OCTUBRE, 29

DE LA PRENSA. (NOTICIAS DE LA FAMILIA PP)-

En un acto en nuestra ciudad, ante un público de políticos conservadores y de empresarios no menos conservadores (o como se dice, ahora, emprendedores (un estúpido eufemismo) fue orador principal el señor presidente del parlamento de Galicia, caballero de distinguida presencia, recién descendido de un retrato del pasado, y perejil inevitable de todos los potajes que organiza en Galicia el PP y su mundo. En pleno ejercicio de la dimensión turiferaria y caciquil de un político ourensano crecido en la corte del señor Baltar, manifestó, entre otras cosas “el presidente Feijoo no tiene otra que presentarse. Galicia lo necesita”.-
Non, home, non. Galicia no necesita de Feijoo. Lo necesitan ustedes, diputados, presidentes, conselleiros, secretarios, asesores y demás asteroides del sistema PP cuya supervivencia política (y económica) depende de su triunfo electoral. Lo necesitan los empresarios que plantan sus explotaciones mineras, forestales o eólicas en los recunchos más cordiales del país.-
Lo necesitan todos ustedes si quieren seguir sobrevolando, año tras año, con sus coches y chóferes oficiales, los problemas del país que no los ven o los ven deformados en su espejo mágico.-
En otro orden de cosas, el señor presidente manifestó que él no permitiría en el parlamento el matonismo político.-
Sin entrar en lo que entiende por matonismo político, basta con la expresión y su contexto para que queden claros los límites de su horizonte, le diría que no tiene por qué preocuparse: por supuesto el matonismo político a que se refiere es imposible en el parlamento que preside, reducido, jibarizado al nivel del murciano o al de la Rioja. Y en un parlamento como el de Cataluña nunca podría ser presidente, ni siquiera, diputado único del PP, que tiene marineros más avezados al vendaval nacionalista que le haría vomitar por la borda, tantos años felices y provinciales.-

OCTUBRE, 10. TRANSPOLÍTICA

De la misma forma que hay una transexualidad y que las personas pueden ser transexuales y, en consecuencia, querer vivir con normalidad su auténtico sexo y que éste sea reconocido por la sociedad con el desarrollo de todas las políticas idóneas a tal fin, de igual modo, repito, acontecen la transpolítica y las personas, mejor los ciudadanos transpolíticos. La maduración de las sociedades democráticas, cuyo último fin, en definitiva, es lograr el mayor grado de convivencia pacífica en el cuerpo social, lo que implica eliminar toda discriminación y reconocer plenamente a las minorías, ha llevado en Occidente al reconocimiento de la problemática de los transexuales, social y legislativo, acompañado de políticas activas de lucha contra los prejuicios. Incluso en Alemania se permite inscribir en el Registro Civil un sexo no masculino ni femenino, neutro (fascinante paralelo con los géneros gramaticales). Claro que de ahí no se puede derivar la concepción del sexo como construcción social, la naturaleza siempre está presente, son sus exigencias, precisamente, las que plantean el reto del reconocimiento del derecho. Otra cosa es una variedad de actitudes, tenidas tradicionalmente por propias de la naturaleza masculina o femenina y que, en realidad, son debidas a una determinada educación.

Pero volvamos a la transpolítica y a la situación del transpolítico. El transpolítico es aquel ciudadano que se siente encerrado en un cuerpo jurídico-político que no es el suyo, lo vive como una prisión que le impide ejercitar sus derechos individuales en el marco político del cuerpo nacional que le es propio. Un ciudadano, por ejemplo, está dentro de un cuerpo jurídico-político español, en el marco de una nación española y el poder espera de él que actúe y reaccione como español y que en ese marco nacional ejercite con plenitud sus derechos de ciudadano. Pero el problema es que ese ciudadano no se siente español, su identidad política nacional es, v.g., catalana, vasca o gallega, o bretona o eslovena. El ejercicio de sus derechos políticos sufre y se ve limitado por no poder actuarlos como ciudadano y en el marco de la auténtica nación que es la suya. Sus lealtades no son las de un español auténtico, que vive su nacionalidad sin problemas, rechaza la imposición de una historia y de una cultura que no son las suyas y que le ahogan. Y en los poderes de esa nación oficial, en la acción de sus dirigentes y élites no ve más que violencia al servicio de prioridades e intereses ajenos.

A diferencia de la situación de la persona transexual, la problemática de este ciudadano transpolítico no está recogida por el derecho español. Es más, se invoca la Constitución (un conjunto de líneas rojas pactadas con un franquismo debilitado pero titular, entonces, de la fuerza) como decisivo obstáculo, con su afirmación de una única nación española indivisible. ¡Qué nominalismo! Como si el nombre creara la cosa. Y así se niega la transpolítica pues habría que reconocer variedad de naciones dentro de ese espacio mítico que se defiende con uñas y dientes, pues admitir su negación supone sobre todo pérdida de poder, pero también, y no menos importante, renuncia a una identidad fantasmática, en aras de la auténtica imagen que entonces se vería en el espejo. Admitir el derrumbe de un castillo de falsedades históricas, falsas sobre todo en la generalidad de su aplicación, sería renunciar a una identidad construida, con tanto esfuerzo, a lo largo del tiempo.

Por ello, el poder del estado, no solo afirma la única nación sin que se sepa muy bien lo que son las tiernas y temblorosas nacionalidades (en el mejor de los casos peculiaridades, en el peor, transitorias inflamaciones). También rechaza al transpolítico, le pide que viva su transpolítica en el ámbito del pensamiento (igual pedirle a un transexual que se contentara con pensar su identidad sexual) y que aprenda a convivir con sus conciudadanos, que se deje de ensoñaciones y quimeras y que madure, maduración equivalente al ejercicio responsable de sus derechos de ciudadano español. Si no, ya se sabe, encuentro, y no en la tercera fase, con el Código Penal (el equivalente a los electrochoques y lobotomías de antiguas políticas curativas). Pero el mundo del transpolítico no es el predominante individual del transexual. Hay millones de transpolíticos. Incluso pueden ser mayoritarios en su territorio nacional. Los conflictos de una identidad sexual no reconocida u oculta tienen en la transpolítica un alcance colectivo y una transcendencia para la alteración de la paz social, incomparables. Frustración de millones de ciudadanos transpolíticos ante la violencia institucional, mucho más intolerable en los disfraces y manipulaciones democráticas que la franca represión de la dictadura ya que en la represión democrática las mentiras y falsedades del lenguaje del poder son uno de los principales vehículos de violencia pues su principal función, aparte del descrédito del adversario, es ocultar la realidad de la violencia institucional que produce, como reacción, estallidos periódicos de violencia, inevitables incluso en la estrategia política más pacifista. Si en un individuo conflictos no resueltos pueden producir estallidos que, en su efecto liberatorio, pueden ayudar a una mayor integración de la personalidad, pensemos adonde pueden llegar millones de ciudadanos frustrados, transpolíticos no reconocidos, a los que se les niega, literalmente, su casa propia, sometidos continuamente a la violencia lingüística del poder y de sus medios que visten y justifican la legalidad restrictiva y lobotómica defendida por tribunales y policías. Desde luego todo estaba mucho más claro contra Franco.

Pero ahora, en democracia, el poder, con un angelismo hipócrita, exige condenar cualquier acto violento, él, que es la fuente de la violencia original. Recuerdo un dibujo humorístico en la prensa de hace muchos años. Dos policías llevan a un preso inmovilizado con fuertes ligaduras. Inútilmente se resiste el detenido. Uno de los policías le dice al otro: “Qué tiempos de violencia. Fíjate como se agita.”

Finalmente, una confesión personal: soy transpolítico. Vivo encerrado en el cuerpo jurídico político de ciudadano español. Un cuerpo de naturaleza fantástica que me es odioso, una fantasía propia de una imaginación mediocre. Odioso el lenguaje que lo exalta, odiosa una historia y una cultura que quieren imponer, imponerme, a mí, que soy gallego de nación, habitante de un espacio geopolítico muy diferente del de “la nación indivisible”, odioso su castellano oficial tan diferente de mi español gallego. Odiosas las instituciones “que nos hemos dado” de la nación mítica, y especialmente la monarquía que las corona, esa sagrada familia, que reproduce a la cristiana, y que quisiera servirse de los ciudadanos mil años más. La lucha por la República no es solo la lucha por un cambio de régimen, es mucho más, alcanzar otro horizonte social, una diferente concepción del mundo, del que se ha extirpado la mentalidad de vasallo con su inclinación servil a doblar la cabeza o la rodilla, prosquinesis que no es solo física sino principalmente moral y propia de las manadas jerárquicas animales, no de ciudadanos.

Y especialmente odioso el alambique que destila el aguardiente español, extrayéndolo de la mezcla mítica española para su consumo indiscriminado dentro y fuera del Estado: Madrid, el gran jíbaro del sistema con el que se identifica, su gran resultado es la España madrileña que crece y engorda a través de los tentáculos de sus cipayos, que solo anhelan llegar a su cabeza.

No me importa decir que en los largos años del franquismo no he sentido la indignación que de mí se apodera en democracia. O por lo menos, era una indignación esperanzada donde estaba clara la trinchera de los criminales, claros los objetivos y no había lenguaje que pudiese ocultar la ridiculez asesina del “caudillo” pues hasta era risible la jerga de la dictadura.

Ahora, desde el seno de la democracia madura, que habitamos, surge constante, no por ingenua menos efectiva, una manipulación, una incansable versión española de lo políticamente correcto que niega a millones de ciudadanos su condición de transpolíticos en aras del dominio de la identidad correcta. Uno se ve capaz de responder con violencia a esta violencia, pero al fin, persona de orden y de libros, se contenta, al escuchar los evangelios del sistema si conecta un noticiario y resuena la voz meliflua y sonriente o escénicamente amenazante del lacayo de turno, con repetir con Catón, una y otra vez “delenda est Cartago”, digo “delenda est Madrid”. Por supuesto destrucción puramente política, destitución de su capitalidad, atribuible con preferencia a una pequeña ciudad, acompañada de una política de dispersión de toda clase de órganos y jurisdicciones. Por ejemplo, Emérita Augusta, capital de una confederación ibérica, acompañada por Braca, Évora, Lucus, Astúrica o Tarraco, por citar algunos nombres. Las cosas serían mucho más fáciles, o empezarían a serlo, con una capital redimensionada y la consiguiente diseminación de los turiferarios del sistema.

OCTUBRE, 18. POMPOSOS ACTOS PÚBLICOS.

FIESTA DEL 12 DE OCTUBRE.

1. Veo unas imágenes televisivas del desfile de la Castellana. Siempre es interesante ver la foto de la cúpula del sistema que controla y protege nuestra democracia madura: Sagrada Familia, el presidente y su gobierno, presidentes de los altos tribunales y sus consejos, jefes militares y de la policía, presidentes del congreso y del senado, presidentes autonómicos…. Expresidentes y toda clase de políticos, la mayoría con la nota simpática de sus consortes que preparan el despliegue de sus vestiduras para la pasarela de la posterior recepción. Los medios son los fotógrafos y comentaristas del acto.

Un paracaidista, parece que sumamente experto, enreda, al descender, la bandera de la España monárquica en una farola. Excelente metáfora del conflicto territorial español. Como harían los romanos, los representantes de la soberanía nacional deberían consultar a los harúspices o mejor, en este caso, los vuelos de las aves. No quiero ocultar el carácter funesto de ese presagio del que cabe sospechar el rechazo de los dioses a la política del gobierno con relación a Cataluña.

2. Cuando veo a tanto principal, sobre todo al Rey (no deberíamos hablar de monarca pues el poder se ausentó hace mucho de la palabra) o a los militares, tan condecorados, con dos o tres filas de medallas, veo en ellas el cuadro de mando de un ascensor. Al contrario del paracaidista me entra el deseo de ascender y desearía apretar los botones de las condecoraciones y exclamar “al octavo, por favor”.

ENTREGA DE LOS PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS.

Vaya por delante mi admiración por los premiados y, en general, por los que lo han sido los años anteriores. Pero se merecían, pienso, un acto más sobrio que los celebrados hasta ahora, llenos de un protocolo propio de individuos pomposos y excesivos. Todos los premiados deberían hablar con amplitud y la intervención de las autoridades, ceñirse a un escueto y humilde reconocimiento de la calidad de aquellos. En mi opinión sobra el ejercicio memorístico del Rey sobre lo que otros le escribieron y al que, como a cualquier cabeza coronada, la superioridad intelectual le resulta indiferente.

No hablemos de la presentación en sociedad de la heredera de la Sagrada Familia que, junto con el estilismo de su mamá, es lo único importante para los asistentes. Los premiados deberían ser conscientes de que están de relleno y que lo que se juega en la ceremonia es la reiteración ritual de confirmación del vasallaje. Como aconsejó el Rey a su hijita Leonor en la entrega a la misma del Vellocino de oro, delante de las más altas autoridades del Estado (tuve la impresión de estar en Tailandia), Vellocino que, por cierto, no necesitó de argonautas o medeas que lo elaboraran, Vellocino-baratija, por tanto, realidad de las más altas condecoraciones: “no te apartes nunca del texto constitucional, es tu camino, el que debes siempre seguir. Así gozarás, y transmitirás a tus hijos, el perpetuo vasallaje de nuestros queridos súbditos, que viene nada menos que de Pelayo, a ti tan próximo por razones familiares”.

2. En la entrega de los premios del año anterior tuve el placer de escuchar el canto haka del equipo de rugbi de Nueva Zelanda, los “All Blacks”. Se trata de un haka que se recita y dramatiza, con gritos y gestos estilizados, en todas las competiciones internacionales de la selección. “Hakas” hay muchos y con diferentes finalidades, en este caso, para intimidar al adversario.

El jefe del coro es siempre un maorí y el resto del equipo responde como un coro. Presento aquí el texto del haka y mi traducción, después de examinar otras y de las que difiere en diversos detalles:

“Ka mate, ka mate

Ka ora, ka ora

tēnei te tangata pūhuruhuru.

Nānanei i tiki mai whakavhiti te rā

Upane ka upane

Whiti te ra, hi!!!”

“Es hora de morir, de morir.

Es hora de vivir, de vivir.

He aquí el hombre cuyos cabellos brotan sin cesar.

Ahora intenta hacer aparecer al sol (ra).

Avancemos lentamente

Aparece Rā hi!!”

Los versos se repiten (La traducción no es literal).

OCTUBRE, 20.

TERRORISMO Y VIOLENCIA. EL TEMPLO DE JANO.

La palabra “terror” viene del latín “terreo”. Temer, hacer temblar. “Terror” en esa lengua es el temblor producido por el miedo y es, con alargamiento, la raíz “tremo”, temblar (español trémulo), datos de una conversación con el venerable y queridísimo Ernout.

Ya en el significado de la palabra vemos que hay una relación entre temblar y hacer temblar, estar asustado y aterrorizar, entre la angustia de los menos por perder sus privilegios y la opción por una política de terror o de violencia (o una política que alterne a ambos, según las ocasiones) para mantenerlos. La palabra “terrorismo” es moderna aunque políticas terroristas fueron utilizadas siempre, desde la antigüedad hasta el fin del antiguo régimen, recuérdese en éste la aplicación teatral de una justicia bárbara con pura finalidad de represión. Pero la reflexión política sobre el terrorismo es posterior a 1789 cuando la caída de los girondinos y el gobierno revolucionario de Robespierre, de quien son estas palabras: “el terror no es otra cosa que la justicia pronta, severa e inflexible” y fue aplicado durante el período 1793-1794, aunque ya sin las salvajes ejecuciones de siglos anteriores.

Después, durante más de doscientos años hasta hoy, el temor a perder monopolios ilegítimos de poder o a que se revoquen posiciones intolerables de desigualdad económica o a ideologías revolucionarias han propiciado políticas de miedo colectivo que se hacen reinar sobre una población para quebrar su resistencia. Esto ha ocurrido, no solo en toda clase de dictaduras sino también, con mayor o menor intensidad, en regímenes aparentemente democráticos, pero que de democráticos solo tienen el nombre.

Pero no solo los regímenes mencionados han utilizado el terrorismo. Las democracias más asentadas no han sido ajenas al terrorismo bien aplicado sistemáticamente, bien y es lo más corriente, actos aislados de terror que ponen el acento dentro de una política de violencia represiva. El primer caso, el del terror sistemático democrático, es excepcional, aplicable en una situación colonial contra una población extranjera. Por mencionar algún caso, aparte del terrorismo USA en Vietnam, el ejemplo de Francia en la guerra de Argelia, que alcanzó también el territorio francés con la represión de los argelinos de París cuyos cadáveres, y gobernaba De Gaulle, flotaron abundantes en el Sena. Si el régimen político se ve en peligro, la monarquía griega al finalizar la Segunda Guerra Mundial, a causa de la guerrilla, también se recurre a una política terrorista de fusilamientos masivos.

Pero lo normal en las democracias occidentales ha sido desde sus comienzos, sintiéndose el poder cuestionado por un número mayor o menor de ciudadanos en sus opciones y características fundamentales, la aplicación de una política de violencia represiva más o menos sofisticada, con la presencia constante de actos terroristas aislados. Un ejemplo han sido y son los EEUU, con su violencia policial constante, con miles de víctimas cada año. Los peores episodios podemos calificarlos de terrorismo del sistema, como lo fueron en los años veinte en Chicago el ahorcamiento o electrocución de sindicalistas. En el fondo de la represión siempre está presente el temor del sistema (siempre injusto, aunque la medida de la desigualdad pueda ser diferente) ante las reivindicaciones de todo tipo de los más, sean económicas, raciales y en general de igualdad y no discriminación.

Es claro que según las democracias formales han ido progresando en occidente en democracia real, la violencia y las políticas de represión en general han ido cambiando en su realización, mucho más sofisticadas y con altísimo grado de manipulación, utilizando los servicios valiosísimos de los medios, hasta el punto de no llegar a ser percibidos como tales en ocasiones. Y utilizando el terror, materialmente, aisladamente y con precisión de cirujano. Pero sobre todo el concepto de terrorismo y una política represiva basada en el mismo.                                                

Pero ya es hora de que dirijamos la atención a nuestra democracia, la democracia del reino de España en este año del señor de 2019. No seré yo quien ponga en cuestión la naturaleza democrática de nuestro régimen político, incluso el progreso democrático real en las últimas décadas del siglo pasado, aunque hoy en ciertos aspectos haya una clara regresión de la que después hablaremos. Pero ello no obsta a la injusticia básica del sistema, basado en una escandalosa desigualdad social, con la concentración creciente de la riqueza y el poder económico, cada vez más pobreza, y un poder al servicio de mono y oligopolios que agradecido abre sus puertas a los políticos de turno con retiros dorados. Naturalmente el sistema ve siempre asomar amenazas en el horizonte por la acción indignada de la mayoría desfavorecida o por la articulación política que la represente.

La reacción del sistema no es hoy violenta, no necesita serlo ante estas amenazas, en general. Le es suficiente una manipulación generalizada, con la utilización de los medios y sobre todo, las televisiones con la descalificación universal de toda clase de “populismos” y políticos de conversión en pasivos espectadores acríticos al mayor número posible de ciudadanos. Y donde la manipulación no es suficiente o no aplicable, siempre está presente la posibilidad de utilización de la policía. Es sorprendente la falta de reacción violenta de la población (y creo que debida a esa pasividad impulsada por el poder) ante la violencia económica del sistema (una larga historia de abusos de eléctricas, bancos, grandes empresas…) salvo en el sector de los desahucios, donde la solidaridad vecinal puede originar micro situaciones de resistencia, resueltas por la intervención policial.

En nuestro país, por ahora, la desigualdad económica y en general, la injusticia del sistema en este terreno, no es una fuente significativa de peligros para el mismo.

Lo que realmente amenaza al actual régimen político es la crisis territorial propiciada por el no reconocimiento de la pluralidad de naciones en el Estado que no son reconocidas en aras del mantenimiento de una mítica nación indivisible española que asegura el control del poder y del sistema, no obstante la vigente articulación autonómica. Control de poder en sus aspectos más decisivos (económicos, políticos, ideológicos). La crisis territorial viene de lejos, con sus raíces de siglos en la historia española. En los años treinta nos encontramos con la proclamación del Estado catalán. Después más de cuarenta años de acciones terroristas de ETA, el movimiento vasco de liberación, en palabras de Aznar. Hoy la proclamación de la República catalana, un paso histórico irreversible, mientras espera el País Vasco. Otras posibles crisis territoriales por reivindicaciones nacionales apuntan en el horizonte.

Lo que no han logrado las crisis económicas, sus injusticias, desigualdades y abusos está en camino de lograrlo la crisis territorial. Es la amenaza más grave a la democracia surgida del pacto constitucional postfranquista. Crisis que no se resuelve solo con una nueva articulación territorial (tal la autonómica) sino que afecta a todos los aspectos del sistema, a la propia esencia de España según es imaginada y presentada por éste, un terremoto, sea la solución la independencia de las naciones, sea una confederación. Ante esta amenaza existencial, el sistema reacciona, no solo por la vía de la manipulación (de menor eficacia en este campo) sino por la vía de la represión, intensificando la violencia institucional (tribunales, fuerzas de seguridad, vías administrativas y legislativas) e incluso el terrorismo, este último representado por la política de los Gal en la época de Felipe González. Pero esta política es hoy inaplicable, algo claramente superado. Mucho más insidiosa es la utilización del concepto de terrorismo en la legislación y en la práctica de los tribunales, un concepto cada vez más expansivo y con una finalidad clara de amedrentar y cuya aplicación aumenta su eficacia con la sustracción del derecho al juez natural y su sustitución por tribunales centrales, como la audiencia nacional (sustituta del T.O.P.) y que se pueden calificar de excepción.

Examinemos con mayor detalle la reacción del poder. La manipulación, una política sistemática de manipulación está a cargo de los medios y de los políticos e individuos de las élites, potenciándose recíprocamente. De esta manipulación generalizada resaltaré aquí la falsificación del análisis de la situación por la amputación del diálogo al silenciar la cuestión fundamental, la existencia de naciones otras que la española que, admitida, exige respuestas institucionales. Todo se reduce a una crisis de convivencia, presupuesto el horizonte “Extremadura” para Cataluña (Sánchez Dixit). Dentro de ese horizonte mononacional solo son posibles determinadas preguntas y respuestas, se pregunta, por ejemplo, por qué no se condena la violencia por los nacionalistas y no se pregunta por el origen de esta en la violencia institucional que utiliza el escudo de una constitución viciada en su origen como un escudo formal, la legislación, en general, como una realidad natural, dentro de un positivismo arcaico y ampliamente superado.

Nadie se pregunta si, v.g., en los recientes desórdenes de Barcelona, además de motivaciones políticas, se expresan también conflictos sociales de otro tipo relacionados con las injusticias de nuestra sociedad desigual y que pueden actuarse más fácilmente en el terreno de la reivindicación nacional.

También quisiera aludir a lo correctamente político de un pacifismo angélico que el sistema manipulador ha desarrollado en España. Libres aquí de lo políticamente correcto vigente en USA en cuestiones raciales y de género, sin embargo nos invade el angelismo de la no violencia (además del de que dentro de la legalidad todo es posible). Los medios observan atentos desórdenes públicos mucho más violentos en el extranjero (Chile, Hong Kong, chalecos amarillos en Francia) con frecuencia comprensivos o aprobatorios. Pero si suceden entre nosotros, el más mínimo resulta intolerable, aunque sea un empujón o un escrache a un periodista que no cesa de mentir y manipular en el epicentro del desorden. Durante horas repiten en las televisiones los mismos desórdenes, una misma escena, un mismo fuego para suscitar una imagen de ciudad bombardeada o tomada por asalto. Nadie, en general, defiende la violencia, pero ésta es una constante histórica ante las grandes injusticias sociales o los procesos de autodeterminación nacional, que tropiezan con la resistencia del poder. Los que aplican la violencia del Estado exigen a los represaliados naturaleza angélica. Elemento esencial de la política represiva contra la crisis territorial es la utilización de los tribunales (combinada con una política de agravación de penas y de nuevos tipos delictivos, como la Ley Mordaza) y sobre todo la aplicación expansiva del concepto de terrorismo con el corolario de las penas más severas. Veamos los diferentes aspectos de esta política represiva:

a) Mencionamos ya la organización judicial, la jurisdicción expansiva de la Audiencia Nacional en detrimento del juez natural, también la ausencia de un juez de garantías por la confusión del instructor y del juzgador. El propio sistema de nombramiento de jueces, autoritario y que favorece la mentalidad acrítica y también autoritaria del juez opositor. La propia historia de la magistratura, silenciosa ante los asesinatos de 1936, que aplicó cuarenta años las leyes del franquismo y que, gracias a la amnistía de la transición, pasó sin despeinarse al sistema democrático, continuando en la formación autoritaria de los nuevos jueces, con todas las excepciones que se quieran.

b) Promulgación de nuevas leyes represivas (Ley Mordaza), agravamiento de penas en el C.P. (prisión perpetua revisable), propuesta de nuevos tipos penales en materia de rebelión y secesión. Agravación en la práctica de la prisión preventiva hasta extremos intolerables (casos Rosell luego absuelto, los presos del Procés). Utilización represiva de la política penitenciaria así como del Código Penal para el tratamiento de situaciones en las que sería suficiente (o igual de insuficiente) simples medidas políticas. El Reino Unido suspendió varias veces la autonomía norirlandesa, sin necesidad de inculpación penal alguna. Uso político de la inhabilitación para cortar cabezas en las organizaciones políticas adversarias. Recurso constante al Tribunal Constitucional (designado por el sistema) para coartar la libertad de debate de un Parlamento y generar una desobediencia con la consiguiente transcendencia penal, llegándose al ridículo jurídico de recurrir declaraciones sin efecto jurídico, como la reprobación del Rey, que por mucho que se revoque, seguirá reprobado.

Especialmente significativo en la política represiva es la ampliación del concepto de terrorismo por vía legal (proliferación de delitos de apología del terrorismo e incitación al odio…) y por vía judicial condenando por terrorismo, colaboración con banda armada y toda la galaxia de figuras afines. Especialmente sangrantes son casos como el de Otegi, condenado a seis años (con un voto particular en contra) cuando precisamente luchaba por el triunfo de una estrategia puramente política en el País Vasco. O los condenados en Alsasua por una reyerta de bar penas semejantes a las del homicidio, no habiéndose producido lesiones importantes. O inculpar por apología del terrorismo a la autora de un chiste sobre la ejecución de Carrero que en el momento en que se produjo, el país vivió como la explosión de un tapón que obturaba la botella de las libertades. Recientemente, con ocasión de los desórdenes en la capital catalana, un juez de la Audiencia Nacional ordenó el cierre, por sospecha de terrorismo de la página de internet de “tsunami” democrático y los sindicatos de policía pidieron que esos desórdenes se considerasen terrorismo. Por supuesto que a ningún juez, político o medio se le ocurrió nunca calificar de terrorismo la situación de una familia desahuciada y enviada a la calle o la venta a fondos buitre por la alcaldesa de Madrid, señora de Aznar, a bajo precio, de viviendas sociales, con las consecuencias de todos conocidas o la corrupción institucional de PSOE o PP.

Los ejemplos no se agotan. Otro, y ridículo, es que se pretenda aplicar la figura de apología del terrorismo, las acogidas-homenaje de sus vecinos a los presos de ETA que han pasado veinticinco años en prisión y que reciben ese gesto cordial de simpatía pero que resulta ofende a las víctimas. Sin embargo los continuos homenajes a Franco no suscitan comentarios.

Se olvida que, con frecuencia, los terroristas de hoy, aunque justamente penados, si en el futuro triunfan otros relatos nacionales, serán los héroes de los mismos. Ahí está el ejemplo del que fue Primer Ministro de Israel, Beguín, en su tiempo conspicuo terrorista que pudo acabar ahorcado y que permanece, para la posteridad, como Premio Nóbel de la Paz.

Al margen, ¿incurrió el presidente Aznar en apología del terrorismo cuando calificó a ETA de movimiento vasco de liberación nacional?

Finalmente, la represión de los derechos colectivos acaba conduciendo a la limitación en el ejercicio de los derechos individuales del ciudadano, fundamentalmente del derecho fundamental de la libertad de expresión.

La máxima aspiración del poder sería que frente a la violencia institucional y la dimanante de las injusticias y desigualdades sociales toda protesta de las víctimas se redujera a manifestaciones y protestas que a fuerza de pacíficas resultan impotentes, quedando la violencia del Estado indemne. Y si se suscita una respuesta violenta, tratarla, poniendo entre paréntesis sus causas.

Como se sabe Iānus (Jano) era un Dios con doble rostro, uno delante y otro detrás. Su templo en Roma tenía también dos puertas. Pues bien, nuestra democracia tiene también dos puertas: la principal, ante la que se congregan los manifestantes con sus protestas y exigencias, ampliamente iluminada. Y otra trasera, en sombras por la que se vierten las políticas de injusticia y de desigualdad del Estado y la represión de los congregados ante la entrada principal.

OCTUBRE, 23.

¿NECESITAN LOS DELFINES UNA CIVILIZACIÓN TECNOLÓGICA?

He leído estos días un libro, excelente, “Vida, la gran historia” de divulgación biológica sobre la evolución, del paleontólogo J. L. Arsuaga. Al exponer el horizonte científico vigente, las diversas teorías que explican los datos y las dudas que surgen y los problemas planteados, anima al lector, a partir de ellos, a utilizar su cerebro. Invitación posible en biología pues, expuestos los resultados de la investigación científica de base, sobre los que el profano naturalmente no tiene nada que decir, sí puede pensar con provecho sobre la problemática que aquellos plantean. Y con mayor provecho cuanto mayor es la generalidad de aquella, cuando está involucrado el papel y el destino de la especie, cuestiones que no pueden ser ajenas a ninguna inteligencia. Al fin y al cabo estas cuestiones y problemas, decisivas para el ser humano, se piensan y se comunican en su mayor parte en un lenguaje natural y solamente es preciso aprender el vocabulario técnico correspondiente y su uso por los diversos autores y corrientes científicas, lo cual por supuesto, no es pequeña tarea. La situación es muy diferente en la divulgación de los resultados de la física o de la química. Aquí hay una tarea previa, sin la cual es imposible pensar críticamente la divulgación: conocer la lengua de estas disciplinas, las matemáticas. Sin ese conocimiento, no digo que sea perder el tiempo leer esa divulgación, pero sí imposible conocer con un mínimo de rigor el alcance de lo que se dice y debatirlo críticamente. En la traducción al lenguaje natural del lenguaje físico-matemático se pierde prácticamente todo y solo quedan problemas flotando vagamente como medusas que al rozarnos con sus tentáculos a algunos inadvertidos les inoculan el veneno de un ridículo falso saber. Cuántos hoy conocemos que procedentes de terrenos muy distantes al de la física, incluso del literario, te informan sin embarazo de que se apasionan, por ejemplo, por la mecánica cuántica, como si supieran de lo que hablan. Yo siempre les pregunto si tienen algún conocimiento de matemáticas, si pueden comprender matemáticamente los problemas planteados. Siempre es negativa la respuesta, pero no importa, seguirán creyendo que conocen y pontificando con voz engolada, puentes que se hunden al primer atisbo de examen serio. Y la metáfora del gato de Schrödinger seguirá causando daños en estos espíritus ingenuos. Más hubiera valido que este elemento literario no se hubiese introducido en la exposición ya que, mal entendido, a él se agarran estos apasionados cuánticos, como a un rostro amigo en una muchedumbre de desconocidos. La invitación cordial de Arsuaga es imposible de aceptar en la divulgación física. Quizás, como me dice mi hija Leticia, física de profesión, permanece la posibilidad de plantear preguntas. Y, añado yo, la posibilidad de pensar el material científico divulgado, desde el horizonte literario o poético. La literatura y la poesía se nutren de todo, incluso de material científico de segunda o tercera mano. Y los resultados pueden ser deslumbrantes y de una profundidad significativa en nuestras vidas. Seguro que J. L. Borges comió del famoso gato y con su digestión alumbró luz perdurable para todos nosotros. Pero volvamos a los delfines.

Examina Arsuaga en el libro citado “la posibilidad de que la mente racional pudiera evolucionar en un tipo de animal que no fuera humanoide en cualquier lugar del universo. Y al mismo tiempo nos preguntamos si para que un animal llegue a convertirse en un humanoide tiene que seguir los mismos pasos que ha seguido el curso de nuestra propia historia”. “¿La disyuntiva es los humanoides o nadie? ¿Hay una vía única hacia la inteligencia? En un capítulo interesantísimo titulado “Los humanoides” examina con amplitud de criterio (y generosidad) si nuestra aparición era muy improbable o, por el contrario, nuestra evolución era predecible. Su conclusión (pgn 510) es que después de todo “no haya que esperar nada realmente nuevo de las demás especies, no porque carezcan de potencial evolutivo sino porque mucho me temo que las especies del futuro serán como los humanos queramos que sean, y solo existirán las que permitamos que existan. Las reglas del juego evolutivo han cambiado definitivamente”.

Antes “suspendiendo la incredulidad” ha jugado con “moluscos viajando en naves espaciales” o “delfines o elefantes artistas plásticos” y recoge la clásica narración del relato evolutivo. Postura bípeda, extremidades anteriores libres de la locomoción y disponibles para el manejo delicado (y creación) de instrumentos, “precisión tremenda en la información que nos llega a través del tacto y de la visión binocular” (prerrequisito para el pensamiento conceptual (Huxley). “O que solo un vertebrado terrestre grande, para que le cupiera un gran encéfalo, con manos… dotadas de pulgares oponibles y dedos con uñas planas y yemas sensibles podría haber llegado tan lejos” (Wilson). El propio Arsuaga se pregunta si, “por muy inteligentes que sean, podrían llegar los delfines o los elefantes a producir una civilización tecnológica… ¿No estarán limitados por la ausencia de órganos prensiles…? Y en relación con esto expone el parecer del antropólogo Howells sobre las dificultades para que en el mar pudiera surgir una civilización. Superada la antigua objeción de la comunicación difícil en el medio acuático (por lo que sabemos de los cetáceos, permanece la que surge de tener aletas en vez de manos y en consecuencia crear y manipular instrumentos). Parece hacer suyo, al recogerlo sin comentario, el aforismo de Jorge Wagensberg “la aleta es un tapón evolutivo para el conocimiento. ¿Qué haría un delfín después de tener una idea genial?

Según pienso es preciso tratar separadamente dos cuestiones: la posibilidad (y necesidad) de una civilización tecnológica, por ejemplo, para los delfines, en su actual estado evolutivo y la posibilidad de evolución de su grado de encefalización hasta un nivel sapiens. Y otra: los límites de esa evolución según los requerimientos de la adaptación al medioambiente de un concreto nicho ecológico que harán que la evolución seleccione o no variantes o mutaciones que puedan producirse. Todo el planeta constituye el nicho ecológico del homo sapiens y supongo que cuanto más general y abierto es ese nicho, la adaptación al mismo es más compleja, sobre todo si ese carácter abierto y general del nicho ecológico se combina con una explotación no especializada del mismo.

Si dentro de un millón de años sigue habiendo humanos y los perros (ese humano “honorario”) siguen siendo su compañero ¿(dejando aparte en esta hipótesis la selección artificial y los progresos de la tecnología genética) quién descartaría una evolución en los perros análoga a la de los homínidos?

La explotación de su medio ambiente por los delfines supongo que es la adecuada, que están perfectamente adaptados a su nicho y que en consecuencia no hay necesidad de que la selección natural favorezca variaciones o mutaciones que no necesitan para la explotación, que incluso podrían suponer un peligro para aquel. Pero si (según el aforismo que recoge Arsuaga) un delfín tuviera una idea genial, la expresión implica que pensaría y en consecuencia que tendría un lenguaje cuya gramática podría ser estudiada por los humanos, mediante las oportunas grabaciones y después comunicarse con ellos. Prescindiendo de que, según lo dicho antes, de los eventuales peligros para su especie de poseer un pensamiento, aparte de una comunicación intraespecífica más completa con las consecuencias económicas y culturales deducibles, podrían, por ejemplo establecer convenios con los humanos, mutuamente beneficiosos accediendo al uso de instrumentos que no les son accesibles por su carencia de manos. Podrían domesticar, quizás, animales marinos como el pulpo (ese vertebrado “honorario”) y utilizar sus tentáculos. Sin hablar de la potencia de las ondas eléctricas de su cerebro que hoy les permiten comunicarse a enormes distancias y que con ayuda de la tecnología humana, traducirlas en mecánica para mover objetos.

Como se ve, los delfines podrían hacer muchas cosas con sus “ideas geniales”. Otra cosa es que las mismas, como dije antes, pudieran alterar el equilibrio en la explotación de su medio acuático, por otra parte muy limitado comparado con la superficie terrestre.

Hablar de delfines “artistas plásticos” me parece antropocentrismo. El arte no tiene por qué ser una consecuencia inevitable de toda inteligencia superior. Vuelvo al comienzo. En sus condiciones actuales, el grado de encefalización de los delfines es el adecuado a las mismas y no creo que la selección natural seleccione variaciones o mutaciones que no mejoren la adaptación de aquellos.

OCTUBRE, 8 FORO LA TOJA

Estos días se celebra en A Toxa “el foro La Toja” que según su impulsor, un conocido empresario hotelero, busca defender la vigencia del espacio atlántico (con su dieta, supongo) “un mundo de libertad y abierto que genera y distribuye riqueza de un modo equitativo al tiempo que garantiza la dignidad de cada ciudadano” un foro destinado a la exaltación de los valores del liberalismo, de la democracia liberal.-

            En las fotos de “familia” que aparecen en los periódicos de estos días realmente no falta nadie. Se puede decir que es la foto del sistema, de los integrantes del sistema democrático liberal: Los dos principales partidos constitucionalistas, PP y PSOE, los exjefes de gobierno Rajoy y González, en afectuosa relación que preludia un posible gobierno de coalición (todo se andará), ministros y exministros que han cruzado las puertas giratorias para habitar mundos largamente soñados, representantes de empresas multinacionales, banqueros, economistas, políticos autonómicos y provinciales, arropados con entusiasmo por los medios, incluso hay algún intelectual que pone el perfume del “made in Harvard” entusiasta defensor de la vigencia del liberalismo y de sus logros fantásticos para la humanidad.-

            Sí, todos están presentes o quizás no, se echa de menos la presencia de un militar o de un policía de alta graduación, al final, el argumento definitivo en la defensa de los derechos de las élites, de la permanencia de su sistema, es el fusil, por muchos claveles que lo vistan. También debería estar presente un obispo o un arzobispo que expusiera la coincidencia de las estrategias liberales y de los planes divinos que los legitiman (“Dios está con nosotros” Bush antes de ir a la guerra) Y al fin y al cabo, el apóstol navegó el Atlántico.-

            Por supuesto que no podía estar ausente nuestro rey “el príncipe mejor preparado” según el mantra norcoreano que se le aplica a Felipe VI (es curiosa la historia, nefasta para Cataluña, de las relaciones de los felipes austríacos y borbónicos con aquella). Sito en el centro de la fotografía, preside la inauguración y proporciona a un par de ponentes el inmerecido honor de haber sido su distraído oyente. El Borbón pone una guinda suntuosa al encuentro, al tiempo que recibe, una vez más, el homenaje untuoso de sus fieles vasallos. Uno de ellos, el presidente gallego, alaba los puentes de comunicación e integración que alza la monarquía. De su intervención resulta un Felipe “pontifex maximus” como otrora Julio César.-

            Economistas del sistema, también presentes, para los que los fenómenos económicos generados por aquel son inevitables, como los ciclones y pertenecen a la naturaleza de las cosas, tal la gramática generatriz, por lo que toda política económica digna de tal nombre tiene que tener en cuenta ese paisaje inamovible, condenan científicamente toda clase de programas airados o populistas, ya previamente expulsados de las nobles deliberaciones.-

            En el curso del foro se discuten sabiamente los problemas que los anteojos de la democracia liberal, con su longitud de onda determinada, permiten identificar. Todo lo demás resulta invisible.-

            Se habla mucho de China y se relativiza la dictadura del PCCH, insertándola en un confucionismo tradicional, asumido por la mayoría de la población. Se valora su papel en la creación de la riqueza mundial, una visión tranquilizadora que no contrasta en lo esencial con la de las grandes empresas multinacionales que comparan los instrumentos respectivos de control social, con ventaja para los instrumentos de manipulación de las democracias atlánticas respecto del un poco anticuado partido comunista chino. En su elogio de la democracia liberal, el fogoso universitario de Harvard sostiene que ese modelo es el camino más corto para el crecimiento económico y generar riqueza. Nunca hubo gentes más felices, afirmó, nunca esperanza de vida mayor, nunca fueron llamados a filas menos jóvenes para morir en las guerras. Alguien objetó en el coloquio las afirmaciones expuestas (pobreza de gran parte de la población mundial, incluso en el bendito espacio atlántico, muerte infantil por hambre o bajo las bombas fabricadas en aquel, desigualdad creciente en el reparto de la riqueza mundial, la no necesidad de llamar a filas por el uso de tecnologías asesinas manejadas por control remoto que masacran a las gentes de los otros espacios, donde tampoco hay necesidad de llamar a filas pues el frente está en todas partes.-

            En definitiva, exportación de entropía desde el espacio atlántico a espacios dejados de la mano de Dios. Ese alguien, siempre es posible la introducción de un saboteador en la reunión más selecta, fue tratado de populista y retirado por los vigilantes que le proporcionaron un cariñoso saludo atlántico.-       

            Un diálogo cordial tuvo lugar entre los presidentes Rajoy y González sobre la geografía del centro integrador y de la cultura del pacto para el reparto de la tarta, sin egoísmos, entre poderosos, los “potentiores” del imperio romano tardío, con privilegios económicos y jurisdicción y penas particulares de su clase. Los “humiliores” de entonces son las humildes de hoy. Se puede ver que el avance histórico aportado por el espacio atlántico ha sido colosal.-

            En la inauguración del foro pronunció “el príncipe mejor preparado” unas palabras hermosas y banales como solo los reyes tienen el secreto. Nada más finalizar fue imposible recordar lo que dijo. Precisamente la naturaleza de la oratoria real ha originado la aparición de unos glosadores o intérpretes que ponen de relieve el profundo significado del conjunto vacío, pero más allá de sus palabras, el rey presta al sistema un servicio invaluable: Su majestad, análoga al principio de jerarquía,  un principio confuciano, asimilado profundamente por los chinos y que hoy encarna el PCCH. Jerarquía que cohesiona e integra y que educa en el respeto al poder. En el espacio atlántico, la majestad real escapa a las coyunturas electorales y ampara con su sombra al gobierno de turno e instala al mismo en una jerarquía no democrática que a los que la aceptan los convierte en vasallos, el equivalente del funcionario chino.-

            Abundan los vasallos en esta provincia española del espacio atlántico ya que para muchos doblar la cabeza o la rodilla es una vocación, un momento inolvidable de sus vidas.-

            Hubo emoción y aplausos en la lectura del mensaje enviado por el rey emérito, “el rey que no nos merecemos los españoles”, otro mantra de la escuela coreana. Juan Carlos se refería en él a su presencia como navegante en el Atlántico, “en este querido mar con cuyos frutos inagotables me complazco, en la compañía de mis queridos vasallos, en la corte provincial de la real villa de San Jenjo, a cuya protección me encomiendo y os encomiendo con fervor”.-

            Finalmente la clausura del foro tuvo como protagonista al presidente del gobierno en funciones. En su intervención se mostró atlantista convencido y monárquico de siempre, lo que subrayó, con respetuosa reverencia al éste, en dirección a la Zarzuela. Convencido de su éxito electoral vio grandes perspectivas de finalizar con el bloqueo político y de la posibilidad de acuerdos y pactos con la derecha, en línea con lo dialogado entre los expresidentes, y que lo librarán de las exigencias de su socio preferente y de la fuerza de gravedad del cinturón de asteroides nacionalistas a los que amenazó enérgicamente con versiones mejoradas de las tecnologías de control remoto 155 y LGSE, que fueron muy admiradas por los asistentes. En sus últimas palabras agradeció a jueces y tribunales el apoyo decisivo a su gobierno en la defensa del espacio atlántico. Según Sánchez, nunca, salvo quizá en la fecha de unificación de Fet y de las Jons, se había producido una identificación tal de los poderes del estado en la lucha contra el terrorismo político que “intenta quebrar nuestra democracia liberal, protagonista reconocida de la articulación atlántica”. Un aplauso prolongado brotó del público entusiasmado, en su mayoría empresarios. Algún “Franco, Franco” voló leve antes de desvanecerse, arrollado por la consigna ruidosa “PP, PSO.É, CO.Á.-LI.CIÓN”.-

            Un vino atlántico cerró el foro del cual tuvieron que retirar indispuesto por ebriedad al hombre de Harvard, ebriedad originada no se sabe si por los alcoholes atlánticos o por la felicidad que invade a los creyentes en las democracias homónimas. En su bolsillo dormitaba feliz un generoso cheque atlántico. El empresario hotelero promotor del foro aprovechó los cordiales sentimientos de la ocasión para distribuir entre los distinguidos atlantistas un mapa de sus hoteles, “todos puro atlantismo” con tarifas especiales.-

            En resumen, unas jornadas inolvidables, que olvidaron sin pesar los asistentes al regresar volando, sobre el río del olvido.-

OCTUBRE 3 MELANESIA

Leo unos libros excelentes de especialistas franceses e ingleses sobre las sociedades de Melanesia y su situación lingüística con el acento puesto también en las condiciones socioeconómicas en las que apareció el pidgin hace cerca de doscientos años que permitió la comunicación entre los europeos (fundamentalmente ingleses y franceses) y los melanesios y también en el seno de los mismos, al relacionarse unos con otros como efecto de la colonización. Téngase en cuenta que en el espacio se hablaban (y aún se hablan en gran número) unas novecientas lenguas, papúes y austronésicas (estas últimas comprenden las malayopolinesias y las melanesias). En el llamado “arco melanesio” constituido por Papuasia-Nueva Guinea, Islas Salomón y Vanuatu (y también Nueva Caledonia, aunque aquí el piogin fue ahogado por el francés) surgió una lengua lexificada por el inglés en más del ochenta por ciento pero de gramática melanesia que se ha convertido en la lengua común de los melanesios de los tres estados independientes, con tres variantes entre las que hay intercomprensión, salvo algún desconocimiento inicial, fácilmente superable (más o menos como ocurre entre el malayo y el indonesio): “Tok pisin” de Nueva Guinea, “pijin” de Salomón y “bislama” de Vanautu. Esta lengua que como dicen en Vanuatu “bislama blong yumi ol man melanisia” (la lengua de todos los melanesios) ha tenido un éxito extraordinario, convirtiéndose en la lengua materna de la mayoría de sus habitantes o por ellos aprendida, transmitida luego a sus descendientes. Es la lengua de instalación en el mundo, como para nosotros el gallego o el español. Y lengua sin la que no hay promoción social posible. Un no hablante de cualquiera de sus variantes, V.G., habitante anciano de una aldea perdida, es un “buskanaka” o un “busman” (literalmente hombre del bosque o de la maleza). Lengua de evolución dinámica y enormemente rica, es una auténtica  lengua melanesia por su gramática, aunque gran parte de su vocabulario es de origen europeo, fundamentalmente inglés, con una gran simplificación de la fonética original adaptada a las lenguas vernáculas. También hay un componente importante de vocabulario melanesio procedente de lenguas diversas.

            Como decía un anciano haitiano, hablando del creol de su país, éste es la lengua en que habla la verdad, en la que se expresan los sentimientos sinceros. El francés o el inglés, necesarios para gran parte de la vida pública y oficial y las relaciones internacionales, son ajenos a esta intimidad africana de Haití u Oceánica.-

            Siempre me ha admirado la existencia de nombres geográficos y étnicos griegos en el Índico Oriental y en el Pacífico y más aún la apropiación por los nacionalistas del área, de los mismos. Es el caso de Indonesia (el famoso juramento de la juventud “satu bangsa, bangsa indonesia” (una nación, nación Indonesia) o de Melanesia (Islas de Negros) del mismo modo que proliferan en el área los nombres de origen español (Filipinas, Islas Salomón, Marianas, Marquesas) e ingleses y franceses, atribuidos por los navegantes que las descubrieron. Fantaseo con navegaciones de los héroes griegos (Ulises, Jasón y los Argonautas) navegando, más allá de la India y descubriendo la Polinesia (las muchas islas).-

            También es admirable la historia de los navegantes de lenguas polinesias que en unión de sus parientes lingüísticos malayos y melanesios, configuraron un espacio lingüístico gigantesco, en más del noventa por ciento pobladores de islas, desde las montañas de Taiwan y Filipinas hasta Nueve Zelanda y desde Madagascar hasta Hawái e Isla de Pascua.-

            Por cierto el nombre Maorí de la isla norte de Nueva Zelanda significa “larga nube blanca”. Según la historia tradicional la esposa de Kupe, el descubridor que iba en la piragua que encabezaba la flota que partiera de Tahití, vió y exclamó “una nube” luego precisó “blanca” y finalmente “larga” sobre la tierra que aparecía en el horizonte y ese fue su nombre.-

            Volvamos a dejar volar la imaginación: un océano del origen del mundo, un planeta de agua sin historia. Es algo más de mediodía. Ra, el sol, en lo alto del cielo. El aire embaraza las velas de la flotilla. Un pueblo de bronce, fatigado pero feliz, observa la costa de una tierra virgen que van a poblar y nombrar por vez primera: “nube, blanca, larga, ao.tea.roa”.-

OCTUBRE, 1

Nuevas elecciones, el 10 de noviembre. No creo que haya dudas de que siempre fueron queridas por el PSOE. Las ofertas a U.P. lo fueron en modos y tiempos que llevaron al rechazo. Desde el punto de vista del PSOE, un gobierno de coalición con Podemos era muy difícil de pensar, por la sentencia del Supremo pendiente y el temor a la reacción de su “socio preferente”, con el espectáculo de una división del gobierno, inestabilidad y pérdida de eficacia en la acción.

Ahora afronta en funciones dicha sentencia y la reacción independentista contra la misma y seguramente espera P. Sánchez que una exhibición de firmeza en la posible crisis, con aplicación en su caso de medidas duras de control, aumentará sus posibilidades electorales y el abanico de los socios posibles en la necesidad más que probable de un gobierno de coalición.

Realmente hizo bien U.P. en no apoyar con sus votos (y sin nada a cambio) la investidura de Sánchez. Contra lo que se ha dicho, el PSOE los hubiera aceptado encantado, tendría una posición más sólida que ahora y podría llevar a cabo una política de “geometría variable” (así se dice hoy, de manera excesiva). Según las medidas propuestas, contar con el apoyo de una u otra bancada y abrir puentes en relación a la derecha. Y siempre podría convocar elecciones con mejores argumentos que los de la presente convocatoria.

En general, Pablo Iglesias y U.P. no han estado muy acertados en la negociación con el PSOE. Lo primero de todo, empeñarse en un gobierno de coalición que comprometería su libertad de actuación política en relación con Cataluña. Las explicaciones y argumentos de sus dirigentes, de aceptación de las decisiones de una mayoría gubernamental, son incoherentes y absurdas, incluso carecen de la más mínima ética y estética por ir en contra de su ideario político y de lo que defienden sus votantes. Hasta Errejón declaró que en caso de un 155 del PSOE no acompañarían a ese partido. Un típico oportunismo del líder de Podemos que aceptó un veto (aceptación indigna por mucho que la presentase, siempre con melodía histriónica, como sacrificio por la estabilidad del país). Llegado el caso de una grave confrontación con el gobierno de la “Generalitat” está claro que Podemos se desmarcaría del PSOE y provocaría una crisis de gobierno, con salida incluso del mismo. Iglesias no es de fiar.

Era preferible pactar un programa de profundas reformas y con instrumentos para vigilar su cumplimiento. No empeñarse en un gobierno de coalición en el cual Podemos tenía todo que perder y nada que ganar. No se puede traer a colación a nivel del Estado el ejemplo, v. g., de Alemania donde conservadores y socialistas, y no solo ellos, están profundamente anclados en el sistema, lo que no parece ser el caso de Podemos. Si no se lograba un acuerdo de reformas efectivas, el PSOE quedaría frente a sus contradicciones y Podemos se abstendría con toda tranquilidad para dejar paso a nuevas elecciones.

El PSOE nunca se hubiera planteado la alianza con Podemos ni calificado de socio prioritario o resaltar el trabajo realizado con él, durante los meses siguientes a la moción de censura, si Ciudadanos no hubiera sufrido la deriva a la derecha conocida y no se hubiera negado a pactar con Sánchez. Siempre fue Ciudadanos el socio anhelado del PSOE con el actual secretario general, un gobierno de dos partidos del sistema, uno de centro-derecha, otro de centro-izquierda, lo ideal. Un gobierno moderado, idóneo para una feliz presentación en Europa. Podemos no fue más que el novio aceptado por despecho, ante el desaire de Ciudadanos. La finalidad de la moción de censura por el PSOE fue solamente alcanzar el poder, poder inalcanzable por vía electoral, visto el declive constante en el número de escaños obtenidos. Instalado en el gobierno era más fácil generar una dinámica que favoreciese al PSOE, como así ocurrió en las últimas elecciones generales y volvió a ocurrir en las autonómicas y municipales. Logrado el triunfo que es necesario matizar tanto a nivel del Congreso (un treinta y cinco por ciento de los escaños, pese a impulsar las elecciones desde el gobierno) como a nivel de comunidades y municipios (poder acrecido por los diversos gobiernos de coalición) y valorar también la importancia de una debilidad coyuntural de la derecha y de su fragmentación, logrado el triunfo, repito, el PSOE muestra su auténtico rostro, como veremos luego. Ya durante los meses previos a las últimas elecciones, y gozando del apoyo de la mayoría que votó la moción de censura, las medidas adoptadas fueron modestas y nada decisivo fue modificado, salvo el salario mínimo y gracias al empeño de Podemos. Las conversaciones con los dirigentes catalanes fueron solo eso, conversaciones y buenas palabras.

Pero por debajo de la marejada que riza el viento, el PSOE tiene una línea constante de actuación, desde la transición hasta hoy. Todo lo demás son anécdotas. Y precisamente un factor distorsionante de la política española es lo que podemos llamar la esquizofrenia del PSOE, el abismo entre el PSOE – partido del gobierno, y el PSOE – candidato electoral y en general, entre su práctica real y la imagen ofrecida por su propaganda. Y cuando hablo de PSOE y de su constante rumbo no hablo de un número mayor o menor de sus militantes que están o pueden estar a la izquierda de sus dirigentes, sino de éstos, de sus cúpulas a todos los niveles. Preguntaba recientemente un político en el Congreso, cuál sería el PSOE con el que se encontraría. La respuesta es fácil, con el PSOE de siempre, con el PSOE profundo, pilar inamovible del sistema, en unión de los conservadores. A los militantes de la izquierda, a los ciudadanos honestos e idealistas siempre decepcionará y traicionará el PSOE. Los líderes del mismo, desde el fin del franquismo han eliminado y marginado a sus pocos políticos dignos del nombre de socialistas y todo el mundo conoce lo ocurrido con las proclamas del partido en el comienzo de la transición.

Cuidado, de lo dicho no cabe deducir una identidad de la galaxia conservadora y el PSOE (según grita la conocida consigna). No. Es un grave error y con graves consecuencias esa identificación. Pero es preciso tener claro lo que puede ser exigido al PSOE. Desde la izquierda, poco, aunque importante en materias de libertad de expresión, educación, sanidad, feminismo y dependencia. Pero si hacen falta medidas enérgicas para limitar los abusos de las eléctricas, banca y otros oligopolios o imponer definitivamente el laicismo (lo que supone enfrentarse a la Iglesia universal) o pensar y articular la plurinacionalidad del Estado, el PSOE desaparece. Una cosa, como ya dije, es el PSOE electoral, con la mirada enrojecida por el deseo de poder, la camisa remangada de Camarón, puño cerrado, a veces, canto de La Internacional (lo que es increíble) sus apreciaciones de los poderes fácticos y sus presiones (Sánchez Dixit), su alma republicana. Y otra, instalado en el poder, el encorbatamiento de ejecutivo responsable, las puertas giratorias, el “business friendship” de Sánchez, el amigo americano, el progresismo de avanzar en la circunferencia, la defensa de una mítica nación española y de una constitución” que nos hemos dado entre todos” y el paso de un juancarlismo no monárquico a defensor de una monarquía parlamentaria “que ha asegurado a los españoles algunos de los años más felices de su historia”.

Por eso la izquierda debe tratar al PSOE como lo que es y será siempre: un partido de centro, es decir, de derecha moderna y progresista, muy alejado de la social democracia, próximo a Ciudadanos antes de su reciente evolución. A su derecha, toda la derecha conservadora del PP y hoy, Ciudadanos. Dicho al paso, fuera de la coyuntura política PP y VOX son lo mismo. El PP, una derecha reprimida, y VOX, una derecha desinhibida, por haber visitado al psicoanalista.

Un psicoanálisis le vendría también al PSOE para que pudiera cancelar esa imagen que tiene de sí mismo y con la que se presenta, que no todo en ella es mentira cínica y engaño consciente sino una falsa autorrepresentación. Verían así el carácter mítico de la historia de su partido desde la transición, en su momento el más corrupto de la historia española con la dirección de la Guardia Civil, el BOE, el Ministerio del Interior, Filesa… Infectados una avalancha de lodo sobre el PSOE y las instituciones. Por no mencionar el GAL y la guerra sucia contra ETA, con sus secuestros y asesinatos, sus episodios de cal viva e indultos a los asesinos de Intxaurrondo. Reciente Felipe González declaraba sobre los “horrores” de la Venezuela de Maduro y los comparaba con los de la Alemania nazi. “Nadie podrá alegar en el futuro que no sabía nada” añadió. Pero él mismo alegó ignorancia sobre el GAL, imposible ignorancia por cierto. Luego las “puertas giratorias” y el enriquecimiento de los líderes del PSOE, empezando por Felipe, manipulación y reparto de puestos con el PP, del consejo del poder judicial y del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional: sobrevolemos la corrupción del PSOE cuando toca poder (v.g. Andalucía) su incapacidad, ya aludida para avanzar en el laicismo, para derogar las leyes de reforma laboral y “mordaza” para impulsar la reforma de la justicia, para poner orden en la problemática de la inmigración (simplemente, para la retirada material de las llamadas “concertinas”). La lista de asuntos pendientes es inacabable.

Pero es que, además, esta falsa auto imagen tiene graves consecuencias, impulsa al PSOE a buscar aliados donde no los puede encontrar y a rehuir a los que podrían ser sus socios. Ésta es una de las fuentes del bloqueo político. Qué sano para la salud política del PSOE, (y para los ciudadanos en general) que se atreviera a salir del armario y aceptara sin reservas lo que ya todos conocen, su “sexualidad de derechas”.

Un terreno muy importante, de importancia decisiva en los próximos meses y en los años que vienen para el país es la cuestión territorial, protagonizada hoy por Cataluña, mientras otros actores esperan entrar en la escena. Cualquier observador imparcial, vivido y estudiado el país, reconocería la existencia en España de naciones varias, amén de alguna en formación. No es necesario enumerarlas. Una tectónica de placas, hablando metafóricamente, que produce terremotos políticos (y no sólo políticos) en la articulación constitucional de Estado y en las sociedades peninsulares. La Constitución “que nos hemos dado los españoles” ha obviado la geología política de la Península. Las placas chocan entre sí (la placa catalana con la española) o montan sobre otra (la placa vasca sobre Navarra) con los consiguientes accidentes geopolíticos. Edificar sobre un paisaje geopolítico negado, no puede servir de base para estabilidad jurídico-política alguna, es aceptar devastadores fenómenos en el futuro que ya ha empezado. Sin embargo la derecha (monolítica y sin contradicciones en su constante rechazo a la pluralidad nacional del país) y el PSOE niegan esa realidad geopolítica.  Sí, el PSOE también, no menos firme que PP, VOX, o Ciudadanos, pese a una historia retórica que ha transcurrido de más a menos, defensa de la autodeterminación al comienzo de la transición, negación posterior de la existencia de ese derecho, LOAPA, hasta llegar al actual secretario general (nación como sentimiento, nación cultural, alguna vez, casi en voz baja, reconocer una plurinacionalidad con letras minúsculas, subsumida inmediatamente en una nación de naciones, que no se conceptualiza, enorme contradicción y mayor tontería, que implica una nación adulta, España, llevando de la mano a unas tiernas naciones infantiles, sin voz ni voto en el concierto de los mayores, nunca una nación como Cataluña al lado de una nación española, en plano de igualdad dentro de un Estado que articula la pluralidad de naciones.

Derecha y PSOE están de acuerdo en esa visión mítica de una única nación española, de una única historia española y de un castellano hegemónico que tolera mal y no reconoce en su total dimensión los otros idiomas nacionales, incluidos sus españoles diferentes. Visión para mayor inri filtrada por Madrid, el supremo indio jíbaro que reduce y jibariza cualquier atisbo de complejidad para saborearla, diluida.

La derecha (a estos efectos no es necesario mencionar expresamente al PSOE) niega que haya un problema político entre el Estado y Cataluña, sería reconocer la tectónica de placas, solamente un problema de convivencia entre catalanes, irresponsables y alocados ciudadanos que necesitan la vigilancia del Estado y su corrección por la ley.

Coherentemente, Sánchez, Rivera y Casado (por personalizar en los líderes la corriente que navegan) afirman que los derechos no se predican de los territorios (una contradicción incluso con el ordenamiento actual autonómico) sino de los ciudadanos libres e iguales. Una posición dentro del liberalismo que ya ha sido abandonada por los mejores teóricos del mismo que reconocen que donde hay espacios políticos cualitativamente diferentes, el único ejercicio posible de los derechos individuales es en el marco nacional, desde el reconocimiento de derechos colectivos que modulan, enriquecen y diferencian sus derechos civiles, la libre expresión en su lengua nacional, el alcance de su voto… únicamente posibles en un Estado propio.

Pero la derecha piensa que habita en espacio cualitativamente diferenciado como español, por ello no ve sentido alguno en plantear y reconocer un problema de derechos nacionales. Con el reconocimiento de los derechos individuales de los ciudadanos ha sido superado el franquismo y la dictadura, ha llegado la democracia. Permanece ingenuamente (o no ingenuamente), con más de doscientos años de retraso, en el horizonte de la revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad, usadas como martillo sobre las bretañas de la época en Francia) que ha conducido al casi ahogamiento en la “République”) de las identidades nacionales (pero, pese a quien pese, esa no es afortunadamente nuestra historia).

Y así cuando se intenta ejercitar por los ciudadanos sus derechos colectivos se dice, como en el franquismo, que cada uno puede pensar lo que quiera (curiosa defensa del pensamiento eunuco, carente de virtualidad práctica) pero ojo, se comete delito si con la acción se infringe la ley, una ley democrática que niega los derechos colectivos como la ley dictatorial, los individuales. En ambos casos, para el poder y los tribunales hay delincuentes donde en realidad solo hay presos políticos. Y reflexionemos que la naturaleza parcialmente dictatorial de la constitución no se limita al no reconocimiento de los derechos colectivos de los diversos nacionales y a la represión de su ejercicio, sino que todo el conjunto de los derechos civiles individuales resulta afectado y contaminado por la represión porque, como fue ya expuesto, los derechos individuales de los ciudadanos no se ejercitan en el vacío sino en un marco nacional determinado, no se pueden aislar unos de otros. Se extiende así una legislación que recuerda tiempos pasados (por ejemplo, la Ley Mordaza), se multiplican ridículos delitos de odio y ofensa a sentimientos religiosos e instituciones, florecen con vigor una legislación antiterrorista con una interpretación expansiva y desproporcionada de lo que es terrorismo y con penas de cárcel desmesuradas (Alsasua), sobre todo un conjunto de decisiones y de prácticas, administrativas y judiciales que comprometen gravemente la vida política de los ciudadanos (“no se meta en política” diría Franco) y que deterioran, no menos gravemente, la democracia.

Tengamos en cuenta que hoy, en lo que se llama, complacidamente, aldea global con la revolución tecnológica digital y las comunicaciones instantáneas, el uso de la fuerza dictatorial para controlar una sociedad es algo arcaico y a medio plazo, ineficaz. Mucho más sutil y con resultados mejores y permanentes, es la represión disfrazada de aplicación de una legislación democrática, acompañada de la enorme capacidad de manipulación al alcance hoy del poder, de sus poderes, unánimes en la defensa del sistema, apoyados en la misma por la inmensa mayoría de los medios audiovisuales de todo tipo, miembros reconocidos, o que aspiran a serlo del sistema.

Por eso hay que reaccionar y decir bien claro, como decía el secretario general del PNN “que ni por el forro somos españoles” somos gallegos, catalanes, vascos… con nuestras culturas y lenguas, catalán, vasco, gallego y nuestros españoles diferentes, con nuestras propias historias, todo ello define nuestras identidades y aspiraciones nacionales. Lo que no implica automáticamente la independencia, la posibilidad de una Confederación existe, a través de la cual canalizar, que no impedir la presencia directa en Europa de nuestros Estados nacionales y de sus intereses irrenunciables.

Y el corolario resulta la ajenidad de una cultura de base castellanoandaluza, destilada en Madrid, de una historia y un castellano particulares que si se imponen a la generalidad convierten a la España oficial en una “cárcel de los pueblos” o, si se prefiere (aunque no pienso que lo anterior sea pura retórica) en un juez de vigilancia que mantiene a las naciones en detención domiciliaria, como “idiotas” en el significado griego, lejos del ágora, de la plaza pública.

SEPTIEMBRE, 28

En un agradable jardín, temperado por un sol en la madurez de un comienzo de otoño, y envueltos en la cordialidad de un pequeño grupo de amigos gozamos de la hospitalidad de la anfitriona V., encantadora en el despliegue de su inteligencia, de su bondad y de su simpatía. Además, magnífica experta en la cocina donde hoy ha preparado unos platos de mi devoción. Se podía probar un bacalao al ajo arriero, una lengua de ternera con cuscús, unas carrilleras, un revuelto de sesos con huevo y perejil… Todos deliciosos y que me hicieron revivir sensaciones de la infancia, especialmente los sesos que no los probaba desde muy niño, preparados por mi madre. Qué placer ver y saborear esa tortilla de hondo amarillo coloreada por el picante. Confieso mi placer, exclusivo, con los sencillos productos tradicionales y que no me interesan todos los desenvolvimientos y desarrollos tendentes a lo complejo en las preparaciones culinarias, con aplicación de “investigaciones científicas”. Absurda la consideración como artistas de los grandes cocineros, saludados como tales por unos críticos que se toman en serio y se consideran, como me decía un larpeiro inocente, gastrónomos, es decir “intelectuales del vientre” (palabras literales) y que consiguientemente escriben textos insoportablemente hiperbólicos y con frecuencia ridículos en sus reflexiones filosóficoliterarias.

Un buen cocinero debe darse por satisfecho con ser considerado un buen artesano, con sólidas raíces en una tradición, parte importante de una cultura y de su historia. Volviendo al convite que originó estas líneas, apareció un pastel ruso como clausura, que me llevó, no sé si equivocadamente, a los círculos de emigrantes rusos en la Europa de los años veinte.

Cerraba ya el sol sus puertas cuando también nosotros nos retiramos, contentos y agradecidos por un día de tal calidad, que pasa a formar parte de mi particular “libro de horas” lleno también de los sabores que prendieron irrevocables en el paladar de la infancia.

Realmente me parecen decisivos los olores y los sabores primeros a los que nos acostumbramos, en mi caso particular, al inventario inicial de los mismos, apenas añadí alguno con carácter permanente. Las pasiones antiguas siguen siéndolo y lo que entonces rechazaba o me resultaba indiferente, continúa rechazado o sin atractivo. Es el sistema del olfato y del gusto, con su número limitado de unidades constituyentes que apenas sufre cambios en el curso de una vida. Es una lengua materna como lo es la lengua que escuchamos y aprendimos desde que nacimos. A lo largo de los años estudié múltiples sistemas fonológicos y aunque comprendidos sus puntos y modos de articulación, jamás pude pronunciar correctamente, ni de lejos, un fonema que no perteneciese al gallego (con sus rasgos pertinentes correspondientes) y de la misma forma, incluso hablando en español, mantengo las distinciones de e y o, abiertas y cerradas, es decir siete vocales. Y no menciono los prosodemas, la melodía o “acento” gallegos por los que me decían cuando vivía en las castillas que era “andaluz del poniente”. Es hermoso poseer estas raíces gustativas y melódicas, estas raíces de planta que colorean imborrables nuestra visión del mundo.

SEPTIEMBRE, 26

Leo en un libro dedicado a los pidgins y creoles, editado en 1995 en Ámsterdam y Filadelfia, conjunto de colaboraciones de varios autores, breves noticias sobre lenguajes mixtos, jergas o pidgins (su estatuto no resulta claramente de aquellas, en todo caso, un pidgin no extendido) que fueron empleados por los marineros vascos que faenaban en Islandia y Norteamérica, para comunicarse con las gentes que habitaban las costas de los mares por ellos visitados. Por ejemplo, durante el período 1550-1650 en New Found Land (Terranova) y golfo de San Lorenzo se utilizó un pidgin vasco-montañés (indios montañeses). Y a fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, otro vasco-micma en S.E. del Canadá. No trae el estudio ejemplos de oraciones y por ello no resulta cuál es la lengua lexificadora y a cuál pertenece la gramática. Pero sí trae breves ejemplos de otras jergas o pidgins utilizadas por los pescadores vascos, concretamente de lo que denomina vasco-islandés utilizado en el s. XVII en las aguas de Islandia. En realidad, del ejemplo que muestra resulta un pidgin anglo-vasco en el que el vocabulario común es vasco (lengua lexificadora) y la gramática, germánica. Seguramente el inglés de los marineros británicos del mar del Norte no era desconocido a los islandeses. El texto vasco dice: eman (dar) ieza.da.zu (aux. imperativo. A mí. Tú) (dame) esne bero.a (leche caliente. Determinativo) eta (y) gurin berri. a (manteca o grasa reciente o nueva. Determinativo).

El texto del pidgin: ” presenta for mi berru.a usni.a eta berri.a bura”.

Como se ve el orden adjetivo + nombre es el germánico, contrario al nombre + adjetivo vasco. Hay también adaptación fonética de algún lexema vasco y uso incorrecto de la marca determinativa del cas onor (a) que se emplea con ambos miembros del sintagma mientras que en vasco solo puede acompañar al último.

En el libro comentado hay un ejemplo de jerga vasco-romaní. Romaní, idioma de los gitanos emigrados en el s. X del N.W. de la India y próximo al punjabí. En este caso el romaní es la lengua lexificadora y la gramática es la del euskera, lo que paraleliza nuestras jergas de canteros y otros oficios especializados y armoniza con el deseo de no ser entendidos y ocultar, en lo posible, un lenguaje secreto. El texto vasco dice: dose.ak ia (hambrientos casi) hil.e.an (en muerte) gabiltza (andamos) (estamos casi muertos de hambre). La jerga: “Bakalu.ak.mautu.an gabiltza” (lo subrayado con línea continua pertenece al vocabulario romaní, lo otro, a la gramática vasca).

Poco más sé de la cuestión, que me interesa extraordinariamente y de la que procuraré mayor conocimiento. Al socaire del estudio de las lenguas malayas en general y, sobre todo, del indonesio, surge un tema que me parece de gran interés: la formación de nuevos lexemas o palabras por el empleo de las técnicas del acrónimo y de las siglas en la composición. Así como la abreviación de vocablos, empleados después aisladamente o en unión de otros. Todas ellas pueden combinarse y de hecho se realizan en una gran variedad de supuestos.

Si uno ojea un periódico, cualquier periódico de nuestro país, se observa fácilmente que las palabras-sigla y las palabras-acrónimo (o su combinación) se muestran en ámbitos muy específicos, sobre todo en el lenguaje político, económico y administrativo-institucional y con un número de ocurrencias perfectamente tolerable para la fluidez y comprensión del lenguaje escrito: PP, PSOE, UP, PC, ONU, BCE, URSS, OTAN… Estas palabras-sigla se pronuncian o se leen en general tal como están escritas, salvo las que resultan equívocas (v.g. UP) o no muy corrientes para la generalidad (BCE).

Palabras compuestas por unión de fragmentos (iniciales o no) de otras, son menos frecuentes que las palabras-sigla. Aparecen sobre todo en el ámbito institucional (el militar, especialmente) donde están plenamente justificadas por la longitud de los sintagmas (Instituto para el Desarrollo de la Paz y la Cooperación Internacional puede escribirse y pronunciarse “Indepacóin”, por poner un ejemplo). Así encontramos IMSERSO, JEMA,… Una palabra formada en parte con una sigla (palabra escrita UVigo) se lee normalmente como el sintagma “Universidad de Vigo”.

La abreviación de las palabras es cosa del lenguaje oral (y coloquial o familiar): tele, bici,… que según la ocasión más o menos todos utilizamos otras como “porfa” en vez de por favor, de uso, me parece mayoritariamente juvenil y femenino, son francamente rechazables. Si hay una tendencia a la abreviación de bases léxicas hay que ponerla en relación con el lenguaje de los mensajes enviados por móviles. Hay una evidente retroalimentación en un sector de la población. En general todas estas nuevas palabras son mulos, es decir, estériles. No presentan derivación, salvo excepciones, y también pocos morfemas (vg. el de plural “los pces”).

Los países que han estado sujetos en Europa a las dictaduras nazi y comunista presentan un número mucho mayor de este tipo de palabras. Destacan la Alemania de Hitler y especialmente la URSS. Hay una clara relación entre un Estado dictatorial y la utilización de acrónimos y siglas que facilitan ocultar con su aspecto neutro, siniestros significados. Utilización que manifiesta también una clara voluntad de poder y de destruir por el totalitarismo la democracia natural de la lengua.

Recordemos, entre las más siniestras en alemán “SS” y “Gestapo”. En la Rusia soviética, este tipo de formaciones léxicas tuvo un enorme alcance en el ruso, en el que además los nuevos vocablos estaban sujetos, en su mayor parte, a la flexión nominal y verbal, y también a la posibilidad de derivación: entre los corrientes para un lector de lengua española: Konsomol, Sovjós, Koljós, PCUS, Gulag, NKVD, KGB, Komsostáf, Komsot, Sovimformbiuró, Politbiuró,…

Pero consideremos ahora el caso del indonesio, con el que comenzamos estas notas. Bajo el régimen autoritario de Sukarno y la larga dictadura de Suhartu se desarrolló con tremenda fuerza una corriente (que continúa en pleno vigor en la actualidad, más o menos democrática) de abreviación de bases léxicas y de composición de nuevas bases mediante el empleo de siglas, acrónimos y de bases abreviadas (también empleadas aisladas). Los especialistas hablan de “glotonería” del hablante de indonesio, por el empleo de estas técnicas que se extienden al conjunto del vocabulario (nombres comunes y propios) y a veces a las partículas y adverbios (palabras-instrumento).

Es imposible leer un periódico si no se conoce este vocabulario artificial. Continuamente surgen diccionarios de siglas y acrónimos para verse superados rápidamente.

Veamos algunos ejemplos de estas palabras “inisial”, “acronim” y “singkatan” (abreviación) que invaden en los cotidianos todos los dominios de la comunicación, de las cuales las más usadas se convierten en nuevas palabras de la lengua: sobre una oración que significa “estar de pie sobre las propias piernas” se formó un verbo-acrónimo “berdikari” (no contar más que con las propias fuerzas, no depender de nadie”. O “repelita” (plan de desarrollo de cinco años, plan quinquenal”. “Neocolim” es neocolonialismo, imperialismo. “Abris”, Fuerzas Armadas República Indonesia. “Orla” y “orba” es orden antiguo y nuevo, con referencia a los tiempos anterior y posterior al dictador Sukarto. También hay “gestapu” con un significado menos siniestro que su casi homófono nazi, pero que también se las trae (movimiento treinta de septiembre, que supuso la matanza de más de medio millón de indonesios comunistas o sospechosos de serlo). No hay institución que no tenga su palabra-acrónimo o -sigla. Pero también ocurre el fenómeno en el lenguaje corriente. “Jardín zoológico” es en indonesio “kebon binatang” (jardín de los animales), el acrónimo es “bonbin”. Estar sin una “pela” se dice con el bolsillo seco, “kantor kering” acrónimo “kanker”. Y así indefinidamente. En el caos de los nombres propios indonesios se encuentra uno con el eufórico nombre de una chica “emarliti”, acrónimo de 6.marzo.53, fecha de su nacimiento.

Todos los nombres geográficos tienen su acrónimo: “Timor timur” (timor oriental) “Timtim”. “Jawa barat” (Java occidental), Jabar. “Kalimantan selatan” (Borneo meridional) “Kalsel”.

El colmo se alcanza cuando un sintagma como “Instituto para la Planificación de la Paz y de la Población” el acrónimo correspondiente es “in.pe.tres” (por las tres palabras que empiezan por P). O cuando se escribe “OKB”, por “Orang Kaya Baru” (nuevo rico).

Como se ve, sin conocer todo este vocabulario es imposible enterarse del contenido de un diario. Desconozco las actitudes de las personas cultivadas frente a esta proliferación de bases acronómicas y en general las condiciones sociológicas en que se desarrolla. Pero creo que, más allá de unos límites, es una grave patología lingüística no solo en el caso del indonesio, sino en todas las lenguas. Una jerga artificial que las bastardiza y que, en la medida que invada el lenguaje oral, conduce a la opacidad de los significados y a velar parentescos con lenguas próximas y con las que hay mayor o menor intercomprensión. Palabras a las que se pueden aplicar los procedimientos de derivación usuales en la lengua, conservándose así la gramática pero con un léxico diferente.

Se unen de esta forma, como apunté antes, dos poderosas tendencias: el intervencionismo autoritario del poder que convierte al toro bravo de la lengua en manso buey para mejor controlar a los ciudadanos y el infantilismo de las comunicaciones y mensajes por móviles en las antípodas de un pensamiento crítico y complejo.

Una reacción es imprescindible.

SEPTIEMBRE, 25

El veintidós de septiembre del corriente año ha fallecido en nuestra ciudad, a los ochenta y nueve años de edad, don Enrique Olivié, buena persona y sabio doctor, ginecólogo de profesión, que atendió y resolvió con pericia el nacimiento de mi hija, y regalando en todo momento cordialidad y simpatía. Desde entonces es paseante habitual por las avenidas de mi pensamiento y lo seguirá siendo en el tiempo que me reste de vida. Amigo, ¡que te sea leve la tierra!

Ginecología. Además de su significado técnico, a la luz de la consideración poética, la palabra tiene resonancias especiales. El semantismo de logos en griego antiguo es riquísimo y hay que estudiarlo en sus contextos de ocurrencia, es decir, no se puede realizar una enumeración aislada de significados sin tener en cuenta los empleos particulares. Apuntemos aquí vagamente el aura poética de la palabra, oscurecida por el reduccionismo técnico: ginecólogo, el que se ocupa con el logos de lo femenino, vaguedad que estimula la imaginación.

SEPTIEMBRE, 23

Más sobre la casa museo de Álvaro Cunqueiro en Mondoñedo y sobre cuya musealización opiné en una entrada anterior. En una reciente ocasión me decía una prima vasca, Rosa, que la visitó en el curso de un viaje, acerca de la importancia de la cocina si se quiere mostrar la vida o ambiente cotidiano de un escritor que habitó largos años, en una atmósfera tradicional, casi de antiguo régimen, un pequeño pueblo. Y justamente ese espacio que fue cocina se halla cerrado. Cerrado, por haberse clausurado el inútil restaurante incluido en el museo y en el que se prepararían los platos servidos por el mismo.

Tiene toda la razón. Esa cocina tuvo una importancia extraordinaria en la vida cotidiana de Cunqueiro, en unión del faiado en el que soñaba, con los ojos en el bosque de Silva, y escribía. Es paradójico que los dos espacios esenciales, cunqueirianos hasta la médula, hayan sido tan maltratados por la ignorancia insensible, uno cerrado y el otro, falseado. Recuerdo los largos años de los cuarenta y cincuenta y después, intermitentemente, en sus temporadas en Mondoñedo, la utilización cordial y cálida de la amplia cocina, lugar también de las comidas cotidianas y de las sobremesas y de las visitas de confianza.

El horno de leña, con los vapores de la madera de carballo, un patíbulo de jamones y tocinos colgados del techo, entreverados de greas de chorizos y chanfainas.

Mi padre, cómodamente instalado detrás de la mesa observaba atento las diversas operaciones que ejecutaban las mujeres de la familia y las diferentes criadas o ayudantes temporales, incluidas las diversas preparaciones de la carne del cerdo casero, consecutivas a la matanza. Siempre había algún crego o canónigo ilustrado sentado a la mesa y el rumor de la animada conversación rimaba bien con el del hervor del caldo o del guisado.

Comiendo un día, ruidosos, mi padre reclamó silencio. Por la radio se anunciaba el lanzamiento del primer satélite humano, el Sputnik ruso. Emocionado, oía el “pi, pi, pi” del mismo. Seguro que pensaba que su imaginación, la de Julio Verne y la de tantos otros tenía ya un compañero de viaje que la confirmaba. En un artículo defendió al nobel italiano, el poeta Quasimodo, cuando éste elogió el éxito tecnológico de la URSS y fue atacado por los anticomunistas. Quasimodo, en una cordial carta, agradeció el apoyo recibido. Todo esto ha sido ya publicado.

Muchos años más tarde relacioné aquella cocina con humos y nieblas de una vida muy antigua, hoy ya desaparecida entre nosotros, que envolvía y servía de fondo a la más avanzada tecnología del satélite, con ciertos ambientes de Los Ángeles de “Blade Runner”.

Pues bien, todo esto tenía que estar recogido en paneles explicativos y mantenida en lo posible la atmósfera tradicional de la cocina (que era mucho más que una cocina) con ayuda del correspondiente aparato fotográfico. Y lo mismo vale para la buhardilla, como escribí en una entrada anterior.

Así resulta que el fracaso de la casa museo es total, un naufragio vergonzoso por la destrucción de su alma que expresaban los dos espacios esenciales. Pero si está escrito que la tristeza no cesará nunca, tampoco acabará la ignorancia y con unos resultados mucho más devastadores.

SEPTIEMBRE 21

Diada del once de septiembre.

            Un tratamiento mediático que trasluce el deseo de su fracaso. Los periódicos españoles destacan un nivel de asistencia inferior al de otros años del que infieren consecuencias negativas para el “procés” pero estamos en presencia de oscilaciones debidas a múltiples causas, entre ellas las diferencias tácticas y estratégicas en el camino hacia la república catalana y de las que no deriva nada significativo. En cualquier caso la cifra de asistentes ha sido enorme. Y que orgullo pertenecer a un pueblo que año tras año llena las calles y plazas de Barcelona, en defensa de sus derechos nacionales.-

            Lo decisivo son otras cosas, por ejemplo, el rápido aumento del voto independentista que llega a una situación de empate técnico con el voto llamado “constitucionalista”, aunque con mayoría absoluta de escaños en el parlamento, debida, como siempre en estos casos, al sistema electoral. La mayoría llega a ser aplastante si se suma a todos los partidarios del referendo, independentistas y no independentistas.-

            Este voto a favor de la independencia no puede más que crecer, cualesquiera que sean las diferencias sobre el ritmo, la uniteralidad del proceso…diferencias en gran medida dependientes de las oportunidades y dificultades de la coyuntura política. No habrá marcha atrás. Los logros alcanzados y los pasos recorridos son irreversibles: El desbordamiento de las instituciones del estado por la acción del movimiento independentista, su enfrentamiento a todos los poderes del estado, el rechazo a la monarquía borbónica, superada ya históricamente en Cataluña, la desconexión sentimental y práctica de gran parte del país con relación al estado español, sobre todo, el poderoso símbolo del referendo del uno de octubre y la proclamación de la república catalana. Todos estos acontecimientos son hitos en un proceso imparable, aunque hay que reconocer que en la hora de proclamación de la república, los dirigentes políticos nacionalistas no estuvieron a la altura del entusiasmo popular, como si les embargara un temor o sintiesen vértigo en el camino de ruptura con el estado, temor y vértigo claramente superados por la marcha del proceso.-

            Y que ceguera la de los que menosprecian esa “república inexistente” pues su existencia es de otro orden y constituye un eficaz polo reunificador de acciones y entusiasmos.-

            No sé si aún hay tiempo para una gran reforma constitucional que conduzca a una confederación ibérica que pueda articular diversos estados nacionales en pié de igualdad con el estado de la nación española y cuya capital no podría ser Madrid. Tampoco sé si esto satisfaría a las naciones del estado o si se detendría con ello la hemorragia hacia el voto independentista, pero la realización constitucional de ese proceso político parece más bien fruto del pensamiento poético si se tiene en cuenta la realidad política-española. El estado español es la articulación institucional de la mítica nación española, construida sobre una base castellanoandaluza pasada por el filtro del prisma madrileño y sus dirigentes son incapaces de comprender cosas como la plurinacionalidad, las diferencias de culturas y de lenguas en pie de igualdad y no como meras peculiaridades históricas nacionales, arroyos que desembocan en el construido mar único de la historia española. Basta recordar una expresión reciente del presidente Sánchez “mi proyecto para Cataluña es el mismo que para Extremadura”. Está claro el horizonte de su comprensión al no reconocer la existencia de las naciones catalana, vasca,…mucho menos el derecho a un estado propio. Y ni siquiera el tímido reconocimiento de la nación cultural supone progreso alguno, se identifica la cultura española oficial con la cultura de todos los españoles y se menosprecian las culturas “periféricas” a las que se presta una distraída y condescendiente atención. Cultura oficial, como ocurre en el plano político, sometida al reduccionismo madrileño. Y desde esa visión, exasperadamente centralista, se trata de arcaico y superado al nacionalismo de los otros en este momento europeo, lo que no se aplica al español. Y no hay argumentos y solo descalificaciones contra la justa pretensión de estar presentes en Europa, sin la intermediación de Madrid.-

            Es fácil augurar la inamovilidad de esta ceguera centralista radical y que, en consecuencia, va aumentar la conflictividad nacional en España paralelamente al aumento del voto independentista. Un factor decisivo para romper el actual equilibrio es la integración en las naciones catalana y vasca de los descendientes de la gran masa de emigrantes españoles, sin perjuicio de la afirmación irrenunciable de los idiomas propios en la enseñanza y en la administración. Esa integración se verá tremendamente facilitada por el reconocimiento del español como lengua materna de numerosos catalanes y vascos, al lado del catalán y del euskera y por ello como lengua de sus naciones y de sus luchas políticas. Un español que expresa y vehicula una cultura catalana y una cultura vasca, influido por los idiomas de substrato y adstrato, como el español de Méjico, de Argentina, de Perú…, netamente diferentes del castellano que será el idioma de España capital Madrid pero término odioso para un nacionalista si ambiciona designar a su español.-

            En fin, mientras en Madrid sigan viviendo su particular “el mundo según Garp” (en lugar de este sintagma póngase, si se quiere, la generalización de lo particular como definición de lo eterno español o una constitución mítica de un país inexistente), los procesos de construcción nacional se irán afirmando en el estado, bajo el ejemplo catalán y vasco y los resultados electorales arrojarán mayorías nacionalistas inmanejables por los Sánchez y Casados de turno. Que harán entonces, mandarán los tanques?.-

            Y que pasa con Galicia, como se aplica lo anterior a nuestra nación gallega? Nadie duda que somos una etnia antropológica y culturalmente muy diferente, quizás el pueblo más diferenciado entre los pueblos de España. Pero la articulación política de esa diferencia no se acaba de producir, la fuerza política nacionalista que históricamente ha liderado la lucha por el reconocimiento político de la nación gallega, con altibajos, se halla estancada en un nivel electoral que le niega toda decisividad. Cuáles son las causas, es necesario preguntarse del abismo entre esa máxima diferenciación cultural y la traducción política mínima, enana, de la misma?. Aparte luchas internas y fragmentación política, multiplicación de liderazgos que dificultan reagrupaciones mayoritarias en torno a determinados objetivos (todo lo cual forma parte del paisaje de la cultura gallega, de la idiosincrasia del gallego) en mi opinión, la causa fundamental de esa desarmonía es el problema de la lengua. Las fuerzas políticas nacionalistas y las organizaciones culturales que dirigen o influyen, utilizan exclusivamente el gallego e identifican la lucha política por Galicia con la lucha política por el reconocimiento y primacía del gallego y al español, con el castellano de la cultura opresora española. Identificación que arrebata toda legitimación al español en Galicia y conduce a la aspiración de una Galicia monolingüe en gallego. Omite la realidad del español como lengua materna de una mayoría de gallegos y no ve como la cultura gallega es vehiculada por dos lenguas, una de ellas, el español muy diferente del castellano de España y de los otros españoles del mundo a causa de las influencias fonéticas, léxicos, morfológicas y sintácticas del gallego, en definitiva, un instrumento idóneo escrito y hablado para la expresión de nuestro horizonte cultural gallego. En la narración literaria es ello evidente en Valle Inclán y en todos nuestros escritores posteriores que escribieron en español.-

            Se paraliza así a la hoy mayoría gallega de lengua materna española, incapacitada de avanzar hacia posiciones políticas nacionalistas al exigírsele una renuncia a su lengua materna, una renuncia a la que nadie está dispuesto por ser equivalente a la renuncia del propio ser. Nunca habrá una nación política gallega, nunca será hegemónico el nacionalismo gallego si excluye al español, si lo considera un adversario al que hay que combatir. Puede solicitar el nacionalismo todos los sacrificios salvo uno, la renuncia a la lengua de instalación en el mundo.-

            Y a la sombra del nacionalismo, la exclusión cultural del español se persigue en el ámbito de profesores y escritores monolingües en gallego, que con frecuencia desempeñan ambas tareas, y por las editoriales y medios a su servicio, no ya por idealismo político, sino por defensa de intereses particulares. Dándole la vuelta al dicho de Churchill “nunca tan pocos han causado tanto daño a Galicia”. Estoy convencido que si la actividad política nacionalista caminara sobre las dos lenguas maternas, su avance en Galicia sería inmediato y que llegaría a ser mayoritario con la incorporación generalizada de las clases medias de lengua española y la aparición de fuerzas políticas nacionalistas conservadoras, al lado de la izquierda nacionalista, desaparecido el obstáculo de la lengua.-

            Podemos imaginar lo que hubiera ocurrido en Irlanda si la lucha contra los ingleses la hubiera monopolizado el gaélico, con exclusión del inglés.-

            Una observación para finalizar: Con el tiempo se valorará cada vez más en Galicia la acción cultural, que fue también política, de las gentes, tolerantes y buenas, del grupo Galaxia, con sus realizaciones de valor permanente y que contrasta con la casi nula herencia que dejan los entonces jóvenes airados enfrentados a sus mayores. Nada importante ha destilado el paso de su tiempo y sobre todo, cuanto han impedido construir, al negar su esfuerzo y colaboración. Pero en las sectas del nacionalismo gallego de izquierdas y en sus aparatos y mundo circundante, el corazón de faraón está endurecido, como en Madrid. Y a pesar de todas las plagas bíblicas que les sobrevengan, creo que perecerán antes que reconocer sus errores, a su mítico “mundo según Garp”.-