volverlos vulnerables a los cantos de sirena de la derecha, tras los que se esconde un destino conocido. Una derecha que habla de la igualdad de los ciudadanos españoles pero que vende las viviendas sociales a fondos buitres, sin que la justicia tenga nada que decir.

La empatía con los desfavorecidos y la acción resuelta contra la desigualdad y sus abusos tiene que ser el eje cardinal de una política progresista, radicalmente democrática. Y debería haber un ministerio con competencias transversales para atender reclamaciones concretas y urgentes y dar solución a lo inaplazable que no encuentra tratamiento eficaz en la actuación lenta y reglamentada de la administración.

Con una política así es posible, y para su desesperación, mantener alejada a la derecha indefinidamente del poder. Y es lógico, si “los que son más iguales que otros” son minoría frente a la mayoría de izquierdas en este país. La derecha que tenemos, incomparable con otras de Europa Occidental, solo puede ganar unas elecciones generales (además de la ayuda del sistema electoral) al amparo de grandes convulsiones, como muestra la historia de los últimos años: corrupción generalizada del gobierno socialista, que trajo a Aznar, y crisis económica mundial, que nos regaló a Rajoy.

Pero las aguas vuelven a su cauce.

FEBRERO, 26

CUNQUEIRO Y LEZAMA. LA LUZ DE UN MUNDO QUE SE ALEJA.

(La primera parte, de cinco, constituida por “Texto mítico griego”, “Preámbulo” y “Cunqueiro y Lezama, vidas paralelas” constituye la entrada del 23 de enero de este diario).

II. UN MUNDO COMÚN.

Ambos escritores, estrictamente contemporáneos como decíamos con anterioridad, no importa si nacidos en provincias diferentes de Iberoamérica, comparten una coincidente concepción del mundo y una tradición cultural occidental que, en aspectos esenciales, se remonta al Neolítico. Ellos han sido testigos a lo largo de sus vidas del crecimiento exponencial del desarrollo técnico y científico que ha originado cambios decisivos en ese modo de vida milenario y fragmentado, el curso de una cultura común de los círculos dirigentes (piénsese en la rotura de la transmisión de la cultura clásica, por ejemplo, o el fin en Occidente del mundo campesino). Cambios que continúan aceleradamente con la revolución digital, con la genética, con la inteligencia artificial… Lezama y Cunqueiro no llegaron a conocer los ordenadores ni la red de sus conexiones pero eran plenamente conscientes de la “amenaza al mundo armónico del hombre que le ha sido arrebatado”. El cineasta Kurosawa afirmó un cambio en el ser humano que fechaba después de la Segunda Guerra Mundial y, yo mismo, en mi pequeño rincón gallego, he vivido el fin de un “ordo vitae” en el que crecí, fin en el que el desarrollo técnico ha sido el factor decisivo y que de alguna manera ha encontrado al hombre desprevenido y sin respuesta adecuada. Por esas fechas posteriores a la guerra ya afirmaba Heidegger en su “Carta sobre el humanismo” las carencias de nuestra posición para un diálogo con la técnica. Esas carencias, con el increíble progreso tecnológico se han acelerado desde entonces y vemos, como decía el senadoconsulto de represión de las bacanales del año 186 A.N.E. que “Quasi alterum populum iam esse”, otra gente aparece, permanentemente inclinada sobre la pantalla de su móvil, en lugar de seguir el vuelo de la flecha hasta la línea del horizonte, hacia la luz de una nueva imagen. Algo ya sobrecogedor, a pesar de hallarse aún en sus comienzos y que me hace dudar de pertenecer a la misma especie.

Durante milenios, desde el Neolítico, pasando por la antigüedad, hasta el siglo XVIII, la realidad con su extensión y la dirección irreversible del tiempo tuvo como compañera inseparable a la imagen que la corroía y afectaba en sus cualidades esenciales. Las cosas, en parte, eran sustancialmente ellas pero también las imágenes surgidas de sus transportes metafóricos, por la gravitación de extrañas aproximaciones.

Los griegos, sin perjuicio de sus Aristóteles, Tucídides o Euclides, vivieron en la imagen, es decir, en la naturaleza imantada, penetrada por la imagen, “la sobrenaturaleza” lezamiana. Su geografía, por ejemplo, era real y al mismo tiempo sagrada, mítica, o como deseemos denominarla, esencialmente sobredeterminada por dislocación nacida de la metáfora, por la interferencia de órbitas gravitacionales muy alejadas. Pero el tridente de Poseidón que separó a la isla de Eubea o la piedra que le cayó a Atenea y formó el Licabeto o las entradas al mundo subterráneo que podían señalar dónde habitaban no impedían actuaciones y navegaciones eficaces, las enriquecían, así la de los argonautas por el Ponto Euxino, cuando vieron el vuelo de Apolo camino de los hiperbóreos. Y por poner otro ejemplo, el de los siglos XVI y XVII en Europa (con Erasmo, Descartes y Spinoza) fueron los siglos de la alquimia, del gólem, de las brujas y demonios. Particularmente ilustrativo es el caso de la alquimia por la que surge el oro en virtud de la metáfora material de extraer de la soledad de su órbita uno o varios objetos y aproximarlos a la gravitación de otras, operaciones basadas en la previa puesta en común de imágenes. Desde Heródoto y Plinio hasta el emperador Rodolfo no hay solución de continuidad, reina la sobrenaturaleza.

Es desde la Ilustración en adelante, a través de las sucesivas revoluciones industriales y técnicas, hasta hoy, cuando se vuelve irresistible el causalismo de lo sucesivo y lo unidireccional histórico, hasta la revolución digital de nuestros días. Y con el tiempo irreversible las cosas han perdido o casi perdido sus contextos metafóricos (desnudez material del objeto que facilita análisis técnico-científicos exhaustivos pero que muestra también su pobreza) al igual que, v.g., la geografía, privada de su imagen mítica y convertida en paisaje, objeto de las técnicas y ciencias particulares.

Lezama y Cunqueiro eran plenamente conscientes del peligro mortal, de la amenaza fatal de esta evolución para la milenaria tradición cultural de Occidente por la desaparición del mundo en que florecía, de las soluciones de continuidad que nos separan más y más de nuestras raíces culturales de las que estamos siendo arrancados. De seguir esta dinámica, como parece inevitable, las tremendas grietas existentes se traducirán en un colosal hundimiento, la desaparición de un continente y de un modo de ser humano. Y todo este mundo perdido, esta Atlántida, será objeto de estudio de especialistas, sin que haya un Platón que lo evoque poéticamente. En virtud de la conciencia de esa amenaza asumieron con decisión sobre sus hombros una tarea titánica, convertir su obra en una gigantesca “arca de Noé” que salvase del diluvio y del olvido, en la medida de sus fuerzas, esa inmensa riqueza acumulada por la historia del hombre, para decirlo en términos actuales, una asombrosa digitalización de imágenes. En ella podemos ver la “nostalgia por un mundo sin historia” (compatible con la historia, como dijimos entre los griegos) la reimaginación de la naturaleza, la irrupción de un tiempo puramente poético, liberado de toda circunstancia cronológica, un modo de relacionarse los humanos sin la violencia económica, la primacía de la palabra, la defensa de la ciudad pequeña, “una cunca redonda en la palma de la mano”, la defensa del barrio y la vecinería, “el diálogo medieval entre los hombres no deturpado por el mercado”, defensa del calendario tradicional, de los ritos escrupulosamente cumplidos, crítica de la ciudad cíclope o de los petroleros gigantescos como avatar actual de Leviatán. En ambos escritores se encuentran textos hermosos y entrañables sobre algo esencial para ellos como es la agricultura y el mundo campesino tradicional. No importa la autoría concreta. Cualquiera de los dos lo firmaría. Es más, es difícil, fuera de contexto, averiguar quién de los dos los escribió. Cito de memoria, sin entrecomillar, frases de los mismos que me habitan: la creación del campo labrado define a Occidente. Necesidad del campo labrado para el ciudadano (¡extensión de los huertos urbanos!), defensa del sabor y variedad de los alimentos naturales y de la historia de las denominaciones, cuyo conocimiento multiplica aquel. Tragedia de la desaparición del mundo campesino y necesidad de un auténtico mundo rural. Desaparición de la producción valiosa y del consumo sano y bueno. Apego a la cocina tradicional… Textos que nos los muestran como los guardianes de la humanidad palpitante mediante la reconstrucción en sus astilleros, por la imagen, de lo fatalmente perdido.

Con relación a Cunqueiro, se impone releer y pensar bajo esta perspectiva los miles de artículos por él escritos, dejando a un lado lecturas tópicas y claramente insuficientes. Constituyen la población de ese “arca de Noé” antes expresada que cuando baje el nivel de las aguas, puede colonizar nuevamente el mundo. Y no solo eso, en el repensar sus textos nos sale al encuentro un profundo pensar, su pensar poético cuyo perfume brota, con frecuencia, de un exiguo frasco de dos o tres palabras.

Por eso son inexplicables, fuera de un triste contexto histórico, las críticas del tipo “encerrado en su torre de marfil” de las que hablamos en la primera parte. Y que fallan groseramente el blanco. Empeñados en salvar la milenaria creación humana, ¿a qué otra tarea más grandiosa podrían dirigir sus esfuerzos? Ellos permanecieron siempre fieles a lo esencial del hombre. Se ha dicho de Lezama que no era un pensador ingenuo. Evidentemente tampoco lo era Cunqueiro. Ni eran unos espíritus franciscanos recreando inocentes y periclitados horizontes humanos. Ni mucho menos pensadores reaccionarios, opuestos al progreso técnico y al avance tecnológico y científico de la civilización. En absoluto. La ciencia y la técnica no están enfrentadas al ser humano armónico, a un mundo humano, a la poética, sino al uso inhumano de las mismas. Contra lo que están ambos poetas, y su obra en un valladar infranqueable, es contra el economicismo delirante y sus falsos cálculos de rentabilidad, contra cualquier utopía técnica y científica que prescinda del ser humano, contra el crecer desaforado y metastásico de la tecnología como un fin en sí mismo y contra todos los desarrollos que ello supone. Están contra un mundo sin poética.

Son muy ilustrativos, con relación a Cunqueiro, y que revelan claramente su pensamiento en este terreno, varios textos del mismo. En el primero critica una noticia de California según la cual se ensayaba la enseñanza por medio de robós que sustituirían a los profesores. Cunqueiro concluye que la sustitución del maestro por máquinas implica la transformación de los alumnos en robós también, con eliminación de la persona del ciclo de la transmisión del saber. “Rechazo cualquier maestro que no pueda ser bautizado”.

En otro artículo, ya de 1960, “La última máquina” de la serie “El imperio secreto”, los gobernantes de este imperio organizan viajes de inspección por los países sujetos a su jurisdicción con el fin de detectar “puntos de podredumbre”. Los inspectores o nuncios son gente ociosa y erudita, gente humana que ama las flores y las sonrisas. Dejan para el final la visita a las grandes concentraciones industriales, concretamente a la Renault de París, cuyos directores soportaban mal las injerencias de los enviados de la cancillería imperial a los que acusaban de incitar a la vagancia, incapacidad científica y miedo a la máquina por su espíritu poético. Los enviados imperiales, ante el sistema de despido de trabajadores por un sistema electrónico, en función de criterios cuantitativos, sin tener en cuenta circunstancia humana alguna, horrorizados envían un informe en virtud del cual la cancillería imperial decreta que la empresa automovilística es un “punto de podredumbre” en el imperio.

Resulta evidente la necesidad absoluta de una fundación poética para la economía y la tecnología, que es otra forma de decir la primacía del ser humano y que no hay rendimiento ni utilidad sostenible de las mismas que prescinda de esa primacía. “La podredumbre” tecnológica es el camino más corto a la catástrofe. Creo firmemente que el diálogo con la técnica por el que se preguntaba Heidegger, tiene su fundamento en la poética, en “la reintegración armoniosa del ser humano” Desde otro punto de vista, y presupuestas siempre la primacía de las necesidades humanas, la ciencia y la poética, aparentemente sitas en ámbitos muy alejados, encuentran frutos abundantes de una recíproca consideración. Un texto cunqueiriano menciona una cosmología de una secta budista según la cual el universo es una tortuga inmensa que flota en las aguas primordiales y de la que la tierra es el caparazón y el sol y la luna los ojos. No son los monjes enemigos de la cosmología y de la astronomía científicas, pero creen que son una apariencia, formas soñadas, en la medida que el cosmos existe por ser soñado. “Todos nos soñamos los unos a los otros”. Por ello están dispuestos al estudio simultáneo de ambas cosmologías. La moraleja es que de la ciencia fluyen imágenes a la poética y recíprocamente. Las respectivas visiones, traducidas al correspondiente lenguaje científico o poético son de imprescindible fecundidad.

Finalizo este apartado de la relación de la poética con la ciencia y la técnica con el ejemplo de la geografía. No resta un ápice de cientificidad a ésta, la gravitación sobre la misma de la geografía sagrada, es decir, imantada por la imagen. Los linderos geopolíticos de Europa se ven iluminados (y brotan profundas intuiciones) por el norte hiperbóreo y el sur etíope, el oeste de las Hespérides o el este de la Cólquide o la India.

O si nos inclinamos sobre el origen de los pueblos precolombinos, nos conmoverá la mitología de sus migraciones, de los mundos que han ascendido y de sus lugares de emergencia. Cada lugar de la geografía terrestre está dominado por una imagen. En la visión de esta geografía sagrada descansa la imprescindibilidad del viaje, no ya necesariamente real sino la ganancia de una situación desde la que es posible el contemplar. Más adelante hablaremos de ese saber ver de Cunqueiro y de Lezama. Digamos aquí que ven desde un íntimo habitar una tradición humana milenaria, una visión, lo mencionamos en la primera parte, que nada tiene que ver con el movimiento (la inmovilidad del viajero). La profundidad y multiplicidad de las raíces de esa habitación, de la fundamentación de su casa, se nos revela constantemente en sus textos. De ellos resulta la nostalgia por una totalidad irrepetible, y por ello de un valor que supera toda medida y que se halla en trance de desaparición, la desaparición de un modo milenario de ser humano sin que lo que lo sustituya, sea lo que sea, compense la pérdida y, lo que es peor, el olvido de lo perdido que se traduce en la angustia difusa de la ausencia. Ausencia de fundamento del vacío que ocupa el lugar de lo perdido y olvidado. Y sobre todo, de esa totalidad, de ese mundo que se aleja, formaba parte una presencia decisiva que lo conformaba y coloreaba, la presencia de la muerte. La muerte formó siempre parte de la vida cotidiana de Occidente, de nuestro, de mi mundo. En las amplias familias de antes, la muerte, como constitutiva posibilidad de la vida de los parientes reunidos, era una presencia natural. Y los difuntos gravitaban en las longevas habitaciones familiares que habitaron. Las escenas en el recuerdo son estampas de reuniones de vidas en movimiento y de vidas yacentes con el fuego al fondo del hogar siempre encendido. Esa presencia de los difuntos es constante en los textos de Cunqueiro, en la ciudad cunqueiriana donde, con naturalidad, son un ciudadano más. En Lezama, golpeado (cuando niño) por la muy temprana pérdida de su padre, la muerte no se presenta con esa naturalidad cunqueiriana, su presencia es sombra melancólica, una grieta. Se nos adelanta la escena que narra Lezama en “Paradiso” de la cena familiar preparada por doña Angustia quién sabe que en toda reunión de efímeros es necesario tener dispuesto un plato y unos cubiertos para la muerte que está siempre invitada. Todo se lo debe a este invitado el “hechizamiento de las pequeñas cosas”. Por eso será siempre ridícula la ambición delirante de algunos maestros de cocina de ostentar la condición de artista, deformando con esfuerzo su estatura de honrada y tradicional artesanía con los zancos de la tecnología y de la ciencia nutritiva, muy en el horizonte de nuestra época. Con esa evolución científica de la cocina, con sus cátedras y centros superiores culinarios, han cortado las raíces culturales de la alimentación humana y la han convertido en otra cosa, en su nueva residencia técnica y químiconutritiva. En su mesa gastronómica han olvidado que a la puerta llamará la muerte, metáfora perfecta de cualquier cordialidad humana reunida.

Por ello, hablar de un Cunqueiro, “escritor gastronómico”, como una de sus facetas, es una de tantas insuficiencias de una crítica apresurada y tópica, ajena al complejo mundo cultural al que perfuman y dan sabor “los hechizamientos de las pequeñas cosas” enraizadas en milenios de amalgama mineral con la muerte y la melancolía. Y así, cualquier texto lezamiano o cunqueiriano relativo a los alimentos y a su preparación es indisociable de profundos contextos culturales, de situaciones de convivencia familiar o social decisivas para el hombre. Y siempre en la fiesta del lenguaje, en la luminosa explosión de la metáfora.

Y recordemos que la palabra “saber”, y Lezama y Cunqueiro sabían, eran sabios por su capacidad de visión (más allá del dominio de ciencias o técnicas particulares) que les permitía detener “la flecha camino del horizonte” y descomponer su vuelo, procede del latín “sapio” que en principio se refería al gusto de las cosas, luego al hombre de gusto, finalmente al que sabe, cuya casa “rodean campesinos y oficios dichosos” (Lezama). Contexto que nos hace presente el optimismo de ambos escritores, un optimismo hondo, no obstante la presencia constante de la muerte en su obra (con una gran variedad de ropajes en Cunqueiro) y del perfume del sahumerio de la melancolía, optimismo que es consustancial al habitar en el paraíso de la imagen. De la imagen como dadora de sentido a la muerte o, lo que es lo mismo, a la vida. De su ser soteriológico hablaremos en las partes tercer y cuarta de este ensayo. Ahora solo diremos que frente a los laberintos borgianos, se alza la obsesión de Lezama por derribar los muros que segmentan el pensamiento del hombre. Y Cunqueiro, que reconoce al laberinto como lugar de instalación humana, serie de encrucijadas de las que es preciso salir. Pero no se sale en camino recto, a través de encrucijadas interminables, sino por la imagen que aniquila los laberintos, y para la que un camino es todos los caminos, una dirección conduce a todas las direcciones, toda puerta de entrada es una salida. Y ello en virtud de la flecha de la metáfora que, instantáneamente, sin la fatiga de la luz, salva la distancia del horizonte elegido.

Pero para eso es necesario saber ver. Y por saber ver, repito, son sabios Cunqueiro y Lezama. Con referencia a Walter Scott, escribió Cunqueiro, “todo lo que ha sido visto es verdad. Y si W. Scott vio aquellos países y siglos, aquellas damas y aquellos paladines, aquellas flores y aquellas aves, Scott vio y los otros no”. Para W. Scott lo más remoto de lo por él tratado era actualidad. Y, muchas veces, cuando cruza un gran personaje generoso, capaz de hablar con los vivos y los muertos y de dar la vida por un sueño, ¿no es W. Scott quien cruza? ¿No es Cunqueiro o Lezama quien cruza? Y para ver (Lezama) “se necesita la tensión de la oreja alzada del gamo”, la atención más exquisita, aquella que pedía Nietzsche en “also sprach Zarathustra” “O Mensch! Gib acht! Was spricht die tief Mitternacht? Die Welt ist tief und tiefer als der Tag gedacht” (¡hombre presta atención! ¿Qué dice la profunda medianoche? El mundo es profundo, más profundo que lo que el día piensa). Solo con esa tensa atención se puede contemplar lo invisible, es decir, hacer visible la posibilidad de una relación inexistente hasta que la crea el impacto de la flecha en la línea del horizonte. La nueva imagen nos golpea entonces con su necesidad como la vida nueva que nos mira con sus ojos recién nacidos. Cópula metafórica y cópula biológica tienen un efecto semejante: producen un nacimiento, la imagen en un caso y en el otro un ser viviente. Pero ambos nacidos son inseparables, la imagen habita en el carcaj de ese ser viviente con inexorable destino de arquero que permanentemente apunta al blanco. Pero la imagen, como veremos más adelante, es un “peligroso destino” y desde su habitar el paraíso del texto desenvuelve y estira sus anillos de ofidio para alcanzar la realidad física, cotidiana del arquero. Como el jaguar, la imagen no puede ser domesticada.

Escribió Lezama que la carta oscura que entrega la metáfora abre un espacio hechizado. Pero el lugar de entrega, “la línea del horizonte” lo precisan esa atención, ese saber ver: “un sonido, un rostro, una voz o un verbo será suficiente para movilizar un universo que no tardará en manifestarse por medio de la palabra y la imagen” (Iván G. Cruz). “Licario estaba siempre en sobre aviso de las frases que buscan hechos, dueños o sombras… parecen reclamar… una giba o un caracol que las haría sonreír… su aparición de irrupción o fraccionamiento… si oía decir “qué me importa, yo no lo he buscado” lo oía tan aislado y suficiente en su islote, luciendo un orgullo de luciferino rechazo…”

Ese saber ver la profundidad de un mundo, incluidas las grietas y líneas de fractura, nos muestra su irrepetibilidad. Recordemos las hermosísimas palabras de Cunqueiro sobre el mundo de los hombres (en torno a la posibilidad de otros mundos habitados): “¿Por quién? ¿Por el hombre, la mujer, el niño, el caballo, el pantrigo, la paloma, la columna dórica, la rosa, la porcelana china, el vino blanco o tinto, el sifón, los relojes, las lenguas neolatinas, Romeo y Julieta, la salsa mahonesa, las películas de Greta Garbo, una mañana de lluvia, el olor a membrillo, el perro, el vendaval, papeles a tres tintas, retrato de una dama veneciana desconocida?” “Y probablemente nadie responderá (o sabrá responder, añado) a un humano que llegue y diga alegre, ¡buenos días! ¡Vaya mañana de mayo más hermosa!”

O las no menos hermosísimas palabras de Cunqueiro sobre las habitaciones gallegas de esa casa del hombre que se cuartea: “desaparición de las cocinas terrenas, de las lareiras, no se cuece pan en los hornos familiares, las mujeres no amasan la harina de trigo en la artesa. ¿Dónde las benditas almas del purgatorio, las tertulias en la cocina, las tabernas? Y sobre la singularidad del mobiliario de estas estancias gallegas, “las posibilidades de que haya, en la inconcebible pluralidad de las galaxias un astro en el que pueda repetirse la vida, con las formas pasadas, presentes y futuras que ha tenido, tiene y tendrá en la Tierra, son prácticamente nulas. Si hay vida en otros astros será otra cosa, pero no la combinación del abedul y la paloma torcaz, la rosa y la viña, el ciervo y el trigal, la mujer y el aceite, la muchacha que sueña y la música del violín, el niño que aprende el alfabeto y el alfarero que en la rueda hace el vaso”. “Nada volverá a repetirse” asiente Lezama. “Ninguna combinación infinita repetirá una cifra finita, todo está dispuesto para un nacimiento, no para una repetición”. Y el mismo Lezama, en un texto inolvidable, nos muestra también su casa de poeta, llena de luces para la oscuridad que acecha hoy al hombre: “una antigua leyenda de la India nos recuerda la existencia de un río, cuya afluencia no se puede precisar. Al final su caudal se vuelve circular y comienza a hervir. Una desmesurada confusión se observa en su acarreo, desemejanzas, chaturas concurren con diamantinas simetrías y con coincidentes ternuras. Es el Puraná, todo lo arrastra, siempre parece estar confundido, carece de análogo y de aproximaciones. Sin embargo, es el río que va hasta las puertas del paraíso. En los reflejos de sus ondas desfilan el vestíbulo del farero, el árbol de coral, la cadena del ojo del tigre, el Ganges celeste, la terraza de Malaquita, el infierno de las lanzas y el reposo del perfecto. La incesante contemplación va entregando su dualismo, la aventura del análogo y las parejas que se retiran a sus isletas. Un árbol frente a unos ojos, un árbol de coral frente al ojo del tigre, las lanzas frente a la terraza, después las lanzas infernales frente a la terraza de Malaquita”.

Ambos poetas, por el recurso de la enumeración, con sus anillos de parejas y oposiciones, nos muestran la vida y la cultura milenarias del hombre. Recurso éste de la cadena enumerativa muy productivo en una variedad de familias lingüísticas, en las que la designación léxica de un conjunto se efectúa por la yuxtaposición de dos de sus elementos. La enumeración abierta, que puede ser sustituida por una pluralidad infinita de otras enumeraciones en el plano paradigmático, nos abre en la extensión los ojos de Argos y hace que nos broten “orejas de Gamo”. La enumeración es en la poética lo que la definición es en la crítica escolástica. “Toda definición es un conjuro negativo” (Lezama). “Definir es cenizar”. El estudio de las cenizas corresponde a la “crítica forense” (Borges). Pero aquí habitamos “el libre albedrío de la imagen” donde no es posible definición alguna. Solo contados críticos alcanzan la altura de la imagen que nos golpea huracanada. Y recuerdo vi, conmocionado, la imagen que arrojó un genio desconocido, “una luna roja y tumefacta, como el escupitajo de un titán tuberculoso”.

Para concluir esta segunda parte y parafraseando a Lezama. Durante milenios la humanidad creyó en el Paraíso, en la ciudad paradisíaca. Y en el fondo de todo ser humano, no obstante el triunfo de la racionalidad, sigue vivo el anhelo del tiempo reversible, del viaje en el tiempo, la comunicación del mundo con el paraíso, la posibilidad de apariciones o milagros, las poderosas metáforas de las puertas. El dominio de lo causal-histórico y del progreso tecnológico, apenas velan esa dimensión arcaica, constitutiva del ser humano, esa exigencia de aniquilar la distancia de lo heterogéneo en la unidad de la imagen, donde florece la posibilidad de creación infinita.

Cunqueiro y Lezama, desde el mundo tradicional del hombre, bebido hasta la ebriedad, plenamente conscientes de su progresivo hundimiento en las aguas del progreso técnico-científico, saben cómo salvar del naufragio esa nostalgia humana de una antigua armonía, saben que es en la imagen donde reside la compensación de la pérdida y la satisfacción de esa nostalgia. Y el paraíso de la imagen se halla en el texto paradisíaco “El centro del paraíso es la novela” (Lezama). Ahí lo heterogéneo se vuelve apariencia, vestido transitorio de la unidad paradisíaca donde es posible la afirmación de algo y su contrario, donde hay puertas aunque no haya caminos, donde “Licario sabía que no había secretos pero había que buscarlos” o (Cunqueiro) “hay secretos y hay que buscarlos. Pero también nos encuentran” pues “los tesoros quieren ser encontrados y gastados”.

Cunqueiro y Lezama: efímeros dichosos que apresaron el movimiento como imagen en sus textos paradisíacos. No dichosos a pesar de efímeros, sino por serlo. La condición de efímero del hombre es el presupuesto de su vocación de arquero de la metáfora que en el transcurso de una vida mortal le otorga el poder infinito de crear un universo y de dibujar en él las órbitas de esa vida bajo la luz llameante de la imagen. Una inmortalidad “del pueblo que marcha sobre la tierra” lo despojaría de esa esencial vocación de arquero que surge de una carencia original, ni habría lugar para la añoranza del paraíso ni a su creación en el texto por la imagen.

Cunqueiro y Lezama, en sus paraísos respectivos, se me aparecen como evangelistas, evangelistas de la buena nueva de que es posible “la ingenuidad de habitar un nuevo paraíso”, de que cada humano, en la inmortalidad de la imagen, puede salvaguardarlo todo, a los vivos y a los muertos, a sus geografías y a sus tiempos y a las cosas que los amueblan, que la parábola de su flecha llega a todo horizonte imaginable. Sí, creo firmemente que los textos esenciales de Cunqueiro y de Lezama exigen ser leídos como evangelios de salvación para los efímeros, evangelios de nuestra armoniosa reintegración en la imagen.

FEBRERO, 21 VISITANDO UNA EXPOSICIÓN

Un periódico es como la ciudad en la que se edita, también una ciudad, grande o pequeña como aquella. En peso cultural es muy difícil que supere el de su ciudad pero, en cambio, es frecuente que sea mucho menor que el que le correspondería. Este es el caso de Faro (de Vigo). Si uno recorre sus calles, le asaltan multitudes ruidosas, conversaciones anodinas, exposiciones sin mayor interés, conferenciantes tópicos para lo que espera la gente media y la inevitable turba de psicólogos, economistas, nutricionistas, propagandistas religiosos, también el adorno de algún revolucionario jubilado. Toda esta vida, cuando pasan veinticuatro horas, se ha marchitado y ha sido arrastrada por el servicio de limpieza del olvido. Salvo excepciones, que pertenecen a un tiempo pasado, los políticos que gobiernan Faro y, en concreto, su alcalde-director, procuran satisfacer el gusto mediocre de sus votantes-compradores, sin ambición pedagógica alguna. Ambición imposible, por otra parte, pues unos y otros proceden de las mismas filas y si, por milagro, alguien de entre los políticos de Faro pretendiera hacer algo diferente, ahí están los delegados de los órganos de vigilancia de la federación de ciudades en que se inserta. En el caso de Faro, una de las más grises, monótonas y prescindibles, fiel reflejo de sus planificadores privados.-

Ayer, aprovechando el buen tiempo, decidí un paseo por las rúas de Faro. No anduve mucho tiempo, al doblar la primera esquina tropecé con un local de exposiciones en el que se mostraban los últimos hallazgos sobre la adolescencia de un gran escritor. Muy interesado, en la vida y obra del mismo, avancé hacia la sala principal, lleno de expectativas, pero que decepción! El gran cartel anunciador, sito al lado del portal de acceso, mostraba dos fotografías del escritor y de una mujer, que ciertamente no correspondían a su adolescencia, sino a diez años más tarde, dispuestas en una estética de esos programas que a la entrada de los cines de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo repartían entre los espectadores, tal una pareja de Hollywood, unidos por la frase típica de una carta privada del primer amor. Detrás de esta portada el gusto hortera y ridículo del comisario era evidente.-

Ya en el interior las cosas mejoraron algo. Sin embargo la extensión de la exposición contrastaba con la sobrevaloración del material dispuesto que solo al servicio de otros materiales podría tener (y en aspectos no pensados por los organizadores) alguna relevancia. La exposición demuestra a las claras la falta de criterio intelectual tanto en el comisario como en el redactor de los paneles informativos, atentos primordialmente a sobresaltos sensacionalistas y que, gente de lecturas escasas, ni siquiera conocen con un mínimo de profundidad la obra del autor. Otro defecto muy corriente en esta clase de semiletrados es valorar como transcendente cual cosa que aparezca de un personaje y así, hasta un pañuelo usado, lo consideran un resto, extraordinariamente valioso, del ambiente creativo de aquel. No podía faltar un panel de crítica literaria del analista oficial de Faro, autor de una renombrada historia de la literatura gallega en la que el autor, seguidor de las teorías de vanguardia que sostienen que el lugar de interpretación del texto es la biografía política, ha logrado la proeza de estudiar al escritor, objeto de exposición, de tal modo que, el lector ansioso sale como entró, como si la obra de aquel no existiese. Eso sí, con muchas memorias de la guerra civil e incapacitado para cualquier análisis serio por la deformación que le produce, si desprevenido, la fundamental divisoria de aguas en la historia de la literatura gallega del piñeirismo/antipiñeirismo.-

No me demoré mucho para alejar el disgusto que origina la humana estupidez y no sin lamentar el bajo nivel al que ha caído la dirección de exposiciones en Faro, después de la gran época que conocí en mi juventud. Me dirigí, y allí descansé largamente, a la ciudad paradisíaca cunqueiriana, donde hasta los tontos son divertidos y susceptibles de cariño.-

FEBRERO, 21 DE CINE

En lo que va de año he visto cinco películas muy interesantes por televisión. Cierto que no es lo mismo que verlas en la pantalla de un cine pero, al cabo, no soy un crítico que tenga que apreciar detalles que escapan a la T.V., tampoco un apasionado tal del “séptimo arte” que la pasión me lleve a superar la fatiga de salir nocturno y afrontar la lluvia y el frío. Hace ya años que en los meses invernales piso matinal las calles pero la tarde, las largas tardes de invierno, las paso en casa, absorto en el estudio o en la escritura, coronadas, cuando la hay, por una buena película. Las cintas vistas fueron dos italianas: “Los dos papas” de Fernando Meirelles, interesante, sobre todo los diálogos entre el alemán y el argentino, con su recíproca confesión de hechos u omisiones culpables, incluso me conmovió la presentación del surgir de la vocación sacerdotal de Bergoglio. La otra película italiana “La dolce vita” de Fellini, la había olvidado completamente. Me pareció superior a “La gran belleza” de Sorrentino que sin la primera no hubiera sido posible o sido muy diferente.-

La estructura del filme húngaro de Török Ferenc “1945” me pareció muy interesante, con una estética en blanco y negro de película del oeste. Un forastero llega a un pueblo húngaro después de la segunda guerra mundial. Casi toda la película gira entorno a dos hombres que acompañan un carro con una carga misteriosa hacia un destino no menos misterioso. Su simple atravesar la aldea agita un pasado culpable que al ser removido desata pasiones y acciones incontroladas a ambos lados de los caminantes. Al final, las cenizas del pasado van descendiendo a tierra, pero ahí están los soldados soviéticos que nos recuerdan que el largo estalinismo va a comenzar.-

De “Amanecer que no es poco” de Cuerda ¿qué decir que no haya sido dicho?. Brillante y original el guión con sus diálogos, brillantes los actores, espléndido el montaje de las diversas escenas, una película redonda. Desde luego en Almódovar nada alcanza esta calidad, está a años luz de su tan alabada y para mí mediocre e incluso ridícula en momentos “El poder y la gloria”. Para finalizar la lista la película de Oliver Schmietz “Guardián y Verdugo” (Shepherd and butcher) sobre un hecho criminal y su posterior enjuiciamiento en 1987 en la Sudáfrica del Aparthéid tiene escenas terribles sobre pluriejecuciones simultáneas en la horca y la brutalidad del personal carcelario que revuelven las entrañas. Pienso que resulta un eficaz alegato contra la pena de muerte. El patíbulo con los cuerpos de los ejecutados recuerda un matadero de animales. Sin duda los funcionarios están por debajo de cero en la escala de la humanidad, mucho peores que los condenados ¿Y qué decir del plano en que se mueve el tribunal y la fiscalía, al que no llega el estruendo del suelo que se abre o el olor de la soga? Tremendo.-

FEBRERO 4 : EDOKSE TO DEMO

La derecha política, embriagada de la misma estupidez que habita sus tres cabezas, ofreció en la investidura de Pedro Sánchez un espectáculo que no permanecerá en la memoria de los ciudadanos, solo un eco confuso de insultos, mentiras y afirmaciones absurdas que ni siquiera provocan la risa, sino el hastío.-

Durante la retransmisión de la función teatral en la que intervenían los líderes conservadores, imaginaba a Casado, vestido de legionario, con la borla del gorro acariciándole la frente, a su lado el sargento Abascal, sus barbas apuntando visionarias al horizonte. No sé si estaban en el campo de maniobras donde sus disparos, ignorantes de las leyes de la balística, fallaban el blanco o, si de permiso, vociferaban en la taberna donde Cristo dio las tres voces. Es asombroso que unas personas que aspiran al gobierno del estado no fuesen conscientes de su ridículo, el cual alcanzó su cumbre con la señora Arrimadas y su patética búsqueda, como nuevo Diógenes, de un valiente en la bancada socialista, para hacer fracasar la investidura. No quedó claro si habría remuneración para el que interpretase correctamente la situación.-

Entre los entusiastas diputados del P.P. merece mención especial, Adolfo Suárez Illana, el hijo de Adolfo Suárez. Lamentable figura de relumbrón quien, por el gas vacío que llena su interior, fue apartado en el propio partido a un puesto de brillo, como es la mesa del congreso, además de un lugar próximo a Casado en las fotografías, con prohibición de abrir la boca, para que no vuele la inevitable tontería, solamente las lecturas propias de su cargo y aplaudir o esbozar una ligera sonrisa. Su hermosa cabellera cenicienta y la melancolía apagada de sus ojos, su triste figura de caballero español, no son indicación fiable de sus capacidades intelectuales. Pues bien, este fracasado torero y marqués fallido, con ocasión de la intervención de los representantes de Bildu, un partido tan democratico como pueda serlo el P.P. y mucho más estimulante intelectualmente, optó por un gesto decisivo, un golpe sobre la mesa que impusiese la dignidad de su estirpe. Y, a tal efecto, se sentó de espaldas a los siniestros delegados de Otegi. Sin embargo, no tuvo en cuenta la dificultad de percibir su gesto por el esfuerzo necesario para distinguir la parte anterior de la posterior de su cuerpo, todo superficie de lisura opaca. La impresión final fue la de un niño castigado en el colegio y puesto por el profesor de cara a la pared y con la obligación de repetir mil veces los nombres de los diputados vascos. Creo que aún está en ello.-

Del elenco de actores de esta derecha, recuerdo a la pequeña y dulce Oramas, una japonesa perdida en la furia mesetaria, explicando las razones de su voto que a nadie interesaban. Y también al señor Revilla, por diputado interpuesto, insufrible protagonista mediático, almacén bípedo de simplismos y remedios arbitrarios para solucionar lo complejo, vocero de sus folletos y traductor de sus anécdotas cántabras en categorias universales. Las imágenes históricas de este director de sucursal bancaria, como la de los luchadores cántabros en el camino de Castilla sobre abarcas nos golpean realmente. ¿por qué lo querrán tanto algunas televisiones?. 

Ningún miembro de esta derecha política parece tener en cuenta la distancia entre los tres partidos que la articulan y un electorado conservador, pero moderno y racional que es obvio existe en nuestro país y el cual, escuchándolos, tiene que sentirse profundamente descontento. No reconociéndose en esta ultraderecha les negará su voto.-

Ultraderecha que con sus constantes vítores a la constitución, al rey y a España, ahogados por aplausos enfervorizados, hacían recordar las cortes franquistas y sus procuradores del tercio familiar.-

Pero en esta ineficaz a la postre y grosera estrategia contra el éxito de la investidura del señor Sánchez no estaban solos. Fuera del congreso ofrecían su ayuda y actuaban concertadamente dos largos brazos, el eclesiástico y el judicial.-

La conferencia episcopal que integra a muertos vivientes como los cardenales Rouco Varela y Cañizares, al lado de obispos de voz meliflua y más presentables pero que cuando se dibuja una amenaza para los sacrosantos intereses eclesiásticos, forman una piña de lustrosos plátanos, pidieron rezar por España. Oraciones para impedir la desaparición de la religión como asignatura evaluable y con alternativa, un escándalo intelectual que con dinero público se profundice en las profundidades insondables de la Inmaculada Concepción o la eucaristía. Amenaza que se extiende a la posible denuncia de los acuerdos con el Vaticano o a la reversión de la serie inagotable de apropiaciones del patrimonio del estado o de los ayuntamientos por mor de inmatriculaciones abusivas, o al pago de impuestos. Ante la tendencia histórica del Espíritu Santo a encarnar en bienes materiales, la obligación de un buen gobierno es adelgazarlo y devolverlo a lo invisible, desencarnar al dogma, grosero callo crecido de la “doxa”, de la opinión y apartarlo con claridad de la economía.-

Y el tercer pilar de esta estrategia de la derecha es la cúpula judicial, dominada por los nombramientos conservadores, cúpula dispuesta a todo para impedir una solución a la articulación territorial del estado que rompa la mítica España eterna que mamaron en fuentes franquistas y autoritarias. Así tenemos la sentencia del catorce de Octubre y, alrededor de este hecho central, el escándalo de la prisión preventiva y encarcelamiento de los Jordi, culpables de manifestación pacífica, el atropello de los derechos de Junqueras, el no hacer caso alguno a Estrasburgo, el atropello al presidente Torra por la J.E.C., confirmado por el T.S., la represión de los CDR para dificultar la acción política independentista, sin perjuicio de logrados los objetivos políticos buscados, ir liberándolos con cuentagotas. Todos recordamos la campaña mediática, apoyada en esas detenciones, para obtener condenas de la violencia independentista. No se vacila en banalizar el terrorismo (Alsasua, homenajes a presos de E.T.A., …).-

Pero todo fue inútil. Pedro Sánchez ganó la investidura y tenemos ya el primer gobierno de coalición y progresista de la historia de España. Creo, con todo el escepticismo que se quiera, que hay una posibilidad real de resolver o encauzar problemas que hasta la fecha permanecen irresolubles y que se agravan por esa irresolución. Una de las primeras y excelentes medidas ha sido nombrar fiscal general del estado a Dolores Delgado. La creo capaz de embridar al caballo judicial, desbocado en su galope delincuente y sacarlo del hipódromo político.-

EDOKSE TO DEMO (le pareció al pueblo, fórmula ateniense de los decretos de la asamblea)

Le pareció bien a los diputados la investidura de Pedro Sánchez y no hay más que hablar.-

FEBRERO 4 : NOTAS LINGÜISTICAS

Utilizando el vehículo de este diario pero independiente de su contenido aparecerán periódicamente unas fichas de notas lingüísticas bajo el título, sin duda demasiado ambicioso, con la ventaja, sin embargo, de cubrir todos los temas tratados, de “correspondencias vascoeuroasiáticas y universales”.-

No van dirigidas, en general, a los eventuales lectores del diario. Alguna etimología o algún argumento sobre relaciones lingüísticas puede ser de amplio interés, pero la mayor parte de los temas que serán tratados en principio apuntan a los interesados en lingüística histórica.-

Las fichas llevarán un número correlativo acompañado del día, mes y año de entrada en el diario que se recogerá en las posteriores. Las eventuales modificaciones implicarán la sustitución de la ficha correspondiente u otra nueva con la remisión oportuna. También en las mismas se publicarán índices para una fácil localización de los temas.-

El objetivo de las mismas, como se desprende del título, es el estudio del vocabulario vasco en relación con otras lenguas o familias de lenguas así como, en general, correspondencias léxicas entre lenguas o familias lingüísticas, en principio muy alejadas y que apuntan a un vocabulario común que puede ser muy antiguo, surgido en las muy diferentes y larguísimas etapas de la dispersión de la humanidad desde la salida de África.-

Las correspondencias y estudios tipológicos no estarán ausentes como tampoco diversos aspectos etnolingüísticos.-

En general se procederá por la simple exposición de los hechos y las hipótesis explicativas de autores y diccionarios etimológicos (si las hay y me son conocidas) y las razones por las que parecen insuficientes. Hipótesis alternativas, en general, solamente en un segundo momento, cuando la cantidad y calidad del material recogido, lo permita.-

Son estas notas fruto de largos años de estudio de muy diversas lenguas de las más diversas familias lingüísticas, estudio que abarca, como mínimo, la gramática, la historia de la lengua y un vocabulario básico no inferior a dos mil palabras.-

Es consciente el que esto escribe de su carácter de autodidacta, de “amateur éclairé) y, en consecuencia, carente de formación académica en la disciplina. Al lado de conocimientos extensos, que permiten asociaciones inesperadas, la existencia de inevitables lagunas y la ausencia de la tecnología, bibliotecas y equipos de los que goza un investigador en su departamento o instituto.-

El contenido de estas notas puede, incluso, haber sido ya debatido, en mayor o menor parte, por los estudiosos en sus centros. Por todas estas razones no habrá formulaciones categóricas, solamente exposición de hechos que juzgo de interés, en su caso, la insatisfacción sentida ante las explicaciones habidas e indicación modesta de hipótesis alternativas.-

No necesito decir que recibir pareceres y opiniones que enriquezcan lo por mí aportado, confirmatorios o discrepantes, será bienvenido.-

Lo que no puedo negar es el enorme placer sentido en estos largos años dedicados al estudio de la variedad lingüística humana, que verdad la del griego: “Paideia toîs mén eútujesi kosmos, toîs dè dustejesi katafugé”.

La primera ficha comprenderá los nombres vascos de la gaviota, ardilla, ciervo y vulva. Y el posible significado del nombre propio Ainoa.-

23 DE ENERO

El veintidós de diciembre del pasado año se editó y fue presentado en Mondoñedo en “A casa dos coengos” un ensayo mío titulado “Cunqueiro e Lezama”. Inaugura la colección “Selva de Esmelle” editada por la casa-museo Álvaro Cunqueiro, precisamente en la fecha en que se cumplen ciento ocho años del nacimiento del escritor mindoniense.

El texto del ensayo, ampliamente modificado y traducido al gallego, se basa en dos conferencias pronunciadas por el que esto escribe en la desaparecida librería Mishima, de Vigo, el año dos mil quince. Hoy, con nuevas modificaciones, será publicado por secciones en el presente diario. Para su fácil localización, en cada entrada se indicará las fechas de las anteriores.

Como prólogo al mismo es necesario reflexionar sobre el texto mítico griego (mûthos: palabra, discurso). Mejor sería hablar de textos, discursos, palabras, en plural, a menudo y en apariencia contradictorias, pero solo en apariencia. Pues corresponde a la imagen del mito, como imagen paradisíaca, un total albedrío. De su reino las leyes de la lógica no son ciudadanas, una identidad ama presentarse como su contraria.

Sobre esta palabra mítica griega se inclinaron, absortos, Lezama y Cunqueiro, como otrora Narciso, el hijo de Céfiso, sobre el espejo del agua de la fuente, en busca de una imagen soñada y perdida. Y sin salir del sueño de esa contemplación, los dos legaron a los hombres unas imágenes prodigiosas, que abrazan el momento auroral griego al que pertenecen su savia y sus raíces. Me gusta pensar que los textos de Lezama, y sobre todo, de Cunqueiro, si llegasen a los atenienses por medio de un vehículo paradisíaco, serían pensados como propios, sin extrañeza, explicados por un Heródoto que hubiera viajado por el espacio-tiempo.

El texto mítico (griego) está atravesado por el vuelo libre de la imagen. Su omnipotencia impulsa la transformación generalizada de lo existente, sujeto a constantes metamorfosis. Todos los seres animados (dioses, hombres, animales) así como las cosas y realidades que mal llamamos inanimadas (incluidos los fenómenos naturales) poseen la facultad de fecundar y de engendrar. Todo también puede ser útero prodigioso, abertura que abre el camino a la luz de la existencia. Y lo concebido por las imágenes que engendran no guarda obligada relación con ellas: ante nosotros puede alzarse un Dios o un semidios, un humano, una serpiente, un caballo alado, un monstruo.

La semilla que engendra reside no sólo en el esperma, semejante en poder fecundador es la sangre, y especialmente la derramada con violencia. Y el agua que fluye de los ríos y el viento que golpea excitado. Como receptáculo de esta semilla no solo el útero divino o humano, la tierra es la gran paridora de toda clase de poblaciones, el mar y su espuma, los árboles que abren su entraña, hasta la cabeza y el muslo del padre de los Dioses.

Hay, desde luego, excepciones. Lo masculino no engendra en lo masculino. Ni Zeus en Ganímedes, ni el centauro Quirón en Heracles, en su “simplegma” (entrelazamiento) de titanes. Ese Heracles que en una noche engendra en cincuenta hembras sin necesidad de multiplicar la duración de aquella como su padre. Es necesario que medie una metamorfosis previa, por ejemplo, en árbol para que produzca los frutos de su especie. Tampoco suele ocurrir que la fecundidad elija su escenario entre lo pequeño y humilde inanimado (aquí, y en otros muchos aspectos, es más radical el texto paradisíaco cunqueiriano).

Metamorfosis y engendramiento está estrechamente relacionados. La metamorfosis puede ser utilizada por las divinidades, principalmente por Zeus, para facilitar la cópula con las esposas y las hijas de los hombres, pero también con finalidades de castigo, piedad, protección o equidad. Pero el poder de desencadenar la metamorfosis es monopolio de la divinidad, aunque objeto del mismo pueden serlo los dioses, los humanos, los animales y lo inanimado.

La capacidad de engendrar tampoco hay que relacionarla biunívocamente con la semilla del esperma. Mencionamos ya anteriormente la capacidad engendradora de la sangre, que no es solo la sangre derramada de una existencia fecundada, sino de la sangre en general. De los relatos míticos resulta que basta la puesta en contacto de dos objetos, uno de los cuales es generalmente la tierra, para que se alce un nuevo existente, con frecuencia, de especie diferente a sus progenitores. Como estamos en el reino de la imagen, el transporte metafórico de la imagen de un objeto a la órbita de gravedad de otra tiene un efecto genesíaco y brotan imágenes en un surtidor inagotable. Por obra del transporte universal de la metáfora todos los eros son posibles y también las combinaciones de sus frutos que sumergen los estrechos límites de la fertilidad interespecífica.

Este entrecruzamiento infinito de las imágenes engendradas, en laberínticas telas de araña trasluce la identidad de fondo que subyace a la variedad de lo existente, identidad que vuelve posible la fecundidad de los entrelazamientos. Al final un parentesco universal relaciona a los dioses y a los hombres, y enlaza a la totalidad de lo real habitada por la imagen. Un lector del texto mítico hallará provecho y alegría en establecer “cuadros de familia” de los que pueden resultar familiares inesperados. Recordemos a Hesíodo: “del mismo origen son los hombres mortales y los dioses” (estos últimos inmortales, pero no eternos). En definitiva, los humanos tenemos la misma madre, la tierra, que los dioses y compartimos genes del abismo, de las tinieblas y de la noche y, también, de Urano, del éter y de la luz.

En el texto mítico griego, como en la poética lezamiana y en el texto paradisíaco cunqueiriano, la poética ha tocado con su varita mágica la realidad y la ha transmutado en imagen. La palabra ha encarnado en la realidad, ha roto los velos ilusorios de ésta y la ha vestido con el tejido suntuoso de la imagen. Y nos ha arrastrado a nosotros, los existentes efímeros, al furor de la cópula metafórica. Con fuerza irresistible nos invita a vivir en “el libre albedrío de la imagen”.

Este furor genesíaco del texto mítico griego comienza, paradójicamente, después de la separación de los dioses y de los hombres en Mekone, A estos hombres de la Edad de Oro, comensales de los dioses, que no comían carne y nacían de la tierra, en ausencia de mujer, difícilmente podemos considerarlos nuestros iguales. Fue la aparición de la mujer, regalo envenenado de los dioses y la apertura de la caja de Pandora la que creó al hombre como tal. Pan-dora, todos los dones, cada Dios le regaló un presente de hermosura. Cuando Pandora estuvo dispuesta, sonrió y dio unos pasos. El efecto de su imagen trastornó a los dioses, quedaron “estupefactos”. Pensemos en el asombro de los hombres. Unos dioses que estaban habituados a sus parejas. Recordemos el canto XIV de la Ilíada, cuando Hera se acicala y embellece para seducir a Zeus… y lo logra, nada menos, que al padre de los Dioses (“Járis d’Apelémpeto Polle”, brillaba una hermosura inmensa). Y sin embargo, a partir de la aparición de la mujer, y sin desdeñar a los efebos, los Dioses, y principalmente Zeus, no tuvieron descanso en observar el mundo desde el Olimpo, en busca de la belleza de la mujer. Así Zeus inicia su continua serie de metamorfosis, imposibilitado de ofrecer su presencia aniquiladora, para gozar de la hembra humana: durante una noche triple, bajo la apariencia de su esposo, engendró en Alcmena a Heracles. Como cisne puso en Leda el huevo de Helena y Pólux. Vemos en la cerámica la lúbrica excitación del ave con la que juega Leda. Lluvia de oro para engendrar a Perseo de Dánae. Sátiro, para disfrutar de Antíope, de la que tuvo a Leto y Anfión, éste luego unido a Níobe, hija de Tántalo.

Como buey blanco raptó a Europa, biznieta de Ío, de quien tuvo tres hijos, entre ellos Radamantis a quien casó con Alcmena, madre de Heracles. Otro hijo, Minos, casó con Pasifa. Son conocidos sus amores con el hermosísimo buey enviado por Poseidón, fruto de los cuales fue el minotauro. Como ya Ío había sido transformada en blanca ternera, para protegerla de los celos de Hera, es clara la importancia del albo vacuno en la estirpe de Europa y de algún modo nosotros europeos deberíamos reconocer la importancia de su imagen en nuestros símbolos.

Mencionemos otras dos aventuras eróticas de Zeus: bajo la apariencia de Ártemis, su hija, sedujo a Calisto. Y como serpiente se deslizó entre los muslos de Olimpia, el fruto inmortal es Alejandro Magno. Importante para la poética es que Zeus, a través de su unión con la titánide Mnemósine (memoria) sea el padre de las nueve musas, a quienes podemos ver, y escuchar cantando, en su camino hacia el Olimpo.

La sangre, como el esperma, engendra, de la cabeza de la gorgona Medusa, decapitada por Perseo, mana sangre. De ella alza el vuelo Pegaso, el caballo alado, y también surge el gigante Crisaor. Unas algas humedecidas por aquella se transforman en coral.

Una imagen bellísima que involucra al semen, a la savia y a la sangre es la del amor incestuoso inducido por Afrodita en Mirra, por su padre Cínicas, rey de Chipre. Consumado el incesto, Mirra es transformada en el árbol de su nombre que, a su tiempo, se abre y da nacimiento a Adonis, del que inmediatamente se apasionan Afrodita y Perséfone. Desdichadamente el colmillo del jabalí abre herida mortal en el muslo del joven. De la sangre vertida florece la anémona.

Pero también los Dioses y los hombres intentan violentar a las Diosas. Efesto, el Dios especialista en mecánica y forja, salpicó con su semen el muslo de la Virgen Atenea. De la semilla arrojada al suelo nació Erecteo, rey de Atenas. Más atrevido fue Ixión, hijo del rey de los lapitas, amigo de los Dioses y saboreador de ambrosía. Deseó a Hera y ésta se salvó de la violación por la interposición de una nube con el aspecto de la Diosa. En ella engendró Ixión a Kentauros que unido a las yeguas de los magnetos, dio origen a los centauros, mortales, excepto Quirón, engendrado por Cronos con forma de caballo en el vientre de una ninfa.

De las piedras arrojadas por Deucalión y Pirra procede la humanidad actual. De los dientes de dragón arrojados por Cadmo surgen los primeros tebanos. El viento Bóreas embaraza a las yeguas. De las cenizas de su hoguera renace el Ave Fénix como de la carne troceada y guisada de Dionisio y de Pélope renacen ambos, el último con un hombro de marfil, en sustitución del original comido por Deméter. De la sangre y del esperma de Urano mutilado, una ingente población de Dioses, titanes, gigantes, ninfas, hasta un pez.

Y para cerrar esta ínfima pero significativa muestra: de las bodas de la oceánide Tetis y Peleo nace Aquiles, no sin que aquella ofreciera resistencia al entrelazamiento por medio de una serie de transformaciones, del fuego al león, que no lograron deshacer el firme abrazo de Peleo. Los ceramistas lo han narrado magníficamente. Aquiles, mortal, poseedor de los caballos inmortales, regalo de Poseidón que, alzando sus cascos y agitando su melena, lo acompañarán en sus lamentos por Patroclo.

Unas breves consideraciones sobre el poder germinativo de la mirada, su poder fecundante, el erotismo de la mirada profunda que puede llevar hasta la eyaculación, de esto escribió algo Lezama. Pienso que la transformación en ciervo de Acteón, hijo de Cadmo y hermano de Selene, y su posterior despedazamiento por sus canes confundidos, no se debe al castigo de su voyeurismo sino a algo mucho más profundo, al poder fecundador de los ojos, excitados por el deseo, sobre el cuerpo desnudo de Artemis en el baño, el cuerpo virgen de la Diosa cazadora. El fluido que fluye del órgano de la visión, según la antigua oftalmología, no puede no tener análogos poderes a los del esperma o de la sangre. Desde luego los tiene desde el horizonte de una teoría del transporte metafórico. Y lo confirma un voyeur accidental como Tiresias, sin culpa alguna, ve desnuda a Atenea, otra Diosa virgen, quien lo ciega, si bien obtiene privilegios que compensan la pena recibida.

Si no me equivoco, la podredumbre, la putrefacción no es lugar en el texto mítico para la germinación de la semilla. No emergen imágines de la “sepomene sarks”, de la podredumbre de la carne, abandonada a los buitres “o dikaiotatos ton sarkófagon” (el más justo de los sarcófagos).

Dos fenómenos extraordinarios detienen de alguna forma el flujo continuo de imágenes y sus metamorfosis: la petrificación, como el caso de Níobe y sus hijos, y el catasterismo (transformación en objeto celeste) congelación de la imagen en la impenetrabilidad de la piedra y en la fría luz estelar (pero en Cunqueiro la piedra se abre y muestra el camino hacia el tesoro o la salida a la luz de seres ocultos, en cualquier caso del flujo eterno de imágenes). Por ello no hay petrificación definitiva, lo intentó a su modo Urano, losa sobre la tierra, lo apartó, incontenible, un río de imágenes, del que fuimos los humanos engendrados. Y recordemos el fruto de las piedras arrojadas por Deucalión y Pirra.

Un mundo se aleja y aparece otro enemigo de la metáfora, sin Dioses, titanes o héroes. El empleo hodierno, ridículo y banal, de esta última palabra revela que desconocemos su significado. Sin embargo, hay una nostalgia por la fuerza perdida, por el manantial fecundo de poderosa imagen. Nostalgia: palabra no griega pero de componentes griegos, dolor cuando regresamos a un mundo que se aleja, como transformado en astro lejano. De esa nostalgia nacen los textos de Cunqueiro y de Lezama.

CUNQUEIRO Y LEZAMA. LA LUZ DE UN MUNDO QUE SE ALEJA.

PREÁMBULO

La aproximación de las vidas y proyectos literarios de Álvaro Cunqueiro y José Lezama Lima puede originar inicialmente sorpresa o, por lo menos, extrañeza. Desde una consideración superficial, Lezama tiene fama de oscuro, de que su poesía (y no sólo su poesía) no se entiende. No son pocos los escritores en Galicia y en España que confiesan haber abandonado la lectura de “Paradiso”, aunque no se atrevan a negarle el carácter de obra maestra. Por el contrario, Álvaro Cunqueiro es ejemplo de claridad, aparentemente comprensible para todos los lectores, incluso para aquellos que de lectores solo tienen el nombre. Pero la oscuridad de Lezama tiene sus puertas de acceso a una claridad, difícil, sí, exigente y que selecciona al lector, y que no niega abrazo cortés y conversación al que la solicita. A la inversa, la claridad cunqueiriana, por la que tan cómodamente caminan sus visitantes, oculta profundidades que pueden pasar desapercibidas, y de hecho así sucede frecuentemente (ese tópico, “la imaginación de D. Álvaro” en boca y pluma de tantos lectores y críticos que con su obvio y atroz simplismo nada comprenden y, al contrario, ocultan.

Ambos escritores son fundamentalmente poetas. Lezama Lima comenzó su obra literaria con el poemario “La muerte de Narciso” y su obra póstuma es otro poemario “Fragmentos a su imán”. En prosa, la obra central “Paradiso” con “Oppiano Licario”, su luna, publicada después de la muerte del escritor. Además artículos, cuentos, numerosos libros de poesía y, sobre todo, una copiosa obra ensayística en la que expuso y sistematizó una original y ambiciosa poética al servicio de su proyecto utópico “Habitar la ingenuidad de un nuevo paraíso”.

Álvaro Cunqueiro, por su parte, escribió miles de artículos, aparecidos en la prensa y en revistas, que constituyen un género literario de valor permanente y que forman un único texto, un texto oceánico abordable desde cualquiera de sus orillas. Una parte esencial de su obra, sin duda alguna. Vale para Cunqueiro lo que se ha dicho de Lezama, no hay en él discriminación entre las publicaciones periódicas y la obra definitiva que se recoge en un libro. Lo único que importa es la búsqueda de la imagen irradiante.

La trayectoria de su obra narrativa desde “Merlín e familia” hasta “El año del cometa” es bien conocida. Como poeta (y él se consideraba ante todo un poeta), desde el punto de vista editorial, salvo excepciones, no concibió un proyecto sistemático de publicación, al contrario, sus poemas, incluidos los más grandes, surgieron del movimiento de su espíritu, como brote necesario para situar en un ámbito de luz su pensar la vida y la muerte y también como necesidad de pensar poéticamente las conmociones profundas causadas por los grandes textos de la cultura y por decisivos acontecimientos históricos, sobre los que también escribía en paralelo. Es, pues, a este ritmo poético, a esta estructura de planos paralelos (artículo, novela, ensayo, poema) a la que hay que atender para estudiar su poesía, no al criterio, extravagante a ésta, de su edición.

La poética de Álvaro Cunqueiro no tiene comparación en su elaboración y sistematización con la que nos ha dejado Lezama: observaciones aisladas a lo largo de su obra, que constituyen “Fragmentos imantados” y que, recogidas, se dejan ordenar con facilidad en un sistema coherente. También expuso aspectos de su poética en alguna entrevista, ensayo o conferencia y, en especial, en su última novela “El año del cometa”.

Pero como veremos, al examinar la distancia entre la poética lezamiana y su poesía, Cunqueiro, franciscano habitante del paraíso, a cuyas puertas se afanó Lezama, realizó plenamente en el conjunto de su obra narrativa “La ingenuidad de habitar un nuevo paraíso”, el proyecto utópico lezamiano. En el texto, como lugar de encuentro, se abrazan los referentes de la realidad y la imagen y como consecuencia de ese abrazo en el lenguaje, desaparecen la distancia del espacio y la irreversibilidad del tiempo y con naturalidad se instala el paraíso.

La primera aproximación entre Cunqueiro y Lezama hace referencia a sus vidas, a las peripecias vitales que les afectaron y los contextos en que se produjeron. Y especialmente a las sorprendentes semejanzas de sus concepciones del mundo.

La segunda aproximación examina el proyecto literario de ambos escritores (explícito en Lezama, implícito en Cunqueiro): alcanzar el paraíso (o con otro nombre del mismo) el texto paradisíaco, es decir, a través de la imagen, eliminar las cadenas del espacio-tiempo, “apresar lo efímero” y dar vida a lo inerte. Se elimina la historia, lo sucesivo histórico, las explicaciones causales sustituidas por el arbitrio de la imagen, por la “vivencia oblicua”. La historia en Lezama como la sucesión de las eras imaginarias, en Cunqueiro reducida a su dimensión espacial, con la conversión del tiempo en espacio y éste en un punto de máxima densidad que se dilata y se contrae (metáfora cunqueiriana del camino que se enrolla y se desenvuelve) “todo lo que habita un libro vive simultáneamente”.

Se finaliza el presente ensayo estudiando las razones de la distancia entre el tan elaborado sistema poético lezamiano y su obra poética que desde luego no lo ha realizado ni tampoco en Paradiso Oppiano Licario, pues en esta obra no busca, directa y principalmente Lezama realizar su poética, el texto paradisíaco. Lo intentó, de modo fundamental, en su poesía. En Cunqueiro, por el contrario, es la obra narrativa la que es investida por la poética del paraíso. Su poesía, en cambio, nada tiene que ver con la de Lezama y su poética de la poesía como reino del milagro, es decir, de la imagen, homicida del determinismo de lo sucesivo. Por ello su examen no encuentra aquí oportunidad.

Es claro, y no sería necesario decirlo, que ninguna aproximación Lezama/Cunqueiro puede referirse a semejanzas de estilo o modos de escribir. No hay comparación posible, la distancia es inmensa. Ambos son, en sus respectivas escrituras, auténticos “hapax”, es suficiente leer una frase de los mismos para deducir la correspondiente autoría. Si alguien entra en la gravedad de estos planetas gigantes se convierte en un satélite, es un epígono (Lezama y Severo Sarduy, Cunqueiro y Perucho).

Finalmente, las presentes líneas contienen las reflexiones de un escritor sobre la obra de otros escritores, obra leída con pasión. Como ocurre siempre, con mayor o menor fruto, esa lectura alimenta el pensar y contribuye, decisivamente, a dar a luz el propio paraíso. No constituyen, como es obvio, un trabajo profesoral o crítico, que plantea exigencias ajenas a las competencias y que se hallan fuera de los intereses del autor. Como escribe Lezama, uno llega a un bosque o a un jardín y recoge los frutos y semillas que calman su sed y ponen en movimiento su fuerza germinativa, despertando así la propia energía de la tradición. De ahí que la mejor crítica literaria es un poema o un relato sobre el texto que nos emociona. En general, con todas las excepciones que se quiera (algunas luminosas) tiene el poeta más cosas que decir sobre otro poeta que un profesor. Lo dice Yeats, lo dice Lezama, lo dice Cunqueiro. Y Borges habló de la crítica literaria como de literatura forense. Para ser justos, me parece que esta última estudia aspectos diferentes y persigue otros fines que los que busca el recogedor lezamiano de bayas en el bosque. Pero esto es otro tema.

LEZAMA Y CUNQUEIRO: VIDAS PARALELAS

Lezama Lima nace en La Habana en 1910 y muere en ella en 1976. Álvaro Cunqueiro nace en Mondoñedo en 1911 y ahí muere (oficialmente) en 1981. Son estrictamente contemporáneos. Desconozco si Lezama leyó algo de Cunqueiro o si éste le era conocido. En su obra no lo menciona (si no me equivoco). Álvaro Cunqueiro no tenía en su biblioteca obra alguna de Lezama cuyo nombre, que sepa, no escribió nunca ni, al menos en mi presencia, pronunció. Más probable creo un mero conocimiento nominal por la prensa. Estoy seguro de que Lezama leería la prosa cunqueiriana con agradecido agrado y quizás, asombro, ante el total triunfo de la imagen. Lo contrario no me parece probable. Cunqueiro leería un par de páginas de “Paradiso”, ojearía aquí y allá y oiría “un gran escritor, pero un poco pesado”. Una eventual conversación entre ambos suscitaría actitudes parecidas, fácil recepción por Lezama, fatiga cunqueiriana ante el barroquismo lezamiano. En la misma clase de edad un escritor maduro se siente menos inclinado a recorrer los laberintos de la concha del caracol marino donde resuena poderoso el mar ajeno aunque al final respire paisaje conocido que a un joven que se acerque asombrado al maestro y todo esfuerzo le parezca poco.

Pero dejando a un lado el recíproco saberse de estos dos grandes poetas, enumeraremos, algo desordenadamente, los abundantes paralelismos vitales, pórtico de entrada al mundo que los conformó y habitaron y que defendieron como el ideal humano, en sus rasgos esenciales, el mismo en ambos.

Modestia económica de su situación, vida cotidiana con numerosos apuros puntuales, absoluto desapego por cargos y oropeles sociales, indiferencia por el tener o las posesiones materiales, fácil adaptación a las estrecheces materiales, absoluta primacía de la escritura, actitud anti económica básica. Supeditación de los requerimientos superficiales de la coyuntura a la presencia viva de las grandes imágenes culturales e históricas del pasado humano. Fascinación de Lezama ante un egipcio antiguo que entra en el Hades masticando un pastel de azafrán. Fascinación de Cunqueiro ante el diálogo del rey anglosajón Harold con su hermano previo a su victoria sobre los vikingos o viendo cómo la flota de Alcibíades doblaba el cabo Sunion. Realmente eran los asuntos del día. Vivísima permanece en mí, la visión de Cunqueiro, embriagado por la inundación de las imágenes, por ejemplo la del río Alfeo en su marino fluir enamorado de la fuente Aretusa.

Escritura incansable de ambos, con largos años de indiferencia o incomprensión, mayor o menor, de su obra (y de diferente etiología en cada caso) con expansión de su fama y reconocimiento hacia el final de sus vidas y, sobre todo, tras su muerte y que hoy continúa imparable, aunque no siempre a la fama la acompañe el saber fecundo (en el caso de Cunqueiro). Ambos sufrieron ataques a su supuesta erudición fantástica, y a su modo de citar o de inventar creaciones de otros autores. Pero los especialistas han desmentido toda fantasía en su saber. Una erudición y una memoria prodigiosas, teniendo siempre en cuenta la afirmación de Lezama, “casi siempre lo que apenas conocemos es lo que logra influenciarlos”.

Ambos tuvieron, en algún momento, mayores o menores dificultades con los regímenes políticos que atravesaron. Lezama saludó a la revolución cubana como a “La era de la posibilidad infinita, inaugurada en Cuba con la dimensión mágica de Martí y materializada con el triunfo revolucionario de 1959” y señaló como el mejor patrimonio de la revolución, la reacción contra la era de la locura que fue la etapa de la disipación y de la falsa riqueza, “el haber traído de nuevo el espíritu de la pobreza irradiante, del pobre sobreabundante por los dones del espíritu”, “el siglo XIX cubano fue creador desde su pobreza. Todos nuestros hombres esenciales fueron hombres pobres. Si hubo ricos, quemaron su fortuna y murieron en el destierro”. “Cuando el pueblo está habitado por una imagen viviente, el Estado alcanza su figura. El estilo de la pobreza, las inauditas posibilidades de la pobreza han vuelto a alcanzar entre nosotros una plenitud”. Pues quien persigue la riqueza material pierde la imagen o como escribió Cunqueiro “quien persigue el oro pierde el tesoro”. Justamente el hombre de negocios que habla con Paulus, el soñador, en “El año del cometa”, totalmente ajeno al arco de la metáfora, no tiene nombre.

El hombre que escribió (y vivió) estas palabras sufrió la incomprensión de burócratas y de escritores situados en los órganos directivos de instituciones y revistas culturales, aunque siempre tuvo libertad para publicar y trabajo como editor de literatura cubana que le procuró un modestísimo vivir. Su barroquismo y su poética no suscitaron la comprensión de los medios oficiales ante lo inmediato de las urgencias y necesidades de la revolución.

Parece que le fue denegada la autorización para viajar al extranjero, incluso para recoger algún premio, a él, que se había negado a emigrar a Miami con su familia, intransplantable árbol de La Habana que era. Pero también es cierto que Lezama aborrecía viajar. Hasta el año 1959, fecha de la entrada en la capital cubana de los revolucionarios, solamente efectuara dos cortos viajes a México y a Jamaica. Él mismo escribió que el ser, en su camino de perfección, tiende al reposo. “El viajero inmóvil” fue llamado. Pero qué capacidad de adivinación, de visión. Qué descripciones de cuadros o paisajes nunca visitados, por ejemplo, italianos (otra coincidencia con Cunqueiro). Queda claro que el saber ver poca relación tiene con el movimiento. Su regalo a la revolución fue prodigioso: hacerla entrar en la imagen, volverla invulnerable al oleaje de lo temporal, a las críticas economicistas, a los eventuales fracasos de zafras y planes quinquenales, eternizarla en la imagen como una pirámide egipcia. Regalo no tenido en cuenta por los responsables de la cultura oficial.

Paralelamente Álvaro Cunqueiro, en su juventud, tras un entusiasmo inicial, más estético que político, y siempre superficial, con el falangismo, pronto se desengañó, como tantos otros. Estoy convencido que las dificultades que tuvo con la dictadura, que condujeron a la pérdida del carné de periodista y a su retirada de largos años a Mondoñedo, dificultades debidas al “período oscuro madrileño” se originaron en ese desengaño, en la certeza de haberse equivocado, en la tormenta, sobre la naturaleza del régimen del que no tardó en ver clara su mediocridad asesina. La conciencia de esa equivocación le llevó a una especie de apatía vital paralizante. Después, varias veces a lo largo de los años, me decía que, cuando se es joven, la política seduce y engaña como lo hace el amor.

En los años del realismo social también fueron frecuentes las acusaciones de habitar torre de marfil, de serle ajenos los problemas sociales (lo mismo que a Lezama en la otra orilla). Una radical incomprensión de la tarea de un escritor que hoy parece inconcebible y que en su momento le causó sufrimiento. Pero “todo destino es sufrimiento” (Lezama).

Pero así fue. Muchos no comprendieron el gran regalo cunqueiriano permanente, sordos por el retumbar de tambores, útiles sin duda en la lucha política del momento, destinados, al cabo, a perder su voz cuando se derrumba su polémico horizonte. Es el caso de “Longa noite de pedra”.

Y yo tengo que incluirme entre esos muchos que en su momento no comprendieron. La militancia en la izquierda política, la indignación ante la injusticia social, la repugnante dictadura me oscurecían la visión de una obra literaria que no era campo de batalla de los conflictos sociales. Tuvo que convertirse Cunqueiro en imagen, conocer en mis cuarenta los libros de Lezama, aumentar el espesor de los anillos de mi espíritu para ver, para saber ver. Y la lectura de Lezama fue fundamental. Comprendí que la literatura no puede ser el campo de batalla de la política, que son otros terrenos en los que se lucha por la justicia, que toda gran obra literaria (y solo ésta merece nuestra atención) es una aportación decisiva a una humanidad mejor.

La poética más exquisita y una profunda indignación por la injusticia y la lucha contra la misma son perfectamente compatibles. La gran literatura húngara del siglo XIX y principios del XX (por poner un ejemplo) y que describe una Hungría dividida entre señores y criados y campesinos y que no es un arma contra esa desigualdad (aparentemente) será siempre luz espléndida sobre un mundo desaparecido, destino que le sería negado si la política la hubiera escogido como campo de batalla, en vez de haber luchado exitosamente fuera de ella por la abolición de una sociedad desigual.

Cunqueiro no fue un gran viajero, en todo caso, lo fue más que Lezama. En las dos últimas décadas de su vida realizó al extranjero viajes que reanudaron el hilo de alguno del final de su juventud. Pero Cunqueiro, como Lezama, pertenece a la estirpe de los que saben ver a través de los textos y de la imagen. La economía, modesta en lo temporal, de Lezama y Cunqueiro, que limita o condiciona el movimiento en la extensión, no fue obstáculo, al contrario, estímulo para la irradiación de su sobreabundancia de visión que segrega un tejido de ojos, semejante al que cubrió el cuerpo de Argos, según el ceramista antiguo, y que guía nuestro propio ver. Para ellos todo viaje es anagnórisis, un reconocimiento o confirmación de lo ya sabido, redundante en lo esencial.

Ambos, Lezama y Cunqueiro, enraizados en sus ciudades natales. El primero no abandonó nunca La Habana, el segundo, aunque en su madurez vivió en Vigo, la distancia nunca le impidió estar continuamente presente en Mondoñedo (las ventajas de una patria pequeña, Galicia como ciudad). En el panteón de Lezama en La Habana hay una frase relativa a que nacer en ella es “una dicha innombrable”. Cunqueiro asumiría esas palabras sin vacilar. Cunqueiro y Lezama hicieron entrar a Mondoñedo y a La Habana en el reino de la imagen, en el dominio de los paisajes imaginarios, en donde todo encuentro y todo milagro son posibles. Son ya La Habana de Lezama y el Mondoñedo de Cunqueiro, sus nombres auténticos, aunque la administración no tenga sueños de niebla. Pero esto lo sabe bien el viajero que recorre en la imagen las calles de La Habana “anchas como ríos del paraíso en una noche pitagórica”. O pasea las noches oscuras de Mondoñedo entre las sombras de las gentes de la tierra de Miranda, que pasan rápidas y embozadas, no sabemos si vivos o difuntos, mientras se oye el canto de las aguas del Valiñadares que, por la proximidad del viejo seminario que riegan, lo hacen en latín.

Enero,8

Tiempo de discursos y oraciones

Estos días de Nadal ofrecen el florilegio de palabras pronunciadas por autoridades civiles y religiosas y, en primer lugar, el tradicional dicurso del jefe del estado que, desde la época de Franco, el refundador de la monarquía borbónica, pasando por el hoy rey emérito, hasta el actual titular (y posiblemente el ultimo), se introduce en la paz de nuestros hogares, humilde pero implacablemente, disculpándose, pero sin propósito de enmienda. Así, en este 2019, ya casi reducido a memoria, apareció el rey a la hora prevista, comodamente instalado en un salón de burgués acomodado de su residencia, vestido de ministro o de alto ejecutivo, en una atmósfera de melancolía que envolvía su honesta mediocridad.

Fueron 10 minutos de buenos deseos y de perspectivas optimistas, pero tan generales y ajenas a un contexto que las enraizase, en tan alto vuelo que alejaba los problemas a una dimensión de puntos que sus palabras podrían ser de aplicación en cualquier parte.

Y cuando expresó su preocupación por Cataluña, solo fueron tres palabras, Cataluña como preocupación. Y cuando mencionó las desiguladades de nuestra sociedad y las dificulatades económicas de muchos conciudadanos, tranquilizó a éstos, asegurándoles que la casa real compartía emocionadamente sus angustias. Por supuesto que ir más allá, un gesto como el del Papa de “las sandalias del pescador” era impensable, hasta el último euro es necesario para el merecido y opaco viaje de vacaciones de fin de año de la familia real.

Creo que ese aire de melancolía que mencioné y con el que comenzó y terminó sus palabras se debe a que el “príncipe major preparado de nuestra historia” es consciente de la esterilidad de sus palabras y del triste papel que desempeña. No me cabe duda alguna de que si en vez de comunicar, abatido, su optimismo, nos hubiera transmitido el pésame por las injusticias de nuestra sociedad, nadie hubiera advertido la diferencia. Ni aunque se quejase como Boabdil de las voluntades de expulsarlo de su Alhambra madrileña.

Pero lo peor comienza al siguiente día cuando los politicos y medios que entienden el constitucionalismo como vasallaje, se inclinan sobre el discurso real, como hábiles cirujanos lo abren en canal, lo trocean, lo someten a lentes microscópicas y los fragmentos obtenidos los proyectan en asociaciones cósmicas. Un esfuerzo ingente en glosar el conjunto vacío, atribuyéndole significados trascendentes para nuestra democracia. Se aprovecha la pobreza en noticias políticas de estos días de navidad para rellenar con las palabras reales los informativos de todas horas. Pero el fracaso es evidente. Nada se puede extraer de las palabras reales, no otra cosa que su mera repetición. En sus afanes recuerdan la fatiga de una loba esforzándose en obtener de un anciano una semilla imposible. Y así año tras año.

Y en el horizonte aparece ya la imagen de la infanta Leonor repitiendo las mismas palabras que su padre, mejoradas por una agradable sonrisa y sin el lastre de la tristeza, como corresponde a las locas ilusiones de la juventud.

En nuestra Galicia se conmemora en la catederal compostelana el 30 de Diciembre el traslado de los restos del Apóstol Santiago desde la costa palestina a la capital gallega. No seré yo quien niegue la audacia de esta imagen y la importancia de este transporte metafórico en la historia, nuestra y europea. Pero solo en la poética se vive la imagen como realidad, a la iglesia y a la política no les basta con imágenes que se encarnan, quieren banales realidades que se palpen, huesos reales (con AND fantástico), traslados históricos, milagros visibles. Entonces la razón pretexta una causa urgente y se ausenta y comienzan peticiones al apóstol a cargo de los obispos y delegados regios que, tropiezan con un muro de silencio milenario. Ultimamente, en el papel de delegado regio, se ha especializado el presidente de nuestro parlamento gallego quien representa a la casa real con dignidad y apostura en esta imposible tarea de dialogar con la ausencia.

Pero nuestro presidente este año lo embargan otras preocupaciones que las estrictamente apostólicas. Las previsiones electorales de las próximas elecciones autonómicas no se presentan muy favorable s para los intereses del PP gallego, que son los suyos. Es muy posible que un gobierno tripartito ocupe el puesto de la mayoría actual y la substituya en el gobierno. Cualquiera puede imaginar la pérdida de cargos y de chiringuitos, de graciosos empleos remunerados que ello supondrá para la congregación PP. Al propio presidente del parlamento alcanzará la catástrofe y, en el mejor de los casos, no será más que un obscuro diputado de la oposición, alejado de la visibilidad no solo de la mesa del parlamento sino también del brillo presbiterial que lo ilumina, convertido en uno más de la masa obscura de los fieles.

Por esta vez, según el resumen de los periódicos, no interpeló al apóstol, no por delicadeza, por tener consideración del cansancio tras el largo viaje de aquel. Al estar en juego su papel institucional, el peligro clareaba y agudizaba su olfato de politico ourensano. Comprendía que el apóstol en el mejor de los casos dormido, con ese sueño milenario de los santos, no iba a serle de gran ayuda en las elecciones. La conjura de la izquierda exigía otros remedios, como la petición enérgica al legislador de un blindaje del estado de bienestar, se entiende, de la clase política. Con voz dramática advirtió de los peligros de una repentina descarbonización, designación sutil de una pérdida masiva de empleos politicos por los miembros del PPG, avocados a una trágica emigración al país de la obscuridad que habitan precariamente las minorías. Le vino a la memoria la terrible aventura sufrida por un compañero de partido, director de deportes de la Xunta, que marchó, feliz y confiado a Madrid en el séquito de Rajoy para ocupar un puesto análogo de alcance nacional.En un día aciago lo perdió todo. De nuevo en Santiago fué reintregrado por vías de urgencia en su antiguo puesto dónde se recupera de la decepción sufrida. Pero si ahora llega el ocaso, también a este Finiesterre gallego, qué hará?. Y tragedias como ésta, ocurrirán por cientos, sinó por miles. Así pues insistió una y otra vez en dejar la situación atada y bien atada desde el punto de vista legislativo.

También tuvo muy presente al rey que lo designó su representante en la traslación. No puede dejar de pensar, lleno de satisfacción, en lo acertado del nombramiento. Quién, con mayor gallardía podría lleavar a cabo esta tarea? “Urbi et Orbi”  proclamó el firme compromiso jacobeo de la casa real . Ni el más avezado traductor sabe lo que eso significa, pero no importa, suena bien y la frase llegará a oidos de su majestad, a quién, sin duda, agradará porque a nada obliga. Y quién sabe, quizás algún día, a fuerza de ser delegado regio, se piense en él como jefe de la casa civil del rey, puesto que secretamente ambiciona desde años. Mayordomo de la casa real! Compartir el hogar de sus majestades! Qué coronación a su Carrera! Estar en disposición de aconsejar al borbón en tiempos tan difíciles para él y su familia, con la prudente experiencia adquirida en la insuperable cátedra de los Baltar. Para reforzar el efecto de su mensaje incluyó en lo del “firme compromiso jacobeo” a la dulce experanza y aún más dulce sonrisa de la princesa Leonor “nuestro honor” en sencillo y tierno pareado de fiel servidor.  Instalado ya en imagen en la Zarzuela, la politica gallega se le antojaba lejana e indiferente el resultado electoral. Al final sonreía abiertamente.

El señor arzobispo, por su parte, guerrero en un campo de batalla muy diferente, denostaba con energía “una secularidad cerrada que no abre sus ventanas al evangelio, prodigioso fármaco para la falta de sentido de la modernidad”. Concluyó reclamando una vuelta a la ciudad de dios con su faro de luz en la santa catedral que los albergaba. Sus palabras fueron como gotas de lluvia que, nada más caidas se evaporaron entre el calor de los fieles.

El único que calló, como siempre, fué el apóstol, reducido a polvo y a cenizas, pero al fin polvo y cenizas de buen gallego después de un milenio. Sensato y cazurro se removió indolentemente en su sartego.

“Señor, qué xentiña!” Ascendió su pensamiento inadvertido vestido de cánticos e incienso.

Concluida la ceremonia y todavía ilusionado por las perspectivas que se le abrían, nuestro buen presidente decidió regalarse con un manjar apropiado a la ocasión y escogió unas vieiras jacobes, de las santas y felices que se crían en la barba florida de su apellido.  

Diciembre 30

Más sobre una civilización de los delfines

En una entrada de este diario correspondiente al 23 de Octubre, reflexioné, sobre la base de un libro de Arsuaga, en torno a una possible civilización tecnológica de los delfines. Hoy pienso la evolución de los delfines desde el horizonte mítico griego, incluido como testimonio la admirable cerámica clásica que representa en infinitas variedades escenas de los principales mitos.

Se ha dicho bellamente que para el pensamiento mítico griego “La metamórfosis es la propia naturaleza de las divinidades marinas”. Y que hay “un polimorfismo inherente al mundo acúatico”. Como claro ejemplo recordemos las transformaciones de Tetis, la oceánida hija de Nereo, que al ser enlazada por Peleo, que la quiere como esposa (Aquiles será el hijo de ambos) se resiste inicialmente en una serie metamórfica que va del fuego al león.

Si pensamos los cetáceos y, concretamente los delfines, con una mirada no embarazada del conocimiento biológico acumulado en los últimos 250 años, su doble realidad de mamífieros (“que exhalan entraña e inhalan transparencia”) y de seres marinos, se nos aparecen en un equilibrio inestable, que facilmente puede decantarse por un medio o terrestre o acuático. Se comprende así ese esencial polimorfismo atribuido por los griegos.

Tengo ante mis ojos la fotografía de una hermosa Hidria etrusca (ca.510-500 A.E) que incorporo. La franja central, que es la que nos interesa aquí, representa la escena final del secuestro de Dionisio por los piratas. El Dios del vino se transforma en un león que ruge con rujidos de trueno. Llenos de pavor, los piratas se lanzan al mar donde se transforman en delfines. La Hidria recoge ese momento de la entrada en el agua marina, con la transformación en curso al contacto con las olas.

Pero démosle la vuelta a la escena, en un giro de 180 grados, tal como se ve en la segunda foto aneja, y olvidemos el mito.  

Qué es lo que vemos? Seres marinos en el fondo del agua, en posición erguida, mitad hombres y mitad delfines, que muestran distintas posibilidades en su proceso de evolución, transitorias o definitivas. La figura de la derecha es un ser humano desde la ciintura, pero que puede respirar dentro del agua. Todas las demás son humanas de la cintura a los piés. Y todas ellas miran en dirección a la superficie marina, un ritual quizás, de adoración de la luz solar que los ilumina. Nótese como las aletas delanteras parecen casi brazos, sin mano, en las primeras 5 figuras visibles desde la izquierda. Estas posibilidades de transformación, coexistirán en su polimorfismo o la sexta figura indica la dirección que privilegiará el proceso metamórfico? Dentro de uno, dos, tres millones de años, qué nuevas criaturas emergerán de las olas y titubearán en la playa a la luz del mediodía? O surgirán nocturas, ante sorprendida luna?

También puede suceder entre los seres marinos una evolución de su inteligencia, sin transformación física, satisfechos con su forma, tan adaptada al medio marino. O que esta forma, en los delfines, evolucione hasta eliminar la respiración fuera del agua. Recordemos el texto, atribuido a Plutarco, que refiere como un compañero de Ulises, transformado en cerdo por Circe, aunque conservando la conciencia y el lenguaje, se niega a volver a la figura humana cuando la maga, obligada por Ulises, revierte la situación de los compañeros de éste. Y se niega con abundantes y convincentes argumentos.

Por cierto, los cerdos de Circe me hacen recorder el término vasco para delfín: izurde, cerdo de agua, acuático o marino, desafortunada comparación. Para desagraviar a nuestros simpáticos amigos, les recitaré un par de versos del poema “Delphine” de Rike: “…Anders als die stumme, stumpfgemute Zuckt der Fische, Blut von ihre Blute und von fern dem menschlichen geneigt…warme zugetane…die Trireme heiter weiter trug”. “…Distinto de la muda, apática especie de los peces, sangre de su sangre inclinado a lo humano…cálido, amistoso…llevaba sereno el trirreme hacia adelante”.

De todas formas, no es solo la lengua vasca la descortés con los delfines, el propio griego antigüo con su “delfís” (emparentado con  delfax, joven cerdo o cerda), pensó probablemente en un cerdo de mar. Pero despúes supo colocar en lo más alto al delfín al atribuir a Apolo el epíteto de delfinios y, como tal, amigo de los marinos.

En fin, no tengo duda alguna, que a humanos y delfines nos quedan muchos encuentros amistosos en los largos caminos, millonarios en años, de la evolución.