MAYO, 14

Una nueva película: “Los hermanos hermanas”, del francés Jacques Audiard. Un cine del oeste diferente. Se dispara rápido pero se habla mucho. Se escuchan conversaciones ausentes en el género, sobre construcción de una sociedad más justa, sobre la violencia inútil y su círculo infernal, de hecho es la vez primera que oigo en una película del lejano oeste la palabra falansterio y un elogio del socialismo utópico. La reflexión de los protagonistas sobre el círculo vicioso en que se mueven, de permanente retorno de la violencia, los lleva al regreso para la eliminación del generador de ese círculo concreto en el que se encuentran y la liberación del mismo, repitiendo, en cierto modo, el asesinato del padre que los lanzó a la espiral de su vida de pistoleros.-

  Aunque la fecha del siglo es temprana (1851) la llegada de los hermanos a San Francisco hace que observen una sociedad urbana que con sus comodidades vuelve poco atractiva y más difícil su clase de vida (y el propio género cinematográfico) la cual liquidan en un final muy brillante e inesperado. Pienso que solo un europeo podría dirigir una cinta del oeste como la comentada, y que siempre es posible renovar el género con una obra, magnífica, aunque aquel parezca agotado.-

  Por tercera o cuarta vez vi “La grande belleza” de Paolo Sorrentino. Es el tipo de película que se conserva en la memoria, con todas sus escenas y detalles, no obstante el paso del tiempo, como las de Fellini. Más allá de la belleza, inolvidable, de todos sus momentos y de la perfección de sus diálogos de acerada y conmovedora sencillez, quisiera hacer dos observaciones de orden general: La primera, que no hay gratuidad alguna en las escenas concretas que con su hermosura dominan la película, las cuales en absoluto constituyen una sucesión arbitraria en perjuicio del hilo argumental. Éste existe, claramente, si bien sobreentendido, es la vida cotidiana del escritor Jep Gambardella, como recogida por una cámara que realiza un reportaje sobre un tiempo concreto de la misma. La cámara lógicamente acentuaría los momentos fuertes y de interés general, acompañada de la voz enlace del locutor, función que aquí incumbe a los espectadores que lo seguimos, invisibles, en sus paseos y actividades romanas.-

   La otra observación se refiere al escritor que representa Toni Servillo, de si es o no un gran escritor. Él expresa sus dudas sobre si ha perdido el tiempo en su conquista de la mundaneidad. Además algún diálogo o reflexión del protagonista las alimenta ¿Cuál es la importancia de su primer y único libro? Pero pensamos que la posible pérdida de tiempo no se deduce automáticamente de la fiesta permanente de la actividad mundana del escritor. Si a Marcel Proust le preguntaran por la pérdida de su vida por frecuentar sus aristócratas franceses, no comprendería. “A la búsqueda del tiempo perdido es el nombre de la ganancia de este genio. No olvidemos que “die Poesie löst fremdes Dasein in eignem auf…alles muss Lebensmittel werden” (la poesía disuelve en su seno la exterioridad. Todo debe servir de alimento). Así el concepto de pérdida de tiempo no tiene un fundamento objetivo, sino subjetivo, la capacidad para revertir en ganancia “el tiempo perdido”, transformarlo en ingrediente de una obra grande. Es obvio que Gambardella es un gran escritor, de hecho ha decidido escribir de nuevo un libro que para el espectador es la película comentada, su “recherche” que destila oro del extraño “Dasein” vivido.-

  Solo del escritor que retorna “al paese” después de haber pasado cuarenta años en Roma donde no ha podido o sabido explicitar sus posibilidades se plantea la pregunta terrible de la pérdida de tiempo, con toda su crudeza y crueldad.-

  Con respecto a la “fauna” que en el filme pasa su vida en diversión perpetua, la cuestión de la pérdida de tiempo ni se plantea pues en el estilo de vida de estos romanos la oposición pérdida/ganancia no es pertinente, como tampoco en el de la mayoría de la gente. Ciertas dimensiones, para ella, son invisibles.-

MAYO, 10

En un ensayo sobre la antigua Grecia: “L’eroe non muore in un qualunque luogo e el sito dove l’eroe é morto non sará mai un luogo qualunque”. Presentes estas palabras veo en la prensa del día unas manifestaciones de un director de una organización de salvaguarda de la memoria histórica y pienso en las decenas de miles de inocentes, asesinados en la guerra civil y en la dictadura por la barbarie. Cuando alguna fotografía de las víctimas nos es accesible vemos en la mayoría de ellas los rasgos sencillos y honestos de hombres y mujeres que sin duda son héroes, de una forma diferente a la heroicidad antigua, pero más elevada.-

            Por ello, el lugar donde han sido asesinados, empapado de sangre y sufrimiento, no es un lugar cualquiera, es un lugar sagrado, un altar, en consecuencia, no deberían ser excavadas y removidas las fosas y dispersados los restos en cementerios de olvido, al contrario, lo más eficaz para una memoria ejemplar es convertir aquellas en monumentos, con listas imborrables de nombres y recuerdos, y conservando así la fraternidad conmovedora surgida del sacrificio.-

  Todos los gobiernos han incumplido la ley de memoria histórica, la mayoría de los políticos quieren olvidar, quizás porque la sangre de las víctimas es exigente e implica deberes o porque el heroísmo es incómodo en la banalidad democrática en la que estamos instalados, pero hemos sido avisados de que hay una ignominia, una infamia aún mayor que la del asesino, es la infamia del que olvida, del que quiere olvidar.-

  Por contraste, políticos de uno u otro signo, ávidos de votos o temerosos de perderlos, jaleados por la sociedad mediática, atribuyen fondos millonarios, y ponen en peligro vidas, para el rescate de restos mortales (recordemos el caso del llamado “pequeño Julen”) de víctimas de accidentes, en vez de alzar en el lugar una tumba sencilla y digna. Recursos que se niegan para las fosas de la guerra, para la fosa de García Lorca y sus compañeros, por ejemplo. Una reflexión final merecen los familiares de las víctimas de accidentes y de homicidios de todo tipo, que con el apoyo interesado de los medios y el seguidismo cobarde de los políticos adquieren un protagonismo casi siempre tóxico, en el mejor de los casos, actores de un melodrama consumido con fruicción por los espectadores-basura (A. Rico) y en el peor, con el ejercicio de una presión continua a los partidos para cambios demagógicos en la legislación. Han convertido exitosamente su dolor en política y terminan muchos afiliados a la derecha más reaccionaria donde encuentran cobijo para el desahogo odioso de su mediocridad.-

MAYO, 6

Leo un poema de Mihai Eminescu en el que aparecen estos conmovedores versos: “O mamâ, dulce mamâ, din negurâ de vremi…Tu mâ chemi…mereu va plînge apa, noi vom dormi mereu” (oh madre, dulce madre, desde la niebla del tiempo, tu me llamas…siempre llorará el agua, para siempre nosotros dormiremos). Me emociona esa llamada, aunque sé que de las cenizas de los cuerpos solo brota el silencio. Pero como seres poéticos que somos los humanos, es decir, como constructores, necesitamos alzar una morada, una morada poética, cuyo rasgo esencial es la posibilidad de escuchar lo inaudible. No hay así contradicción alguna entre las leyes de la materia que se aplican a los cuerpos sin aliento y la vivienda poética que habita nuestro vivir y en la que es real todo lo pensable. Solo la poesía es capaz de tal arquitectura “grössen werden durch grössen konstruirt (lo grande lo construye lo grande). La casa del poeta. Ese es el título de un poema que escribí hace muchos años, al contemplar una obra de Chillida. Sus dimensiones abiertas, que fuera de la poesía se pensarían intemperie, posibilitan aquello de “nicht ist dem geist erreichbaren als das unendlichen” (lo más fácilmente alcanzable por el espíritu es el infinito). A la dificultad o imposibilidad material de acceder a un punto concreto del espacio o del tiempo responde la inmediatez del espacio y del tiempo poéticos en los que cualquier infinito es navegable y reconocible y donde los seres amados nos hablan continuamente.-

 Es esa intemperie de la casa poética, lo contrario de la arquitectura banal que exige el resguardo de la concha de caracol. Solo desde la intemperie, desde el desabrigo, podemos reconocer y escuchar.-

MAYO, 5

En la vida cotidiana, una fuente constante de sufrimiento es tropezar con la ignorancia ajena. No me refiero a la ignorancia de un saber concreto sino a la carencia de algo fundamental, por ejemplo, del panorama que se alcanza cuando con esfuerzo y pasión se llega a una altura y al que se renuncia por pereza o insensibilidad. La palabra latina “mediocre” lo expresa muy bien: El que se halla a la mitad de la pendiente de un monte y no tiene fuerzas para seguir hasta la cumbre.-

            En la geografía funeraria egipcia del imperio medio hay puertas guardadas por demonios cuyo nombre significa “el que rechaza a los ignorantes” es decir, las puertas del más allá están cerradas a los ignorantes.-

            El paraíso cristiano, con su criterio democrático de admitir a todos los arrepentidos, resucitados “con los mejores cuerpos y almas” que tuvieron, resulta insoportable, imaginemos millones de tontos, en el momento más hermoso de su ignorancia, tropezando eternamente contigo.-

            Pero la materia es más sabia que nuestras mitologías, ni un paraíso de sabios ni otro de eternas muchedumbres, ni la injusticia del primero ni el infierno del último. Disolución.-

            Y experimentemos y conozcamos nuestra muerte, sabiendo que en ese proceso contribuimos a enriquecer la materia. Si lo consideramos adecuadamente, la aceptación del morir, es una posibilidad de indecible belleza que nos arroja al éxtasis, “el éxtasis de participar en lo homogéneo”, palabra de Lezama.-

MAYO, 4

Continuo, amigo, pensando la muerte, es decir, mi muerte. Tu muerte, y la de los otros, conocidos y desconocidos, y sobre todo, la de los seres amados, exige pensares diferentes.-

            Y al pensar mi muerte, tropiezo con Novalis. Me dice “Der tod ist eine selbstbesiegung, (la muerte es un triunfo, un triunfo sobre sí mismo). Lo comparto si lo dicho significa la aceptación de la muerte. Si, esta aceptación es el máximo triunfo de la persona. Y añade que la vida es el comienzo de la muerte. Lo confirma Lezama Lima “empezamos a morir antes de morir”. No solo en el obvio sentido físico o biológico, sino porque la muerte es “forma vitae” está en el meollo de cualquier momento de nuestra existencia, nos configura esa posibilidad estructural de ausencia en un instante, de ahí la necesidad de ese aprendizaje de la cátedra de morir (o vivir). Y parte fundamental de ese aprendizaje es la eliminación de cualquier ilusión metafísica o religiosa, también de la más pálida y sombría, un hades o el “totensreich” de H. von Hofmannsthal, su reino de los muertos. Pero ello no excluye, antes exige que sobre la base puramente física de nuestra muerte, alcemos una construcción poética en cuyo seno florezca la aceptación. Como seres culturales, nuestra muerte es una construcción cultural, o, dicho de otra forma, con nuestra vida, como muerte en vida, componemos una sinfonía cuyos timbales abren la puerta al silencio.-

            Novalis, muerto a los veintinueve años, se preguntó: “ist denn das weltall nicht in uns? In uns…die ewigkeit, die vergangenheit und zukunft?. (No está el universo en nosotros,…la eternidad, el pasado, el futuro?). “¿No es el hombre completo un pequeño pueblo?”. “(Ein kleines volk?). Tenemos el cosmos inconmensurable y también lo infinitamente pequeño. Pero si nos sumergimos en nuestro interior nos hallaremos en una insondable dimensión en la que flotan extrañas y mudables geometrías pobladas de voces tan numerosas que ni siquiera el propio yo conoce o puede dar cuenta de sus gentes y paisajes. Sí, somos un universo y un pueblo innumerable que solo se hace parcialmente visible al exterior, en una mínima parte, a través de la acción y del lenguaje.-

            Millones, miles de millones de universos constituimos la especie humana a través de los cuales ésta va expresando todas sus posibilidades, en un proceso inacabable, y a su vez la especie es uno de los instrumentos de conocimiento, de autoconocimiento de la materia que experimenta de esta forma todas las posibilidades. La consecuencia, que toda la historia humana, en su conjunto e individualmente, está justificada, desde el más espantoso mal a la acción más generosa y heroica. Todo lo experimenta y conoce la totalidad de que formamos parte (llámalo ser, si quieres) que experimenta y conoce por sus órganos humanos y no solo a través de ellos, ni siquiera de la manera más elevada.-

            Nosotros somos un momento de la especie que desaparecerá o evolucionará a otras, pero que sobrevive y se desarrolla a través de nuestras muertes y nacimientos individuales. Naveguemos como Ulises la cultura de la especie y nuestro interior, y contemos luego lo que hemos visto.-

MAYO, 3

Sólo en regiones liminares, en zonas fronterizas de estatuto incierto es posible el contacto entre dioses y humanos. Sólo así se evita el aniquilamiento que origina la contemplación directa del dios, pensemos en Semele.-

            Urge, entonces, un inventario de estos lugares de posible encuentro que imagino dominados por las sombras y el silencio y en los que nuestros sueños manifiestan su más espléndida figura.-

MAYO, 3

Una gran película, la de François Ozon “Gracias dios” sobre el tema de la pederastia en la Iglesia. Serena, equilibrada, dibuja claramente la complejidad de sentimientos y situaciones, del sacerdote culpable y de las víctimas y de sus familiares no hay atmósfera de caza de brujas, ni simpleza en las descripciones como en algún filme americano sobre el tema. Las tácticas dilatorias de la jerarquía eclesiástica, que también tiene sus razones, están expuestas de modo magistral. Todo ello sobre el fondo hondamente reaccionario y religioso de una importante ciudad de provincias.-

MAYO, 3

Leyendo estos días diversos estudios sobre las representaciones teatrales atenienses en los festivales dionisíacos y sobre el circo romano y el significado institucional y cósmico del mismo, surgen inevitables comparaciones, quizás injustas por la diferencia de contextos y por ello simplistas, pero inevitables.-

            Por un lado las “venationes” o actividades cinegéticas circenses, ofrecidas a la furia del pueblo romano. Se preguntan los eruditos que sucedía con las carcasas o restos de los animales muertos en la arena. Parece según algún texto que alguna vez se ofrecían a los espectadores que en tumulto descendían a la arena y allí “rapuit quisque quod potuit” (cada uno arrebataba lo que podía). Un pueblo brutal y enloquecido.-

            Por otra parte, los “polites”, los ciudadanos de Atenas, escuchando, atentos y críticos en las gradas la musicalidad del verso griego bajo la mirada brillante del dios, de Dionisio cuya estatua se alzaba próxima a la escena y abría un espacio sagrado para la representación.

            Ojos y oídos de los ciudadanos, voces de la tragedia, la protección del dios, luna llena sobre la ciudad. Nunca conoció Roma noches como las noches de Atenas.-

MAYO, 2

Mientras bebo un café enriquecido con un poco de brandi, un café “corretto” según la justa expresión italiana, veo la hermosa caja de música que vino a mí desde el siglo XIX a través de las generaciones familiares. Vuelan lentamente las notas de rigodones, polcas y habaneras aunque es claramente audible un leve chirrido metálico de fatiga. Los años también pasan para los cuerpos mecánicos, de repente recuerdo un fragmento de Novalis: “Jeder geliebte gegenstand ist der mittelpunkt einer paradise” (en todo objeto amado se encuentra el centro de un paraíso). Este paraíso lo recuerdo claro cuando lo habitaba niño, bajo los ojos brillantes de mi madre. Pero ya entonces la música de esta caja me llenaba de melancolía, me impulsaba a un gran río que arrastraba épocas y horizontes diferentes, rostros, sonrisas y lamentos que conformaron escenas vivas, hacia el olvido, incluso mi propio mundo era golpeado por el agua caudalosa. Tenía yo tres tías que en la guerra francoprusiana eran jóvenes de unos veinte años. Lúcidas y con toda su memoria, sus relatos me hicieron vivir unos tiempos muy anteriores. Fácilmente imaginaba la vida cotidiana de épocas pasadas con sus horizontes irrepetibles, las veía como escenas teatrales sustituidas “fatal y babilónicamente” por otras, siempre así, precipitándose, silenciosas o alborotadas por la cascada de la nada. Creo que la melancolía, serena melancolía es el estado de ánimo propio del humano que presta atención, y, también, que es deber sagrado de la especie recordar, alzar una arquitectura, puede ser de fragmentos, pero vivos, por los que circule la sangre, una geografía coloreada en la que florezcan los hermosos rostros que fueron, y ese deber incumbe a todos, y no solo y en primer lugar, a sabios, artistas, escritores y poetas.-

            Recordar, por supuesto, no tiene nada que ver con la actual obsesión de archivar y de fotografiar, vocación y trabajo de sepultureros.-

Abril, 30

Leí una de las obras póstumas de Roberto Bolaño “sepulcro de vaqueros” muerto con solo 50 años, es difícil imaginar cómo pudo escribir tanto y tan bien. Sin duda está entre los más grandes escritores en español. Me es difícil explicar, a mí que no soy crítico literario y que tampoco tengo mayor interés en ello, el atractivo poderoso de cualquiera de sus páginas. Tiene razón Leticia C. cuando señala que el algoritmo literario de Bolaño es mucho más difícil de descifrar que el de otros grandes escritores como Vargas Llosa.-

            En este sepulcro de vaqueros hay capítulos como “gusano” con la geografía desolada de Bolaño y en la que florece una extraña flor de amistad, inolvidables.-

            O el de los “surrealistas clandestinos”, en el que un teléfono nocturno lanza una red que captura al protagonista en una ciudad portuaria caribeña y lo traslada a un misterioso destino en París.-

            Siempre espero que de los estratos espesos de los archivos bolañanos sigan surgiendo obras como la presente, aunque soy melancólicamente consciente de que en algún momento se alcanzará el suelo virgen.-